Yakushima, pequeño paraíso natural

La pequeña isla de Yakushima, situada al sur de Kyushu, es un destino imprescindible para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de una isla montañosa con más de 30 picos con una altitud superior a los 1000 m sobre el nivel del mar, pero que, a diferencia de otras islas cercanas, no alberga volcanes activos. Tiene un clima subtropical húmedo y es uno de los lugares más lluviosos del mundo, tanto, que se dice que llueve 35 días al mes. Esto ha favorecido el desarrollo de un denso bosque formado principalmente de coníferas llamadas sugi (Cryptomeria japonica). Aunque los sugis se conocen con el nombre de cedros japoneses, el término es incorrecto ya que no pertenecen al mismo género que los cedros (Cedrus). Los ejemplares más antiguos (de más de 1000 años) reciben el nombre de yakusugi (combinando el nombre de la isla, Yakushima, y sugi) y aquí viven los ejemplares más longevos de todo el archipiélago. Gracias a sus extensos bosques y a los viejos yakusugi, fue reconocida como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1993, siendo justamente el primer territorio en ser reconocido como tal en Japón.

Esta especie de árbol crece por todo Japón, pero lo que hace especiales a los sugi de Yakushima es su extraordinaria longevidad. Lo común es que vivan unos 500 años, aunque hay excepciones como un sugi de 1500 años en la prefectura de Niigata, sin embargo, en esta pequeña isla hay ejemplares de entre 2200 y 7200 años (Jomon Sugi presume de ser el más antiguo). La longevidad de los yakusugis se debe a las condiciones en las que viven, con muchas precipitaciones y un suelo poco nutritivo, lo que hace que crezcan muy lentamente. Además, en su interior acumulan grandes cantidades de resina que les protege de las enfermedades y la descomposición. Precisamente por su alto contenido en resina fue una madera muy valorada durante el Período Edo (1603-1868) cuando se usaba para la producción de tejas por ser una madera ligera e impermeable. Y es que, a pesar de lo que muchos creen, el bosque que cubre Yakushima no es bosque primario, sino secundario, habiendo sido la mayor parte talada y reforestada hasta la década de 1970 cuando se instauró un régimen de conservación.

La explotación maderera ha contribuido al encanto actual de Yakushima. Los árboles que no crecíeron rectos ni altos se salvaron de la tala y éstos son justamente los yakusugi, los grandes tesoros naturales de la isla. Por otro lado, de los árboles talados se conservan aún los tocones que se resisten a la descomposición gracias a la resina acumulada en su interior. Estos tocones antiguos reciben el nombre de domaiboku y son, en ocasiones, la base de jóvenes sugi que aprovecharon el claro de luz para ocupar el lugar de sus ancestros caídos. Actualmente, los yakusugi no solo son testigos del pasado forestal de la isla, sino que también albergan una gran variedad de plantas epífitas (que viven sobre otras plantas) y los bosques de sugi son refugio para numerosas especies vegetales y animales endémicos.

En cuanto a la fauna, la isla es famosa por los ciervos sika, conocidos como yakushika (Cervus nippon yakushimae), y los macacos llamados yakuzaro (Macaca fuscata yakui), ambos endémicos. Los ciervos de Yakushima son la subespecie más pequeña de ciervo sika japonés. Aunque son más difíciles de ver que los macacos, a menudos se les ven juntos en los márgenes de las carreteras. Los macacos de Yakushima también son una subespecie de menor tamaño de macaco japonés (o macaco de cara roja; Macaca fuscata). Es un primate catarrino de la familia Cercopithecidae, igual que el macaco negro crestado que vimos en Sulawesi (Indonesia). Forman grupos de pequeño tamaño y son omnívoros, alimentándose de frutas, bayas, semillas, flores, hojas jóvenes, insectos, cangrejos y huevos de aves.

Se cree que la isla ha sido habitada de forma continua desde el período Jomon y, se menciona en diferentes documentos antiguos, tanto chinos (dinastías Sui y Tang) como japoneses (Período Nara, 710-794). Forma parte del conjunto de islas llamado Osumi-Shoto y administrativamente pertenece a la prefectura de Kagoshima. Se puede llegar en ferry desde la ciudad de Kagoshima o en avioneta desde diferentes ciudades como Osaka o Fukuoka. Hay una carretera principal que rodea la isla y algunas carreteras de montaña que conducen al interior, accesible únicamente mediante rutas de senderismo. Dos líneas de autobuses recorren la costa con mayor o menor frecuencia, pero en nuestra opinión, lo ideal es alquilar un coche para desplazarse con tranquilidad, que es lo que hicimos nosotros. Gracias a esto pudimos recorrer la isla de lado a lado durante dos días y medio y esto es lo que hemos visitado:

Yakisugui Land es un parque natural con una extensión de 270 hectáreas y se encuentra a altitudes de 1000-1300 m. Fue diseñado como un Bosque de Recreación Natural junto a Shiratani Unsuikyo en 1974 y por esta razón cada parque ofrece descuentos con la entrada para acceder al otro. Hay cinco rutas disponibles, todas ellas circulares, de diferentes longitudes y niveles de dificultad:

· Las rutas de 30 min (0.8 km) y 50 min (1.2 km) son recorridos bien mantenidos, con pasarelas de madera y caminos pavimentados con piedra.

· Las rutas de 80 min (2.0 km), 150 min (3.0 km) y 210 min (4.4 km) son rutas de montaña. Nosotros hicimos la ruta de 80 min y fue espectacular. Se cruzan puentes colgantes, lechos de río y yakusugis, como el Buddhasugi, un árbol de unos 1800 años con una circunferencia de 8 m y una altura de 21,5 m.

Shiratani Unsuikio es un parque natural situado a una altitud de 1500 m que cubre un área de 424 hectáreas, conocido como área de Shiratani. Hay tres rutas con diferentes niveles de dificultad y duración:

· el recorrido Yayoisugi de unos 2 km de longitud (circular) con una duración de una hora y 10 min. Es el más corto y en mejor estado, con escaleras de madera y caminos pavimentados.

 · el recorrido Bugyosugi de unos 4 km de longitud (circular) y una duración de 3 h. Este recorrido estaba cerrado cuando nosotros fuimos.

· el recorrido Taikoiwa, recorrido de montaña de ida y vuelta con una longitud de 5.5 km y una duración de 5 h. El punto final es la roca Taikoiwa desde la que se puede disfrutar de una vista panorámica de la isla. A lo largo del camino pueden verse varios yakusugi, sin embargo, el principal atractivo de esta ruta es el boque cubierto de musgo que inspiró a Hayao Miyazaki para el escenario de la película de animación La princesa Mononoke. Esta es la ruta que nosotros hicimos y solamente podemos decir que es espectacular.

El santuratio Masuku o Yaku-jinja está ubicado cerca del puerto de Miyanoura y es fácilmente accesible. Fue fundado en 806 y está dedicado a Yamasachihiko, el dios protector de la isla de Yakushima y la vecina Tanegashima.

Siguiendo por la costa, se llega al santuario Yahazudake, un pequeño santuario situado en un lugar un tanto remoto, cuyo su torii rojo puede verse desde la lejanía. Tras cruzar el torii se desciende por unas escaleras de piedra hasta al nivel del mar donde se encuentra la cueva con el santurario. Aunque actualmente parece un tanto descuidado, tiene su encanto.

El valle Yoggo es el lecho de un río lleno de enormes piedras graniticas que forman piscinas naturales de agua cristalina. ¡Un lugar precioso!

La cascada Oko (Oko-no-taki) es la más alta, con una caída de 88 m, y una de las más impresionantes de Yakushima.

La cascada Senpiro (Senpiro-no-taki), también conocida como cataratas Chihiro, se encuentra en un paisaje imponente. Se puede ver desde el mirador, o bien bajando las escaleras hasta sus pies. El bosque circundante es hogar de varios grupos de macacos.

Gajumaru Bayan Garden es un pequeño jardín de banianos (Ficus microcarpa) cuyo nombre en japonés es gajumaru. Se trata de un árbol tropical famoso por sus raíces aéreas y su gran longevidad. Es considerado como sagrado en la cultura ryukyu (Okinawa) ya que se asocia a la energía vital y a espíritus que traen buena fortuna (Kajimuna). En este jardín destaca uno en particular con una antigüedad de entre 200 y 300 años.

Consideraciones finales:

-Desde 28 de diciembre hasta 4 de enero son días festivos en Japón, por lo que muchos puntos de interés permanecen cerrados, incluidos museos, algunas tiendas, restaurantes u hoteles.

-En estas fechas es mejor hacer reserva en los restaurantes, especialmente si queréis probar platos típicos, como el pez volador.

-Muchas carreteras son muy estrechas, prácticamente un carril para los dos sentidos, por lo que conviene ir con precaución y no correr. Además, en las carreteras se reúnen macacos para acicalarse aprovechando el calor que desprende el asfalto.

-No hay que acercarse a los macacos ni a los ciervos, no solo porque están protegidos sino porque son animales salvajes y pueden ponerse agresivos si se sienten amenazados, y ¡ni que decir que no hay que alimentarlos!

-Hay que informar al hotel de las rutas de treking que se van a realizar y las fechas. Los hoteles también pueden preparar bento para comer durante las rutas de trekking, pero, por favor, no tiréis basura en el bosque. ¡Seamos responsables!

-Ni cabe decir que no hay que salirse de los caminos o dañar el musgo, árboles u otras plantas.

Y, dicho esto, espero que incluyáis Yakushima en vuestra ruta por Japón, ya que esta isla cautiva con su naturaleza y la singularidad de sus paisajes. Sin duda, una experiencia que deja huella.

Sabores de Japón: descubriendo el umami

Durante nuestro segundo viaje por Japón, visitamos, por un lado, Osaka, Kioto y Nara, y, por otro, las islas de Yakushima y Kyushu, y en esta crónica os presentaré algunos de los platos típicos que hemos tenido el placer de degustar. Podéis encontrar otros platos típicos de Japón, y en particular de la región de Tohoku, aquí.

Nara

Nara fue la primera capital permanente de Japón y acogió la corte imperial entre los años 710 y 794 (período conocido como período Nara). En esta ciudad se pueden probar dos platos emblemáticos cuyo origen se remonta a ese período: el kakinoha sushi y el Yamato chagayu. Cuentan que el kakinoha sushi fue elaborado por un monje budista llamado Gyoki que lo ofrecía a los visitantes que acudían al templo Todai-ji. Se trata de sushi envuelto en hojas de caqui (kaki no ha), la fruta típica de la región. Por un lado, el arroz se prepara con vinagre y azúcar, y por otro, se cura el pescado (normalmente salmón o caballa) con vinagre, azúcar y sal. Por último, se monta el sushi y se envuelve en la hoja de caqui, formando un paquetito que se prensa en una caja de madera (oshizushihako) y se deja reposar una noche entera. La hoja se retira antes de comer.

