Los hui son una de las principales minorías étnicas de China y la comunidad musulmana más numerosa del país. Aunque comparten muchos rasgos culturales con los han, conservan una identidad propia marcada por el islam (dieta sin carne de cerdo, uso de pañuelo en las mujeres y del gorro blanco en los hombres). Sus orígenes son diversos, ya que algunos descienden de comerciantes, soldados y funcionarios llegados desde Asia Central, Persia y el Medio Oriente durante las dinastías Tang (618-907) y Yuan (1206-1367), así como de matrimonios mixtos (hui-han) y de poblaciones locales convertidas al islam. El término hui procede de Huihui, nombre que inicialmente se aplicó a pueblos centroasiáticos como los Huige o Huihu (antepasados de los uigures) y que, con el tiempo, pasó a designar a las comunidades musulmanas asentadas e integradas en China.
En Yunnan, los antepasados de muchas comunidades hui se asentaron durante las dinastías Yuan y Ming (1368-1644). En la región de Weishan fundaron aldeas, se mezclaron con la población local y combinaron la tradición islámica con formas de vida y arquitectura chinas. Donglianhua, al noreste del condado de Weishan y al sur de Dali, es uno de los ejemplos mejor conservados de esa convivencia. Su nombre, “Loto Oriental”, recuerda los lotos que crecían antiguamente en sus campos.
La mezquita de Dongliahua, construida a comienzos de la dinastía Qing (1644-1912), es una muestra de la adaptación del islam a la arquitectura china. Sus aleros curvos y celosías talladas recuerdan a los templos, mientras la media luna, la estrella y los caracteres qingzhensi, “Templo de la Verdad Pura”, revelan su función religiosa islámica. Cuando la visitamos estaba cerrada, como buena parte de la aldea, pero incluso desde fuera se aprecia esa singular fusión de estilos.
Donglianhua prosperó gracias a su posición en la antigua Ruta del té y de los caballos (Cha Ma Dao), una extensa red de caminos que enlazaba, por un lado, las zonas productoras de té del sur de Yunnan con Dali, Nuodeng, Shaxi, Lijiang (entre otros) y el Tíbet, y por otro, Sichuan y el Tíbet, y que se prolongaba hacia otros países del sudeste asiático. No se trataba de un único itinerario, sino de un entramado de senderos que atravesaba montañas, valles y pasos difíciles (como la Garganta del Salto del Tigre). Por ellos las caravanas, con decenas de caballos y mulas cargados de té prensado, sal y otros productos, avanzaban lentamente. Para facilitar el transporte y la conservación, el té se prensaba en ladrillos (Zhun Cha) o nidos (Tuocha) con pesos de 100, 250, 400 o 500 g, o bien en la variante más icónica, en tortas de 357 g. La torta era la medida clásica del té Pu’er conocido también como el té de los “Siete hijos” (Qizi Bing). De hecho, aún hoy, en Yunnan, se pueden comprar tortas de té pu’er con las mismas características. Como curiosidad, cuánto más antiguo es el té, más valorado es.
En el Tíbet el té se cambiaba por caballos, habiendo normas estrictas sobre la cantidad de té que equivaldría a uno, que oscilaba entre los 20 y los 60 kg, según la dinastía. Por ejemplo, en 1074, durante la dinastía Song se estableció en 59 kg de té por un caballo robusto. En los trayectos de regreso transportaban mercancías procedentes de las regiones vecinas, de modo que la ruta favorecía no solo el intercambio comercial, sino que, igual que en la Ruta de la seda, también favorecía la circulación de noticias, costumbres y creencias.
Un antiguo patio se ha convertido en un museo comunitario (gratuito) dedicado a la cultura hui y a la Ruta del té y de los caballos. Fotografías, objetos cotidianos y recuerdos del comercio de caravanas ayudan a comprender cómo vivían las familias de la aldea y de dónde procedía su prosperidad. Conviene llegar por la mañana, ya que los espacios visitables cierran temprano.
Los hui desempeñaron un papel destacado como comerciantes, arrieros y organizadores de caravanas: conocían los caminos, negociaban en distintos mercados y mantenían redes de confianza entre comunidades alejadas. La ubicación de Donglianhua convirtió la aldea en lugar de paso, descanso y aprovisionamiento. Varias familias locales reinvirtieron las ganancias del comercio en tierras y grandes residencias, y amasaron fortunas que todavía se perciben en la arquitectura del pueblo. Las casas de Donglianhua son el testimonio más visible de aquel esplendor.
Aunque se conservan decenas de viviendas antiguas levantadas con tierra roja, piedra y madera, las que destacan son las mansiones de los hermanos Ma (Ma Ruji, Ma Ruqi y Ma Ruqing), comerciantes y jefes de caravanas enriquecidos entre el final de la dinastía Qing y la época republicana. Cuando nosotros fuimos, las residencia de Ma Ruqi y Ma Ruqing estaban en obras, por lo que solamente pudimos visitar la residencia de Ma Ruji, con sus patios sucesivos, pasillos, áticos, puertas, tallas de madera y relieves de piedra. Merece la pena subir a las plantas altas para contemplar el entramado de tejados.
La historia de la aldea también está ligada al gran levantamiento que sacudió Yunnan entre 1856 y 1873, conocido en Occidente como Rebelión Panthay. Fue la primera de las tres grandes rebeliones hui del siglo XIX, seguida por la de Shaanxi y Gansu (1862-1878) y la de Hezhou (1895-1896). Sus causas no fueron exclusivamente religiosas (censura al islam), sino que, durante décadas se habían acumulado la discriminación contra los hui, los conflictos por el control de las minas y las rutas comerciales, la presión demográfica y la rivalidad entre comunidades. La violencia alcanzó un punto crítico en 1856, cuando la represión y las matanzas de musulmanes en Kunming extendieron la insurrección por buena parte de la provincia. Aunque estuvo encabezada por líderes hui, también participaron han y miembros de otras minorías descontentos con la administración de la dinastía Qing.
La rebelión comenzó cerca de Donglianhua, en Xiaoweigeng, y su figura central fue el hui Du Wenxiu (1823-1872). Tras conquistar Dali en 1856, estableció allí un gobierno independiente y se proclamó sultán, aunque también fue conocido como Gran Mariscal. Durante dieciséis años dirigió un territorio en el que convivieron hui, han y otras minorías. La derrota de la rebelión devolvió la región al control Qing y dejó una huella profunda en las comunidades musulmanas de Yunnan. En Dali, la antigua Mansión del Gran Mariscal (hoy Museo Municipal) conserva una exposición dedicada a su levantamiento.
Donglianhua se recorre en un par de horas, pero su silencio reúne muchos siglos, desde la llegada de los hui a Yunnan hasta el paso de las caravanas y la riqueza que quedó grabada en patios, puertas y tejados. Cuando la visitamos estaba casi desierta y en obras de restauración. Tal vez cambie pronto… De momento, conserva la extraña sensación de un lugar detenido entre la pasado y el presente.
La ciudad de Dali se encuentra a los pies de la cordillera de Cangshan, formada por 19 picos, el más alto de los cuales supera los 4.100 m. Al este se extiende el lago Erhai, el segundo lago más grande de Yunnan y uno de los mayores de agua dulce de China. Dali se divide administrativamente en 1 poblado y 10 villas étnicas, por lo que conviene tener en cuenta que, si se llega en tren (desde Lijiang, por ejemplo, como hicimos nosotros), la estación se encuentra en Xiaguan, la zona moderna y menos atractiva de Dali. La Ciudad Antigua se encuentra unos 13 km más al norte.
Dali es uno de los principales centros de la cultura bai, aunque en la región conviven también comunidades han, hui, naxi y tibetanas. Los bai son conocidos por su arquitectura, sus elaborados murales y su preferencia tradicional por el color blanco, presente tanto en sus casas como en la vestimenta tradicional. Aunque son budistas, también creen en el benzhuismo, una religión local basada en el culto a deidades protectoras, o benzhu, vinculadas a cada comunidad y asociadas con héroes históricos, personajes legendarios o fuerzas de la naturaleza. En los tejados también pueden verse wamao, gatos de cerámica con la boca abierta que, según la tradición popular, protegen las casas absorbiendo los espíritus malignos.
La historia de Dali se remonta al reino de Nanzhao (738-902), que llegó a dominar gran parte de la actual Yunnan y a ejercer influencia sobre territorios vecinos, como Myanmar, Laos y Vietnam. Surgió de la unificación de seis principados, o zhao, bajo el liderazgo de Piluoge, reconocido por la dinastía Tang por su rivalidad con el Imperio tibetano. Nanzhao mantuvo una relación cambiante con los Tang, alternando alianzas y enfrentamientos, hasta su desaparición en 902. Tras varias décadas de inestabilidad, Duan Siping fundó en 937 el reino de Dali, cuya capital se situó en el área de la actual Dali. El reino estuvo gobernado por 22 monarcas hasta la conquista de los mongoles de 1253. Duan Xingzhi, último soberano, se rindió y posteriormente colaboró con Kublai Kan (1215-1294, nieto de Genjis Kan), por lo que la familia Duan conservó autoridad local como vasalla de los Yuan (dinastía mongola; 1271–1368). Con el nuevo orden político, Kunming fue ganando protagonismo como centro provincial. En 1382, las tropas Ming conquistaron Yunnan, y durante la década siguiente consolidaron su control sobre la región.
De la época de Nanzhao y del reino de Dali datan las Tres Pagodas. La principal, Qianxun, fue construida en el siglo IX, durante el reino de Nanzhao. Con 69,1 m de altura y 16 niveles, es una de las pagodas más altas conservadas. Por su diseño parecido a la Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje, se cree que fue creada por arquitectos de Chang’an (actual Xi’an) de la Dinastía Tang. Durante la restauración de 1978 se hallaron en su interior cientos de reliquias budistas y otros objetos. Por otro lado, las dos pagodas laterales se levantaron unos 100 años después, durante el reino de Dali. Ambas miden 42,2 m, tienen 10 niveles y una planta octogonal. Según una leyenda local, antes de la llegada de los seres humanos el valle de Dali era un pantano habitado por dragones, a los que se atribuían tormentas, inundaciones y terremotos. Las pagodas se habrían construido como amuletos protectores capaces de mantenerlos bajo control.
El Templo Chongsheng se desarrolló junto a las pagodas y fue el principal templo real del reino de Dali. Según la tradición histórica, nueve de sus reyes abdicaron para hacerse monjes en este templo. El conjunto original desapareció durante los conflictos de finales de la dinastía Qing, a diferencia de las tres pagodas que sobrevivieron. Los edificios actuales fueron reconstruidos y abiertos en 2005 en la ladera de Cangshan, detrás de las pagodas. Para llegar a los templos más altos hay que subir numerosos tramos de escaleras.
El Templo Wuwei, fundado en 793, fue otro de los templos reales vinculados a los reinos de Nanzhao y Dali. Se encuentra en la ladera de Cangshan, a unos 5 km de la Ciudad Antigua, y para alcanzarlo, desde el aparcamiento, se sube por un sendero que atraviesa un hermoso bosque. Se dice que inspiró el templo Tianlong de la novela Semidioses y semidemonios, de Jin Yong. Su fama reside en que recibe a visitantes que desean practicar artes marciales y convivir con la comunidad del templo. Cuando lo visitamos, había alrededor de veinte aprendices.
La Ciudad Antigua de Dali se encuentra en la región que fue centro político de los reinos de Nanzhao y Dali. El recinto urbano amurallado que vemos hoy se trazó en 1382, durante la dinastía Ming, con una cuadrícula de cinco calles principales de norte a sur y ocho de este a oeste. En su interior se conservan numerosos ejemplos de arquitectura bai.
