Los hui son una de las principales minorías étnicas de China y la comunidad musulmana más numerosa del país. Aunque comparten muchos rasgos culturales con los han, conservan una identidad propia marcada por el islam (dieta sin carne de cerdo, uso de pañuelo en las mujeres y del gorro blanco en los hombres). Sus orígenes son diversos, ya que algunos descienden de comerciantes, soldados y funcionarios llegados desde Asia Central, Persia y el Medio Oriente durante las dinastías Tang (618-907) y Yuan (1206-1367), así como de matrimonios mixtos (hui-han) y de poblaciones locales convertidas al islam. El término hui procede de Huihui, nombre que inicialmente se aplicó a pueblos centroasiáticos como los Huige o Huihu (antepasados de los uigures) y que, con el tiempo, pasó a designar a las comunidades musulmanas asentadas e integradas en China.
En Yunnan, los antepasados de muchas comunidades hui se asentaron durante las dinastías Yuan y Ming (1368-1644). En la región de Weishan fundaron aldeas, se mezclaron con la población local y combinaron la tradición islámica con formas de vida y arquitectura chinas. Donglianhua, al noreste del condado de Weishan y al sur de Dali, es uno de los ejemplos mejor conservados de esa convivencia. Su nombre, “Loto Oriental”, recuerda los lotos que crecían antiguamente en sus campos.
La mezquita de Dongliahua, construida a comienzos de la dinastía Qing (1644-1912), es una muestra de la adaptación del islam a la arquitectura china. Sus aleros curvos y celosías talladas recuerdan a los templos, mientras la media luna, la estrella y los caracteres qingzhensi, “Templo de la Verdad Pura”, revelan su función religiosa islámica. Cuando la visitamos estaba cerrada, como buena parte de la aldea, pero incluso desde fuera se aprecia esa singular fusión de estilos.
Donglianhua prosperó gracias a su posición en la antigua Ruta del té y de los caballos (Cha Ma Dao), una extensa red de caminos que enlazaba, por un lado, las zonas productoras de té del sur de Yunnan con Dali, Nuodeng, Shaxi, Lijiang (entre otros) y el Tíbet, y por otro, Sichuan y el Tíbet, y que se prolongaba hacia otros países del sudeste asiático. No se trataba de un único itinerario, sino de un entramado de senderos que atravesaba montañas, valles y pasos difíciles (como la Garganta del Salto del Tigre). Por ellos las caravanas, con decenas de caballos y mulas cargados de té prensado, sal y otros productos, avanzaban lentamente. Para facilitar el transporte y la conservación, el té se prensaba en ladrillos (Zhun Cha) o nidos (Tuocha) con pesos de 100, 250, 400 o 500 g, o bien en la variante más icónica, en tortas de 357 g. La torta era la medida clásica del té Pu’er conocido también como el té de los “Siete hijos” (Qizi Bing). De hecho, aún hoy, en Yunnan, se pueden comprar tortas de té pu’er con las mismas características. Como curiosidad, cuánto más antiguo es el té, más valorado es.
En el Tíbet el té se cambiaba por caballos, habiendo normas estrictas sobre la cantidad de té que equivaldría a uno, que oscilaba entre los 20 y los 60 kg, según la dinastía. Por ejemplo, en 1074, durante la dinastía Song se estableció en 59 kg de té por un caballo robusto. En los trayectos de regreso transportaban mercancías procedentes de las regiones vecinas, de modo que la ruta favorecía no solo el intercambio comercial, sino que, igual que en la Ruta de la seda, también favorecía la circulación de noticias, costumbres y creencias.
Un antiguo patio se ha convertido en un museo comunitario (gratuito) dedicado a la cultura hui y a la Ruta del té y de los caballos. Fotografías, objetos cotidianos y recuerdos del comercio de caravanas ayudan a comprender cómo vivían las familias de la aldea y de dónde procedía su prosperidad. Conviene llegar por la mañana, ya que los espacios visitables cierran temprano.
Los hui desempeñaron un papel destacado como comerciantes, arrieros y organizadores de caravanas: conocían los caminos, negociaban en distintos mercados y mantenían redes de confianza entre comunidades alejadas. La ubicación de Donglianhua convirtió la aldea en lugar de paso, descanso y aprovisionamiento. Varias familias locales reinvirtieron las ganancias del comercio en tierras y grandes residencias, y amasaron fortunas que todavía se perciben en la arquitectura del pueblo. Las casas de Donglianhua son el testimonio más visible de aquel esplendor.
Aunque se conservan decenas de viviendas antiguas levantadas con tierra roja, piedra y madera, las que destacan son las mansiones de los hermanos Ma (Ma Ruji, Ma Ruqi y Ma Ruqing), comerciantes y jefes de caravanas enriquecidos entre el final de la dinastía Qing y la época republicana. Cuando nosotros fuimos, las residencia de Ma Ruqi y Ma Ruqing estaban en obras, por lo que solamente pudimos visitar la residencia de Ma Ruji, con sus patios sucesivos, pasillos, áticos, puertas, tallas de madera y relieves de piedra. Merece la pena subir a las plantas altas para contemplar el entramado de tejados.
La historia de la aldea también está ligada al gran levantamiento que sacudió Yunnan entre 1856 y 1873, conocido en Occidente como Rebelión Panthay. Fue la primera de las tres grandes rebeliones hui del siglo XIX, seguida por la de Shaanxi y Gansu (1862-1878) y la de Hezhou (1895-1896). Sus causas no fueron exclusivamente religiosas (censura al islam), sino que, durante décadas se habían acumulado la discriminación contra los hui, los conflictos por el control de las minas y las rutas comerciales, la presión demográfica y la rivalidad entre comunidades. La violencia alcanzó un punto crítico en 1856, cuando la represión y las matanzas de musulmanes en Kunming extendieron la insurrección por buena parte de la provincia. Aunque estuvo encabezada por líderes hui, también participaron han y miembros de otras minorías descontentos con la administración de la dinastía Qing.
La rebelión comenzó cerca de Donglianhua, en Xiaoweigeng, y su figura central fue el hui Du Wenxiu (1823-1872). Tras conquistar Dali en 1856, estableció allí un gobierno independiente y se proclamó sultán, aunque también fue conocido como Gran Mariscal. Durante dieciséis años dirigió un territorio en el que convivieron hui, han y otras minorías. La derrota de la rebelión devolvió la región al control Qing y dejó una huella profunda en las comunidades musulmanas de Yunnan. En Dali, la antigua Mansión del Gran Mariscal (hoy Museo Municipal) conserva una exposición dedicada a su levantamiento.
Donglianhua se recorre en un par de horas, pero su silencio reúne muchos siglos, desde la llegada de los hui a Yunnan hasta el paso de las caravanas y la riqueza que quedó grabada en patios, puertas y tejados. Cuando la visitamos estaba casi desierta y en obras de restauración. Tal vez cambie pronto… De momento, conserva la extraña sensación de un lugar detenido entre la pasado y el presente.
Un grupo étnico se define como un conjunto de personas con antepasados comunes que comparten la misma identidad cultural, idioma, historia y tradiciones. Un total de 56 grupos étnicos son reconocidos oficialmente en China. La etnia han es la mayoritaria, representando alrededor del 92% de la población, mientras que los 55 grupos étnicos restantes representan tan solo el 8%. Los hui, repartido por prácticamente todo el país (por ejemplo, en el barrio musulmán de Xi’an y en Donglianhua en Yunnan) y los uigures, asentados principalmente en Xinjiang (Turpán y Urumqi), son de los grupos minoritarios más extensos. En Yunnan conviven 26 grupos étnicos (la etnia han más 25 grupos minoritarios), siendo la provincia con mayor diversidad cultural de China.
Los naxi, que habitan principalmente en las provincias de Yunnan y Sichuan, son el grupo étnico mayoritario de Lijiang. Se dice que los nómadas qiang, originarios del Tíbet, al instalarse en Yunnan, se dividieron en tres grupos: los naxi, que permanecieron en Baisha y Lijiang, los bai, que se asentaron en Dali, y los mosuo, que viven alrededor del lago Lugu. Los naxi poseen el único sistema de escritura pictográfica aún en uso. Con una antigüedad de más de 1000 años, este sistema era utilizado principalmente por los sacerdotes, llamados dongbas (u hombres sabios). El dongbaísmo es una religión chamánica muy popular entre los naxi, que se basa en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, que son hermanos del mismo padre, pero de distinta madre. Uno de los lugares de gran importancia religiosa dongba son las Terrazas de Agua Blanca en la provincia de Shangri-la.
Históricamente mantenían una organización matriarcal y un sistema matrimonial libre conocido como azhu, donde las mujeres administraban los bienes, heredaban las propiedades y criaban a los hijos en el hogar materno. Actualmente, esta organización matriarcal y matrilineal solamente sigue viva entre los mosuo. Otra característica de los naxi es su música tradicional (estilos dongjing, baisha y huangjing) que se considera un «fósil vivo» y que mezcla influencias de antiguas dinastías chinas (Tang y Song) y del Tíbet.
Lijiang es una preciosa ciudad (también muy turística) situada a una altitud de 2400 m sobre el nivel del mar, en el valle del río Yangtsé, después de la Garganta del Salto del Tigre, y rodeada por la Montaña Nevada del Dragón de Jade (Yulong Xueshan), la Colina del Efefante (Xiangshan) y la Montaña del León (Shizishan). Su principal atractivo es la ciudad antigua, Dayan Old Town (Dayanzhen), completamente restaurada en 1997 después de quedar destruida por un terremoto un año antes. Ese mismo año fue también reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
A diferencia de otras ciudades, no sigue una estructura regular, sino que más bien se trata de un entramado de callejuelas de piedra, canales y puentes. Gracias a un ingenioso sistema hidráulico que distribuye el agua por toda la ciudad, se ha ganado el sobrenombre de “Venecia del Este” o la “Suzhou de las tierras altas”. Dos antiguas ruedas (Large Water Wheel), situadas cerca de la entrada norte, son una representación de este antiguo sistema. El agua parte desde el Estanque del Dragón Negro (Heilongtan), descendiendo por la gravedad, y, al llegar al casco antiguo, se divide en tres ramales principales, que a su vez se dividen en una extensa red de canales y regueros cruzados por cerca de 350 puentes, algunos originarios de las dinastías Ming y Qing.
El Estanque del Dragón Negro es uno de los lugares más bonitos de Lijiang. En días despejados, se puede ver la Montaña Nevada del Dragón de Jade, sin embargo, nosotros no tuvimos esa suerte… Alrededor del estanque se encuentran varios templos y pabellones, como el pabellón que abraza la Luna, construido a finales de la dinastía Ming (aunque la estructura actual es una reproducción de 1963), el templo del dragón (Longshen), construido en 1737, o la torre Wufeng construida durante la dinastía Ming. Se cuenta que, en este lugar, 10 dragones malvados causaban mucha destrucción hasta que Lu Dongbin, uno de los ocho inmortales del taoísmo, encarceló a nueve en una torre, dejando libre solamente al dragón más joven que aún vive en el estanque.