El Yamato chagayu son unas gachas de arroz infusionadas con té verde tostado cuyo origen se encuentra en los primeros templos budistas de Nara. El cultivo de té en Japón se remonta al siglo IX cuando Kobo Daishi (Kukai) trajo semillas desde China y este plato empezó a popularizarse entre los monjes budistas y posteriormente entre la población de Nara. Yamato hace referencia al antiguo nombre de Nara. Para poder disfrutar de este plato es recomendable reservar.

Kioto

En 794 la corte imperial se trasladó a Kioto, donde permaneció hasta 1868, año en el cual el emperador Meiji decidió trasladar la sede de la corte a Tokio, y es por ello que la ciudad ha desarrollado una cocina refinada y elegante. Los platos de Kioto destacan por el uso de ingredientes frescos y de temporada, el respeto por la materia prima y la presentación cuidada, valores fundamentales de la gastronomía japonesa. Los platos tradicionales (washoku) buscan el equilibrio y la armonía basándose en cinco elementos (gomi-goshuku): cinco sabores (gomi: dulce, salado, ácido, amargo y umami), cinco colores (goshiki: blanco, negro, rojo, verde y amarillo), cinco técnicas de cocción (goho: crudo, hervido, asado, frito y al vapor), cinco ingredientes clave (go-shiki: sato [azúcar], shio [sal], su [vinagre], seiyu [salsa de soja] y miso) y cinco sentidos (vista, olfato, gusto, tacto y oído). Este principio garantiza no solo una experiencia culinaria completa, sino también una presentación atractiva y una variedad nutricional adecuada.

Elegimos Kioto para celebrar el cumpleaños de Xavi y también nuestro aniversario. Para el cumpleaños, escogimos probar una propuesta de carne de wagyu en diferentes elaboraciones en un restaurante en Gion. Wagyu literalmente significa ternera japonesa, haciendo referencia a las cuatro razas de ganado japonés (negra, cuernicorta, marrón y mocha). Las wagyu más valoradas son las de Kobe, Matsusaka, Omi y Yonezawa (que probamos en Yamagata), aunque cualquier wagyu calificada como A3 a A5 se considera de primera calidad, como es el caso, por ejemplo, de la wagyu de la prefectura de Oita en Kyushu (bungogyu con calificación A4/A5). El menú incluía diferentes cortes de wagyu (incluida lengua) y diferentes elaboraciones típicas japonesas como sashimi, shabu-shabu (en caldo) o sukiyaki (acompañada de huevo crudo).

Para nuestro aniversario, en cambio, decidimos probar un menú kyo-kaiseki con platos de temporada, especialmente pescados y mariscos como las almejas o el cangrejo, que nos dejó totalmente enamorados. El kyo-kaiseki es una comida tradicional que se sirve en ocasiones especiales cuyo origen se encuentra en las ceremonias del té. El menú estaba formado por pequeños platos bellamente decorados cumpliendo con los cinco elementos fundamentales de la gastronomía japonesa (washoku).

Osaka

Osaka es considerada la cocina de Japón debido a su rica tradición gastronómica y su enfoque en la comida popular y asequible. Entre sus especialidades más famosas se encuentran el okonomiyaki (una especie de tortilla con base de col rallada), el takoyaki (bolas rellenas de pulpo), y el kushikatsu (brochetas empanadas y fritas).

Aquí también podéis disfrutar de inari sushi, un tipo de sushi que se originó en el santuario Yutoku Inari en Fukuoka como ofrenda al kami del arroz para agradecer las buenas cosechas, pero que es muy popular en Kansai. Se trata de tofu relleno de arroz a veces con una forma que recuerda las orejas de un zorro (inari, el mensajero de los dioses).

Kyushu

La cocina de Kyushu, situada en el suroeste de Japón, destaca por su variedad de sabores intensos y por el uso de ingredientes frescos procedentes tanto del mar como de la tierra. La región es famosa por su clima cálido y húmedo, lo que favorece el cultivo de verduras, frutas y arroz de gran calidad. Estos platos reflejan la riqueza culinaria y la diversidad de influencias que caracterizan a Kyushu, integrando sabores profundos y presentaciones cuidadas.

Miyazaki

Entre las especialidades más reconocidas de Miyazaki se encuentran el pollo nanban, un plato de pollo frito empanado que se sirve con una salsa tártara suave y ligeramente dulce, y el kara-age, que consiste en trozos de pollo marinados y fritos hasta quedar crujientes.

Takamori

Takamori dengaku no es solamente el plato típico de Takamori sino también toda una experiencia. Se trata de vegetales, taro, tofu y pescado de río asados a la brasa, aderezados con miso de yuzu y acompañados de sopa de miso, arroz y encurtidos. Cada mesa tiene su propia brasa en la cual se van cocinando los alimentos poco a poco. A nosotros nos aceptaron sin reserva, sin embargo, se recomienda reservar con antelación para evitar no poder ser atendidos.

Kumamoto y la región del monte Aso

Kumamoto y los alrededores del Monte Aso destacan por la riqueza agrícola y ganadera y por esta razón las dos carnes típicas son la de caballo, especialmente servida cruda cortada en finas láminas (basashi) y la carne de ternera Akaushi (wagyu). A diferencia de las demás wagyu (Kobe, Matsusaka, Omi y Yonezawa) que provienen de vacas negras, las vacas Akaushi son marrones. Dicen que la carne de Akaushi es suave y baja en grasa por pastar y beber agua pura de las montañas de Aso. Lo común es comerla poco hecha sobre una cama de arroz blanco y acompañada de un huevo poché.

Usuki

Usuki es especialmente famosa por el fugu (pez globo), que se sirve en restaurantes especializados de la ciudad (en temporada alta es necesario reservar con antelación) además de pescados y mariscos frescos preparados de diversas maneras.

Izumi

Izumi (y la prefectura de Kagoshima en general) es famosa por la carne de cerdo negro kurobuta y por la carne de pollo (especialmente en sashimi). La carne de cerdo kurobuta es muy apreciada en Japón y se la equipara a la mejor carne de wagyu. Aquí, nosotros nos decantamos por un buen plato de tonkatsu.

Yakushima

Yakushima es una pequeña isla reconocida por su exuberante naturaleza situada al sur de Kyushu. Su gastronomía está marcada por la abundancia de productos del mar y la sencillez en las preparaciones. Destacan los platos elaborados con pescado fresco, como el pez volador (tobiuo), que se utiliza tanto en sashimi como en sopas y frituras.

Otras recomendaciones

A las recomendaciones del año pasado sumaré tres recomendaciones más: el bento, del desayuno japonés y la comida callejera de fin de año.

Bento

El bento es una caja de almuerzo tradicional japonesa que suele contener arroz, pescado o carne, y verduras, todo dispuesto de forma ordenada y visualmente atractiva. Es muy común tanto para llevar al trabajo o al colegio como para excursiones o trayectos en tren.

Desayuno japonés

El desayuno japonés típico suele ser una comida ligera pero nutritiva, compuesta de varios pequeños platos. Normalmente incluye arroz blanco, sopa de miso, pescado a la plancha (como salmón o caballa), encurtidos, natto (soja fermentada) y huevo, que puede servirse crudo sobre el arroz (tamago kake gohan) o preparado en tortilla (tamagoyaki). También es común sustituir el arroz blanco por gachas de arroz.

Comida callejera de fin de año

El día 1 de enero los japoneses visitan templos y santuarios por lo que alrededor de éstos se instalan yatai o puestos de comida callejera. Tras rezar, es costumbre picar algo para comenzar el año con energía. Algunos de los platos más habituales son: yakitori (brochetas de pollo asadas), takoyaki o taiyaki (dulce en forma de pez relleno de anko, crema o chocolate). El mochi también es protagonista ya que se asocia a la buena fortuna y a la prosperidad. Además, con su forma redonda representan el cierre de un ciclo y la apertura a nuevas oportunidades.

En definitiva, la riqueza de la gastronomía japonesa se aprecia no solo en sus sabores, sino también en la simbología y las tradiciones que la acompañan. Desde la practicidad y belleza del bento, pasando por el desayuno equilibrado y lleno de matices, hasta la calidez de la comida callejera en los festejos de Año Nuevo, cada experiencia culinaria refleja el espíritu y la cultura del país. Animarse a probar estos platos es una excelente forma de acercarse a Japón y celebrar sus costumbres, sea cual sea la época del año.

Japón (Kioto y Kyushu) – el gran sueño viajero 2

El mes de enero de este año es muy especial para nosotros, pues además del cumpleaños de Xavi, también celebramos nuestro aniversario, y es que solo una vez se celebran 20 años juntos. Y dado que será un viaje de celebración, decidimos volver a Japón para seguir con nuestro trayecto que empezamos en junio del año pasado cuando visitamos la ciudad de Tokio y la región de Tohoku. A este viaje le dedicaremos el mismo número de días que al viaje anterior (un total de 24 días), pero esta vez centrándonos en el triángulo Kioto-Nara-Osaka y en dos islas del sur: Kyushu y Yakushima. Kyushu es la tercera isla del archipiélago (tras Honshu y Hokkaido) en cuanto a tamaño y es considerada la cuna de la civilización japonesa. Aquí nos daremos un baño en las arenas volcánicas de Beppu, veremos las grullas en Izumi y presenciaremos una representación de kagura en Takachiho. Por otro lado, Yakushima es una pequeña isla situada al sur de Kyushu y fue el primer lugar en ser declarado Patrimonio de la Humanidad de Japón. Además, es el hogar de ciervos y macacos endémicos, y sus bosques de cedros milenarios inspiraron a Hayao Miyazaki para ambientar la película de animación La Princesa Mononoke.

