Visitar Matsushima es adentrarse en uno de los paisajes más emblemáticos de Japón, una postal viva donde la naturaleza y la historia se funden de manera única. Su bahía, salpicada por unas 260 islas cubiertas de pinos japoneses, ha inspirado a poetas y artistas durante siglos y forma parte de la prestigiosa lista de las tres vistas más bellas del país desde 1643 junto al santuario Itsukushima en Miyajima y la lengua de arena de Amanohashidate. Aquí se encuentra mucho más que belleza escénica: se pueden explorar islas misteriosas, descubrir templos centenarios, pasear por jardines preciosos, y disfrutar de la serenidad de casas de té tradicionales que ofrecen vistas incomparables de la bahía. Matsushima es también símbolo de resiliencia, pues su orografía la protegió durante el tsunami de 2011, y hoy sigue siendo un remanso de paz donde contemplar la armonía entre la cultura japonesa y el paisaje natural.
Llegamos a Matsushima en un corto viaje de media hora en tren desde Sendai (línea Senseki; bajando en la estación de Matsushima-Kaigan) y lo primero que hicimos fue tomar un barco turístico (trayecto de unos 50 min) para disfrutar de la vista de la bahía. Dado que fuimos de los últimos en subir al barco no tuvimos suerte de poder sentarnos en la ventada, y tampoco quedaban asientos en la planta de arriba (se paga un plus para subir), por lo que nos tuvimos que contentarnos con los asientos del medio. Aun así, pudimos disfrutar del trayecto que transcurre entre las islas e islotes de formas inusuales que le confieren al lugar su belleza singular.
De las 260 islas que conforman la bahía, a tres es posible acceder por sendos puentes rojos. La más pequeña alberga en su interior el templo de Godaido, un símbolo de Matsushima. Aunque se cree que hubo un templo anterior, construido en el siglo IX, la estructura actual data del 1604 cuando fue reconstruido por orden del daimio de Sendai, Date Masamune.
La isla Oshima, a la que se accede también por un pequeño puente rojo, alberga en su interior interesantes cuevas de meditación que nos recordaron a las que vimos durante nuestra ruta de la seda por China (cuevas de Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen). Estas cuevas fueron escupidas desde el período Kamakura (1185-1333) hasta el período Edo (1603-1868) y algunas se utilizaron como cinerarios para albergar cenizas de difuntos. Cuevas similares también se pueden ver el recinto del templo de Zuiganji. Este templo data del año 828 y su construcción se le atribuye al monje budista Tendai, Jikaku Daishi, el mismo que fundó el templo de Yamadera (Yamagata). Durante el período Kamakura el templo cambió de budismo Tendai a budismo Zen, religión que se mantiene hasta el día de hoy. En el año 1604 fue reconstruido por Date Masamune. La reconstrucción duró 5 años, y, tras su finalización, Masamune lo convirtió en el templo principal del clan. Muchas partes del templo han sido designadas tesoros nacionales o bienes de interés cultural. En el mismo recinto se encuentra el Museo de Arte del templo que exhibe varios artefactos budistas (caligrafía, pintura fusuma, retratos, etc.)
Cerca del templo Zuigan-ji se encuentra el templo Entsuin, construido en 1646 por Date Tadamune en honor a su hijo Mitsumune que falleció a la edad de 19 años. Los jardines de estilo japonés y occidental complementan el templo y el mausoleo, ofreciendo un entorno ideal para el paseo.
Por último, la isla de Fukuura, la más grande y la única con acceso de pago, se conecta por un llamativo puente rojo de 252 metros. A pesar de que la isla alberga el pequeño templo Benzaiten, su mayor atractivo son los senderos que serpentean a través del bosque de pinos japoneses y que ofrecen unas bonitas vistas de la bahía.
Y antes de emprender nuestro camino de vuelta a Sendai, no perdimos la oportunidad para probar las ricas ostras de Matsushima.
Jeju es una isla de origen volcánico situada en el estrecho de Corea considerada una de las siete maravillas naturales del mundo y declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 2007, Geoparque Global por la Unesco en 2009 y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2022. Jeju no es una isla muy grande, pero ofrece al visitante una enorme cantidad de posibilidades: hermosas playas volcánicas, innumerables rutas de senderismo y bellos paisajes. Además, es muy fácil de recorrer, ya sea en transporte público o en coche de alquiler, y se puede alcanzar en avión desde las principales ciudades del país. Por todo esto, Jeju es un gran reclamo turístico y es muy visitada, aunque no tanto por el turismo europeo, sino más bien por el turismo chino o japonés. También es un destino preferido por los coreanos, ya que las parejas eligen este lugar para su luna de miel.
Volviendo a lo que nos ocupa, la isla de Jeju fue nuestro primer contacto verdadero con Corea del Sur, aunque fue la segunda parada en nuestra ruta. La primera parada fue Seúl, aunque ese primer día lo disfrutamos más bien poco ya que nuestro vuelo de Barcelona a Seúl tuvo un retraso de tres horas haciendo que llegáramos a Corea ya de noche, por lo que solamente nos dio tiempo de cenar e ir al hotel. Nuestro vuelo a Jeju salió al día siguiente, por la mañana, desde el aeropuerto de Gimpo y llegamos a la isla poco antes del mediodía. En la isla pasamos un total de tres días y, para tener mayor libertad, elegimos alquilar un coche, por lo que, nada más recoger las maletas, salimos del aeropuerto en busca del parquing del que salen los autobuses de la mayoría de las agencias de alquiler de coche. Llegar al parquing no tiene pérdida: nada más salir, se cruza la calle y se sigue a mano derecha. Allí hay una pantalla en la que se indica de dónde sale el autobús de cada agencia, ya que éstas no están situadas en el mismo aeropuerto. Una vez finalizados los trámites, ya pudimos empezar nuestra aventura por Jeju.
Un calor abrasador nos dio la bienvenida, así que nos lo tomamos con calma y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer y de paso planificar la tarde. Y nuestra primera visita fue el túnel de lava Manjaggul, una de las principales razones por las que decidimos visitar la isla. Esta cueva tiene una longitud total de 13.422 m, por lo que es considerada como la más grande del mundo, y es declarada Patrimonio Natural de la Humanidad. Durante las erupciones volcánicas la lava fluye hacía el mar y, durante su recorrido, la lava de la superficie se va enfriando y solidificando, dando lugar a túneles, como este. Existen tres entradas a la cueva, pero solamente una está abierta al público. Se puede recorrer 1 km en su interior y se pueden observar una gran variedad de estructuras formadas a partir de lava. Dentro de la cueva, la temperatura oscila entre los 11º y los 22º, por lo que es recomendable llevar alguna prenda de manga larga, aunque con el calor del exterior no apetezca mucho. También es recomendable llevar un buen zapato, ya que el suelo suele ser bastante resbaladizo.
Esta formación de lava recibe el nombre de La Tortuga de Piedra y dicen que es idéntica a la forma de la isla de Jeju
Para finalizar nuestro primer día en Jeju, nos dirigimos al cabo Seopjikoji para ver la roca Seonnyeobawi, cuyo nombre significa “roca del hada”. Hay un camino preparado, muy cómodo que lleva hasta el faro y cerca de la roca, aunque por el camino hay diferentes miradores desde los cuales se pueden conseguir muy buenas fotos.
Tras un día totalmente soleado, nuestra suerte cambió cuando empezamos a recibir alertas de seguridad pública. Al estar conectados a una red coreana (por tener una SIM o eSIM) se reciben también estas posibles alertas, y, aunque están en coreano, se pueden traducir fácilmente con Google Lens. Y es así como descubrimos que una gran tormenta tocaría la isla durante la noche y que nos acompañó prácticamente durante los dos días que nos quedaban, trastocando así todo el itinerario que teníamos pensado… Esa misma tarde el cielo ya se empezó a ver encapotado…
Y, efectivamente, tras una noche de tormenta, nuestro segundo día en Jeju comenzó pasado por agua. Aún así, decidimos ir al bosque Bijarim, el mayor bosque de árboles bija (Torreya nucifera) de Corea, en el que se encuentran más de 2.800 árboles de entre 500 y 800 años, siendo el mayor atractivo un ejemplar de bija con más de 820 años. El trayecto es circular y es muy fácil de recorrer. Para nuestra suerte, fue llegar al parquing y dejó de llover, así que pudimos disfrutar del trayecto en condiciones. Aun así, por la lluvia había algunos tramos embarrados, pero en Corea están en todo y a la salida del parque hay unas fuentes preparadas para limpiarse los zapatos antes de subir al coche.
