Experiencias en Japón: ceremonia del té con kimono en Izumi

Izumi es un pequeño pueblo en la prefectura de Kagoshima famoso por las 10.000 grullas que emigran desde Siberia, por el templo zen Rinzai más antiguo de Japón (Kannoji) y por haber sido hogar de temidos samuráis. Este pueblo pertenecía al dominio de Satsuma, territorio que abarcaba la actual prefectura de Kagoshima y parte de la prefectura de Miyazaki (hasta 1587 incluía los pueblos de Obi y Uzuki). Este dominio fue controlado por el clan Shimazu y fue uno de los más poderosos de Japón, con una kokudaka (medida de producción de arroz) de 770.000 koku (mayor incluso que el dominio de Sendai). En el pequeño Museo de Historia Izumi-Fumoto se pueden ver algunas de las armas y armaduras de los samuráis de Satsuma, mientras que en el cementerio de Kannoji, templo construido en 1194 por orden de Shimazu Tadaisha, se encuentran las tumbas de las primeras cinco generaciones de la familia Shimazu. Además, en el interior se puede observar una impresionante estatua de Kannon de 11 caras y 1000 brazos, tallada en 1445.

El clan Shimazu consiguió preservar su posición de poder en Japón a pesar de haber sufrido derrotas significativas en momentos clave de la historia. Tras ser vencidos por Toyotomi Hideyoshi durante la campaña de Kyushu en 1587, y encontrarse en el bando perdedor en la famosa batalla de Sekihagara en 1600, los Shimazu lograron mantener su influencia cuando el shogun Tokugawa Ieyasu asumió el control del país. Durante el período Edo (1603-1868), el clan gozó de una notable autonomía y siguió siendo uno de los más relevantes y poderosos del archipiélago. Entre los miembros más destacados del clan sobresale la figura de Saigo Takamori (1828-1877), conocido como el último samurái. Takamori lideró la Rebelión Satsuma (1877), motivada por las persecuciones que los samuráis sufrían por parte del gobierno Meiji, marcando así el final de una era en la historia japonesa.

Durante el sogunato Tokugawa, se imponía a los daimios la restricción de poseer únicamente un castillo central. Sin embargo, el clan Shimazu encontró una manera de sortear esta limitación: además del castillo de Kagoshima, dividió su extenso territorio en 113 pueblos-fortaleza conocidos como Tojo. Dentro de estos Tojo se encontraban los Fumoto, barrios reservados a la clase samurái, cuyo punto central era la residencia (kariya) del daimio de Satsuma cuando se desplazaba por el territorio. Los Fumoto desempeñaban un papel crucial, pues estaban concebidos como puntos estratégicos de protección frente a posibles enemigos, garantizando así la seguridad del dominio. Gracias a esta estructura, Satsuma contaba con un porcentaje de samuráis superior al de otros dominios, lo que reforzaba su capacidad militar y administrativa.

El Tojo de Izumi fue el primero y el más grande de todos. Unas 150 residencias en Izumi-Fumoto, que se remontan al siglo XVI, permanecen intactas y el barrio ha sido reconocido como Distrito de Importante Conservación de Conjuntos de Edificios Tradicionales. Una característica de estas residencias son los muros de piedra que delimitan y protegen las propiedades, setos altos que refuerzan la privacidad e incluso la presencia de fosos en algunas residencias. Todos estos elementos arquitectónicos cumplían una función defensiva, permitiendo a los habitantes mantener la seguridad frente a posibles ataques. Los samuráis que vivían en los Fumoto dedicaban sus días a entrenar, pero también a llevar la administración regional, fabricar papel washi, cultivar el campo o incluso trabajar como herreros. Las calles, conocidas como baba, rodeaban las casas y, además de servir para entrenar, ofrecían una capa adicional de defensa frente a posibles intrusos.

