Yakushima, pequeño paraíso natural

La pequeña isla de Yakushima, situada al sur de Kyushu, es un destino imprescindible para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de una isla montañosa con más de 30 picos con una altitud superior a los 1000 m sobre el nivel del mar, pero que, a diferencia de otras islas cercanas, no alberga volcanes activos. Tiene un clima subtropical húmedo y es uno de los lugares más lluviosos del mundo, tanto, que se dice que llueve 35 días al mes. Esto ha favorecido el desarrollo de un denso bosque formado principalmente de coníferas llamadas sugi (Cryptomeria japonica). Aunque los sugis se conocen con el nombre de cedros japoneses, el término es incorrecto ya que no pertenecen al mismo género que los cedros (Cedrus). Los ejemplares más antiguos (de más de 1000 años) reciben el nombre de yakusugi (combinando el nombre de la isla, Yakushima, y sugi) y aquí viven los ejemplares más longevos de todo el archipiélago. Gracias a sus extensos bosques y a los viejos yakusugi, fue reconocida como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1993, siendo justamente el primer territorio en ser reconocido como tal en Japón.

Esta especie de árbol crece por todo Japón, pero lo que hace especiales a los sugi de Yakushima es su extraordinaria longevidad. Lo común es que vivan unos 500 años, aunque hay excepciones como un sugi de 1500 años en la prefectura de Niigata, sin embargo, en esta pequeña isla hay ejemplares de entre 2200 y 7200 años (Jomon Sugi presume de ser el más antiguo). La longevidad de los yakusugis se debe a las condiciones en las que viven, con muchas precipitaciones y un suelo poco nutritivo, lo que hace que crezcan muy lentamente. Además, en su interior acumulan grandes cantidades de resina que les protege de las enfermedades y la descomposición. Precisamente por su alto contenido en resina fue una madera muy valorada durante el Período Edo (1603-1868) cuando se usaba para la producción de tejas por ser una madera ligera e impermeable. Y es que, a pesar de lo que muchos creen, el bosque que cubre Yakushima no es bosque primario, sino secundario, habiendo sido la mayor parte talada y reforestada hasta la década de 1970 cuando se instauró un régimen de conservación.

La explotación maderera ha contribuido al encanto actual de Yakushima. Los árboles que no crecíeron rectos ni altos se salvaron de la tala y éstos son justamente los yakusugi, los grandes tesoros naturales de la isla. Por otro lado, de los árboles talados se conservan aún los tocones que se resisten a la descomposición gracias a la resina acumulada en su interior. Estos tocones antiguos reciben el nombre de domaiboku y son, en ocasiones, la base de jóvenes sugi que aprovecharon el claro de luz para ocupar el lugar de sus ancestros caídos. Actualmente, los yakusugi no solo son testigos del pasado forestal de la isla, sino que también albergan una gran variedad de plantas epífitas (que viven sobre otras plantas) y los bosques de sugi son refugio para numerosas especies vegetales y animales endémicos.

En cuanto a la fauna, la isla es famosa por los ciervos sika, conocidos como yakushika (Cervus nippon yakushimae), y los macacos llamados yakuzaro (Macaca fuscata yakui), ambos endémicos. Los ciervos de Yakushima son la subespecie más pequeña de ciervo sika japonés. Aunque son más difíciles de ver que los macacos, a menudos se les ven juntos en los márgenes de las carreteras. Los macacos de Yakushima también son una subespecie de menor tamaño de macaco japonés (o macaco de cara roja; Macaca fuscata). Es un primate catarrino de la familia Cercopithecidae, igual que el macaco negro crestado que vimos en Sulawesi (Indonesia). Forman grupos de pequeño tamaño y son omnívoros, alimentándose de frutas, bayas, semillas, flores, hojas jóvenes, insectos, cangrejos y huevos de aves.

Se cree que la isla ha sido habitada de forma continua desde el período Jomon y, se menciona en diferentes documentos antiguos, tanto chinos (dinastías Sui y Tang) como japoneses (Período Nara, 710-794). Forma parte del conjunto de islas llamado Osumi-Shoto y administrativamente pertenece a la prefectura de Kagoshima. Se puede llegar en ferry desde la ciudad de Kagoshima o en avioneta desde diferentes ciudades como Osaka o Fukuoka. Hay una carretera principal que rodea la isla y algunas carreteras de montaña que conducen al interior, accesible únicamente mediante rutas de senderismo. Dos líneas de autobuses recorren la costa con mayor o menor frecuencia, pero en nuestra opinión, lo ideal es alquilar un coche para desplazarse con tranquilidad, que es lo que hicimos nosotros. Gracias a esto pudimos recorrer la isla de lado a lado durante dos días y medio y esto es lo que hemos visitado:

Yakisugui Land es un parque natural con una extensión de 270 hectáreas y se encuentra a altitudes de 1000-1300 m. Fue diseñado como un Bosque de Recreación Natural junto a Shiratani Unsuikyo en 1974 y por esta razón cada parque ofrece descuentos con la entrada para acceder al otro. Hay cinco rutas disponibles, todas ellas circulares, de diferentes longitudes y niveles de dificultad:

· Las rutas de 30 min (0.8 km) y 50 min (1.2 km) son recorridos bien mantenidos, con pasarelas de madera y caminos pavimentados con piedra.