Nuestro siguiente objetivo iba a ser la ruta Geomun Oreum, pero nada más subirnos al coche empezó a diluviar y en vista de que no iba a parar pronto, decidimos poner rumbo de nuevo a la ciudad de Jeju y buscar algún sitio para comer con la esperanza de que cambiara el tiempo mientras tanto. Pero no fue así… La tormenta no parecía querer irse, por lo que dejamos el coche en el parquing del hotel y, paraguas en mano, tomamos el autobús (sirve la tarjeta T-Money; más info en Transportes) hasta el mercado Dongmun. Tras unas cuantas vueltas por el mercado (y alguna que otra compra), seguimos por el lateral del río hasta llegar al Museo Folclórico y de Historia Natural de Jeju.
El museo se inauguró en 1984 y es de libre acceso (al menos nosotros no pagamos entrada). Aunque no es muy grande, ofrece la oportunidad de aprender sobre el proceso de formación de la isla, sobre la fauna y flora que la habita, pero también sobre cómo era la vida y el folclore de los habitantes de Jeju a través de objetos cotidianos, trajes, y hasta representaciones de casas tradicionales o barcos de pesca.
Nuestra siguiente parada del día fue Samseonghyeol. Está situado al lado del museo, al otro lado del río, y no teníamos ni idea de lo que se trataba, pero como tampoco teníamos nada mejor que hacer por culpa de la lluvia, decidimos entrar e investigar. El recinto parece un parque con árboles inmensos y algunas construcciones. Lo mejor es empezar el trayecto por el pequeño museo que se encuentra en el lado derecho, porque así os podéis hacer una idea de qué es lo que veréis a continuación. Y es de hecho lo que nosotros hicimos, aunque fue por casualidad.
El museo consiste en dos pequeñas estancias a las que hay que acceder descalzos, dejando los zapatos y los paraguas en la entrada. Allí en forma de maquetas y diversos documentos se cuenta la historia de los tres principales apellidos de la isla de Jeju. Resumidamente, la leyenda cuenta que tres demonios emergieron de la tierra a través de tres agujeros y estos demonios se casaron con tres princesas del reino de Byeongnang y fundaron el reino de Tamna, dando lugar así a los tres principales apellidos: Seonju, Wangja y Donae. Y justamente el principal atractivo del lugar son los tres agujeros a través de los cuales salieron los demonios.
A pesar de ser una leyenda, el lugar es considerado sagrado y cercano a los tres agujeros se encuentra un pequeño templo que fue construido en el año 1698 y donde en primavera y otoño se celebran ceremonias conmemorativas y en invierno, una gran ceremonia religiosa budista en honor a la fundación de la isla.
Nuestro tercer y último día en la isla volvió a amanecer lluvioso… Sin embargo, este día decidimos desplazarnos hasta la ciudad de Saeogwipo para visitar la roca Oedolgae, la cascada Jeongbang y la cascada Cheonjiyeon. Los tres destinos de encuentran a poca distancia entre sí. Nuestra primera parada fue la cascada Cheonjiyeon. Esta cascada tiene una altura de unos 22 m y un ancho de 12 m y fue designada como Tesoro Natural, tanto por ser el hábitat de las anguilas mutaejangeo como por el bosque que la rodea.
Desde aquí nos desplazamos a la cascada Jeongbang, que con una altura de 23 m, es famosa por ser la única de Asia y unas de las pocas cascadas del mundo que arroja el agua directamente en el mar. Aquí en días soleados, que no fue el caso, se pueden ver mujeres buceadoras (haenyeo) que recogen marisco a mano, sumergiéndose en el mar a apnea.
De allí, seguimos nuestro rumbo a la roca Oedolgae, una roca de origen volcánico que se eleva unos 20 m desde el nivel del mar.
Hay varios senderos que se pueden seguir por los alrededores, sin embargo, nosotros no los pudimos disfrutar mucho ya que la lluvia decidió volver con nosotros. Como la lluvia iba en aumento, decidimos buscar un sitio para comer y poder recalcular ruta.
La decisión final fue visitar el parque Hallim, pensando que sería más fácil de visitar con lluvia, aunque nuestra mayor sorpresa fue que, nada más llegar al parque, la lluvia decidió darle paso a un sol radiante. Volviendo al parque, éste fue creado en 1971 y cuenta con multitud de plantas y de árboles bellamente dispuestos, dos túneles de lava, un jardín botánico de plantas tropicales, un jardín de bonsáis, y una aldea folclórica Jaeam. Las cuevas, Ssangyong y Hyeopjae, se formaron hace 250 mil años por la erosión volcánica. Una particularidad de estas cuevas es el hecho que, por la penetración del agua con cal, fueron adquiriendo un color dorado. Aunque solo se pueden visitar estas dos cuevas, éstas están interconectadas con hasta 20 otras cuevas que constituyen un solo sistema con una longitud de 17.000 m. Actualmente son Patrimonio Nacional Natural y se consideran únicas en el mundo.
En cuanto al jardín botánico, éste está distribuido en varios jardines más pequeños, cada uno con una temática: plantas tropicales, cactus, bonsáis, palmeras, etc.
Por otro lado, la aldea folclórica Jaeam es una reconstrucción de un antiguo poblado que permite imaginarse cómo era la vida cotidiana en Jeju.
Por la dimensión del parque y de la cantidad de rincones por los que pasear y desconectar, estuvimos pasando aquí prácticamente toda la tarde. Aunque consideramos que el parque se merece una visita, hay una gran pega, y son la gran cantidad de aves y reptiles que viven enjaulados… La verdad, no entiendo muy bien qué aporta tener los animales encerrados, porque con solo las cuevas, los jardines y la aldea ya tiene suficiente atractivo, a nuestro parecer.
Y con esto dimos por finalizado el día y nuestra estancia en Jeju ya que al día siguiente tomamos el vuelo hacia nuestro próximo destino: Busán. Dejamos la isla por la mañana con un sol radiante y con un sabor agridulce porque disfrutamos mucho de nuestra corta visita a Jeju, pero nos hubiera gustado poder haberla disfrutado con el sol que dejamos atrás…
Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.
Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».
Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:
Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:
En nuestro corto viaje a Asturias tuvimos la oportunidad de conocer dos especies animales muy especiales que viven en la cordillera cantábrica y que son endémicas de España: el oso pardo cantábrico (Ursus arctos artcos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus), aunque por desgracia solamente a una la pudimos ver en libertad.
Asturias es una de las cuatro comunidades autónomas, junto a Castilla y León, Galicia y Cantabria, que son hogar del máximo depredador de la península: el lobo ibérico. El lobo ibérico tiene un pelaje pardo-grisáceo con zonas amarillentas, orejas pequeñas y triangulares, un cuerpo ágil y delgado y que mide 1,2 metros de largo y una altura de unos 70-80 cm con un peso de unos 50 kg. Viven en manadas o grupos familiares reducidos en los que manda el macho adulto más fuerte. Las parejas de lobos suelen tener entre 3 y 6 lobeznos que llegan a ser adultos a los 3 años. Su esperanza de vida es de unos 8 años. Se alimentan principalmente de ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, liebres, entre otros, controlando así la población de estas especies. Junto a otros carroñeros, los lobos también devoran cadáveres de animales evitando así el contagio de enfermedades. El año 2020 se estimó que quedaban alrededor de 300 manadas, lo que la hace genéticamente una especie muy vulnerable debido a la consanguinidad.
Aullador
El primer contacto con los lobos ibéricos lo tuvimos en la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda. Visitamos el museo e hicimos la ruta del lobo. Esta ruta recibe este nombre porque lleva hasta un cercado en que actualmente viven dos lobos macho. Este sendero se puede hacer por libre perfectamente, de hecho, está señalizado y hay hasta un merendero delante, sin embargo, antes de juzgar y lamentar su situación, vale la pena conocer su historia de la mano de la guía y así tener también un contexto general, no solo de estos dos lobos en particular, sino también de la situación de los lobos en Asturias. Belmon y Aullador son los nombres de los dos lobos que, desde su cercado, son testimonios de la complicada situación que viven los lobos en Asturias. No están allí por puro capricho, ni tampoco para ser exhibidos a los visitantes, sino que están allí por tener la mala suerte de encontrarse con los humanos. La manada de Belmon y de su hermano, Tino, que murió el año pasado, fue asesinada en una de las partidas de caza al lobo. Sin embargo, los hermanos consiguieron sobrevivir y ambos fueron rescatados con tan solo semanas de vida… El hecho de perder a su familia de la mano del hombre les ha condenado a vivir toda la vida encerrados, ya que sin una manada no pudieron volver a la naturaleza. Por otro lado, la historia de Aullador es aún más desoladora ya que fue capturado por un hombre que se había encaprichado con querer tener un lobo como mascota y que lo desechó como si nada cuando vio que no se comportaba como un perro. Estando ya acostumbrado al contacto con los humanos, fue condenado a vivir toda la vida privado de la libertad.