Dos de las Residencias Samurái de Izumi-Fumoto están abiertas al público: Takezoe-tei y Saisho-tei. Takezoe-tei fue la residencia de un samurái de alto rango. En su interior, se exhibe una extensa colección de vajillas y utensilios antiguos, junto con una katana, una armadura y otras piezas históricas relevantes. La residencia Saisho-tei destaca por sus espacios ocultos, diseñados para defensa. Tiene una zona de tiro con arco tras una puerta desmontable, varios escondites en los pisos superiores y un túnel secreto para escapar durante ataques.  

Una de las actividades de las que se puede disfrutar en Izumi es participar en una ceremonia del té vestidos con kimonos. La preparación para este evento comienza con la asistencia de las miembros de la Asociación de Kimonos de Izumi, quienes se encargaron de vestirnos con esmero. Para los hombres, únicamente se ofrece un modelo de kimono, mientras que las mujeres tenemos la posibilidad de elegir tanto el kimono como el obi (cinturón), lo que añade un toque personalizado a la experiencia. Además, las mujeres podemos quedarnos con el kimono, el obi y los calcetines (tabi), a diferencia de los hombres, que deben devolver las prendas tras la actividad. Mientras elegía el kimono, las señoras aprovecharon para vestir a Xavi, y posteriormente me ayudaron a mí. Una vez vestidos, nos dirigimos hacia la residencia Saisho donde tendría lugar la ceremonia del té.

Allí nos recibió la encargada de la ceremonia, acompañada por una señora que tocaba el koto, el arpa tradicional japonesa, aportando así una atmósfera especial al evento. La ceremonia del té japonesa, conocida como Cha-no-ya, tiene profundas raíces en el budismo zen y se rige por cuatro principios fundamentales: wa (armonía), kei (respeto), sei (pureza) y yaku (tranquilidad). Tradicionalmente, esta ceremonia se realiza en una casa de té o chashitsu, donde la anfitriona prepara el té macha utilizando un batidor de bambú llamado chasen y lo sirve a los invitados realizando una reverencia como muestra de respeto. Sin embargo, en nuestro caso, el té ya venía preparado, por lo que no pudimos observar el proceso de elaboración.

La experiencia incluyó la degustación de una taza de té macha acompañada de un dulce japonés (wagashi), cuyo propósito es equilibrar el amargor del té. Para ambos, existe un protocolo estricto que debimos seguir. Al recibir el dulce y el té, se debe hacer una reverencia en señal de cortesía. El dulce se toma primero, en dos bocados, y después se procede a tomar el cuenco de té: se sostiene con la mano derecha y se apoyaba sobre la palma de la mano izquierda. Antes de beber, se debe admirar el cuenco (chawan) y girarlo dos veces en el sentido de las agujas del reloj, de modo que su parte más bonita quede orientada hacia la anfitriona, como muestra de humildad. El té se bebe generalmente en tres sorbos, y al finalizar es necesario volver a girar el cuenco dos veces en sentido contrario antes de dejarlo nuevamente en la bandeja. La ceremonia del té duró en total unos diez minutos como mucho.

Tras finalizar la ceremonia, nos ofrecieron la posibilidad de tocar el koto, a lo que me apunté enseguida. Como Xavi llamaba mucho la atención por su estatura y lo bien que lucía el traje, las señoras le ofrecieron un antiguo casco y una katana para que pudiera tomarse fotos al estilo de un verdadero samurái. Antes de marchar, la señora aprovechó para regalarnos unas figuras de origami que ella misma había hecho especialmente para nosotros. Sin duda, fue el mejor regalo que recibimos durante nuestro viaje por Japón.

Nuestra visita a Izumi-Fumoto fue una inmersión en la tradición y el legado samurái, acompañada de una experiencia única. Sin duda, Izumi permanecerá en nuestra memoria como un destino especial, que nos enseñó el valor de la armonía, el respeto y la amabilidad que definen la cultura japonesa.