Así pues, nuestro segundo itinerario por Japón es el siguiente:

  • Días 1-2: Barcelona-Osaka
  • Día 3: Osaka-Yakushima
  • Días 4-5: Yakushima
  • Día 6: Yakushima-Kagoshima-Nichinan (Obi)
  • Día 7: Nichinan-Aoshima
  • Día 8: Aoshima-Takachiho
  • Día 9: Takachiho
  • Día 10: Takachiho-UsukiBeppu
  • Día 11: Beppu-Takamori-Kumamoto
  • Día 12: Kumamoto-Izumi
  • Día 13: Izumi
  • Día 14: Izumi-Kirishima
  • Día 15: Kirishima-Osaka-Nara
  • Día 16: Nara
  • Día 17: Nara-Kioto
  • Días 18-20: Kioto
  • Día 21: Kioto-Osaka
  • Día 22: Osaka
  • Días 23-24: Tokio-Barcelona

Logística viaje

Igual que el año pasado, combinaremos trayectos en tren (Nara-Kioto-Osaka) con coches de alquiler (Yakushima y Kyushu). Con la finalidad de aprovechar mejor los traslados, volaremos a Yakushima desde Osaka y después desde Yakushima a Kagoshima.  

Podéis leer la primera parte del viaje aquí: Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Y si no queréis perderos detalles de este viaje, leed también las próximas crónicas:

Sabores de Japón: descubriendo el umami

Experiencias en Japón: kagura en Takachiho

Experiencias en Japón: sunamushi onsen o baño de arena caliente en Beppu

Experiencias en Japón: ceremonia del té con kimono en Izumi

Lo que + nos gustó y lo que –. Kioto y Kyushu

Lo que + nos gustó y lo que –. Tokio y Tohoku

Llevábamos muchísimo tiempo soñando, pensando y organizando el que sería nuestro gran viaje a Japón, sin embargo, hasta este año no se pudo materializar. Con toda la información que habíamos recopilado durante este tiempo, decidimos dedicar los 24 días de los que disponíamos a Tokio, nuestro punto de entrada y salida del país, y a la región de Tohoku. Esta decisión la tomamos por dos principales razones: la primera, para huir del sobreturismo que sufren ciertas zonas del país nipón ahora mismo, y la segunda, para conocer algunas tradiciones particulares típicas de esta región. Ahora ya de vuelta a casa, no nos arrepentimos en absoluto de la decisión tomada, sin embargo, hay algunos aspectos que nos han gustado más y algunos que nos han gustado menos. ¡Veámoslos!

Lo mejor:

+ Tokio, la gran capital, nos dejó enamorados. Cada templo, cada calle, cada rincón entremezclan la tradición y la modernidad de una manera única.

+ Descubrir a los namahages en Oga, una de muchas tradiciones increíbles de Japón.

+ Conocer la historia del clan Date a través de los mausoleos y templos de Sendai y Matsushima.

+ Conocer la vida de las geishas en Sakata. Lo habitual es ver geishas en Kioto, sin embargo, ciudades más pequeñas como Sakata permiten una interacción más personal con éstas al haber menos turismo.

+ Hiraizumi fue nuestro gran descubrimiento. No es para nada un sitio turístico, pero su naturaleza, sus templos y su historia nos dejaron boquiabiertos.

+ Adentrarnos en la cultura prehistórica Jomon en Aomori nos permitió imaginarnos cómo fue la vida de los primeros habitantes del archipiélago japonés.

+ Visitamos multitud de templos y santuarios durante nuestro viaje, sin embargo, lo que más nos han impresionado fueron los torii del santuario Takayama Inari en Tsugaru, los 500 rakan de Hoon-ji en Morioka, el buda gigante de Seiryu-ji en Aomori, y la naturaleza exuberante de Yamadera en Yamagata.

+ Conocer la vida de los samuráis en Kakunodate e Hirosaki. Además, el castillo de Hirosaki es uno de los pocos castillos que se conservan desde el período Edo.

+ Conocer a los Budas vivientes que se automomificaron en vida, una de las prácticas budistas más estremecedoras.

+ La ruta de peregrinaje de Dewa Sanzan a través de una naturaleza increíble. Además, dormir en uno de los shukubos situados a los pies del monte Haguro y asistir a los rezos matutinos enriquecen esta experiencia.

+ Los onsen ryokan, uno de los lujos de Japón, pero también uno de los mayores placeres: baños de agua termal, relax, cocina kaiseki, atención en cada detalle… qué más se puede pedir…

+ En cuanto a la gastronomía, disfrutamos de muchísimos platos, sin embargo, destacaríamos el sorprendente menú de mochis de Ichinoseki y la divertida experiencia de los wanko soba en Morioka. Algo distinto que solo se puede probar en Tohoku.

Lo peor:

̶  La cantidad de turistas que visitan Tokio. Después de pasar 18 días viajando por Tohoku donde prácticamente no nos hemos encontrado con turistas, llegar a Tokio nos resultó un tanto agobiante.

̶  El cruce de Shibuya en nuestra opinión está sobrevalorado. Se trata de un cruce pequeño tan abarrotado de gente que apenas nos podíamos mover. Desde luego no fue nuestro lugar favorito de Tokio…

̶  También sumaríamos los sitios arqueológicos Jomon de Tsugaru donde a penas se puede ver más que el campo. Además, en el Museo de Tokio tuvimos mala suerte y la pieza que más ganas teníamos de ver, no estaba en exposición ese día…

̶  Probamos el sushi de cinta porque mucha gente lo recomienda diciendo que es bueno y barato y según nuestra experiencia fue todo lo contrario. El sushi llevaba demasiado wasabi y barato tampoco fue. También probamos sushi en un restaurante en Aomori, de los que lo preparan delante de los comensales, y, aunque barato no fue, podemos afirmar que fue el sushi más espectacular de nuestra vida. El pescado era fresquísimo y tenía la cantidad justa de wasabi.

̶  Conducir por Japón nos resultó un poco agobiante sobre todo en las grandes ciudades como Akita. Pero no es un punto negativo del todo ya que tener coche de alquiler nos permitió llegar a lugares increíbles que de otra manera no podríamos haber visitado.

̶  Al habernos centrado en Tohoku, nos hemos dejado muchos sitios interesantes de Japón, como Kioto u Osaka, pero ésta solo es una razón más para volver.

Tokio, la gran metropoli

Tokio, la vibrante capital de Japón, es un destino que combina la tradición y la innovación de manera única. Desde santuarios y templos ancestrales, jardines tranquilos, luces de neón entre rascacielos futuristas y cultura pop, esta ciudad tiene algo para todos. Es la metrópoli más poblada del mundo, con unos 40 millones de habitantes, organizada en 23 barrios, 26 ciudades, 1 distrito y 4 subprefecturas. Fue fundada formalmente en 1457 tras la construcción del castillo de Edo (antiguo Tokio) por parte de Ota Dokan del clan Uesugi, y creció bajo el sogunato Tokugawa cuando el sogún estableció su gobierno en Edo en 1603 (iniciando el período Edo [1603-1868]). Puesto que el emperador seguía en Kioto, esta ciudad continuó siendo la capital oficial, aunque solo de manera protocolar. En 1868, con la restauración Meiji, la familia imperial se trasladó oficialmente a Edo y cambió su nombre a Tokio (la capital del este). Tokio fue el punto de partida de nuestro viaje por el país nipón, así como nuestra conexión con Tohoku, que comenzó en Yamagata y finalizó en Tsuruoka.

Senso-ji es considerado el templo más antiguo y relevante de Tokio y está dedicado al bodisatva Kannon, una figura venerada en el budismo. La leyenda cuenta que, en el año 628, dos pescadores encontraron una estatua de Kannon en el río Sumida, lo que motivó la construcción de un pequeño templo para su veneración en ese mismo lugar. El templo adquirió mayor relevancia cuando Tokugawa Ieyasu, el primer sogún del período Edo, lo designó como templo tutelar de su clan, subrayando así su papel en la historia política y espiritual de Japón. Se accede a través de la emblemática puerta Kaminarimon, custodiada por cuatro dioses guardianes y presidida por una enorme linterna de papel, símbolo icónico del templo. Entre los elementos más destacados del complejo se encuentran el Hondo, o salón principal, y la Pagoda de Cinco Pisos, ambos de gran valor arquitectónico y espiritual. Cabe señalar que, debido a los bombardeos sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, todos estos edificios son reconstrucciones, sin embargo mantienen la esencia y el espíritu del templo original.

El cercano río Sumida permite caminar por sus orillas o dar un paseo en barco, además de disfrutar de la famosa vista de Tokio con el Skytree y el edificio Asahi. Tokio Skytree es la torre de comunicaciones más alta de Japón (con una altura de 634 m) desde la que se obtienen unas espectaculares vistas de la ciudad. Para aprovechar la experiencia al máximo, subimos al Skytree al atardecer y permanecimos allí hasta que cayó la noche. Así pudimos disfrutar de dos vistas distintas de Tokio: primero una ciudad teñida de tonos rojizos y después un paisaje iluminado por las luces nocturnas.

Tennoji es uno de los templos más antiguos del barrio de Yanaka. Fue fundado en 1274 para albergar una estatua de Buda tallada por el monje budista Nichiren (fundador del budismo Nichiren). Tras cerrar por ser acusado de herejía, reabrió sus puertas como parte del templo Kaneji (actual parque Ueno), adoptando el budismo Tendai. El punto focal es una estatua de bronce representando un Buda sentado (como el de Aomori, pero muchísimo más pequeño). Esta estatua se conoce como Tennoji Daibutsu, data del 1690 y es obra de Ota Kyuemon. Además de esta escultura, el templo alberga la imagen de Bishamonten, uno de los Siete Dioses de la Fortuna, convirtiéndolo en una parada de esta ruta de peregrinación.

El cementerio de Yanaka que rodea Tennoji, formaba parte de las instalaciones del templo hasta la Restauración Meiji cuando el gobierno lo confiscó y lo hizo público, facilitando así también los funerales sintoístas. Alberga más de 7.000 tumbas, incluida la de Tokugawa Yoshinobu, el último sogún.

Cerca se encuentra el santuario de Nezu (Nezu-jinja), situado en uno de los barrios antiguos de Tokio. Fue fundado por Yamato Takeru no Mikoto y construido en su emplazamiento actual en 1706 por orden de Tokugawa Tsunayoshi, el quinto sogún. Su principal atractivo son sus torii, el estanque y las más de 3.000 azaleas que florecen en abril.

Además de los templos y santuarios, los barrios de Nezu y Yanaka destacan por sus calles tradicionales y tiendas antiguas, que conservan el ambiente de épocas pasadas. Esta zona de Tokio es una de las pocas que permaneció intacta tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y, gracias a ello, actualmente es posible pasear por calles que conservan su historia y autenticidad, y disfrutar de un ambiente que evoca el Tokio tradicional.