La historia de Lijiang se remonta al siglo XIII, cuando los antepasados del clan Mu se asentaron en Dayechang, origen de la actual ciudad antigua de Dayan. Gracias a su posición estratégica en las rutas comerciales entre Yunnan, Sichuan y el Tíbet (que forman la conocida Ruta del té y de los caballos), la localidad se convirtió pronto en un importante centro político, económico y cultural. Durante las dinastías Yuan y Ming se consolidó como sede administrativa y prosperó bajo el gobierno hereditario de la familia Mu, que actuaba como intermediaria entre el poder imperial y los pueblos de la región. Finalmente, en 1723, ya bajo la dinastía Qing, las autoridades locales fueron sustituidas por oficiales de la corte imperial, poniendo fin al gobierno de la familia Mu.
La Mansión Mu (Mu Palace o Mufu) fue la antigua residencia y sede administrativa del clan Mu. Construida originalmente durante la dinastía Yuan, ampliada en época Ming y reconstruida en 1998 para albergar el Museo del Casco Antiguo de Lijiang, su arquitectura combina el estilo palaciego Ming con influencias naxi y tibetanas. El recinto reúne 162 estancias distribuidas entre patios, jardines, pabellones y salones alineados a lo largo de un eje central, como los salones Sanqing, Hufa, y el Salón del Consejo, y las torres Yuyin, Guangbi, y Wanjuan. Desde su parte más alta se contemplan excelentes vistas de los tejados de la ciudad antigua.
Otro edificio relevante de Lijiang es el Templo Puxian, un pequeño templo budista dedicado al bodhisattva Puxian (Samantabhadra), asociado con la práctica virtuosa, la compasión y la sabiduría. Fue construido durante el reinado del emperador Daoguang de la dinastía Qing, en la primera mitad del siglo XIX. Su arquitectura combina la disposición residencial naxi conocida como «cuatro patios y cinco tragaluces» con elementos propios de los templos budistas han, reflejando la convivencia de distintas tradiciones culturales en Lijiang. Durante mucho tiempo ha funcionado no solo como lugar de culto, sino también como espacio comunitario para ceremonias y actuaciones de música antigua naxi. Por su valor histórico, arquitectónico y social, fue declarado bien cultural protegido de ámbito municipal en 2023.
Durante este tercer viaje por China, Lijiang fue nuestra puerta de entrada a Yunnan, con sus paisajes y con la diversidad cultural que la caracteriza. Llegamos tras un corto vuelo desde Guangzhou y le dedicamos un total de 2 días, antes de desplazarnos en tren a Dali. Sin embargo, no la pudimos disfrutar tanto como nos hubiera gustado, ya que justamente estos fueron los días en los que notamos más los síntomas del mal de altura (dolor de cabeza y sensación de cansancio). Aun así, Lijiang se merece claramente una visita.
La historia de Shenzhen y Hong Kong se remonta a varios milenios. Antes de su incorporación a los primeros imperios chinos, el territorio estaba habitado por comunidades pertenecientes al conjunto de pueblos conocidos como Baiyue, asentadas en la región de Lingnan y vinculadas especialmente a la pesca. Tras la conquista de la zona por Qin Shi Huang en 214 a.C., el territorio quedó integrado en la comandancia de Nanhai y, después de la caída de los Qin, pasó a formar parte del reino de Nanyue. Siglos más tarde, se fundó Nantou, cuyos antecedentes se remontan al establecimiento de la comandancia de Dongguan en el año 331 durante la dinastía Jin del Este. La comandancia de Dongguan comprendía las áreas que actualmente corresponden a Huizhou, Zhongshan, Zhuhai, Shenzhen, Hong Kong y Macao. Su importancia se afianzó durante la dinastía Ming, cuando en 1573 se creó el condado de Xin’an y Nantou fue elegida sede de su gobierno.
Durante el siglo XIX, el condado de Xin’an perdió progresivamente buena parte de su territorio a raíz de las cesiones impuestas por el Imperio británico: la isla de Hong Kong fue cedida tras la firma del Tratado de Nankín en 1842, la parte meridional de la península de Kowloon pasó a manos británicas mediante la Convención de Pekín de 1860 y, en 1898, los Nuevos Territorios fueron arrendados al Reino Unido por 99 años. Nantou continuó siendo la sede administrativa del territorio restante, denominado condado de Bao’an desde 1913, pero fue perdiendo importancia a medida que prosperaba Shenzhen, situada al este. En 1953, la sede del condado se trasladó a Shenzhen y, con el posterior desarrollo de esta ciudad y su rápida expansión urbana, Nantou acabó integrada en la actual metrópoli.
Actualmente, la Ciudad Antigua de Nantou se encuentra en el distrito de Nanshan y ha sido objeto de un amplio proceso de restauración y revitalización urbana que ha respetado su trazado tradicional y ha permitido conservar numerosos edificios históricos. Antiguas residencias, templos y casas gremiales se han rehabilitado y adaptado a nuevos usos culturales, como museos, galerías y espacios comunitarios. Entre los principales edificios históricos de Nantou destacan la Puerta Sur y los restos de las murallas de época Ming, símbolos de la antigua ciudad; la Casa Gremial de Dongguan, testimonio de la actividad comercial de Lingnan; el Templo de la familia Wen, dedicado a Wen Tianxiang; y el Templo del Dios Guan, único santuario de Shenzhen dedicado exclusivamente a Guan Yu.
El parque Lianhuashan también conocido como el Parque de la Colina de los Lotos es un oasis verde en medio del mar de rascacielos de Shenzhen. Aunque sus vistas panorámicas del distrito financiero constituyen uno de sus principales atractivos, para la población local posee especial relevancia la estatua de bronce de Deng Xiaoping. Deng Xiaoping (1904-1997) fue dirigente del Partido Comunista Chino e impulsó una política de «reforma y apertura» que fomentó la inversión extranjera. Desde finales de la década de 1970, las reformas económicas promovidas por éste transformaron Shenzhen en uno de los principales centros comerciales y tecnológicos de China. Gracias a esto, Shenzhen es ahora la tercera gran metrópoli de China, junto a Shanghái y Beijing, y es el centro de la industria tecnológica del país. La estatúa de Deng Xiaoping caminando hacía la ciudad se instaló en el año 2000 coincidiendo con el vigésimo aniversario de la creación de la Zona Económica Especial.
Deng Xiaoping desempeño también un papel decisivo en las negociaciones con los británicos sobre el futuro de Hong Kong cuando se acercó el fin del arrendamiento de los Nuevos Territorios. Como resultado de estas conversaciones, se firmó la Declaración Conjunta Sino-Británica en 1984 en la que se establecía que el Reino Unido transfería la soberanía de Hong Kong a China y que el territorio se convertiría en una región administrativa especial bajo el principio de «un país, dos sistemas», que le permite a Hong Kong conservar un sistema económico y administrativo propio durante 50 años.
El puerto Victoria fue uno de los principales factores del desarrollo de Hong Kong durante el dominio británico. Su situación estratégica en las rutas marítimas entre China, el Sudeste Asiático y Europa, unida a la profundidad y protección natural de sus aguas, favoreció su conversión en puerto franco y centro de distribución regional. A través de sus muelles circularon té, seda, textiles y otros productos, mientras comerciantes, navieras, bancos y compañías aseguradoras establecieron allí sus operaciones.
Victoria Peak, el punto más elevado de la isla de Hong Kong, comenzó a desarrollarse como zona residencial exclusiva durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando funcionarios y comerciantes británicos buscaron refugio allí gracias a su clima más fresco. Su acceso mejoró considerablemente con la inauguración del Peak Tram en 1888, uno de los primeros funiculares de Asia, que favoreció la construcción de viviendas y hoteles en la cumbre. Con el crecimiento de la ciudad, el área se transformó en uno de sus principales destinos turísticos. Actualmente, sus miradores, especialmente los de Peak Tower y sus alrededores, ofrecen amplias vistas del puerto Victoria, Kowloon y el perfil urbano de Hong Kong.
El templo Tin Hau situado cerca de Victoria Park, fue construido en honor a la diosa del mar y de los pescadores, Tin Hau, en 1747, fecha inscrita en su campana, aunque el edificio actual data del 1868. Fue una familia hakka procedente de Guangdong (provincia de Cantón) que se había instalado en Kowloon, pero que se desplazaba a menudo hasta la isla en barco, la que lo fundó tras descubrir un incensario rojo que flotaba en el mar. Pese a las reformas, el templo conserva el estilo arquitectónico de Lingnan, con figurillas de Shiwan (o Shek Wan) colocadas sobre su tejado verde.
Otro templo de la isla de Hong Kong es el Man Mo, construido en 1847 y que forma parte de un complejo compuesto por tres edificios. Considerado uno de los más antiguos, Man Mo es el edificio principal y está dedicado al dios Man Cheong y al dios Kwan Tai. El templo de arquitectura tradicional cantonesa conserva en su interior valiosos objetos históricos. Tanto el templo de Man Mo como el Tin Hau pertenecen principalmente a las creencias religiosas populares de las comunidades cantonesas, que combinan el culto a divinidades locales con influencias taoístas, budistas y confucianas.
Situado al norte de Kowloon, el templo Wong Tai Sin es uno de los templos taoístas más conocidos de Hong Kong. Está dedicado al Gran Inmortal Wong, una divinidad asociada a la curación y a la concesión de favores. El taoísmo, tradición filosófica y religiosa china, busca la armonía con el Dao (el curso natural del universo) y reúne prácticas de meditación, rituales, culto a divinidades e inmortales y técnicas adivinatorias. El taoísmo fue introducido en Hong Kong por Leung Yan-am, quien llegó en 1915 desde Guangdong con una imagen de Wong Tai Sin y fundó el templo en la aldea Chuk Yuen en 1921. Tras décadas como templo privado, abrió al público en 1956 y su popularidad aumentó con la llegada de población procedente de China continental.
El complejo presenta una arquitectura china tradicional de pilares rojos, tejados dorados con frisos azules, celosías amarillas y tallas multicolores. Entre sus elementos más reconocibles figura el Muro de los Nueve Dragones, inspirado en el de Pekín, así como varias salas dedicadas a distintas figuras religiosas. Una característica del templo es el kau chim. Los visitantes formulan una petición ante el altar y agitan un recipiente de bambú hasta que cae una varilla numerada, y, después, un adivino interpreta el mensaje correspondiente.
