Los ciervos de Nara: el gran atractivo

Nara es especialmente conocida por los más de 1.000 ciervos que deambulan libremente por su parque. Sin embargo, su presencia no es solo turística, sino que está profundamente ligada a la historia religiosa de la ciudad y a sus santuarios. Cuenta la leyenda que el dios del trueno Takemikazuchi-no-Mikoto llegó a Nara montado en un ciervo blanco y los descendientes de dicho ciervo poblaron la zona y fueron venerados como «mensajeros de los dioses» durante más de un milenio. Esa veneración se tradujo en una protección estricta: durante siglos, dañar o matar a uno de estos ciervos se consideró un delito grave, y se dice que hasta 1637 podía castigarse incluso con la pena de muerte. Hoy están protegidos por su valor cultural y natural y, aunque su condición divina se revocó tras el final de la Segunda Guerra Mundial, siguen siendo uno de los grandes símbolos de la ciudad.

Los ciervos de Nara son ciervos sika (Cervus nippon): un cérvido de tamaño medio, cuerpo esbelto y pelaje que cambia según la estación. Suelen moverse en grupos y se adaptan muy bien a ambientes boscosos… y, en Nara, también a la cercanía humana. En los machos, las astas se caen de forma natural cada año hacia el final del invierno y el inicio de la primavera, y vuelven a crecer en el ciclo siguiente. Aun así, para reducir el riesgo de heridas y conflictos, tanto entre los propios ciervos como con los visitantes se les recortan las astas en otoño (entre octubre y noviembre) durante la ceremonia Shika no Tsunokiri (ceremonia de corte de astas). Se trata de una tradición centenaria, con origen en el período Edo (1672), que se celebra para controlar de forma segura a los machos que pueden volverse más agresivos durante la berrea. Está organizada por el santuario Kasuga Taisha y la Fundación para la Preservación de los Ciervos de Nara, y, durante esta ceremonia, hombres llamados seko persiguen, capturan y sujetan a los machos, mientras un sacerdote sintoísta (shinkan) realiza oraciones y recorta las astas con una sierra, para, posteriormente, presentarlas como ofrendas sagradas.

Y aquí viene lo importante: a pesar de interactuar con los visitantes, los ciervos siguen siendo salvajes. Pueden volverse insistentes o impredecibles si detectan comida o si se sienten acorralados, así que conviene tratarlos con respeto: no tocarlos, ni perseguirlos y mantener cierta distancia. Si alguien decide ofrecerles comida, lo único «aceptable» son las galletas específicas llamadas shika senbei. Se utilizan desde hace siglos (se menciona su uso al menos desde 1670) y el nombre shika senbei (literalmente, galletas de ciervo) es una marca registrada vinculada a la Fundación para la Preservación de los Ciervos de Nara, con venta asociada a comercios autorizados. En su versión tradicional, se elaboran con una receta sencilla a base de salvado de arroz y harina de trigo.

Sin embargo, alimentar a la fauna salvaje casi nunca se queda en un gesto puntual. En cuanto los ciervos asocian a las personas con comida, se acercan con más insistencia: empujan, mordisquean y hasta cortan el paso cuando piden alimento, sobre todo si ven galletas. Además, darles comida contribuye a una mayor concentración de animales en ciertas zonas, lo que aumenta la competencia y los roces (y, de paso, las situaciones incómodas para quien solo quería una foto). El problema es más importante cuando se piensa en su dieta real. Los ciervos comen pasto y otras plantas, sin embargo, el aporte calórico de las shika senbei es mayor, y eso fomenta cierta dependencia en parte de la población. Durante el confinamiento y la consiguiente caída del turismo, se informaron casos de desnutrición, puesto que acostumbrarlos a un «extra» constante tiene consecuencias. Si encima se les da comida inadecuada (por ejemplo, patatas de bolsa), el problema se agrava: se altera su dieta y pueden aparecer problemas digestivos. Por todo ello, mi conclusión es clara: mejor no alimentarlos. Observarlos sin convertir la comida en el centro del encuentro es la forma más respetuosa de disfrutar del parque.

Además de la alimentación, el contacto entre humanos y ciervos acarrea otros problemas, especialmente relacionados con la gestión de residuos. Dejar basura al alcance de los animales incrementa el riesgo de ingesta accidental de plástico y otros materiales peligrosos, lo que puede provocar obstrucciones y, en casos graves, la muerte. Por otro lado, no todos los ejemplares están en buen estado de salud. Algunos presentan heridas en las patas o cojera, que puede deberse a incidentes en carreteras o zonas de paso, pero también a maltrato o acoso por parte de algunas personas (patear, perseguir o acorralar), lo que eleva el estrés del animal y aumenta el riesgo de accidentes. También conviene recordar que la agresividad de los machos puede aumentar en la berrea y que algunas hembras se vuelven más defensivas durante la temporada de cría (mayo–julio). Por último, como ocurre con otros animales salvajes, pueden portar parásitos (por ejemplo, garrapatas), así que es mejor evitar el contacto directo y extremar la higiene.

Al final, mi sensación es ambivalente: verlos tan cerca es una experiencia memorable y, en cierto modo, una puerta de entrada para entender el vínculo histórico entre Nara y su paisaje sagrado. Pero que el encuentro sea «bonito» no significa que sea positivo para el animal. Cuanto más se normaliza el contacto, más se difuminan los límites entre fauna salvaje y entretenimiento. Y, sobre todo, alimentarlos suele tener el efecto contrario al deseado: cambia su comportamiento y multiplica los conflictos. Si buscas una convivencia respetuosa, lo más sensato es mirarlos a distancia, sin tocarlos ni perseguirlos… y dejando que sigan siendo lo que son: animales salvajes.

Por último, vale la pena recordar que Nara no se reduce a sus ciervos. Los templos y los santuarios forman parte del atractivo de la ciudad y ayudan a entender por qué este lugar se convirtió en la primera capital permanente de Japón.

Izumi, hogar invernal de más de 10.000 grullas

Izumi no solo cuenta la historia de temidos samuráis, sino que es también escenario de un impresionante fenómeno natural: cada año, más de 10.000 grullas migran desde Siberia para pasar el invierno en este maravilloso lugar. En la cultura japonesa, las grullas (tsuru) simbolizan la longevidad, la buena suerte y el amor eterno. Este significado está estrechamente vinculado al hecho que forman parejas monógamas y suelen desplazarse en compañía de su familia (pareja y polluelos). Además, dado que pueden vivir hasta los 20-30 años, es común elaborar figuras de origami con su forma para desear la curación de enfermedades y una larga vida.

Durante los meses más cálidos, las grullas se reproducen en Rusia, Mongolia o China, mientras que, entre octubre y marzo, emprenden su migración hacia el sur, para encontrar condiciones más favorables para pasar el invierno. Izumi se ha convertido en un importante refugio para diversas especies de grullas: de las 15 especies que existen en el mundo, siete (además de una variedad híbrida) se pueden observar en este pequeño pueblo. Las más abundantes son la grulla monje y la grulla cuelliblanca, ambas consideradas vulnerables.  Con algo de suerte, también es posible ver otras especies, como la grulla común (o euroasiática), la grulla canadiense, la grulla siberiana y la grulla de corona roja (estas últimas en peligro de extinción), así como la elegante grulla damisela.

Izumi desempeña un papel fundamental en la conservación de las grullas a nivel mundial, ya que alberga entre el 80% y el 90% de la población global de grullas monje y entre el 40% y el 50% de grullas cuelliblanca. La grulla monje (Grus monacha) es una especie de tamaño relativamente pequeño. Alcanza aproximadamente un metro de altura y pesa alrededor de 4 kg. Se distingue por su plumaje gris oscuro, junto con la cabeza y el cuello blancos, y una llamativa mancha rojo oscuro en la frente. Esta especie se reproduce en los humedales del sureste de Siberia y el norte de China, desde donde migra en invierno principalmente hacia Izumi, aunque también se la puede encontrar en Corea del Sur y el sureste de China. Actualmente, se considera vulnerable debido, en gran parte, a la destrucción de su hábitat natural.

Por su parte, la grulla cuelliblanca (Antigone vipio) presenta un aspecto característico que la hace fácilmente reconocible. Su plumaje es mayoritariamente gris, con alas blancas, cuello grisáceo atravesado por una distintiva línea blanca longitudinal, rostro negro con zonas de piel roja y largas patas rojizas. Esta especie es ligeramente más grande, con una altura que oscila entre 1,12 y 1,25 metros y un peso aproximado de 6 kg. Habita en el noreste de Asia, donde se reproduce en Mongolia, China y Rusia, y migra en invierno hacia regiones más cálidas, como el río Yangtsé (China), Corea y Japón.