El parque Ueno ocupa el terreno que anteriormente pertenecía al templo Kaneji, erigido durante el sogunato Tokugawa y considerado el más grande de la ciudad durante el período Edo. Este templo fue destruido durante la guerra Boshin (1868-1869), sin embargo, sobrevivieron el templo Kiyomizo Kannon-do, construido en 1631 al estilo del Kiomizudera de Kioto, la Pagoda de Cinco Pisos, original del 1639, el santuario Ueno Toshogu construido en 1616 y renovado (y recubierto de pan de oro) en 1651 por el tercer sogún Tokugawa Iemitsu, y el templo Benten-do (1627) que se encuentra en el centro del estanque Shinobazu.

Ueno se estableció como parque público en 1924 como una concesión territorial imperial por parte del emperador Taisho y actualmente alberga también seis museos: Museo de Shitamachi, Museo Real de Ueno, Museo Nacional de Arte Occidental, Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia y Museo Nacional de Tokio. Si os interesa la cultura Jomon y Yayoi, el Museo Nacional es un referente, exponiendo muchas piezas de estos períodos.

El santuario Kanda Myojin fue fundado en el año 730 y trasladado a su actual localización en 1603 para facilitar la expansión del castillo de Edo. Se veneran tres dioses principales (kami): Daikokuten y Ebisu, dos de los Siete Dioses de la Fortuna, y Taira no Masakado, un rebelde que desafió el gobierno Heian (794-1185). Debido a su cercanía al barrio de Akihabara, se ha convertido en el santuario favorito de los aficionados a la tecnología, el manga y el anime.

Akihabara, también conocido como Akiba, es el epicentro de la cultura otaku en Tokio. Este barrio lleno de luces de neón es famoso también por sus Maid Cafés y cafeterías temáticas, salas de arcade y espacios de realidad virtual, así como por su ambiente único que atrae a turistas y aficionados de todo el mundo.

El palacio imperial de Tokio (Kokyo) se construyó en el terreno del antiguo castillo de Edo y es la residencia imperial desde 1869, tras la caída del sogunato. Aunque no se permite la entrada a su interior, sí se puede acceder a sus jardines, que cuentan con 1,5 km de superficie. Dentro de los Jardines Orientales (de libre acceso) se pueden visitar las ruinas del antiguo castillo, así como el Museo de las Colecciones Imperiales.

Zojoji es un templo budista fundado en 1393 y trasladado a la ubicación actual en 1598 por Tokugawa Ieyasu, convirtiéndose en el templo familiar. En aquella época contaba con 48 templos y 120 edificios dedicados a las enseñanzas budistas y a recibir monjes y novicios, y era el centro administrativo de los templos Jodo-Shu (rama del budismo de la Tierra Pura) de todo Japón. Durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial quedó totalmente destruido, con la excepción de la puerta principal, Sangedatsumon, original del año 1622 y declarada Patrimonio Cultural de Japón.

El acceso al templo es gratuito, sin embargo, para visitar el mausoleo y la sala del tesoro hay que pagar entrada. La sala del tesoro se inauguró en 2015 y recoge en su interior 100 pinturas de Genkoin On representando 500 arhats (creyentes budistas que han alcanzado la iluminación) y una maqueta del edificio original, previo a su destrucción durante la Segunda Guerra Mundial. Detrás del templo se encuentra el mauseolo de los Tokugawa, donde seis de los 15 sogunes, siete de sus esposas y algunos de sus hijos están enterrados.

Cerca se encuentra la emblemática Torre de Tokio, instalación de radiodifusión construida en 1958 tomando como inspiración la Torre Eiffel de París, y superándola en 8,6 m en altura. Se puede subir hasta su observatorio para disfrutar de increíbles vistas panorámicas.

El Sengakuji no es de los templos más visitados por los turistas extranjeros, pero sí es considerado de gran importancia por los japoneses. Este templo budista pertenece a la escuela Zen Soto, introducido a Japón por el monje Dogen y que se caracteriza por la meditación zazen. Fue construido en 1612 por Tokugawa Ieyasu, cerca del castillo. Sin embargo, tan solo 30 años después, fue devastado por un incendio, lo que llevó a su reconstrucción en la ubicación actual. Fue uno de los principales templos de Edo y gozaba de prestigiosa reputación como institución budista. El templo actual fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial, cuando quedó destruido por los bombardeos estadounidenses.

La historia de este templo está ligada a Ako Gishi (el incidente de Ako), un claro ejemplo de los valores del bushido, el estricto código ético de los samuráis. Todo empezó en 1701 cuando Asano Takuminokami, daimio de Ako, agredió con su espada a Kira Kozukenosuke en el castillo de Edo. Kira menospreciaba y humillaba constantemente a Asano, hasta que éste, cansado del trato, hirió a Kira en la cara y en el hombro, pero sin llegar a matarle. Para ese entonces, estaba estrictamente prohibido desenvainar la espada dentro del castillo, y existía una ley que castigaba a las dos partes de la disputa por igual, sin embargo, Kira no recibió ningún castigo, mientras que Asano fue condenado el mismo día a cometer seppuku (o harakiri) en el jardín de la residencia Tamura, lo cual era indigno para una persona de su rango, pues el seppuku en espacios exteriores era propio de los delincuentes.

Casi dos años después de la muerte de Asano, 47 ronin (samuráis sin señor) de Ako, bajo el mando de Oishi Kuranosuke, se reunieron para vengar la muerte de su señor. El 14 de diciembre de 1702 atacaron y mataron a Kira en su residencia y, con su cabeza, se presentaron ante la tumba de Asano en Sengakuji. Posteriormente se entregaron al sogunato y todos, excepto uno, fueron condenados a cometer seppuku el 4 de febrero de 1703 y enterrados junto a su señor en Sengakuji. Uno de los ronin, el encargado de comunicar el asesinato de Kira, fue perdonado y vivió hasta los 87 años. Aunque en Sengakuji se encuentra una tumba suya (tumba memorial), éste fue enterrado en Sokeiji, otro templo budista de Tokio. Se puede acceder a la tumba de Asano y de los ronin y quemar incienso, como muestra de respeto. Para saber más sobre Ako Gishi, hay un pequeño museo y también una sala con esculturas de los ronin cerca de las tumbas a los que se accede con la misma entrada.

El santuario Meiji (Meiji Jingu) es el mayor santuario de Tokio, y rinde culto al 122º emperador deificado Meiji (Matsuhito; 1852-1912) y su esposa Shoken (1849-1914). Fue construido en el año 1920 y, lamentablemente, fue destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El santuario actual data de 1958. El emperador Meiji reinó de 1867 a 1912 y es conocido por la Restauración Meiji, que marcó el fin de la era feudal dejando atrás el sogunato (caída del último sogún Tokugawa) para recuperar el poder imperial. También fue un período marcado por la modernización y la occidentalización de Japón.

Se accede al santuario a través del parque Yoyogi, uno de los mayores espacios verdes de Tokio, con una superficie de 700.000 m2 y 120.000 árboles. Se convirtió en parque en 1967, pero antes había sido un área residencial para militares estadounidenses durante la ocupación aliada, tras la Segunda Guerra Mundial, y también la villa olímpica de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Un gran torii de madera de estilo myojin y decorado con crisantemos, símbolo de la familia imperial, marca la entrada al espacio sagrado.

En el camino principal llamado Minami-sando se exhiben barriles de sake llamados kazaridaru, ofrendas simbólicas (no contienen alcohol en su interior) de fabricantes de sake de todo el país, así como barriles de vino francés, donados como símbolo de la conexión cultural entre Francia y Japón. El emperador impulsó la producción de sake como parte de la modernización del país, pero además sentía predilección por el vino francés.

Otro punto de interés es el jardín imperial (Gyoen), encargado por el emperador Meiji especialmente para el disfrute de su esposa. Este jardín es famoso por sus lirios, que florecen en junio, así como por sus azaleas (espectaculares de abril a mayo) y los arces, que lucen especialmente en otoño. El santuario se construyó en este lugar justamente porque era el favorito de la emperatriz.

Al tocar del santuario Meiji, se encuentra el barrio de Shibuya, famoso por su cruce. El cruce de Shibuya y las calles adyacentes son unas de las más concurridas del mundo y, en nuestra opinión, uno de los sitios de Tokio más sobrevalorados.

Así transcurrió nuestra visita de tres días por Tokio. En definitiva, Tokio es una ciudad que desafía las expectativas: cada barrio, templo y parque cuenta una historia de resiliencia, innovación y respeto por la tradición. Tres días no bastan para descubrir todos sus secretos, pero sí para enamorarse de su energía y su capacidad de reinventarse sin perder su esencia y es, sin duda, una experiencia inolvidable que marca para siempre a quienes la visitan.

Dewa Sanzan, peregrinaje místico por las tres montañas sagradas de Japón

El shugendo fusiona diversas creencias, como el sintoísmo, el animismo, el taoísmo y el budismo esotérico, principalmente de las escuelas Shingon y Tendai. Fue fundado por En no Gyoja (634-700 o 707) como una práctica mística y espiritual que se caracteriza por una profunda relación entre el ser humano y la naturaleza, siendo el culto a las montañas uno de sus elementos fundamentales. Las montañas no solo se veneran como entornos naturales, sino también como escenarios donde sus practicantes, llamados shugenja o yamabushi, pueden alcanzar la iluminación y la paz interior mediante la meditación y la práctica del ascetismo, donde a través del esfuerzo físico y espiritual se busca un proceso de transformación interior.

A lo largo de la historia de Japón, el shugendo experimentó importantes transformaciones debido a las políticas religiosas de los distintos gobiernos. En 1613, durante el periodo Edo (1603-1868), bajo el sogunato Tokugawa, las autoridades impusieron una normativa que obligaba a los templos shugendo a estar bajo la administración de las principales escuelas budistas, Shingon o Tendai. Posteriormente, con la Restauración Meiji (1868-1912), el gobierno promovió el sintoísmo como religión oficial del Estado, separándolo explícitamente del budismo, y como consecuencia, el shugendo fue censurado y algunos de sus templos fueron oficialmente declarados como sintoístas. No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial, el shugendo experimentó una recuperación progresiva, y en la actualidad, vuelve a practicarse bajo el amparo de las dos escuelas budistas, Shingon y Tendai. Entre los templos más representativos que conservan su práctica y legado se encuentran Kinpusen-ji en Yoshino, vinculado a la escuela Tendai; Daigo-ji en Kioto, asociado a la tradición Shingon; y Dewa Sanzan.