Omisoka o la despedida del año en Obi (Nichinan)

Despedimos el año 2025 en Obi, un antiguo pueblo samurai que actualmente pertenece a la ciudad de Nichinan (prefectura de Miyazaki). Su historia se remonta al período Nanbokucho (1336-1392) cuando el clan Tsuchimochi fundó un castillo en este lugar. Adquirió importancia cuando el clan Shimazu fortificó el recinto para poder defenderse del clan Ito, quién salió vencedor en 1567. En 1572 el clan Shimazu recuperó el territorio y lo mantuvo hasta 1587 cuando el clan Ito, aliado de Toyotomi Hideyoshi, lo recuperó como recompensa por su lealtad. Y desde entonces, su historia fue ligada al clan Ito hasta la restauración Meiji (1868-1912). La ciudadela de Obi contaba por ese entonces con una extensión de terreno de 51.000 koku, casi nada si lo comparamos con el dominio de Sendai o el dominio de Satsuma. Kokudaka se refiere al sistema de medir la riqueza de un territorio teniendo en cuenta su producción de arroz utilizado durante el período Edo (1603-1868). Por ende, un koku equivaldría a un peso de 150 kg de arroz (o un volumen de 180 litros).

El castillo de Obi forma parte de los 100 castillos notables de Japón, junto a otros que visitamos durante nuestros viajes: castillo de Hirosaki, castillo de Morioka, castillo de Sendai, castillo Kubota en Akita, castillo de Yamagata, castillo de Kumamoto, castillo Nijo en Kyoto, o el castillo de Osaka. Actualmente se pueden visitar la puerta Otemon reconstruida en 1978, el Museo Histórico donde se exhiben armaduras y armas samurái, Matsuo-no-Maru, una réplica de la residencia de la mujer del daimio del clan Ito, o la residencia Yoshokan, construida en 1869 y famosa por su jardín japonés. Sin embargo, entre 28 y 31 de diciembre todos estos edificios permanecen cerrados. Lo que sí se pueden visitar son el parque del castillo con sus muros de piedra cubiertos de musgo, el foso y la ciudad samurái que creció alrededor y que aún se conserva. A menudo nombrada como la Kioto de Kuyshu, pasear por sus calles es como retroceder en el tiempo al período Edo. En 1977 se designó como uno de los Distritos de Preservación de Conjuntos de Edificios Históricos.

La celebración de Año Nuevo en Japón no tiene nada que ver con lo que se vive en España o en Europa. El año no se despide con fiestas ni fuegos artificiales, sino con una serie de ceremonias y rituales cargados de simbolismo. Un ejemplo de estos símbolos son los adornos kadomatsu (pino y bambú) y shimekazari (cuerdas de arroz) o las ofrendas kagamimochi (mochi redondos). Kadomatsu es un adorno formado por tres elementos: cañas de bambú, ramas de pino y ramas de ciruelo que representan la fortaleza, la longevidad y la prosperidad. Van en pares, colocados a la entrada para dar la bienvenida a los dioses (kami). Estos se colocan entre el 26 y el 28 de diciembre y se retiran el 7 de enero. De manera similar, shimekazari es un adorno que cuelga sobre la puerta de la entrada y cuya finalidad es proteger contra la mala suerte y preparar el hogar para recibir al dios del año nuevo, Toshigami. Este adorno está hecho de cuerda de paja de arroz (shimenawa), origami y cítricos. Por otro lado, kagamimochi consta de dos pasteles de arroz apilados uno encima de otro coronados con una naranja daidai y que es una ofrenda común en estas fechas en los santuarios. También es costumbre tener un kagamimochi (símbolo de la continuidad familiar y la buena fortuna) en el altar sintoísta dentro de casa. El día 11 de enero se celebra kagami biraki o la ceremonia de romper el mochi. Estos mochis no se pueden cortar con el cuchillo (mal augurio) sino que se rompen con las manos o con un pequeño mazo y los trozos se cocinan en sopa (ozoni).

