Después de dedicar 24 días a nuestro primer viaje por Japón, recorriendo Tokio y Tohoku, en esta segunda aventura por el país decidimos invertir prácticamente el mismo tiempo en descubrir Kioto, Osaka y Nara, por un lado, y Yakushima y Kyushu, por otro. La elección vino marcada por las ganas de celebrar el cumpleaños de Xavi y nuestro aniversario en Kioto y también por el mes (enero). En conjunto, este segundo viaje por Japón fue una experiencia completísima, muy distinta a la primera y llena de contrastes: ciudades históricas, islas cubiertas de bosque, carreteras tranquilas, tradiciones de Año Nuevo, templos, volcanes, baños termales y momentos personales que lo hicieron todavía más especial. Kioto y Kyushu nos regalaron una mirada diferente al país y nos dejaron con una certeza clara: Japón sigue siendo un destino al que siempre apetece volver. Y, aunque fue un viaje fantástico, a continuación, os dejamos una valoración de lo que más nos gustó y de aquello que no nos convenció tanto.
Lo que más nos gustó:
+ Si tuviéramos que escoger una ciudad favorita de este viaje, probablemente sería Kioto. Nos conquistó por su historia, sus tradiciones y esos barrios con encanto en los que parece que el tiempo avanza a otro ritmo. Aunque todo lo que visitamos nos pareció impresionante, guardamos un recuerdo especial del templo Ninna-ji y de los jardines del Heian Jingu. Además, celebrar allí dos fechas tan importantes para nosotros hizo que la ciudad quedara asociada a esos momentos muy especiales.

+ Yakushima fue, sin duda, uno de los grandes descubrimientos del viaje. La isla nos sorprendió por sus bosques de sugi, sus cascadas, su fauna y esa sensación de estar en un lugar salvaje y distinto de Japón. Fue una etapa muy especial, de esas que no siempre aparecen entre los imprescindibles más conocidos, pero que terminan dejando una huella enorme.

+ Osaka también nos dejó muy buenas sensaciones, especialmente por la visita al castillo y al templo de los darumas, dos lugares muy diferentes entre sí pero igualmente memorables.
+ En Nara, más allá de sus famosos ciervos, encontramos rincones con mucho encanto y una atmósfera que merece ser vivida con calma.

+ Otra de las grandes experiencias fue coincidir con las tradiciones de Año Nuevo en Nichinan, Aoshima y Miyazaki. Ver cómo se vive esta época en Japón, con sus rituales, visitas a templos y santuarios y ambiente festivo, nos permitió acercarnos a una parte muy cotidiana y simbólica de la cultura japonesa.
+ En Takachiho disfrutamos del kagura, una representación tradicional que nos pareció una forma preciosa de conectar con la mitología y las costumbres locales.

+ Beppu fue otra parada difícil de olvidar, especialmente por los baños de arena, una experiencia curiosa, relajante y muy japonesa.
+ También nos impresionaron los Budas de piedra de Usuki, un conjunto sorprendente y muy distinto a otros templos o esculturas que habíamos visto en Japón.

+ El monte Aso, con esa ligera capa de nieve, nos regaló uno de los paisajes más bonitos de la ruta, y el trayecto en coche de Takamori a Kumamoto nos permitió disfrutar de vistas y pequeñas sorpresas que quizá habríamos pasado por alto viajando de otra manera.
+ Entre los recuerdos más especiales también están las grullas de Izumi, la ceremonia del té y la experiencia de vestir trajes tradicionales, que Xavi disfrutó como un enano. Son momentos que quizá no siempre aparecen en las grandes guías, pero que terminan siendo de los que más se recuerdan al volver a casa.

+ Precisamente, hacer la ruta por Kyushu en coche fue uno de los grandes aciertos. Si en el viaje anterior conducir por Japón nos había parecido más bien un punto negativo, esta vez lo disfrutamos muchísimo. Nos permitió llegar a pueblos más pequeños y menos turísticos, como Obi, descubrir cascadas, templos escondidos y rincones que dieron al viaje un ritmo más libre y personal.

+ La gastronomía volvió a ser otro punto fuerte del viaje: desde la cocina de Kioto hasta platos más locales como el dengaku de Takamori, pasando por el sushi o aquellos desayunos de gachas que, por sencillos que parezcan, también forman parte de la memoria del viaje.
+ Y, aunque suene contradictorio, cuanto más conocemos Japón, más sentimos que aún nos queda muchísimo por descubrir. Este viaje nos confirmó que el país no se agota en una primera, segunda o tercera visita. Al contrario: cada región abre nuevas ganas de seguir explorando.
Lo que menos nos gustó:
̶ En Kioto, por ejemplo, resulta curioso que una ciudad con unos 1.600 templos y 400 santuarios concentre a tantísimos visitantes en los mismos lugares. Sitios como Kiyomizu-dera, Kinkaku-ji o Fushimi Inari pueden llegar a sentirse demasiado abarrotados, mientras otros templos preciosos permanecen prácticamente vacíos.
̶ También nos dio pena ver ciertos comportamientos poco respetuosos: gente escribiendo sobre el bambú, haciendo fotos donde no estaba permitido o actuando sin demasiado cuidado en lugares que merecen más silencio y consideración.
̶ En Nara, la relación de algunos visitantes con los ciervos nos resultó especialmente incómoda: vimos personas alimentándolos con patatas de bolsa, persiguiéndolos o reaccionando mal cuando los animales se ponían insistentes.
̶ Pasar el Año Nuevo en Japón fue una experiencia interesante, pero quizá no exactamente como la imaginábamos. Tiene mucho encanto, sí, pero también implica tener en cuenta que durante los últimos días de diciembre y los primeros de enero muchos lugares cierran: museos, actividades, comercios e incluso restaurantes. Si se viaja en esas fechas, conviene reservar con antelación y asumir que el ritmo del viaje será diferente.















































