De Takamori a Kumamoto: una ruta con referencias manga/anime

Japón ha alcanzado gran notoriedad internacional en parte gracias al manga y al anime, que se han convertido en fenómenos virales en todo el mundo. El manga es la palabra japonesa para los cómics o novelas gráficas que suelen publicarse en blanco y negro y tratan temáticas muy diversas, que van desde la aventura hasta historias cotidianas. Muchos mangas sirven de base para la creación de animes, término que se refiere a la animación, especialmente la realizada en Japón. Este medio abarca una amplia variedad de géneros y estilos, y se caracteriza por su estética visual, personajes expresivos y narrativas dirigidas tanto a niños como adultos. El término otaku se utiliza para describir a una persona apasionada por el anime, el manga o la cultura japonesa. El barrio de Akihabara en Tokio es considerado como el epicentro de la cultura otaku.

Los mangas y animes no solo abren una ventana a la cultura y las tradiciones japonesas, sino que también permiten descubrir ciudades, templos y santuarios que aparecen reflejados en estas obras. Además, numerosos elementos de la mitología y religión japonesa se integran en las historias, enriqueciendo las tramas y dotándolas de mayor profundidad simbólica. Un ejemplo destacado son Amaterasu y Susanoo, dos de las técnicas más poderosas del mangekyo sharingan, utilizadas principalmente por Itachi y Sasuke Uchiha en el universo Naruto. Ambos nombres se inspiran directamente en la mitología japonesa, representando a la diosa del sol y al dios de la tormenta, respectivamente. Aunque existen referencias de mangas y animes en todo Japón, la isla de Kyushu constituye un destino esencial, no solo por albergar el Museo del Manga de Kitakyushu, o por haber sido el lugar de nacimiento de varios mangakas (autores o dibujantes de manga) como Eiichiro Oda (One Piece), Hajime Isayama (Ataque a los Titanes), o Takehiko Inoue (Slam Dunk, Vagabond) entre otros, sino también por servir de inspiración para películas como La princesa Mononoke cuyo entono se inspiró en los bosques de Yakushima, o mangas/animes como Kids on the Slope (Sakamichi no Apollon) o Ghost Hound (Shinreigari) cuyas tramas se desarrollan en lugares de Kyushu. También hay ciudades que rinden homenaje a estas obras, como Hita (prefectura de Oita) donde se han colocado estatuas de los personajes de Ataque a los Titanes frente a la presa de Oyama, o la prefectura de Kumamoto donde se han colocado 10 estatuas de bronce de los personajes de One Piece.

Sin buscar una ruta otaku, durante nuestro viaje de Beppu a Kumamoto, pasando por Takamori, visitamos varios lugares destacados. Takamori es un pequeño pueblo situado a los pies del Monte Aso, el volcán activo más grande de Japón. Entre los principales atractivos, además de subir al cráter Nakadake y comer dengaku, una especialidad local donde se asan carne y verduras en un hogar tradicional (irori), se encuentran el Santuario Kamishikimi Kumanoimasu y el Santuario Kusakabe Yoshimi. El Kamishikimi Kumanoimasu es un santuario dedicado a los dioses creadores Izanagi e Izanami y se cree que trae buena fortuna en el matrimonio. Es famoso por su asociación con el manga/anime Hotarubi no Mori e (Hacia el bosque de las luciérnagas) de Yuki Midorikawa. Además, destaca por su ambiente místico con unas 100 linternas de piedra (toro) cubiertas de musgo distribuidas a los lados de un camino de piedra formado por 260 escalones. Desde el santuario sale un sendero que conduce a una gran piedra sagrada llamada Ugeto-iwa. Según una leyenda, Kihachi, un seguidor del dios Takeiwatatsu, creador del Monte Aso, golpeó esta roca abriendo un agujero de 10 m.

El Santuario Kusakabe Yoshimi (Kusabe Yoshimi-Jinja) es uno de los tres únicos kudarimiya o santuarios descendientes, junto al Santuario Udo (Nichinan, prefectura de Miyazaki) y el Santuario Nukisahi (Tomioka, prefectura de Gunma) por descender 130 escalones de piedra hasta alcanzarlo. El nombre de este santuario proviene del mito de Kusakabe protagonizado por Hiyainomikoto, el primogénito del emperador Jinmu (el primer emperador de Japón). En sus jardines se encuentra también un gran sugi de 40 m de altura y 500-600 años de antigüedad.

Desde aquí, organizamos un trayecto por las esculturas de One Piece. La ruta incluye 10 estatuas de bronce de los Piratas de Sombrero de Paja distribuidas en diferentes pueblos de la prefectura de Kumamoto entre los años 2018 y 2022 en honor a Eiichiro Oda que donó 800 millones de yenes para ayudar con la reconstrucción de Kumamoto después de sufrir daños debidos al fuerte terremoto de 2016. Dado que no disponíamos de tiempo para visitarlas todas, solamente incluimos las que más nos interesaban y las que se encontraban dentro de nuestro trayecto hacía Kumamoto. Empezamos por la escultura de Nami (inaugurada en 2021), que se encuentra en el área de Nishihara; continuamos con la escultura de Roronoa Zoro (2022) situada en Ozu, cerca del aeropuerto de Kumamoto; luego visitamos la escultura de Sanji (2019) en Mashiki; seguida por la de Brook (2020) en el parque del Museo de Dinosaurios de Mifune; y Tony Tony Chopper (2020) en la entrada del Zoológico y Jardín Botánico de Kumamoto; hasta finalizar con la escultura de Monkey D. Luffy (2018), el capitán de los Piratas, colocada a la entrada de la Oficina de Gobierno de la prefectura de Kumamoto.

El castillo de Kumamoto es considerado uno de los tres mejores castillos de Japón, junto al castillo de Himeji y al castillo de Matsumoto, y uno de los puntos imprescindibles de la ciudad. Fue construido en 1607 por el daimio Kato Kiyomasa (1561-1611) y es también conocido como Castillo Ginkgo por un gran ginkgo plantado por éste. El recinto cuenta con 49 torres, 47 puertas y grandes muros de piedra y fosos. Aunque fue gravemente afectado por el terremoto de 2016, ya se ha avanzado considerablemente en su restauración; sin embargo, estiman que tomará otros 26 años completar todo el proceso.  

La cueva de Reigando (en japonés “la cueva del espíritu de la roca”) se encuentra en el recinto del templo Ungazenji, un templo zen fundado por Toryo Eiyo, el monje chino que introdujo el budismo zen en Japón, durante el período Nanbokucho (1336-1392). El camino hacia la cueva está salpicado por 500 estatuas de rakan (discípulos de Buda; parecidos a los que vimos en el Hoonji de Morioka) que fueron donadas por el comerciante Gihei Fuchidaya y su hijo durante 24 años (1779-1802). Muchas de estas esculturas carecen de cabeza debido a los terremotos. Es también conocida por haberse convertido en el hogar del ronin (samurái sin señor) Miyamoto Musashi (1584-1645). Aquí Miyamoto Musashi escribió El Libro de los Cinco Anillos (Gorin no Sho) que sirve como guía práctica para el manejo de la katana. Personajes inspirados en la vida de Musashi aparecen en diversas obras de teatro, cine, literatura, videojuegos, canciones, y, como no, en mangas y animes. Algunos ejemplos son Vagabond, obra de Takehiko Inoue, o Yaiba, obra de Gosho Aoyama, entre otros.

Después de explorar estos lugares emblemáticos, nos quedamos impresionados por la riqueza histórica, cultural y natural de la región. Cada sitio visitado nos ofreció una perspectiva diferente, desde la espiritualidad de los santuarios hasta el legado samurái de la cueva de Reigando. Kumamoto es un destino que combina a la perfección tradición, modernidad y aventura, haciendo de nuestro viaje una experiencia inolvidable. Sin duda, recomendamos visitar esta prefectura para descubrir sus tesoros ocultos y vibrar con el espíritu de Japón.