El origen de Dewa Sanzan se sitúa en el año 593, cuando el príncipe Hachiko, hijo del emperador Sushun, huyó a estas montañas tras la muerte de su padre a manos del clan Soga. Aquí, dedicó su vida a la práctica religiosa, dando inicio al culto a las tres montañas sagradas de Dewa: Haguro, Gassan y Yudono. Tras su consagración, comenzaron a llegar peregrinos, entre los que se sumaron En no Gyoja, el fundador del shugendo, y también Kukai, el fundador del budismo Shingon. Cada una de las montañas de Dewa cuenta con un santuario en su cima, y cada una representa un momento fundamental en el ciclo de la vida. La peregrinación empieza en el monte Haguro, que simboliza el nacimiento (o el presente), sigue por el monte Gassan, que representa la muerte (o el pasado), y finaliza en el monte Yudono, que encarna el renacer (o el futuro). Los santuarios de los montes Haguro y Yudono han sido clasificados como kokuhei shosha, es decir, santuarios de alto prestigio, mientras que el del monte Gassan ha adquirido la categoría de kanpei taisha, la máxima distinción dentro del sistema de clasificación de santuarios sintoístas.

Monte Haguro

La ruta de peregrinación comienza en el monte Haguro, el más bajo de los tres que componen Dewa Sanzan (414 metros sobre el nivel del mar). Es también el más visitado y la cima es accesible también en autobús o en coche. En la base de la montaña se concentran la mayoría de los shukubos, alojamientos preparados para los peregrinos que emprenden este camino, y el Museo Cultural de Ideha, dedicado a divulgar las prácticas de los yamabushi y la espiritualidad asociada a las montañas de Dewa. La ruta de peregrinación empieza tras cruzar la puerta Zuishinmon. El origen de esta puerta es budista y recibía el nombre Niomon, pero fue consagrada al sintoísmo durante la Restauración Meiji. El camino está compuesto por nada más y nada menos que 2446 escalones de piedra que datan del período Edo, por lo que son considerados los más antiguos de Japón, y discurre entre un impresionante bosque de sugi gigantes de entre 300 y 600 años. Conocido como Hagurosan no Suginamiki (camino de los sugi del monte Haguro), fue galardonado con tres estrellas en la Guía Verde Michelin de Japón, además de ser declarado Tesoro Nacional especial.

Tras pasar los santuarios de Haraigawa, y cruzar el puente rojo (Kaedegawa), donde los peregrinos yamabushi realizan abluciones de purificación, y dejando atrás la cascada de Soga, se llega a uno de los principales puntos de interés: la emblemática Pagoda de Cinco Pisos, considerada una de las más bellas del país. Esta pagoda, conocida como Goju-no-To (literalmente pagoda de cinco pisos), es una estructura de madera de 29 metros de altura cuya fecha exacta de construcción se desconoce (posiblemente entre 903 y 940). Lo más destacado de esta pagoda es la presencia de celosías, algo inusual en este tipo de construcciones. Fue declarada Tesoro Nacional de Japón en 1966 y es la más antigua de la región de Tohoku. Cerca de la pagoda se encuentra el jijisugi (cedro anciano), de más de 1000 años, al que los peregrinos suelen acudir a rezar.

A partir de aquí empiezan tres tramos de escaleras especialmente empinados: Ichi-no-zaka (primera cuesta), Ni-no-zaka (segunda cuesta, la más empinada) y San-no-zaka (tercera cuesta). En la segunda cuesta se encuentra la casa de té Ninozaka Chaya, y al final de la tercera cuesta se llega a Saikan, un shukubo en el que se puede pasar la noche. Poco después, un torii rojo da la bienvenida a la cima del monte Haguro, donde Sanjin Gosaiden se erige como el principal lugar de culto. Su acceso está precedido por los pequeños santuarios Itsukushima y Hachiko (en honor al príncipe Hachiko), ambos declarados Bien de Interés Cultural en 2005. Este edificio de arquitectura sincrética sinto-budista, reconstruido en 1818, es conocido por poseer el tejado de paja más grande de Japón, con 2,1 metros de grosor. Originalmente llamado Jakko-ji, pasó a denominarse Sanjin Gosaiden tras la Restauración Meiji, cuando se consagró al sintoísmo. Éste está compuesto por tres espacios: el santuario del monte Gassan (dedicado a Tsukuyomi-no-mikoto, dios de la luna), el santuario Ideha (dedicado a Ideha-no-kami, dios de Dewa) y el santuario del monte Yudono (Oyamatsumi-no-kami, dios de las montañas). Frente a Sanjin Gosaiden se encuentra Kagami-ike, o estanque de los espejos donde desde el periodo Heian (794-1185) hasta el período Edo los creyentes arrojaron espejos de bronce a los dioses. Muchos de los espejos encontrados en el estanque se exponen en el Museo Histórico de Dewa Sanzan, que se encuentra cerca de allí.

Monte Gassan

El monte Gassan es en realidad un antiguo volcán, actualmente inactivo, y es el más alto de Dewa Sanzan (1984 metros sobre el nivel del mar). En la cima se encuentra el santuario Gassan-jinja que data del año 773. Solo se puede visitar desde julio a septiembre y es accesible a pie, siguiendo la ruta de peregrinación, pero también en autobús y en coche. Dado que fuimos a Japón en junio, no nos fue posible visitar este santuario.

Monte Yudono

El monte Yudono (1500 metros sobre el nivel del mar) es el último y el más sagrado de los tres. Para los yamabushi, la ruta de peregrinación solo se considera completa tras ascender este monte. Es accesible desde abril a octubre, en autobús o coche. Entre sus atractivos se encuentran los templos budistas Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji, guardianes de tres sokushinbutsu y, en la cima, el santuario del monte Yudono. Este santuario destaca por no ser un edificio, sino una gran roca de la que emana agua caliente, considerada la morada de los dioses, y está dedicado a Oyamatsumi-no-Mikoto (dios de las montañas, el mar y de la guerra), Onamuchi-no-Mikoto (dios de la construcción de la nación, la tierra, la agricultura, los negocios y la medicina) y Sukunahikona-no-Mikoto (el dios de la curación, el sake, la agricultura, las aguas termales [onsen] y el conocimiento). Por respeto al santuario se requiere el cumplimiento riguroso de ciertas normas: no está permitido tomar fotografías ni grabar dentro del lugar sagrado, y se recomienda no hablar sobre lo que se ve o escucha en este espacio.

Desde el aparcamiento, hay dos opciones para subir hasta el santuario: a pie o en autobús. Los billetes para el autobús se compran dentro del edificio adyacente y justo delante se encuentra la parada. Nosotros subimos en autobús, pero preferimos bajar caminando. Después de cruzar el río Bonji, río de agua termal, se llega a la entrada del santuario. Para poder rendir culto, se debe seguir un ritual de purificación dirigido por un sacerdote y se entra con los pies descalzos. El sacerdote nos entregó un talismán y una pequeña muñeca de papel llamada hitogata, que se utiliza para limpiar las impurezas físicas y, tras exhalarle, se deja que flote en el arroyo que discurre a los pies del santuario.

Dentro se encuentra una gran roca conocida como iwakuyo, o roca para rezar por el descanso de los espíritus, designada como Yudonosan Reisaijo (lugar para ceremonias en honor a los ancestros), donde un papel con los nombres de los antepasados se humedece y se adhieren a ésta. Según la tradición, cuando las inscripciones se borren, significa que los espíritus de los difuntos han sido purificados. Antes de salir, se pueden sumergir los pies en el agua termal sagrada (goshinyu), recibiendo así la energía divina de las deidades. A esta agua se le atribuyen propiedades curativas para diversas enfermedades.

Por lo tanto, el shugendo y la peregrinación por Dewa Sanzan representan una profunda simbiosis entre el ser humano y la naturaleza, donde el esfuerzo ascético y la búsqueda espiritual permiten la transformación interior. Este milenario camino, cargado de historia, sincretismo religioso y tradiciones ancestrales, convierte a las montañas de Haguro, Gassan y Yudono en auténticos escenarios de consagración y aprendizaje vital. La singularidad y el misterio que envuelven estos espacios sagrados, especialmente el monte Yudono, refuerzan la importancia del respeto y la vivencia personal como vías hacia el conocimiento y la paz interior. Así, el recorrido por Dewa Sanzan trasciende la mera experiencia física, erigiéndose en un legado cultural y espiritual vivo, que sigue inspirando a quienes buscan un encuentro auténtico con lo sagrado y consigo mismos.

Experiencias en Japón: dormir en un shukubo

El origen de los shukubos se remonta a siglos atrás, en las antiguas rutas de peregrinación entre templos budistas, a menudo a través de caminos de montaña y bosques. La demanda de alojamiento por parte de los peregrinos, junto con la necesidad de los templos de cubrir sus gastos —ya que en Japón son entidades privadas sin financiación pública—, ha propiciado la apertura de algunos de estos templos al hospedaje. Su funcionamiento es similar al de los ryokans, ofreciendo desayuno y cena estilo kaiseki (shojin ryori, traducido como “alimento de devoción”), y baños compartidos onsen o sento, pero, además, permitiendo a los visitantes a participar en algunas de sus actividades, como los rituales matutinos o la meditación. Lo habitual es pasar una o dos noches, ya sea como parte de una ruta de peregrinación, o simplemente para desconectar y descubrir cómo viven los monjes. Además, muchos shukubos se encuentran alejados del bullicio de las ciudades y brindan un entorno ideal para desconectar de las preocupaciones diarias y sumergirse en la espiritualidad propia del lugar. Nosotros ya habíamos pasado dos días en un templo budista en Corea del Sur, sin embargo, ambas experiencias poco tienen en común.

El alojamiento se debe reservar con antelación y hay que tener en cuenta que algunos shukubos están abiertos durante todo el año, mientras que otros cierran durante los meses de invierno. Cualquier visitante es bienvenido, sin embargo, dado que dormir en un shukubo no es una atracción turística más, se deben respetar algunas normas, como por ejemplo, quitarse los zapatos antes de entrar, usar ropa adecuada (evitando pantalones cortos, minifaldas, o blusas escotadas), respetar sus horarios (toque de queda nocturno, el horario de los baños compartidos, las horas de cena y desayuno o de los rituales), y no hacer excesivo ruido para no romper la tranquilidad y serenidad del lugar. Koyasan, en la prefectura de Wakayama, reúne la mayor concentración de shukubos, sin embargo, es posible encontrar alojamientos de este tipo cerca de prácticamente todas las rutas de peregrinación de Japón. De hecho, nosotros nos alojamos en un shukubo a los pies del monte Haguro, una de las tres montañas sagradas de Dewa Sanzan, a las afueras de Tsuruoka.