Aullador
Debido a que las manadas de lobos ibéricos son generalmente pequeñas, si se mata algún miembro de la manada, ésta se debilita y ataca presas más fáciles como son el ganado. Y he aquí el problema: si se caza al lobo por miedo a que vaya a matar al ganado, éste acabará haciendo justo lo que se espera impedir. Es un pez que se muerde la cola. Las soluciones que se dan ahora mismo, como por ejemplo compensar la pérdida de un animal económicamente, no solventan el problema mientras que las soluciones que de verdad funcionarían necesitan tiempo, dinero e investigación. El futuro es difícil para el lobo en Asturias, dada la importancia de la ganadería en la zona. Aullador y Belmon son dos lobos que han sufrido daños colaterales por la acción de los humanos, sin embargo, algunos otros no tuvieron tanta suerte… Aun así, tengo la esperanza de que se invierta en mejorar la situación de los lobos y que la población local acabe aceptando a este hermoso animal y así conseguir vivir en armonía.
Mirador de La Peral
Por otro lado, en Pola de Somiedo tuvimos la suerte de poder conocer a otro emblema de los montes de Asturias: el oso pardo cantábrico, esta vez, sí, en libertad. Por suerte, los osos tienen mayor aceptación entre la población local, a diferencia de los lobos, porque no afectan a la ganadería. Algún apicultor podría ver mermadas sus colmenas, pero no producen el mismo impacto que los lobos. A diferencias de los lobos que ven reducida su población, el número de osos está aumentando.
El oso pardo es el animal terrestre más grande de la fauna ibérica y cuenta con un censo de unos 260 ejemplares, viviendo la mayoría de ellos en Asturias. Es la subespecie de oso pardo más pequeña y su esperanza de vida supera los 20 años. El oso pardo es plantígrado, tiene un pelaje entre pardo amarillento y marrón oscuro y un peso de unos 180 kg en los machos y de unos 140 kg en las hembras. En invierno hibernan, refugiándose en cuevas. Las osas paren entre una y tres crías durante la hibernación y estas crías se quedan con la madre hasta cumplir un año y medio, que es cuando la familia se separa.
Oseznos hermanos en el mirador de La Peral
Avistar osos se puede hacer por libre, sin embargo, no se recomienda para nada subir a la montaña ni a aventurarse a acercarse demasiado a los osos. Dos cosas hay que tener claras: la primera, estamos en el territorio de los osos y los debemos respetar y no los debemos molestar en absoluto, y la segunda, el oso es un animal salvaje, impredecible y que puede actuar con ferocidad si se siente amenazado. Dicho esto, hay dos miradores habilitados a los que se puede acudir para el avistamiento: el mirador de La Peral y el mirador de Gúa. La mejor época para el avistamiento es la primavera y el otoño, ya que en verano hace demasiado calor y acostumbran a estar metidos en el bosque donde la temperatura es más fresca. En primavera además existe la posibilidad de ver mamás con sus oseznos que recién abandonan las cuevas donde hibernaron durante los meses de más frío, sin embargo, en otoño, los osos se alimentan frenéticamente para el engorde de cara a la hibernación y son más fáciles de ver entre la multitud de avellanos que salpican las montañas de Somiedo. Así pues, sea cual sea la época, los mejores momentos para el avistamiento son las mañanas temprano y las tardes. También hay que tener en cuenta que los miradores están encarados a las laderas de las montañas, pero no están cerca, por lo que es necesario acudir con prismáticos, o mejor aún, con telescopios. La ropa de abrigo también viene muy bien ya que las mañanas y las tardes son frescas y seguramente el intentar avistar los osos puede conllevar muchas horas parado en un mismo lugar. También existe la posibilidad de no ver ningún oso. Es un riesgo que se debe correr… puede que ningún oso decida dejarse ver o puede que la niebla no quiera dejar entrever ningún oso…
Oso macho en el mirador de Gúa
Nosotros hicimos dos avistamientos, uno por la mañana temprano y otro por la tarde, y fuimos unos de los afortunados en observar a estos preciosos animales. En el primer avistamiento, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar en la ladera más alejada del mirador de La Peral, dos hermanos oseznos y posteriormente a una mamá con dos crías. Y fue gracias a unos buenos telescopios… Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos la suerte de avistar un oso macho nada más llegar. Éste se estuvo unas cuantas horas disfrutando de las avellanas en la ladera de la montaña y nosotros estuvimos disfrutando viéndolo a través de los prismáticos. Aunque si no se consigue ver al oso, se puede disfrutar igualmente de la espera, de los paisajes y de otra fauna que habita Somiedo. Desde luego Somiedo no es solo osos y lobos, si no también el hogar de corzos, rebecos, multitud de aves…
En definitiva, para el avistamiento de osos se necesitan ganas y paciencia para esperar sin tener la certeza de conseguirlo, pero también respeto, tanto por el entorno como por los mismos osos. En este tipo de actividad somos meros observadores, pero también responsables de preservar la naturaleza en su estado.
Tras nuestro último viaje a Madagascar allá por 2019, planeábamos el que hubiera sido nuestro siguiente viaje: Japón, sin imaginar que nuestros planes se verían truncados irremediablemente por el coronavirus. Lo que parecía un breve parón en nuestras vidas, acabaron siendo dos años en los que solo pudimos soñar con los viajes. Fueron unos años muy duros, seguramente como para todos, pero tuvimos la suerte, al menos de poder dedicarnos a nuestro jardín, que ha sido nuestra ruta de escape durante este tiempo.
Este año 2022 Japón no pudo ser, por tener las fronteras cerradas hasta hace nada, pero esto no fue un impedimento para que nuestras ganas de viajar y conocer mundo despertaran, ganas que se habían quedado de alguna manera dormidas, ya que no nos atrevíamos a volver a hacernos planes. Y así es como, para desperezarnos hemos decidido hacer una escapada de una semana a Asturias durante el mes de septiembre. Dado que el número de días fue limitado, tuvimos que definir muy bien lo que queríamos visitar y lo que seguramente dejaríamos por el camino. Los puntos clave que teníamos muy claros al decidir este viaje fueron: avistar osos en libertad en el Parque de Somiedo e iniciarnos a la espeleología en una de las cuevas naturales de los Picos de Europa. Lo cierto es que ya habíamos visitado cuevas con anterioridad, como las del Parque Nacional de Mulu en Malasia, pero nunca habíamos hecho espeleología y teníamos curiosidad. Con esto en mente y tras valorar todo lo que Asturias puede ofrecer, hemos definido el siguiente tour (circular):
Pola de Somiedo (2 días)
Elegimos como base para la primera parte del viaje, Pola de Somiedo, un pequeño pueblo rodeado de montañas, pero un punto neurálgico para las diferentes actividades culturales, de senderismo y naturaleza que se pueden realizar en el Parque de Somiedo. De camino a Pola paramos a visitar la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda, para conocer de primera mano la situación de los lobos en la zona, y una vez en Pola de Somiedo, hicimos dos avistamientos de osos en el Parque de Somiedo. Ver osos en libertad no es fácil, no os creáis. Son animales impredecibles y hay muchísimos factores que pueden influir: las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de alimento y la suerte de cada uno. En el primer avistamiento, por la mañana temprano, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar a lo lejos, muuuy a los lejos dos hermanos oseznos ya independizados y, posteriormente, una mamá con dos crías. Fue en el Mirador de la Peral, justamente en la ladera más alejada, siendo imposibles de ver con prismáticos, y solamente accesibles gracias a unos buenos telescopios. Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos aún más suerte, y, nada más llegar, vimos un macho en la ladera de la montaña alimentándose tranquilamente de avellanos, esta vez, sí visible con prismáticos.
Otras actividades por las que Pola es famosa son sus rutas de senderismo, siendo la ruta de los lagos la más conocida, sin embargo, nosotros, dado el reducido número de días que pasamos aquí, nos limitamos a hacer la ruta accesible. Un sendero corto, preparado para que cualquier persona en cualquier situación lo pudiera hacer, pero que ofrece unas vistas impresionantes del pueblo y de las montañas que lo rodea.
Como recomendación culinaria, nuestro plato favorito de aquí fue el cachopo con cecina, queso y membrillo. Buenísimo.