El monasterio Chi Lin, en el Diamond Hill, fue fundado en 1934 como retiro para monjas budistas. En 1998 fue reconstruido siguiendo el modelo arquitectónico de la dinastía Tang. Sus salas albergan imágenes del Buda Sakyamuni, de Guanyin (bodhisattva de la compasión) y de otras figuras del budismo, realizadas en materiales como oro, arcilla, madera y piedra. El complejo reúne dieciséis salas, una biblioteca, una escuela, una pagoda, un campanario y una torre del tambor. Sus edificios de madera de ciprés fueron ensamblados mediante un sistema tradicional de uniones talladas, sin emplear clavos, una técnica que expresa el ideal de armonía entre el ser humano y la naturaleza.
Frente al monasterio se encuentra el jardín Nan Lian, inaugurado en 2006 e, igual que el templo, fue proyectado según los principios paisajísticos de la dinastía Tang. Su composición ordena cuidadosamente colinas artificiales, estanques, cascadas, pabellones, puentes, árboles y rocas para crear una sucesión equilibrada de perspectivas. Aunque constituye un espacio independiente, el jardín funciona como prolongación visual y espiritual del monasterio. Juntos, Chi Lin y Nan Lian forman uno de los conjuntos religiosos y paisajísticos más singulares de Hong Kong.
En 1965 se fundó el templo Yaumatei Ten Hau. Igual que el templo Ten Hau de la isla de Hong Kong, este templo está dedicado a la protectora de los marineros y los pescadores y actuaba como centro religioso y comunitario. En su origen estaba situado en el litoral, pero con las sucesivas ampliaciones de terreno actualmente se encuentra a varios km de la costa.
Desde comienzos del siglo XX, la plaza arbolada situada frente al templo, Yung Shue Tau, se convirtió en lugar de reunión y entretenimiento. Allí fueron instalándose puestos de comida, vendedores ambulantes, adivinos y artistas de ópera cantonesa. El mercado creció especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y quedó organizado como zona oficial de vendedores durante la década de 1970, dando lugar al actual mercado nocturno de Temple Street. Al caer la tarde, los puestos de comida, recuerdos, ropa y objetos diversos convierten el entorno en uno de los mercados callejeros más conocidos de Hong Kong.
La isla de Lantau, la mayor de Hong Kong, formó parte de las islas incluidas en los Nuevos Territorios arrendados al Reino Unido en 1898. A pesar del desarrollo de núcleos urbanos e importantes infraestructuras de transporte, conserva extensas áreas montañosas, bosques, humedales y una costa de gran valor paisajístico. Buena parte de su territorio está protegida mediante parques y reservas, lo que convierte a Lantau en uno de los principales espacios naturales de Hong Kong.
En la costa occidental de Lantau, se encuentra la pequeña aldea pesquera de Tai O. El rasgo más característico de Tai O son los pang uk, viviendas levantadas sobre pilares de madera encima de los canales y las marismas. Este tipo de construcción tiene su origen en el modo de vida de las comunidades pesqueras del sur de China, especialmente de los tanka, que tradicionalmente habitaban en embarcaciones. Al establecerse de forma permanente en la costa, prolongaron su vida sobre el agua mediante plataformas elevadas comunicadas por pasarelas. Las casas se construyeron así por razones prácticas: permitían aprovechar terrenos intermareales donde escaseaba el suelo firme, mantener las viviendas por encima de las mareas y amarrar las barcas directamente junto al hogar. Esta proximidad al agua facilitaba la pesca, el transporte y el procesamiento de pescado, camarones y otros productos.
Tras el levantamiento de las restricciones costeras impuestas durante la Gran Evacuación (o Despeje de la Costa), una medida impuesta por el emperador Kangzi entre 1661 y 1669 mediante la cual se obligaba a los habitantes de las zonas costeras a trasladarse al interior, Tai O fue repoblada y se convirtió en un importante asentamiento de comunidades tanka, hakka, hoklo y cantonesas. Actualmente, la pesca continúa formando parte de la identidad de Tai O, aunque ya no constituye una fuente suficiente de ingresos para muchas familias. Al mismo tiempo, el pueblo se ha convertido en un destino turístico conocido como la «Venecia de Hong Kong» y además de contemplar los pang uk, se pueden recorrer sus canales en pequeñas embarcaciones para observar al delfín rosado de Hong Kong (Sousa chinensis). Estos delfines, que se encuentran en peligro extinción, nacen de color gris y se vuelven rosados en la edad adulta. Nosotros también aprovechamos el viaje para ver a estos delfínes y nos sorprendió comprobar que verdaderamente son de color rosa.
En el interior de Lantau, se encuentra Ngong Ping 360, que consta del teleférico que conecta Tung Chung y Ngong Ping, el pueblo que fue construido cerca del monasterio de Po Lin. El monasterio Po Lin fue fundado por tres monjes procedentes de China en 1906 como un modesto retiro y fue creciendo hasta convertirse en uno de los principales centros del budismo chan de Hong Kong. Su nombre, asociado al «loto precioso», evoca la pureza espiritual en la tradición budista. Po Lin mantiene una activa vida religiosa y celebra ceremonias como el cumpleaños y el baño de Buda, que congregan a monjes y fieles. En el monasterio se puede degustar comida vegetariana budista.
Junto al monasterio se alza el Gran Buda Tian Tan, una monumental estatua de bronce terminada en 1993. Con 34 metros de altura y unas 250 toneladas de peso, representa al buda sentado sobre una flor de loto. La figura mira hacia el norte, en dirección a China continental, y muestra la mano derecha alzada como gesto de protección y liberación del sufrimiento, mientras la izquierda descansa sobre el regazo en señal de generosidad. Una larga escalinata conduce hasta las plataformas de su pedestal, rodeado por seis devas (deidades benévolas) de bronce que ofrecen flores, incienso, lámparas, ungüentos, frutos y música. Estas ofrendas representan las seis perfecciones del budismo: generosidad, conducta moral, paciencia, esfuerzo, meditación y sabiduría.
Durante estos cinco días (uno en Shenzhen y cuatro en Hong Kong), cada lugar que descubrimos nos sorprendió enormemente. Nuestro tercer viaje por China, que comenzó en Guangzhou y discurrió por parte de Yunnan, concluyó en las alturas de Lantau, y allí nos despedimos con la certeza de que habra un cuarto viaje por China.
Guangzhou (Cantón), capital de la provincia de Guangdong, fue el punto de entrada de nuestro tercer viaje por China. Se trata de una de las mayores ciudades de este país, junto a Shenzhen, Shanghai y Beijing, y se encuentra situada en el delta del río de las Perlas. Posee una larga historia ligada a la región conocida tradicionalmente como Lingnan («al sur de las montañas Nanling»), que comprende las actuales provincias de Guangdong, Guangxi y Hainan, así como las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao. Separada de las llanuras centrales por las montañas Nanling, la región desarrolló una identidad cultural propia. Al mismo tiempo, su acceso al mar favoreció que Lingnan, y Guangdong en particular, se convirtiera en una importante puerta comercial, siendo Guangzhou uno de los principales puertos de la Ruta Marítima de la Seda, que conectaba China con el Sudeste Asiático, el océano Índico y, en determinados periodos, con África.
En 219 a.C., Qin Shi Huang (célebre por el ejército de terracota hallado junto a su mausoleo, cerca de Xi’an), tras unificar China y proclamarse emperador, inició las campañas destinadas a conquistar Lingnan. Tras su conquista, en 214 a.C. se estableció la comandancia de Nanhai, y se fundó la ciudad de Panyu (antigua Guangzhou). Con la caída de la dinastía Qin, el general Zhao Tuo fundó el reino de Nanyue, hacia 204 a.C., manteniendo Panyu como capital. En su máxima extensión, el reino abarcó gran parte de los actuales Guangdong, Guangxi y Hainan, además de zonas del norte de Vietnam. El territorio estaba habitado por diversos pueblos Yue, conocidos en conjunto como Baiyue o «los cien Yue». Como curiosidad, el nombre Vietnam está relacionado con el de este antiguo reino: Nanyue en chino y Nam Viet en vietnamita significan «Yue/Viet del sur». Nanyue existió durante unos 93 años y tuvo cinco monarcas. En 113 a.C., el cuarto rey, Zhao Xing, apoyó una mayor integración en el Imperio Han. Sin embargo, esta decisión provocó una fuerte oposición interna, y Zhao Xing fue asesinado. El conflicto desembocó en una intervención militar del emperador Wu de Han, que conquistó y anexionó Nanyue en 111 a.C. Panyu quedó entonces incorporada a la administración imperial. El nombre Guangzhou comenzó a emplearse como denominación administrativa en el siglo III, mientras que Panyu continuó existiendo como topónimo y hoy da nombre a uno de los distritos de la ciudad.
La historia de Nanyue fue redescubierta en 1983 con el hallazgo de la tumba de Zhao Mo, también conocido en algunas fuentes como Zhao Hu. Fue el segundo monarca de Nanyue y reinó entre 137 y 122 a.C. con el título póstumo de rey Wen. El actual Nanyue King Museum, creado en 2021, está dividido en dos sedes: la tumba del rey (Site of King’s Tomb) y las ruinas del palacio y el jardín (Site of Palace and Garden). El museo conserva una amplia colección de objetos funerarios, entre ellos instrumentos musicales, armas, utensilios, joyas, sellos de oro, recipientes de bronce y el célebre traje funerario de jade. Estos hallazgos, junto con los restos palaciegos, muestran la riqueza de Nanyue y sus intensos intercambios culturales y comerciales con otras regiones de China y con territorios de ultramar.
La tumba del rey de Nanyue fue excavada a unos 20 m de profundidad, en el interior de la colina de Xianggang. Presenta una planta en forma de cruz orientada de norte a sur y está construida con grandes bloques de piedra. El conjunto, de unos 11 m de largo por más de 12 m de ancho, se divide en siete espacios: una cámara frontal, dos cámaras laterales oriental y occidental, la cámara principal del ataúd, dos anexos y una cámara posterior de almacenamiento. La cámara frontal funcionaba como espacio de recepción; las cámaras laterales albergaban instrumentos musicales, armas y objetos de jade, oro, plata y bronce; y la cámara principal contenía el ataúd del rey, su traje funerario de jade y sus sellos. En la tumba se encontraron restos de quince personas sacrificadas, entre ellas cuatro concubinas y varios sirvientes o miembros de la corte. Estos sacrificios reflejan la creencia de que el monarca debía conservar en la otra vida una corte semejante a la terrenal y constituyen, además, una manifestación de poder y prestigio.
El traje funerario de Zhao Mo, confeccionado con piezas de jade cosidas con hilo de seda, es el más antiguo de este tipo hallado hasta la fecha y el único traje completo conocido en la región de Lingnan. A diferencia de otros ejemplos posteriores del norte de China, unidos con hilos de oro, plata o cobre según el rango del difunto, esta pieza constituye una adaptación temprana y local de las prácticas funerarias aristocráticas. En la antigua China, el jade se asociaba con la pureza, la permanencia y la inmortalidad, por lo que se creía que podía preservar el cuerpo, protegerlo de influencias malignas y acompañar al alma en su tránsito a la otra vida. Alrededor del cuerpo se colocaron, además, discos y otros objetos de jade relacionados con el simbolismo cosmológico y las costumbres funerarias de la élite de la época.