La Puerta Sur, también conocida como Torre Cheng’en, conserva más de seis siglos de historia y es uno de los grandes símbolos del casco antiguo de Dali. Desde ella se puede recorrer un tramo de la antigua muralla y contemplar la ciudad. Aproximadamente un km al sur se encuentra la Torre de Wenxian, cuya construcción se remonta al reinado del emperador Kangxi (1661-1722) y que tradicionalmente se considera la primera entrada a la ciudad antigua.
La Torre de Wuhua, o Edificio de las Cinco Flores, se remonta al reino de Nanzhao, cuando servía como espacio ceremonial y de recepción para enviados y huéspedes distinguidos. Destruida y reconstruida en varias ocasiones, la estructura actual data de 1998 y es mucho más pequeña que la original. Hoy, sus alrededores forman una animada zona comercial con puestos de caligrafía, pintura y artesanía.
El Templo de Confucio, también llamado Templo de la Literatura, es un tranquilo complejo del casco antiguo. Su origen se remonta a la dinastía Yuan y fue reconstruido en época Qing. Un proyecto de restauración iniciado en 2014 permitió su reapertura al público en 2016. La disposición simétrica, la carpintería tradicional y los tejados de aleros elevados crean un espacio de descanso alejado de las ruidosas calles de la ciudad.
Finalmente, el Museo Municipal de Dali ocupa la antigua Mansión del Mariscal, residencia y centro de mando de Du Wenxiu (1828-1872), líder de la rebelión hui contra la dinastía Qing iniciada en 1856. La mansión fue destruida tras su derrota en 1872, restaurada en 1884 y abierta como museo en 1987. El conjunto conserva puertas, salones, dependencias administrativas, viviendas, estudios, almacenes y pabellones laterales. Entre sus fondos destacan más de 120 estelas de las dinastías Song a Qing, además de piezas de piedra, bronce, cerámica, porcelana y jade, así como tallas, pinturas y caligrafías relacionadas con la historia de Dali y la cultura bai. La mansión fue declarada bien cultural de protección provincial en 1993.
Nosotros dedicamos dos días a Dali, que fueron suficientes para acercarnos a la historia de los reinos de Nanzhao y Dali y a la cultura bai. Desde esta ciudad hicimos también dos excursiones de un día, a Donglianhua y Nuodeng, antes de iniciar nuestro recorrido en coche con conductor por Shaxi, Tacheng, Shangri-La y el lago Lugu, una ruta que amplió nuestro viaje hacia otros paisajes y comunidades de Yunnan.
Un grupo étnico se define como un conjunto de personas con antepasados comunes que comparten la misma identidad cultural, idioma, historia y tradiciones. Un total de 56 grupos étnicos son reconocidos oficialmente en China. La etnia han es la mayoritaria, representando alrededor del 92% de la población, mientras que los 55 grupos étnicos restantes representan tan solo el 8%. Los hui, repartido por prácticamente todo el país (por ejemplo, en el barrio musulmán de Xi’an y en Donglianhua en Yunnan) y los uigures, asentados principalmente en Xinjiang (Turpán y Urumqi), son de los grupos minoritarios más extensos. En Yunnan conviven 26 grupos étnicos (la etnia han más 25 grupos minoritarios), siendo la provincia con mayor diversidad cultural de China.
Los naxi, que habitan principalmente en las provincias de Yunnan y Sichuan, son el grupo étnico mayoritario de Lijiang. Se dice que los nómadas qiang, originarios del Tíbet, al instalarse en Yunnan, se dividieron en tres grupos: los naxi, que permanecieron en Baisha y Lijiang, los bai, que se asentaron en Dali, y los mosuo, que viven alrededor del lago Lugu. Los naxi poseen el único sistema de escritura pictográfica aún en uso. Con una antigüedad de más de 1000 años, este sistema era utilizado principalmente por los sacerdotes, llamados dongbas (u hombres sabios). El dongbaísmo es una religión chamánica muy popular entre los naxi, que se basa en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, que son hermanos del mismo padre, pero de distinta madre. Uno de los lugares de gran importancia religiosa dongba son las Terrazas de Agua Blanca en la provincia de Shangri-la.
Históricamente mantenían una organización matriarcal y un sistema matrimonial libre conocido como azhu, donde las mujeres administraban los bienes, heredaban las propiedades y criaban a los hijos en el hogar materno. Actualmente, esta organización matriarcal y matrilineal solamente sigue viva entre los mosuo. Otra característica de los naxi es su música tradicional (estilos dongjing, baisha y huangjing) que se considera un «fósil vivo» y que mezcla influencias de antiguas dinastías chinas (Tang y Song) y del Tíbet.
Lijiang es una preciosa ciudad (también muy turística) situada a una altitud de 2400 m sobre el nivel del mar, en el valle del río Yangtsé, después de la Garganta del Salto del Tigre, y rodeada por la Montaña Nevada del Dragón de Jade (Yulong Xueshan), la Colina del Efefante (Xiangshan) y la Montaña del León (Shizishan). Su principal atractivo es la ciudad antigua, Dayan Old Town (Dayanzhen), completamente restaurada en 1997 después de quedar destruida por un terremoto un año antes. Ese mismo año fue también reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
A diferencia de otras ciudades, no sigue una estructura regular, sino que más bien se trata de un entramado de callejuelas de piedra, canales y puentes. Gracias a un ingenioso sistema hidráulico que distribuye el agua por toda la ciudad, se ha ganado el sobrenombre de “Venecia del Este” o la “Suzhou de las tierras altas”. Dos antiguas ruedas (Large Water Wheel), situadas cerca de la entrada norte, son una representación de este antiguo sistema. El agua parte desde el Estanque del Dragón Negro (Heilongtan), descendiendo por la gravedad, y, al llegar al casco antiguo, se divide en tres ramales principales, que a su vez se dividen en una extensa red de canales y regueros cruzados por cerca de 350 puentes, algunos originarios de las dinastías Ming y Qing.
El Estanque del Dragón Negro es uno de los lugares más bonitos de Lijiang. En días despejados, se puede ver la Montaña Nevada del Dragón de Jade, sin embargo, nosotros no tuvimos esa suerte… Alrededor del estanque se encuentran varios templos y pabellones, como el pabellón que abraza la Luna, construido a finales de la dinastía Ming (aunque la estructura actual es una reproducción de 1963), el templo del dragón (Longshen), construido en 1737, o la torre Wufeng construida durante la dinastía Ming. Se cuenta que, en este lugar, 10 dragones malvados causaban mucha destrucción hasta que Lu Dongbin, uno de los ocho inmortales del taoísmo, encarceló a nueve en una torre, dejando libre solamente al dragón más joven que aún vive en el estanque.
La historia de Lijiang se remonta al siglo XIII, cuando los antepasados del clan Mu se asentaron en Dayechang, origen de la actual ciudad antigua de Dayan. Gracias a su posición estratégica en las rutas comerciales entre Yunnan, Sichuan y el Tíbet (que forman la conocida Ruta del té y de los caballos), la localidad se convirtió pronto en un importante centro político, económico y cultural. Durante las dinastías Yuan y Ming se consolidó como sede administrativa y prosperó bajo el gobierno hereditario de la familia Mu, que actuaba como intermediaria entre el poder imperial y los pueblos de la región. Finalmente, en 1723, ya bajo la dinastía Qing, las autoridades locales fueron sustituidas por oficiales de la corte imperial, poniendo fin al gobierno de la familia Mu.
La Mansión Mu (Mu Palace o Mufu) fue la antigua residencia y sede administrativa del clan Mu. Construida originalmente durante la dinastía Yuan, ampliada en época Ming y reconstruida en 1998 para albergar el Museo del Casco Antiguo de Lijiang, su arquitectura combina el estilo palaciego Ming con influencias naxi y tibetanas. El recinto reúne 162 estancias distribuidas entre patios, jardines, pabellones y salones alineados a lo largo de un eje central, como los salones Sanqing, Hufa, y el Salón del Consejo, y las torres Yuyin, Guangbi, y Wanjuan. Desde su parte más alta se contemplan excelentes vistas de los tejados de la ciudad antigua.
Otro edificio relevante de Lijiang es el Templo Puxian, un pequeño templo budista dedicado al bodhisattva Puxian (Samantabhadra), asociado con la práctica virtuosa, la compasión y la sabiduría. Fue construido durante el reinado del emperador Daoguang de la dinastía Qing, en la primera mitad del siglo XIX. Su arquitectura combina la disposición residencial naxi conocida como «cuatro patios y cinco tragaluces» con elementos propios de los templos budistas han, reflejando la convivencia de distintas tradiciones culturales en Lijiang. Durante mucho tiempo ha funcionado no solo como lugar de culto, sino también como espacio comunitario para ceremonias y actuaciones de música antigua naxi. Por su valor histórico, arquitectónico y social, fue declarado bien cultural protegido de ámbito municipal en 2023.
Durante este tercer viaje por China, Lijiang fue nuestra puerta de entrada a Yunnan, con sus paisajes y con la diversidad cultural que la caracteriza. Llegamos tras un corto vuelo desde Guangzhou y le dedicamos un total de 2 días, antes de desplazarnos en tren a Dali. Sin embargo, no la pudimos disfrutar tanto como nos hubiera gustado, ya que justamente estos fueron los días en los que notamos más los síntomas del mal de altura (dolor de cabeza y sensación de cansancio). Aun así, Lijiang se merece claramente una visita.
La historia de Shenzhen y Hong Kong se remonta a varios milenios. Antes de su incorporación a los primeros imperios chinos, el territorio estaba habitado por comunidades pertenecientes al conjunto de pueblos conocidos como Baiyue, asentadas en la región de Lingnan y vinculadas especialmente a la pesca. Tras la conquista de la zona por Qin Shi Huang en 214 a.C., el territorio quedó integrado en la comandancia de Nanhai y, después de la caída de los Qin, pasó a formar parte del reino de Nanyue. Siglos más tarde, se fundó Nantou, cuyos antecedentes se remontan al establecimiento de la comandancia de Dongguan en el año 331 durante la dinastía Jin del Este. La comandancia de Dongguan comprendía las áreas que actualmente corresponden a Huizhou, Zhongshan, Zhuhai, Shenzhen, Hong Kong y Macao. Su importancia se afianzó durante la dinastía Ming, cuando en 1573 se creó el condado de Xin’an y Nantou fue elegida sede de su gobierno.
Durante el siglo XIX, el condado de Xin’an perdió progresivamente buena parte de su territorio a raíz de las cesiones impuestas por el Imperio británico: la isla de Hong Kong fue cedida tras la firma del Tratado de Nankín en 1842, la parte meridional de la península de Kowloon pasó a manos británicas mediante la Convención de Pekín de 1860 y, en 1898, los Nuevos Territorios fueron arrendados al Reino Unido por 99 años. Nantou continuó siendo la sede administrativa del territorio restante, denominado condado de Bao’an desde 1913, pero fue perdiendo importancia a medida que prosperaba Shenzhen, situada al este. En 1953, la sede del condado se trasladó a Shenzhen y, con el posterior desarrollo de esta ciudad y su rápida expansión urbana, Nantou acabó integrada en la actual metrópoli.
Actualmente, la Ciudad Antigua de Nantou se encuentra en el distrito de Nanshan y ha sido objeto de un amplio proceso de restauración y revitalización urbana que ha respetado su trazado tradicional y ha permitido conservar numerosos edificios históricos. Antiguas residencias, templos y casas gremiales se han rehabilitado y adaptado a nuevos usos culturales, como museos, galerías y espacios comunitarios. Entre los principales edificios históricos de Nantou destacan la Puerta Sur y los restos de las murallas de época Ming, símbolos de la antigua ciudad; la Casa Gremial de Dongguan, testimonio de la actividad comercial de Lingnan; el Templo de la familia Wen, dedicado a Wen Tianxiang; y el Templo del Dios Guan, único santuario de Shenzhen dedicado exclusivamente a Guan Yu.