Soto de Agues (1 día)
Paramos en Soto de Agues, un pequeño pero hermoso pueblo situado en el Parque Natural de Redes, en nuestro camino de Pola de Somiedo a Cangas de Onís y aprovechamos para hacer la Ruta del Alba, declarada monumento natural en el año 2001. La ruta sigue el curso del río Alba por un antiguo camino de pastores. Es una ruta fácil y accesible, con poco desnivel, ya que los primeros 5 km discurren por un sendero de piedra, acondicionado. Los últimos 2 km, a partir de las Brañas de La Vega, son por camino de montaña, pero este es, sin embargo, el tramo más espectacular, si cabe, ya que el sendero está encajonado entre las paredes de roca y el río con decenas de saltos de agua y cascadas. La ruta es lineal, por lo que hay que deshacerla por el mismo camino (14,6 km en total). Durante el trayecto se pasa por al lado de una piscifactoría truchera y por la mina de hierro del Carmen, ambas ya en ruinas.
Este día comimos un bollo preñao en uno de los merenderos que hay a lo largo del camino. El bollo preñao es un bollo de pan relleno de chorizo. Una comida potente, pero recomendable para la ruta.
Cangas de Onís (3 días)
La que fue la primera capital del antiguo reino de Asturias, fue nuestra base en la última parte del viaje. Este pequeño pueblo lleno de historia es la puerta de entrada al Parque Picos de Europa pero también a otro clásico de Asturias: los lagos de Covadonga y el santuario de Covadonga. Tanta es la fama de estos enclaves que en temporada alta el acceso a los lagos esta restringido a vehículos particulares a partir de las 8 de la mañana, siendo posible llegar en autobús, en taxi o con algún tour organizado. Desde Cangas de Onís parten buses cada veinte minutos y los billetes de autobús se pueden comprar directamente en la terminal o por internet. Aunque al hacer la compra por internet obliguen elegir una hora de subida y una de bajada, la verdad es que podéis hacerlo a la hora que queráis. Este mismo bus para en el santuario de Covadonga. También es importante tener en cuenta que aún es (al menos lo era cuando nosotros fuimos) obligatorio el uso de mascarilla en el transporte público.
Una vez alcanzada la cima, las vistas quitan el aliento. Tanto los miradores como los lagos de origen glaciar son un espectáculo para todos los sentidos. Además de caminar por estos enclaves y disfrutar de la naturaleza y de las espectaculares vistas de los dos lagos, Ercina y Enol y de la laguna temporal, el Bricial, también se puede conocer el pasado minero de la zona a través de las minas de Buferrera. Aquí podéis pasaros desde una mañana hasta un día entero. El único pero que le pondría es la cantidad de visitantes que estos parajes pueden atraer. Queda patente que es uno de los sitios más turísticos de Asturias.
Sin embargo, Cangas de Onís y alrededores, ofrecen muchas más actividades, para todos los gustos y condiciones. Desde visitas gastronómicas, como las visitas a queserías, a multitud de rutas de senderismo, miradores y actividades de aventura, como el descenso del río Sella en canoa o hacer espeleología. Aunque no me atreví a bajar en canoa, debido a mi miedo al agua por no saber nadar, sí que decidimos iniciarnos a la espeleología. Según nos dijeron, los Picos de Europa son considerados el Himalaya de los espeleólogos debido al amplio recorrido subterráneo que ofrece este sistema kárstico. La cueva en la que nos adentramos no era muy grande y el nivel de exigencia era bajo, pero la verdad es que descubrimos algo totalmente desconocido para nosotros, fue toda una experiencia sensorial. Nos sorprendió la temperatura de la cueva, la falta de luz y de olores, pero también que, incluso un lugar tan inhóspito como ese, pueda ser el hogar de seres vivos. La guinda final fueron unos minutos en los que el guía nos recomendó que nos sentáramos, apagáramos las linternas y disfrutáramos de lo que es realmente estar en una cueva: oscuridad profunda, silencio total, un medio en el que de nada sirven nuestros sentidos…
Para realizar este tipo de actividad hay que contar con un guía experimentado. Nosotros reservamos el día previo y tuvimos la suerte de que éramos los únicos que nos habíamos apuntado ese día. Aunque normalmente los grupos son reducidos, nosotros agradecimos poder disfrutar de esta aventura “en privado”. Antes de empezar, nos dieron un mono, un casco con linterna y guantes. Se recomienda llevar un buen calzado ya que el suelo puede ser resbaladizo. No se recomienda llevar ni mochilas ni otros objectos con los que haya que cargar durante la ruta. En la cueva el suelo estaba húmedo y resbaladizo, tuvimos que subir y bajar con la ayuda de cuerdas y, aunque había habitaciones en las que se podía estar perfectamente de pie, también había algunos puntos en los que teníamos que pasar agachados. Si aún no habéis hecho espeleología, es una experiencia totalmente recomendable.
Tras esta aventura, cogimos el coche y nos dirigimos a la Cuevona de Cuevas del Agua, una corta cueva por la que discurre una carretera, que es el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Dicho de otro modo, es una cueva que se puede cruzar perfectamente en coche. Sin embargo, yo os recomendaría que aparquéis el coche y disfrutéis de la cueva a pie, que es como lo hicimos nosotros. Son unos 300 m de recorrido perfectamente iluminados, destacando las fascinantes formaciones calcáreas de esta cueva.
Y para finalizar el día, también subimos a uno de los muchos miradores que hay, el mirador de Fitu, que ofrece unas vistas increíbles del mar y de las montañas.
Y ya de vuelta hacía Avilés, donde pasamos la última noche antes de volver, no pudimos resistirnos a hacer una última ruta de senderismo: el Camín Encantau. Este sendero circular se encuentra en la localidad de Venta de Probes, de unos 8,6 km de longitud. La ruta tiene cierto desnivel, con una primera subida empinada. Pero vale la pena por los paisajes que la rodean y por ser también un recorrido por la mitología asturiana. Y es de allí que recibe el nombre de camín encantau, de los personajes tallados en madera que aparecen a medida que avanzamos en la ruta. El primero que nos da la bienvenida es Sumiciu, el duende que hace desaparecer los objetos.
Nuestros platos favoritos de estos días fueron las verdinas con pulpo y los tortos con huevo y adobu.
Cudillero (1 día)
Y llegamos al último día de nuestro viaje a Asturias y, como despedida, antes de dejar el coche de alquiler y volar de nuevo a Barcelona, visitamos Cudillero, un pequeño pueblo marinero enclavado en un acantilado, declarado Conjunto Histórico Artístico. El mar Cantábrico y las casas de colores nos dejaron maravillados. Y para disfrutar aún más del pueblo, del mar y de las vistas, os recomiendo que subáis a cualquiera de los miradores que lo rodean.
El plato estrella de Cudillero, para nosotros, fueron las zamburiñas.
Este fugaz viaje por Asturias, por sus paisajes más emblemáticos, su fauna, sus pueblos con historia y su gastronomía ha sido una experiencia para todos los sentidos y, desde luego, nos ha dejado con ganas de más, de volver a recorrer, de conocer y de disfrutar. Sin dudas, algún día, ¡volveremos a Asturias!
Definitivamente el viaje a Madagascar no nos dejó indiferentes. Durante los 15 días que pasamos por el centro de la isla pudimos disfrutar de lugares y momentos maravillosos: el contacto con la naturaleza, con los lémures y demás fauna endémica, unos atardeceres y amaneceres magníficos, una maravillosa gastronomía… Sin embargo también hubo algunos no lo fueron tanto… Aquí tenéis nuestra valoración:
Lo mejor:
+ Conocer por fin a los lémures. Aunque la fauna y la naturaleza en general nos apasionan, los primates siempre han sido (y siguen siendo) un gran imán. Conocer al famoso rey Julien, al lémur más grande todos y al lémur más pequeño, entre muchos otros, fue todo un privilegio.
+ El parque de Analamazaotra fue con diferencia mi favorito. Pasamos un poco de frío pero pudimos disfrutar un montón de la naturaleza tanto de día como de noche. Y despertarse con el canto de los indris fue algo increíble.
+ La reserva privada de Anja. Una muestra de que el turismo sostenible es posible. Aunque la reserva no tiene nada que ver con los parques naturales en cuanto a tamaño y a variedad de fauna y flora, en ella viven unas preciosas familias de lémures anillados y los beneficios repercuten directamente en la población local.
+ El parque de Isalo. ¡Es como visitar multitud de paisajes en un solo paseo! Desde formaciones rocosas de tonos rojizos hasta exuberantes cascadas verdes ocultas en los hondos valles.
+ Abrazar los grandiosos y viejos baobabs nos dio una energía especial.
