Donglianhua, pueblo hui en la Ruta del té y de los caballos

Los hui son una de las principales minorías étnicas de China y la comunidad musulmana más numerosa del país. Aunque comparten muchos rasgos culturales con los han, conservan una identidad propia marcada por el islam (dieta sin carne de cerdo, uso de pañuelo en las mujeres y del gorro blanco en los hombres). Sus orígenes son diversos, ya que algunos descienden de comerciantes, soldados y funcionarios llegados desde Asia Central, Persia y el Medio Oriente durante las dinastías Tang (618-907) y Yuan (1206-1367), así como de matrimonios mixtos (hui-han) y de poblaciones locales convertidas al islam. El término hui procede de Huihui, nombre que inicialmente se aplicó a pueblos centroasiáticos como los Huige o Huihu (antepasados de los uigures) y que, con el tiempo, pasó a designar a las comunidades musulmanas asentadas e integradas en China.

En Yunnan, los antepasados de muchas comunidades hui se asentaron durante las dinastías Yuan y Ming (1368-1644). En la región de Weishan fundaron aldeas, se mezclaron con la población local y combinaron la tradición islámica con formas de vida y arquitectura chinas. Donglianhua, al noreste del condado de Weishan y al sur de Dali, es uno de los ejemplos mejor conservados de esa convivencia. Su nombre, “Loto Oriental”, recuerda los lotos que crecían antiguamente en sus campos.

La mezquita de Dongliahua, construida a comienzos de la dinastía Qing (1644-1912), es una muestra de la adaptación del islam a la arquitectura china. Sus aleros curvos y celosías talladas recuerdan a los templos, mientras la media luna, la estrella y los caracteres qingzhensi, “Templo de la Verdad Pura”, revelan su función religiosa islámica. Cuando la visitamos estaba cerrada, como buena parte de la aldea, pero incluso desde fuera se aprecia esa singular fusión de estilos.

Donglianhua prosperó gracias a su posición en la antigua Ruta del té y de los caballos (Cha Ma Dao), una extensa red de caminos que enlazaba, por un lado, las zonas productoras de té del sur de Yunnan con Dali, Nuodeng, Shaxi, Lijiang (entre otros) y el Tíbet, y por otro, Sichuan y el Tíbet, y que se prolongaba hacia otros países del sudeste asiático. No se trataba de un único itinerario, sino de un entramado de senderos que atravesaba montañas, valles y pasos difíciles (como la Garganta del Salto del Tigre). Por ellos las caravanas, con decenas de caballos y mulas cargados de té prensado, sal y otros productos, avanzaban lentamente. Para facilitar el transporte y la conservación, el té se prensaba en ladrillos (Zhun Cha) o nidos (Tuocha) con pesos de 100, 250, 400 o 500 g, o bien en la variante más icónica, en tortas de 357 g. La torta era la medida clásica del té Pu’er conocido también como el té de los “Siete hijos” (Qizi Bing). De hecho, aún hoy, en Yunnan, se pueden comprar tortas de té pu’er con las mismas características. Como curiosidad, cuánto más antiguo es el té, más valorado es.

En el Tíbet el té se cambiaba por caballos, habiendo normas estrictas sobre la cantidad de té que equivaldría a uno, que oscilaba entre los 20 y los 60 kg, según la dinastía. Por ejemplo, en 1074, durante la dinastía Song se estableció en 59 kg de té por un caballo robusto. En los trayectos de regreso transportaban mercancías procedentes de las regiones vecinas, de modo que la ruta favorecía no solo el intercambio comercial, sino que, igual que en la Ruta de la seda, también favorecía la circulación de noticias, costumbres y creencias.

Un antiguo patio se ha convertido en un museo comunitario (gratuito) dedicado a la cultura hui y a la Ruta del té y de los caballos. Fotografías, objetos cotidianos y recuerdos del comercio de caravanas ayudan a comprender cómo vivían las familias de la aldea y de dónde procedía su prosperidad. Conviene llegar por la mañana, ya que los espacios visitables cierran temprano.

Los hui desempeñaron un papel destacado como comerciantes, arrieros y organizadores de caravanas: conocían los caminos, negociaban en distintos mercados y mantenían redes de confianza entre comunidades alejadas. La ubicación de Donglianhua convirtió la aldea en lugar de paso, descanso y aprovisionamiento. Varias familias locales reinvirtieron las ganancias del comercio en tierras y grandes residencias, y amasaron fortunas que todavía se perciben en la arquitectura del pueblo. Las casas de Donglianhua son el testimonio más visible de aquel esplendor.