El parque Lianhuashan también conocido como el Parque de la Colina de los Lotos es un oasis verde en medio del mar de rascacielos de Shenzhen. Aunque sus vistas panorámicas del distrito financiero constituyen uno de sus principales atractivos, para la población local posee especial relevancia la estatua de bronce de Deng Xiaoping. Deng Xiaoping (1904-1997) fue dirigente del Partido Comunista Chino e impulsó una política de «reforma y apertura» que fomentó la inversión extranjera. Desde finales de la década de 1970, las reformas económicas promovidas por éste transformaron Shenzhen en uno de los principales centros comerciales y tecnológicos de China. Gracias a esto, Shenzhen es ahora la tercera gran metrópoli de China, junto a Shanghái y Beijing, y es el centro de la industria tecnológica del país. La estatúa de Deng Xiaoping caminando hacía la ciudad se instaló en el año 2000 coincidiendo con el vigésimo aniversario de la creación de la Zona Económica Especial.
Deng Xiaoping desempeño también un papel decisivo en las negociaciones con los británicos sobre el futuro de Hong Kong cuando se acercó el fin del arrendamiento de los Nuevos Territorios. Como resultado de estas conversaciones, se firmó la Declaración Conjunta Sino-Británica en 1984 en la que se establecía que el Reino Unido transfería la soberanía de Hong Kong a China y que el territorio se convertiría en una región administrativa especial bajo el principio de «un país, dos sistemas», que le permite a Hong Kong conservar un sistema económico y administrativo propio durante 50 años.
El puerto Victoria fue uno de los principales factores del desarrollo de Hong Kong durante el dominio británico. Su situación estratégica en las rutas marítimas entre China, el Sudeste Asiático y Europa, unida a la profundidad y protección natural de sus aguas, favoreció su conversión en puerto franco y centro de distribución regional. A través de sus muelles circularon té, seda, textiles y otros productos, mientras comerciantes, navieras, bancos y compañías aseguradoras establecieron allí sus operaciones.
Victoria Peak, el punto más elevado de la isla de Hong Kong, comenzó a desarrollarse como zona residencial exclusiva durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando funcionarios y comerciantes británicos buscaron refugio allí gracias a su clima más fresco. Su acceso mejoró considerablemente con la inauguración del Peak Tram en 1888, uno de los primeros funiculares de Asia, que favoreció la construcción de viviendas y hoteles en la cumbre. Con el crecimiento de la ciudad, el área se transformó en uno de sus principales destinos turísticos. Actualmente, sus miradores, especialmente los de Peak Tower y sus alrededores, ofrecen amplias vistas del puerto Victoria, Kowloon y el perfil urbano de Hong Kong.
El templo Tin Hau situado cerca de Victoria Park, fue construido en honor a la diosa del mar y de los pescadores, Tin Hau, en 1747, fecha inscrita en su campana, aunque el edificio actual data del 1868. Fue una familia hakka procedente de Guangdong (provincia de Cantón) que se había instalado en Kowloon, pero que se desplazaba a menudo hasta la isla en barco, la que lo fundó tras descubrir un incensario rojo que flotaba en el mar. Pese a las reformas, el templo conserva el estilo arquitectónico de Lingnan, con figurillas de Shiwan (o Shek Wan) colocadas sobre su tejado verde.
Otro templo de la isla de Hong Kong es el Man Mo, construido en 1847 y que forma parte de un complejo compuesto por tres edificios. Considerado uno de los más antiguos, Man Mo es el edificio principal y está dedicado al dios Man Cheong y al dios Kwan Tai. El templo de arquitectura tradicional cantonesa conserva en su interior valiosos objetos históricos. Tanto el templo de Man Mo como el Tin Hau pertenecen principalmente a las creencias religiosas populares de las comunidades cantonesas, que combinan el culto a divinidades locales con influencias taoístas, budistas y confucianas.
Situado al norte de Kowloon, el templo Wong Tai Sin es uno de los templos taoístas más conocidos de Hong Kong. Está dedicado al Gran Inmortal Wong, una divinidad asociada a la curación y a la concesión de favores. El taoísmo, tradición filosófica y religiosa china, busca la armonía con el Dao (el curso natural del universo) y reúne prácticas de meditación, rituales, culto a divinidades e inmortales y técnicas adivinatorias. El taoísmo fue introducido en Hong Kong por Leung Yan-am, quien llegó en 1915 desde Guangdong con una imagen de Wong Tai Sin y fundó el templo en la aldea Chuk Yuen en 1921. Tras décadas como templo privado, abrió al público en 1956 y su popularidad aumentó con la llegada de población procedente de China continental.
El complejo presenta una arquitectura china tradicional de pilares rojos, tejados dorados con frisos azules, celosías amarillas y tallas multicolores. Entre sus elementos más reconocibles figura el Muro de los Nueve Dragones, inspirado en el de Pekín, así como varias salas dedicadas a distintas figuras religiosas. Una característica del templo es el kau chim. Los visitantes formulan una petición ante el altar y agitan un recipiente de bambú hasta que cae una varilla numerada, y, después, un adivino interpreta el mensaje correspondiente.
El monasterio Chi Lin, en el Diamond Hill, fue fundado en 1934 como retiro para monjas budistas. En 1998 fue reconstruido siguiendo el modelo arquitectónico de la dinastía Tang. Sus salas albergan imágenes del Buda Sakyamuni, de Guanyin (bodhisattva de la compasión) y de otras figuras del budismo, realizadas en materiales como oro, arcilla, madera y piedra. El complejo reúne dieciséis salas, una biblioteca, una escuela, una pagoda, un campanario y una torre del tambor. Sus edificios de madera de ciprés fueron ensamblados mediante un sistema tradicional de uniones talladas, sin emplear clavos, una técnica que expresa el ideal de armonía entre el ser humano y la naturaleza.
Frente al monasterio se encuentra el jardín Nan Lian, inaugurado en 2006 e, igual que el templo, fue proyectado según los principios paisajísticos de la dinastía Tang. Su composición ordena cuidadosamente colinas artificiales, estanques, cascadas, pabellones, puentes, árboles y rocas para crear una sucesión equilibrada de perspectivas. Aunque constituye un espacio independiente, el jardín funciona como prolongación visual y espiritual del monasterio. Juntos, Chi Lin y Nan Lian forman uno de los conjuntos religiosos y paisajísticos más singulares de Hong Kong.
En 1965 se fundó el templo Yaumatei Ten Hau. Igual que el templo Ten Hau de la isla de Hong Kong, este templo está dedicado a la protectora de los marineros y los pescadores y actuaba como centro religioso y comunitario. En su origen estaba situado en el litoral, pero con las sucesivas ampliaciones de terreno actualmente se encuentra a varios km de la costa.
Desde comienzos del siglo XX, la plaza arbolada situada frente al templo, Yung Shue Tau, se convirtió en lugar de reunión y entretenimiento. Allí fueron instalándose puestos de comida, vendedores ambulantes, adivinos y artistas de ópera cantonesa. El mercado creció especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y quedó organizado como zona oficial de vendedores durante la década de 1970, dando lugar al actual mercado nocturno de Temple Street. Al caer la tarde, los puestos de comida, recuerdos, ropa y objetos diversos convierten el entorno en uno de los mercados callejeros más conocidos de Hong Kong.
La isla de Lantau, la mayor de Hong Kong, formó parte de las islas incluidas en los Nuevos Territorios arrendados al Reino Unido en 1898. A pesar del desarrollo de núcleos urbanos e importantes infraestructuras de transporte, conserva extensas áreas montañosas, bosques, humedales y una costa de gran valor paisajístico. Buena parte de su territorio está protegida mediante parques y reservas, lo que convierte a Lantau en uno de los principales espacios naturales de Hong Kong.
En la costa occidental de Lantau, se encuentra la pequeña aldea pesquera de Tai O. El rasgo más característico de Tai O son los pang uk, viviendas levantadas sobre pilares de madera encima de los canales y las marismas. Este tipo de construcción tiene su origen en el modo de vida de las comunidades pesqueras del sur de China, especialmente de los tanka, que tradicionalmente habitaban en embarcaciones. Al establecerse de forma permanente en la costa, prolongaron su vida sobre el agua mediante plataformas elevadas comunicadas por pasarelas. Las casas se construyeron así por razones prácticas: permitían aprovechar terrenos intermareales donde escaseaba el suelo firme, mantener las viviendas por encima de las mareas y amarrar las barcas directamente junto al hogar. Esta proximidad al agua facilitaba la pesca, el transporte y el procesamiento de pescado, camarones y otros productos.
Tras el levantamiento de las restricciones costeras impuestas durante la Gran Evacuación (o Despeje de la Costa), una medida impuesta por el emperador Kangzi entre 1661 y 1669 mediante la cual se obligaba a los habitantes de las zonas costeras a trasladarse al interior, Tai O fue repoblada y se convirtió en un importante asentamiento de comunidades tanka, hakka, hoklo y cantonesas. Actualmente, la pesca continúa formando parte de la identidad de Tai O, aunque ya no constituye una fuente suficiente de ingresos para muchas familias. Al mismo tiempo, el pueblo se ha convertido en un destino turístico conocido como la «Venecia de Hong Kong» y además de contemplar los pang uk, se pueden recorrer sus canales en pequeñas embarcaciones para observar al delfín rosado de Hong Kong (Sousa chinensis). Estos delfines, que se encuentran en peligro extinción, nacen de color gris y se vuelven rosados en la edad adulta. Nosotros también aprovechamos el viaje para ver a estos delfínes y nos sorprendió comprobar que verdaderamente son de color rosa.
En el interior de Lantau, se encuentra Ngong Ping 360, que consta del teleférico que conecta Tung Chung y Ngong Ping, el pueblo que fue construido cerca del monasterio de Po Lin. El monasterio Po Lin fue fundado por tres monjes procedentes de China en 1906 como un modesto retiro y fue creciendo hasta convertirse en uno de los principales centros del budismo chan de Hong Kong. Su nombre, asociado al «loto precioso», evoca la pureza espiritual en la tradición budista. Po Lin mantiene una activa vida religiosa y celebra ceremonias como el cumpleaños y el baño de Buda, que congregan a monjes y fieles. En el monasterio se puede degustar comida vegetariana budista.
Junto al monasterio se alza el Gran Buda Tian Tan, una monumental estatua de bronce terminada en 1993. Con 34 metros de altura y unas 250 toneladas de peso, representa al buda sentado sobre una flor de loto. La figura mira hacia el norte, en dirección a China continental, y muestra la mano derecha alzada como gesto de protección y liberación del sufrimiento, mientras la izquierda descansa sobre el regazo en señal de generosidad. Una larga escalinata conduce hasta las plataformas de su pedestal, rodeado por seis devas (deidades benévolas) de bronce que ofrecen flores, incienso, lámparas, ungüentos, frutos y música. Estas ofrendas representan las seis perfecciones del budismo: generosidad, conducta moral, paciencia, esfuerzo, meditación y sabiduría.
Durante estos cinco días (uno en Shenzhen y cuatro en Hong Kong), cada lugar que descubrimos nos sorprendió enormemente. Nuestro tercer viaje por China, que comenzó en Guangzhou y discurrió por parte de Yunnan, concluyó en las alturas de Lantau, y allí nos despedimos con la certeza de que habra un cuarto viaje por China.