· Las rutas de 80 min (2.0 km), 150 min (3.0 km) y 210 min (4.4 km) son rutas de montaña. Nosotros hicimos la ruta de 80 min y fue espectacular. Se cruzan puentes colgantes, lechos de río y yakusugis, como el Buddhasugi, un árbol de unos 1800 años con una circunferencia de 8 m y una altura de 21,5 m.

Shiratani Unsuikio es un parque natural situado a una altitud de 1500 m que cubre un área de 424 hectáreas, conocido como área de Shiratani. Hay tres rutas con diferentes niveles de dificultad y duración:

· el recorrido Yayoisugi de unos 2 km de longitud (circular) con una duración de una hora y 10 min. Es el más corto y en mejor estado, con escaleras de madera y caminos pavimentados.

 · el recorrido Bugyosugi de unos 4 km de longitud (circular) y una duración de 3 h. Este recorrido estaba cerrado cuando nosotros fuimos.

· el recorrido Taikoiwa, recorrido de montaña de ida y vuelta con una longitud de 5.5 km y una duración de 5 h. El punto final es la roca Taikoiwa desde la que se puede disfrutar de una vista panorámica de la isla. A lo largo del camino pueden verse varios yakusugi, sin embargo, el principal atractivo de esta ruta es el boque cubierto de musgo que inspiró a Hayao Miyazaki para el escenario de la película de animación La princesa Mononoke. Esta es la ruta que nosotros hicimos y solamente podemos decir que es espectacular.

El santuratio Masuku o Yaku-jinja está ubicado cerca del puerto de Miyanoura y es fácilmente accesible. Fue fundado en 806 y está dedicado a Yamasachihiko, el dios protector de la isla de Yakushima y la vecina Tanegashima.

Siguiendo por la costa, se llega al santuario Yahazudake, un pequeño santuario situado en un lugar un tanto remoto, cuyo su torii rojo puede verse desde la lejanía. Tras cruzar el torii se desciende por unas escaleras de piedra hasta al nivel del mar donde se encuentra la cueva con el santurario. Aunque actualmente parece un tanto descuidado, tiene su encanto.

El valle Yoggo es el lecho de un río lleno de enormes piedras graniticas que forman piscinas naturales de agua cristalina. ¡Un lugar precioso!

La cascada Oko (Oko-no-taki) es la más alta, con una caída de 88 m, y una de las más impresionantes de Yakushima.

La cascada Senpiro (Senpiro-no-taki), también conocida como cataratas Chihiro, se encuentra en un paisaje imponente. Se puede ver desde el mirador, o bien bajando las escaleras hasta sus pies. El bosque circundante es hogar de varios grupos de macacos.

Gajumaru Bayan Garden es un pequeño jardín de banianos (Ficus microcarpa) cuyo nombre en japonés es gajumaru. Se trata de un árbol tropical famoso por sus raíces aéreas y su gran longevidad. Es considerado como sagrado en la cultura ryukyu (Okinawa) ya que se asocia a la energía vital y a espíritus que traen buena fortuna (Kajimuna). En este jardín destaca uno en particular con una antigüedad de entre 200 y 300 años.

Consideraciones finales:

-Desde 28 de diciembre hasta 4 de enero son días festivos en Japón, por lo que muchos puntos de interés permanecen cerrados, incluidos museos, algunas tiendas, restaurantes u hoteles.

-En estas fechas es mejor hacer reserva en los restaurantes, especialmente si queréis probar platos típicos, como el pez volador.

-Muchas carreteras son muy estrechas, prácticamente un carril para los dos sentidos, por lo que conviene ir con precaución y no correr. Además, en las carreteras se reúnen macacos para acicalarse aprovechando el calor que desprende el asfalto.

-No hay que acercarse a los macacos ni a los ciervos, no solo porque están protegidos sino porque son animales salvajes y pueden ponerse agresivos si se sienten amenazados, y ¡ni que decir que no hay que alimentarlos!

-Hay que informar al hotel de las rutas de treking que se van a realizar y las fechas. Los hoteles también pueden preparar bento para comer durante las rutas de trekking, pero, por favor, no tiréis basura en el bosque. ¡Seamos responsables!

-Ni cabe decir que no hay que salirse de los caminos o dañar el musgo, árboles u otras plantas.