El proyecto de conservación de las grullas en Izumi se remonta al siglo XVIII, cuando el clan Shimazu ordenó su protección. Sin embargo, esta situación cambió durante el período Meiji (1868–1912), etapa en la que las grullas comenzaron a ser cazadas de forma intensiva, provocando un drástico descenso de su población. No fue hasta 1921 cuando se promulgó una ley que prohibía su caza, marcando el inicio de su recuperación. Posteriormente, en 1952, la zona de Izumi fue declarada Monumento Natural Especial, lo que reforzó su protección y su importancia ecológica. En 1962 se dio un paso decisivo con la creación del Comité de Conservación de las Grullas de Kagoshima, cuya labor fue fundamental para desarrollar planes de protección efectivos. Ese mismo año, aproximadamente 50 hectáreas de arrozales fueron designadas como área protegida durante los meses de noviembre a marzo, coincidiendo con la estancia invernal de las grullas. Estos terrenos pertenecen a agricultores locales, quienes reciben una subvención a cambio de ceder sus campos temporalmente, favoreciendo así a la conservación de estas aves. Además, el seguimiento y estudio de las grullas se ha mantenido durante más de medio siglo gracias a la implicación de estudiantes de los institutos Kakusho Gakuen y Takaono, cuya labor ha sido clave para el conocimiento y la protección continuada de estas especies.

El Centro de Observación de Grullas de Izumi permanece abierto entre los meses de noviembre y marzo. En sus instalaciones se encuentra un pequeño museo que ofrece información sobre estas aves, y desde su parte superior es posible disfrutar de vistas panorámicas de los campos circundantes. El área se divide en dos zonas protegidas: el área de Arasaki, que rodea el propio centro de observación, y el área de Higashi Kantaku, situada aproximadamente a un kilómetro de distancia. El mejor momento para observar las grullas es al amanecer. Cada mañana, alrededor de las 7:00 h, las aves son alimentadas con grano con el objetivo de evitar que dañen los cultivos de la zona. Tras este momento, se dispersan por los campos de arroz durante el día y regresan al atardecer a las áreas protegidas, donde descansan durante la noche. En cuanto al acceso, la forma más cómoda de llegar al centro es en coche. No obstante, también es posible hacerlo en autobús (aunque con poca frecuencia) o en taxi desde la estación de tren de Izumi.

Así, Izumi se revela no solo como un refugio imprescindible para las grullas, sino también como un ejemplo de convivencia entre el ser humano y la naturaleza. Cada invierno, el cielo se llena de alas que recuerdan la fragilidad de estas aves y la importancia de preservarlas. Entre el silencio del amanecer y el batir de alas al alzarse el vuelo, este pequeño rincón de Japón invita a detenerse, observar y comprender que, más allá de su belleza, las grullas encarnan una historia de resistencia, cuidado y esperanza que sigue escribiéndose año tras año.

Yakushima, pequeño paraíso natural

La pequeña isla de Yakushima, situada al sur de Kyushu, es un destino imprescindible para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de una isla montañosa con más de 30 picos con una altitud superior a los 1000 m sobre el nivel del mar, pero que, a diferencia de otras islas cercanas, no alberga volcanes activos. Tiene un clima subtropical húmedo y es uno de los lugares más lluviosos del mundo, tanto, que se dice que llueve 35 días al mes. Esto ha favorecido el desarrollo de un denso bosque formado principalmente de coníferas llamadas sugi (Cryptomeria japonica). Aunque los sugis se conocen con el nombre de cedros japoneses, el término es incorrecto ya que no pertenecen al mismo género que los cedros (Cedrus). Los ejemplares más antiguos (de más de 1000 años) reciben el nombre de yakusugi (combinando el nombre de la isla, Yakushima, y sugi) y aquí viven los ejemplares más longevos de todo el archipiélago. Gracias a sus extensos bosques y a los viejos yakusugi, fue reconocida como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1993, siendo justamente el primer territorio en ser reconocido como tal en Japón.

Esta especie de árbol crece por todo Japón, pero lo que hace especiales a los sugi de Yakushima es su extraordinaria longevidad. Lo común es que vivan unos 500 años, aunque hay excepciones como un sugi de 1500 años en la prefectura de Niigata, sin embargo, en esta pequeña isla hay ejemplares de entre 2200 y 7200 años (Jomon Sugi presume de ser el más antiguo). La longevidad de los yakusugis se debe a las condiciones en las que viven, con muchas precipitaciones y un suelo poco nutritivo, lo que hace que crezcan muy lentamente. Además, en su interior acumulan grandes cantidades de resina que les protege de las enfermedades y la descomposición. Precisamente por su alto contenido en resina fue una madera muy valorada durante el Período Edo (1603-1868) cuando se usaba para la producción de tejas por ser una madera ligera e impermeable. Y es que, a pesar de lo que muchos creen, el bosque que cubre Yakushima no es bosque primario, sino secundario, habiendo sido la mayor parte talada y reforestada hasta la década de 1970 cuando se instauró un régimen de conservación.

La explotación maderera ha contribuido al encanto actual de Yakushima. Los árboles que no crecíeron rectos ni altos se salvaron de la tala y éstos son justamente los yakusugi, los grandes tesoros naturales de la isla. Por otro lado, de los árboles talados se conservan aún los tocones que se resisten a la descomposición gracias a la resina acumulada en su interior. Estos tocones antiguos reciben el nombre de domaiboku y son, en ocasiones, la base de jóvenes sugi que aprovecharon el claro de luz para ocupar el lugar de sus ancestros caídos. Actualmente, los yakusugi no solo son testigos del pasado forestal de la isla, sino que también albergan una gran variedad de plantas epífitas (que viven sobre otras plantas) y los bosques de sugi son refugio para numerosas especies vegetales y animales endémicos.

En cuanto a la fauna, la isla es famosa por los ciervos sika, conocidos como yakushika (Cervus nippon yakushimae), y los macacos llamados yakuzaro (Macaca fuscata yakui), ambos endémicos. Los ciervos de Yakushima son la subespecie más pequeña de ciervo sika japonés. Aunque son más difíciles de ver que los macacos, a menudos se les ven juntos en los márgenes de las carreteras. Los macacos de Yakushima también son una subespecie de menor tamaño de macaco japonés (o macaco de cara roja; Macaca fuscata). Es un primate catarrino de la familia Cercopithecidae, igual que el macaco negro crestado que vimos en Sulawesi (Indonesia). Forman grupos de pequeño tamaño y son omnívoros, alimentándose de frutas, bayas, semillas, flores, hojas jóvenes, insectos, cangrejos y huevos de aves.

Se cree que la isla ha sido habitada de forma continua desde el período Jomon y, se menciona en diferentes documentos antiguos, tanto chinos (dinastías Sui y Tang) como japoneses (Período Nara, 710-794). Forma parte del conjunto de islas llamado Osumi-Shoto y administrativamente pertenece a la prefectura de Kagoshima. Se puede llegar en ferry desde la ciudad de Kagoshima o en avioneta desde diferentes ciudades como Osaka o Fukuoka. Hay una carretera principal que rodea la isla y algunas carreteras de montaña que conducen al interior, accesible únicamente mediante rutas de senderismo. Dos líneas de autobuses recorren la costa con mayor o menor frecuencia, pero en nuestra opinión, lo ideal es alquilar un coche para desplazarse con tranquilidad, que es lo que hicimos nosotros. Gracias a esto pudimos recorrer la isla de lado a lado durante dos días y medio y esto es lo que hemos visitado:

Yakisugui Land es un parque natural con una extensión de 270 hectáreas y se encuentra a altitudes de 1000-1300 m. Fue diseñado como un Bosque de Recreación Natural junto a Shiratani Unsuikyo en 1974 y por esta razón cada parque ofrece descuentos con la entrada para acceder al otro. Hay cinco rutas disponibles, todas ellas circulares, de diferentes longitudes y niveles de dificultad:

· Las rutas de 30 min (0.8 km) y 50 min (1.2 km) son recorridos bien mantenidos, con pasarelas de madera y caminos pavimentados con piedra.

· Las rutas de 80 min (2.0 km), 150 min (3.0 km) y 210 min (4.4 km) son rutas de montaña. Nosotros hicimos la ruta de 80 min y fue espectacular. Se cruzan puentes colgantes, lechos de río y yakusugis, como el Buddhasugi, un árbol de unos 1800 años con una circunferencia de 8 m y una altura de 21,5 m.

Shiratani Unsuikio es un parque natural situado a una altitud de 1500 m que cubre un área de 424 hectáreas, conocido como área de Shiratani. Hay tres rutas con diferentes niveles de dificultad y duración:

· el recorrido Yayoisugi de unos 2 km de longitud (circular) con una duración de una hora y 10 min. Es el más corto y en mejor estado, con escaleras de madera y caminos pavimentados.

 · el recorrido Bugyosugi de unos 4 km de longitud (circular) y una duración de 3 h. Este recorrido estaba cerrado cuando nosotros fuimos.