Aunque se conservan decenas de viviendas antiguas levantadas con tierra roja, piedra y madera, las que destacan son las mansiones de los hermanos Ma (Ma Ruji, Ma Ruqi y Ma Ruqing), comerciantes y jefes de caravanas enriquecidos entre el final de la dinastía Qing y la época republicana. Cuando nosotros fuimos, las residencia de Ma Ruqi y Ma Ruqing estaban en obras, por lo que solamente pudimos visitar la residencia de Ma Ruji, con sus patios sucesivos, pasillos, áticos, puertas, tallas de madera y relieves de piedra. Merece la pena subir a las plantas altas para contemplar el entramado de tejados.

La historia de la aldea también está ligada al gran levantamiento que sacudió Yunnan entre 1856 y 1873, conocido en Occidente como Rebelión Panthay. Fue la primera de las tres grandes rebeliones hui del siglo XIX, seguida por la de Shaanxi y Gansu (1862-1878) y la de Hezhou (1895-1896). Sus causas no fueron exclusivamente religiosas (censura al islam), sino que, durante décadas se habían acumulado la discriminación contra los hui, los conflictos por el control de las minas y las rutas comerciales, la presión demográfica y la rivalidad entre comunidades. La violencia alcanzó un punto crítico en 1856, cuando la represión y las matanzas de musulmanes en Kunming extendieron la insurrección por buena parte de la provincia. Aunque estuvo encabezada por líderes hui, también participaron han y miembros de otras minorías descontentos con la administración de la dinastía Qing.

La rebelión comenzó cerca de Donglianhua, en Xiaoweigeng, y su figura central fue el hui Du Wenxiu (1823-1872). Tras conquistar Dali en 1856, estableció allí un gobierno independiente y se proclamó sultán, aunque también fue conocido como Gran Mariscal. Durante dieciséis años dirigió un territorio en el que convivieron hui, han y otras minorías. La derrota de la rebelión devolvió la región al control Qing y dejó una huella profunda en las comunidades musulmanas de Yunnan. En Dali, la antigua Mansión del Gran Mariscal (hoy Museo Municipal) conserva una exposición dedicada a su levantamiento.

Donglianhua se recorre en un par de horas, pero su silencio reúne muchos siglos, desde la llegada de los hui a Yunnan hasta el paso de las caravanas y la riqueza que quedó grabada en patios, puertas y tejados. Cuando la visitamos estaba casi desierta y en obras de restauración. Tal vez cambie pronto… De momento, conserva la extraña sensación de un lugar detenido entre la pasado y el presente.

Dali, el centro de la cultura bai

La ciudad de Dali se encuentra a los pies de la cordillera de Cangshan, formada por 19 picos, el más alto de los cuales supera los 4.100 m. Al este se extiende el lago Erhai, el segundo lago más grande de Yunnan y uno de los mayores de agua dulce de China. Dali se divide administrativamente en 1 poblado y 10 villas étnicas, por lo que conviene tener en cuenta que, si se llega en tren (desde Lijiang, por ejemplo, como hicimos nosotros), la estación se encuentra en Xiaguan, la zona moderna y menos atractiva de Dali. La Ciudad Antigua se encuentra unos 13 km más al norte.

Dali es uno de los principales centros de la cultura bai, aunque en la región conviven también comunidades han, hui, naxi y tibetanas. Los bai son conocidos por su arquitectura, sus elaborados murales y su preferencia tradicional por el color blanco, presente tanto en sus casas como en la vestimenta tradicional. Aunque son budistas, también creen en el benzhuismo, una religión local basada en el culto a deidades protectoras, o benzhu, vinculadas a cada comunidad y asociadas con héroes históricos, personajes legendarios o fuerzas de la naturaleza. En los tejados también pueden verse wamao, gatos de cerámica con la boca abierta que, según la tradición popular, protegen las casas absorbiendo los espíritus malignos.