Japón celebra omisoka, la despedida del año, el 31 de diciembre desde que adoptó el calendario gregoriano en 1873. Durante esta noche es común cenar toshikoshi soba (fideos de año nuevo) y visitar los templos para escuchar las 108 campanadas (Joya no Kane). Según la tradición budista, 108 son los deseos, preocupaciones o tentaciones que el ser humano puede tener (que nos recordaron a las 108 postraciones que hicimos en el templo budista de Corea del Sur). Al hacer sonar la campana 108 veces, se limpian los pecados del año previo para poder empezar el nuevo año con el alma purificada y la mente en calma. Le siguen hatsuhinode, el primer amanecer del año y hatsumode, la primera visita a los santuarios del año, que nosotros también cumplimos. Sin embargo, en Japón hay muchas más costumbres relacionadas con el Año Nuevo como kakizome o el primer escrito del año (2 de enero) que consiste en escribir el propósito o el deseo para el nuevo año; asaburo o el primer baño del año (2 de enero) generalmente en aguas termales; o hatsuyume o el primer sueño del año (la noche del 1 al 2 de enero) que indica cómo irá el próximo año. Según el simbolismo tradicional, los tres sueños más auspiciosos (ichi Fuji, ni Taka, san Nasubi) son: estar en la cima del monte Fuji, que representa alcanzar elevados logros; soñar con halcones (Taka), símbolo de éxito en la consecución de objetivos; y soñar con berenjenas (Nasubi), asociado a alcanzar el éxito debido a su similitud fonética.  

Pasar la nochevieja en Obi fue una experiencia única, ya que a diferencia de España y otros países, en Japón el año se despide con calma y espiritualidad. Aquí sentimos la magia de empezar un nuevo ciclo rodeados de simbolos y buenos deseos y ahora Obi tiene un lugar en nuestro corazón. Y allí, lejos de casa, nuestro mayor deseo fue poder descubrir nuevos destinos que nos llenen el alma de experiencias auténticas, permitiéndonos aprender de culturas distintas y ampliar nuestra visión del mundo. Que cada viaje nos acerque a personas especiales, nos regale momentos de paz y nos inspire a seguir explorando con curiosidad y respeto. ¡Ojalá podamos seguir sumando recuerdos inolvidables por el camino y disfrutar de la magia de cada nuevo lugar!

Yakushima, pequeño paraíso natural

La pequeña isla de Yakushima, situada al sur de Kyushu, es un destino imprescindible para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de una isla montañosa con más de 30 picos con una altitud superior a los 1000 m sobre el nivel del mar, pero que, a diferencia de otras islas cercanas, no alberga volcanes activos. Tiene un clima subtropical húmedo y es uno de los lugares más lluviosos del mundo, tanto, que se dice que llueve 35 días al mes. Esto ha favorecido el desarrollo de un denso bosque formado principalmente de coníferas llamadas sugi (Cryptomeria japonica). Aunque los sugis se conocen con el nombre de cedros japoneses, el término es incorrecto ya que no pertenecen al mismo género que los cedros (Cedrus). Los ejemplares más antiguos (de más de 1000 años) reciben el nombre de yakusugi (combinando el nombre de la isla, Yakushima, y sugi) y aquí viven los ejemplares más longevos de todo el archipiélago. Gracias a sus extensos bosques y a los viejos yakusugi, fue reconocida como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1993, siendo justamente el primer territorio en ser reconocido como tal en Japón.

Esta especie de árbol crece por todo Japón, pero lo que hace especiales a los sugi de Yakushima es su extraordinaria longevidad. Lo común es que vivan unos 500 años, aunque hay excepciones como un sugi de 1500 años en la prefectura de Niigata, sin embargo, en esta pequeña isla hay ejemplares de entre 2200 y 7200 años (Jomon Sugi presume de ser el más antiguo). La longevidad de los yakusugis se debe a las condiciones en las que viven, con muchas precipitaciones y un suelo poco nutritivo, lo que hace que crezcan muy lentamente. Además, en su interior acumulan grandes cantidades de resina que les protege de las enfermedades y la descomposición. Precisamente por su alto contenido en resina fue una madera muy valorada durante el Período Edo (1603-1868) cuando se usaba para la producción de tejas por ser una madera ligera e impermeable. Y es que, a pesar de lo que muchos creen, el bosque que cubre Yakushima no es bosque primario, sino secundario, habiendo sido la mayor parte talada y reforestada hasta la década de 1970 cuando se instauró un régimen de conservación.