· el recorrido Taikoiwa, recorrido de montaña de ida y vuelta con una longitud de 5.5 km y una duración de 5 h. El punto final es la roca Taikoiwa desde la que se puede disfrutar de una vista panorámica de la isla. A lo largo del camino pueden verse varios yakusugi, sin embargo, el principal atractivo de esta ruta es el boque cubierto de musgo que inspiró a Hayao Miyazaki para el escenario de la película de animación La princesa Mononoke. Esta es la ruta que nosotros hicimos y solamente podemos decir que es espectacular.

El santuratio Masuku o Yaku-jinja está ubicado cerca del puerto de Miyanoura y es fácilmente accesible. Fue fundado en 806 y está dedicado a Yamasachihiko, el dios protector de la isla de Yakushima y la vecina Tanegashima.

Siguiendo por la costa, se llega al santuario Yahazudake, un pequeño santuario situado en un lugar un tanto remoto, cuyo su torii rojo puede verse desde la lejanía. Tras cruzar el torii se desciende por unas escaleras de piedra hasta al nivel del mar donde se encuentra la cueva con el santurario. Aunque actualmente parece un tanto descuidado, tiene su encanto.

El valle Yoggo es el lecho de un río lleno de enormes piedras graniticas que forman piscinas naturales de agua cristalina. ¡Un lugar precioso!

La cascada Oko (Oko-no-taki) es la más alta, con una caída de 88 m, y una de las más impresionantes de Yakushima.

La cascada Senpiro (Senpiro-no-taki), también conocida como cataratas Chihiro, se encuentra en un paisaje imponente. Se puede ver desde el mirador, o bien bajando las escaleras hasta sus pies. El bosque circundante es hogar de varios grupos de macacos.

Gajumaru Bayan Garden es un pequeño jardín de banianos (Ficus microcarpa) cuyo nombre en japonés es gajumaru. Se trata de un árbol tropical famoso por sus raíces aéreas y su gran longevidad. Es considerado como sagrado en la cultura ryukyu (Okinawa) ya que se asocia a la energía vital y a espíritus que traen buena fortuna (Kajimuna). En este jardín destaca uno en particular con una antigüedad de entre 200 y 300 años.

Consideraciones finales:

-Desde 28 de diciembre hasta 4 de enero son días festivos en Japón, por lo que muchos puntos de interés permanecen cerrados, incluidos museos, algunas tiendas, restaurantes u hoteles.

-En estas fechas es mejor hacer reserva en los restaurantes, especialmente si queréis probar platos típicos, como el pez volador.

-Muchas carreteras son muy estrechas, prácticamente un carril para los dos sentidos, por lo que conviene ir con precaución y no correr. Además, en las carreteras se reúnen macacos para acicalarse aprovechando el calor que desprende el asfalto.

-No hay que acercarse a los macacos ni a los ciervos, no solo porque están protegidos sino porque son animales salvajes y pueden ponerse agresivos si se sienten amenazados, y ¡ni que decir que no hay que alimentarlos!

-Hay que informar al hotel de las rutas de treking que se van a realizar y las fechas. Los hoteles también pueden preparar bento para comer durante las rutas de trekking, pero, por favor, no tiréis basura en el bosque. ¡Seamos responsables!

-Ni cabe decir que no hay que salirse de los caminos o dañar el musgo, árboles u otras plantas.

Y, dicho esto, espero que incluyáis Yakushima en vuestra ruta por Japón, ya que esta isla cautiva con su naturaleza y la singularidad de sus paisajes. Sin duda, una experiencia que deja huella.

Matsushima, la cautivadora bahía de Japón

Visitar Matsushima es adentrarse en uno de los paisajes más emblemáticos de Japón, una postal viva donde la naturaleza y la historia se funden de manera única. Su bahía, salpicada por unas 260 islas cubiertas de pinos japoneses, ha inspirado a poetas y artistas durante siglos y forma parte de la prestigiosa lista de las tres vistas más bellas del país desde 1643 junto al santuario Itsukushima en Miyajima y la lengua de arena de Amanohashidate. Aquí se encuentra mucho más que belleza escénica: se pueden explorar islas misteriosas, descubrir templos centenarios, pasear por jardines preciosos, y disfrutar de la serenidad de casas de té tradicionales que ofrecen vistas incomparables de la bahía. Matsushima es también símbolo de resiliencia, pues su orografía la protegió durante el tsunami de 2011, y hoy sigue siendo un remanso de paz donde contemplar la armonía entre la cultura japonesa y el paisaje natural.

Llegamos a Matsushima en un corto viaje de media hora en tren desde Sendai (línea Senseki; bajando en la estación de Matsushima-Kaigan) y lo primero que hicimos fue tomar un barco turístico (trayecto de unos 50 min) para disfrutar de la vista de la bahía. Dado que fuimos de los últimos en subir al barco no tuvimos suerte de poder sentarnos en la ventada, y tampoco quedaban asientos en la planta de arriba (se paga un plus para subir), por lo que nos tuvimos que contentarnos con los asientos del medio. Aun así, pudimos disfrutar del trayecto que transcurre entre las islas e islotes de formas inusuales que le confieren al lugar su belleza singular.

De las 260 islas que conforman la bahía, a tres es posible acceder por sendos puentes rojos. La más pequeña alberga en su interior el templo de Godaido, un símbolo de Matsushima. Aunque se cree que hubo un templo anterior, construido en el siglo IX, la estructura actual data del 1604 cuando fue reconstruido por orden del daimio de Sendai, Date Masamune.

La isla Oshima, a la que se accede también por un pequeño puente rojo, alberga en su interior interesantes cuevas de meditación que nos recordaron a las que vimos durante nuestra ruta de la seda por China (cuevas de Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen). Estas cuevas fueron escupidas desde el período Kamakura (1185-1333) hasta el período Edo (1603-1868) y algunas se utilizaron como cinerarios para albergar cenizas de difuntos. Cuevas similares también se pueden ver el recinto del templo de Zuiganji. Este templo data del año 828 y su construcción se le atribuye al monje budista Tendai, Jikaku Daishi, el mismo que fundó el templo de Yamadera (Yamagata). Durante el período Kamakura el templo cambió de budismo Tendai a budismo Zen, religión que se mantiene hasta el día de hoy. En el año 1604 fue reconstruido por Date Masamune. La reconstrucción duró 5 años, y, tras su finalización, Masamune lo convirtió en el templo principal del clan. Muchas partes del templo han sido designadas tesoros nacionales o bienes de interés cultural. En el mismo recinto se encuentra el Museo de Arte del templo que exhibe varios artefactos budistas (caligrafía, pintura fusuma, retratos, etc.)

Cerca del templo Zuigan-ji se encuentra el templo Entsuin, construido en 1646 por Date Tadamune en honor a su hijo Mitsumune que falleció a la edad de 19 años. Los jardines de estilo japonés y occidental complementan el templo y el mausoleo, ofreciendo un entorno ideal para el paseo.

Por último, la isla de Fukuura, la más grande y la única con acceso de pago, se conecta por un llamativo puente rojo de 252 metros. A pesar de que la isla alberga el pequeño templo Benzaiten, su mayor atractivo son los senderos que serpentean a través del bosque de pinos japoneses y que ofrecen unas bonitas vistas de la bahía.

Y antes de emprender nuestro camino de vuelta a Sendai, no perdimos la oportunidad para probar las ricas ostras de Matsushima.

Isla de Jeju, una maravilla natural

Jeju es una isla de origen volcánico situada en el estrecho de Corea considerada una de las siete maravillas naturales del mundo y declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 2007, Geoparque Global por la Unesco en 2009 y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2022. Jeju no es una isla muy grande, pero ofrece al visitante una enorme cantidad de posibilidades: hermosas playas volcánicas, innumerables rutas de senderismo y bellos paisajes. Además, es muy fácil de recorrer, ya sea en transporte público o en coche de alquiler, y se puede alcanzar en avión desde las principales ciudades del país. Por todo esto, Jeju es un gran reclamo turístico y es muy visitada, aunque no tanto por el turismo europeo, sino más bien por el turismo chino o japonés. También es un destino preferido por los coreanos, ya que las parejas eligen este lugar para su luna de miel.

Volviendo a lo que nos ocupa, la isla de Jeju fue nuestro primer contacto verdadero con Corea del Sur, aunque fue la segunda parada en nuestra ruta. La primera parada fue Seúl, aunque ese primer día lo disfrutamos más bien poco ya que nuestro vuelo de Barcelona a Seúl tuvo un retraso de tres horas haciendo que llegáramos a Corea ya de noche, por lo que solamente nos dio tiempo de cenar e ir al hotel. Nuestro vuelo a Jeju salió al día siguiente, por la mañana, desde el aeropuerto de Gimpo y llegamos a la isla poco antes del mediodía. En la isla pasamos un total de tres días y, para tener mayor libertad, elegimos alquilar un coche, por lo que, nada más recoger las maletas, salimos del aeropuerto en busca del parquing del que salen los autobuses de la mayoría de las agencias de alquiler de coche. Llegar al parquing no tiene pérdida: nada más salir, se cruza la calle y se sigue a mano derecha. Allí hay una pantalla en la que se indica de dónde sale el autobús de cada agencia, ya que éstas no están situadas en el mismo aeropuerto. Una vez finalizados los trámites, ya pudimos empezar nuestra aventura por Jeju.