Y, dicho esto, espero que incluyáis Yakushima en vuestra ruta por Japón, ya que esta isla cautiva con su naturaleza y la singularidad de sus paisajes. Sin duda, una experiencia que deja huella.

Dewa Sanzan, peregrinaje místico por las tres montañas sagradas de Japón

El shugendo fusiona diversas creencias, como el sintoísmo, el animismo, el taoísmo y el budismo esotérico, principalmente de las escuelas Shingon y Tendai. Fue fundado por En no Gyoja (634-700 o 707) como una práctica mística y espiritual que se caracteriza por una profunda relación entre el ser humano y la naturaleza, siendo el culto a las montañas uno de sus elementos fundamentales. Las montañas no solo se veneran como entornos naturales, sino también como escenarios donde sus practicantes, llamados shugenja o yamabushi, pueden alcanzar la iluminación y la paz interior mediante la meditación y la práctica del ascetismo, donde a través del esfuerzo físico y espiritual se busca un proceso de transformación interior.

A lo largo de la historia de Japón, el shugendo experimentó importantes transformaciones debido a las políticas religiosas de los distintos gobiernos. En 1613, durante el periodo Edo (1603-1868), bajo el sogunato Tokugawa, las autoridades impusieron una normativa que obligaba a los templos shugendo a estar bajo la administración de las principales escuelas budistas, Shingon o Tendai. Posteriormente, con la Restauración Meiji (1868-1912), el gobierno promovió el sintoísmo como religión oficial del Estado, separándolo explícitamente del budismo, y como consecuencia, el shugendo fue censurado y algunos de sus templos fueron oficialmente declarados como sintoístas. No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial, el shugendo experimentó una recuperación progresiva, y en la actualidad, vuelve a practicarse bajo el amparo de las dos escuelas budistas, Shingon y Tendai. Entre los templos más representativos que conservan su práctica y legado se encuentran Kinpusen-ji en Yoshino, vinculado a la escuela Tendai; Daigo-ji en Kioto, asociado a la tradición Shingon; y Dewa Sanzan.

El origen de Dewa Sanzan se sitúa en el año 593, cuando el príncipe Hachiko, hijo del emperador Sushun, huyó a estas montañas tras la muerte de su padre a manos del clan Soga. Aquí, dedicó su vida a la práctica religiosa, dando inicio al culto a las tres montañas sagradas de Dewa: Haguro, Gassan y Yudono. Tras su consagración, comenzaron a llegar peregrinos, entre los que se sumaron En no Gyoja, el fundador del shugendo, y también Kukai, el fundador del budismo Shingon. Cada una de las montañas de Dewa cuenta con un santuario en su cima, y cada una representa un momento fundamental en el ciclo de la vida. La peregrinación empieza en el monte Haguro, que simboliza el nacimiento (o el presente), sigue por el monte Gassan, que representa la muerte (o el pasado), y finaliza en el monte Yudono, que encarna el renacer (o el futuro). Los santuarios de los montes Haguro y Yudono han sido clasificados como kokuhei shosha, es decir, santuarios de alto prestigio, mientras que el del monte Gassan ha adquirido la categoría de kanpei taisha, la máxima distinción dentro del sistema de clasificación de santuarios sintoístas.

Monte Haguro

La ruta de peregrinación comienza en el monte Haguro, el más bajo de los tres que componen Dewa Sanzan (414 metros sobre el nivel del mar). Es también el más visitado y la cima es accesible también en autobús o en coche. En la base de la montaña se concentran la mayoría de los shukubos, alojamientos preparados para los peregrinos que emprenden este camino, y el Museo Cultural de Ideha, dedicado a divulgar las prácticas de los yamabushi y la espiritualidad asociada a las montañas de Dewa. La ruta de peregrinación empieza tras cruzar la puerta Zuishinmon. El origen de esta puerta es budista y recibía el nombre Niomon, pero fue consagrada al sintoísmo durante la Restauración Meiji. El camino está compuesto por nada más y nada menos que 2446 escalones de piedra que datan del período Edo, por lo que son considerados los más antiguos de Japón, y discurre entre un impresionante bosque de sugi gigantes de entre 300 y 600 años. Conocido como Hagurosan no Suginamiki (camino de los sugi del monte Haguro), fue galardonado con tres estrellas en la Guía Verde Michelin de Japón, además de ser declarado Tesoro Nacional especial.