Guangzhou (Cantón), capital de la provincia de Guangdong, fue el punto de entrada de nuestro tercer viaje por China. Se trata de una de las mayores ciudades de este país, junto a Shenzhen, Shanghai y Beijing, y se encuentra situada en el delta del río de las Perlas. Posee una larga historia ligada a la región conocida tradicionalmente como Lingnan («al sur de las montañas Nanling»), que comprende las actuales provincias de Guangdong, Guangxi y Hainan, así como las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao. Separada de las llanuras centrales por las montañas Nanling, la región desarrolló una identidad cultural propia. Al mismo tiempo, su acceso al mar favoreció que Lingnan, y Guangdong en particular, se convirtiera en una importante puerta comercial, siendo Guangzhou uno de los principales puertos de la Ruta Marítima de la Seda, que conectaba China con el Sudeste Asiático, el océano Índico y, en determinados periodos, con África.
En 219 a.C., Qin Shi Huang (célebre por el ejército de terracota hallado junto a su mausoleo, cerca de Xi’an), tras unificar China y proclamarse emperador, inició las campañas destinadas a conquistar Lingnan. Tras su conquista, en 214 a.C. se estableció la comandancia de Nanhai, y se fundó la ciudad de Panyu (antigua Guangzhou). Con la caída de la dinastía Qin, el general Zhao Tuo fundó el reino de Nanyue, hacia 204 a.C., manteniendo Panyu como capital. En su máxima extensión, el reino abarcó gran parte de los actuales Guangdong, Guangxi y Hainan, además de zonas del norte de Vietnam. El territorio estaba habitado por diversos pueblos Yue, conocidos en conjunto como Baiyue o «los cien Yue». Como curiosidad, el nombre Vietnam está relacionado con el de este antiguo reino: Nanyue en chino y Nam Viet en vietnamita significan «Yue/Viet del sur». Nanyue existió durante unos 93 años y tuvo cinco monarcas. En 113 a.C., el cuarto rey, Zhao Xing, apoyó una mayor integración en el Imperio Han. Sin embargo, esta decisión provocó una fuerte oposición interna, y Zhao Xing fue asesinado. El conflicto desembocó en una intervención militar del emperador Wu de Han, que conquistó y anexionó Nanyue en 111 a.C. Panyu quedó entonces incorporada a la administración imperial. El nombre Guangzhou comenzó a emplearse como denominación administrativa en el siglo III, mientras que Panyu continuó existiendo como topónimo y hoy da nombre a uno de los distritos de la ciudad.
La historia de Nanyue fue redescubierta en 1983 con el hallazgo de la tumba de Zhao Mo, también conocido en algunas fuentes como Zhao Hu. Fue el segundo monarca de Nanyue y reinó entre 137 y 122 a.C. con el título póstumo de rey Wen. El actual Nanyue King Museum, creado en 2021, está dividido en dos sedes: la tumba del rey (Site of King’s Tomb) y las ruinas del palacio y el jardín (Site of Palace and Garden). El museo conserva una amplia colección de objetos funerarios, entre ellos instrumentos musicales, armas, utensilios, joyas, sellos de oro, recipientes de bronce y el célebre traje funerario de jade. Estos hallazgos, junto con los restos palaciegos, muestran la riqueza de Nanyue y sus intensos intercambios culturales y comerciales con otras regiones de China y con territorios de ultramar.
La tumba del rey de Nanyue fue excavada a unos 20 m de profundidad, en el interior de la colina de Xianggang. Presenta una planta en forma de cruz orientada de norte a sur y está construida con grandes bloques de piedra. El conjunto, de unos 11 m de largo por más de 12 m de ancho, se divide en siete espacios: una cámara frontal, dos cámaras laterales oriental y occidental, la cámara principal del ataúd, dos anexos y una cámara posterior de almacenamiento. La cámara frontal funcionaba como espacio de recepción; las cámaras laterales albergaban instrumentos musicales, armas y objetos de jade, oro, plata y bronce; y la cámara principal contenía el ataúd del rey, su traje funerario de jade y sus sellos. En la tumba se encontraron restos de quince personas sacrificadas, entre ellas cuatro concubinas y varios sirvientes o miembros de la corte. Estos sacrificios reflejan la creencia de que el monarca debía conservar en la otra vida una corte semejante a la terrenal y constituyen, además, una manifestación de poder y prestigio.
El traje funerario de Zhao Mo, confeccionado con piezas de jade cosidas con hilo de seda, es el más antiguo de este tipo hallado hasta la fecha y el único traje completo conocido en la región de Lingnan. A diferencia de otros ejemplos posteriores del norte de China, unidos con hilos de oro, plata o cobre según el rango del difunto, esta pieza constituye una adaptación temprana y local de las prácticas funerarias aristocráticas. En la antigua China, el jade se asociaba con la pureza, la permanencia y la inmortalidad, por lo que se creía que podía preservar el cuerpo, protegerlo de influencias malignas y acompañar al alma en su tránsito a la otra vida. Alrededor del cuerpo se colocaron, además, discos y otros objetos de jade relacionados con el simbolismo cosmológico y las costumbres funerarias de la élite de la época.
Las ruinas del palacio de Nanyue se descubrieron en 1995, cuando salió a la luz una gran piscina de piedra del jardín real, conocida como Estanque Pan. En 1997 se localizó el llamado Arroyo de Piedra Sinuoso, conectado con el estanque, y en excavaciones posteriores aparecieron restos de edificios palaciegos de Nanyue y del reino Han del Sur (Nanhan), además de pozos, canales de drenaje y estructuras de épocas posteriores. El yacimiento conserva niveles arqueológicos superpuestos desde las dinastías Qin y Han hasta periodos posteriores, incluidos Tang, Song, Yuan, Ming y Qing. Esta superposición de restos permite seguir más de dos mil años de historia de Guangzhou. El museo organiza la visita en torno a cuatro grandes ámbitos: el jardín y el palacio de Nanyue, el palacio de Nanhan, las salas de exposición histórica y el conjunto de pozos antiguos.
El Arroyo de Piedra Sinuoso de Nanyue formaba parte del jardín real. Su trazado original alcanzaba aproximadamente 180 m y se han excavado unos 160 m. El canal serpenteaba de norte a sur y después hacia el este, conectado con una gran piscina de piedra. Por su parte, los restos del palacio de Nanhan, pertenece a la dinastía Han del Sur fundada en 917 por Liu Yan, con capital en Guangzhou, entonces denominada Xingwangfu. Formó parte de los Diez Reinos durante el periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos y existió hasta 971. Su territorio comprendió principalmente las actuales provincias de Guangdong, Guangxi y Hainan.
La calle peatonal Beijing Road, en el corazón de Guangzhou, es un importante corredor comercial donde se puede degustar comida callejera cantonesa y comprar productos de todo tipo. Bajo el pavimento, protegidos por paneles de vidrio, se conservan tramos superpuestos de antiguas calzadas correspondientes a distintas épocas. Los niveles visibles abarcan sobre todo desde las dinastías Tang y Song hasta las dinastías Ming y Qing, aunque el área urbana hunde sus raíces en la Panyu de los periodos Qin y Nanyue.
En la misma zona se encuentra el templo Dafo, también conocido como Gran Templo del Buda. Sus orígenes se remontan al reino Han del Sur, cuando el emperador Liu Yan mandó construir en este lugar el templo Xinzang. El templo es conocido por su gran salón principal y por las tres monumentales imágenes de Buda que alberga. Tras diversas transformaciones históricas, volvió a funcionar como templo budista en 1981 y fue reconocido como bien histórico protegido por el municipio de Guangzhou en 1993. Su disposición sigue el esquema axial característico de los complejos budistas chinos, con puertas ceremoniales, salones de culto y dependencias monásticas.
Aunque durante las dinastías Tang y Song se intensificó en Lingnan la asimilación a las estructuras políticas y culturales de la China imperial, la región mantuvo una identidad propia, todavía muy influyente en Guangzhou, Hong Kong y Macao. Esta cultura permanece viva en la cocina cantonesa y en artes tradicionales como la ópera, el bordado y las tallas de madera y marfil. El barrio de Yongqing Fang, situado en el histórico distrito de Liwan y conocido por sus espacios dedicados a la ópera cantonesa y por una residencia vinculada a la familia de Bruce Lee, ofrece una muestra del antiguo Cantón y de la arquitectura de Lingnan. Adaptada al clima cálido y húmedo, esta arquitectura favorece la ventilación mediante patios, corredores y vanos, y se distingue por su decoración en relieve de yeso, cerámica, piedra o madera, con escenas históricas, mitológicas y florales.
Uno de los máximos exponentes de la arquitectura de Lingnan en Guangzhou es la Casa Ancestral de la familia Chen, también conocida como Academia (o el Templo) del Clan Chen. El complejo, construido entre 1888 y 1894 durante la dinastía Qing con aportaciones de miembros del clan Chen de numerosos condados de Guangdong, está formado por 19 edificios, nueve salones y seis patios distribuidos en tres ejes. Sirvió como templo ancestral, alojamiento y centro de estudios para jóvenes del clan que se preparaban para los exámenes imperiales. Tras la abolición de estos exámenes en 1905, el recinto se destinó a usos educativos y hoy alberga el Museo de Arte Popular de Guangdong. Su arquitectura destaca por los tejados de tejas esmaltadas y por las llamadas «siete artes» decorativas de Lingnan: talla de madera, piedra y ladrillo, escultura cerámica, relieves de estuco, fundición de cobre y hierro, y pintura mural.
En definitiva, Guangzhou es una ciudad bajo cuyas avenidas modernas permanecen los vestigios de antiguos reinos. Recorrerla duante dos días nos permitió descubrir cómo el pasado de Nanyue y la identidad de Lingnan siguen vivos en sus templos, museos, barrios y sabores tradicionales.
La gastronomía china comprende ocho grandes tradiciones culinarias: Shandong, Sichuan, Guangdong, Jiangsu, Zhejiang, Fujian, Hunan y Anhui. De ellas, cuatro ocupan un lugar central por su influencia histórica y cultural. La cocina de Shandong, propia del norte de China, es una de las más antiguas y destaca por sus sabores salados, limpios y contundentes, y el uso de mariscos frescos, especialmente en caldos o salteados. La de Jiangsu, especialmente vinculada a Nankín, Suzhou y Yangzhou, es más refinada y elegante, con sabores suaves y ligeramente dulces. En cambio, la cocina de Sichuan, del suroeste del país, es conocida por sus sabores picantes e intensos, marcados por la pimienta de Sichuan, los chiles, el ajo y el jengibre. Por último, la cocina cantonesa, propia de Guangdong, Hong Kong y Macao, se caracteriza por ingredientes frescos, sabores suaves y técnicas como al vapor, el salteado o el asado, que ayudan a conservar la textura y la calidad de los alimentos. Una de sus tradiciones más famosas es el yum cha con dim sum: pequeños platos de dumplings, bollos al vapor y rollitos que se sirven acompañados de té.
Otra característica de la cocina cantonesa es el aprovechamiento de gran variedad de ingredientes, incluidas partes del animal poco habituales en otras tradiciones culinarias. Uno de los ejemplos más típicos de Cantón son las patas de pollo, muy apreciadas por su textura gelatinosa y por la forma en que absorben los sabores. Las patas de pollo limpias y sin uñas se fríen hasta que la piel se arruga y luego se estofan a fuego lento junto con pasta de alubias negras, ajo, jengibre y salsas de soja y de ostra. Fue la primera vez que las probamos y la verdad es que nos sorprendieron gratamente.