Un calor abrasador nos dio la bienvenida, así que nos lo tomamos con calma y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer y de paso planificar la tarde. Y nuestra primera visita fue el túnel de lava Manjaggul, una de las principales razones por las que decidimos visitar la isla. Esta cueva tiene una longitud total de 13.422 m, por lo que es considerada como la más grande del mundo, y es declarada Patrimonio Natural de la Humanidad. Durante las erupciones volcánicas la lava fluye hacía el mar y, durante su recorrido, la lava de la superficie se va enfriando y solidificando, dando lugar a túneles, como este. Existen tres entradas a la cueva, pero solamente una está abierta al público. Se puede recorrer 1 km en su interior y se pueden observar una gran variedad de estructuras formadas a partir de lava. Dentro de la cueva, la temperatura oscila entre los 11º y los 22º, por lo que es recomendable llevar alguna prenda de manga larga, aunque con el calor del exterior no apetezca mucho. También es recomendable llevar un buen zapato, ya que el suelo suele ser bastante resbaladizo.

Esta formación de lava recibe el nombre de La Tortuga de Piedra y dicen que es idéntica a la forma de la isla de Jeju

Para finalizar nuestro primer día en Jeju, nos dirigimos al cabo Seopjikoji para ver la roca Seonnyeobawi, cuyo nombre significa “roca del hada”. Hay un camino preparado, muy cómodo que lleva hasta el faro y cerca de la roca, aunque por el camino hay diferentes miradores desde los cuales se pueden conseguir muy buenas fotos.

Tras un día totalmente soleado, nuestra suerte cambió cuando empezamos a recibir alertas de seguridad pública. Al estar conectados a una red coreana (por tener una SIM o eSIM) se reciben también estas posibles alertas, y, aunque están en coreano, se pueden traducir fácilmente con Google Lens. Y es así como descubrimos que una gran tormenta tocaría la isla durante la noche y que nos acompañó prácticamente durante los dos días que nos quedaban, trastocando así todo el itinerario que teníamos pensado… Esa misma tarde el cielo ya se empezó a ver encapotado…

Y, efectivamente, tras una noche de tormenta, nuestro segundo día en Jeju comenzó pasado por agua. Aún así, decidimos ir al bosque Bijarim, el mayor bosque de árboles bija (Torreya nucifera) de Corea, en el que se encuentran más de 2.800 árboles de entre 500 y 800 años, siendo el mayor atractivo un ejemplar de bija con más de 820 años. El trayecto es circular y es muy fácil de recorrer. Para nuestra suerte, fue llegar al parquing y dejó de llover, así que pudimos disfrutar del trayecto en condiciones. Aun así, por la lluvia había algunos tramos embarrados, pero en Corea están en todo y a la salida del parque hay unas fuentes preparadas para limpiarse los zapatos antes de subir al coche.

Nuestro siguiente objetivo iba a ser la ruta Geomun Oreum, pero nada más subirnos al coche empezó a diluviar y en vista de que no iba a parar pronto, decidimos poner rumbo de nuevo a la ciudad de Jeju y buscar algún sitio para comer con la esperanza de que cambiara el tiempo mientras tanto. Pero no fue así… La tormenta no parecía querer irse, por lo que dejamos el coche en el parquing del hotel y, paraguas en mano, tomamos el autobús (sirve la tarjeta T-Money; más info en Transportes) hasta el mercado Dongmun. Tras unas cuantas vueltas por el mercado (y alguna que otra compra), seguimos por el lateral del río hasta llegar al Museo Folclórico y de Historia Natural de Jeju.

El museo se inauguró en 1984 y es de libre acceso (al menos nosotros no pagamos entrada). Aunque no es muy grande, ofrece la oportunidad de aprender sobre el proceso de formación de la isla, sobre la fauna y flora que la habita, pero también sobre cómo era la vida y el folclore de los habitantes de Jeju a través de objetos cotidianos, trajes, y hasta representaciones de casas tradicionales o barcos de pesca.

Nuestra siguiente parada del día fue Samseonghyeol. Está situado al lado del museo, al otro lado del río, y no teníamos ni idea de lo que se trataba, pero como tampoco teníamos nada mejor que hacer por culpa de la lluvia, decidimos entrar e investigar. El recinto parece un parque con árboles inmensos y algunas construcciones. Lo mejor es empezar el trayecto por el pequeño museo que se encuentra en el lado derecho, porque así os podéis hacer una idea de qué es lo que veréis a continuación. Y es de hecho lo que nosotros hicimos, aunque fue por casualidad.

El museo consiste en dos pequeñas estancias a las que hay que acceder descalzos, dejando los zapatos y los paraguas en la entrada. Allí en forma de maquetas y diversos documentos se cuenta la historia de los tres principales apellidos de la isla de Jeju. Resumidamente, la leyenda cuenta que tres demonios emergieron de la tierra a través de tres agujeros y estos demonios se casaron con tres princesas del reino de Byeongnang y fundaron el reino de Tamna, dando lugar así a los tres principales apellidos: Seonju, Wangja y Donae. Y justamente el principal atractivo del lugar son los tres agujeros a través de los cuales salieron los demonios.

A pesar de ser una leyenda, el lugar es considerado sagrado y cercano a los tres agujeros se encuentra un pequeño templo que fue construido en el año 1698 y donde en primavera y otoño se celebran ceremonias conmemorativas y en invierno, una gran ceremonia religiosa budista en honor a la fundación de la isla.

Nuestro tercer y último día en la isla volvió a amanecer lluvioso… Sin embargo, este día decidimos desplazarnos hasta la ciudad de Saeogwipo para visitar la roca Oedolgae, la cascada Jeongbang y la cascada Cheonjiyeon. Los tres destinos de encuentran a poca distancia entre sí. Nuestra primera parada fue la cascada Cheonjiyeon. Esta cascada tiene una altura de unos 22 m y un ancho de 12 m y fue designada como Tesoro Natural, tanto por ser el hábitat de las anguilas mutaejangeo como por el bosque que la rodea.

Desde aquí nos desplazamos a la cascada Jeongbang, que con una altura de 23 m, es famosa por ser la única de Asia y unas de las pocas cascadas del mundo que arroja el agua directamente en el mar. Aquí en días soleados, que no fue el caso, se pueden ver mujeres buceadoras (haenyeo) que recogen marisco a mano, sumergiéndose en el mar a apnea.

De allí, seguimos nuestro rumbo a la roca Oedolgae, una roca de origen volcánico que se eleva unos 20 m desde el nivel del mar.

Hay varios senderos que se pueden seguir por los alrededores, sin embargo, nosotros no los pudimos disfrutar mucho ya que la lluvia decidió volver con nosotros. Como la lluvia iba en aumento, decidimos buscar un sitio para comer y poder recalcular ruta.

La decisión final fue visitar el parque Hallim, pensando que sería más fácil de visitar con lluvia, aunque nuestra mayor sorpresa fue que, nada más llegar al parque, la lluvia decidió darle paso a un sol radiante. Volviendo al parque, éste fue creado en 1971 y cuenta con multitud de plantas y de árboles bellamente dispuestos, dos túneles de lava, un jardín botánico de plantas tropicales, un jardín de bonsáis, y una aldea folclórica Jaeam. Las cuevas, Ssangyong y Hyeopjae, se formaron hace 250 mil años por la erosión volcánica. Una particularidad de estas cuevas es el hecho que, por la penetración del agua con cal, fueron adquiriendo un color dorado. Aunque solo se pueden visitar estas dos cuevas, éstas están interconectadas con hasta 20 otras cuevas que constituyen un solo sistema con una longitud de 17.000 m. Actualmente son Patrimonio Nacional Natural y se consideran únicas en el mundo.

En cuanto al jardín botánico, éste está distribuido en varios jardines más pequeños, cada uno con una temática: plantas tropicales, cactus, bonsáis, palmeras, etc.

Por otro lado, la aldea folclórica Jaeam es una reconstrucción de un antiguo poblado que permite imaginarse cómo era la vida cotidiana en Jeju.

Por la dimensión del parque y de la cantidad de rincones por los que pasear y desconectar, estuvimos pasando aquí prácticamente toda la tarde. Aunque consideramos que el parque se merece una visita, hay una gran pega, y son la gran cantidad de aves y reptiles que viven enjaulados… La verdad, no entiendo muy bien qué aporta tener los animales encerrados, porque con solo las cuevas, los jardines y la aldea ya tiene suficiente atractivo, a nuestro parecer.