+ La playa solitaria de Belo sur Mer, lejos del ajetreo de las ciudades y sin grandes comodidades. Indiscutiblemente nuestra definición de paraíso.
+ La gastronomía malgache. Una apetitosa mezcla de ingredientes y especias (miel, vainilla, jengibre, coco, pimienta…).
Lo peor:
– La pobreza. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y eso se hace patente a cada paso. Sin embargo, durante nuestro trayecto hacia el sur de la isla, uno de los lugares más afectados por la sequía, se me rompió el alma al ver niñxs pedir ¡agua! Durante nuestros viajes es habitual que los niñxs pidan bombones o lo que sea, pero que pidan agua porque no tienen ni para beber (ya ni decir para bañarse o lavar la ropa…) a mí me dejó trastocada. Por favor, si viajáis al sur de la isla y os piden “oviva” (del francés Eau vive, marca de agua embotellada) no se lo neguéis. Aunque tener agua a nosotros nos parece un derecho para otrxs es un privilegio.
– El acoso de la gente. Justamente la pobreza y la falta de recursos conllevan a que se acose incesantemente a lxs vazaha (“blancxs” en malgache). Nos llegaron incluso a perseguir para vendernos cosas mientras íbamos a comer, esperarnos mientras comíamos y luego volver a perseguirnos a donde fuéramos. Y, creedme, comprar lo que sea no soluciona nada porque comprarle a unx implica que aparezcan 3-4 más y el proceso empieza de nuevo. Aunque lo cierto es que no nos lo encontramos en todos los sitios por lo que pasamos. Ifaty, sin duda, fue el peor en este sentido.
– La deforestación. La tala incontrolada de bosques, la plantación de árboles foráneos (sobre todo eucaliptos para producir carbón y árboles frutales) y los fuegos descontrolados no era lo que esperábamos ver. Los parques naturales y las pequeñas reservas son los únicos refugios de la fauna y de la flora endémicas, sin embargo estos ven reducido su tamaño cada día…
– Las reservas privadas de Vakona y Peyreiras. Debido a la deforestación y a la pérdida de espacios naturales de bosques primarios y a la gran demanda por parte de lxs turistas de conocer fácil y rápido multitud de fauna endémica provoca la creación de reservas que en espacios reducidos, no siempre adecuados y muchas veces con fauna en jaulas. Una gran desilusión…
– El exagerado número de turistas que nos encontramos en el parque de Ranomafana, uno de los más famosos y visitados del país. No negaré que es uno de los mejores sitios para ver fauna (existe la posibilidad de ver 7 especies de lémures diurnos), sin embargo creo que para que este sitio se mantenga en estado natural se debería limitar el número de visitantes que accedan al parque cada día.
– Hacer fotos con flash. La misma historia de siempre… Aunque las fotos no salen preciosas sin flash, creo yo que la finalidad principal del viaje es ver y disfrutar de la naturaleza. Y la fauna nocturna tiene una característica común: le molesta la luz y más cuando están cazando, comiendo o escondiéndose.
– La fuerte lluvia de Ranomafana que nos impidió disfrutar del parque en condiciones. Además, no llevamos chubasquero y eso nos hizo tener que abandonar el parque antes de tiempo… ¡No cometáis el mismo error que nosotros!
– El arduo trayecto de Belo sur Mer a Ifaty. Más de 14 horas de coche por caminos imposibles y hasta un trasbordador tirado por personas… Algo que nos pareció más típico de las historias coloniales que no del siglo XXI.
La isla de Madagascar es archiconocida por su fauna y flora endémicas y espectaculares, pero sobre todo por los lémures, que no se pueden ver en ningún otro lugar, los camaleones y los baobabs. Sin embargo, sus playas también son un gran atractivo, en especial las del norte de la isla. Nosotros no somos grandes aficionados al mar y a la playa y normalmente no son un punto imprescindible en nuestros itinerarios, pero esta vez, por cuestiones de logística (hacer el tour circular), pasamos unos cuantos días conociendo la costa oeste bañada por las cálidas aguas del canal de Mozambique. Nuestra aventura empezó en Morondava, pasando por Belo sur Mer e Ifaty, y acabó en Toliara. Y cuando digo “nuestra aventura” no es en sentido retórico sino que es la pura realidad: fue una verdadera aventura.
El trayecto hasta Morondava fue bastante tranquilo, por carreteras en bastante buen estado. Todo trascurrió sin más hasta que a nuestro coche se le quemó el motor por no tener agua para enfriarlo. Y allí que nos quedamos en medio de la nada esperando ver si poniéndole agua fría se arreglaría. Cabe decir que nuestro viaje fue en la época seca y en el sur de Madagascar hace un sol de justicia. A esto se le suma la deforestación, habiendo solamente algún árbol de Mango (árbol introducido) que pueda dar un poquito de sombra. El coche, finalmente, decidió dar su último soplo y se negó a moverse más de allí. Por suerte nuestra guía conocía más chóferes y en una horilla nos vino a buscar otro coche para llevarnos hasta el destino. El que fue nuestro chófer hasta aquí se quedó con el coche con la esperanza de que consiguiera solucionar la avería y pudiera llevarnos a los siguientes destinos en nuestro trayecto, pero ya os adelanto de que no fue así. La falta de piezas y el ritmo mora mora de lxs malgaches nos llevaron a una aventura paralela en este viaje: el cambio de chóferes y coches para cada etapa, algunos muy majos y profesionales, y algunos impresentables e irresponsables.
Y bien, nuestra aventura comenzó con el primer gran atractivo: la Allée des baobabs (la avenida de los baobabs). ¿Quién no ha visto alguna vez alguna foto de esta avenida? Desde las más naturales hasta las más artísticas, en época de lluvias, en época seca… ¡Da igual! Todas ellas te hacen soñar con este páramo paradisíaco e invitan a desear viajar hasta allí. Esta avenida se puede visitar en cualquier momento del día, pero es particularmente famosa por sus atardeceres. El plan inicial era nada más llegar a Morondava ir directamente a ver la puesta de sol, pero la avería del coche nos hizo retrasarnos y por poco nos la perdemos. Sin embargo, este lugar mágico sigue la misma dinámica de los demás atractivos de Madagascar, como ya os expliqué en el parque de Ranomafana, y está atestado de turistas esperando luchando por conseguir la mejor foto. Aun así, debo confesar que el mejor momento es el que viene justo después de la puesta de sol, cuando todo el mundo se va y el cielo se cubre de colores tostados. El ambiente aquí está muy animado y es el mejor lugar para probar la fruta de baobab, de la que os hablé en Gastronomía malgache.
El baobab es uno de los árboles más auténticos de la isla por su forma tan particular: un tronco gordo, que sirve para retener el agua, y una copa con ramas cortas que le hacen parecer un árbol al revés. Este árbol tiene una madera blanda, por lo que no sirve para muebles o manufacturas. Aunque no lo parezca, tiene hojas, florece y produce fruta. En el mundo existen 8 especies de baobabs: una especie es endémica de Australia y no se puede encontrar en ningún otro lugar, otra especie vive por toda África, mientras que en Madagascar viven 7 especies, 6 de ellas endémicas. Es por ello que esta isla es uno de los mejores destinos si queréis conocer al viejo y emblemático baobab.
Aunque esta avenida es uno de los mejores sitios para ver baobabs (y también el más conocido y turístico de todos), durante nuestro trayecto de Morondava a Belo sur Mer pudimos ver muchísimos más, de diferentes especies y también de diferentes edades. Cabe decir que este trayecto no transcurre por carreteras asfaltadas, sino por carreteras de tierra llenas de baches. A lo largo del recorrido nos encontramos con algunos pequeños poblados con casas simples de madera y paja en la que viven lxs sakalava. Para acceder y pasar por cada poblado hay que cruzar barreras en las que hay que negociar un precio. También ofrecen comida a lxs transeúntes y para nosotros fue un buen momento para tomarnos un buen y refrescante coco, lo que dificultó el tráfico sobremanera, ya que, lo que no sabíamos es que hasta que no cruzábamos nosotros la barrera tampoco podían cruzar los demás coches que seguían nuestro mismo camino.
Después de muchísimas y laargaaas horas en el coche dando saltitos al pasar los grandes baches, por fin alcanzamos nuestro destino de playa: Belo sur Mer. Belo sur Mer es un pequeñísimo pueblo de pescadores situado a las orillas del mar. La oferta hotelera es muy limitada, habiendo solamente dos hotelillos regentados por locales y uno regentado por una pareja de franceses jubilados. Para poder disfrutar del mar, hay que tener en cuenta las mareas, ya que el nivel del mar en marea baja se retira muchísimo. Por la mañana la marea empieza a bajar dejando tras de sí una larguísima franja de piedra negra, mientras que por la tarde la marea sube llegando hasta la fina franja de arena. Los horarios de mareas varían según la época del año, por lo que es interesante preguntarlo en el hotel para no pillaros desprevenidos. A continuación os dejo algunos pros y contras de este sitio, pero ya os adelanto que por ser un pueblo pequeño, con una playa virgen y sin apenas gente lo convierte en el mejor lugar para desconectar y descansar. Un romanzo de paz a las orillas del mar.