El hotpot es una técnica culinaria muy típica de China, que ya habíamos probado en nuestros viajes anteriores. En Cantón, sin embargo, comimos un hotpot con estómago de ternera, entre otros ingredientes. Este tiene una textura firme y un sabor muy característico, pero, como en cualquier hotpot, el secreto del sabor es la salsa.
Las tripas de oca son otro plato tradicional de Cantón apreciado por su textura crujiente y gelatinosa. Aunque pueda resultar poco habitual para algunos paladares, forman parte de la alta cocina cantonesa y de los menús del año nuevo chino. Se suelen preparar salteadas con jengibre, cebollino y salsas aromáticas. También fue la primera vez que las probamos y nos sorprendieron más de lo esperado.
Las ancas de rana son consideradas un manjar en muchos países y nosotros ya las habíamos probado antes. También forman parte del recetario cantonés, y aquí las degustamos salteadas con pimiento y cebolla.
Y, para finalizar, no podía faltar el pichón cantonés. Se suele preparar frito o salteado a fuego fuerte con especias y salsas hasta lograr una piel crujiente y un sabor intenso.
Y como reflexión final, viajar consiste también en sentarse a la mesa con curiosidad y dejar a un lado los prejuicios. Si alguna vez os encontráis delante de una carta llena de nombres desconocidos, merece la pena atreverse, pedir algo diferente y probar sin miedo. Nunca se sabe: puede que ese plato que parecía el más inesperado acabe siendo el que más os sorprenda.
Después de viajar dos veces a Japón, visitando Tohoku y Kyushu, hemos decidido volver a China por tercera vez. Hace dos años recorrimos parte de la Ruta de Seda y esta vez visitamos parte de la ruta conocida como la Ruta del té y de los caballos que discurre por la provincia de Yunnan. Dado que se puede entrar a China sin necesidad de visado para estancias no superiores a 30 días (hace dos años eran solo 15 días), le dedicamos un total de tres semanas, de las cuales dos las invertimos en Yunnan y una en Guangzhou (nuestra ciudad de entrada), Shenzhen y Hong Kong (nuestra ciudad de partida).
Yunnan, situada en el suroeste de China, es una de las provincias más diversas del país, ya que en ella viven 25 de las 56 minorías étnicas reconocidas oficialmente, como los tibetanos, bai, yi, hani, dai, naxi, miao, hui, lisu, o wa. Sus paisajes abarcan desde valles verdes y arrozales hasta parte de la meseta tibetana. Durante siglos, por sus caminos circularon caravanas de mulas y caballos cargadas de té pu’er, sal y otros productos. Esta antigua red comercial conectaba Yunnan con el Tíbet, Sichuan y otras regiones del Asia interior, y todavía se percibe en lugares como Dali, Shaxi, Lijiang o Shangri-la, donde los cascos antiguos, los mercados y los caminos de montaña conservan parte de aquella historia.
Visitar esta provincia requiere cierta flexibilidad logística. Las distancias pueden parecer cortas en el mapa, pero los trayectos por carretera suelen ser largos y tediosos. Para nuestro viaje, volamos a Lijiang y de allí tomamos un tren a Dali, donde empezamos nuestra ruta. Desde Dali visitamos los pequeños pueblos de Donglianhua y Nuodeng (haciendo noche en Dali), para luego empezar nuestro tour en coche con conductor por Shaxi, Tacheng, Shangri-la y lago Lugu, hasta volver a Lijiang.
Conviene tener en cuenta que agosto no es el mejor mes para viajar por Yunnan, pues coincide con las vacaciones de verano en China y con la temporada de lluvias, por lo que puede haber más turismo local y cambios de tiempo frecuentes. Siendo época de lluvias conviene contar con margen en los desplazamientos, ya que puede haber cortes de carreteras puntuales, niebla, o desprendimientos de tierra. También resulta útil llevar ropa por capas, porque la temperatura cambia mucho entre valles y zonas altas, y no olvidar la protección solar, ya que, a mayor altitud, el sol se nota con más fuerza incluso en días frescos o nublados.
Dado que algunas zonas de Yunnan se encuentran a más de 2000 m sobre el nivel del mar, la altitud puede hacerse notar, especialmente al acercarse a Shangri-la y a la meseta tibetana. Por ello es recomendable organizar la ruta de forma gradual, empezando por lugares situados a menor altitud y continuando progresivamente hacia zonas más elevadas. Como referencia, Dali se encuentra a unos 2000 m sobre el nivel del mar (igual que Donglianhua y Nuodeng), Shaxi y Tacheng a unos 2100 m (aunque el Parque Nacional del Mono de Nariz Chata se encuentra a unos 3000 m), Lijiang está a 2400 m, el lago Lugo a unos 2700, Shangri-la a 3280 m, mientras que el parque de Potatso se encuentra a alrededor de 3500 m (el punto más alto de la ruta está a 3595 m).
Para reducir el riesgo de mal de altura, conviene caminar despacio, hidratarse bien, evitar esfuerzos intensos al llegar y dar tiempo al cuerpo para aclimatarse, un proceso que suele durar entre 24 y 48 horas. Los síntomas más habituales son dolor de cabeza, cansancio, mareo, náuseas, falta de apetito, dificultad para dormir y sensación de falta de aire al hacer esfuerzo. El oxígeno puede ayudar de forma puntual si aparecen molestias, pero no debería usarse de manera preventiva ni en exceso, ya que puede crear una falsa sensación de seguridad, ocultar señales tempranas y dificultar la adaptación natural a la altitud. En caso de duda, lo mejor es consultar antes del viaje con el médico de cabecera o con una unidad de medicina internacional, especialmente si se tienen enfermedades previas (respiratorias, cardíacas, apnea del sueño, antecedentes de mal de altura graves, etc). En nuestro caso, solamente tuvimos dolor de cabeza los primeros dos días y en algún momento puntual que aliviamos con ibuprofeno (siguiendo las indicaciones que nos dio nuestra doctora antes del viaje). Dado que el viaje lo organizamos de forma gradual, no necesitamos oxigeno en ningún momento y llegamos a subir hasta 3600 m sobre el nivel del mar sin ningún problema.
Por último, en los pueblos de minorías étnicas y en las zonas tibetanas conviene actuar con respeto y discreción, especialmente al hacer fotos en templos, mercados, casas tradicionales o ceremonias locales.
Para saber más sobre este viaje, podéis consultar las siguientes crónicas:
Después de dedicar 24 días a nuestro primer viaje por Japón, recorriendo Tokio y Tohoku, en esta segunda aventura por el país decidimos invertir prácticamente el mismo tiempo en descubrir Kioto, Osaka y Nara, por un lado, y Yakushima y Kyushu, por otro. La elección vino marcada por las ganas de celebrar el cumpleaños de Xavi y nuestro aniversario en Kioto y también por el mes (enero). En conjunto, este segundo viaje por Japón fue una experiencia completísima, muy distinta a la primera y llena de contrastes: ciudades históricas, islas cubiertas de bosque, carreteras tranquilas, tradiciones de Año Nuevo, templos, volcanes, baños termales y momentos personales que lo hicieron todavía más especial. Kioto y Kyushu nos regalaron una mirada diferente al país y nos dejaron con una certeza clara: Japón sigue siendo un destino al que siempre apetece volver. Y, aunque fue un viaje fantástico, a continuación, os dejamos una valoración de lo que más nos gustó y de aquello que no nos convenció tanto.
Lo que más nos gustó:
+ Si tuviéramos que escoger una ciudad favorita de este viaje, probablemente sería Kioto. Nos conquistó por su historia, sus tradiciones y esos barrios con encanto en los que parece que el tiempo avanza a otro ritmo. Aunque todo lo que visitamos nos pareció impresionante, guardamos un recuerdo especial del templo Ninna-ji y de los jardines del Heian Jingu. Además, celebrar allí dos fechas tan importantes para nosotros hizo que la ciudad quedara asociada a esos momentos muy especiales.
Kioto
+ Yakushima fue, sin duda, uno de los grandes descubrimientos del viaje. La isla nos sorprendió por sus bosques de sugi, sus cascadas, su fauna y esa sensación de estar en un lugar salvaje y distinto de Japón. Fue una etapa muy especial, de esas que no siempre aparecen entre los imprescindibles más conocidos, pero que terminan dejando una huella enorme.
Yakushima
+ Osaka también nos dejó muy buenas sensaciones, especialmente por la visita al castillo y al templo de los darumas, dos lugares muy diferentes entre sí pero igualmente memorables.
+ En Nara, más allá de sus famosos ciervos, encontramos rincones con mucho encanto y una atmósfera que merece ser vivida con calma.
Ciervo en Nara
+ Otra de las grandes experiencias fue coincidir con las tradiciones de Año Nuevo en Nichinan, Aoshima y Miyazaki. Ver cómo se vive esta época en Japón, con sus rituales, visitas a templos y santuarios y ambiente festivo, nos permitió acercarnos a una parte muy cotidiana y simbólica de la cultura japonesa.
+ En Takachiho disfrutamos del kagura, una representación tradicional que nos pareció una forma preciosa de conectar con la mitología y las costumbres locales.
Garganta Takachiho
+ Beppu fue otra parada difícil de olvidar, especialmente por los baños de arena, una experiencia curiosa, relajante y muy japonesa.
+ También nos impresionaron los Budas de piedra de Usuki, un conjunto sorprendente y muy distinto a otros templos o esculturas que habíamos visto en Japón.
Budas de Piedra de Ususki
+ El monte Aso, con esa ligera capa de nieve, nos regaló uno de los paisajes más bonitos de la ruta, y el trayecto en coche de Takamori a Kumamoto nos permitió disfrutar de vistas y pequeñas sorpresas que quizá habríamos pasado por alto viajando de otra manera.
+ Entre los recuerdos más especiales también están las grullas de Izumi, la ceremonia del té y la experiencia de vestir trajes tradicionales, que Xavi disfrutó como un enano. Son momentos que terminan siendo de los que más se recuerdan al volver a casa.
Kimono Izumi
+ Precisamente, hacer la ruta por Kyushu en coche fue uno de los grandes aciertos. Si en el viaje anterior conducir por Japón nos había parecido más bien un punto negativo, esta vez lo disfrutamos muchísimo. Nos permitió llegar a pueblos más pequeños y menos turísticos, como Obi, descubrir cascadas, templos escondidos y rincones que dieron al viaje un ritmo más libre y personal.
+ La gastronomía volvió a ser otro punto fuerte del viaje: desde la cocina de Kioto hasta platos más locales como el dengaku de Takamori, pasando por el sushi o aquellos desayunos de gachas que, por sencillos que parezcan, también forman parte de la memoria del viaje.
+ Y, aunque suene contradictorio, cuanto más conocemos Japón, más sentimos que aún nos queda muchísimo por descubrir. Este viaje nos confirmó que el país no se agota en una primera, segunda o tercera visita. Al contrario: cada región abre nuevas ganas de seguir explorando.
Lo que menos nos gustó:
̶ En Kioto, por ejemplo, resulta curioso que una ciudad con unos 1.600 templos y 400 santuarios concentre a tantísimos visitantes en los mismos lugares. Sitios como Kiyomizu-dera, Kinkaku-ji o Fushimi Inari pueden llegar a sentirse demasiado abarrotados, mientras otros templos preciosos permanecen prácticamente vacíos.
̶ También nos dio pena ver ciertos comportamientos poco respetuosos: gente escribiendo sobre el bambú, haciendo fotos donde no estaba permitido o actuando sin demasiado cuidado en lugares que merecen más silencio y consideración.