Experiencias en Japón: sunamushi onsen o baño de arena caliente en Beppu

Beppu, situada en la prefectura de Oita en la isla de Kyushu, es conocida como una ciudad-balneario de renombre gracias a sus abundantes aguas termales (onsen). Su fama se remonta al período Kamakura (1185-1392), época en la que era célebre por sus balnearios destinados a la recuperación de samuráis heridos. Actualmente, la ciudad alberga más de 150 onsen, lo que la convierte en el lugar con el mayor número de baños termales de todo Japón. Además, solamente Yellowstone, en Estados Unidos, supera a Beppu en cuanto a volumen de agua caliente.

Uno de los principales atractivos turísticos de Beppu son los llamados Infiernos de Beppu, unas aguas termales singulares destinadas principalmente a la contemplación. Estos «infiernos» conforman el recorrido conocido como Jigoku Meguri, compuesto por siete enclaves diferentes. Cinco de estos infiernos se encuentran en el distrito de Kannawa, lo que permite recorrerlos cómodamente a pie, mientras que los otros dos están ubicados en Shibaseki, accesibles en autobús o coche. La visita a los Infiernos de Beppu puede realizarse adquiriendo una entrada combinada o bien entradas individuales para cada uno. No obstante, según nuestra experiencia, no todos los infiernos resultan igual de interesantes.

Entre los sitios que nos resultaron más llamativos destacan Umi Jigoku, Oniishi Bozu Jigoku y Kamado Jigoku. Umi Jigoku (infierno azul cobalto) se caracteriza por su lago azul que emerge desde las profundidades y que alcanza una temperatura de 98º C. Es el recinto de mayor tamaño y cuenta con hermosos jardines. Oniishi Bozu Jigoku (infierno del monje de cabeza afeitada), de dimensiones más reducidas, contiene varias pozas de barro caliente. Por otro lado, Kamado Jigoku (infierno de la caldera) decorado con una estatua de oni (demonio japonés), brinda la opción de probar el agua termal de distintas fuentes (con precaución, ya que puede alcanzar entre 80 y 90º C). En los tres se puede disfrutar de un baño de pies (ashiyu) y en Umi Jigoku y Kamado Jigoku, además, se pueden probar los huevos cocidos con el calor de sus aguas termales.

Shiraike Jigoku (infierno del estanque blanco) es un estanque de agua termal caracterizado por su coloración blanca. En este recinto se encuentra también un acuario de peces tropicales, aunque, en nuestra opinión, no guarda relación lógica con el contexto de la ruta de los infiernos. De manera similar, en Oniyama Jigoku (infierno de los cocodrilos), varias especies de cocodrilo están encerradas en pequeños recintos, por lo que para nosotros no presenta ningún tipo de interés. Chinoike Jigoku (infierno del estanque de sangre), situado en el distrito de Shibaseki, destaca por ser el infierno más antiguo de Japón; sus aguas rojizas provienen de reacciones químicas principalmente óxido de hierro y magnesio, y emana a una temperatura de 78º C. Este punto turístico se encuentra algo alejado respecto a los otros infiernos, lo que dificulta su acceso. Por último, Tatsumaki Jigoku (infierno del géiser), consiste en un géiser activo con erupciones cada 30-40 min por lo que es recomendable considerar los tiempos de espera durante la visita. Actualmente, debido a una placa de piedra situada en la parte superior, el géiser no alcanza su altura máxima estimada de 30 m.

Además de los infiernos y poder disfrutar de los tradicionales onsen, también es posible experimentar baños de barro (mud onsen) o de arena. Durante nuestra visita, aprovechamos para probar los baños de arena caliente, conocidos como sunamushi onsen o simplemente sunaburo, una experiencia exclusiva de Kyushu. Esta antigua costumbre terapéutica, sobre todo reconocida en Ibusuki (Kagoshima), tiene sus raíces en Beppu desde el periodo Heian (794-1185). El proceso consiste en enterrarse en arena volcánica calentada por fuentes subterráneas, a la cual se le atribuyen propiedades terapéuticas como mejorar la circulación sanguínea, relajar los músculos, eliminar toxinas y aliviar dolores articulares y problemas respiratorios. Generalmente, con una sesión de 10-15 min suele ser suficiente y se considera que proporciona beneficios hasta tres o cuatro veces superiores a los de los baños termales convencionales.

Para disfrutar de esta experiencia es necesario reservar, ya sea a través de internet o presencialmente. El establecimiento nos proporcionó un yukata (que debe usarse sin ropa interior) para acceder a la zona del baño de arena donde un empleado nos cubrió hasta el cuello con la arena caliente. La arena, calentada de manera natural a una temperatura entre 50 y 55º C, envuelve el cuerpo en un calor intenso y uniforme. Debido al peso de la arena mojada colocada sobre el pecho y al calor, no os lo recomiendo si sufrís de ansiedad. Reconozco que al principio tuve la impresión de que no podía respirar, pero finalmente me relajé y disfruté de la experiencia. El proceso dura aproximadamente 15 min, tras los cuales, se accede a la zona de duchas para eliminar la arena adherida al cuerpo y, de allí, a la zona de baño compartida (segregada por sexos) antes de regresar a las taquillas para vestirse y concluir la experiencia. No se permite el acceso a niños, mujeres embarazadas o con el periodo menstrual ni personas con condiciones médicas contraindicadas, como insuficiencia respiratoria, tumores malignos o enfermedades cardíacas graves.

En definitiva, Beppu ofrece una experiencia única a los viajeros: los infiernos singulares, sus aguas termales, y los baños de arena conforman un recorrido fascinante. Recomendamos reservar tiempo suficiente para explorar la ciudad y aprovechar al máximo cada uno de sus rincones, pues Beppu es mucho más que un destino de relajación: es una ventana a un Japón auténtico y sorprendente.

Usuki, tesoro histórico y cultural de Kyushu

Usuki es una pequeña ciudad situada en la prefectura de Oita (isla de Kyushu). Una joya oculta que pocos conocen y visitan, pero que es un vivo testimonio de la historia y cultura de Japón. Los inicios de esta antigua ciudad se remontan a 1556 cuando Otomo Yoshishige (1530-1587), vigésimo primer señor de la familia Otomo, se instaló en Usuki tras heredar de su padre el dominio de Funai. Yoshishige cambió su nombre a Sorin (Sanbisai Sorin) al convertirse en monje budista, sin embargo, tras conocer al misionero jesuita Franscico Javier en 1551 se convirtió al cristianismo. Francisco Javier introdujo formalmente el cristianismo en Japón en 1549 cuando desembarcó en Satsuma (actual Kagoshima). Sorin fue bautizado en 1578 y a partir de entonces se hizo llamar Don Francisco. Fue uno de los pocos daimios que se convirtieron al cristianismo, aunque otros como Date Masamune (1567-1636), señor del dominio de Sendai (Tohoku), permitieron esta fe en sus dominios y hasta le sacaron provecho, fomentando el comercio con España y el Vaticano. Se cree que esto se debe a que su hija se había convertido al cristianismo, aunque la mayoría de los historiadores lo descarta. Como dato curioso, Masamune envió la Embajada Keicho (1613-1620) liderada por Hasekura Tsunenaga (la primera expedición japonesa alrededor del mundo) y al menos cinco miembros de la tripulación de Date Maru (el barco enviado por éste) permanecieron en Sevilla y en actualidad sus descendientes llevan el apellido Japón.