Tras pasar los santuarios de Haraigawa, y cruzar el puente rojo (Kaedegawa), donde los peregrinos yamabushi realizan abluciones de purificación, y dejando atrás la cascada de Soga, se llega a uno de los principales puntos de interés: la emblemática Pagoda de Cinco Pisos, considerada una de las más bellas del país. Esta pagoda, conocida como Goju-no-To (literalmente pagoda de cinco pisos), es una estructura de madera de 29 metros de altura cuya fecha exacta de construcción se desconoce (posiblemente entre 903 y 940). Lo más destacado de esta pagoda es la presencia de celosías, algo inusual en este tipo de construcciones. Fue declarada Tesoro Nacional de Japón en 1966 y es la más antigua de la región de Tohoku. Cerca de la pagoda se encuentra el jijisugi (cedro anciano), de más de 1000 años, al que los peregrinos suelen acudir a rezar.

A partir de aquí empiezan tres tramos de escaleras especialmente empinados: Ichi-no-zaka (primera cuesta), Ni-no-zaka (segunda cuesta, la más empinada) y San-no-zaka (tercera cuesta). En la segunda cuesta se encuentra la casa de té Ninozaka Chaya, y al final de la tercera cuesta se llega a Saikan, un shukubo en el que se puede pasar la noche. Poco después, un torii rojo da la bienvenida a la cima del monte Haguro, donde Sanjin Gosaiden se erige como el principal lugar de culto. Su acceso está precedido por los pequeños santuarios Itsukushima y Hachiko (en honor al príncipe Hachiko), ambos declarados Bien de Interés Cultural en 2005. Este edificio de arquitectura sincrética sinto-budista, reconstruido en 1818, es conocido por poseer el tejado de paja más grande de Japón, con 2,1 metros de grosor. Originalmente llamado Jakko-ji, pasó a denominarse Sanjin Gosaiden tras la Restauración Meiji, cuando se consagró al sintoísmo. Éste está compuesto por tres espacios: el santuario del monte Gassan (dedicado a Tsukuyomi-no-mikoto, dios de la luna), el santuario Ideha (dedicado a Ideha-no-kami, dios de Dewa) y el santuario del monte Yudono (Oyamatsumi-no-kami, dios de las montañas). Frente a Sanjin Gosaiden se encuentra Kagami-ike, o estanque de los espejos donde desde el periodo Heian (794-1185) hasta el período Edo los creyentes arrojaron espejos de bronce a los dioses. Muchos de los espejos encontrados en el estanque se exponen en el Museo Histórico de Dewa Sanzan, que se encuentra cerca de allí.

Monte Gassan

El monte Gassan es en realidad un antiguo volcán, actualmente inactivo, y es el más alto de Dewa Sanzan (1984 metros sobre el nivel del mar). En la cima se encuentra el santuario Gassan-jinja que data del año 773. Solo se puede visitar desde julio a septiembre y es accesible a pie, siguiendo la ruta de peregrinación, pero también en autobús y en coche. Dado que fuimos a Japón en junio, no nos fue posible visitar este santuario.

Monte Yudono

El monte Yudono (1500 metros sobre el nivel del mar) es el último y el más sagrado de los tres. Para los yamabushi, la ruta de peregrinación solo se considera completa tras ascender este monte. Es accesible desde abril a octubre, en autobús o coche. Entre sus atractivos se encuentran los templos budistas Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji, guardianes de tres sokushinbutsu y, en la cima, el santuario del monte Yudono. Este santuario destaca por no ser un edificio, sino una gran roca de la que emana agua caliente, considerada la morada de los dioses, y está dedicado a Oyamatsumi-no-Mikoto (dios de las montañas, el mar y de la guerra), Onamuchi-no-Mikoto (dios de la construcción de la nación, la tierra, la agricultura, los negocios y la medicina) y Sukunahikona-no-Mikoto (el dios de la curación, el sake, la agricultura, las aguas termales [onsen] y el conocimiento). Por respeto al santuario se requiere el cumplimiento riguroso de ciertas normas: no está permitido tomar fotografías ni grabar dentro del lugar sagrado, y se recomienda no hablar sobre lo que se ve o escucha en este espacio.

Desde el aparcamiento, hay dos opciones para subir hasta el santuario: a pie o en autobús. Los billetes para el autobús se compran dentro del edificio adyacente y justo delante se encuentra la parada. Nosotros subimos en autobús, pero preferimos bajar caminando. Después de cruzar el río Bonji, río de agua termal, se llega a la entrada del santuario. Para poder rendir culto, se debe seguir un ritual de purificación dirigido por un sacerdote y se entra con los pies descalzos. El sacerdote nos entregó un talismán y una pequeña muñeca de papel llamada hitogata, que se utiliza para limpiar las impurezas físicas y, tras exhalarle, se deja que flote en el arroyo que discurre a los pies del santuario.