Pros
+ la playa virgen y sin apenas gente, más que lxs pescadores locales y unxs pocxs turistas
+ la arena fina y blanca y el agua calentita y limpia
+ la paz, la tranquilidad y la belleza del entorno
+ ver de cerca el día a día de lxs pescadores
Contras
– poca oferta hotelera. No os esperéis unos magníficos hoteles de lujo con todas las facilidades, porque no los encontraréis. Más bien se trata de olvidaros de las mejores comodidades y disfrutar simplemente del paraíso
– poca oferta gastronómica. Normalmente se compone de pescado y hay poca variedad (según lo que se pesque durante el día)
– poca oferta de actividades. Sin embargo se pueden alquilar kayaks o negociar con los pescadores algún trayecto en las barcas típicas
Aquí disfrutamos de una magnífica puesta de sol y de un increíble amanecer y tras descansar y desconectar pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Ifaty. Este recorrido fue toodaaa una aventura. Esta vez nos tocó madrugar más de lo habitual ya que nos separaban unas 10 horas de trayecto por la misma carretera mala de tierra. Así que por la mañana temprano habíamos quedado con el que sería nuestro nuevo chófer, pero no aparecía. Y pasaron 10 min, 20 min, 30 min, una hora y nada. Finalmente se presentó un chico joven un poco malhumorado. Resultó que se había pasado toda la noche en las fiestas de un pueblo cercano y no había dormido absolutamente nada. Se había comprado unas bebidas energéticas y con eso pretendía llevarnos hasta Ifaty sabiendo que nos separaban más de 10 horas de trayecto. Fuimos a 80 km por hora por una carretera malísima, sin cinturones, con un conductor que no había dormido, por medio de la nada… ¡Viva la aventura!
Pero esto no fue todo. Más o menos a la mitad del trayecto tuvimos que cruzar un gran río. Por lo visto hace unos años había un trasbordador que llevaba a los coches al otro lado, pero se estropeó y la falta de piezas y de personal calificado hicieron que se quedara amarrado en una orilla como un gran fantasma del pasado. Para nuestra incredulidad, el lugar del trasbordador lo ocuparon unas barcas enganchadas entre ellas, con una plataforma de madera encima y ¡tiradas por unos cuantos jóvenes! Sí, sí, unos cuantos jóvenes adolescentes tiraban de una larga cuerda para poder mover la gran plataforma cargada de coches, mercancías y gente, hasta la otra orilla a contra corriente. Nos pareció que de repente habíamos retrocedido des del siglo XXI a la época colonial. Según nos han comentado, esos jóvenes están encantados de hacerlo ya que en Madagascar encontrar trabajo es muy difícil y de esta manera consiguen ganarse un sueldo. Definitivamente no sabría deciros si estoy de acuerdo con ésta práctica o no…
Pasado ya el río, seguimos por nuestro camino de tierra hasta casi alcanzar nuestro destino, cuando ya nos volvimos a encontrar una carretera mínimamente asfaltada. Las 10 horas finalmente se transformaron en 14 larguíiiisimas horas. Llegamos a Ifaty de noche cansados y con el culo cuadrado. A diferencia de Belo sur Mer, Ifaty es un pueblo muy turístico, con mucha oferta hotelera, gastronómica y de ocio. Aquí la marea también deja al descubierto una larga franja de tierra, por lo que para bañarse hay que desplazarse muchísimo, pero al atardecer el mar vuelve a conquistar el terreno posibilitando el baño. Como en el caso anterior, os dejo unos pros y contras.
Pros
+ como ya dije hay una gran oferta hotelera, con hoteles para todos los bolsillos y niveles de comodidades, una gran oferta gastronómica y muchísimas actividades tanto acuáticas como de naturaleza.
+ os recomiendo que entréis en cualquier chiringuito que veas, aunque os parezca cutre, y disfrutéis de muy buenos platos de pescado y marisco, siempre recién pescado como ya os expliqué en la crónica de Gastronomía malgache.
+ la playa, igual que en el caso anterior, es extensa, arena blanca fina y un agua calentita y limpia
Contras
– al ser un sitio tan turístico no puedes encontrar la tranquilidad de Belo sur Mer. Además de multitud de turistas también hay multitud de locales (sobre todo niñxs) prácticamente acosándote para venderte de todo: actividades, collares, souvenirs de todo tipo, pinturas faciales y corporales, trenzas y un largo etc. etc.
– para poder tomar el sol “en tranquilidad” los hoteles disponen de trozos de playa separados por cuerdas a los que lxs locales no tienen permitido acceder.
Y ya después de estos días de desconexión retomamos nuestro trayecto hacía Toliara, ya con un chófer más responsable y descansado, para ya emprender el camino de vuelta a la capital. Como ya os dije, no somos muy de playa y solamente hemos visitado (y disfrutado) de estos destinos costeros. Morondava y Toliara son dos pueblos abarrotados de gente que también tienen su encanto, pero definitivamente para descansar os recomiendo algunos de los pueblos pesqueros más pequeños. Aquí tenéis dos muy diferentes entre sí, como habéis podido ver, pero que os pueden orientar en función de lo que busquéis: playas vírgenes sin apenas nadie en las que desconectar totalmente o por el contrario ese destino playero con hoteles buenos y amplia oferta gastronómica y de ocio. A nosotros nos han encantado los dos, tanto Belo sur Mer como Ifaty, y qué os voy a decir, también el trayecto que los une, aunque cansado y un pelín pesado, también fue una aventura. Animaros a conocer nuevos destinos. ¡No os arrepentiréis!
El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.
Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.
La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.
Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.
Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.
Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.
Reserva de Peyrieras
Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.
De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.
Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.
Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…
Lémur atraído con plátano en Vakona (izquierda) y lémur atraído con pan en Peyrieras (derecha)
Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.
Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:
¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!
Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!
Lémur alimentándose de flores en Anja (izquierda) versus plataforma de alimentación con arroz hervido en Peyrieras (centro) versus lémur alimentándose de plátano en Vakona (derecha)
Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.
Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.
El Parque Nacional de Ranomafana fue creado en 1991 y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007, sin embargo, en 2010 se incluyó en la lista de patrimonios de la humanidad en peligro. Este parque con una extensión de unas 41.600 hectáreas forma parte de las Pluviselvas de Atsinanana y alberga diferentes hábitats en uno, como selva tropical o bosques de bambú, hogar de numerosas especies vegetales y animales entre los cuales se suman 12 especies de lémures: 7 diurnas y 5 nocturnas. Para poder visitarlo, lo mejor es alojarse en el pequeño pueblo homónimo que se encuentra a unos 6 km de distancia de la entrada.
El parque se encuentra en el territorio de lxs tanala o lxs que moran en el bosque, que viven de la recolecta de la miel y de cultivar la tierra. Para fertilizarla tienen la costumbre de quemar el terreno… una de las prácticas más comunes y más dañinas de Madagascar, más cuando ésta afecta la fauna y la flora autóctonas. También tenían la costumbre de, tras sepultar a sus difuntxs, erguir un monolito en su honor dentro del territorio del parque, aunque ahora esta práctica está prohibida.
Los tours se deben hacer siempre en compañía de un/a guía y un/a ayudante (normalmente son lxs ayudantes lxs que buscan los animales) y existe la posibilidad de hacer diferentes rutas desde la más corta, de unas dos horas de duración, hasta las más largas, de hasta varios días. Nosotros empezamos nuestro tour mediano de unas 3-4 horas con fuerzas, aunque poco a poco se avecinó lo peor. Nada más empezar, avisaron de que habían encontrado un lémur del bambú y fuimos corriendo hasta allí, pero para mi sorpresa no fue el pequeño lémur el que me impresionó sino la gran (inmensa) cantidad de turistas que lo perseguían con la finalidad de inmortalizarlo. El pobre lémur no sabía cómo huir más rápido mientras que los hambrientos turistas se apelotonaban y movían los bambús y las ramas para conseguir la mejor foto. Y el lémur consiguió escapar (¡por suerte!) y todxs seguimos nuestro camino como si de una procesión se tratara en busca de un nuevo objetivo. Creo que nunca me había encontrado tantxs turistas en ningún parque que haya visitado hasta ahora. Fue tan impresionante que pensé que si seguíamos así, todxs en grupo, me iba a dar la vuelta y me negaría en ver otro espectáculo como el que acaba de presenciar.