Aunque la ruta de peregrinación de Dewa Sanzan es muy antigua, no fue hasta 1630, cuando el quincuagésimo sacerdote de Haguro cambió el budismo Shingon por budismo Tendai, que ganó popularidad. En aquel entonces el sogunato Tokugawa practicaba el budismo Tendai y la adopción de esta fe resultó en una significativa afluencia de recursos financieros procedentes del propio sogunato. Gracias a estos fondos fue posible construir la escalera de piedra y el templo en la cima del monte Haguro, además de más de 300 shukubos. Una característica particular de los shukubos de Dewa Sanzan es que no son exactamente ni templos budistas ni tampoco santuarios sintoístas, aunque para su construcción sí necesitaron su bendición. Estos fueron construidos específicamente para alojar peregrinos, sin embargo, debieron cumplir con algunos requisitos muy estrictos: tener un altar de adoración (budista o sintoísta), ser llevados por un sacerdote yamabushi, que vive junto a su familia en el shukubo, y ser gestionados solamente por miembros de la misma familia. Por lo tanto, para dirigir un shukubo en Dewa Sanzan es necesario haber nacido en la familia o casarse con alguno de sus miembros. En cuanto a las características arquitectónicas, los shukubos tienen su propia puerta torii, para designarlo como lugar sagrado, y cuerdas con origami (shimenawa), como los santuarios sintoístas, pero también estatuas de buda o pequeñas pagodas, típicas de los templos budistas. Esto se debe al hecho que los yamabushis practican el Shugendo, una creencia que integra elementos del sintoísmo, del budismo y del taoísmo.

Antiguamente, los caracteres “bo” (Daishobo, Daishinbo) o “in” (Sankoin, Enmei’in) que aparecen en los nombres de los shukubos, indicaban el tipo de peregrinos que podían recibir. Así, los que acababan en “in” tenían un estatus superior, por lo que solamente alojaban a los monjes, aunque hoy en día prácticamente no hay diferencias entre los dos tipos de shukubos. Dado que las montañas de Dewa Sanzan son un claro ejemplo de sincretismo, pues conviven tanto el budismo como el sintoísmo, los shukubos podían recibir peregrinos de ambas religiones y se dice que durante el período Edo (1603-1868) unos 3 millones de peregrinos visitaban Dewa Sanzan cada año. Para poder hospedarlos a todos, cada shukubo tenía asignada una zona concreta de Japón y solamente podían hospedar a peregrinos procedentes de esa región, por lo que varias generaciones de una misma familia pudieron haberse alojado en el mismo shukubo. Actualmente en Dewa Sanzan quedan menos de 30 shukubos debido a una progresiva bajada en la afluencia de peregrinos, y, por esta razón, algunos de ellos han decidido abrirse al turismo para poder sobrevivir.

Nuestro shukubo fue regentado por la misma familia desde el periodo Edo, o sea durante más de 350 años, y el edificio actual aún conserva partes de la estructura original. Nada más llegar, el sacerdote nos dio la bienvenida a su hogar, y su mujer nos informó del horario que teníamos que seguir: cena de 18:00-20:00 en el comedor, uso de los baños desde las 17:00-22:00, la oración matutina a las 7:00 y el desayuno desde las 7:30-8:30. Después nos acompaño a nuestra habitación, una habitación austera, de estilo japonés con suelos de tatami, puertas correderas y futones para dormir. También había una pequeña mesa con galletas y un termo con té caliente preparado para tomar. La habitación era privada, pero los baños eran compartidos y separados por sexos. Nuestro templo ofrecía baños sento y las normas de uso son las mismas que en los ryokans: hay limpiarse bien antes de entrar al agua y se entra sin nada de ropa. A parte de nosotros, solamente se hospedaba una persona más, por lo que prácticamente tuvimos los baños para nosotros.

Tanto el desayuno como la cena nos los sirvieron en un pequeño comedor. El menú consistía en pequeñas porciones de diferentes elaboraciones típicas de la comida ascética de Dewa Sanzan. Cada shukubo cuenta con sus propias recetas transmitidas de generación en generación, sin embargo, todos tienen algunas características comunes, como el uso de sansai o verduras de las montañas, como diferentes tipos de helecho (zenmai, warabi, udo, kogomi), la tempura o el plato más famoso y que nunca falta, el goma dofu, una pasta de sésamo que se asemeja al tofu, del que ya os hablé. Algunos shukubos siguen la tradición budista, por lo que los platos son veganos o vegetarianos, mientras que otros siguen la tradición sintoísta e incorporan pescado, como fue nuestro caso.

Desayuno y parte de la cena

A las 7 de la mañana bajamos al altar, donde nos reunimos con el sacerdote para el ritual religioso matutino. Este ritual también difiere según el shukubo, ya que los yamabushis pueden usar tanto oraciones sintoístas como budistas o bien una mezcla de ambas (Shugendo). El sacerdote nos entregó un papel con la oración en japonés y en inglés para que pudiéramos seguirla y también para acompañarle, y dio comienzo al ritual soplando la concha de caracola (horagai) que los yamabushis utilizan en los rituales y ceremonias. Rezamos para purificarnos, honramos a los kamis de las tres montañas de Dewa y el sacerdote pidió salud y protección para nosotros en nuestro trayecto, pronunciando nuestros nombres. Finalizado el ritual, desayunamos y nos despedimos de nuestros huéspedes para seguir nuestro camino por las montañas de Dewa.

En resumidas cuentas, la experiencia de alojarse en un shukubo en Dewa Sanzan es una inmersión profunda en una tradición milenaria donde la espiritualidad y la naturaleza se entrelazan en cada gesto y cada bocado. Participar en los rituales matutinos, saborear la auténtica shojin ryori y convivir con los yamabushi permiten conectar con la esencia de las montañas de una manera verdaderamente única. Sin duda, es una oportunidad irrepetible para descubrir la hospitalidad, el respeto por la naturaleza y la riqueza espiritual que definen el alma de Dewa Sanzan.

Sokushinbutsu o automomificación: Sakata y Tsuruoka

A diferencia del proceso de momificación, en cual el cuerpo se conserva bien por las condiciones climáticas, como las momias de Astana que vimos el año pasado en nuestra ruta de la seda, o bien por acción humana, como las momias de Egipto o las momias de los Fujiwara conservadas en el templo dorado de Chuson-ji en Hiraizumi, la automomificación es una práctica budista ascética que consiste en reducir y suspender progresivamente la ingesta de alimentos y agua, mientras se permanece en estado de meditación. La práctica de la automomificación era común en el Tíbet y en Asia Oriental y en China estaba ligada al budismo Chan. La momia del monje Huineng (638-713) que se encuentra en el Monasterio de Nanhua en Shaoguan (China) es una de las más antiguas y se cree que éste logró automomificarse mediante la práctica Phowa o “muerte consciente”, descrita en los Seis Yogas de Naropa.

El ascetismo fue introducido en Japón desde la China de la dinastía Tang (618-907) por el monje Kukai (Kobo Daishi; 774-835), reconocido por ser el creador de los silabarios japoneses kana y fundador de la escuela budista Shingon. Esta escuela, también conocida como «escuela de la palabra verdadera», se caracteriza por su énfasis en alcanzar la iluminación individual y el conocimiento universal mediante la ejecución de rituales, el uso de mandalas y mantras y la práctica de la meditación (templo budista Shingon:  Seiryu-ji de Aomori). A su vez, el budismo Shingon constituyó una base doctrinal fundamental para el Shugendo, una práctica espiritual y mística sincrética enfocada en el ascetismo, que integra elementos del sintoísmo, del budismo y del taoísmo. Los yamabushi, practicantes del Shugendo, buscan la iluminación mediante disciplinas ascéticas en las montañas.

Hacía el final de su vida, Kukai se retiró en el monte Koya y suspendió la ingesta de alimentos, dedicando su tiempo exclusivamente a la meditación. Falleció a los 62 años, aunque sus seguidores consideran que no está muerto, sino que aún permanece en un estado meditativo profundo y se encarga de conducir almas al nirvana. A mediados del período Heian (794-1185), monjes de las prefecturas de Yamagata y Niigata decidieron emular a Kukai y llevar a cabo la automomificación o sokushinbutsu (literalmente Buda en vida). Todos aquellos que buscaron la automomificación recibieron el sufijo Kai, que es el último carácter del nombre de Kukai, a través del ritual conocido como “ceremonia del nombre kai”. Solo al recibir el sufijo kai, los ascetas podían iniciar el proceso de automomificación.

Estos monjes creían que el autosacrificio era un acto de salvación para los demás, sobre todo en períodos de epidemias o hambrunas. Según esta creencia, el sufrimiento previo a la muerte otorga acceso al Cielo Tusita, donde se puede residir antes de la próxima reencarnación y, desde allí, los monjes pueden ayudar y proteger a quienes aún viven en la tierra. No obstante, este poder solo persiste mientras éstos permanezcan conectados al mundo terrenal, por lo que es necesario conservar el cuerpo. El proceso de automomificación podía durar entre 8 y 10 años, e implicaba una dieta estricta llamada mokujikigyo (literalmente: comer árbol) en la cual solamente se podían ingerir frutos secos, hongos, brotes de bambú y cortezas con la finalidad de disminuir la masa muscular. También tomaban un té llamado urushi, cuyo ingrediente principal era el árbol de laca (Toxicodendron vernicifluum), cuya savia es toxica (rica en urushiol), para que el cuerpo sea menos atractivo para los insectos y no se pudra, y agua con sal para deshidratar la piel y los órganos internos. Los yamabushi que practicaron la automomificación en las montañas sagradas de Dewa Sanzan (Haguro, Gassan y Yudono) tuvieron mayor éxito por beber agua del manantial sagrado del monte Yudono que contiene altísimos niveles de arsénico.

En cuanto los monjes sentían que se acercaba su fin, se colocaban en la posición del loto dentro de una caja de madera, de la cual salía una caña de bambú que les permitía respirar, y ésta se enterraba en un hoyo a unos 3 m de profundidad y se cubría de carbón para absorber la humedad. Una vez enterrados, entraban en estado de medicación nyujo, recitando mantras, y tocaban cada tanto una campana para indicar que aún seguían vivos. En cuanto la campana dejaba de sonar, se retiraba la caña y se sellaba la tumba, dejando el cuerpo cerrado unos 1000 días más. Pasado este tiempo, se abría la tumba y se verificaba si el cuerpo se había momificado con éxito. De ser así, se le colocaba en un templo y se le consideraba Buda, mientras que, si el cuerpo presentaba señales de pudrición, éste se enterraba con honores especiales.