Y con esto dimos por finalizado el día y nuestra estancia en Jeju ya que al día siguiente tomamos el vuelo hacia nuestro próximo destino: Busán. Dejamos la isla por la mañana con un sol radiante y con un sabor agridulce porque disfrutamos mucho de nuestra corta visita a Jeju, pero nos hubiera gustado poder haberla disfrutado con el sol que dejamos atrás…

Corea del Sur – un viaje para el espíritu

Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.

Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».

Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:

  • Días 1-2: Barcelona-Seúl
  • Día 3-5: Jeju
  • Día 6-7: Busán
  • Día 8-9: Gyeongju
  • Día 10-11: Daegu
  • Día 12-14: Seúl
  • Día 15: Seúl-Barcelona

Logística viaje

Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Recomendaciones de viaje – Corea del Sur

Transportes – Corea del Sur

Gastronomía coreana – un placer para los sentidos

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un templo (templestay)

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un hanok

Experiencias en Corea del Sur: Jjimjilbang o sauna coreana

Lo que + nos gustó y lo que –. Corea del Sur

Parque Natural de Somiedo: osos y lobos

En nuestro corto viaje a Asturias tuvimos la oportunidad de conocer dos especies animales muy especiales que viven en la cordillera cantábrica y que son endémicas de España: el oso pardo cantábrico (Ursus arctos artcos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus), aunque por desgracia solamente a una la pudimos ver en libertad.

Asturias es una de las cuatro comunidades autónomas, junto a Castilla y León, Galicia y Cantabria, que son hogar del máximo depredador de la península: el lobo ibérico. El lobo ibérico tiene un pelaje pardo-grisáceo con zonas amarillentas, orejas pequeñas y triangulares, un cuerpo ágil y delgado y que mide 1,2 metros de largo y una altura de unos 70-80 cm con un peso de unos 50 kg. Viven en manadas o grupos familiares reducidos en los que manda el macho adulto más fuerte. Las parejas de lobos suelen tener entre 3 y 6 lobeznos que llegan a ser adultos a los 3 años. Su esperanza de vida es de unos 8 años. Se alimentan principalmente de ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, liebres, entre otros, controlando así la población de estas especies. Junto a otros carroñeros, los lobos también devoran cadáveres de animales evitando así el contagio de enfermedades. El año 2020 se estimó que quedaban alrededor de 300 manadas, lo que la hace genéticamente una especie muy vulnerable debido a la consanguinidad.

Aullador

El primer contacto con los lobos ibéricos lo tuvimos en la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda. Visitamos el museo e hicimos la ruta del lobo. Esta ruta recibe este nombre porque lleva hasta un cercado en que actualmente viven dos lobos macho. Este sendero se puede hacer por libre perfectamente, de hecho, está señalizado y hay hasta un merendero delante, sin embargo, antes de juzgar y lamentar su situación, vale la pena conocer su historia de la mano de la guía y así tener también un contexto general, no solo de estos dos lobos en particular, sino también de la situación de los lobos en Asturias. Belmon y Aullador son los nombres de los dos lobos que, desde su cercado, son testimonios de la complicada situación que viven los lobos en Asturias. No están allí por puro capricho, ni tampoco para ser exhibidos a los visitantes, sino que están allí por tener la mala suerte de encontrarse con los humanos. La manada de Belmon y de su hermano, Tino, que murió el año pasado, fue asesinada en una de las partidas de caza al lobo. Sin embargo, los hermanos consiguieron sobrevivir y ambos fueron rescatados con tan solo semanas de vida… El hecho de perder a su familia de la mano del hombre les ha condenado a vivir toda la vida encerrados, ya que sin una manada no pudieron volver a la naturaleza. Por otro lado, la historia de Aullador es aún más desoladora ya que fue capturado por un hombre que se había encaprichado con querer tener un lobo como mascota y que lo desechó como si nada cuando vio que no se comportaba como un perro. Estando ya acostumbrado al contacto con los humanos, fue condenado a vivir toda la vida privado de la libertad.

Aullador

Debido a que las manadas de lobos ibéricos son generalmente pequeñas, si se mata algún miembro de la manada, ésta se debilita y ataca presas más fáciles como son el ganado. Y he aquí el problema: si se caza al lobo por miedo a que vaya a matar al ganado, éste acabará haciendo justo lo que se espera impedir. Es un pez que se muerde la cola. Las soluciones que se dan ahora mismo, como por ejemplo compensar la pérdida de un animal económicamente, no solventan el problema mientras que las soluciones que de verdad funcionarían necesitan tiempo, dinero e investigación. El futuro es difícil para el lobo en Asturias, dada la importancia de la ganadería en la zona. Aullador y Belmon son dos lobos que han sufrido daños colaterales por la acción de los humanos, sin embargo, algunos otros no tuvieron tanta suerte… Aun así, tengo la esperanza de que se invierta en mejorar la situación de los lobos y que la población local acabe aceptando a este hermoso animal y así conseguir vivir en armonía.

Mirador de La Peral

Por otro lado, en Pola de Somiedo tuvimos la suerte de poder conocer a otro emblema de los montes de Asturias: el oso pardo cantábrico, esta vez, sí, en libertad. Por suerte, los osos tienen mayor aceptación entre la población local, a diferencia de los lobos, porque no afectan a la ganadería. Algún apicultor podría ver mermadas sus colmenas, pero no producen el mismo impacto que los lobos. A diferencias de los lobos que ven reducida su población, el número de osos está aumentando.

El oso pardo es el animal terrestre más grande de la fauna ibérica y cuenta con un censo de unos 260 ejemplares, viviendo la mayoría de ellos en Asturias. Es la subespecie de oso pardo más pequeña y su esperanza de vida supera los 20 años. El oso pardo es plantígrado, tiene un pelaje entre pardo amarillento y marrón oscuro y un peso de unos 180 kg en los machos y de unos 140 kg en las hembras. En invierno hibernan, refugiándose en cuevas. Las osas paren entre una y tres crías durante la hibernación y estas crías se quedan con la madre hasta cumplir un año y medio, que es cuando la familia se separa.

Oseznos hermanos en el mirador de La Peral

Avistar osos se puede hacer por libre, sin embargo, no se recomienda para nada subir a la montaña ni a aventurarse a acercarse demasiado a los osos. Dos cosas hay que tener claras: la primera, estamos en el territorio de los osos y los debemos respetar y no los debemos molestar en absoluto, y la segunda, el oso es un animal salvaje, impredecible y que puede actuar con ferocidad si se siente amenazado. Dicho esto, hay dos miradores habilitados a los que se puede acudir para el avistamiento: el mirador de La Peral y el mirador de Gúa. La mejor época para el avistamiento es la primavera y el otoño, ya que en verano hace demasiado calor y acostumbran a estar metidos en el bosque donde la temperatura es más fresca. En primavera además existe la posibilidad de ver mamás con sus oseznos que recién abandonan las cuevas donde hibernaron durante los meses de más frío, sin embargo, en otoño, los osos se alimentan frenéticamente para el engorde de cara a la hibernación y son más fáciles de ver entre la multitud de avellanos que salpican las montañas de Somiedo. Así pues, sea cual sea la época, los mejores momentos para el avistamiento son las mañanas temprano y las tardes. También hay que tener en cuenta que los miradores están encarados a las laderas de las montañas, pero no están cerca, por lo que es necesario acudir con prismáticos, o mejor aún, con telescopios. La ropa de abrigo también viene muy bien ya que las mañanas y las tardes son frescas y seguramente el intentar avistar los osos puede conllevar muchas horas parado en un mismo lugar. También existe la posibilidad de no ver ningún oso. Es un riesgo que se debe correr… puede que ningún oso decida dejarse ver o puede que la niebla no quiera dejar entrever ningún oso…

Oso macho en el mirador de Gúa

Nosotros hicimos dos avistamientos, uno por la mañana temprano y otro por la tarde, y fuimos unos de los afortunados en observar a estos preciosos animales. En el primer avistamiento, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar en la ladera más alejada del mirador de La Peral, dos hermanos oseznos y posteriormente a una mamá con dos crías. Y fue gracias a unos buenos telescopios… Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos la suerte de avistar un oso macho nada más llegar. Éste se estuvo unas cuantas horas disfrutando de las avellanas en la ladera de la montaña y nosotros estuvimos disfrutando viéndolo a través de los prismáticos. Aunque si no se consigue ver al oso, se puede disfrutar igualmente de la espera, de los paisajes y de otra fauna que habita Somiedo. Desde luego Somiedo no es solo osos y lobos, si no también el hogar de corzos, rebecos, multitud de aves…

En definitiva, para el avistamiento de osos se necesitan ganas y paciencia para esperar sin tener la certeza de conseguirlo, pero también respeto, tanto por el entorno como por los mismos osos. En este tipo de actividad somos meros observadores, pero también responsables de preservar la naturaleza en su estado.