̶ En Nara, la relación de algunos visitantes con los ciervos nos resultó especialmente incómoda: vimos personas alimentándolos con patatas de bolsa, persiguiéndolos o reaccionando mal cuando los animales se ponían insistentes.
̶ Pasar el Año Nuevo en Japón fue una experiencia interesante, pero quizá no exactamente como la imaginábamos. Tiene mucho encanto, sí, pero también implica tener en cuenta que durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero muchos lugares cierran: museos, actividades, comercios e incluso restaurantes. Si se viaja en esas fechas, conviene reservar con antelación y asumir que el ritmo del viaje será diferente.
Osaka es la tercera ciudad más grande de Japón y una parada imprescindible del llamado triángulo de oro, junto con Tokio y Kioto. Conocida como la cocina de Japón, también destaca por sus barrios iluminados con neones. Entre ellos sobresale Dotonbori, con más de 400 años de tradición de entretenimiento y famoso por el Glico Man, el icónico cartel publicitario instalado por la empresa Glico en 1935.
Nipponbashi y Shinsekai son otros dos barrios muy frecuentados por turistas. Nipponbashi creció alrededor de una antigua estación llamada Nagamachi y, con el tiempo, se llenó de librerías de segunda mano, tiendas de electrónica y comercios especializados en manga, anime, y videojuegos. Su zona más conocida, Den Den Town, suele compararse con Akihabara, en Tokio, aunque aquí la experiencia resulta más relajada y cotidiana. Shinsekai cambia por completo el registro. Su nombre significa «Nuevo Mundo», aunque hoy el barrio conserva un aire retro y nostálgico, marcado por la Torre Tsutenkaku, las fachadas llamativas y los restaurantes populares. Nacido a comienzos del siglo XX como una zona de ocio moderna, cayó en decadencia tras la Segunda Guerra Mundial y durante años arrastró fama de barrio pobre y peligroso. Hoy, sin embargo, es una zona segura, fotogénica y muy visitada.
Aunque no lo parezca, el origen de Osaka es muy antiguo. Uno de los primeros vestigios es el Shitenno-ji, que fue fundado en 593 por el príncipe Shotoku y es considerado uno de los templos budistas más antiguos de Japón. Shotoku invitó a carpinteros coreanos de Baekje para que construyeran el complejo. Un dato curioso es que uno de esos carpinteros se quedó en el país y fundó en 578 una empresa especializada en templos y santuarios, Kongo Gumi, que ostenta el récord de ser la empresa en activo más antigua del mundo con más de 1.400 años de historia.
Su nombre significa «Templo de los cuatro reyes celestiales» y aunque sus edificios actuales proceden en gran parte de la reconstrucción de 1963, Shitenno-ji conserva un fuerte valor simbólico. En sus inicios, el templo no fue solo un espacio de culto, sino que también integraba instituciones de educación religiosa, asistencia social, atención sanitaria y farmacia. El conjunto central, o garan, conserva esa idea de orden religioso y comunitario mediante una pagoda de cinco pisos, el Kondo, el Kodo, corredores y puertas ceremoniales. Entre sus rincones destaca el salón Kameido, con una pieza de piedra en forma de tortuga del siglo VII usada en antiguos rituales de agua y, todavía hoy, en ceremonias dedicadas a los antepasados.
El Santuario Imamiya Ebisu, llamado cariñosamente como Ebessan, está dedicado a Ebisu, dios de la prosperidad, los negocios y la buena fortuna comercial. Su origen también se relaciona con el príncipe Shotoku, quien lo habría consagrado como protector de la parte occidental de la ciudad durante la construcción de Shitenno-ji. La elección no era casual, pues, antiguamente esta zona estaba junto a la costa y acogía mercados donde se intercambiaban productos del mar, de las aldeas y de los campos. Con el tiempo, Ebisu pasó de guardián de esos mercados a símbolo de prosperidad para comerciantes y negocios. Esa devoción alcanza su momento más animado durante el festival Toka Ebisu, celebrado del 9 al 11 de enero desde el período Edo, cuando más de un millón de personas acuden al santuario para pedir fortuna y recoger ramas de bambú decoradas con amuletos de buena suerte.
En 652, el emperador Kotoku construyó el palacio Naniwa Nagara-Toyosaki y convirtió la ciudad en capital bajo en nombre de Naniwa-kyo. Conservó ese estatus hasta 655 cuando la corte se trasladó a Asuka-kyo, y volvió a ser capital brevemente entre 744 y 745, bajo el mandato del emperador Shomu, antes del traslado definitivo a Heijo-kyo (actual Nara). Ya en el período Nara, dos monjes gemelos, Zenchu y Zensan, se asentaron en Mino, al norte de Osaka, para practicar la vida religiosa, y, más tarde, en 775, se fundó allí el templo budista Miroku-ji, origen del actual Katsuo-ji. Hoy, Katsuo-ji es otra parada de la peregrinación Saigoku Kannon, igual que Kiyumizu-dera, en Kioto, o Kofuku-ji, en Nara. Se llega tras un trayecto de unos 25-30 min en autobús desde la estación de Minoh-Kayano, al final de la línea Midosuji.
Se cuenta que el emperador Seiwa recuperó la salud gracias a las oraciones del sacerdote Gyojun. A raíz de aquel episodio, el antiguo Miroku-ji pasó a conocerse como Katsuo-ji, el templo de la victoria, un nombre asociado a la buena suerte y la superación. De ahí viene también la tradición de comprar daruma, amuletos japoneses inspirados en Bodhidharma, que simbolizan la perseverancia y el cumplimiento de los objetivos. Se les pinta un ojo al pedir un deseo o marcarse una meta, y el segundo cuando se cumple. Normalmente, si el deseo se ha cumplido, el daruma se devuelve al templo, y, por eso, los exteriores de Katsuo-ji aparecen llenos de estos muñecos. Además, en distintos puntos del recinto se puede ir sellando una postal, uno de los recuerdos más bonitos que se pueden conseguir en Japón.
Nuestra visita coincidió con el dondo-yaki, la quema de viejos amuletos con la que termina oficialmente el shogatsu, la celebración de Año Nuevo japonés, que nosotros habíamos comenzado en Nichinan. Durante las dos primeras semanas de enero, los japoneses llevan a templos y santuarios los amuletos del año anterior, como omamori o las flechas hamaya. No se trata solo de deshacerse de estos objetos, sino de cerrar un ciclo. En Katsuo-ji, el 15 de enero, todos esos amuletos y adornos se reúnen en una gran hoguera ritual, y también se recogen los daruma colocados por los jardines del templo. Según la tradición, las llamas purifican lo viejo y ayudan a que los buenos deseos asciendan al cielo.
Siguiendo con nuestra ruta por Osaka, Isshin-ji es un templo budista de la Tierra Pura fundado en 1185. Entre 1614 y 1615, durante el asedio del castillo de Osaka, Tokugawa Ieyasu acampó en su recinto y, tras la victoria, se convirtió en su mecenas. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial destruyeron el templo y las seis estatuas existentes, pero el lugar fue reconstruido progresivamente. Hoy, Isshin-ji combina devoción, arquitectura contemporánea y una forma muy singular de recordar a los muertos: desde 1887 mantiene la tradición de crear estatuas budistas con las cenizas de devotos. Cada 21 de abril se celebra una ceremonia en la que muchas familias entregan cenizas de sus difuntos y rezan por ellos. Esas cenizas se conservan hasta reunir una cantidad suficiente y, más adelante, se mezclan con resina para crear nuevas estatuas budistas de Amida, que quedan consagradas y veneradas en el templo.
La historia del castillo de Osaka arranca antes de su construcción, en el lugar donde se levantaba el templo fortificado Ishiyama Hongan-ji, sede del budismo Jodo Shinshu (Terra Pura) en 1496. Oda Nobunaga lo asedió desde 1576 hasta la rendición de los monjes y la posterior destrucción del complejo en 1580. Poco después, Toyotomi Hideyoshi concedió a los monjes un nuevo emplazamiento en Kioto, donde se construiría Nishi Hongan-ji, y eligió aquel mismo lugar para levantar su gran fortaleza, iniciada en 1583. Tras la muerte de Hideyoshi en 1598, su esposa Nene se hizo monja en Kodai-ji en Kioto, mientras el castillo quedó en manos de su hijo, Toyotomi Hideyori, hijo de Yodo-dono, también conocida como Cha-Cha, concubina de Hideyoshi y sobrina de Oda Nobunaga. En 1614, Tokugawa Ieyasu atacó la fortaleza durante el Asedio de Osaka y, un año después, el castillo cayó en la Guerra de Verano de 1615. Hideyori y su madre se suicidaron, marcando el final del clan Toyotomi.
El castillo que se ve hoy pertenece en gran parte a la construcción iniciada por Tokugawa Hidetada en 1620, aunque reconstruida después de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Para borrar la huella de los Toyotomi, el nuevo gobierno cubrió con unos seis metros de tierra los muros originales y levantó encima sus propias defensas. En 1984 se descubrieron los muros de piedra del antiguo tsumenomaru de Toyotomi, hoy visibles en el Museo de los Muros de Piedra (a los que se puede acceder con la misma entrada), donde se puede descender bajo tierra para ver los restos originales sepultados por los Tokugawa.
Finalmente, el Santuario Namba Yasaka rompe cualquier expectativa con su enorme cabeza de león, de 12 metros de alto, 11 de ancho y 10 de profundidad. Antiguamente, era conocido como Naniwa Shita no Miya (Palacio inferior de Naniwa) y llegó a contar con siete templos y doce subtemplos. Tras la Restauración Meiji, el templo fue abolido, y el edificio principal desapareció en los bombardeos 1945. Fue reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial como santuario sintoísta. Cada tercer domingo de enero se celebra aquí un ritual de tira y afloja inspirado en la leyenda de Susanoo-no-Mikoto, el dios del mar y las tormentas, que venció a la serpiente de ocho cabezas Yamata-no-Orochi, en el que los participantes tiran de una gran cuerda que simboliza al monstruo vencido. En 2001 fue designado primer bien cultural popular intangible de la ciudad.
Osaka, esta ciudad intensa y llena de contrastes, fue el punto de entrada y de salida de nuestro segundo viaje por Japón. Nos recordó que siempre queda algo por entender, por mirar con más calma y por vivir de otra manera. Quizá por eso, al marcharnos, no sentimos que el viaje se cerrara del todo, sino que quedaba algo pendiente: volver a Japón con más calma, con otras preguntas y con la certeza de que todavía nos queda mucho por descubrir.
Kioto era una de las etapas que más esperábamos del viaje. Junto con Tokio y Osaka, es una de las ciudades más visitadas de Japón, pero también una de esas que parecen guardar siglos de historia en cada esquina. Es famosa por el barrio de Gion y sus geishas (aunque nosotros tuvimos la suerte de verlas antes, en Sakata), por sus más de 1600 templos y por sus cerca de 400 santuarios. Uno de sus perfiles más reconocibles es la Pagoda Yasaka (Yasaka-no-to), perteneciente al templo Hokan-ji y situada en pleno distrito de Higashiyama. Con sus 46 m de altura, se ha convertido en una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad. Su origen se remonta al año 589, cuando el príncipe Shotoku habría ordenado construirla tras inspirarse en un sueño, aunque la estructura actual es fruto de varias reconstrucciones posteriores.