La práctica de la automomificación se prohibió durante la restauración Meiji (1868-1912) y hasta la fecha se han descubierto 16 sokushinbutsu que se automomificaron entre 1081 y 1903. Diez de ellos practicaron el ascetismo en el monte Yudono. Todas estas momias huesudas, de piel ennegrecida y ojos hundidos, se pueden visitar, a excepción de una que se encuentra en una colección privada. En 1960 se decidió cubrir las momias con resina para mejorar su conservación y guardarlas en vitrinas protectoras. Las vestimentas que cubren sus cuerpos se cambian cada 12 años (en el año del buey), con excepción de Shinnyokai del templo Dainichibo Ryusui-ji cuya vestimenta se cambia cada 6, en los años del buey y de la oveja. Esta ropa se corta en trozos, se guarda dentro de bolsitas de seda (omamori) y se vende como amuleto. En la prefectura de Yamagata se pueden visitar 6 momias, dos se encuentran en Kaiko-ji en Sakata, una en Nangaku-ji en Tsuruoka, y tres en sendos templos de Dewa Sanzan: Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji (que solo se puede visitar con reserva). Por nuestra experiencia recomendaríamos la vista a tres de estos templos: Kaiko-ji, Churen-ji y Dainichibo Ryusui-ji. Sin embargo, antes de emprender el viaje para ver las momias de Yamagata hay que tener en cuenta que éstas se consideran Buda y no se exponen como si fueran una atracción turística. Solamente se abren a los devotos que quieran rezar y pedirle favores al Buda. Por esta razón, está prohibido fotografiar las momias o el interior de los templos.

Kaiko-ji en Sakata

Este templo pertenece a la rama Chizan-ha del budismo Shingon y se dice que fue fundado por Kukai. Este es el único templo en el que se exponen dos sokushinbutsu: Chukai y Enmyokai. Ambos practicaron el ascetismo en el monte Yudono aunque poco se sabe de sus vidas. Chukai, nació en una familia de samuráis en Tsuruoka y fue el primer sacerdote del templo. Murió en 1755 a la edad de 58 años. Por otro lado, Enmyokai nació en una familia de campesinos en la aldea de Shonai y fue el noveno sacerdote del templo. Murió en 1822 a la edad de 55 años. Las momias están expuestas en una pequeña sala en el edificio lateral al templo. Para acceder hay que tocar el timbre y un monje viene a abrir la puerta. Éste solamente hablaba japonés, pero tenía preparadas unas hojas con información en inglés. La entrada al recinto es de pago.

Churen-ji en Dewa Sanzan

Este templo, situado en los alrededores del monte Yudono, pertenece al budismo Shingon y fue construido en 825. Su construcción también se atribuye a Kukai. Aquí se encuentra la momia de Tetsumonkai, el monje del que más información se tiene. Hijo de un barquero de la aldea de Daihoji, nació en 1759 en Tsuruoka y murió en 1830 a los 71 años. Entró como monje en este templo a la edad de 21 años después de matar dos samuráis y desde entonces dedicó su vida a ayudar a los demás. Vale la pena visitar este templo no solo por la momia sino también por la belleza de las pinturas en sus techos y las vistas a la montaña sagrada. Solamente es accesible en coche o a pie desde el templo Dainichibo (30 min). Cuando nosotros llegamos estaba cerrado, sin embargo, el monje que lo custodia nos escuchó y vino a abrirnos. Tras pagar la entrada, el monje nos enseñó el templo y después nos dio tiempo para rezar al Buda antes de volver a cerrar.

Dainichibo Ryusui-ji en Dewa Sanzan

Fue fundado en 807 por Kukai, de hecho, dicen que éste fue el primer templo que Kukai fundó tras regresar de China. En aquellos tiempos, el acceso al santuario del monte Yudono estaba prohibido para las mujeres, pero Kukai decidió permitirles la entrada a este templo, por lo que pasó a considerarse “el Yudono de las mujeres”. El monje momificado que se custodia en este templo es Shinnyokai-Shounin, que nació en Ashahi (actual Tsuruoka) en una familia de agricultores y que a los 20 años decidió convertirse en sokushinbutsu. Practicó durante toda su vida un ascetismo extremo hasta que finalmente falleció en 1783 a la edad de 96 años. Este es el templo más conocido y visitado de los tres y es accesible tanto en coche como en autobús desde Tsuruoka. Cuando nosotros llegamos justamente salía un grupo de visitantes. Un monje nos recibió y, tras cobrarnos la entrada, nos pidió que nos colocáramos de rodillas delante del altar. Al principio no sabíamos qué era lo que pasaba, ya que el monje solamente hablaba japonés, pero después vimos que en realidad nos pedía que rezáramos juntos y fue una experiencia extraordinaria. Después nos acompañó para rezar al sokushinbutsu que se encuentra en una sala lateral.

En definitiva, la visita a estos templos no solo permite acercarse a una de las tradiciones más enigmáticas y desconocidas del budismo japonés, sino también comprender el sacrificio y la determinación de aquellos monjes que buscaron la iluminación a través de la automomificación. Más allá del misterio que rodea a las momias, estos lugares invitan a la reflexión sobre el sentido de la entrega, la fe y el legado espiritual que aún pervive en las montañas de Yamagata. Sin duda, una experiencia que deja huella y nos conecta con una parte profunda y fascinante de la historia de Japón.

Las geishas de Sakata, guardianas del arte y la tradición japonesa

Las geishas son consideradas un símbolo de elegancia y su rostro de porcelana y su cuello elegantemente descubierto siguen siendo uno de los iconos más reconocidos de Japón. En sus orígenes, y durante gran parte del período Edo (1603-1868), las geishas eran profesionales del entretenimiento y eran principalmente hombres, conocidos como taikomocho o hokan. Aproximadamente a partir del año 1800, este oficio fue asumido mayoritariamente por mujeres y, para distinguirlas de sus predecesores masculinos, se utilizaba el término onna geisha (geisha mujer), aunque más tarde, con la ausencia de hombres en la profesión, se les llamó simplemente geisha. Pese a lo que erróneamente se cree, las geishas no eran cortesanas y muchas veces se las confunde con las oiran, que, si bien su apariencia era muy parecida a la de las geishas, tanto en el maquillaje blanco como en la vestimenta, éstas sí ofrecían servicios sexuales. Las oiran fueron las cortesanas de mayor rango durante el período Edo y destacaban por la belleza, la inteligencia y el dominio de las artes tradicionales, como la poesía, la música y la ceremonia del té. Éstas residían en barrios del placer llamados yukaku y su estatus social era tan elevado que solamente los clientes más adinerados y poderosos podían aspirar a su compañía mediante un complejo proceso de presentaciones y rituales.

Colección de muñecas Hina

Volviendo a lo que nos ocupa, las aprendices reciben el nombre de maiko, y, a diferencia de las geishas, éstas suelen ser más jóvenes y suelen llevar kimonos más coloridos, con mangas más largas, peinados elaborados con adornos florales y un maquillaje blanco más llamativo. Por su parte, las geishas, que son artistas plenamente formadas y que han perfeccionado sus habilidades tras años de aprendizaje y experiencia, lucen de una manera más sobria y elegante, con un maquillaje y el vestuario más discretos y sofisticados. También hay diferencias entre las geishas, habiendo geishas tachikata y geishas jikata. Mientras que las primeras bailan la danza tradicional mai junto con las maiko, las segundas se dedican a cantar o a tocar instrumentos, como el shamisen (guitara japonesa). Otra diferencia es que las geishas tachikata aún llevan peluca y usan maquillaje blanco, mientas que las geishas jikata no, ya que normalmente éstas son geishas más mayores.

Maiko, geisha tachikata y geisha jikata.

La ciudad de Kioto es considerada la cuna y el principal referente de la tradición de las geishas. Desde allí, se expandió a otras ciudades como Sakata, ciudad portuaria de la prefectura de Yamagata, donde también arraigó profundamente gracias a los intercambios comerciales y culturales con Kioto. Sakata nació y prosperó durante el período Edo gracias a su posición estratégica como punto clave en la ruta comercial del arroz, conocida como el “camino del arroz”. Las rutas marítimas, conocidas como kitamae-bune (barcos con destino al norte) facilitaron la conexión comercial entre Osaka y Kioto, por un lado, y Tohoku y Hokaido, por otro, compensando la ausencia de infraestructuras terrestres para el intercambio de mercancías. Gracias a estos intercambios, muchos mercaderes llegaron a amasar grandes fortunas, y Sakata, hogar de una de las familias más ricas de Japón, se convirtió en un importante centro económico y cultural, atrayendo a comerciantes, artistas y, especialmente, a geishas, que encontraron en la ciudad un entorno propicio para el desarrollo de su arte.

Uno de los comerciantes más exitosos fue Mitsuoka Homma, considerado un héroe por sus inversiones en mejorar la ciudad. Plantó árboles para proteger la costa y los campos de arroz de los fuertes vientos y tormentas que los azotaban, y hasta donó sus reservas de arroz durante una hambruna que afectó Japón. Promovió las artes, trayendo a la ciudad artistas y artesanos, y su familia llegó a ser la más acaudalada y la mayor terrateniente de todo el país. Para conocer más sobre su historia se pueden visitar la Residencia Histórica Homma y el Museo Homma. La residencia fue construida en 1768 por Mitsuoka Homma y combina el estilo arquitectónico de la clase samurái con el interior de estilo de la clase de los mercaderes. Por otro lado, el museo de arte fue construido en 1968 a los pies de la casa de descanso de la familia Homma. Tanto la casa como el jardín fueron construidos por Kodo Homma, hijo de Mitsuoka, como residencia para el daimio Sakai Tadakata durante sus visitas de inspección. El jardín recibió el nombre de Kakubuen o jardín de la grulla danzante, después de que éste viera una grulla en el lago.