Mar y montaña: una semana por Asturias

Tras nuestro último viaje a Madagascar allá por 2019, planeábamos el que hubiera sido nuestro siguiente viaje: Japón, sin imaginar que nuestros planes se verían truncados irremediablemente por el coronavirus. Lo que parecía un breve parón en nuestras vidas, acabaron siendo dos años en los que solo pudimos soñar con los viajes. Fueron unos años muy duros, seguramente como para todos, pero tuvimos la suerte, al menos de poder dedicarnos a nuestro jardín, que ha sido nuestra ruta de escape durante este tiempo.

Este año 2022 Japón no pudo ser, por tener las fronteras cerradas hasta hace nada, pero esto no fue un impedimento para que nuestras ganas de viajar y conocer mundo despertaran, ganas que se habían quedado de alguna manera dormidas, ya que no nos atrevíamos a volver a hacernos planes. Y así es como, para desperezarnos hemos decidido hacer una escapada de una semana a Asturias durante el mes de septiembre. Dado que el número de días fue limitado, tuvimos que definir muy bien lo que queríamos visitar y lo que seguramente dejaríamos por el camino. Los puntos clave que teníamos muy claros al decidir este viaje fueron: avistar osos en libertad en el Parque de Somiedo e iniciarnos a la espeleología en una de las cuevas naturales de los Picos de Europa. Lo cierto es que ya habíamos visitado cuevas con anterioridad, como las del Parque Nacional de Mulu en Malasia, pero nunca habíamos hecho espeleología y teníamos curiosidad. Con esto en mente y tras valorar todo lo que Asturias puede ofrecer, hemos definido el siguiente tour (circular):

Pola de Somiedo (2 días)

Elegimos como base para la primera parte del viaje, Pola de Somiedo, un pequeño pueblo rodeado de montañas, pero un punto neurálgico para las diferentes actividades culturales, de senderismo y naturaleza que se pueden realizar en el Parque de Somiedo. De camino a Pola paramos a visitar la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda, para conocer de primera mano la situación de los lobos en la zona, y una vez en Pola de Somiedo, hicimos dos avistamientos de osos en el Parque de Somiedo. Ver osos en libertad no es fácil, no os creáis. Son animales impredecibles y hay muchísimos factores que pueden influir: las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de alimento y la suerte de cada uno. En el primer avistamiento, por la mañana temprano, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar a lo lejos, muuuy a los lejos dos hermanos oseznos ya independizados y, posteriormente, una mamá con dos crías. Fue en el Mirador de la Peral, justamente en la ladera más alejada, siendo imposibles de ver con prismáticos, y solamente accesibles gracias a unos buenos telescopios. Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos aún más suerte, y, nada más llegar, vimos un macho en la ladera de la montaña alimentándose tranquilamente de avellanos, esta vez, sí visible con prismáticos.

Otras actividades por las que Pola es famosa son sus rutas de senderismo, siendo la ruta de los lagos la más conocida, sin embargo, nosotros, dado el reducido número de días que pasamos aquí, nos limitamos a hacer la ruta accesible. Un sendero corto, preparado para que cualquier persona en cualquier situación lo pudiera hacer, pero que ofrece unas vistas impresionantes del pueblo y de las montañas que lo rodea.

Como recomendación culinaria, nuestro plato favorito de aquí fue el cachopo con cecina, queso y membrillo. Buenísimo.

Soto de Agues (1 día)

Paramos en Soto de Agues, un pequeño pero hermoso pueblo situado en el Parque Natural de Redes, en nuestro camino de Pola de Somiedo a Cangas de Onís y aprovechamos para hacer la Ruta del Alba, declarada monumento natural en el año 2001. La ruta sigue el curso del río Alba por un antiguo camino de pastores. Es una ruta fácil y accesible, con poco desnivel, ya que los primeros 5 km discurren por un sendero de piedra, acondicionado. Los últimos 2 km, a partir de las Brañas de La Vega, son por camino de montaña, pero este es, sin embargo, el tramo más espectacular, si cabe, ya que el sendero está encajonado entre las paredes de roca y el río con decenas de saltos de agua y cascadas. La ruta es lineal, por lo que hay que deshacerla por el mismo camino (14,6 km en total). Durante el trayecto se pasa por al lado de una piscifactoría truchera y por la mina de hierro del Carmen, ambas ya en ruinas.

Este día comimos un bollo preñao en uno de los merenderos que hay a lo largo del camino. El bollo preñao es un bollo de pan relleno de chorizo. Una comida potente, pero recomendable para la ruta.

Cangas de Onís (3 días)

La que fue la primera capital del antiguo reino de Asturias, fue nuestra base en la última parte del viaje. Este pequeño pueblo lleno de historia es la puerta de entrada al Parque Picos de Europa pero también a otro clásico de Asturias: los lagos de Covadonga y el santuario de Covadonga. Tanta es la fama de estos enclaves que en temporada alta el acceso a los lagos esta restringido a vehículos particulares a partir de las 8 de la mañana, siendo posible llegar en autobús, en taxi o con algún tour organizado. Desde Cangas de Onís parten buses cada veinte minutos y los billetes de autobús se pueden comprar directamente en la terminal o por internet. Aunque al hacer la compra por internet obliguen elegir una hora de subida y una de bajada, la verdad es que podéis hacerlo a la hora que queráis. Este mismo bus para en el santuario de Covadonga. También es importante tener en cuenta que aún es (al menos lo era cuando nosotros fuimos) obligatorio el uso de mascarilla en el transporte público.

Una vez alcanzada la cima, las vistas quitan el aliento. Tanto los miradores como los lagos de origen glaciar son un espectáculo para todos los sentidos. Además de caminar por estos enclaves y disfrutar de la naturaleza y de las espectaculares vistas de los dos lagos, Ercina y Enol y de la laguna temporal, el Bricial, también se puede conocer el pasado minero de la zona a través de las minas de Buferrera. Aquí podéis pasaros desde una mañana hasta un día entero. El único pero que le pondría es la cantidad de visitantes que estos parajes pueden atraer. Queda patente que es uno de los sitios más turísticos de Asturias.

Sin embargo, Cangas de Onís y alrededores, ofrecen muchas más actividades, para todos los gustos y condiciones. Desde visitas gastronómicas, como las visitas a queserías, a multitud de rutas de senderismo, miradores y actividades de aventura, como el descenso del río Sella en canoa o hacer espeleología. Aunque no me atreví a bajar en canoa, debido a mi miedo al agua por no saber nadar, sí que decidimos iniciarnos a la espeleología. Según nos dijeron, los Picos de Europa son considerados el Himalaya de los espeleólogos debido al amplio recorrido subterráneo que ofrece este sistema kárstico. La cueva en la que nos adentramos no era muy grande y el nivel de exigencia era bajo, pero la verdad es que descubrimos algo totalmente desconocido para nosotros, fue toda una experiencia sensorial. Nos sorprendió la temperatura de la cueva, la falta de luz y de olores, pero también que, incluso un lugar tan inhóspito como ese, pueda ser el hogar de seres vivos. La guinda final fueron unos minutos en los que el guía nos recomendó que nos sentáramos, apagáramos las linternas y disfrutáramos de lo que es realmente estar en una cueva: oscuridad profunda, silencio total, un medio en el que de nada sirven nuestros sentidos…

Para realizar este tipo de actividad hay que contar con un guía experimentado. Nosotros reservamos el día previo y tuvimos la suerte de que éramos los únicos que nos habíamos apuntado ese día. Aunque normalmente los grupos son reducidos, nosotros agradecimos poder disfrutar de esta aventura “en privado”. Antes de empezar, nos dieron un mono, un casco con linterna y guantes. Se recomienda llevar un buen calzado ya que el suelo puede ser resbaladizo. No se recomienda llevar ni mochilas ni otros objectos con los que haya que cargar durante la ruta. En la cueva el suelo estaba húmedo y resbaladizo, tuvimos que subir y bajar con la ayuda de cuerdas y, aunque había habitaciones en las que se podía estar perfectamente de pie, también había algunos puntos en los que teníamos que pasar agachados. Si aún no habéis hecho espeleología, es una experiencia totalmente recomendable.

Tras esta aventura, cogimos el coche y nos dirigimos a la Cuevona de Cuevas del Agua, una corta cueva por la que discurre una carretera, que es el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Dicho de otro modo, es una cueva que se puede cruzar perfectamente en coche. Sin embargo, yo os recomendaría que aparquéis el coche y disfrutéis de la cueva a pie, que es como lo hicimos nosotros. Son unos 300 m de recorrido perfectamente iluminados, destacando las fascinantes formaciones calcáreas de esta cueva.

Y para finalizar el día, también subimos a uno de los muchos miradores que hay, el mirador de Fitu, que ofrece unas vistas increíbles del mar y de las montañas.

Y ya de vuelta hacía Avilés, donde pasamos la última noche antes de volver, no pudimos resistirnos a hacer una última ruta de senderismo: el Camín Encantau. Este sendero circular se encuentra en la localidad de Venta de Probes, de unos 8,6 km de longitud. La ruta tiene cierto desnivel, con una primera subida empinada. Pero vale la pena por los paisajes que la rodean y por ser también un recorrido por la mitología asturiana. Y es de allí que recibe el nombre de camín encantau, de los personajes tallados en madera que aparecen a medida que avanzamos en la ruta. El primero que nos da la bienvenida es Sumiciu, el duende que hace desaparecer los objetos.