Pero, poco a poco el gran pelotón se fue disgregando y decidí darle una oportunidad, ya que este parque se anuncia como uno de los mejores lugares para ver lémures. El siguiente ser vivo que tuvo la tremenda mala suerte fue un gecko cola de hoja (Uroplatus phantasticus), endémico de la isla de Madagascar, al que un señor casi aplasta al resbalar tras correr para ser el primero en fotografiarlo. Otra vez todxs apelotonadxs haciendo fotos con flash y sin miramiento alguno… La gente que se reunía con cada ser vivo que nos encontrábamos seguía siendo multitud y esto fue una constante durante todo el trayecto.
Y nuestra suerte no fue a mejor, no… Empezó a llover así sin previo aviso y nosotros que nos habíamos olvidado los chubasqueros… Definitivamente no era nuestro día y rezábamos que durara poco o que no fuera a más, pero no… llovió y llovió y nos mojamos hasta los huesos. Y ya os podéis imaginar que si nosotros estábamos empapados también lo estarían los lémures. Aquí tenéis dos sifacas Milne-Edwards (Propithecus edwardsi) acurrucados para protegerse de la lluvia. Ni que decir que una multitud con sus respectivos tripodes esperaba a que los pobres hicieran el más mínimo movimiento para poder sacarles la preciada foto. Nosotros también esperamos un ratito, pero no tenía sentido. ¡Hasta la lente de la cámara estaba mojada! Lo que os puedo decir es que este sifaca pertenece a la familia Indriidae igual que los sifacas de diadema que vimos en Analamazaotra. Son lémures diurnos de gran tamaño que se encuentran en grave peligro de extinción debido principalmente a la pérdida de hábitat. Como podéis ver no tenemos la mejor foto, pero estaban tan monos que en nuestras mentes (mojadas por la lluvia y congeladas) se transformaron en dos bolitas de helado de chocolate con vainilla (de Madagascar, ¡claro! jajajaja).
A pesar de las inclemencias también pudimos ver al lémur grande del bambú (Prolemur simus) miembro de la gran familia Lemuridae, un lémur de color grisáceo que se alimenta exclusivamente de bambú. Este primate se encuentra en peligro crítico de extinción y este parque es uno de los últimos reductos donde se puede ver. De este lémur desgraciadamente no tengo casi fotos ya que con la lluvia apenas se podían avistar.
Por suerte el lémur dorado (Hapalemur aureus) también miembro de la familia Lemuridae sí se dejó ver a pesar de la fuerte lluvia. El pobre intentaba alimentarse de bambú bajo la fría lluvia y por suerte esta vez la cámara no nos abandonó. Este lémur es endémico del parque de Ranomafana y también se alimenta de bambú. Igual que su hermano, el lémur grande del bambú, éste también está en grave peligro de extinción.
Y el último lémur que vimos (4 de 7, ¡no está nada mal!) fue el lémur marrón de frente roja (Eulemur rufifrons). Este primate es folívoro (se alimenta principalmente de hojas, flores, vainas, etc.) e igual que el lémur marrón que conocimos en Analamazaotra no está en peligro de extinción. Una suerte, la verdad, teniendo en cuenta la grave situación de los demás lémures…
Nuestro trayecto por el húmedo y frío bosque a través de sus resbaladizos senderos nos llevó hasta un mirador, pero como podéis ver las nubes estaban tan bajas y tan cargadas que apenas se podría ver nada… Estuvimos esperando un rato a ver si la lluvia amainaba, pero no… Aun así el entorno nos resultó bello y misterioso.
Llevábamos casi 3 horas de trayecto cuando ya empezamos a sentir frio y como la lluvia seguía sin darnos tregua decidimos abandonar el tour antes de la hora prevista con mucho dolor en el alma, pero con miedo a una hipotermia. Aun así, el parque nos quiso obsequiar con un último descubrimiento: una mariposa nocturna gigante. Su nombre es mariposa cometa (Argema mittrei) y es una de las mariposas más grandes del mundo. Igual que en Analamazaotra, en este parque también se pueden hacer tours nocturnos, pero como llovió durante todo el día y durante toda la noche preferimos entrar en calor y descansar…
Y como reflexión final, este parque vale mucho la pena, más si no os pilla la lluvia (o si vais con un buen chubasquero y un buen protector para la cámara…) ya que aquí conviven muchas especies de lémures. Sin embargo, justamente esto lo vuelve un gran atractivo para lxs turistas y en mi opinión se está volviendo insostenible. La multitud de turistas ávidos de fotos se apiñan en los lugares más inverosímiles ahuyentando y molestando constantemente a todo bicho viviente. Creo firmemente que en estos casos se debería limitar el número de turistas más cuando se trata de espacios protegidos en los que los animales deben vivir libres y en tranquilidad sin tener que sufrir un acoso interminable día tras día.
Recomendaciones finales para este parque:
Llevad chubasquero, ¡por lo que más queráis!
Llevad un buen objetivo ya que los lémures pueden estar muy arriba en las ramas. Tened en cuenta también que en este parque hay una alta humedad y una alta probabilidad de lluvia, por lo que llevad algo para proteger la cámara.
En septiembre hacía bastante frío, así que llevaros también ropa de abrigo. Y ni que decir, unas buenas botas de trekking.
El nivel del trekking es medio-alto con bastantes subidas y bajadas. Si llueve los caminos se vuelven resbaladizos.
El tour nocturno se lleva a cabo a las afueras del parque, por los laterales de la carretera.
El parque nacional de Isalo fue creado el año 1962 y goza de una extensión de unas 80.000 hectáreas de formaciones geológicas espectaculares que datan del Jurásico. Con unas altitudes de entre 500 y 1300 metros, en él se unen desde escarpadas paredes rocosas, vastos prados y hasta profundos valles que albergan multitud de especies animales y vegetales, muchas de ellas endémicas. Este enclave, que reúne diferentes ecosistemas paradisíacos en uno, se encuentra situado en el territorio de la etnia bara y el pueblo más cercano es Ranohira, al que lo separan unas 4 horas de coche de Toliara.
Para visitar este maravilloso y enorme parque existe la posibilidad de realizar varias excursiones, algunas hasta de varios días, acampando en el parque, y para ello hay que entrar acompañadx obligatoriamente de un/a guía. Nosotros elegimos el tour de 6 horas que une la cascada de las Ninfas (Cascade des Nymphes) con dos piscinas naturales, la Azul (Piscine Bleu) y la Negra (Piscine Noir), que se encuentran a unos 10 km de distancia la una de las otras. En caso que no queráis caminar durante todo el trayecto o no podéis hacerlo por la razón que sea, se puede hacer en coche una parte, siempre hablándolo por adelantado con el/la guía. Por otro lado, al ser un tour tan largo se puede comer dentro del parque en una zona ya preparada con este propósito. Para ello hay dos posibilidades: que os llevéis vosotrxs la comida o bien que os la preparen allí. Si queréis que os la preparen también hay que avisar con un día de antelación. Nosotros preferimos el menú del parque que consistía de ensalada, carne asada a la barbacoa de carbón (pollo o pincho de cebú) y fruta de postre, en nuestro caso, piña. Elegimos el pollo y estaba durísimo, tanto que lo llamamos “pollo deportista” jajajaja.
Zona habilitada para comer
El tour comienza con una fuerte, pero corta subida hasta alcanzar la parte alta. Una vez en la cima, el camino se vuelve más fácil y ofrece unas vistas espectaculares de las paredes rocosas areniscas que seguro que os recordaran al Gran Cañón. Durante este trayecto cuyo destino es la Cascada de las Ninfas se pueden observar diferentes especies de insectos, y de plantas endémicas, aloes, kalanchoes…, entre las cuales la más espectacular es la pata de elefante (Pachypodium rosulatum), un arbusto con una preciosas flores amarillas que a mí me pareció un baobab en miniatura (aunque no tienen nada que ver el uno con el otro).