La isla de Kyushu desempeñó un papel fundamental en la historia del cristianismo nipón durante el llamado «siglo cristiano» (1549-1650). Nagasaki se convirtió en un punto clave para el desarrollo de la fe cristiana gracias a la proliferación de iglesias y escuelas, que reflejaban el respaldo de numerosos daimios locales a los misioneros extranjeros. Este apoyo no solo facilitó la expansión de esta religión, sino también el establecimiento de relaciones comerciales con los europeos que permitió la introducción de nuevas tecnologías, como las armas de fuego, uno de los avances más significativos de la época. Para finales del siglo XVI, se estima que alrededor de 700.000 japoneses se habían convertido al cristianismo, lo que demuestra la magnitud y el impacto de esta religión en el país. Sin embargo, con el ascenso de Toyotomi Hideyoshi, creció la preocupación por el cristianismo y su conexión con las potencias extranjeras. En 1587, éste promulgó el Edicto de Bateren que ordenaba la expulsión de los misioneros jesuitas y prohibió la fe cristiana, iniciando persecuciones que impactaron profundamente en el país nipón. El sogunato Tokugawa continuó esta represión durante el período Edo (1603-1868), considerando el cristianismo una amenaza política. Tras el edicto de 1614, se destruyeron iglesias, se forzó la conversión o ejecución de creyentes y muchos practicaron su fe en secreto (kakure kirishitan o cristianos ocultos). La opresión culminó en la Rebelión de Shimabara (1637-1638), donde campesinos y samuráis cristianos se rebelaron, resultando en la masacre de casi 37,000 personas, uno de los momentos más dramáticos de la represión cristiana en Japón. La prohibición del cristianismo se mantuvo hasta 1873, cuando se restauró la libertad religiosa tras la Restauración Meiji.

Volviendo a lo que nos ocupa, durante el dominio de Otomo Sorin, su territorio llegó a abarcar prácticamente toda la isla de Kyushu, y Usuki fue la capital de su dominio. Aquí construyó un castillo (Usuki Joseki) en lo que antes era una isla, por su gran valor defensivo, sin embargo, en la actualidad lo único que se mantiene en pie son los muros, la entrada principal y algunos edificios adicionales. Igual que Masamune, también organizó delegaciones diplomáticas a Goa en 1550 y envió la embajada Tensho a Roma en 1582. Estas expediciones, junto con otras realizadas en el siglo XVII, dieron lugar a la elaboración de varios mapas dibujados con pincel y tinta, que reflejan la visión nipona del mundo en una época en la que la exploración japonesa era poco frecuente. Actualmente, estos mapas se encuentran expuestos en el Museo Histórico de Usuki.

Tras ser bautizado como cristiano, Sorin ordenó el desalojo forzoso de monjes y sacerdotes, reutilizando sus templos para el culto cristiano y obligó a la población a convertirse al cristianismo. Pese a ello, los principales atractivos de Usuki son sus templos budistas, pero especialmente sus Budas de Piedra, que nos recordaron a los conjuntos de budas que vimos durante nuestra ruta de la seda por China (Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen). Se trata de 61 figuras de Buda esculpidas entre los periodos Heian (794-1185) y Kamakura (1185-1333) agrupadas en cuatro conjuntos. En 1995, 59 de estas figuras fueron declaradas Tesoros Nacionales, siendo los primeros Budas de Piedra en recibir esta distinción en el país. Posteriormente, en 2017, las últimas dos estatuas del Conjunto de Furuzono también fueron reconocidas como Tesoros Nacionales. La roca utilizada es roca volcánica procedente del monte Aso que es maleable pero también vulnerable a la intemperie, lo que motivó una serie de restauraciones entre 1980 y 1994.

Un corto sendero de unos 30 min de duración une los cuatro conjuntos. El Conjunto de Budas de Furuzano destaca por su estatua central de Daininchi Nyorai, considerada la mejor estatua de Buda de piedra de Japón. Esta escultura fue restaurada en 1993. El Conjunto de Budas de Hoki está formado por dos grupos. El primer grupo alberga más de 20 figurillas distribuidas en cuatro galerías: la primera contiene tres Budas sentados y dos Bodhisattvas de pie; la segunda incluye un Amitabha, un Yakushi Nyorai y un Buda; la tercera muestra cuatro estatuas, entre ellas un Dainichi Nyorai; y la cuarta alberga once figuras, incluyendo un Bodhisattva Jizo y diez reyes. El segundo grupo consta de dos galerías: la primera exhibe una espléndida Trinidad de Amitabha, y la segunda contiene figuras de menor tamaño conocidas como los Nueve Amitabhas (Kubon-no-Amida). Finalmente, el Conjunto de Budas de Sannousan presenta una trinidad con una figura central de unos cinco metros de altura.

Otro símbolo de Usuki es el templo Ryugen (Ryugenji) fundado en 1600 y su pagoda de tres pisos (Sanju-no-to o la Torre del Príncipe), en cuyo interior se encuentra una estatua de Shotoku Taishi, un príncipe del período Asuka (592-710) que contribuyó a la difusión del budismo por todo Japón. Cuatro jaki o espíritus malignos que se han vuelto buenos sostienen la pagoda desde abajo.

Justo delante se encuentra el templo Daikyo (Daikyoji) o el Templo del Gran Puente. Su historia se remonta a 1548 cuando San Yuhan edificó una ermita en este lugar. Posteriormente, Otomo Sorin construyó un templo budista llamado Hounzan Saihoji. Pasó a llamarse Daikyoji cuando se constuyó el puente que facilitó el acceso. El complejo cuenta con una puerta central, el Salón Kannon-do y el salón principal, rodeados de muros de piedra que también servían de defensa. Durante la prohibición del cristianismo, San Rekido colaboró para proteger cristianos haciéndolos pasar por feligreses del Daikyoji.

Tras ser derrotado por el daimio Shimazu, la única familia que aún controlaba una parte significativa de Kyushu, en la batalla de Mimigawa (1578), Otomo Sorin perdió rápidamente el poder. El golpe final fue la batalla de Hetsugigawa (1586). Hideyoshi Toyotomi comenzó su campaña, ocupando toda la isla de Kyushu, y devolvió el poder a los Otomo, sin embargo, Sorin murió en Tsukumi (ciudad vecina de Usuki) en 1587. Tras la muerte de Otomo Sorin, Sadamicho Inaba, el primer señor de la familia Inaba, ganó el dominio de Ususki por apoyar a Tokugawa Ieyasu durante la batalla de Sekigahara (21 de octubre 1600) con la que unificó Japón y se convirtió en sogún. A partir de ese momento, la familia Inaba gobernó en Usuki hasta 1871. La villa de la familia Inaba situada en el antiguo barrio samurái o Distrito Histórico de Nioza, se puede visitar. Se trata de una casa bien conservada, con amplias habitaciones con tatami y un tranquilo jardín, que nada tiene que envidiar a las casas samurái que visitamos en Hirosaki y Kakunodate. El Distrito Histórico de Nioza destaca por sus callejuelas empedradas, los edificios de arquitectura tradicional, los templos y los santuarios. Sobresalen dos calles, la calle Nioza y la calle comercial Haccho Oji, repleta de tiendas de artesanía.

Usuki, más allá de su historia marcada por el choque de religiones y las luchas de poder, se revela hoy como un remanso de paz donde el pasado convive en armonía con el presente. Sin duda alguna, Usuki es un verdadero tesoro oculto de Kyushu y una parada imprescindible para quienes buscan empaparse de la esencia más auténtica de Japón.