Kakubuen

La inversión de familia Homma en la promoción de la cultura y las artes contribuyó a que Sakata se consolidara como un enclave cultural comparable a Kioto en cuanto a lujo y sofisticación, lo que favoreció la aparición de casas de té y restaurantes. El barrio de las geishas (hanamachi), surgió como todos, alrededor de una calle llamada monzen-machi, cerca de los templos y santuarios importantes para dar servicio a los fieles que iban y venían. Entre los templos de Sakata destacan Jofuku-ji, Kaiko-ji y Jichi-in. La entrada al templo Jofuku-ji está marcada por la gran puerta Karamon, declarada Bien de Interés Cultural, donada por Mitsuoka Homma en el año 1800. Por otro lado, en el templo Kaiko-ji se pueden ver dos Budas vivientes o sokushinbutsu. Mientras que el templo Jichi-in es conocido por el Gran Buda de Sakata, una escultura de 17 m que representa a un Buda erguido, no sentado como el Buda que vimos en Aomori. Esta escultura está escondida en el patio del jardín de infantes situado delante del templo, por lo que los niños al vernos empezaron a saludarnos con el grito de gaijin (extranjero).

En actualidad, la única casa de geishas de Sakata es Somaro, cuya historia se remonta al período Edo cuando recibía el nombre de Somaya. En aquel entonces, Somaya era un restaurante reconocido por su fina gastronomía y sus 150 maikos y geishas. Sin embargo, el restaurante fue destruido por un terremoto en 1895 y parte del edificio se reconstruyó posteriormente. Durante la Segunda Guerra Mundial entró en declive y en 1995 cerró sus puertas. El edificio actual es una restauración llevada a cabo para devolver la tradición de las geishas a Sakata y abrió de nuevo sus puertas en el año 2000, año en el que se abrió también a los turistas. Somaro es también una escuela para maikos en la que éstas aprenden bailes, canciones, y tocar el shamisen, además de la etiqueta y cómo comportarse con los clientes. Entre las asignaturas típicas también se incluyen las artes tradicionales como el arreglo florar ikebana, caligrafía, ceremonia del té, etc. Previa reserva (dos días de antelación mínimo) a través de la página web, los visitantes pueden disfrutar bien de comida kaiseki con baile de geisha y maiko a las 12:00 h o bien solamente bailes a las 14:00 h. Además de los bailes, se puede visitar también parte de la casa convertida en museo y donde se exponen fotografías de Takehisa Yumeji y una colección de muñecas Hina tradicionales japoneses.

Somaro

Nosotros nos decantamos por la opción de ver solamente los bailes a las 14:00 h. Para acceder al recinto piden quitarse los zapatos y entrar con calcetines, no se puede entrar con los pies descalzos. Nos llevaron a una gran sala ya preparada con sillas para poder disfrutar del espectáculo y tuvimos que esperar a que un chico taiwanés que también había reservado se presentara. Esperamos una media hora en la que fuimos hablando con el dueño ya que hablaba algo de inglés. Nos fue explicando un poco la historia de Somaro, hablamos sobre las geishas y nos explicó que en su juventud había visitado España. Como el chico taiwanés finalmente no se presentó, el espectáculo fue privado, ya que no había nadie más aparte de nosotros. El programa se compone por un vídeo de unos 15 min de duración, en inglés, en el que se explica la historia de Sakata y de Somaro y luego otros 15 min de actuación que incluye tres canciones: shonaiobako, que cuenta la historia de una pareja sin suerte en el amor, una canción estacional que cambia cada mes, y sakatajinku, que loa la época de grandeza de Sakata durante el período Edo. Los bailes los llevan a cabo una geisha tachikata y una maiko, mientras que una geisha jikata toca el shamisen. No se pueden hacer fotos ni videos durante la actuación, pero sí una vez finalizada.

Jardín interior de Somaro

Así pues, visitar Sakata es una oportunidad única para sumergirse en la historia y la tradición japonesa fuera de los circuitos turísticos habituales. La ciudad, aunque ha perdido parte de su antiguo esplendor, conserva rincones que evocan su pasado glorioso como centro cultural y comercial. Además, presenciar el arte de las geishas es asistir a un espectáculo donde el tiempo parece detenerse.

Experiencias en Japón: onsen ryokan

El onsen ryokan combina dos conceptos de la cultura japonesa: por un lado, los onsen, o baños en aguas termales naturales, y, por otro, los ryokan o posadas tradicionales. Y aunque estos conceptos son a menudo usados como sinónimos, no lo son. Empecemos pues por el concepto de ryokan. Su origen se encuentra en el período Nara (710-794) cuando surgió la necesidad de crear alojamiento para funcionarios del gobierno o comerciantes que se desplazaban por el archipiélago y necesitaban lugares donde pasar la noche. Durante el período Edo (1603-1868), con la creación de nuevas rutas, tanto económicas como las rutas que unían Edo y Kioto, como espirituales como las rutas de peregrinación, esta oferta hotelera se diversificó dando lugar tanto a ryokans como a shukubos, o templos en lo que se podía pasar la noche. Los ryokans han ido evolucionando desde el período Edo, llegando a ser hoy en día verdaderos centros de bienestar, pero sin perder su esencia tradicional. Así pues, éstos además de alojamiento también ofrecen relax en baños onsen o sento (agua caliente, no termal) y una experiencia gastronómica kaiseki con platos típicos y productos de temporada.

En cuanto a los onsen, el término se refiere a instalaciones, ya sean un ofuro (bañera tradicional de madera de cedro), o rotenburo (piscinas al aire libre), en las que se puede disfrutar de agua termal, rica en minerales, que brota debido a la actividad geotérmica. Así pues, los onsen ryokan son ryokans que ofrecen agua termal, muchas veces situados en plena naturaleza, incluso en lo más profundo de las montañas, a las orillas de ríos o lagos termales que emanan naturalmente de la tierra.

Arquitectónicamente, los onsen ryokans siguen la estructura tradicional, construidos de madera, con puertas correderas y suelos de tatami, y con pocas habitaciones distribuidas en una o dos plantas. En la actualidad ofrecen tanto habitaciones de estilo tradicional japonés, durmiendo sobre futon en el suelo, o de estilo occidental. Independientemente del estilo, las habitaciones normalmente se distribuyen en tres zonas, una para dormir, una para descansar y disfrutar de las vistas al jardín, y una para el aseo, donde se encuentran el inodoro, la pica y la zona de baño separadas por puertas correderas. Muchos onsen ryokans ofrecen habitaciones con ofuro con agua termal, además de los baños públicos, separados por sexos, o los privados que se pueden reservar para acceder con la pareja, la familia o los amigos. Durante nuestro viaje, nos hospedamos en dos onsen ryokans, uno en Ichinoseki (prefectura de Iwate) y uno en Yuzawa (prefectura de Akita). Aunque con pequeñas diferencias que comentaremos a continuación, ambas experiencias fueron muy parecidas e igual de placenteras.

Los primero que hay que tener en cuenta es que al entrar en un ryokan hay que quitarse los zapatos, por lo que conviene llevar calcetines preparados, ya que desde la entrada hasta la habitación (donde hay zapatillas y calcetines disponibles) hay que ir descalzos. Los zapatos los devuelven al finalizar la estancia (lo que nos hizo recordar nuestra experiencia en un jjimjilbang en Corea del Sur). En uno de los ryokans nos dieron unas pulseras en las que se quedarían marcados los extras durante nuestra estancia y que se pagarían a la salida (por ejemplo, usar las máquinas de vending o las sillas de masaje), mientras que en el otro, estaba todo incluido, desde briks de leche para tomar tras el baño, helados, bebidas y hasta ramen por la noche por si nos entraba hambre. Otra diferencia entre los ryokans en los que nos hemos hospedado fue que en uno nos dieron la bienvenida con una taza de té y un dulce, mientras que en el otro no. Todo depende de la categoría y el precio del ryokan, evidentemente. En ambos ryokans el personal solamente hablaba japonés, por lo que nos comunicamos a través del traductor de Google y para saber dónde estaban la habitación, los baños o el comedor, nos dieron directamente unos mapas impresos del edificio.

Para movernos por sus instalaciones, en ambos, nos facilitaron zapatillas y una especie de pijamas de dos partes. Previo a la llegada, nos contactaron para preguntarnos la talla por lo que los teníamos preparados en la habitación. Los yukatas solamente se usan para el baño, dícese para desplazarse de la habitación a los baños compartidos o a los baños privados reservados. En ninguno de los dos ryokans en los que fuimos se permitía acceder al comedor para la cena o desayuno en yukata. De hecho, éstos ni siquiera estaban disponibles en la habitación. En un ryokan se debían pedir en recepción y en el otro había un cuarto con yukatas de diferentes tallas y colores y donde cada uno podía escoger el que quisiera.

Igual que en los baños compartidos del jjimjilbang en Corea del Sur, se debe entrar en el agua sin absolutamente nada de ropa, por lo que hay que dejarse en casa el bañador y el pudor. Aunque evidentemente, si existe la posibilidad, es mucho más fácil bañarse desnudo en un baño privado. Dado que en los ryokans en los que nos alojamos teníamos la posibilidad de reservar el onsen, optamos por esta opción. En los baños compartidos y también en los reservados, no hay toallas, por lo que hay que llevarla desde la habitación usando unos cestos preparados para este fin. Antes de entrar en el agua es fundamental ducharse usando el asiento y el cubo de madera. Además, hay que tener en cuenta que el agua termal sale muy caliente, por lo que hay un grifo de agua fría que se puede abrir para atemperarla. Por último, hay que tener en cuenta que no se debe sumergir la cabeza o el pelo.

Otra experiencia que ofrecen los ryokan son la cena y el desayuno estilo kaiseki en los que se utilizan productos de temporada para preparar platos tradicionales. Algo muy típico de los onsen ryokans son los onsen tamago o huevos cocinados usando el agua termal de los que ya os hablé. Dado que incluir la cena y el desayuno suben el precio considerablemente, nosotros los elegimos en un ryokan para poder tener así la experiencia completa, mientras que en el otro no. Ambas comidas, tanto la cena como el desayuno, nos las sirvieron en una habitación privada dentro del comedor y ambas fueron compuestas por multitud de pequeños platos. Dado que había algunos platos que se podían escoger entre varias opciones y algunos incluso se podían repetir, nos dejaron el menú impreso sobre la mesa. Aunque solamente estaba en japonés, no tuvimos problemas para entendernos, pues lo tradujimos con el traductor y fuimos señalando lo que queríamos.

Y esta fue nuestra experiencia en dos onsen ryokans en Tohoku. Ambos ryokans estaban situados lejos de cualquier ciudad y solamente fue posible acceder gracias al coche de alquiler. A pesar del precio y del difícil acceso, alojarse en un onsen ryokan es muy recomendable si buscas una relajante experiencia tradicional japonesa. Además de disfrutar de los baños termales, ofrecen la oportunidad de probar la cocina local y sumergirse en la hospitalidad japonesa, donde cada detalle está cuidado. Sin duda, es una experiencia única que merece la pena probar al menos una vez.