La historia de Dali se remonta al reino de Nanzhao (738-902), que llegó a dominar gran parte de la actual Yunnan y a ejercer influencia sobre territorios vecinos, como Myanmar, Laos y Vietnam. Surgió de la unificación de seis principados, o zhao, bajo el liderazgo de Piluoge, reconocido por la dinastía Tang por su rivalidad con el Imperio tibetano. Nanzhao mantuvo una relación cambiante con los Tang, alternando alianzas y enfrentamientos, hasta su desaparición en 902. Tras varias décadas de inestabilidad, Duan Siping fundó en 937 el reino de Dali, cuya capital se situó en el área de la actual Dali. El reino estuvo gobernado por 22 monarcas hasta la conquista de los mongoles de 1253. Duan Xingzhi, último soberano, se rindió y posteriormente colaboró con Kublai Kan (1215-1294, nieto de Genjis Kan), por lo que la familia Duan conservó autoridad local como vasalla de los Yuan (dinastía mongola; 1271–1368). Con el nuevo orden político, Kunming fue ganando protagonismo como centro provincial. En 1382, las tropas Ming conquistaron Yunnan, y durante la década siguiente consolidaron su control sobre la región.

De la época de Nanzhao y del reino de Dali datan las Tres Pagodas. La principal, Qianxun, fue construida en el siglo IX, durante el reino de Nanzhao. Con 69,1 m de altura y 16 niveles, es una de las pagodas más altas conservadas. Por su diseño parecido a la Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje, se cree que fue creada por arquitectos de Chang’an (actual Xi’an) de la Dinastía Tang. Durante la restauración de 1978 se hallaron en su interior cientos de reliquias budistas y otros objetos. Por otro lado, las dos pagodas laterales se levantaron unos 100 años después, durante el reino de Dali. Ambas miden 42,2 m, tienen 10 niveles y una planta octogonal. Según una leyenda local, antes de la llegada de los seres humanos el valle de Dali era un pantano habitado por dragones, a los que se atribuían tormentas, inundaciones y terremotos. Las pagodas se habrían construido como amuletos protectores capaces de mantenerlos bajo control.

El Templo Chongsheng se desarrolló junto a las pagodas y fue el principal templo real del reino de Dali. Según la tradición histórica, nueve de sus reyes abdicaron para hacerse monjes en este templo. El conjunto original desapareció durante los conflictos de finales de la dinastía Qing, a diferencia de las tres pagodas que sobrevivieron. Los edificios actuales fueron reconstruidos y abiertos en 2005 en la ladera de Cangshan, detrás de las pagodas. Para llegar a los templos más altos hay que subir numerosos tramos de escaleras.

El Templo Wuwei, fundado en 793, fue otro de los templos reales vinculados a los reinos de Nanzhao y Dali. Se encuentra en la ladera de Cangshan, a unos 5 km de la Ciudad Antigua, y para alcanzarlo, desde el aparcamiento, se sube por un sendero que atraviesa un hermoso bosque. Se dice que inspiró el templo Tianlong de la novela Semidioses y semidemonios, de Jin Yong. Su fama reside en que recibe a visitantes que desean practicar artes marciales y convivir con la comunidad del templo. Cuando lo visitamos, había alrededor de veinte aprendices.

La Ciudad Antigua de Dali se encuentra en la región que fue centro político de los reinos de Nanzhao y Dali. El recinto urbano amurallado que vemos hoy se trazó en 1382, durante la dinastía Ming, con una cuadrícula de cinco calles principales de norte a sur y ocho de este a oeste. En su interior se conservan numerosos ejemplos de arquitectura bai.

La Puerta Sur, también conocida como Torre Cheng’en, conserva más de seis siglos de historia y es uno de los grandes símbolos del casco antiguo de Dali. Desde ella se puede recorrer un tramo de la antigua muralla y contemplar la ciudad. Aproximadamente un km al sur se encuentra la Torre de Wenxian, cuya construcción se remonta al reinado del emperador Kangxi (1661-1722) y que tradicionalmente se considera la primera entrada a la ciudad antigua.

La Torre de Wuhua, o Edificio de las Cinco Flores, se remonta al reino de Nanzhao, cuando servía como espacio ceremonial y de recepción para enviados y huéspedes distinguidos. Destruida y reconstruida en varias ocasiones, la estructura actual data de 1998 y es mucho más pequeña que la original. Hoy, sus alrededores forman una animada zona comercial con puestos de caligrafía, pintura y artesanía.

El Templo de Confucio, también llamado Templo de la Literatura, es un tranquilo complejo del casco antiguo. Su origen se remonta a la dinastía Yuan y fue reconstruido en época Qing. Un proyecto de restauración iniciado en 2014 permitió su reapertura al público en 2016. La disposición simétrica, la carpintería tradicional y los tejados de aleros elevados crean un espacio de descanso alejado de las ruidosas calles de la ciudad.