Experiencias en Japón: kagura en Takachiho

Según el sintoísmo, la creación de Japón se atribuye a dos dioses primordiales, Izanami e Izanagi. Este matrimonio fue el que creó todas y cada una de las islas del archipiélago y dio vida a la mayoría de los dioses o kami. Pese a vivir en armonía, la relación se truncó cuando Izanami sufrió terribles quemaduras durante el parto del dios del fuego, Kagutsuchi, y finalmente murió. Se dice que de sus lágrimas de dolor nacieron muchos otros kami. Izanagi enfurecido cortó a Kagutsuchi en pedazos (de cada trozo nacieron nuevas deidades) y, después, bajó al inframundo (Yomi) para rescatar a su esposa, sin embargo, ésta ya había comido alimentos allí, por lo que ya no podía volver. Izanami pidió a los guardianes de Yomi que la dejaran salir, y la condición fue que Izanagi no entrara durante los trámites, sin embargo, éste se impacientó, entró y se encontró con que Izanami era un cadáver en descomposición. Asustado, salió corriendo y, cuando volvió al mundo exterior, bloqueó la entrada con una enorme piedra, no obstante, por haber estado en el inframundo, tuvo que realizar un ritual de purificación. Durante este ritual nacieron nuevos dioses, como Amaterasu, la diosa del sol, que nació al lavarse el ojo izquierdo, Tsuki-yomi, el dios de la luna, tras lavarse el ojo derecho, o Susanoo, el dios de la tormenta, al lavarse la nariz. Mhina-tsu-hiko, el dios del viento, nació de su aliento y, al lavar su ropa en el río, otros doce kami aparecieron. Este ritual de purificación dio lugar a la costumbre de limpiarse con agua antes de entrar en un santuario.

Amaterasu, Tsuki-yomi y Susanoo son conocidos como los “tres niños preciosos” y de todos, Amaterasu Omikami es la diosa (megami) principal y la antepasada de la familia real japonesa. Cuentan que el mundo se había vuelto demasiado caótico, por lo que Amaterasu decidió enviar a su nieto Ninigi a que descendiera para gobernarlo. Éste bajó en la cima de Kushifuru en Takachiho (prefectura de Miyazaki) y allí fue consagrado en un santuario, sin embargo, éste fue trasladado a Kirishima en la prefectura de Kagoshima (actual santuario Kirishima-Jingu) en 1715 tras ser destruido por una erupción volcánica. El edificio actual es considerado Tesoro Nacional y es comparado con los templos de Nikko en cuanto a belleza. El nieto de Ninigi, Jinmu, consagrado en el santuario de Miyazaki (Miyazaki-Jingu) es considerado el primer emperador de Japón.

Los mitos sobre la diosa sol están recogidos en dos libros principales, Kojiki (708-714) y Nihon Shoki (720), y un libro recopilatorio de las tradiciones orales omitidas en los otros dos (Kogoshui, 807). La mayoría de los mitos narran el incidente con su hermano Susanoo cuando Amaterasu decidió encerrarse en una cueva, sumiendo el país en una profunda oscuridad. Explicado brevemente, Susanoo, en estado de embriaguez, destruyó con sus tormentas los campos de arroz de Amaterasu. Ésta le pidió que parara, sin embargo, él contestó matando al caballo celestial de Amaterasu y arrojándolo a sus doncellas que estaban tejiendo, provocándoles la muerte. Como consecuencia, Amaterasu se encerró en una cueva (Cueva Celestial) y la selló con una roca. Los ocho millones de dioses se reunieron y tomaron la decisión de que la diosa de la danza, Ama no Uzume, bailara mientras los demás la animaran. Amaterasu, al escuchar la música y las risas preguntó qué era lo que pasaba y los dioses le respondieron que festejaban el hecho de tener una nueva megami señalándole un espejo. Amaterasu, que nunca había visto su rostro, quedó fascinada y, mientras estaba absorta con la imagen, el poderoso Tajikarao la sacó y cerró la cueva detrás de ella.

La cueva en la que se escondió Amaterasu se encuentra en Takachiho y pertenece al santuario Amanoiwato. Este santuario está formado por Amanoiwato Higashi Hongu que consagra a Amaterasu Omikami y en el lado opuesto del río Iwate, se encuentra Amanoiwato Nishi Hongu, asentado sobre el desfiladero que lleva a la cueva Amanoyasukawara (también conocida como Gyobogaiwaya). La cueva es considerada sagrada y tanto ésta como el santuario aparecen en las escrituras sintoístas Kojiki y Nihon Shoki.

El santuario de Takachiho (Takachiho-Jinja) fue construido hace unos 1900 años y es el hogar del dios del matrimonio. En sus terrenos se encuentran dos sugi, Chichibu-sugi, de unos 800 años de antigüedad, y Meoto-sugi, dos sugi unidos en un mismo tronco que representan el matrimonio. Se dice que, si una pareja cogida de la mano lo rodea tres veces, ésta alcanzará la felicidad en el matrimonio y la prosperidad en la procreación. En este santuario se representan los mitos y las leyendas de Japón a través de kagura. Kagura se refiere a la música y la danza sagradas sintoístas. Se divide en dos categorías: mikagura, interpretadas en la corte imperial, y satokagura, interpretadas en los santuarios. En Takachiho el kagura se celebra por la noche (yokagurakagura nocturno) y entre 22 y 23 de noviembre se celebra el festival Yokagura con una antigüedad de unos 800 años. Los actores enmascarados bailan al son de los tambores y escenifican 33 episodios de la mitología japonesa como la leyenda de Amaterasu o el descenso de Ninigi, además de danzas para orar por el matrimonio, el parto seguro o una buena cosecha. Takachiho-no-Yokagura fue declarado Bien Cultural Folclórico Inmaterial Importante de Japón en 1978.

Todas las noches, excepto los días 31 de diciembre y 1 de enero, hay cuatro representaciones de los cuatro episodios de yokagura más importantes (Tajikarao no Mai, Uzume no Mai, Totori no Mai y Goshintai no Mai) en el santuario de Takachiho. La función empieza a las 20:00 h y tiene una duración de una hora. Se requiere reserva previa ya sea por internet (200 plazas) o presencialmente el mismo día antes de las 17:00 h (50 plazas). La danza de Tajikarao presenta la búsqueda de la cueva en la que Amaterasu se escondió (Amanoiwato), el baile de Uzume es el baile que hizo que Amaterasu saliera de la cueva, el baile de Totori ilustra el momento en el que Tajikarao saca a Amaterasu de la cueva, y, finalmente, el baile de Goshintai (o la danza de la creación del país) presenta a través de Izanagi e Izanami lo que es un matrimonio amoroso y duradero.

A pesar de ser un lugar importante para el sintoísmo, Takachiho es más conocido por su garganta, declarada monumento natural de gran belleza. La garganta del río Gokase rodeado por altas columnas basálticas hexagonales fue fruto de los flujos piroclásticos de la erupción del monte Aso de hace unos 100.000 años. Se trata de un camino pavimentado que recorre el margen del río a lo largo de un kilómetro y que tiene como punto final la cascada Manai de unos 17 m de altura. Se puede alquilar un bote para pasar por debajo de ésta.

Otra actividad que se puede hacer en Takachiho es tomar el ferrocarril Takachiho Amaterasu. Se trata de un corto trayecto de unos 20 min que aprovecha la infraestructura de un antiguo ferrocarril que ya no funciona. En vagones sin techo se recorren aproximadamente 5 km desde la estación hasta el Puente de Hierro, el puente más alto de Japón con 105 m de altura, pasando por túneles iluminados y disfrutando del paisaje montañoso de Takachiho. El ferrocarril cierra el tercer jueves de cada mes.

En definitiva, Takachiho es un lugar donde la naturaleza y la espiritualidad ancestral se dan la mano, ofreciendo a los visitantes una experiencia única que combina leyendas, tradiciones y paisajes imponentes. Tanto si os apasiona la historia japonesa como si buscáis un entorno natural de gran belleza, Takachiho invita a descubrir sus secretos y a dejarse envolver por la magia de sus rituales y el encanto de su entorno.