Las ruinas del palacio de Nanyue se descubrieron en 1995, cuando salió a la luz una gran piscina de piedra del jardín real, conocida como Estanque Pan. En 1997 se localizó el llamado Arroyo de Piedra Sinuoso, conectado con el estanque, y en excavaciones posteriores aparecieron restos de edificios palaciegos de Nanyue y del reino Han del Sur (Nanhan), además de pozos, canales de drenaje y estructuras de épocas posteriores. El yacimiento conserva niveles arqueológicos superpuestos desde las dinastías Qin y Han hasta periodos posteriores, incluidos Tang, Song, Yuan, Ming y Qing. Esta superposición de restos permite seguir más de dos mil años de historia de Guangzhou. El museo organiza la visita en torno a cuatro grandes ámbitos: el jardín y el palacio de Nanyue, el palacio de Nanhan, las salas de exposición histórica y el conjunto de pozos antiguos.
El Arroyo de Piedra Sinuoso de Nanyue formaba parte del jardín real. Su trazado original alcanzaba aproximadamente 180 m y se han excavado unos 160 m. El canal serpenteaba de norte a sur y después hacia el este, conectado con una gran piscina de piedra. Por su parte, los restos del palacio de Nanhan, pertenece a la dinastía Han del Sur fundada en 917 por Liu Yan, con capital en Guangzhou, entonces denominada Xingwangfu. Formó parte de los Diez Reinos durante el periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos y existió hasta 971. Su territorio comprendió principalmente las actuales provincias de Guangdong, Guangxi y Hainan.
La calle peatonal Beijing Road, en el corazón de Guangzhou, es un importante corredor comercial donde se puede degustar comida callejera cantonesa y comprar productos de todo tipo. Bajo el pavimento, protegidos por paneles de vidrio, se conservan tramos superpuestos de antiguas calzadas correspondientes a distintas épocas. Los niveles visibles abarcan sobre todo desde las dinastías Tang y Song hasta las dinastías Ming y Qing, aunque el área urbana hunde sus raíces en la Panyu de los periodos Qin y Nanyue.
En la misma zona se encuentra el templo Dafo, también conocido como Gran Templo del Buda. Sus orígenes se remontan al reino Han del Sur, cuando el emperador Liu Yan mandó construir en este lugar el templo Xinzang. El templo es conocido por su gran salón principal y por las tres monumentales imágenes de Buda que alberga. Tras diversas transformaciones históricas, volvió a funcionar como templo budista en 1981 y fue reconocido como bien histórico protegido por el municipio de Guangzhou en 1993. Su disposición sigue el esquema axial característico de los complejos budistas chinos, con puertas ceremoniales, salones de culto y dependencias monásticas.
Aunque durante las dinastías Tang y Song se intensificó en Lingnan la asimilación a las estructuras políticas y culturales de la China imperial, la región mantuvo una identidad propia, todavía muy influyente en Guangzhou, Hong Kong y Macao. Esta cultura permanece viva en la cocina cantonesa y en artes tradicionales como la ópera, el bordado y las tallas de madera y marfil. El barrio de Yongqing Fang, situado en el histórico distrito de Liwan y conocido por sus espacios dedicados a la ópera cantonesa y por una residencia vinculada a la familia de Bruce Lee, ofrece una muestra del antiguo Cantón y de la arquitectura de Lingnan. Adaptada al clima cálido y húmedo, esta arquitectura favorece la ventilación mediante patios, corredores y vanos, y se distingue por su decoración en relieve de yeso, cerámica, piedra o madera, con escenas históricas, mitológicas y florales.
Uno de los máximos exponentes de la arquitectura de Lingnan en Guangzhou es la Casa Ancestral de la familia Chen, también conocida como Academia (o el Templo) del Clan Chen. El complejo, construido entre 1888 y 1894 durante la dinastía Qing con aportaciones de miembros del clan Chen de numerosos condados de Guangdong, está formado por 19 edificios, nueve salones y seis patios distribuidos en tres ejes. Sirvió como templo ancestral, alojamiento y centro de estudios para jóvenes del clan que se preparaban para los exámenes imperiales. Tras la abolición de estos exámenes en 1905, el recinto se destinó a usos educativos y hoy alberga el Museo de Arte Popular de Guangdong. Su arquitectura destaca por los tejados de tejas esmaltadas y por las llamadas «siete artes» decorativas de Lingnan: talla de madera, piedra y ladrillo, escultura cerámica, relieves de estuco, fundición de cobre y hierro, y pintura mural.
En definitiva, Guangzhou es una ciudad bajo cuyas avenidas modernas permanecen los vestigios de antiguos reinos. Recorrerla duante dos días nos permitió descubrir cómo el pasado de Nanyue y la identidad de Lingnan siguen vivos en sus templos, museos, barrios y sabores tradicionales.
Después de viajar dos veces a Japón, visitando Tohoku y Kyushu, hemos decidido volver a China por tercera vez. Hace dos años recorrimos parte de la Ruta de Seda y esta vez visitamos parte de la ruta conocida como la Ruta del té y de los caballos que discurre por la provincia de Yunnan. Dado que se puede entrar a China sin necesidad de visado para estancias no superiores a 30 días (hace dos años eran solo 15 días), le dedicamos un total de tres semanas, de las cuales dos las invertimos en Yunnan y una en Guangzhou (nuestra ciudad de entrada), Shenzhen y Hong Kong (nuestra ciudad de partida).
Yunnan, situada en el suroeste de China, es una de las provincias más diversas del país, ya que en ella viven 25 de las 56 minorías étnicas reconocidas oficialmente, como los tibetanos, bai, yi, hani, dai, naxi, miao, hui, lisu, o wa. Sus paisajes abarcan desde valles verdes y arrozales hasta parte de la meseta tibetana. Durante siglos, por sus caminos circularon caravanas de mulas y caballos cargadas de té pu’er, sal y otros productos. Esta antigua red comercial conectaba Yunnan con el Tíbet, Sichuan y otras regiones del Asia interior, y todavía se percibe en lugares como Dali, Shaxi, Lijiang o Shangri-la, donde los cascos antiguos, los mercados y los caminos de montaña conservan parte de aquella historia.
Visitar esta provincia requiere cierta flexibilidad logística. Las distancias pueden parecer cortas en el mapa, pero los trayectos por carretera suelen ser largos y tediosos. Para nuestro viaje, volamos a Lijiang y de allí tomamos un tren a Dali, donde empezamos nuestra ruta. Desde Dali visitamos los pequeños pueblos de Donglianhua y Nuodeng (haciendo noche en Dali), para luego empezar nuestro tour en coche con conductor por Shaxi, Tacheng, Shangri-la y lago Lugu, hasta volver a Lijiang.
Conviene tener en cuenta que agosto no es el mejor mes para viajar por Yunnan, pues coincide con las vacaciones de verano en China y con la temporada de lluvias, por lo que puede haber más turismo local y cambios de tiempo frecuentes. Siendo época de lluvias conviene contar con margen en los desplazamientos, ya que puede haber cortes de carreteras puntuales, niebla, o desprendimientos de tierra. También resulta útil llevar ropa por capas, porque la temperatura cambia mucho entre valles y zonas altas, y no olvidar la protección solar, ya que, a mayor altitud, el sol se nota con más fuerza incluso en días frescos o nublados.
Dado que algunas zonas de Yunnan se encuentran a más de 2000 m sobre el nivel del mar, la altitud puede hacerse notar, especialmente al acercarse a Shangri-la y a la meseta tibetana. Por ello es recomendable organizar la ruta de forma gradual, empezando por lugares situados a menor altitud y continuando progresivamente hacia zonas más elevadas. Como referencia, Dali se encuentra a unos 2000 m sobre el nivel del mar (igual que Donglianhua y Nuodeng), Shaxi y Tacheng a unos 2100 m (aunque el Parque Nacional del Mono de Nariz Chata se encuentra a unos 3000 m), Lijiang está a 2400 m, el lago Lugo a unos 2700, Shangri-la a 3280 m, mientras que el parque de Potatso se encuentra a alrededor de 3500 m (el punto más alto de la ruta está a 3595 m).
Para reducir el riesgo de mal de altura, conviene caminar despacio, hidratarse bien, evitar esfuerzos intensos al llegar y dar tiempo al cuerpo para aclimatarse, un proceso que suele durar entre 24 y 48 horas. Los síntomas más habituales son dolor de cabeza, cansancio, mareo, náuseas, falta de apetito, dificultad para dormir y sensación de falta de aire al hacer esfuerzo. El oxígeno puede ayudar de forma puntual si aparecen molestias, pero no debería usarse de manera preventiva ni en exceso, ya que puede crear una falsa sensación de seguridad, ocultar señales tempranas y dificultar la adaptación natural a la altitud. En caso de duda, lo mejor es consultar antes del viaje con el médico de cabecera o con una unidad de medicina internacional, especialmente si se tienen enfermedades previas (respiratorias, cardíacas, apnea del sueño, antecedentes de mal de altura graves, etc). En nuestro caso, solamente tuvimos dolor de cabeza los primeros dos días y en algún momento puntual que aliviamos con ibuprofeno (siguiendo las indicaciones que nos dio nuestra doctora antes del viaje). Dado que el viaje lo organizamos de forma gradual, no necesitamos oxigeno en ningún momento y llegamos a subir hasta 3600 m sobre el nivel del mar sin ningún problema.
Por último, en los pueblos de minorías étnicas y en las zonas tibetanas conviene actuar con respeto y discreción, especialmente al hacer fotos en templos, mercados, casas tradicionales o ceremonias locales.
Para saber más sobre este viaje, podéis consultar las siguientes crónicas:
Dividimos nuestro segundo viaje por China en dos partes bastante diferentes entre sí: por un lado, la modernísima Shanghai y los pueblos del agua (Suzhou y Zhouzhuang) y por otro, la Ruta de la Seda, que nos introdujo en la historia de las distintas dinastías chinas, pero sobre todo en el avance y la evolución del budismo. Fue un viaje de contrastes y de nuevas experiencias, del que hemos decidido resaltar lo que más nos gustó y lo que menos. ¡Empecemos pues!
Lo mejor:
+ Ver por fin los Guerreros de Terracota de Xi’an, esas esculturas archiconocidas, hechas de arcilla, de tamaño real y que presentan características propias y únicas. Definitivamente, es algo digno de ver al menos una vez en la vida.
+ Xi’an en general, su muralla, su barrio musulmán, sus templos… Desde luego fue nuestra ciudad favorita.
+ Conocer otra historia de la Ruta de la Seda: la del budismo, a través de las grutas y los templos. Viajamos con la idea de la Ruta de la Seda como ruta comercial, de intercambio de bienes, pero descubrimos que también fue una ruta de intercambios intangibles, como la cultura y la religión.