Finalmente, el Museo Municipal de Dali ocupa la antigua Mansión del Mariscal, residencia y centro de mando de Du Wenxiu (1828-1872), líder de la rebelión hui contra la dinastía Qing iniciada en 1856. La mansión fue destruida tras su derrota en 1872, restaurada en 1884 y abierta como museo en 1987. El conjunto conserva puertas, salones, dependencias administrativas, viviendas, estudios, almacenes y pabellones laterales. Entre sus fondos destacan más de 120 estelas de las dinastías Song a Qing, además de piezas de piedra, bronce, cerámica, porcelana y jade, así como tallas, pinturas y caligrafías relacionadas con la historia de Dali y la cultura bai. La mansión fue declarada bien cultural de protección provincial en 1993.

Nosotros dedicamos dos días a Dali, que fueron suficientes para acercarnos a la historia de los reinos de Nanzhao y Dali y a la cultura bai. Desde esta ciudad hicimos también dos excursiones de un día, a Donglianhua y Nuodeng, antes de iniciar nuestro recorrido en coche con conductor por Shaxi, Tacheng, Shangri-La y el lago Lugu, una ruta que amplió nuestro viaje hacia otros paisajes y comunidades de Yunnan.

Lijiang, hogar de los naxi

Un grupo étnico se define como un conjunto de personas con antepasados comunes que comparten la misma identidad cultural, idioma, historia y tradiciones. Un total de 56 grupos étnicos son reconocidos oficialmente en China. La etnia han es la mayoritaria, representando alrededor del 92% de la población, mientras que los 55 grupos étnicos restantes representan tan solo el 8%. Los hui, repartido por prácticamente todo el país (por ejemplo, en el barrio musulmán de Xi’an y en Donglianhua en Yunnan) y los uigures, asentados principalmente en Xinjiang (Turpán y Urumqi), son de los grupos minoritarios más extensos. En Yunnan conviven 26 grupos étnicos (la etnia han más 25 grupos minoritarios), siendo la provincia con mayor diversidad cultural de China.

Los naxi, que habitan principalmente en las provincias de Yunnan y Sichuan, son el grupo étnico mayoritario de Lijiang. Se dice que los nómadas qiang, originarios del Tíbet, al instalarse en Yunnan, se dividieron en tres grupos: los naxi, que permanecieron en Baisha y Lijiang, los bai, que se asentaron en Dali, y los mosuo, que viven alrededor del lago Lugu. Los naxi poseen el único sistema de escritura pictográfica aún en uso. Con una antigüedad de más de 1000 años, este sistema era utilizado principalmente por los sacerdotes, llamados dongbas (u hombres sabios). El dongbaísmo es una religión chamánica muy popular entre los naxi, que se basa en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, que son hermanos del mismo padre, pero de distinta madre. Uno de los lugares de gran importancia religiosa dongba son las Terrazas de Agua Blanca en la provincia de Shangri-la.

Históricamente mantenían una organización matriarcal y un sistema matrimonial libre conocido como azhu, donde las mujeres administraban los bienes, heredaban las propiedades y criaban a los hijos en el hogar materno. Actualmente, esta organización matriarcal y matrilineal solamente sigue viva entre los mosuo. Otra característica de los naxi es su música tradicional (estilos dongjing, baisha y huangjing) que se considera un «fósil vivo» y que mezcla influencias de antiguas dinastías chinas (Tang y Song) y del Tíbet.

Lijiang es una preciosa ciudad (también muy turística) situada a una altitud de 2400 m sobre el nivel del mar, en el valle del río Yangtsé, después de la Garganta del Salto del Tigre, y rodeada por la Montaña Nevada del Dragón de Jade (Yulong Xueshan), la Colina del Efefante (Xiangshan) y la Montaña del León (Shizishan). Su principal atractivo es la ciudad antigua, Dayan Old Town (Dayanzhen), completamente restaurada en 1997 después de quedar destruida por un terremoto un año antes. Ese mismo año fue también reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A diferencia de otras ciudades, no sigue una estructura regular, sino que más bien se trata de un entramado de callejuelas de piedra, canales y puentes. Gracias a un ingenioso sistema hidráulico que distribuye el agua por toda la ciudad, se ha ganado el sobrenombre de “Venecia del Este” o la “Suzhou de las tierras altas”. Dos antiguas ruedas (Large Water Wheel), situadas cerca de la entrada norte, son una representación de este antiguo sistema. El agua parte desde el Estanque del Dragón Negro (Heilongtan), descendiendo por la gravedad, y, al llegar al casco antiguo, se divide en tres ramales principales, que a su vez se dividen en una extensa red de canales y regueros cruzados por cerca de 350 puentes, algunos originarios de las dinastías Ming y Qing.