Shogatsu o celebración de Año Nuevo: Nichinan, Aoshima y Miyazaki

La celebración de Año Nuevo en Japón se conoce como shogatsu y reúne una serie de rituales que se llevan a cabo durante los primeros días del año. Uno de los más conocido es hatsumode, que consiste en la primera visita a un santuario realizada entre los días 1 y 4 de enero. Estos días son festivos para que las familias se puedan reunir y acudir a los santuarios para pedir salud, trabajo o buena fortuna. A pesar de las larguísimas colas que se forman, el ambiente es festivo: puestos de comida, muchos amuletos que comprar y predicciones (omikuji) que consultar. Los deseos se piden frente al edificio principal, tras lanzar una moneda en la caja de ofrendas (saisenbako), realizar una reverencia, dar dos palmadas y volver a hacer una reverencia. También es costumbre rellenar tablillas ema con deseos.

Entre los amuletos más comunes destacan los omamori, que se pueden comprar durante todo el año, y la hamaya, una flecha simbólica de protección contra la mala suerte y los malos espíritus, que únicamente se vende en estas fechas. Además, se suelen devolver los amuletos del año anterior, para cerrar un ciclo y empezar uno nuevo con energías renovadas. Los amuletos antiguos se queman en el ritual dondo-yaki durante las dos primeras semanas de enero ya que de esta manera los buenos deseos llegan al cielo. También se cree que, si el humo asciende de manera firme y recta, el nuevo año traerá buena fortuna. Con este acto se concluye el shogatsu.

Siguiendo la tradición japonesa, dedicamos los dos primeros días a visitar santuarios. Empezamos en Nichinan (donde habíamos despedido el año) visitando los santuarios Gion y Udo-Jingu, y seguimos hacía Aoshima y Miyazaki para visitar también sendos santuarios. Gion Shrine es un pequeño santuario enclavado en una cueva natural cerca de la playa de Umegahama. Fue fundado en 1924 y es afiliado al Santuario Yasaka de Kioto. Consagra a Susanoo-no-Mikoto, dios de las tormentas y el mar.

Udo-Jingu es uno de los santuarios principales de Kyushu y también está dentro una cueva en un acantilado frente al océano Pacífico. Data de 1711 y está dedicado a Ugayafukiaezu, bisnieto de Amaterasu y padre de Jinmu, uno de los emperadores fundadores de Japón, consagrado en el Santuario de Miyazaki. Se cree que beber el agua de las paredes de la cueva concede fertilidad y ayuda a producir leche tras el parto.

Una actividad que se puede realizar en este santuario es lanzar undama, unas pequeñas bolas hechas de arcilla, dentro de una cuerda colocada sobre una roca que recibe el nombre de Kameishi o roca de la tortuga. Los hombres las deben lanzar con la mano izquierda mientras que las mujeres con la derecha. Si la bola alcanza la pequeña piscina situada dentro de la cuerda, el deseo se cumplirá. Esto nos recordó a la garganta de Geibikei en Hiraizumi donde lanzamos piedras similares en la apertura de la montaña.

El Santuario de Miyazaki (Miyazaki-Jingu) es el santuario más importante y antiguo de la ciudad, ya que se cree que fue fundado hace 2600 años. Consagra al emperador Jinmu y es conocido por ofrecer felicidad en el matrimonio y protección durante el embarazo y el parto. Aquí aprovechamos para leer nuestras predicciones para este año. En nuestro caso, las predicciones fueron positivas, pero si no lo fueran, éstas se atan en un soporte en el santuario para dejar atrás el mal augurio.

En un lateral del parque se encuentra Gojo Inari Shrine, un pequeño santuario al que se accede por un caminito de torii rojos.

El Santuario de Aoshima (Aoshima Shrine) está situado en la pequeña isla homónima con una circunferencia de tan solo 1,5 km a la que se accede a través de un puente. Está rodeada por una superficie rocosa denominada Tabla de Lavar del Diablo fruto de la erosión geológica, a la que se le atribuyen poderes místicos. El santuario es conocido por ofrecer bendiciones para el matrimonio y, por ello, es común que las parejas dejen tablillas de madera ema con sus deseos.

En ese santuario también se puede realizar una actividad llamada “lanzar el cuenco celestial”, que consiste en arrojar un cuenco sin esmaltar conocido como kawarake. Este ritual se lleva a cabo en Kitamiya, un lugar considerado sagrado desde el período Yayoi porque allí se encontraron fragmentos de cerámica rota de esa época. El procedimiento es sencillo: primero se hacen dos reverencias, se pide un deseo y luego se lanza el cuenco hacia Ikawuni, el punto central marcado por una cuerda. Si el cuenco cae dentro y se rompe, se cree que el deseo se cumplirá.

Visitar estos santuarios nos permitió adentrarnos en la tradición y espiritualidad japonesa: cada rincón, cada ceremonia y cada deseo nos recordó la importancia de conectar con lo sagrado y la naturaleza. Nos llevamos no solo recuerdos imborrables y amuletos de la suerte, sino también la sensación de haber formado parte, aunque sea por un instante, de una cultura fascinante y profunda.

Omisoka o la despedida del año en Obi (Nichinan)

Despedimos el año 2025 en Obi, un antiguo pueblo samurai que actualmente pertenece a la ciudad de Nichinan (prefectura de Miyazaki). Su historia se remonta al período Nanbokucho (1336-1392) cuando el clan Tsuchimochi fundó un castillo en este lugar. Adquirió importancia cuando el clan Shimazu fortificó el recinto para poder defenderse del clan Ito, quién salió vencedor en 1567. En 1572 el clan Shimazu recuperó el territorio y lo mantuvo hasta 1587 cuando el clan Ito, aliado de Toyotomi Hideyoshi, lo recuperó como recompensa por su lealtad. Y desde entonces, su historia fue ligada al clan Ito hasta la restauración Meiji (1868-1912). La ciudadela de Obi contaba por ese entonces con una extensión de terreno de 51.000 koku, casi nada si lo comparamos con el dominio de Sendai. Kokudaka se refiere al sistema de medir la riqueza de un territorio teniendo en cuenta su producción de arroz utilizado durante el período Edo (1603-1868). Por ende, un koku equivaldría a un peso de 150 kg de arroz (o un volumen de 180 litros).

El castillo de Obi forma parte de los 100 castillos notables de Japón, junto a otros que visitamos durante nuestros viajes: castillo de Hirosaki, castillo de Morioka, castillo de Sendai, castillo Kubota en Akita, castillo de Yamagata, castillo de Kumamoto, castillo Nijo en Kyoto, o el castillo de Osaka. Actualmente se pueden visitar la puerta Otemon reconstruida en 1978, el Museo Histórico donde se exhiben armaduras y armas samurái, Matsuo-no-Maru, una réplica de la residencia de la mujer del daimio del clan Ito, o la residencia Yoshokan, construida en 1869 y famosa por su jardín japonés. Sin embargo, entre 28 y 31 de diciembre todos estos edificios permanecen cerrados. Lo que sí se pueden visitar son el parque del castillo con sus muros de piedra cubiertos de musgo, el foso y la ciudad samurái que creció alrededor y que aún se conserva. A menudo nombrada como la Kioto de Kuyshu, pasear por sus calles es como retroceder en el tiempo al período Edo. En 1977 se designó como uno de los Distritos de Preservación de Conjuntos de Edificios Históricos.