Dentro se encuentra una gran roca conocida como iwakuyo, o roca para rezar por el descanso de los espíritus, designada como Yudonosan Reisaijo (lugar para ceremonias en honor a los ancestros), donde un papel con los nombres de los antepasados se humedece y se adhieren a ésta. Según la tradición, cuando las inscripciones se borren, significa que los espíritus de los difuntos han sido purificados. Antes de salir, se pueden sumergir los pies en el agua termal sagrada (goshinyu), recibiendo así la energía divina de las deidades. A esta agua se le atribuyen propiedades curativas para diversas enfermedades.

Por lo tanto, el shugendo y la peregrinación por Dewa Sanzan representan una profunda simbiosis entre el ser humano y la naturaleza, donde el esfuerzo ascético y la búsqueda espiritual permiten la transformación interior. Este milenario camino, cargado de historia, sincretismo religioso y tradiciones ancestrales, convierte a las montañas de Haguro, Gassan y Yudono en auténticos escenarios de consagración y aprendizaje vital. La singularidad y el misterio que envuelven estos espacios sagrados, especialmente el monte Yudono, refuerzan la importancia del respeto y la vivencia personal como vías hacia el conocimiento y la paz interior. Así, el recorrido por Dewa Sanzan trasciende la mera experiencia física, erigiéndose en un legado cultural y espiritual vivo, que sigue inspirando a quienes buscan un encuentro auténtico con lo sagrado y consigo mismos.

Descubriendo el Valle de Baliem

El Valle de Baliem, situado en la zona occidental de Irian Jaya (Papúa Occidental) y rodeado por picos de entre 2500 y 3000 m de altura, es el hogar de las etnias dani o ndani (en el centro), lani (en el oeste) y yali (en el suroeste) cuyos hombres se diferencian principalmente por la forma y el tamaño de la koteka (funda hecha de calabaza destinada a cubrir el pene): los primeros lucen una koteka larga y delgada, los segundos de tamaño medio, ancha y con forma de cañón, mientras que los últimos presumen de la más larga. La ciudad de Wamena, que se encuentra en el centro, es el principal punto de entrada al que se llega en un corto vuelo de una media hora desde la capital de la isla, Jayapura.

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Lxs dani, de complexión fuerte y piel oscura, viven del cultivo del ñame y del boniato. Las mujeres, siempre con matatas (noken) sujetas a la frente, son las que se encargan del cuidado de los huertos, de cocinar y de cuidar de lxs niñxs.

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Los poblados, rodeados de naturaleza, se conforman de unas pocas cabañas circulares de paja, llamadas hanoi, que normalmente pertenecen a unas pocas familias. Cada familia dispone de tres construcciones principales: una casa que sirve de cocina y que tiene una hoguera en medio; la casa de las mujeres, donde viven las mujeres y los niños menores de 10 años; y la casa de los hombres. Son polígamos y el estatus social se calcula en función del número de esposas y cerdos que un hombre posee. En el caso de que un hombre tenga varias mujeres, cada una tendrá una casa propia para ella y su descendencia.

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El trekking por el valle de Baliem discurre a través de las aldeas y cruzando frágiles puentes sobre tumultuosos ríos. Lxs más aventurerxs pueden hacer el trekking por libre. Para ello, es necesario disponer de un buen GPS o cualquier dispositivo offline que pueda indicar el camino y también puede resultar muy útil conocer bahasa indonesia (la lengua oficial de Indonesia) o de la lengua local para poder pedir indicaciones en caso de pérdida o para negociar el precio por dormir en sus casas. En caso que no os atreváis a ir por libre, como fue nuestro caso, tenéis dos opciones: contratar un tour con alguna agencia o negociar directamente con algún/a guía. Contratar guías se puede hacer perfectamente en Wamena e incluso lxs hay que ofrecen sus servicios a lo largo de la ruta de trekking (normalmente todxs seguimos el mismo trayecto), por lo tanto podéis contratarlxs más adelante si cambiáis de opinión. También se pueden contratar porteadorxs: gente que llevará todo lo necesario durante el trayecto. Tanto en el caso de lxs guías como de lxs porteadores, negociad siempre el precio con anterioridad y dejad claras las condiciones. No os olvidéis de llevar suficiente comida (aunque podréis encontrar pequeños puestecillos que venden fideos instantáneos y plátanos), potabilizador de agua (opcional, en caso que no sea posible hervir el agua), saco de dormir y esterilla, las botas de trekking, toalla de secado rápido, crema solar, batería externa, linterna o frontal, ropa cómoda, y demás cosas que consideréis importantes.