Nuestros platos favoritos de estos días fueron las verdinas con pulpo y los tortos con huevo y adobu.

Cudillero (1 día)

Y llegamos al último día de nuestro viaje a Asturias y, como despedida, antes de dejar el coche de alquiler y volar de nuevo a Barcelona, visitamos Cudillero, un pequeño pueblo marinero enclavado en un acantilado, declarado Conjunto Histórico Artístico. El mar Cantábrico y las casas de colores nos dejaron maravillados. Y para disfrutar aún más del pueblo, del mar y de las vistas, os recomiendo que subáis a cualquiera de los miradores que lo rodean.

El plato estrella de Cudillero, para nosotros, fueron las zamburiñas.

Este fugaz viaje por Asturias, por sus paisajes más emblemáticos, su fauna, sus pueblos con historia y su gastronomía ha sido una experiencia para todos los sentidos y, desde luego, nos ha dejado con ganas de más, de volver a recorrer, de conocer y de disfrutar. Sin dudas, algún día, ¡volveremos a Asturias!

Lo que + y lo que -. Madagascar

Definitivamente el viaje a Madagascar no nos dejó indiferentes. Durante los 15 días que pasamos por el centro de la isla pudimos disfrutar de lugares y momentos maravillosos: el contacto con la naturaleza, con los lémures y demás fauna endémica, unos atardeceres y amaneceres magníficos, una maravillosa gastronomía… Sin embargo también hubo algunos no lo fueron tanto… Aquí tenéis nuestra valoración:

Lo mejor:

+ Conocer por fin a los lémures. Aunque la fauna y la naturaleza en general nos apasionan, los primates siempre han sido (y siguen siendo) un gran imán. Conocer al famoso rey Julien, al lémur más grande todos y al lémur más pequeño, entre muchos otros, fue todo un privilegio.

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+ El parque de Analamazaotra fue con diferencia mi favorito. Pasamos un poco de frío pero pudimos disfrutar un montón de la naturaleza tanto de día como de noche. Y despertarse con el canto de los indris fue algo increíble.

+ La reserva privada de Anja. Una muestra de que el turismo sostenible es posible. Aunque la reserva no tiene nada que ver con los parques naturales en cuanto a tamaño y a variedad de fauna y flora, en ella viven unas preciosas familias de lémures anillados y los beneficios repercuten directamente en la población local.

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+ El parque de Isalo. ¡Es como visitar multitud de paisajes en un solo paseo! Desde formaciones rocosas de tonos rojizos hasta exuberantes cascadas verdes ocultas en los hondos valles.

+ Abrazar los grandiosos y viejos baobabs nos dio una energía especial.

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+ La playa solitaria de Belo sur Mer, lejos del ajetreo de las ciudades y sin grandes comodidades. Indiscutiblemente nuestra definición de paraíso.

+ La gastronomía malgache. Una apetitosa mezcla de ingredientes y especias (miel, vainilla, jengibre, coco, pimienta…).

Lo peor:

– La pobreza. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y eso se hace patente a cada paso. Sin embargo, durante nuestro trayecto hacia el sur de la isla, uno de los lugares más afectados por la sequía, se me rompió el alma al ver niñxs pedir ¡agua! Durante nuestros viajes es habitual que los niñxs pidan bombones o lo que sea, pero que pidan agua porque no tienen ni para beber (ya ni decir para bañarse o lavar la ropa…) a mí me dejó trastocada. Por favor, si viajáis al sur de la isla y os piden “oviva” (del francés Eau vive, marca de agua embotellada) no se lo neguéis. Aunque tener agua a nosotros nos parece un derecho para otrxs es un privilegio.

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– El acoso de la gente. Justamente la pobreza y la falta de recursos conllevan a que se acose incesantemente a lxs vazaha (“blancxs” en malgache). Nos llegaron incluso a perseguir para vendernos cosas mientras íbamos a comer, esperarnos mientras comíamos y luego volver a perseguirnos a donde fuéramos. Y, creedme, comprar lo que sea no soluciona nada porque comprarle a unx implica que aparezcan 3-4 más y el proceso empieza de nuevo. Aunque lo cierto es que no nos lo encontramos en todos los sitios por lo que pasamos. Ifaty, sin duda, fue el peor en este sentido.

– La deforestación. La tala incontrolada de bosques, la plantación de árboles foráneos (sobre todo eucaliptos para producir carbón y árboles frutales) y los fuegos descontrolados no era lo que esperábamos ver. Los parques naturales y las pequeñas reservas son los únicos refugios de la fauna y de la flora endémicas, sin embargo estos ven reducido su tamaño cada día…

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– Las reservas privadas de Vakona y Peyreiras. Debido a la deforestación y a la pérdida de espacios naturales de bosques primarios y a la gran demanda por parte de lxs turistas de conocer fácil y rápido multitud de fauna endémica provoca la creación de reservas que en espacios reducidos, no siempre adecuados y muchas veces con fauna en jaulas. Una gran desilusión…

– El exagerado número de turistas que nos encontramos en el parque de Ranomafana, uno de los más famosos y visitados del país. No negaré que es uno de los mejores sitios para ver fauna (existe la posibilidad de ver 7 especies de lémures diurnos), sin embargo creo que para que este sitio se mantenga en estado natural se debería limitar el número de visitantes que accedan al parque cada día.

gente

– Hacer fotos con flash. La misma historia de siempre… Aunque las fotos no salen preciosas sin flash, creo yo que la finalidad principal del viaje es ver y disfrutar de la naturaleza. Y la fauna nocturna tiene una característica común: le molesta la luz y más cuando están cazando, comiendo o escondiéndose.

– La fuerte lluvia de Ranomafana que nos impidió disfrutar del parque en condiciones. Además, no llevamos chubasquero y eso nos hizo tener que abandonar el parque antes de tiempo… ¡No cometáis el mismo error que nosotros!

mirador

– El arduo trayecto de Belo sur Mer a Ifaty. Más de 14 horas de coche por caminos imposibles y hasta un trasbordador tirado por personas… Algo que nos pareció más típico de las historias coloniales que no del siglo XXI.

Playas de Madagascar – Morondava, Belo sur Mer e Ifaty

La isla de Madagascar es archiconocida por su fauna y flora endémicas y espectaculares, pero sobre todo por los lémures, que no se pueden ver en ningún otro lugar, los camaleones y los baobabs. Sin embargo, sus playas también son un gran atractivo, en especial las del norte de la isla. Nosotros no somos grandes aficionados al mar y a la playa y normalmente no son un punto imprescindible en nuestros itinerarios, pero esta vez, por cuestiones de logística (hacer el tour circular), pasamos unos cuantos días conociendo la costa oeste bañada por las cálidas aguas del canal de Mozambique. Nuestra aventura empezó en Morondava, pasando por Belo sur Mer e Ifaty, y acabó en Toliara. Y cuando digo “nuestra aventura” no es en sentido retórico sino que es la pura realidad: fue una verdadera aventura.

foto final

El trayecto hasta Morondava fue bastante tranquilo, por carreteras en bastante buen estado. Todo trascurrió sin más hasta que a nuestro coche se le quemó el motor por no tener agua para enfriarlo. Y allí que nos quedamos en medio de la nada esperando ver si poniéndole agua fría se arreglaría. Cabe decir que nuestro viaje fue en la época seca y en el sur de Madagascar hace un sol de justicia. A esto se le suma la deforestación, habiendo solamente algún árbol de Mango (árbol introducido) que pueda dar un poquito de sombra. El coche, finalmente, decidió dar su último soplo y se negó a moverse más de allí. Por suerte nuestra guía conocía más chóferes y en una horilla nos vino a buscar otro coche para llevarnos hasta el destino. El que fue nuestro chófer hasta aquí se quedó con el coche con la esperanza de que consiguiera solucionar la avería y pudiera llevarnos a los siguientes destinos en nuestro trayecto, pero ya os adelanto de que no fue así. La falta de piezas y el ritmo mora mora de lxs malgaches nos llevaron a una aventura paralela en este viaje: el cambio de chóferes y coches para cada etapa, algunos muy majos y profesionales, y algunos impresentables e irresponsables.

