Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.

Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.

Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:

Logística viaje

En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.

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Corea del Sur – un viaje para el espíritu

Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.

Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».

Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:

  • Días 1-2: Barcelona-Seúl
  • Día 3-5: Jeju
  • Día 6-7: Busán
  • Día 8-9: Gyeongju
  • Día 10-11: Daegu
  • Día 12-14: Seúl
  • Día 15: Seúl-Barcelona

Logística viaje

Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

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Lisboa, Sintra y Cascais en 4 días

Este año empezó muy fuerte y en pocos meses dio tantas vueltas que parecía una montaña rusa. Necesitábamos hacer un parón y cuenta nueva y para ello decidimos hacer una escapada con la familia. Una breve desconexión de la rutina de 4 días de duración que nos llevó hasta Lisboa, Sintra y Cascais. Sin tener grandes pretensiones y sin intención de abarcar lo máximo posible, nuestro viaje se resumió tal que así:

Lisboa

Nada más llegar al aeropuerto, compramos la tarjeta de metro recargable Viva Viagem y nos dirigimos al apartamento que habíamos reservado para dejar las maletas y empezar a explorar Lisboa. Nuestra primera parada fue el convento de Nuestra Señora de Gracia. Fuimos a pie y subimos infinitas escaleras, pero las vistas valen la pena. También se puede visitar la iglesia (gratis) o subir al mirador por 5 euros. Con la entrada se puede visitar parte del convento y al subir al mirador sirven un vaso de vino, zumo o limonada. Sin embargo, la vista de Lisboa desde arriba es muy parecida a la que se tiene delante de la iglesia.

Desde aquí nos dirigimos al Castillo de San Jorge, ya que ambos sitios están muy cerca el uno del otro. Si lo queréis visitar, acordaros de comprar la entrada con antelación, de lo contrario os tocará hacer una cola inimaginable. Una vez dentro, se puede pasear libremente entre sus once torres, el patio de armas, o los calabozos.

Aquí aprovechamos también para hacer un breve descanso y tomarnos una limonada de frutos rojos y un típico pastelito de nata, antes de seguir nuestra ruta hacia la catedral de Santa María Maior. Esta catedral es también conocida como la Sé de Lisboa y es la más antigua de la ciudad. Con la entrada, además de la catedral, se puede visitar el Tesoro y el Claustro.  

La siguiente parada fue la plaza del Comercio a la que accedimos a través del Arco Triunfal y aquí paramos para almorzar. En nuestro trayecto nos encontramos el elevador de Santa Justa, una estructura metálica con 2 ascensores en su interior que suben hasta una altura de 45 metro, pero decidimos no subir. No obstante, dimos la vuelta hasta la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico do Carmo, por donde se puede acceder a la estructura totalmente gratis y disfrutar así de las increíbles vistas.

También incluimos en nuestra ruta el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, ambas construcciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Para llegar hasta el antiguo monasterio de la Orden de San Jerónimo ubicado en el barrio de Belém cogimos el autobús 727.

Desde el monasterio hasta la torre de Belem se puede coger el autobús de nuevo o ir caminando, que es lo que hicimos nosotros. El interior de la torre de Belém también se puede visitar, sin embargo, nosotros llegamos pasada la hora de cierre, así que disfrutamos de su vista exterior y del entorno.

Sintra

En nuestra breve escapada no pudimos no visitar también Sintra, villa enclavada en un parque natural y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995. Sintra fue residencia vacacional de nobles y monarcas portugueses y por esta razón ofrece muchísimos lugares de interés como el Palacio da Pena, la Quinta da Regaleira, el Palacio Nacional de Sintra, el Palacio de Monserrate, el Castelo dos Mouros, el Convento dos Capuchos, el Chalet y Jardín de la Condesa o el Palacio de Seteais. Para llegar hasta aquí, cogimos el tren en la estación de Rossio. Una vez en Sintra hay que tener en cuenta que los sitios de interés no están cerca entre sí y que las calles son bastante empinadas. Para poder dirigirse desde la estación de tren a los puntos de interés hay autobuses, taxis e incluso particulares que ofrecen traslados. Otro punto a tener en cuenta es que no hay que ser demasiado ambiciosos al querer visitar lo máximo posible en un solo día porque es prácticamente imposible. Si tenéis interés en conocer varios palacios, lo mejor es hacer una o dos noches en Sintra. Luego, debido a la gran cantidad de gente que visita esta ciudad, lo mejor es comprar las entradas por internet, con antelación.

Nosotros elegimos visitar la Quinta da Regaleira y el Palacio da Pena. Debo decir que, aun escogiendo solamente estos dos sitios, el tiempo se nos vino encima y no pudimos verlo todo como hubiéramos querido. Ahora os explico por qué. Lo primero que visitamos fue la Quinta da Regaleira, palacete construido por un aristócrata portugués, y su impresionante jardín. Aunque todo el jardín es espectacular, el pozo iniciático es el mayor atractivo y se nota. Una cola interminable nos hizo perder buena parte de la mañana, pero consideramos que teníamos que verlo. Este pozo tiene forma de torre invertida y una profundidad de 27 metros. Desde aquí se sigue por grutas hasta volver a salir al jardín.

Entre la larga cola para acceder al pozo iniciático y que nos adentramos por todos los rincones del jardín, se nos hizo la hora de comer y no pudimos visitar el palacete… En fin, no se puede tener todo… Después de comer fuimos directos al Palacio da Pena ya que teníamos entrada para las 15:00 (la entrada al palacio se hace por turnos). Como teníamos la entrada comprada por internet nos ahorramos la larga cola para comprar billetes, sin embargo, una vez llegados a la entrada del palacio descubrimos que debíamos igualmente hacer una laaarguiiisiiima cola para entrar (a pesar de tener hora). Y esta fue una constante en el palacio: larga cola para acceder al recinto, larga cola para entrar a las estancias del palacio. En el palacio de hecho había tanta cantidad de gente que íbamos en fila uno tras otro esperando para seguir. Total, que con todo el tiempo gastado en esperar, se nos hizo la hora de cierre no pudimos apenas visitar el jardín.

Antes de iros de Sintra os recomiendo que probéis dos de sus pasteles típicos: los travesseiros y los pasteles de Sintra, ambos hechos de hojaldre relleno de crema de huevo y almendra.

Cascais

Y ya para finalizar nuestra pequeña escapada, pasamos un día en Cascais. Para llegar hasta aquí cogimos el tren en la estación de Cais do Sodré. Entre las actividades que se pueden hacer en Cascais se suman tomar el sol en su playa, visitar el casco antiguo y la Ciudadela, ver la Marina de Cascais y el Faro de Santa Marta o dar un largo paseo por la orilla del mar hasta la Boca del Infierno.

En cuanto a una recomendación culinaria, el plato estrella de Cascais, para nosotros, fue el pulpo.

Pese a haber sido una escapada fugaz, hemos podido disfrutar al máximo de la cultura y la gastronomía portuguesas, hemos desconectado de la rutina y hemos repuesto fuerzas. No ha sido la primera vez en visitar Portugal (ya habíamos estado en Madeira y en Oporto) y tenemos muy claro que tampoco será la última. ¡Hasta la próxima!