Si hay otro lugar que resume muy bien la imagen que muchos tenemos de Kioto, ese es Fushimi Inari-Taisha. Sus interminables túneles de torii bermellones, donados por particulares, familias y empresas como ofrenda para pedir protección y prosperidad, son uno de los paseos más especiales de la ciudad. El santuario se encuentra en Fushimi-ku, al sur de Kioto, y es el principal santuario sintoísta dedicado a Inari. Sus orígenes se remontan al año 711, cuando se levantaron las primeras estructuras en la colina Inariyama. En 816, a petición del monje Kukai, fue trasladado a su ubicación actual y, en 965, el emperador Murakami lo incluyó entre los santuarios que recibían mensajeros imperiales, o heihaku, para comunicar los asuntos importantes del país.
Kiyomizu-dera, el “templo del agua pura”, fue construido en 778 junto a la cascada Otowa. Como nos ocurrió en Yama-dera durante nuestro viaje por Tohoku, más que un único templo es un conjunto de puertas, salas y pagodas que se va descubriendo poco a poco. Aunque sus orígenes se remontan al periodo Nara, la mayoría de los edificios actuales fueron reconstruidos entre 1631 y 1633, después de numerosos incendios. El recorrido empieza en la puerta Nio-mon, también llamada Aka-mon (puerta roja) por su intenso color. Frente a ella se encuentra el templo Zenko-ji y, junto a la entrada, el Kubifuri Jizo, una pequeña estatua de cabeza giratoria que desde el periodo Edo se orienta hacia aquello que se desea pedir.
La pagoda Sanju-no-to, levantada originalmente en 847, reconstruida en 1633 y renovada en 1987, domina el conjunto con sus 31 m de altura. A pocos pasos se alza el Shoro, la torre de la campana, reconstruida en 1607 para sostener una campana de más de 2 toneladas que data de 1478. El camino continúa hacia Zuigu-do, donde se puede recorrer el Tainai Meguri, un pasaje completamente oscuro que se atraviesa guiándose solo por una cuerda y que simboliza un renacimiento espiritual. Después aparecen el Kyo-do, antiguo repositorio de sutras con un dragón pintado en el techo, y el Kaisan-do, dedicado al general Tamuramaro, que financió la construcción del templo. Todo desemboca en el Hondo, la sala principal, donde se venera a Kannon de once caras y mil brazos, del que destaca su terraza elevada unos 13 m sobre la montaña, sostenida por una estructura tradicional de pilares de keyaki (Zelkova serrata, olmo japonés) ensamblados sin clavos.
Kiyomizu-dera, incluido por la Unesco entre los Monumentos Históricos de la Antigua Kioto en 1994, es también una etapa de la peregrinación Saigoku Kannon, la ruta de 33 templos de Kansai dedicada a Kannon, bodhisattva de la compasión. Muchos peregrinos sellan aquí su paso con el goshuin (caligrafía hecha a mano acompañada del sello del templo) que queda como recuerdo del camino recorrido. Dentro del recinto se encuentra también el pequeño santuario Jishu, dedicado al amor, una muestra más del sincretismo religioso japonés.
Para entender Kioto hay que volver al año 794, cuando el emperador Kanmu trasladó la capital desde Heijo-kyo, la actual Nara, hasta Heian-kyo, el origen de la Kioto actual. Con este cambio buscaba alejar la corte de la fuerte influencia que el budismo ejercía en Nara. La nueva ciudad, conocida como la “capital de la tranquilidad”, siguió el modelo de Chang’an (actual Xi’an), capital de la dinastía Tang, y fue sede de la corte imperial hasta 1868. A ambos lados de su entrada principal se levantaron 2 grandes templos guardianes. El del oeste desapareció, pero To-ji, el “templo del este”, ha llegado hasta nuestros días. En 823, el emperador Saga lo entregó al monje Kukai, fundador del budismo Shingon y conocido por introducir la práctica de la automomificación o sokushinbutsu. El Miei-do fue su residencia en Kioto, aunque el edificio actual data de 1390, tras una reconstrucción posterior a un incendio.
En el centro del recinto se encuentra Kodo, construido en 835 y reconstruido en 1491, en cuyo interior se encuentran 21 estatuas que forman una versión tridimensional de un mandala, esencial en el budismo Shingon, con Dainichi Nyorai en el centro. Kondo es el mayor edificio, reconstruido en 1603, en cuyo interior se encuentran estatuas de Yakushi Nyorai y de los bodhisattvas Nikko y Gakko. Sin embargo, la construcción más conocida del templo es la pagoda de 5 pisos construida en su forma actual en 1644. Se trata de la pagoda más alta de Japón, con una altura de 55 m, superando las pagodas de Kofuku-ji de Nara (50.1 m) y de Hokan-ji (Yasaka, Kioto). Fue concebida para albergar reliquias y en su interior se conservan 4 estatuas de Buda dispuestas en torno al pilar central y orientadas hacia los 4 puntos cardinales, además de pinturas y motivos budistas en muros y columnas. Su interior solo se abre en ocasiones especiales, y nosotros tuvimos la suerte de visitar el templo en una de estas ocasiones.
Al oeste de Kioto se encuentra otro templo del budismo Shingon cuyo origen se remonta al año 886 cuando el emperador Koko ordenó su construcción con el fin de proteger la nación y difundir las enseñanzas budistas. Dado que murió antes de verlo terminado, fue el emperador Uda quien completó la obra en 888 y le dio el nombre de Ninna-ji, por el año del reinado de su predecesor. Desde sus inicios, el templo mantuvo una relación muy estrecha con la familia imperial. Tras abdicar, el emperador Uda se convirtió en su primer monzeki, o sacerdote principal de linaje aristocrático, y entre 888 y 1869 fue habitual que los emperadores enviaran a un príncipe al templo cuando quedaba vacante ese cargo. El Goten, situado a la izquierda tras cruzar la puerta Nio-mon, fue la antigua residencia del monzeki. Sus corredores cubiertos permiten recorrer edificios de estilo shoin-zukuri y un jardín cuidadosamente diseñado. Aunque el acceso a Nanna-ji es gratuito, para visitar el Goten hay que pagar entrada.
Ninna-ji fue destruido durante la guerra de Onin (1467), y recuperó su esplendor unos 150 años después gracias al príncipe Kakushin Hosshinno, hijo del emperador Go-Yozei, con el apoyo de Tokugawa Iemitsu. De esa época proceden muchos de los edificios conservados, como la puerta Nio-mon, la pagoda Goju-no-to, el Kannon-do, el Miei-do, el Kondo y los célebres cerezos Omuro-zakura, que florecen a mediados de abril y son mencionados en numerosos waka (poesía japonesa) desde el periodo Edo. La sala principal, Kondo, es otro de los grandes hitos del conjunto. Declarada Tesoro Nacional e inscrita como Patrimonio de la Humanidad en 1994, fue construida en 1613, lo que la convierte en el ejemplo conservado más antiguo de Japón de un Shishin-den (sala de ceremonias). Muy cerca se alza la pagoda Goju-no-to, construida en 1644 con una altura de 36,2 m. También pertenece a esta etapa el Kannon-do (de acceso de pago), construido entre 1641 y 1644 y dedicado a Senju Kannon Bosatsu, acompañada por 2 guardianes y 28 estatuas. Sus paredes y pilares conservan coloridas pinturas de monjes budistas.
Sanjusangen-do (33 espacios), también conocido como Rengeo-in, fue fundado en 1164 y está registrado como Tesoro Nacional. El edificio original se perdió en un incendio, pero fue reconstruido en 1266 y ha conservado prácticamente la misma estructura durante más de 700 años. Su larguísima sala de unos 120 m, construida en estilo wayo, está dividida en 33 espacios entre columnas que guardan 1001 imágenes de Kannon. En el centro se alza una gran estatua sedente, rodeada por mil figuras de pie talladas en ciprés japonés. Frente a ellas se sitúan 28 deidades guardianas y, en los extremos, los dioses del Trueno y del Viento, considerados obras maestras del periodo Kamakura. No se permite hacer fotos ni vídeos, algo que, en cierto modo, hace que la visita se quede todavía más grabada en la memoria.
Entre 1185 y 1333, durante el sogunato Kamakura, Kioto siguió siendo la capital imperial, aunque el verdadero centro de poder se encontraba en Kamakura. De esta etapa proceden algunos de los grandes templos zen de la ciudad, como Kennin-ji y Tofuku-ji. Kennin-ji, fundado en 1202, está considerado el templo zen más antiguo de Kioto, siendo Kanno-ji de Izumi el templo budista zen más antiguo de Japón. Detrás del edificio principal se encuentra Cho-on-tei, el “jardín del sonido de la marea”, una composición sencilla y serena en la que 3 piedras representan a Buda acompañado por 2 monjes. Otro de sus espacios más llamativos es el Hatto o Sala del Dharma, construido en 1765 en estilo zenshu. En su techo destacan los Dragones Gemelos de Koizumi Junsaku, una enorme pintura realizada para conmemorar el 800.º aniversario del templo e instalada en 2002.
Tofuku-ji es otro de los grandes templos zen de Kioto. Fue fundado en 1236 por el canciller imperial Kujo Michiie, con la ambición de convertirlo en un nuevo centro budista de referencia para la capital. Su nombre combina el de los dos célebres templos de Nara, Todai-ji y Kofuku-ji. Su sacerdote fundador, Enni Ben’en (1202-1280) se convirtió en el primer monje en recibir el título de Kokushi, o sacerdote nacional. Aunque sufrió varios incendios, fue reconstruido en el siglo XIV siguiendo los planos originales inspirados en los monasterios budistas chinos de la provincia de Zhejiang. En la era Meiji, el decreto Shinbutsu bunri, que separó sintoísmo y budismo, redujo el recinto de 70 a 25 edificios. Otro incendio, en 1881, destruyó la Sala Principal, el Hojo, el Hatto y la estatua de Buda Shakyamuni y durante la guerra ruso-japonesa (1904), el lugar fue requisado como campo de prisioneros para soldados rusos. La Sala Principal y el Hatto se reconstruyeron en 1917, y en 1934 se instaló una nueva estatua de Shakyamuni.
El Hojo, o sala del abad, fue reconstruido en 1890 y quedó rodeado en 1939 por los jardines diseñados por Shigemori Mirei (1898-1975). Tofuku-ji es el único templo donde los jardines rodean los 4 lados del Hojo. Los jardines representan metafóricamente los 8 eventos principales de la vida de Buda. El jardín sur combina 4 grandes rocas, que evocan las islas elíseas, con grava rastrillada que representa los 8 mares, y 5 montículos de musgo aluden a las 5 montañas sagradas. El jardín oeste alterna azaleas recortadas y grava blanca según el patrón Seiden’ichimatsu, mientras que el jardín norte reutiliza piedras de la antigua puerta principal y musgo para crear un damero irregular con el barranco Sengyokukan como fondo. El jardín este, o Hokuto-no-niwa, dispone antiguos pilares de cimentación sobre la grava para representar la constelación de la Osa Mayor.
Con una entrada nueva, se puede acceder al jardín del puente Tsutenkyo, un corredor cubierto de estilo rokyo del siglo XIV, de unos 100 m de longitud, que cruza el barranco Sengyokukan y conduce hacia el Kaisan-do, sala dedicada al fundador del templo.