Durante este mismo trayecto es posible también adentrarse en la cultura y las tradiciones malgaches. La presencia de tumbas temporales, de tumbas permanentes y de algún que otro ataúd son los primeros indicios de unas tradiciones ligadas a la muerte muy interesantes. El ritual fúnebre de los malgaches recibe el nombre de famadihana y aunque presenta diferencias entre las tribus sí tiene una base común: la exhumación de lxs difuntxs. Este proceso se lleva a cabo unos 5 años después del entierro (según cada tribu) y es un momento de reunión familiar y de gran celebración. Los restos se llevan a casa entre bailes y cánticos, se les cambia la mortaja y se les habla con total normalidad, como si aún estuvieran entre lxs vivxs. Esta celebración puede durar desde dos días y hasta una semana, según el grupo étnico y sus protocolos. Otra característica es que no hay cementerios en Madagascar, no como en el resto del mundo, no. Muchas tribus, como lxs sakalaba, lxs betsileo o lxs merina, entierran a sus difuntxs en tumbas o mausoleos situados en sus propias tierras normalmente en zonas altas y secas a las que el agua no las pueda alcanzar. Lxs betsileo y lxs merina, por ejemplo, lleva a cabo la famadihana cada 3, 5 o 7 años según las posibilidades de cada familia para cambiar los sudarios de lxs difuntxs y también para reunir a toda la familia. Aunque un mausoleo reúne los restos de una familia entera, los huesos de los hombres y las mujeres no pueden mezclarse, excepto si son un matrimonio. Si un/a familiar muere lejos de casa, se le entierra en una tumba provisional hasta que puedan llevarlx a la tumba familiar. Para estos traslados se utilizan los mismos pous pous con los que la gente se desplaza por el país. Una bandera colocada en el lado izquierdo puede indicar que el ataúd está transportado a su tumba, mientas que si ésta está colocada en el lado derecho los huesos son trasladados. El primer día de fiesta, justo antes de sacar los restos, normalmente se sacrifican animales (cebús o cerdos). A diferencia de las otras tribus, lxs sakalaba, que decoran sus tumbas con los cuernos de los cebú sacrificados, exhuman solamente los restos de los miembros de la realeza.
Mausoleos
Y volviendo a lxs bara, la tribu de pastores de cebú que habitan las desérticas llanuras que rodean el parque de Isalo, éstxs consideran que el cuerpo tiene dos almas: una en la carne y otra en los huesos y es por esta razón que tienen dos tumbas, una temporal y una definitiva, permanente. Los restos se depositan en un ataúd de madera o de metal, según el poder adquisitivo de la familia (por lo general los ataúdes de metal son más caros) y se colocan en cuevas naturales (la tumba temporal) hasta que el cuerpo se descomponga por completo. Aproximadamente, tras discurrir 4 o 5 años, los restos son sacados, limpiados y abrillantados con grasa de cebú y son trasladados a la tumba definitiva que, al contrario de la primera, suele estar ubicada en lugares inaccesibles situados a gran altura. A menudo los encargados del entierro deben descolgarse por las laderas de las montañas para acceder a estas tumbas. Una vez en la tumba permanente, los huesos no se vuelven a exhumar. La cueva que acogió temporalmente los restos no se puede volver a usar ya que allí se quedó el alma de la carne y para que quede constancia de ello se dejan los féretros vacíos.
Y acabado este paréntesis cultural, estas creencias ligadas a la muerte, ¿no os recuerdan a las tradiciones y las costumbres de lxs toraja en Sulawesi (Indonesia)?
Posiblemente el ataúd más fotografiado.
Siguiendo con nuestro trayecto por el parque, por fin nos encontramos con la Cascada de las Ninfas. Un precioso enclave que no tiene nada que ver con las formaciones rocosas y la sequedad del entorno que habíamos vistos durante el trayecto hasta allí. La cascada parece más bien situada un bosque tropical, un enclave casi paradisíaco. Os podéis bañar en sus aguas frescas o simplemente admirar el paisaje mientras descansáis. Lo que sí os digo es que se llena bastante al reunirse muchos grupos grandes, especialmente de jubiladxs francesxs o alemanxs, así que lo mejor es ir o bien muy temprano antes de que lleguen lxs demás o bien más tarde cuando ya se hayan ido. Nosotros llegábamos justos cuando se iban todxs así que pudimos disfrutar en total tranquilidad.
Cascada de las Ninfas
Después del baño, retomamos nuestro camino hasta la zona para comer de la que nos separaban unos 10 km de trayecto a través de una pradera seca y sin apenas sombra. Durante este trayecto conocimos otra tradición bara, esta vez relacionada con los matrimonios. Los jóvenes que desean casarse deben robar un cebú para así demostrar su hombría y su valentía. Además últimamente se ha puesto de moda robar más de un cebú y alimentar así un gran negocio. Los cebús son muy importantes para lxs bara ya que su riqueza se calcula en función de cuántos de estos animales posee un hombre, y es que, además, a cuántos más cebús, más esposas puede uno tener. Por lo tanto, esta costumbre, por todo lo que conlleva, resulta muy peligrosa ya que solo hay dos posibilidades: que consigan robar al animal o que mueran en el intento. Para poder eliminar el rastro de las pisadas normalmente queman la yerba tras su paso, y he aquí el gran problema: el fuego descontrolado llega a expandirse y quemar todo lo que encuentran a su paso, incluso los bosques protegidos del parque nacional, destrozando así el frágil ecosistema ya que estos incendios periódicos limitan la regeneración del bosque y amplían las praderas.
Por lo que nos dijeron hubo un gran incendio dos años antes de nuestra visita y a medida que avanzamos en nuestro itinerario pudimos observar árboles cuyos troncos aún se estaban recuperando de las quemaduras. Pero no fueron solamente los árboles y demás plantas los que sufrieron los daños, sino también los lémures. Los únicos lémures que aún se pueden ver con facilidad son los lémures de cola anillada (Lémur catta), pero solamente en las cercanías de la zona habilitada para comer donde se reúnen para ver si pueden pillar algo de fruta. Está prohibido alimentarlos así que os recomiendo que no lo hagáis. Pero ya os hablaré con más detalle de este hermoso primate que dio vida al rey Julien en la película de Madagascar en el próximo post sobre la Reserva de Anja para no alargar demasiado esta historia.
Después de comer seguimos con nuestro paseo por el parque hasta alcanzar las dos piscinas naturales. A medida que avanzamos a través del bosque nos fuimos adentrando en un ecosistema mágico, paradisíaco, sacado de cuento. Definitivamente ¡vale muchísimo la pena el paseo! Aquí os dejo aquí algunas fotos, aunque el paisaje al natural es muchísimo más precioso.
Trayecto, Piscina Azul y Piscina Negra
Y ya descubiertas finalmente las dos piscinas naturales, acabó nuestro itinerario por el parque. Esta experiencia nos llevó casi todo el día, pero la aventura no acabó aquí. Antes del atardecer nos dirigimos a la ventana de Isalo, un agujero en una pared de roca a través del cual se puede ver como el sol va bajando para finalmente esconderse tras el horizonte. Este enclave se encuentra a unos 10 km de Ranohira, a las afueras del parque nacional, y el paisaje que lo rodea es magnífico, lo único malo es la cantidad de gente que se acumula con el mismo propósito. Al final eso de “inmortalizar el momento para siempre” acaba siendo una batalla campal de cámaras y brazos que se olvidan de disfrutar de ese momento tan bellamente inmortalizado. Nosotros nos dimos por vencidos en esta batalla y nos contentamos con una foto hecha antes de que llegara la gente y una cuando ya se fueron todos, y disfrutamos sentados en un lateral de una preciosa puesta de sol.
Ventana de Isalo: antes de la puesta de sol, durante y después de que se haya marchado la gente.
Y ahora sí que ya se ha acabado. Definitivamente fue un día aprovechado al máximo en el que nos deleitamos con paisajes increíbles, unas piscinas naturales paradisíacas y, además, aprendimos un montón sobre la cultura bara. En conclusión, si vuestra intención es ver muchos lémures, este parque no es la mejor opción ya que debido a los incendios constantes éstos se adentran cada vez más en lugares inaccesibles, sin embargo por la belleza de sus paisajes es una parada, en nuestra opinión, imprescindible.
Recomendaciones finales para este parque:
En esta zona hace un calor tremendo, a diferencia de la reserva de Analamazaotra y del parque de Ranomafana donde pasamos frío. Así que no os olvidéis de la crema solar, un sombrero para protegeros del sol y mucha agua.
Aunque el trayecto por lo general es llano, en algunos tramos presenta cierta dificultad.
Dado que es posible bañarse en las piscinas naturales, llevaros también el bañador y una toalla de secado rápido. Por favor, tened cuidado con la crema solar y el antimosquitos para no contaminar el agua del parque.
Ni que decir que os llevéis zapato cómodo para la caminata.
Por último, pero no menos importante, muchas ganas de conocer y disfrutar.
Y una curiosidad a tener en cuenta: los lugares u objetos que se considera que tienen «alma» no se puede señalar con el dedo (tumbas, baobabs sagrados, etc).