El Estanque del Dragón Negro es uno de los lugares más bonitos de Lijiang. En días despejados, se puede ver la Montaña Nevada del Dragón de Jade, sin embargo, nosotros no tuvimos esa suerte… Alrededor del estanque se encuentran varios templos y pabellones, como el pabellón que abraza la Luna, construido a finales de la dinastía Ming (aunque la estructura actual es una reproducción de 1963), el templo del dragón (Longshen), construido en 1737, o la torre Wufeng construida durante la dinastía Ming. Se cuenta que, en este lugar, 10 dragones malvados causaban mucha destrucción hasta que Lu Dongbin, uno de los ocho inmortales del taoísmo, encarceló a nueve en una torre, dejando libre solamente al dragón más joven que aún vive en el estanque.

La historia de Lijiang se remonta al siglo XIII, cuando los antepasados del clan Mu se asentaron en Dayechang, origen de la actual ciudad antigua de Dayan. Gracias a su posición estratégica en las rutas comerciales entre Yunnan, Sichuan y el Tíbet (que forman la conocida Ruta del té y de los caballos), la localidad se convirtió pronto en un importante centro político, económico y cultural. Durante las dinastías Yuan y Ming se consolidó como sede administrativa y prosperó bajo el gobierno hereditario de la familia Mu, que actuaba como intermediaria entre el poder imperial y los pueblos de la región. Finalmente, en 1723, ya bajo la dinastía Qing, las autoridades locales fueron sustituidas por oficiales de la corte imperial, poniendo fin al gobierno de la familia Mu.

La Mansión Mu (Mu Palace o Mufu) fue la antigua residencia y sede administrativa del clan Mu. Construida originalmente durante la dinastía Yuan, ampliada en época Ming y reconstruida en 1998 para albergar el Museo del Casco Antiguo de Lijiang, su arquitectura combina el estilo palaciego Ming con influencias naxi y tibetanas. El recinto reúne 162 estancias distribuidas entre patios, jardines, pabellones y salones alineados a lo largo de un eje central, como los salones Sanqing, Hufa, y el Salón del Consejo, y las torres Yuyin, Guangbi, y Wanjuan. Desde su parte más alta se contemplan excelentes vistas de los tejados de la ciudad antigua.

Otro edificio relevante de Lijiang es el Templo Puxian, un pequeño templo budista dedicado al bodhisattva Puxian (Samantabhadra), asociado con la práctica virtuosa, la compasión y la sabiduría. Fue construido durante el reinado del emperador Daoguang de la dinastía Qing, en la primera mitad del siglo XIX. Su arquitectura combina la disposición residencial naxi conocida como «cuatro patios y cinco tragaluces» con elementos propios de los templos budistas han, reflejando la convivencia de distintas tradiciones culturales en Lijiang. Durante mucho tiempo ha funcionado no solo como lugar de culto, sino también como espacio comunitario para ceremonias y actuaciones de música antigua naxi. Por su valor histórico, arquitectónico y social, fue declarado bien cultural protegido de ámbito municipal en 2023.

Durante este tercer viaje por China, Lijiang fue nuestra puerta de entrada a Yunnan, con sus paisajes y con la diversidad cultural que la caracteriza. Llegamos tras un corto vuelo desde Guangzhou y le dedicamos un total de 2 días, antes de desplazarnos en tren a Dali. Sin embargo, no la pudimos disfrutar tanto como nos hubiera gustado, ya que justamente estos fueron los días en los que notamos más los síntomas del mal de altura (dolor de cabeza y sensación de cansancio). Aun así, Lijiang se merece claramente una visita.

China: Ruta del té y de los caballos (Yunnan)

Después de viajar dos veces a Japón, visitando Tohoku y Kyushu, hemos decidido volver a China por tercera vez. Hace dos años recorrimos parte de la Ruta de Seda y esta vez visitamos parte de la ruta conocida como la Ruta del té y de los caballos que discurre por la provincia de Yunnan. Dado que se puede entrar a China sin necesidad de visado para estancias no superiores a 30 días (hace dos años eran solo 15 días), le dedicamos un total de tres semanas, de las cuales dos las invertimos en Yunnan y una en Guangzhou (nuestra ciudad de entrada), Shenzhen y Hong Kong (nuestra ciudad de partida).