La explotación maderera ha contribuido al encanto actual de Yakushima. Los árboles que no crecíeron rectos ni altos se salvaron de la tala y éstos son justamente los yakusugi, los grandes tesoros naturales de la isla. Por otro lado, de los árboles talados se conservan aún los tocones que se resisten a la descomposición gracias a la resina acumulada en su interior. Estos tocones antiguos reciben el nombre de domaiboku y son, en ocasiones, la base de jóvenes sugi que aprovecharon el claro de luz para ocupar el lugar de sus ancestros caídos. Actualmente, los yakusugi no solo son testigos del pasado forestal de la isla, sino que también albergan una gran variedad de plantas epífitas (que viven sobre otras plantas) y los bosques de sugi son refugio para numerosas especies vegetales y animales endémicos.

En cuanto a la fauna, la isla es famosa por los ciervos sika, conocidos como yakushika (Cervus nippon yakushimae), y los macacos llamados yakuzaro (Macaca fuscata yakui), ambos endémicos. Los ciervos de Yakushima son la subespecie más pequeña de ciervo sika japonés. Aunque son más difíciles de ver que los macacos, a menudos se les ven juntos en los márgenes de las carreteras. Los macacos de Yakushima también son una subespecie de menor tamaño de macaco japonés (o macaco de cara roja; Macaca fuscata). Es un primate catarrino de la familia Cercopithecidae, igual que el macaco negro crestado que vimos en Sulawesi (Indonesia). Forman grupos de pequeño tamaño y son omnívoros, alimentándose de frutas, bayas, semillas, flores, hojas jóvenes, insectos, cangrejos y huevos de aves.

Se cree que la isla ha sido habitada de forma continua desde el período Jomon y, se menciona en diferentes documentos antiguos, tanto chinos (dinastías Sui y Tang) como japoneses (Período Nara, 710-794). Forma parte del conjunto de islas llamado Osumi-Shoto y administrativamente pertenece a la prefectura de Kagoshima. Se puede llegar en ferry desde la ciudad de Kagoshima o en avioneta desde diferentes ciudades como Osaka o Fukuoka. Hay una carretera principal que rodea la isla y algunas carreteras de montaña que conducen al interior, accesible únicamente mediante rutas de senderismo. Dos líneas de autobuses recorren la costa con mayor o menor frecuencia, pero en nuestra opinión, lo ideal es alquilar un coche para desplazarse con tranquilidad, que es lo que hicimos nosotros. Gracias a esto pudimos recorrer la isla de lado a lado durante dos días y medio y esto es lo que hemos visitado:

Yakisugui Land es un parque natural con una extensión de 270 hectáreas y se encuentra a altitudes de 1000-1300 m. Fue diseñado como un Bosque de Recreación Natural junto a Shiratani Unsuikyo en 1974 y por esta razón cada parque ofrece descuentos con la entrada para acceder al otro. Hay cinco rutas disponibles, todas ellas circulares, de diferentes longitudes y niveles de dificultad:

· Las rutas de 30 min (0.8 km) y 50 min (1.2 km) son recorridos bien mantenidos, con pasarelas de madera y caminos pavimentados con piedra.

· Las rutas de 80 min (2.0 km), 150 min (3.0 km) y 210 min (4.4 km) son rutas de montaña. Nosotros hicimos la ruta de 80 min y fue espectacular. Se cruzan puentes colgantes, lechos de río y yakusugis, como el Buddhasugi, un árbol de unos 1800 años con una circunferencia de 8 m y una altura de 21,5 m.