en la nada

Y bien, nuestra aventura comenzó con el primer gran atractivo: la Allée des baobabs (la avenida de los baobabs). ¿Quién no ha visto alguna vez alguna foto de esta avenida? Desde las más naturales hasta las más artísticas, en época de lluvias, en época seca… ¡Da igual! Todas ellas te hacen soñar con este páramo paradisíaco e invitan a desear viajar hasta allí. Esta avenida se puede visitar en cualquier momento del día, pero es particularmente famosa por sus atardeceres. El plan inicial era nada más llegar a Morondava ir directamente a ver la puesta de sol, pero la avería del coche nos hizo retrasarnos y por poco nos la perdemos. Sin embargo, este lugar mágico sigue la misma dinámica de los demás atractivos de Madagascar, como ya os expliqué en el parque de Ranomafana, y está atestado de turistas esperando luchando por conseguir la mejor foto. Aun así, debo confesar que el mejor momento es el que viene justo después de la puesta de sol, cuando todo el mundo se va y el cielo se cubre de colores tostados. El ambiente aquí está muy animado y es el mejor lugar para probar la fruta de baobab, de la que os hablé en Gastronomía malgache.

avenida baobabs

El baobab es uno de los árboles más auténticos de la isla por su forma tan particular: un tronco gordo, que sirve para retener el agua, y una copa con ramas cortas que le hacen parecer un árbol al revés. Este árbol tiene una madera blanda, por lo que no sirve para muebles o manufacturas. Aunque no lo parezca, tiene hojas, florece y produce fruta. En el mundo existen 8 especies de baobabs: una especie es endémica de Australia y no se puede encontrar en ningún otro lugar, otra especie vive por toda África, mientras que en Madagascar viven 7 especies, 6 de ellas endémicas. Es por ello que esta isla es uno de los mejores destinos si queréis conocer al viejo y emblemático baobab.

baobab camino

Aunque esta avenida es uno de los mejores sitios para ver baobabs (y también el más conocido y turístico de todos), durante nuestro trayecto de Morondava a Belo sur Mer pudimos ver muchísimos más, de diferentes especies y también de diferentes edades. Cabe decir que este trayecto no transcurre por carreteras asfaltadas, sino por carreteras de tierra llenas de baches. A lo largo del recorrido nos encontramos con algunos pequeños poblados con casas simples de madera y paja en la que viven lxs sakalava. Para acceder y pasar por cada poblado hay que cruzar barreras en las que hay que negociar un precio. También ofrecen comida a lxs transeúntes y para nosotros fue un buen momento para tomarnos un buen y refrescante coco, lo que dificultó el tráfico sobremanera, ya que, lo que no sabíamos es que hasta que no cruzábamos nosotros la barrera tampoco podían cruzar los demás coches que seguían nuestro mismo camino.

poblados

Después de muchísimas y laargaaas horas en el coche dando saltitos al pasar los grandes baches, por fin alcanzamos nuestro destino de playa: Belo sur Mer. Belo sur Mer es un pequeñísimo pueblo de pescadores situado a las orillas del mar. La oferta hotelera es muy limitada, habiendo solamente dos hotelillos regentados por locales y uno regentado por una pareja de franceses jubilados. Para poder disfrutar del mar, hay que tener en cuenta las mareas, ya que el nivel del mar en marea baja se retira muchísimo. Por la mañana la marea empieza a bajar dejando tras de sí una larguísima franja de piedra negra, mientras que por la tarde la marea sube llegando hasta la fina franja de arena. Los horarios de mareas varían según la época del año, por lo que es interesante preguntarlo en el hotel para no pillaros desprevenidos. A continuación os dejo algunos pros y contras de este sitio, pero ya os adelanto que por ser un pueblo pequeño, con una playa virgen y sin apenas gente lo convierte en el mejor lugar para desconectar y descansar. Un romanzo de paz a las orillas del mar.

playa belo sur mer

Pros

+ la playa virgen y sin apenas gente, más que lxs pescadores locales y unxs pocxs turistas

+ la arena fina y blanca y el agua calentita y limpia

+ la paz, la tranquilidad y la belleza del entorno

+ ver de cerca el día a día de lxs pescadores

Contras

– poca oferta hotelera. No os esperéis unos magníficos hoteles de lujo con todas las facilidades, porque no los encontraréis. Más bien se trata de olvidaros de las mejores comodidades y disfrutar simplemente del paraíso

– poca oferta gastronómica. Normalmente se compone de pescado y hay poca variedad (según lo que se pesque durante el día)

– poca oferta de actividades. Sin embargo se pueden alquilar kayaks o negociar con los pescadores algún trayecto en las barcas típicas

pueblo belo sur mer

Aquí disfrutamos de una magnífica puesta de sol y de un increíble amanecer y tras descansar y desconectar pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Ifaty. Este recorrido fue toodaaa una aventura. Esta vez nos tocó madrugar más de lo habitual ya que nos separaban unas 10 horas de trayecto por la misma carretera mala de tierra. Así que por la mañana temprano habíamos quedado con el que sería nuestro nuevo chófer, pero no aparecía. Y pasaron 10 min, 20 min, 30 min, una hora y nada. Finalmente se presentó un chico joven un poco malhumorado. Resultó que se había pasado toda la noche en las fiestas de un pueblo cercano y no había dormido absolutamente nada. Se había comprado unas bebidas energéticas y con eso pretendía llevarnos hasta Ifaty sabiendo que nos separaban más de 10 horas de trayecto. Fuimos a 80 km por hora por una carretera malísima, sin cinturones, con un conductor que no había dormido, por medio de la nada… ¡Viva la aventura!

camino

Pero esto no fue todo. Más o menos a la mitad del trayecto tuvimos que cruzar un gran río. Por lo visto hace unos años había un trasbordador que llevaba a los coches al otro lado, pero se estropeó y la falta de piezas y de personal calificado hicieron que se quedara amarrado en una orilla como un gran fantasma del pasado. Para nuestra incredulidad, el lugar del trasbordador lo ocuparon unas barcas enganchadas entre ellas, con una plataforma de madera encima y ¡tiradas por unos cuantos jóvenes! Sí, sí, unos cuantos jóvenes adolescentes tiraban de una larga cuerda para poder mover la gran plataforma cargada de coches, mercancías y gente, hasta la otra orilla a contra corriente. Nos pareció que de repente habíamos retrocedido des del siglo XXI a la época colonial. Según nos han comentado, esos jóvenes están encantados de hacerlo ya que en Madagascar encontrar trabajo es muy difícil y de esta manera consiguen ganarse un sueldo. Definitivamente no sabría deciros si estoy de acuerdo con ésta práctica o no…

trasbordador

Pasado ya el río, seguimos por nuestro camino de tierra hasta casi alcanzar nuestro destino, cuando ya nos volvimos a encontrar una carretera mínimamente asfaltada. Las 10  horas finalmente se transformaron en 14 larguíiiisimas horas. Llegamos a Ifaty de noche cansados y con el culo cuadrado. A diferencia de Belo sur Mer, Ifaty es un pueblo muy turístico, con mucha oferta hotelera, gastronómica y de ocio. Aquí la marea también deja al descubierto una larga franja de tierra, por lo que para bañarse hay que desplazarse muchísimo, pero al atardecer el mar vuelve a conquistar el terreno posibilitando el baño. Como en el caso anterior, os dejo unos pros y contras.

foto ifaty

Pros

+ como ya dije hay una gran oferta hotelera, con hoteles para todos los bolsillos y niveles de comodidades, una gran oferta gastronómica y muchísimas actividades tanto acuáticas como de naturaleza.

+ os recomiendo que entréis en cualquier chiringuito que veas, aunque os parezca cutre, y disfrutéis de muy buenos platos de pescado y marisco, siempre recién pescado como ya os expliqué en la crónica de Gastronomía malgache.

+ la playa, igual que en el caso anterior, es extensa, arena blanca fina y un agua calentita y limpia

Contras

– al ser un sitio tan turístico no puedes encontrar la tranquilidad de Belo sur Mer. Además de multitud de turistas también hay multitud de locales (sobre todo niñxs) prácticamente acosándote para venderte de todo: actividades, collares, souvenirs de todo tipo, pinturas faciales y corporales, trenzas y un largo etc. etc.

– para poder tomar el sol “en tranquilidad” los hoteles disponen de trozos de playa separados por cuerdas a los que lxs locales no tienen permitido acceder.

puesta sol ifaty

Y ya después de estos días de desconexión retomamos nuestro trayecto hacía Toliara, ya con un chófer más responsable y descansado, para ya emprender el camino de vuelta a la capital. Como ya os dije, no somos muy de playa y solamente hemos visitado (y disfrutado) de estos destinos costeros. Morondava y Toliara son dos pueblos abarrotados de gente que también tienen su encanto, pero definitivamente para descansar os recomiendo algunos de los pueblos pesqueros más pequeños. Aquí tenéis dos muy diferentes entre sí, como habéis podido ver, pero que os pueden orientar en función de lo que busquéis: playas vírgenes sin apenas nadie en las que desconectar totalmente o por el contrario ese destino playero con hoteles buenos y amplia oferta gastronómica y de ocio. A nosotros nos han encantado los dos, tanto Belo sur Mer como Ifaty, y qué os voy a decir, también el trayecto que los une, aunque cansado y un pelín pesado, también fue una aventura. Animaros a conocer nuevos destinos. ¡No os arrepentiréis!

foto