Durante el sogunato Ashikaga, en el periodo Muromachi, Kioto volvió a ocupar el centro del poder cuando el tercer sogún, Yoshimitsu, estableció su residencia en el barrio de Muromachi. La ciudad vivió entonces una etapa de prosperidad de la que proceden algunos de sus edificios más emblemáticos, como Kinkaku-ji y Ryoan-ji. Kinkaku-ji, conocido formalmente como Rokuon-ji, es uno de los templos zen más famosos de Kioto. El lugar perteneció a la familia Saionji hasta 1397, cuando Yoshimitsu lo adquirió y construyó allí el palacio de Kitayama, centrado en el Kinkaku, la estupa dorada que hoy da nombre al templo. Tras su muerte, el recinto se transformó en templo budista siguiendo su voluntad. Hoy, el Pabellón Dorado, cubierto de pan de oro y reflejado en el estanque, es una de esas imágenes que justifican por sí solas la visita. En 1994, Kinkaku-ji fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Ryoan-ji es un templo célebre por su jardín de rocas. El lugar fue originalmente la casa de campo del clan Tokudaiji, adquirida en 1450 por Hosokawa Katsumoto para convertirla en templo zen. Destruido durante la guerra de Onin, fue reconstruido en 1499 e inscrito en 1994 como Patrimonio de la Humanidad. El jardín de rocas, atribuido al monje Tokuho Zenketsu hacia 1500, resume con extrema sencillez la estética del periodo Muromachi. En un rectángulo de apenas 25 por 10 m, sin árboles ni adornos, solo 15 rocas que emergen sobre la grava blanca. Junto al jardín, el estanque Kyoyochi recuerda una etapa anterior del templo, ya que fue creado a finales del siglo XII y durante mucho tiempo acogió numerosos patos mandarines, de ahí el sobrenombre popular de Ryoan-ji como Oshidoridera, el “templo de los patos mandarines”.
La prosperidad de Kioto se quebró con la guerra de Onin (1467-1477), un conflicto civil que devastó la ciudad y abrió el periodo Sengoku, la época de los Estados en guerra. Kioto se convirtió entonces en un escenario de disputa entre clanes, instituciones religiosas y nuevos poderes militares. En ese contexto llegó Francisco Javier, que había desembarcado en Japón en 1549 y viajó a la ciudad desde Yamaguchi con la intención de obtener apoyo para predicar el cristianismo. Lo que encontró fue una capital empobrecida y políticamente fragmentada. La historia de Nishi Hongan-ji se entiende dentro de esa misma transformación: una época en la que las grandes instituciones budistas acumulaban fieles, recursos y poder, mientras los nuevos gobernantes intentaban integrarlas o someterlas al orden que estaba naciendo tras décadas de guerra civil.
Instalado en su ubicación actual en 1591, Nishi Hongan-ji es hoy la sede principal de la rama Hongwanji-ha del budismo Jodo Shinshu, una de las corrientes de la Tierra Pura más influyentes de Japón. Sus orígenes se encuentran en el mausoleo de Otani, donde fue enterrado Shinran Shonin (1173-1263), fundador de esta escuela budista. A partir de aquel pequeño lugar de memoria fue formándose el Hongan-ji, reconocido como templo en 1321 y convertido poco a poco en un centro religioso de enorme importancia. Su crecimiento despertó la hostilidad de otras instituciones budistas, como los monjes del monte Hiei, pertenecientes a la escuela Tendai, que veían en la expansión del Jodo Shinshu una amenaza para su influencia. Oda Nobunaga, decidido a reducir su autonomía, asedió durante 10 años el Ishiyama Hongan-ji de Osaka, una de las principales fortalezas del Jodo Shinshu. Tras su derrota, Toyotomi Hideyoshi concedió a la comunidad un nuevo emplazamiento en Kioto, donde se levantó el actual Nishi Hongan-ji. Poco después, con la llegada de Tokugawa Ieyasu al poder, la institución quedó dividida en 2 ramas para limitar su influencia política: al oeste, Nishi Hongan-ji, y al este, Higashi Hongan-ji. El conjunto está considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura Azuchi-Momoyama y varias de sus estructuras fueron declaradas Tesoros Nacionales y, en 1994, fueron inscritas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
La instalación de Nishi Hongan-ji en Kioto no fue un hecho aislado, sino parte de la política de Toyotomi Hideyoshi para pacificar la capital, redistribuir espacios de poder y someter a las instituciones religiosas al nuevo orden político. El castillo de Fushimi-Momoyama representa la otra cara de esa misma reorganización: la voluntad de proyectar un poder unificado desde las afueras de Kioto. Situado en Fushimi-ku, fue construido por Hideyoshi como residencia privada y se hizo famoso por su sala de té, cuyas paredes y utensilios estaban recubiertos de pan de oro. Un terremoto lo destruyó apenas 2 años después de su construcción, y tras ser reconstruido, pasó a manos de Torii Mototada, vasallo de Tokugawa Ieyasu. En 1600, durante el asedio de Fushimi, Torii resistió durante 11 días frente a las tropas de Ishida Mitsunari, retrasando su avance. Gracias a su resistencia fue posible consolidar la victoria de Tokugawa sobre sus rivales. El castillo fue desmantelado en 1623 y muchos de sus elementos se reutilizaron en otros castillos y templos de Japón. En Kioto, 5 templos (Yogen-in, Genko-an, Shoden-ji, Hosen-in y Kosho-ji) conservan tablones manchados de sangre procedentes del castillo, donde Torii Mototada y sus 380 samuráis cometieron seppuku. La réplica de 1964 funcionó como museo dedicado a Toyotomi Hideyoshi hasta su cierre al público en 2003.
Tokugawa Ieyasu puso fin a las guerras, unificó el país y trasladó el centro del poder a Edo, la actual Tokio, dando inicio al periodo Edo (1603-1867). Kioto quedó relegada a un papel secundario, aunque siguió albergando la corte imperial, parte de la administración aristocrática y un gran número de templos y santuarios. El castillo Nijo fue inaugurado en 1603 como residencia del sogún durante sus escasas visitas a la antigua capital imperial. Años después, en 1614, partió desde este castillo hacia la campaña de Osaka y regresó a él tras la victoria que puso fin al poder de la familia Toyotomi. Dentro del recinto destacan los palacios Ninomaru y Honmaru-goten. El Ninomaru, reconocido como Tesoro Nacional, está formado por 6 edificios unidos entre sí y construidos en estilo shoin-zukuri. El Honmaru-goten, al que se accede con una entrada aparte, fue trasladado a su ubicación actual en 1893 desde el palacio Katsura-no-miya y está designado como Bien Cultural Importante. Al sur se extiende el jardín Honmaru, creado con motivo de la visita del emperador Meiji.
Kodai-ji, conocido formalmente como Kodaijusho-zenji, se encuentra en las montañas de Higashiyama, al este de Kioto. Fue fundado en 1606 por Kita-no-Mandokoro, más conocida como Nene, en memoria de su esposo, Toyotomi Hideyoshi. Tras la muerte de Hideyoshi, Nene se hizo monja budista con el nombre de Kodai-in Kogetsu-ni, del que procede el nombre del templo. La construcción fue financiada en buena parte por Tokugawa Ieyasu y el resultado fue uno de los conjuntos más refinados del periodo Momoyama, famoso por su arquitectura, sus jardines y sus trabajos lacados. Aunque Kodai-ji sufrió varios incendios a partir de 1789, todavía conserva algunos edificios originales, entre ellos el Otama-ya, el Kaisan-do, el Kangetsu-dai y las casas de té Kasa-tei y Shigure-tei, trasladadas desde el castillo de Fushimi-Momoyama. Muchos de estos espacios han sido declarados Bienes Culturales Importantes. En el Otama-ya están consagrados Hideyoshi y Nene, y bajo sus imágenes se encuentran sus tumbas. La decoración interior destaca por el Kodai-ji maki-e, una técnica de lacado con motivos dorados considerada una de las expresiones más refinadas del arte decorativo Momoyama.
El jardín del templo, rediseñado por el paisajista Kobori Enshu sobre un jardín anterior, está considerado uno de los mejores de su época. Su estanque combina símbolos tradicionales de larga vida y prosperidad: al norte, una isla con forma de tortuga; al sur, una composición de piedras que representa una grulla. Por su valor histórico y paisajístico, ha sido reconocido como Lugar de Importancia Histórica y Paisaje de Gran Belleza.
A mediados del siglo XIX, Kioto recuperó protagonismo político como sede de la corte imperial, aunque Edo seguía siendo el principal centro administrativo del sogunato. La tensión entre partidarios del emperador y defensores del régimen sogunal estalló en 1864 con la rebelión de Hamaguri. La revuelta fue reprimida, pero los combates e incendios destruyeron buena parte de la ciudad y agravaron una crisis política que ya parecía irreversible. En 1868, tropas dirigidas por Saigo Takamori tomaron el Palacio Imperial y forzaron la devolución del poder político al emperador Meiji. Los partidarios de Tokugawa Yoshinobu intentaron revertir la decisión, pero fueron derrotados poco después en la batalla de Toba-Fushimi. Aquella victoria marcó el final del sogunato y abrió paso al nuevo gobierno Meiji, que emprendió una profunda transformación política del país. Ese mismo año, la corte imperial se trasladó a Edo, rebautizada como Tokio, la “capital del este”. Kioto, que durante siglos había sido conocida como Miyako o “la capital”, pasó a llamarse durante un breve periodo Saikyo, la “capital del oeste”. Aunque perdió su papel político central, conservó buena parte de su patrimonio histórico, artístico y religioso.
Heian Jingu fue construido en 1895 para conmemorar el 1100.º aniversario de la fundación de Heian-kyo y formó parte de los esfuerzos por revitalizar Kioto después de que la ciudad perdiera su papel de capital imperial. El santuario venera al emperador Kanmu, que trasladó aquí la capital en 794, y al emperador Komei, el último que gobernó desde allí antes del traslado de la corte a Tokio. Por eso, Heian Jingu es un monumento moderno a la memoria histórica de Kioto. Su diseño se inspira en el antiguo Chodo-in, el recinto administrativo del Palacio Imperial donde el emperador presidía los asuntos de Estado. Los edificios, dispuestos de forma simétrica alrededor de un amplio patio de grava blanca, destacan por su intenso color bermellón y por su gran escala. Entre ellos sobresalen el Daigokuden, o sala exterior de culto, y la puerta Otenmon, ambos declarados Bienes Culturales Importantes de Japón.
El conjunto se completa con sus jardines, declarados Lugar Nacional de Belleza Paisajística. Están organizados en 4 zonas inspiradas en distintos periodos de la historia japonesa (Heian, Kamakura, Momoyama y Edo) e incorporan estructuras de madera trasladadas desde el Palacio Imperial de Kioto. Se recorren despacio, entre estanques, puentes, vegetación y pequeños rincones de descanso que contrastan con la solemnidad del santuario principal. Para acceder hay que pagar una entrada aparte, pero para nosotros mereció mucho la pena, ya que fueron algunos de los jardines más bonitos que vimos en Japón.
Ryozen Kannon fue inaugurado en 1955 como memorial dedicado a los soldados desconocidos y a las víctimas japonesas de la Segunda Guerra Mundial, con la intención de transmitir un mensaje de paz. La gran estatua de hormigón representa a Avalokitesvara, bodhisattva de la compasión, y fue impulsada por Hirosuke Ishikawa. Situada al pie de las montañas orientales de Kioto, destaca por sus 24 m de altura y por su expresión serena, obra del escultor Choun Yamazaki. El recinto conserva también una gran huella de piedra de Buda, considerada la mayor de Japón.
Pasamos 4 días en Kioto, tiempo suficiente para recorrer algunos de sus templos y santuarios más emblemáticos, pero también para darnos cuenta de que la ciudad siempre guarda algo más por descubrir. Entre pagodas, puertas bermellón y patios de grava, Kioto nos acompañó con esa mezcla de historia, belleza y calma que la hace tan especial. Además, fue aquí donde celebramos nuestro aniversario y el cumpleaños de Xavi, 2 motivos que convirtieron esta etapa del viaje en un recuerdo todavía más personal. Nos fuimos con la sensación de haber recorrido siglos de historia en apenas 4 días y con la certeza de que Kioto es de esos lugares a los que apetece volver.