Shiratani Unsuikio es un parque natural situado a una altitud de 1500 m que cubre un área de 424 hectáreas, conocido como área de Shiratani. Hay tres rutas con diferentes niveles de dificultad y duración:

· el recorrido Yayoisugi de unos 2 km de longitud (circular) con una duración de una hora y 10 min. Es el más corto y en mejor estado, con escaleras de madera y caminos pavimentados.

 · el recorrido Bugyosugi de unos 4 km de longitud (circular) y una duración de 3 h. Este recorrido estaba cerrado cuando nosotros fuimos.

· el recorrido Taikoiwa, recorrido de montaña de ida y vuelta con una longitud de 5.5 km y una duración de 5 h. El punto final es la roca Taikoiwa desde la que se puede disfrutar de una vista panorámica de la isla. A lo largo del camino pueden verse varios yakusugi, sin embargo, el principal atractivo de esta ruta es el boque cubierto de musgo que inspiró a Hayao Miyazaki para el escenario de la película de animación La princesa Mononoke. Esta es la ruta que nosotros hicimos y solamente podemos decir que es espectacular.

El santuratio Masuku o Yaku-jinja está ubicado cerca del puerto de Miyanoura y es fácilmente accesible. Fue fundado en 806 y está dedicado a Yamasachihiko, el dios protector de la isla de Yakushima y la vecina Tanegashima.

Siguiendo por la costa, se llega al santuario Yahazudake, un pequeño santuario situado en un lugar un tanto remoto, cuyo su torii rojo puede verse desde la lejanía. Tras cruzar el torii se desciende por unas escaleras de piedra hasta al nivel del mar donde se encuentra la cueva con el santurario. Aunque actualmente parece un tanto descuidado, tiene su encanto.

El valle Yoggo es el lecho de un río lleno de enormes piedras graniticas que forman piscinas naturales de agua cristalina. ¡Un lugar precioso!

La cascada Oko (Oko-no-taki) es la más alta, con una caída de 88 m, y una de las más impresionantes de Yakushima.

La cascada Senpiro (Senpiro-no-taki), también conocida como cataratas Chihiro, se encuentra en un paisaje imponente. Se puede ver desde el mirador, o bien bajando las escaleras hasta sus pies. El bosque circundante es hogar de varios grupos de macacos.

Gajumaru Bayan Garden es un pequeño jardín de banianos (Ficus microcarpa) cuyo nombre en japonés es gajumaru. Se trata de un árbol tropical famoso por sus raíces aéreas y su gran longevidad. Es considerado como sagrado en la cultura ryukyu (Okinawa) ya que se asocia a la energía vital y a espíritus que traen buena fortuna (Kajimuna). En este jardín destaca uno en particular con una antigüedad de entre 200 y 300 años.

Consideraciones finales:

-Desde 28 de diciembre hasta 4 de enero son días festivos en Japón, por lo que muchos puntos de interés permanecen cerrados, incluidos museos, algunas tiendas, restaurantes u hoteles.

-En estas fechas es mejor hacer reserva en los restaurantes, especialmente si queréis probar platos típicos, como el pez volador.

-Muchas carreteras son muy estrechas, prácticamente un carril para los dos sentidos, por lo que conviene ir con precaución y no correr. Además, en las carreteras se reúnen macacos para acicalarse aprovechando el calor que desprende el asfalto.

-No hay que acercarse a los macacos ni a los ciervos, no solo porque están protegidos sino porque son animales salvajes y pueden ponerse agresivos si se sienten amenazados, y ¡ni que decir que no hay que alimentarlos!

-Hay que informar al hotel de las rutas de treking que se van a realizar y las fechas. Los hoteles también pueden preparar bento para comer durante las rutas de trekking, pero, por favor, no tiréis basura en el bosque. ¡Seamos responsables!

-Ni cabe decir que no hay que salirse de los caminos o dañar el musgo, árboles u otras plantas.

Y, dicho esto, espero que incluyáis Yakushima en vuestra ruta por Japón, ya que esta isla cautiva con su naturaleza y la singularidad de sus paisajes. Sin duda, una experiencia que deja huella.