La celebración de Año Nuevo en Japón no tiene nada que ver con lo que se vive en España o en Europa. El año no se despide con fiestas ni fuegos artificiales, sino con una serie de ceremonias y rituales cargados de simbolismo. Un ejemplo de estos símbolos son los adornos kadomatsu (pino y bambú) y shimekazari (cuerdas de arroz) o las ofrendas kagamimochi (mochi redondos). Kadomatsu es un adorno formado por tres elementos: cañas de bambú, ramas de pino y ramas de ciruelo que representan la fortaleza, la longevidad y la prosperidad. Van en pares, colocados a la entrada para dar la bienvenida a los dioses (kami). Estos se colocan entre el 26 y el 28 de diciembre y se retiran el 7 de enero. De manera similar, shimekazari es un adorno que cuelga sobre la puerta de la entrada y cuya finalidad es proteger contra la mala suerte y preparar el hogar para recibir al dios del año nuevo, Toshigami. Este adorno está hecho de cuerda de paja de arroz (shimenawa), origami y cítricos. Por otro lado, kagamimochi consta de dos pasteles de arroz apilados uno encima de otro coronados con una naranja daidai y que es una ofrenda común en estas fechas en los santuarios. También es costumbre tener un kagamimochi (símbolo de la continuidad familiar y la buena fortuna) en el altar sintoísta dentro de casa. El día 11 de enero se celebra kagami biraki o la ceremonia de romper el mochi. Estos mochis no se pueden cortar con el cuchillo (mal augurio) sino que se rompen con las manos o con un pequeño mazo y los trozos se cocinan en sopa (ozoni).

Japón celebra omisoka, la despedida del año, el 31 de diciembre desde que adoptó el calendario gregoriano en 1873. Durante esta noche es común cenar toshikoshi soba (fideos de año nuevo) y visitar los templos para escuchar las 108 campanadas (Joya no Kane). Según la tradición budista, 108 son los deseos, preocupaciones o tentaciones que el ser humano puede tener (que nos recordaron a las 108 postraciones que hicimos en el templo budista de Corea del Sur). Al hacer sonar la campana 108 veces, se limpian los pecados del año previo para poder empezar el nuevo año con el alma purificada y la mente en calma. Le siguen hatsuhinode, el primer amanecer del año y hatsumode, la primera visita a los santuarios del año, que nosotros también cumplimos. Sin embargo, en Japón hay muchas más costumbres relacionadas con el Año Nuevo como kakizome o el primer escrito del año (2 de enero) que consiste en escribir el propósito o el deseo para el nuevo año; asaburo o el primer baño del año (2 de enero) generalmente en aguas termales; o hatsuyume o el primer sueño del año (la noche del 1 al 2 de enero) que indica cómo irá el próximo año. Según el simbolismo tradicional, los tres sueños más auspiciosos (ichi Fuji, ni Taka, san Nasubi) son: estar en la cima del monte Fuji, que representa alcanzar elevados logros; soñar con halcones (Taka), símbolo de éxito en la consecución de objetivos; y soñar con berenjenas (Nasubi), asociado a alcanzar el éxito debido a su similitud fonética.  

Pasar la nochevieja en Obi fue una experiencia única, ya que a diferencia de España y otros países, en Japón el año se despide con calma y espiritualidad. Aquí sentimos la magia de empezar un nuevo ciclo rodeados de simbolos y buenos deseos y ahora Obi tiene un lugar en nuestro corazón. Y allí, lejos de casa, nuestro mayor deseo fue poder descubrir nuevos destinos que nos llenen el alma de experiencias auténticas, permitiéndonos aprender de culturas distintas y ampliar nuestra visión del mundo. Que cada viaje nos acerque a personas especiales, nos regale momentos de paz y nos inspire a seguir explorando con curiosidad y respeto. ¡Ojalá podamos seguir sumando recuerdos inolvidables por el camino y disfrutar de la magia de cada nuevo lugar!

Yakushima, pequeño paraíso natural

La pequeña isla de Yakushima, situada al sur de Kyushu, es un destino imprescindible para quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de una isla montañosa con más de 30 picos con una altitud superior a los 1000 m sobre el nivel del mar, pero que, a diferencia de otras islas cercanas, no alberga volcanes activos. Tiene un clima subtropical húmedo y es uno de los lugares más lluviosos del mundo, tanto, que se dice que llueve 35 días al mes. Esto ha favorecido el desarrollo de un denso bosque formado principalmente de coníferas llamadas sugi (Cryptomeria japonica). Aunque los sugis se conocen con el nombre de cedros japoneses, el término es incorrecto ya que no pertenecen al mismo género que los cedros (Cedrus). Los ejemplares más antiguos (de más de 1000 años) reciben el nombre de yakusugi (combinando el nombre de la isla, Yakushima, y sugi) y aquí viven los ejemplares más longevos de todo el archipiélago. Gracias a sus extensos bosques y a los viejos yakusugi, fue reconocida como Patrimonio Mundial de la Unesco en 1993, siendo justamente el primer territorio en ser reconocido como tal en Japón.

Esta especie de árbol crece por todo Japón, pero lo que hace especiales a los sugi de Yakushima es su extraordinaria longevidad. Lo común es que vivan unos 500 años, aunque hay excepciones como un sugi de 1500 años en la prefectura de Niigata, sin embargo, en esta pequeña isla hay ejemplares de entre 2200 y 7200 años (Jomon Sugi presume de ser el más antiguo). La longevidad de los yakusugis se debe a las condiciones en las que viven, con muchas precipitaciones y un suelo poco nutritivo, lo que hace que crezcan muy lentamente. Además, en su interior acumulan grandes cantidades de resina que les protege de las enfermedades y la descomposición. Precisamente por su alto contenido en resina fue una madera muy valorada durante el Período Edo (1603-1868) cuando se usaba para la producción de tejas por ser una madera ligera e impermeable. Y es que, a pesar de lo que muchos creen, el bosque que cubre Yakushima no es bosque primario, sino secundario, habiendo sido la mayor parte talada y reforestada hasta la década de 1970 cuando se instauró un régimen de conservación.

La explotación maderera ha contribuido al encanto actual de Yakushima. Los árboles que no crecíeron rectos ni altos se salvaron de la tala y éstos son justamente los yakusugi, los grandes tesoros naturales de la isla. Por otro lado, de los árboles talados se conservan aún los tocones que se resisten a la descomposición gracias a la resina acumulada en su interior. Estos tocones antiguos reciben el nombre de domaiboku y son, en ocasiones, la base de jóvenes sugi que aprovecharon el claro de luz para ocupar el lugar de sus ancestros caídos. Actualmente, los yakusugi no solo son testigos del pasado forestal de la isla, sino que también albergan una gran variedad de plantas epífitas (que viven sobre otras plantas) y los bosques de sugi son refugio para numerosas especies vegetales y animales endémicos.

En cuanto a la fauna, la isla es famosa por los ciervos sika, conocidos como yakushika (Cervus nippon yakushimae), y los macacos llamados yakuzaro (Macaca fuscata yakui), ambos endémicos. Los ciervos de Yakushima son la subespecie más pequeña de ciervo sika. Aunque son más difíciles de ver que los macacos, a menudos se les ven juntos en los márgenes de las carreteras. Los macacos de Yakushima también son una subespecie de menor tamaño de macaco japonés (o macaco de cara roja; Macaca fuscata). Es un primate catarrino de la familia Cercopithecidae, igual que el macaco negro crestado que vimos en Sulawesi (Indonesia). Forman grupos de pequeño tamaño y son omnívoros, alimentándose de frutas, bayas, semillas, flores, hojas jóvenes, insectos, cangrejos y huevos de aves.