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Otros datos a tener en cuenta antes de empezar el trekking:

  • Lxs niñxs esperaran siempre caramelos (gula gula). Así que si queréis ganaros algunxs amigxs os recomiendo que compréis una buena cantidad. No estoy nada a favor de esta práctica, por eso llevamos material escolar (¡que al final encantó hasta a lxs mayores!), pero puede servir para romper el hielo. Lo peor de los caramelos es que les estropean los dientes y que lxs peques tiran los envoltorios al suelo, ensuciando así el entorno.
  • Lxs mayores os pedirán cigarros. Siempre que os encontréis gente por el camino o en los poblados os saludarán (pagi, pronunciado pagui, durante la mañana y sore por la tarde-noche) y os darán la bienvenida, pero luego esperaran tabaco (igual que lxs niñxs con los caramelos…). Otra práctica con la que no estoy de acuerdo. Finalmente nosotros no llevamos porque como no fumamos se nos olvidó comprar en Wamena… Aun así os aseguro que no nos ganamos ningún enemigo (y aunque no lo sepan, les hemos alargado un poco la vida jajaja).
  • Apenas se pueden ver ya mujeres con las tradicionales faldas de fibra vegetal (youngal) u hombres con koteka. Lxs únicxs que aún visten lo tradicional o bien son mayores, y toda la vida han vestido así, o bien lo hacen para las fotos. En cualquier caso, las fotos se pagan y el precio oscila entre los 10.000 y los 50.000 IDR por foto. No les gusta que les hagan fotos sin permiso.
  • La modernidad ha llegado ya a estos lares tan remotos: ya no utilizan herramientas de piedra sino palas y machetes de metal, y muchos hanoi tienen ya pequeñas placas solares.

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Dicho esto, nuestro trekking duró 4 días y el itinerario fue el siguiente:

Día 1: Wamena-Kurima-Kilise. 3 horas desde el río Yetni. Nivel medio-alto. Alojamiento en guesthouse local en Kilise.

Desde Wamena se accede en coche hasta el río Yetni, que hay que cruzar y caminar hasta Kurima, donde casi todas las rutas de senderismo comienzan. Kurima es una aldea grande que tiene además una comisaria donde hay que enseñar el surat jalan, para poneros un sello y entregar una copia.

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Desde aquí se comienza a subir por un camino empinado hasta Kilise, un pequeño poblado con unas vistas increíbles del valle. Casi todo el trayecto está en subida y resbala muchísimo por la lluvia (llovía todas las noches). Por el camino hay muros de piedra que hay que saltar. Estos muros normalmente delimitan los huertos.

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Las casitas del guesthouse

Día 2: Kilise-Syokosimo. 3 horas y media. Nivel alto. Noche en la casa del jefe del poblado de Syokosimo.

El trayecto empieza con una fuerte bajada hasta llegar al río y cruzando el puente más largo y más peligroso (según mi opinión) de todos. Los tablones son viejos y el puente está inclinado. El guía nos recomendó cogernos fuertemente a las cuerdas por si se rompe (¡qué yuyu!).

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Luego hay que subir hasta un pequeño poblado. Para seguir el trayecto hay que cruzar a través de los patios de las casas, saltando los respectivos muros de piedra. Le sigue un camino muy embarrado pero que ofrece estupendas vistas del valle de Mugi. Luego una fuerte bajada hasta el río para volver a cruzar un puente y avanzar siguiendo el curso del río hasta llegar al pueblo de Syokosimo.

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Nuestro anfitrión nos recibió con fruta, boniatos hervidos y hasta con un trozo de carne seca. Aquí sufrimos un ataque comercial, por decirlo así, ya que casi todos los miembros del pueblo montaron sus paraditas de souvenirs y nos incitaban a comprar. Siempre hay que regatear en cada compra y os dejaré un truquito: comprad siempre cuando solo hay una persona como mucho dos para conseguir una buena oferta, porque cuando se reúnen muchxs, habrá que negociar con todxs y no os bajarán apenas el precio.

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Una vez recogidas las paraditas, quedaron delante de la casa solamente las mujeres de la familia que estaban tejiendo sus cestos. A base de tirarme piedrecitas y riéndose (porque no nos entendíamos) me invitaron a sentarme con ellas y hasta me enseñaron tejer un noken. Fue un momento increíble.

Al estar el pueblo asentado al lado del río existe la posibilidad de darse un baño en sus aguas frías. Eso sí, olvidaros de tener intimidad ya que lxs niñxs os perseguirán a todas partes.

Día 3: Syokosimo-Ugem-Seima. 4 horas de trekking. Nivel medio. Noche en casa local.

Se sigue el curso del río, se cruzan dos puentes más (pero en mejor estado), otra subida fuerte y, pasado Ugem, el sendero se vuelve medianamente llano. Durante el trayecto hay bonitas vistas del valle hasta llegar a Seima.

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Aquí Xavi tuvo su momento al pasarse la tarde jugando con lxs niñxs. ¡Se lo pasó en grande! Un consejo: llevad una pelotita o algo para jugar para romper el hielo y pasar buenos momentos con lxs niñxs.