+ Las Grutas budistas que conocimos a lo largo de nuestro trayecto, como las de Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen. Y de todas, las Grutas de Maijishan supusieron todo un desafío para mí.
+ La comida. La comida china siempre es sorprendente, sin embargo, en este viaje lo sorprendente, al menos para mí, fue encontrar platos con patata o con tomate. Aunque no me lo esperaba (debido a mi ignorancia), lo cierto es que los tomates y las patatas se llevan cultivando en China desde el siglo XVII.
+ Tomar el té en una casa de té en Tianshui, una experiencia única.
+ El skyline de Shanghai y los pueblos del agua, lugares que sin duda no hay que perderse en un viaje a China.
Lo peor:
̶ Algunas costumbres que aún no han cambiado desde la última vez que visitamos China, aunque sí son cada vez menos comunes, como escupir, eructar, o colarse…
̶ Aunque las ciudades de China son cada vez más amigables con los peatones, la cantidad de bicis, motos o ciclomotores circulando por las aceras, entorpecen el paso y hacen que el paseo sea un tanto agobiante.
̶ Los controles constantes, sobre todo en el transporte público.
̶ Las interminables colas para visitar las Grutas de Mogao en Dunhuang y los Guerreros de Terracota de Xi’an. Septiembre no es un mes de temporada alta, sin embargo, hay atracciones turísticas a las que da igual cuando vayas porque siempre están abarrotadas.
̶ La mala suerte que tuvimos con los museos. En Urumqi no llegamos a visitar el Museo de Xinjiang por el retraso de 5 h de nuestro vuelo, en Dunhuang por ser lunes (los lunes cierran la mayoría de los museos) y en Xi’an por no tener reserva.
̶ China es muy grande y se gasta mucho tiempo en los traslados, y aún más cuando hay retrasos. Un viaje por diferentes provincias, como el que hicimos, permite conocer un mayor número de ciudades, sin embargo, resulta agotador también.
̶ La sensación de habernos dejado mucha cosa por el camino, pero al final esto sería una razón para volver, ¿no?
Xi’an, capital de la provincia de Shaanxi, es una de las tres ciudades más conocidas y visitadas de China, junto a Beijing y Shanghai. Fue una de las capitales imperiales antiguas de China, junto a Luoyang, Nankin y Beijing, sirviendo como centro de gobierno de diez dinastías como Zhou, Han, Sui, Tang o Ming. Fue fundada durante la dinastía Zhou bajo el nombre de Fenghao, cambiando al nombre de Chang’an durante la dinastía Han, cuando en 202 a.C. Liu Bang estableció allí la capital de su imperio. La actual ciudad de Xi’an fue reconstruida durante la dinastía Ming sobre los restos de la antigua ciudad de Chang’an. Se considera que fue el punto inicial y final de la Ruta de la Seda, o al menos, así lo fue durante los períodos en los que fue capital. Debido a su gran pasado y a los restos arqueológicos conservados, Xi’an fue declarada Ciudad Histórica del Mundo por la Unesco en 1981.
Pasamos en la ciudad cuatro días enteros (dos de los cuales los dedicamos a Xi’an y dos a visitar Tianshui y Luoyang) y dos medios días (uno al volver de Urumqi, y otro al volver de Dunhuang). El primer contacto con Xi’an lo tuvimos al volar desde Urumqi. Nuestro vuelo salió con 3 h de retraso, dejándonos poco margen para visitar la ciudad. Por suerte, esa noche dormimos en un hutong, cerca de la puerta sur de la Muralla de Xi’an, por lo que esa tarde aprovechamos para recorrerla. La Muralla de Xi’an fue construida entre 1374 y 1378, durante la dinastía Ming, con la finalidad de defender la ciudad de los posibles ataques de tribus bárbaras, y se encuentra en un perfecto estado de conservación. Tiene forma rectangular, con una longitud de aprox. 14 km, una altura de unos 12 m y una anchura de entre los 15 y los 18 m. Cuenta con cuatro accesos ubicados en cada uno de los puntos cardinales. Para acceder, hay que pagar entrada y se puede recorrer a pie o alquilando una bicicleta.
A la vuelta de Dunhuang, aprovechamos para visitar la Torre de la Campana y la Torre del Tambor, para luego pasear por el barrio musulmán y visitar la Gran Mezquita de Xi’an. La Torre de la Campana y la Torre del Tambor se encuentran a poca distancia entre sí y se puede comprar una entrada que combina el acceso a ambas torres. Las torres fueron construidas durante la dinastía Ming, en el año 1380, y tenían como finalidad señalar la hora y marcar los eventos importantes. Para llegar a la Torre de la Campana, se accede a través del paso subterráneo, el mismo a través del cual se accede al metro. Esta torre tiene una altura de unos 27 m y desde su terraza se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.
La Torre del Tambor se encuentra a unos 200 m desde la Torre de la Campana, y en su interior se pueden observar muebles antiguos, muchos tambores y otros instrumentos tradicionales.
Desde la Torre del Tambor, nos adentramos en el zoco, donde aprovechamos para cenar, y desde allí fuimos a la Gran Mezquita de Xi’an. Esta mezquita es una de las más grandes de China, y una de las más impresionantes con una mezcla musulmana y china muy original. La edificación data del año 742, durante la dinastía Tang, aunque fue restaurada durante las dinastías Ming y Qing. No se puede acceder a la sala de oración, pero sí se puede ver desde la entrada. Cuando nosotros fuimos estaban rezando en su interior, por lo que las puertas estaban cerradas, sin embargo, había unas pantallas a la entrada que mostraban su interior. No es necesario que las mujeres se cubran la cabeza para entrar al recinto.
Tras dedicar dos días a Tianshui y a Luoyang a las que nos desplazamos en tren desde Xi’an, empezamos el siguiente día visitando el templo Jianfu. En el mismo recinto al que se accede enseñando el pasaporte, se encuentran también la Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje (Small Wild Goose Pagoda) y el Museo de Xi’an. El templo fue construido por la emperatriz Wu Zetian en el año 684, tras la muerte de su primer marido, el emperador Gaozong, dedicado a los antepasados de la dinastía Tang. En sus orígenes, el templo recibía el nombre de Xianfu, y este cambió a Jianfu cuando Wu Zetian ascendió al trono. El templo recibió muchos peregrinos y con ellos llegó también una gran cantidad de textos budistas, o Sutras. Uno de los monjes más famosos fue Yi Jing que tradujo gran parte de estos textos. El templo sufrió un período de decadencia cuando en el siglo IX el emperador Wuzong inició una gran persecución al budismo.
La Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje tiene una forma piramidal con una altura de unos 43 m, distribuidos en 15 plantas. Fue construida durante el reinado de Zhongzhong entre los años 707 y 709 para albergar los Sutras traducidos por el monje Yi Jing. Inicialmente la pagoda se encontraba delante del templo de Jianfu, no en el mismo recinto, y tenía una altura de unos 45 m. La pagoda sufrió grandes daños durante varios terremotos ocurridos durante las dinastías Ming y Qing y fue restaurada numerosas veces.
El emperador Kanxi trasladó junto a la pagoda una campana fabricada en el año 1192. Esta campana pertenecía al templo Shangge, en la ciudad de Wugong, sin embargo, el templo fue destruido durante unas fuertes inundaciones. Recibe el nombre de Campana Matutina de la Pagoda del Ganso (Yanta Chenzhong) porque los monjes la tocaban cada mañana al hacer la llamada a la oración. Se puede pagar para tocar tres veces la réplica de la campana, ya que la original está guardada en el campanario del templo.
En el lado derecho del recinto se encuentra el Museo de Xi’an, de acceso gratuito, donde se exponen todo tipo de objetos relacionados con la ciudad de Xi’an, distribuidos en sus tres plantas: desde imágenes de buda, pinturas, esculturas, caligrafía, etc.
Desde el templo de Jianfu nos dirigimos al templo Daxingshan, uno de los templos más bonitos de Xi’an. No es un templo muy turístico y se nota, sin embargo, sus edificios y sus jardines son impresionantes. Fue construido entre 265 y 289 d.C. y sigue activo en actualidad.
La siguiente parada fue el Museo de Historia de Shaanxi, pero volvimos a tener mala suerte, igual que en Urumqi o en Dunhuang. Se permite el acceso de 6000 personas/día, con reserva previa. Para los extranjeros resulta difícil reservar, ya que la página está solamente en chino y se necesita un número de teléfono chino para poder finalizar la reserva. Se puede probar de ir directamente como nosotros, aunque, es muy probable que os pase lo mismo que a nosotros, y os nieguen la entrada. Otra opción es coger un tour que incluya la visita al museo.
Decepcionados por no haber podido visitar el museo, nos dirigimos al templo Da Ci’en, famoso por tener en su recinto la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Giant Wild Goose Pagoda). A diferencia de los dos templos anteriores, a éste se accede pagando una entrada. El templo fue construido en el 648 d.C. por el emperador Gaozong en honor a su madre, la emperatriz Wende. Tras la caída de la dinastía Tang el templo fue destruido, datando los edificios actuales de la dinastía Qing.
Sin embargo, la Gran Pagoda de la Oca Salvaje es originaria de la dinastía Tang. Esta pagoda fue construida en el año 648 d.C. sobre una base cuadrada y se alza hasta una altura de casi 65 m. Entre 701 y 705 d.C. la emperatriz Wu Zetian añadió cinco plantas más al edificio existente que ya disponía de cinco plantas, alcanzando un total de 10, aunque posteriores terremotos destruyeron tres de las nuevas plantas. Se puede acceder al interior de la pagoda pagando una nueva entrada, aunque en su interior no hay mucho que ver… Cada planta cuenta con cuatro ventanas, una en cada lado de la torre, desde las cuales se puede ver la ciudad de Xi’an. El 22 de junio de 2014 la pagoda fue incluida en la lista de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
En el año 652, el emperador Taizong mandó guardar en su interior las escrituras y reliquias budistas que el monje Xuan Zang (monje que nació en Luoyang y que pasó por la ciudad de Gaochang) trajo de la India tras su peregrinación. El salón Xuan Zang Sanzang alberga la Sarira o reliquia de Xuan Zang y una estatua de bronce del monje. Los frescos pintados sobre las paredes de la sala representan su peregrinaje a través de la Ruta de la Seda.
Para nuestro último día en Xi’an, cogimos un hotel cercano al palacio Hua Qing para poder disfrutar de las aguas termales de las que es famosa esta zona. Las fuentes fueron descubiertas durante la dinastía Zhou Occidental y se considera que el agua puede curar varias afecciones de la piel e incluso dolores musculares. En el hotel en el que nos alojamos nos pusieron leche y pétalos de rosas en la bañera llena de agua sulfurosa.
Por lo tanto, nuestro último día en Xi’an lo aprovechamos para visitar el palacio Hua Qing, al que fuimos caminando desde nuestro hotel. Con la misma entrada se puede acceder las veces que se quiera durante el día, escaneando la cara en la máquina de la entrada. La historia de los baños se remonta a casi 3000 años, siendo una zona preferida por muchos emperadores de varías dinastías para ubicar sus palacios. Durante la dinastía Tang fue cuando el palacio recibió del nombre de Hua Qing y parte de las edificaciones anteriores fueron restauradas.
El palacio es famoso por el romance entre el emperador Xuanzong y su concubina Yang Guifei, a quien el emperador dio el honor de bañarse en las piscinas de Hua Qing. Estas piscinas imperiales aún se conservan. Aunque no se permite el baño, hay unas pequeñas estancias en las que se permite, previo pago, remojarse los pies en las aguas termales.
Saliendo del recinto se puede subir en teleférico a la parte alta de la montaña. Nosotros teníamos intención de subir en teleférico y bajar por el camino que serpentea por la montaña entre varias edificaciones, pero nos llevamos una sorpresa al ver que el camino estaba cerrado y no se permitía bajar caminando. Aprovechamos para salir de la zona del teleférico para visitar los templos y pabellones que hay en el lado derecho. Se pueden visitar a pie o pagando un autobús que hace paradas en los diferentes puntos de interés.
Para bajar volvimos a coger el teleférico, aunque nos costó encontrar a alguien que nos vendiese los billetes, ya que la mayoría de la gente ya los compra inicialmente de ida-vuelta y muchas veces simplemente suben para ver las vistas de la ciudad y vuelven a bajar.
Si es solo por las vistas, la verdad no creo que valga mucho la pena subir. Si la intención es bajar caminando como fue la nuestra, tampoco os lo recomiendo porque os puede pasar como a nosotros, que os encontréis el camino cerrado. Ahora si os interesan los demás edificios (marcados en rojo en el mapa), entonces sí, vale la pena subir.
Tras esta visita, cogimos el autobús delante del palacio y nos dirigimos por fin a los Guerreros de Terracota. Para visitar el museo se debe comprar una entrada con anterioridad ya que el número de visitantes está restringido, sin embargo, en este caso, las entradas se pueden comprar fácilmente a través de Trip. Una vez en las taquillas, se presenta el pasaporte para recibir la entrada física con la que se puede acceder al recinto. Con la entrada se pueden visitar el Mausoleo del emperador Qin Shi Huang y las tres fosas en las que se encuentran los guerreros. A parte de la entrada, se puede pagar un coche eléctrico, para el trayecto que une las taquillas con el museo.
El ejército está compuesto de miles de estatuas en tamaño real hechas de arcilla que sirvieron de guardianes durante la vida después de la muerte del emperador Qin Shi Huang (259-210 a.C.). La Fosa 1 es la más grande y la más importante, ya que en ella se conservan unos 6000 guerreros. La fosa 2 cuenta con unos dos mil guerreros y en los laterales se pueden ver algunos guerreros protegidos en vitrinas de cristal, mientras que la fosa 3 es la más pequeña, con unos 70 guerreros. En 1987 fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Y con esto, dimos por finalizada nuestra visita a Xi’an y también nuestra Ruta de la Seda china. Desde nuestro hotel, nos esperaron unas 2 h de trayecto en metro, cambiando 4 líneas distintas hasta llegar al aeropuerto para nuestro vuelo a Beijing y desde allí a Barcelona, sin embargo, valió la pena tanto por poder disfrutar de las aguas termales como por ver uno de los emblemas más fascinantes de China. Sin embargo, no vamos a despedirnos para siempre de este gran país, porque nunca se sabe cuándo vayamos a volver… ¿Puede que dentro de otros 13 años? Quién sabe…
Luoyang, ciudad de la provincia de Henan, fue una de las 4 capitales antiguas de China y capital imperial durante 13 dinastías. La ciudad fue construida durante el siglo XI a.C. bajo el nombre de Chengzhou, e igual que Tianshui, cambió varias veces de nombre, desde Dongu durante la dinastía Tang, a Henenfu durante la dinastía Qing, recuperando su actual nombre en 1912. Durante la Ruta de la Seda comercializaba con papel, pólvora, té y arroz, entre otros productos, e igual que en las otras ciudades que visitamos durante nuestra Ruta de la Seda, el budismo jugó un papel importante en su historia. Prueba de ello son el Templo de Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China, y las Grutas de Longmen, inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Y por estas dos razones, dedicamos un día de nuestro itinerario a esta ciudad. Igual que a Tianshui, llegamos a Luoyang desde Xi’an en el tren de alta velocidad en aproximadamente 1,5 h.
Nuestro primer destino fueron las Grutas de Longmen. Las grutas se encuentran a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar a la oficina de venta de entradas en autobús o en taxi. Con el precio de la entrada se pueden visitar las Grutas, el templo Xiangshan, reconstruido durante la dinastía Qing, y el Jardín Bai, construido en homenaje al poeta Bai Juyi (772-846) cerca de su tumba. Adicionalmente se puede pagar un coche eléctrico (electric car) para ir desde la oficina a la entrada al área escénica, ya que la distancia entre ambas es de unos 3 km, y es lo que hicimos nosotros. Igualmente, si preferís no pagar por el traslado, podéis ir perfectamente a pie.
Las Grutas de Longmen son consideradas unas de las grutas de más renombre de China, junto a las Cuevas de Mogao en Dunhuang y las de Yungang de Datong. Su construcción se inició en el año 494 d.C. durante la dinastía Wei del Norte, cuando el emperador Xiaowen decidió trasladar la capital imperial desde Datong a Luoyang, y continuó durante las dinastías Tang, Ming y hasta Qing. Extendiéndose un kilómetro a lo largo del río Yi, en las laderas de las montañas Xiang y Longmen, el complejo cuenta con aproximadamente 2345 grutas y nichos, 2800 inscripciones, 40 pagodas y cerca de cien mil imágenes de Buda, discípulos y bodhisattvas. Las esculturas oscilan entre los 25 mm y los 17 m de altura distribuidas entre las diversas grutas y las pequeñas hornacinas devocionales. La mayoría de ellas fueron encargadas por los emperadores, sin embargo, entre los mecenas contaban también miembros de la familia real, familias ricas y grupos religiosos, como también pudimos ver en las otras grutas que visitamos. Aunque sus inicios se remontan a la dinastía Wei del Norte, fue durante la dinastía Tang que alcanzó su máximo apogeo, excavándose durante este período un 60% de las cuevas.
Unas de las grutas más antiguas, que corresponden a la dinastía Wei del Norte, son las de Guyang, Binyang y Linhua. La Gruta de Guyang es la más antigua del complejo y está compuesta por 3 niveles de nichos decorados con cientos de estatuas. Lo interesante de estas estatuas es que aparece gravado el nombre del artista que las esculpió, la fecha de su creación, así como la razón por la que las hicieron. Por otro lado, la Gruta de Lianhua, destaca por la gran flor de loto, uno de los símbolos del budismo, esculpida en el techo. Y, finalmente, cuentan que para la Gruta de Binyang, el emperador Xuanwu organizó 800.000 trabajadores con la intención de concluir su obra en tres años. En ella se encuentra Buda Shakyamuni rodeado por discípulos y bodhisattvas.
Gruta Binyang
Sin embargo, lo que más destaca del conjunto es la Gruta de Fengxian, la más grade de todas, construida por orden de la única emperatriz de la historia de China, Wu Zetian, durante la dinastía Zhou, de la que ella fue la única representante. En ella se puede admirar una gran escultura de Buda Vairocana rodeado por dos discípulos, Kasyapa y Ananda, dos Bodhisattvas y cuatro guardianes. De mismo período data también la Cueva Wanfu o de los Diez Mil Budas estructurada en dos estancias con techos cuadrados y con las paredes norte y sur decoradas con 15.000 pequeños Budas. En el centro se encuentra una gran escultura de Buda Amida o Amitabha sentado sobre un gran loto, rodeado bodhisattvas y apsaras.
Gruta Wanfo
Igual que en las otras cuevas que visitamos, Longmen, a pesar de haber sobrevivido al clima, a las guerras y a las campañas antibudismo, no se salvó de los saqueos y muchas de sus esculturas han sido desfiguradas para ser expuestas en museos extranjeros. Aún así, lo que queda en pie merece muchísimo una visita. Desde la otra orilla, cruzando el río Li en dirección al templo Xiangshan, se puede disfrutar de la mejor vista panorámica de las Grutas. Desde esa orilla, también se toma el coche eléctrico para volver al centro de visitantes.
Nuestra siguiente parada fue el Templo del Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China. Fue construido en el año 68 d.C. por orden del emperador Ming durante la dinastía Han Oriental, aunque de la construcción original se conserva poco. El templo fue reconstruido durante varias dinastías, siendo la última en el siglo XVI, después de la Revolución Cultural. Este templo está situado a otros 12 km desde el centro de la ciudad (en dirección opuesta a las Grutas de Longmen). Aunque el nombre nos recordó a la Pagoda del Caballo Blanco que visitamos en Dunhuang, lo cierto es que no tienen nada que ver, siendo la Pagoda una construcción posterior al templo y refiriéndose a otro caballo blanco, aunque las historias son parecidas. El Templo del Caballo Blanco recibe el nombre de los caballos blancos con los que dos monjes budistas indios, Kasyapa Matanga y Dharmaratna o Gobharana, trajeron escrituras budistas (entre las cuales, el Sutra de 42 capítulos), reliquias y estatuas de Buda al templo. El monje Gobharana fue el encargado de traducir el Dasa Bhumi o las Diez etapas de la perfección y otros 5 sutras. Junto a él, los otros 1000 monjes budistas que llegaron a vivir en el templo, también se encargaron de traducir los textos procedentes de la India, estableciendo así los fundamentos del budismo en China. Asimismo, el monje Xuan Zang, del que ya os hablé, inició su peregrinaje a la India, que duró 16 años, desde este templo. Al finalizar su peregrinaje, Xuan Zang volvió al Templo del Caballo Blanco, donde vivió hasta su muerte.
Además de las construcciones principales, como los pabellones budistas, la Torre de la Campana, la Torre del Tambor o la Torre que Alcanza las Nubes, también se pueden visitar las tumbas de los dos monjes que llegaron de la India. Y, tras pasear por los recintos y sus jardines, se puede tomar un vaso de té caliente gratis. Simplemente es llegar, tomar un vaso y servirse un poco de té. El único requisito es tomarlo en silencio.
Otra particularidad de este templo es que se exponen también un templo budista tailandés (construido en 1992), un templo indio (construido en 2005) y uno birmano (construido en 2008), todos fruto de proyectos de cooperación cultural entre estos países y China. Lo interesante es ver cómo la arquitectura y las figuras de los Budas varían según el país, a pesar de ser todos ellos budistas.
Nuestra última parada en Luoyang fue el casco antiguo, Luoyang Meishuguan, que está construido alrededor de dos calles que se cruzan en forma de cruz. Nosotros lo visitamos por la tarde, antes de tomar el tren de vuelta a Xi’an, sin embargo, por la noche es cuando mejor se puede disfrutar. Aquí se pueden comprar algunos recuerdos o probar comida local.
En la esquina sureste del casco antiguo (siguiendo la calle principal, a mano derecha), se puede acceder al casco antiguo de Luoyi (Luoyi Ancient City), una zona recientemente reconstruida por la que es agradable pasear. Para acceder a esta zona se debe enseñar el pasaporte (no se paga entrada).
Y con esto dimos por finalizada nuestra corta visita a Luoyang, tomando por la noche el tren de vuelta a Xi’an.
Tianshui es una ciudad situada en la provincia de Gansu, igual que Dunhuang, sin embargo, ambas ciudades no pueden ser más diferentes. Esta ciudad se extiende a lo largo del río Wei, entre la meseta de Loess y las montañas de Qinling, y es la segunda ciudad más grande de la provincia, por detrás de la capital provincial, Lanzhou. Ha jugado un papel importante en la historia de China, y se llegó a decir que Tiangshui era el corazón de China y también del mundo entero. La ciudad se convirtió en una región importante de la Ruta de la Seda durante la dinastía Qin, alcanzando su apogeo durante la dinastía Tang. Aquí nació el gran general Li Guang, el mismo que al clavar su espada en las dunas de Dunhuang hizo brotar el agua que dio lugar al Manantial de la Luna Creciente, y más importante aún, aquí nació también Fuxi, el antepasado de la nación China, cuya primera representación, junto a su hermana Nuwa, vimos en nuestra visita a las tumbas de Astana. A lo largo de las diferentes dinastías, la ciudad cambió varias veces de nombre, recibiendo el nombre de Tianshui durante la dinastía Han, el nombre de Hanyang durante la dinastía Wei o el de Shanggui durante la dinastía Tang.
Dedicamos a esta ciudad solamente un día. Llegamos desde Xi’an en el tren de alta velocidad en un corto viaje de unas dos horas y media, por la mañana temprano, y volvimos a Xi’an por la noche. Nuestro principal objetivo eran las Grutas de Maijishan, conocidas también como el Museo de Esculturas Orientales, y que forman parte del Corredor de Grutas de Tianshui. También son consideradas como unas de las grutas budistas más hermosas de China, junto a las Grutas de Mogao, las Cuevas Bezeklik, o las Grutas de Longmen que visitamos durante nuestro paso por la Ruta de la Seda. Fueron incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2014.
Desde la estación de tren se puede llegar fácilmente en autobús o en taxi hasta la oficina de venta de entradas. Con la entrada normal se pueden visitar todas las cuevas excepto las cuevas especiales, a las que se puede acceder pagando un plus. A esto se le puede sumar un shuttle bus que enlaza la oficina con la entrada a las cuevas. Nosotros no pagamos el extra para ver las grutas especiales, ya que yo tengo miedo a las alturas y no sabía si iba a ser capaz de subir a verlas, pero sí que cogimos el billete para el shuttle bus para ahorrarnos parte del trayecto a pie. Igualmente, desde la parada del shuttle bus hasta la entrada a las cuevas hay que caminar cuesta arriba unos 15 min.
La primera referencia a las Grutas de Maijishan se encuentra en las Bibliografías de los Monjes Eminentes, escrito que data del año 519 d.C. En él se hace referencia al primer monje budista en llegar a Maijshan, Tanhung, al que le siguieron otros cien monjes entre los años 420 y 422 d.C. Posteriormente, otro monje budista, Xuangao, trajo consigo 300 monjes más. Debido a las persecuciones antibudistas, alrededor del año 440 d.C, y las posteriores guerras, la zona quedó abandonada. Sin embargo, el budismo no desapareció y los monjes fueron excavando la pared totalmente vertical de la montaña Maiji, de unos 100 m de altura, hasta crear un conjunto de 194 cuevas (44 en el lado este y 150 en el lado oeste de la montaña) que comprenden más de 7.200 esculturas budistas y 1.300 m² de pinturas murales que corresponden a diferentes dinastías. Dentro de las cuevas se encontraron, además, más de 2000 objetos, desde cerámica, libros, hasta documentos e imágenes antiguas. A pesar de las condiciones climatológicas, los terremotos y los diferentes períodos de persecuciones antibudistas y períodos bélicos, las grutas se encuentran en un buen estado de conservación. Fueron redescubiertas en 1953 por un equipo de arqueólogos chinos guiados por Chan Shu-Song, director del Instituto de Investigaciones de Dunhuang.
Se accede a las cuevas a través de un sistema de escaleras que sube a lo largo de 10 niveles, con el punto más bajo situado a los 20 m de altura y el más alto a los 80 m, por lo que visitar las Grutas de Maijishan es todo un desafío, más si tenéis miedo a las alturas como yo. Aunque debo decir que la experiencia resulta aterradora e increíble a partes iguales. El circuito es cerrado, o sea que se asciende por el lado oeste y se baja por el lado este. Del conjunto destacan sobre todo las tres grandes estatuas de Buda de la dinastía Sui (581-618) que se pueden ver desde la lejanía. En cuanto a las demás cuevas, las hay de todos los tamaños, siendo la más grande de 31 m de alto y de ancho. No se puede acceder al interior de las cuevas y muchas solamente pueden verse a través de una rejilla. Nosotros descubrimos que acercando el móvil a la rejilla con la cámara puesta se puede ver perfectamente el interior. Las esculturas policromadas también varían en tamaño, midiendo la más alta unos 16 m y la más pequeña tan solo 10 cm. Las estatuas están hechas de arcilla y piedra sobre un nervio de madera o sobre un armazón de piedra sin desbastar de diversas apariencias según la dinastía en la que fueron modeladas. La imagen más frecuentemente representada es la del Buda Amitabha, flanqueada por Avalokiteshvara y Mahasthamaprapta, un claro ejemplo del budismo amidista. Otros conjuntos representan al Buda del pasado, el Buda del presente y el Buda del futuro o bien a Buda flanqueado por Bodhisattvas y discípulos.
No había tanta gente como en las Cuevas de Mogao, pero tampoco éramos los únicos visitantes como en las Cuevas de Bezeklik, por lo que la visita discurrió con fluidez. Antes de la hora de comer ya habíamos salido, así que nos dirigimos al centro de Tianshui para seguir con nuestra visita antes de coger el tren de vuelta a Xi’an. La siguiente parada fue la antigua residencia de la familia Hu, construida durante la dinastía Ming (1368-1644), por el funcionario Hu Laijijn y hijo Hu Xi. Lo destacable de esta residencia es la arquitectura tradicional china conocida como siheyuan o patio cuadrangular, que no es común en el noroeste del país. La residencia está formada por varias estancias, algunas correspondientes a la familia, otras a los visitantes, y otras dedicadas al servicio. Está decorada con los muebles de la época, lo que permite hacerse a la idea de cómo era el estilo de vida de los nobles durante la dinastía Ming.
Desde la residencia de la familia Hu nos dirigimos al templo de Fuxi, que, a diferencia de otros templos que visitamos, no es de acceso gratuito. Se trata de un antiguo templo de la dinastía Ming fundado en 1483 en honor a Fuxi, considerado el padre del pueblo chino. Todo el complejo está orientado al sur y los edificios principales y las numerosas puertas están distribuidas en un eje horizontal, una característica distintiva de este templo ya que, dado que Fuxi fue considerado como el primero emperador, su templo está distribuido como un palacio.
En el templo principal se encuentra una estatua de Fuxi rodeada de símbolos tradicionales como murciélagos, dragones y peonías tallados en la elegante carpintería. En el techo del templo están pintados los Ocho Diagramas de Taiji (el principio generador de todas las cosas según la filosofía china tradicional, del que surgen el yin y el yang) y sus cuatro bordes están divididos en 64 celdas, correspondientes cada una los 64 hexagramas, combinación variable de ocho trigramas (Ba Gua, combinación de tres líneas discontinuas usadas en la adivinación china) utilizados en el I Ching. La creación de estos símbolos se le atribuye a Fuxi.
Cuenta la leyenda que Fuxi y Nuwa, su hermana, fueron los únicos supervivientes de un gran diluvio, por eso se convirtieron en los ancestros de toda la humanidad. Fuxi es considerado un emperador legendario de la antigua China, junto a Shennong y Huangdi, héroe nacional y uno de los dioses primitivos más poderosos de la mitología china. También se le considera el creador humano de muchos grupos étnicos como los Han, Miao, Yao, Tuija, Maocan o Shui, y se le atribuyen todo tipo de inventos como el calendario, la escritura, las normas del matrimonio, las leyes, la agricultura, la ganadería, y muchos, muchos otros. El primer mes del calendario lunar se celebra el Festival Renzu de un mes de duración para celebrar el cumpleaños de Fuxi.
Tras visitar el templo, como aún teníamos tiempo, entramos en el casco antiguo de Tianshui (Tianshui Ancient City), cuya entrada se encuentra al lado del templo. Aquí podéis pasear por sus calles, disfrutar de la arquitectura y la gastronomía tradicional y pasar el rato en algunas de sus casas de té. De esto ya os hablé en la crónica Saboreando China, pero es que vale totalmente la pena. La casa de té a la que fuimos (que está cerca de la entrada) tenía unos jardines preciosos, y nos sirvieron el té junto a frutos secos y pasteles.
Y con esto dimos por finalizado nuestro intenso día por Tianshui. Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta a Xi’an, donde llegamos prácticamente de noche.
Dunhuang es una ciudad situada en la provincia de Gansu, al oeste del Corredor Hexi. Este oasis situado en el desierto de Gobi ocupó un lugar importante en la Ruta de la Seda, tanto por ser un punto de unión entre diferentes países como por ser un punto estratégico en la historia de China. En el año 111 a.C. Dunhuang pasó a ser ciudad guarnición bajo el control de la dinastía Han, liberando desde entonces muchas batallas por el control del lugar. Como resultado, en la región aún se conservan evidencias de las defensas erguidas por esta dinastía y, posteriormente, por la dinastía Tang, como secciones de muralla, torres de vigilancia y numerosas ruinas de fortalezas. Unida a la historia bélica del lugar está también la de los transeúntes que iban y venían usando las rutas del desierto y para los que, Dunhuang, suponía un importante nudo de conexión. Y con estos viajeros llegó también el budismo desde India e hizo que Dunhuang se convirtiera en un notable centro religioso.
Por estas razones, Dunhuang no pudo faltar en nuestra ruta, aunque nuestra visita fuera fugaz. Tras un corto vuelo de unas 2,5 h desde Xi’an pisamos por fin esta ciudad del desierto. Para ir del aeropuerto al centro solamente hay un autobús (o taxi, claro). En nuestro caso, el hotel que habíamos elegido ofrecía un servicio de pick-up gratuito, por lo que, el día anterior, dimos los detalles al hotel y nos vinieron a buscar, y, tras dejar las maletas en la habitación empezamos nuestra aventura. Para nuestra sorpresa, la ciudad en sí no tiene mucho interés, aunque está en pleno crecimiento, sobre todo por la construcción de nuevos hoteles dada su gran popularidad… La mayoría de los puntos de interés se encuentran a las afueras de ciudad, sin embargo, hay ciertas excepciones que detallaremos a continuación. Una de ellas son las Dunas de Arena Cantante (Mingsha Shan) y el Manantial de la Luna Creciente (Yueyaquan), un conjunto situado a unos 6 km del centro de la ciudad y al que se puede llegar en autobús o caminando, dependiendo de dónde esté situado el hotel. Se trata de una de las principales atracciones de Dunhuang que atraen cada año miles de turistas. Con la entrada se puede acceder durante 3 días consecutivos.
Pero vayamos por partes. Lo primero que nos encontramos al entrar son las Dunas de Arena Cantante, que reciben su nombre por el sonido que produce la arena al moverse con el viento. Una leyenda cuenta que, durante una batalla entre los ejércitos Han y Xiongnu, una ráfaga de viento enterró a los guerreros, sin embargo, éstos siguieron luchando bajo la arena, provocando así el sonido de las dunas. Se puede subir a la duna que se encuentra delante del Manantial de la Luna Creciente, pero no a las dunas circundantes, ya que el deslizamiento de la arena podría romper el frágil equilibrio que hay entre el agua y las dunas. Hay incluso una escalera de madera preparada para facilitar el ascenso. Desde la cima se puede disfrutar tanto una espectacular vista del lago, como también del mar de dunas. En esta parte se ofrece multitud de otras actividades, como surf en las dunas, karting, paseos en helicópteros y muchas otras.
El Manantial de la Luna Creciente es un lago con forma de semiluna situado a los pies de las Dunas de Arena Cantante. Sobre su aparición también hay una leyenda que cuenta que, durante la dinastía Han Occidental, los soldados capitaneados por el general Li Guang, tenían demasiada sed para seguir su marcha y, por esta razón, el general desenvainó su espada y la clavó en la arena provocando que el agua brotara. Aunque esto evidentemente no es real, las primeras referencias al Manantial de la Luna Creciente datan justamente de la dinastía Han (202 a.C.-220 d.C.) por lo que este oasis lleva más de 2000 años sin ser engullido por las arenas. Lo que más nos impresionó fue la presencia de peces en el agua, ya que no esperábamos que los hubiera… Otra leyenda cuenta que estos peces pueden curar enfermedades que son difíciles de curar.
Al lado del manantial se encuentra el Pabellón Mingyue, formado por una pagoda de arquitectura tradicional Tang y un pequeño templo, ambos reconstruidos en 1990, así como una campana de reciente incorporación. Sin embargo, el actual Pabellón Mingyue es solo una reminiscencia de lo que antaño fue, ya que durante la dinastía Tang, cuentan que había un gran complejo de salas y torres que daban la bienvenida a los visitantes.
Tras disfrutar de este enclave, fuimos a comer y, después, pretendíamos visitar el Museo de Dunhuang, pero no tuvimos suerte, ya que el museo cierra los lunes… En fin, otro museo que se nos escapó… Tras una breve búsqueda sobre qué más podríamos visitar en Dunhuang, decidimos ir caminando hasta la Pagoda del Caballo Blanco, ya que está relativamente cerca del museo. Nos sorprendió que tras cruzar el río aparecimos en medio del campo, dejando atrás la ciudad. Llegamos a la entrada justo cuando un grupo de turistas chinos estaba saliendo, por lo que, cuando entramos no había nadie más, aparte de nosotros. Se trata de un pequeño jardín con árboles frutales y una pagoda. La pagoda tiene una altura de 12 m y una anchura de 7 m y un total de 9 pisos, todos diferentes. Fue reparada en numerosas ocasiones.
Esta pagoda fue construida en 386 d.C. en honor a Tianliu, el caballo blanco que acompañó al monje budista Kumarajiva en sus travesías, y que murió en Dunhuang a la edad de 9 años (por eso la pagoda tiene 9 pisos). El monje Kumarajiva es una figura importante en la historia del budismo, ya que llevó el Sutra del Diamante desde Kucha a Dunhuang y la tradujo, convirtiéndose en la versión más leída y copiada en China. De hecho, una de las copias del Sutra del Diamante fue encontrada en la cueva biblioteca (Cueva 17) de las Cuevas de Mogao.
Después de esta visita dimos un paseo por la orilla del río que, tanto durante el día como durante la noche, ofrece vistas increíbles.
Sobre las 20:00 h abre el mercado nocturno de Shazhou, y nosotros no nos lo quisimos perder. El mercado está dividido en 3 partes: una parte con puestos de artesanía, un mercado de fruta y una parte de comida, donde se pueden probar platos típicos de la zona.
Al día siguiente, visitamos las famosas Cuevas de Mogao o las Cuevas de los mil Budas. Mogao fue un emplazamiento religioso budista importante fundado en el año 366 d.C. cuando el monje Le Zun tuvo una visión de mil Budas brillando en este mismo lugar. Éste decidió excavar una pequeña cueva en el acantilado que domina el río Daquan (río estacional, no alberga siempre agua) para meditar y a él se unieron más monjes, dando lugar así a las cuevas de Mogao. Durante los 6 siglos posteriores (bajo 10 dinastías), además de las cuevas reservadas para el descanso y la meditación, se fueron excavando muchas otras cuevas que se adornaron con pinturas y estatuas de estuco policromado de Buda, y, donde se fueron guardando manuscritos y otros documentos budistas. De un total de 700 cuevas, 492 cuevas albergan más de 45.000 m2 de frescos y 2000 esculturas. Si bien, algunas cuevas fueron restauradas durante la dinastía Qing, el estado de conservación es notable, gracias, en parte, al clima seco del desierto. Durante la dinastía Ming, las cuevas quedaron abandonadas hasta que un ciudadano chino, Wang Yuanlu, descubrió la pequeña cueva biblioteca y los documentos antiguos que albergaba (desde documentos religiosos, hasta literatura, asuntos militares, crónicas locales, entre otros). Ni los funcionarios ni los gobernadores locales dieron importancia a estos documentos, sin embargo, sí atrajeron la atención de arqueólogos occidentales que empezaron a analizar (y a llevarse) estos documentos antiguos. Muchos de ellos se encuentran en el British Museum. Desde 1987, las cuevas de Mogao forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
Cuevas dedicadas a meditación
El centro de visitantes se encuentra a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar perfectamente en autobús, sin embargo, antes de nada, hay que tener en cuenta que el cupo máximo de visitantes está limitado a 6000/día. Aunque se recomienda reservar la entrada con antelación, para los extranjeros es muy difícil ya que se necesita un número de teléfono chino y registrarse a la página web oficial (que está en chino). Otra opción es ir temprano para ver si quedan plazas libres ese día o coger un tour, si no queréis arriesgaros a quedaros sin entrada. También hay que tener en cuenta que en temporada baja hay más posibilidades de entrar que en temporada alta, cuando muy probablemente el cupo ya esté lleno. Existen dos opciones de entrada: una entrada express con la que se visitan 4 cuevas con guía en chino y una entrada que permite el acceso a 8 cuevas con guía en inglés. En ambos casos, las cuevas se asignan al azar, aunque las cuevas más famosas casi siempre tocan.
Este día volvimos a tener mala suerte. El 10 de septiembre es festivo en China, por lo que nos encontramos con autobuses y más autobuses de grupos de chinos con la misma intención que nosotros y nos tocó esperar y esperar y esperar… No fue hasta las 13:00 h que por fin conseguimos entrar. Primero se accede a una sala para visionar un vídeo de unos 20 min sobre la Ruta de la Seda y la importancia de Dunhuang dentro de esta ruta. Luego se accede a una nueva sala 360º en la que explican la historia de las cuevas de Mogao y el significado de los frescos de algunas de las cuevas más importantes, durante otros 20 min. Antes de entrar a la primera sala hay que pedir una audioguía que traduce al inglés, porque la explicación es en chino. Después de esta introducción se debe hacer cola para coger un bus lanzadera hasta las cuevas (unos 13 km de trayecto).
Una vez llegados a la entrada, se asigna un/a guía (obligatorio) a cada grupo, por lo que tuvimos que volver a esperar a que se juntara más gente que hablara inglés para poder entrar. Según nos dijeron, hay pocos guías que hablen en inglés. Vimos entrar y salir a multitud de grupos chinos, hasta que finalmente pudimos entrar con nuestra guía en inglés junto a un par de grupos de malayos. Las cuevas que nos tocaron fueron las 16-17, 328, 329, 334, 428, 454 y 096. No se pueden hacer ni fotos ni videos dentro de las cuevas. La guía va abriendo las cuevas una a una y dentro, a oscuras, va iluminando con la linterna las partes de la cueva sobre las que va explicando.
Normalmente se combinan cuevas de diferentes épocas y estilos para poder observar como la arquitectura de las cuevas y la iconografía fue cambiando a lo largo de los siglos. Si bien las más antiguas muestran claras influencia de los modelos budistas indios, con el paso del tiempo, estos rasgos se fueron adaptando a los motivos iconográficos tradicionales chinos. Parte de las cuevas también se pintaron gracias a generosos patrocinios imperiales, por lo que, muchas veces las esculturas de los Budas tenías rasgos o características similares al emperador que las patrocinó. Los frescos de las cuevas ilustran detalles de las jataka (relatos budistas que explican las anteriores encarnaciones de Buda), o de las sutras (discursos de Buda), pero también evidencias de sus mecenas. Estas pinturas, igual que las pinturas cristianas, tenían como finalidad instruir en el budismo a aquellos que no sabían leer. Las cuevas 16 y 17 son dos cuevas juntas, una de las cuales es la pequeña cueva biblioteca en la que Wang Yuanlu encontró los valiosos documentos, sin embargo, actualmente solo se encuentra una escultura del monje budista Hongbian. Curiosamente uno de los documentos encontrados (una crónica local) hacía referencia a las Cuevas de Bezeklik que visitamos en Turpán. Por otro lado, la cueva 096 alberga la tercera estatua de Buda antigua excavada en roca del mundo, siendo la más grande la del Gran Buda de Leshan.
Una vez acabado el tour por las cuevas, volvimos a coger el autobús hasta la entrada y desde allí volvimos al hotel. Con todo acabamos sobre las 18:00 h, por lo que este día tampoco pudimos ir al museo de Dunhuang… Al día siguiente, por la mañana, volvimos a Xi’an.