Se cree que la isla ha sido habitada de forma continua desde el período Jomon y, se menciona en diferentes documentos antiguos, tanto chinos (dinastías Sui y Tang) como japoneses (Período Nara, 710-794). Forma parte del conjunto de islas llamado Osumi-Shoto y administrativamente pertenece a la prefectura de Kagoshima. Se puede llegar en ferry desde la ciudad de Kagoshima o en avioneta desde diferentes ciudades como Osaka o Fukuoka. Hay una carretera principal que rodea la isla y algunas carreteras de montaña que conducen al interior, accesible únicamente mediante rutas de senderismo. Dos líneas de autobuses recorren la costa con mayor o menor frecuencia, pero en nuestra opinión, lo ideal es alquilar un coche para desplazarse con tranquilidad, que es lo que hicimos nosotros. Gracias a esto pudimos recorrer la isla de lado a lado durante dos días y medio y esto es lo que hemos visitado:

Yakisugui Land es un parque natural con una extensión de 270 hectáreas y se encuentra a altitudes de 1000-1300 m. Fue diseñado como un Bosque de Recreación Natural junto a Shiratani Unsuikyo en 1974 y por esta razón cada parque ofrece descuentos con la entrada para acceder al otro. Hay cinco rutas disponibles, todas ellas circulares, de diferentes longitudes y niveles de dificultad:

· Las rutas de 30 min (0.8 km) y 50 min (1.2 km) son recorridos bien mantenidos, con pasarelas de madera y caminos pavimentados con piedra.

· Las rutas de 80 min (2.0 km), 150 min (3.0 km) y 210 min (4.4 km) son rutas de montaña. Nosotros hicimos la ruta de 80 min y fue espectacular. Se cruzan puentes colgantes, lechos de río y yakusugis, como el Buddhasugi, un árbol de unos 1800 años con una circunferencia de 8 m y una altura de 21,5 m.

Shiratani Unsuikio es un parque natural situado a una altitud de 1500 m que cubre un área de 424 hectáreas, conocido como área de Shiratani. Hay tres rutas con diferentes niveles de dificultad y duración:

· el recorrido Yayoisugi de unos 2 km de longitud (circular) con una duración de una hora y 10 min. Es el más corto y en mejor estado, con escaleras de madera y caminos pavimentados.

 · el recorrido Bugyosugi de unos 4 km de longitud (circular) y una duración de 3 h. Este recorrido estaba cerrado cuando nosotros fuimos.

· el recorrido Taikoiwa, recorrido de montaña de ida y vuelta con una longitud de 5.5 km y una duración de 5 h. El punto final es la roca Taikoiwa desde la que se puede disfrutar de una vista panorámica de la isla. A lo largo del camino pueden verse varios yakusugi, sin embargo, el principal atractivo de esta ruta es el boque cubierto de musgo que inspiró a Hayao Miyazaki para el escenario de la película de animación La princesa Mononoke. Esta es la ruta que nosotros hicimos y solamente podemos decir que es espectacular.

El santuratio Masuku o Yaku-jinja está ubicado cerca del puerto de Miyanoura y es fácilmente accesible. Fue fundado en 806 y está dedicado a Yamasachihiko, el dios protector de la isla de Yakushima y la vecina Tanegashima.

Siguiendo por la costa, se llega al santuario Yahazudake, un pequeño santuario situado en un lugar un tanto remoto, cuyo su torii rojo puede verse desde la lejanía. Tras cruzar el torii se desciende por unas escaleras de piedra hasta al nivel del mar donde se encuentra la cueva con el santurario. Aunque actualmente parece un tanto descuidado, tiene su encanto.

El valle Yoggo es el lecho de un río lleno de enormes piedras graniticas que forman piscinas naturales de agua cristalina. ¡Un lugar precioso!

La cascada Oko (Oko-no-taki) es la más alta, con una caída de 88 m, y una de las más impresionantes de Yakushima.

La cascada Senpiro (Senpiro-no-taki), también conocida como cataratas Chihiro, se encuentra en un paisaje imponente. Se puede ver desde el mirador, o bien bajando las escaleras hasta sus pies. El bosque circundante es hogar de varios grupos de macacos.

Gajumaru Bayan Garden es un pequeño jardín de banianos (Ficus microcarpa) cuyo nombre en japonés es gajumaru. Se trata de un árbol tropical famoso por sus raíces aéreas y su gran longevidad. Es considerado como sagrado en la cultura ryukyu (Okinawa) ya que se asocia a la energía vital y a espíritus que traen buena fortuna (Kajimuna). En este jardín destaca uno en particular con una antigüedad de entre 200 y 300 años.

Consideraciones finales:

-Desde 28 de diciembre hasta 4 de enero son días festivos en Japón, por lo que muchos puntos de interés permanecen cerrados, incluidos museos, algunas tiendas, restaurantes u hoteles.

-En estas fechas es mejor hacer reserva en los restaurantes, especialmente si queréis probar platos típicos, como el pez volador.

-Muchas carreteras son muy estrechas, prácticamente un carril para los dos sentidos, por lo que conviene ir con precaución y no correr. Además, en las carreteras se reúnen macacos para acicalarse aprovechando el calor que desprende el asfalto.

-No hay que acercarse a los macacos ni a los ciervos, no solo porque están protegidos sino porque son animales salvajes y pueden ponerse agresivos si se sienten amenazados, y ¡ni que decir que no hay que alimentarlos!

-Hay que informar al hotel de las rutas de treking que se van a realizar y las fechas. Los hoteles también pueden preparar bento para comer durante las rutas de trekking, pero, por favor, no tiréis basura en el bosque. ¡Seamos responsables!

-Ni cabe decir que no hay que salirse de los caminos o dañar el musgo, árboles u otras plantas.

Y, dicho esto, espero que incluyáis Yakushima en vuestra ruta por Japón, ya que esta isla cautiva con su naturaleza y la singularidad de sus paisajes. Sin duda, una experiencia que deja huella.

Sabores de Japón: descubriendo el umami

Durante nuestro segundo viaje por Japón, visitamos, por un lado, Osaka, Kioto y Nara, y, por otro, las islas de Yakushima y Kyushu, y en esta crónica os presentaré algunos de los platos típicos que hemos tenido el placer de degustar. Podéis encontrar otros platos típicos de Japón, y en particular de la región de Tohoku, aquí.

Nara

Nara fue la primera capital de Japón y acogió la corte imperial entre los años 710 y 794 (período conocido como período Nara). En esta ciudad se pueden probar dos platos emblemáticos cuyo origen se remonta a ese período: el kakinoha sushi y el Yamato chagayu. Cuentan que el kakinoha sushi fue elaborado por un monje budista llamado Gyoki que lo ofrecía a los visitantes que acudían al templo Todai-ji. Se trata de sushi envuelto en hojas de caqui (kaki no ha), la fruta típica de la región. Por un lado, el arroz se prepara con vinagre y azúcar, y por otro, se cura el pescado (normalmente salmón o caballa) con vinagre, azúcar y sal. Por último, se monta el sushi y se envuelve en la hoja de caqui, formando un paquetito que se prensa en una caja de madera (oshizushihako) y se deja reposar una noche entera. La hoja se retira antes de comer.

El Yamato chagayu son unas gachas de arroz infusionadas con té verde tostado cuyo origen se encuentra en los primeros templos budistas de Nara. El cultivo de té en Japón se remonta al siglo IX cuando Kobo Daishi (Kukai) trajo semillas desde China y este plato empezó a popularizarse entre los monjes budistas y posteriormente entre la población de Nara. Yamato hace referencia al antiguo nombre de Nara. Para poder disfrutar de este plato es recomendable reservar.

