Los hui son una de las principales minorías étnicas de China y la comunidad musulmana más numerosa del país. Aunque comparten muchos rasgos culturales con los han, conservan una identidad propia marcada por el islam (dieta sin carne de cerdo, uso de pañuelo en las mujeres y del gorro blanco en los hombres). Sus orígenes son diversos, ya que algunos descienden de comerciantes, soldados y funcionarios llegados desde Asia Central, Persia y el Medio Oriente durante las dinastías Tang (618-907) y Yuan (1206-1367), así como de matrimonios mixtos (hui-han) y de poblaciones locales convertidas al islam. El término hui procede de Huihui, nombre que inicialmente se aplicó a pueblos centroasiáticos como los Huige o Huihu (antepasados de los uigures) y que, con el tiempo, pasó a designar a las comunidades musulmanas asentadas e integradas en China.

En Yunnan, los antepasados de muchas comunidades hui se asentaron durante las dinastías Yuan y Ming (1368-1644). En la región de Weishan fundaron aldeas, se mezclaron con la población local y combinaron la tradición islámica con formas de vida y arquitectura chinas. Donglianhua, al noreste del condado de Weishan y al sur de Dali, es uno de los ejemplos mejor conservados de esa convivencia. Su nombre, “Loto Oriental”, recuerda los lotos que crecían antiguamente en sus campos.

La mezquita de Dongliahua, construida a comienzos de la dinastía Qing (1644-1912), es una muestra de la adaptación del islam a la arquitectura china. Sus aleros curvos y celosías talladas recuerdan a los templos, mientras la media luna, la estrella y los caracteres qingzhensi, “Templo de la Verdad Pura”, revelan su función religiosa islámica. Cuando la visitamos estaba cerrada, como buena parte de la aldea, pero incluso desde fuera se aprecia esa singular fusión de estilos.

Donglianhua prosperó gracias a su posición en la antigua Ruta del té y de los caballos (Cha Ma Dao), una extensa red de caminos que enlazaba, por un lado, las zonas productoras de té del sur de Yunnan con Dali, Nuodeng, Shaxi, Lijiang (entre otros) y el Tíbet, y por otro, Sichuan y el Tíbet, y que se prolongaba hacia otros países del sudeste asiático. No se trataba de un único itinerario, sino de un entramado de senderos que atravesaba montañas, valles y pasos difíciles (como la Garganta del Salto del Tigre). Por ellos las caravanas, con decenas de caballos y mulas cargados de té prensado, sal y otros productos, avanzaban lentamente. Para facilitar el transporte y la conservación, el té se prensaba en ladrillos (Zhun Cha) o nidos (Tuocha) con pesos de 100, 250, 400 o 500 g, o bien en la variante más icónica, en tortas de 357 g. La torta era la medida clásica del té Pu’er conocido también como el té de los “Siete hijos” (Qizi Bing). De hecho, aún hoy, en Yunnan, se pueden comprar tortas de té pu’er con las mismas características. Como curiosidad, cuánto más antiguo es el té, más valorado es.

En el Tíbet el té se cambiaba por caballos, habiendo normas estrictas sobre la cantidad de té que equivaldría a uno, que oscilaba entre los 20 y los 60 kg, según la dinastía. Por ejemplo, en 1074, durante la dinastía Song se estableció en 59 kg de té por un caballo robusto. En los trayectos de regreso transportaban mercancías procedentes de las regiones vecinas, de modo que la ruta favorecía no solo el intercambio comercial, sino que, igual que en la Ruta de la seda, también favorecía la circulación de noticias, costumbres y creencias.

Un antiguo patio se ha convertido en un museo comunitario (gratuito) dedicado a la cultura hui y a la Ruta del té y de los caballos. Fotografías, objetos cotidianos y recuerdos del comercio de caravanas ayudan a comprender cómo vivían las familias de la aldea y de dónde procedía su prosperidad. Conviene llegar por la mañana, ya que los espacios visitables cierran temprano.

Los hui desempeñaron un papel destacado como comerciantes, arrieros y organizadores de caravanas: conocían los caminos, negociaban en distintos mercados y mantenían redes de confianza entre comunidades alejadas. La ubicación de Donglianhua convirtió la aldea en lugar de paso, descanso y aprovisionamiento. Varias familias locales reinvirtieron las ganancias del comercio en tierras y grandes residencias, y amasaron fortunas que todavía se perciben en la arquitectura del pueblo. Las casas de Donglianhua son el testimonio más visible de aquel esplendor.

Aunque se conservan decenas de viviendas antiguas levantadas con tierra roja, piedra y madera, las que destacan son las mansiones de los hermanos Ma (Ma Ruji, Ma Ruqi y Ma Ruqing), comerciantes y jefes de caravanas enriquecidos entre el final de la dinastía Qing y la época republicana. Cuando nosotros fuimos, las residencia de Ma Ruqi y Ma Ruqing estaban en obras, por lo que solamente pudimos visitar la residencia de Ma Ruji, con sus patios sucesivos, pasillos, áticos, puertas, tallas de madera y relieves de piedra. Merece la pena subir a las plantas altas para contemplar el entramado de tejados.

La historia de la aldea también está ligada al gran levantamiento que sacudió Yunnan entre 1856 y 1873, conocido en Occidente como Rebelión Panthay. Fue la primera de las tres grandes rebeliones hui del siglo XIX, seguida por la de Shaanxi y Gansu (1862-1878) y la de Hezhou (1895-1896). Sus causas no fueron exclusivamente religiosas (censura al islam), sino que, durante décadas se habían acumulado la discriminación contra los hui, los conflictos por el control de las minas y las rutas comerciales, la presión demográfica y la rivalidad entre comunidades. La violencia alcanzó un punto crítico en 1856, cuando la represión y las matanzas de musulmanes en Kunming extendieron la insurrección por buena parte de la provincia. Aunque estuvo encabezada por líderes hui, también participaron han y miembros de otras minorías descontentos con la administración de la dinastía Qing.

La rebelión comenzó cerca de Donglianhua, en Xiaoweigeng, y su figura central fue el hui Du Wenxiu (1823-1872). Tras conquistar Dali en 1856, estableció allí un gobierno independiente y se proclamó sultán, aunque también fue conocido como Gran Mariscal. Durante dieciséis años dirigió un territorio en el que convivieron hui, han y otras minorías. La derrota de la rebelión devolvió la región al control Qing y dejó una huella profunda en las comunidades musulmanas de Yunnan. En Dali, la antigua Mansión del Gran Mariscal (hoy Museo Municipal) conserva una exposición dedicada a su levantamiento.

Donglianhua se recorre en un par de horas, pero su silencio reúne muchos siglos, desde la llegada de los hui a Yunnan hasta el paso de las caravanas y la riqueza que quedó grabada en patios, puertas y tejados. Cuando la visitamos estaba casi desierta y en obras de restauración. Tal vez cambie pronto… De momento, conserva la extraña sensación de un lugar detenido entre la pasado y el presente.