A pesar de los buenos momentos y de la experiencia vivida, aquí pillamos pulgas y acabamos con picadas por todo el cuerpo… Las pulseras antipulgas para perros que llevábamos puestas no sirvieron de nada…

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Día 4: Seima-Sogokmo-Wamena. 3 horas y media hasta Sogokmo. Nivel medio. Noche en Wamena.

Desde Seima a Sogokmo el trayecto no debería presentar mayor dificultad, pero había llovido toda la noche y el camino estaba muy embarrado y resbaladizo. Tras cruzar el último puente, en muy buen estado, y una última subida se llega a la carretera en Sogokmo, donde se toma el transporte hasta Wamena.

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Veréis que este último puente es sumamente nuevo, eso se debe a que lo renovaron después de que el antiguo puente cediera y un japonés se precipitara al río, según dicen, hace mucho tiempo. Al lado del puente se puede observar aún el pequeño homenaje que le hicieron.

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Después del trekking teníamos acordado con el guía ir a ver bailes tradicionales para introducirnos un poco también en la cultura de lxs dani, pero el guía nos fue pidiendo más dinero del acordado y finalmente, al no ceder, no se presentó y nos quedó un día libre. Como estábamos cansados del trekking y un tanto defraudados decidimos dedicar el último día en Wamena repasando la ropa y quitándonos de encima los polizones no deseados (¡encontramos 5!). A pesar de no poder hacer todo lo que teníamos planeado, nos quedamos con los buenos momentos pasados en los poblados, con lxs niñxs y las mujeres, y con las magníficas vistas. Y, finalmente, podemos decir con toda seguridad que nunca nos habíamos sentido tan observados como en este viaje.

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Y algunas recomendaciones extra:

  • ¡Id con una mentalidad abierta!
  • La dificultad física es media-alta, aunque depende mucho de si llueve o no, ya que con la lluvia hay tramos que se vuelven impracticables.
  • Aunque de día hace bastante calor, por la noche las temperaturas bajan considerablemente.
  • Si vuestra intención es dormir en casas locales, llevad una buena protección contra las pulgas o sufriréis las consecuencias.
  • Mosquitos no hay, pero os perseguirán hordas de moscas.
  • Las duchas serán en el río.
  • El váter será un agujero en el suelo, normalmente situado sobre una plataforma. Tirar la cadena significa tirar cazos de agua.

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Lujoso váter en algún lugar del valle de Baliem…

Els Gorgs de Les Planes d’Hostoles

Les Planes d’Hostoles es un pequeño pueblo de la comarca de la Garrotxa (Girona) que forma parte del parque natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Situado a las orillas del río Brugent, entre los valles de Cogolls y de Hostoles y rodeado por los riscos del Far y de la Salud y la sierra de les Medes; unos de sus principales atractivos, además del propio pueblo y del antiguo castillo de Hostoles, son els gorgs.  Els gorgs son pozas en el curso del río cerca de preciosos saltos de agua, en los que en verano está permitido bañarse. Estas pozas, en medio de un bosque exuberante, húmedo y verde, que recuerda a los bosques tropicales, son de una belleza increíble y desprenden una paz inmensa. Unos parajes casi idílicos.

gorgs paisaje
  • Nivel de dificultad: fácil
  • Desnivel: sin grandes desniveles
  • Ruta: cuatro gorgs o pozas que se pueden visitar tranquilamente desde el pueblo: Gorg de la Plana, Gorg de Duran, Gorg del Molí dels Murris y Gorg de Can Poetí. Todas las rutas están señalizadas en amarillo.
  • Instalaciones: solamente en el pueblo, donde es posible abastecerse en los dos supermercados que hay en la plaza. Durante la ruta no hay lavabos ni sitios para comprar.
  • Qué llevar: agua, zapatos y ropa cómodos, crema solar, sombrero, bañador (si os quereis a bañar).
  • Acceso fácil para familias con niñxs? Sí. Ninguna ruta presenta grandes desniveles, además hay tramos asfaltados o caminos de tierra perfectamente habilitados, por lo que se puede hacer perfectamente con niñxs de todas las edades.
  • Todas las rutas se pueden hacer también en bicicleta.
  • No os salgáis del camino ni piséis, rompáis o dañéis la vegetación.
  • No dejéis basura detrás de vosotrxs.

Gorg de Can Poetí

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  • Cómo llegar – aparcamiento: Es el gorg más cercano al pueblo, pero no se puede acceder en coche. Se puede aparcar directamente en el pueblo o al principio de la ruta.
  • Longitud: una longitud de 1 km (ida) desde el centro del pueblo.
  • Ruta: la ruta comienza por detrás de la escuela de Parapente por un amplio camino de tierra. Una vez cruzado el puente, hay unas escaleras que bajan hasta el Gorg.
camino can poetí
  • Se puede enlazar con el Gorg del Molí dels Murris siguiendo el camino de tierra y las indicaciones.

Gorg del Molí dels Murris

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  • Cómo llegar – aparcamiento: No se puede acceder al gorg en coche. Se puede aparcar en el pueblo e ir caminando por la acera hacía Cogolls. También se puede aparcar al inicio de la ruta, pero hay que pagar 5 euros de parquing, de los cuales, os devuelven 1 euros a cambio de los desechos.
  • Longitud: una longitud de 2,3 km (ida) desde el centro del pueblo.
  • Ruta: Seguramente el gorg más conocido al que se accede por un camino asfaltado de acceso en coche restringido a los visitantes. Se sigue todo recto a través de bellos campos y bosques hasta llegar a un pequeño aparcamiento al que le sigue un sendero que lleva hasta el gorg. No tiene pérdida, ya que está muy bien indicando.
camino camí dels murris
  • Se puede enlazar con el Gorg de la Plana y el Gorg del Duran volviendo al parquing y desde allí siguiendo por la carretera a mano derecha hasta llegar al cementerio. Una vez allí hay que cruzar la carretera para iniciar la ruta.

Gorg de la Plana y Gorg del Duran

gorg de la plana y gorg del duran
  • Cómo llegar – aparcamiento: No se puede acceder al gorg en coche. Se puede aparcar en el pueblo y seguir por la acera hasta el cementerio o aparcando directamente delante de éste.
  • Longitud: una longitud de 1,3 km (ida) desde el centro del pueblo.
  • Ruta: se inicia por un camino que parece una propiedad privada vallada, se sigue por en medio de las dos masías y desde allí por el sendero que discurre a través de los huertos para llegar hasta el río donde nos encontramos con el Gorg de la Plana.
camino gorg de la plana
  • Siguiendo por el sendero que comienza con un pequeño puente de madera se accede al Gorg del Duran, cerca del salto de agua más bonito de los tres.
camino gorg del duran

La Mola

El Parque Nacional de Sant Llorenç del Munt i l’Obac se encuentra en la provincia de Barcelona y tiene una superficie protegida de 12.694 hectáreas. La Mola es la montaña más alta del parque con una altitud de 1104 m y en su cima se halla el monasterio románico de Sant Llorenç de Munt, actualmente reconvertido en museo y restaurante. Fue reconstruido entre finales del siglo XIX y mediados del XX, respetando la estructura original del siglo XI. Cerca del monasterio se encuentran las cuadras de los burros y los caballos que se encargan de subir los suministros al restaurante ya que no hay acceso en coche.

la mola edificio
  • Cómo llegar – aparcamientos: Hay diferentes espacios destinados al aparcamiento: parking Can Robert, parking del Camí dels Monjos, parking Sant Feliu del Racó, oficioso Torre de l’Àngel y oficioso Vista Alegre. Algunos están más cerca del inicio de ruta que otros, siendo los más cercanos el oficioso Vista Alegre y el parking del Camí dels Monjos. Nosotros aparcamos en el parking Can Robert y nos tocó caminar aprox. 1 hora hasta llegar al inicio de la ruta.
  • Nivel de dificultad: fácil – moderado
  • Desnivel: de 500 m
  • Longitud: una longitud de 6 km (ida)
  • Qué llevar: agua, algo dulce, comida para picnic (opcional), botas trekking, crema solar, sombrero, ropa cómoda
  • Instalaciones: al final de la ruta, en la Mola, hay un restaurante, baños y una amplia zona verde donde se puede hacer picnic.
la mola zona verde
  • Acceso fácil para familias con niñxs? Durante el trayecto vimos muchísimas familias con niñxs. Aun así hay que tener en cuenta que el último tramo es bastante empinado por lo que puede costar un poquito.
  • Ruta: Para subir hay que seguir las indicaciones de la Mola en blanco y verde hasta arriba y bajar por el mismo camino. Se puede hacer circular si se baja por el lado contrario siguiendo las indicaciones de Can Rupert en blanco y verde (para hacer la ruta del revés hay que seguir la ruta Camí dels Monjos blanco y verde). Nosotros subimos siguiendo las indicaciones de la Mola y bajamos por Can Rupert.

Subida a la Mola. Parte del trayecto se realiza por un camino de tierra y parte por escalones de piedra (hacia el final; la parte más empinada). Bonitas vistas del Montserrat y de las poblaciones circundantes.

subida la mola

Bajada por Can Rupert. Parte del trayecto sigue el empedrado original, parte por una zona rocosa bastante resbaladiza y gran parte del trayecto discurre a través del bosque hasta unirse otra vez con el camino de tierra inicial. Vistas de la Roca de les Onze hores y els Plecs del llibre.

bajada can rupert
  • No os salgáis del camino ni piséis, rompáis o dañéis la vegetación.
  • No dejéis basura detrás de vosotrxs.