Kioto

En 794 la corte imperial se trasladó a Kioto, donde permaneció hasta 1868, año en el cual el emperador Meiji decidió trasladar la sede de la corte a Tokio, y es por ello que la ciudad ha desarrollado una cocina refinada y elegante. Los platos de Kioto destacan por el uso de ingredientes frescos y de temporada, el respeto por la materia prima y la presentación cuidada, valores fundamentales de la gastronomía japonesa. Los platos tradicionales (washoku) buscan el equilibrio y la armonía basándose en cinco elementos (gomi-goshuku): cinco sabores (gomi: dulce, salado, ácido, amargo y umami), cinco colores (goshiki: blanco, negro, rojo, verde y amarillo), cinco técnicas de cocción (goho: crudo, hervido, asado, frito y al vapor), cinco ingredientes clave (go-shiki: sato [azúcar], shio [sal], su [vinagre], seiyu [salsa de soja] y miso) y cinco sentidos (vista, olfato, gusto, tacto y oído). Este principio garantiza no solo una experiencia culinaria completa, sino también una presentación atractiva y una variedad nutricional adecuada.

Elegimos Kioto para celebrar el cumpleaños de Xavi y también nuestro aniversario. Para el cumpleaños, escogimos probar una propuesta de carne de wagyu en diferentes elaboraciones en un restaurante en Gion. Wagyu literalmente significa ternera japonesa, haciendo referencia a las cuatro razas de ganado japonés (negra, cuernicorta, marrón y mocha). Las wagyu más valoradas son las de Kobe, Matsusaka, Omi y Yonezawa (que probamos en Yamagata), aunque cualquier wagyu calificada como A3 a A5 se considera de primera calidad, como es el caso, por ejemplo, de la wagyu de la prefectura de Oita en Kyushu (bungogyu con calificación A4/A5). El menú incluía diferentes cortes de wagyu (incluida lengua) y diferentes elaboraciones típicas japonesas como sashimi, shabu-shabu (en caldo) o sukiyaki (acompañada de huevo crudo).

Para nuestro aniversario, en cambio, decidimos probar un menú kyo-kaiseki con platos de temporada, especialmente pescados y mariscos como las almejas o el cangrejo, que nos dejó totalmente enamorados. El kyo-kaiseki es una comida tradicional que se sirve en ocasiones especiales cuyo origen se encuentra en las ceremonias del té. El menú estaba formado por pequeños platos bellamente decorados cumpliendo con los cinco elementos fundamentales de la gastronomía japonesa (washoku).

Osaka

Osaka es considerada la cocina de Japón debido a su rica tradición gastronómica y su enfoque en la comida popular y asequible. Entre sus especialidades más famosas se encuentran el okonomiyaki (una especie de tortilla con base de col rallada), el takoyaki (bolas rellenas de pulpo), y el kushikatsu (brochetas empanadas y fritas).

Aquí también podéis disfrutar de inari sushi, un tipo de sushi que se originó en el santuario Yutoku Inari en Fukuoka como ofrenda al kami del arroz para agradecer las buenas cosechas, pero que es muy popular en Kansai. Se trata de tofu relleno de arroz a veces con una forma que recuerda las orejas de un zorro (inari, el mensajero de los dioses).

Kyushu

La cocina de Kyushu, situada en el suroeste de Japón, destaca por su variedad de sabores intensos y por el uso de ingredientes frescos procedentes tanto del mar como de la tierra. La región es famosa por su clima cálido y húmedo, lo que favorece el cultivo de verduras, frutas y arroz de gran calidad. Estos platos reflejan la riqueza culinaria y la diversidad de influencias que caracterizan a Kyushu, integrando sabores profundos y presentaciones cuidadas.

Miyazaki

Entre las especialidades más reconocidas de Miyazaki se encuentran el pollo nanban, un plato de pollo frito empanado que se sirve con una salsa tártara suave y ligeramente dulce, y el kara-age, que consiste en trozos de pollo marinados y fritos hasta quedar crujientes.

Takamori

Takamori dengaku no es solamente el plato típico de Takamori sino también toda una experiencia. Se trata de vegetales, taro, tofu y pescado de río asados a la brasa, aderezados con miso de yuzu y acompañados de sopa de miso, arroz y encurtidos. Cada mesa tiene su propia brasa en la cual se van cocinando los alimentos poco a poco. A nosotros nos aceptaron sin reserva, sin embargo, se recomienda reservar con antelación para evitar no poder ser atendidos.

Kumamoto y la región del monte Aso

Kumamoto y los alrededores del monte Aso destacan por la riqueza agrícola y ganadera y por esta razón las dos carnes típicas son la de caballo, especialmente servida cruda cortada en finas láminas (basashi) y la carne de ternera Akaushi (wagyu). A diferencia de las demás wagyu (Kobe, Matsusaka, Omi y Yonezawa) que provienen de vacas negras, las vacas Akaushi son marrones. Dicen que la carne de Akaushi es suave y baja en grasa por pastar y beber agua pura de las montañas de Aso. Lo común es comerla poco hecha sobre una cama de arroz blanco y acompañada de un huevo poché.

Usuki

Usuki es especialmente famosa por el fugu (pez globo), que se sirve en restaurantes especializados de la ciudad (en temporada alta es necesario reservar con antelación) además de pescados y mariscos frescos preparados de diversas maneras.

Izumi

Izumi (y la prefectura de Kagoshima en general) es famosa por la carne de cerdo negro kurobuta y por la carne de pollo (especialmente en sashimi). La carne de cerdo kurobuta es muy apreciada en Japón y se la equipara a la mejor carne de wagyu. Aquí, nosotros nos decantamos por un buen plato de tonkatsu.

Yakushima

Yakushima es una pequeña isla reconocida por su exuberante naturaleza situada al sur de Kyushu. Su gastronomía está marcada por la abundancia de productos del mar y la sencillez en las preparaciones. Destacan los platos elaborados con pescado fresco, como el pez volador (tobiuo), que se utiliza tanto en sashimi como en sopas y frituras.

Otras recomendaciones

A las recomendaciones del año pasado sumaré tres recomendaciones más: el bento, del desayuno japonés y la comida callejera de fin de año.

Bento

El bento es una caja de almuerzo tradicional japonesa que suele contener arroz, pescado o carne, y verduras, todo dispuesto de forma ordenada y visualmente atractiva. Es muy común tanto para llevar al trabajo o al colegio como para excursiones o trayectos en tren.

Desayuno japonés

El desayuno japonés típico suele ser una comida ligera pero nutritiva, compuesta de varios pequeños platos. Normalmente incluye arroz blanco, sopa de miso, pescado a la plancha (como salmón o caballa), encurtidos, natto (soja fermentada) y huevo, que puede servirse crudo sobre el arroz (tamago kake gohan) o preparado en tortilla (tamagoyaki). También es común sustituir el arroz blanco por gachas de arroz.

Comida callejera de fin de año

El día 1 de enero los japoneses visitan templos y santuarios por lo que alrededor de éstos se instalan yatai o puestos de comida callejera. Tras rezar, es costumbre picar algo para comenzar el año con energía. Algunos de los platos más habituales son: yakitori (brochetas de pollo asadas), takoyaki o taiyaki (dulce en forma de pez relleno de anko, crema o chocolate). El mochi también es protagonista ya que se asocia a la buena fortuna y a la prosperidad. Además, con su forma redonda representan el cierre de un ciclo y la apertura a nuevas oportunidades.

En definitiva, la riqueza de la gastronomía japonesa se aprecia no solo en sus sabores, sino también en la simbología y las tradiciones que la acompañan. Desde la practicidad y belleza del bento, pasando por el desayuno equilibrado y lleno de matices, hasta la calidez de la comida callejera en los festejos de Año Nuevo, cada experiencia culinaria refleja el espíritu y la cultura del país. Animarse a probar estos platos es una excelente forma de acercarse a Japón y celebrar sus costumbres, sea cual sea la época del año.