Yunnan, situada en el suroeste de China, es una de las provincias más diversas del país, ya que en ella viven 25 de las 56 minorías étnicas reconocidas oficialmente, como los tibetanos, bai, yi, hani, dai, naxi, miao, hui, lisu, o wa. Sus paisajes abarcan desde valles verdes y arrozales hasta parte de la meseta tibetana. Durante siglos, por sus caminos circularon caravanas de mulas y caballos cargadas de té pu’er, sal y otros productos. Esta antigua red comercial conectaba Yunnan con el Tíbet, Sichuan y otras regiones del Asia interior, y todavía se percibe en lugares como Dali, Shaxi, Lijiang o Shangri-la, donde los cascos antiguos, los mercados y los caminos de montaña conservan parte de aquella historia.

Visitar esta provincia requiere cierta flexibilidad logística. Las distancias pueden parecer cortas en el mapa, pero los trayectos por carretera suelen ser largos y tediosos. Para nuestro viaje, volamos a Lijiang y de allí tomamos un tren a Dali, donde empezamos nuestra ruta. Desde Dali visitamos los pequeños pueblos de Donglianhua y Nuodeng (haciendo noche en Dali), para luego empezar nuestro tour en coche con conductor por Shaxi, Tacheng, Shangri-la y lago Lugu, hasta volver a Lijiang.

Conviene tener en cuenta que agosto no es el mejor mes para viajar por Yunnan, pues coincide con las vacaciones de verano en China y con la temporada de lluvias, por lo que puede haber más turismo local y cambios de tiempo frecuentes. Siendo época de lluvias conviene contar con margen en los desplazamientos, ya que puede haber cortes de carreteras puntuales, niebla, o desprendimientos de tierra. También resulta útil llevar ropa por capas, porque la temperatura cambia mucho entre valles y zonas altas, y no olvidar la protección solar, ya que, a mayor altitud, el sol se nota con más fuerza incluso en días frescos o nublados.

Dado que algunas zonas de Yunnan se encuentran a más de 2000 m sobre el nivel del mar, la altitud puede hacerse notar, especialmente al acercarse a Shangri-la y a la meseta tibetana. Por ello es recomendable organizar la ruta de forma gradual, empezando por lugares situados a menor altitud y continuando progresivamente hacia zonas más elevadas. Como referencia, Dali se encuentra a unos 2000 m sobre el nivel del mar (igual que Donglianhua y Nuodeng), Shaxi y Tacheng a unos 2100 m (aunque el Parque Nacional del Mono de Nariz Chata se encuentra a unos 3000 m), Lijiang está a 2400 m, el lago Lugo a unos 2700, Shangri-la a 3280 m, mientras que el parque de Potatso se encuentra a alrededor de 3500 m (el punto más alto de la ruta está a 3595 m).

Para reducir el riesgo de mal de altura, conviene caminar despacio, hidratarse bien, evitar esfuerzos intensos al llegar y dar tiempo al cuerpo para aclimatarse, un proceso que suele durar entre 24 y 48 horas. Los síntomas más habituales son dolor de cabeza, cansancio, mareo, náuseas, falta de apetito, dificultad para dormir y sensación de falta de aire al hacer esfuerzo. El oxígeno puede ayudar de forma puntual si aparecen molestias, pero no debería usarse de manera preventiva ni en exceso, ya que puede crear una falsa sensación de seguridad, ocultar señales tempranas y dificultar la adaptación natural a la altitud. En caso de duda, lo mejor es consultar antes del viaje con el médico de cabecera o con una unidad de medicina internacional, especialmente si se tienen enfermedades previas (respiratorias, cardíacas, apnea del sueño, antecedentes de mal de altura graves, etc). En nuestro caso, solamente tuvimos dolor de cabeza los primeros dos días y en algún momento puntual que aliviamos con ibuprofeno (siguiendo las indicaciones que nos dio nuestra doctora antes del viaje). Dado que el viaje lo organizamos de forma gradual, no necesitamos oxigeno en ningún momento y llegamos a subir hasta 3600 m sobre el nivel del mar sin ningún problema.

Por último, en los pueblos de minorías étnicas y en las zonas tibetanas conviene actuar con respeto y discreción, especialmente al hacer fotos en templos, mercados, casas tradicionales o ceremonias locales.

Para saber más sobre este viaje, podéis consultar las siguientes crónicas: