Hiraizumi, el tesoro oculto de Tohoku

Esta pequeña ciudad, en la prefectura de Iwate, que hoy es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue una vez el epicentro del poder y la cultura del noreste de Japón, y hasta rivalizó con Kioto por su belleza. A finales del período Heian (794-1185), Hiraizumi fue la capital de un dominio semi-independiete de la corte imperial de Heian-kyo (actual Kioto) gobernado por el clan Fujiwara del Norte (Oshu Fujiwara) durante 100 años (desde 1087, año de su fundación, a 1189, año de su disolución). El clan Oshu Fujiwara fue una rama del poderoso clan Fujiwara, una familia de regentes que poseía el monopolio de las posiciones de Sessho (regente de emperadores menores de edad) y Kampaku (regentes de adultos). Sin embargo, los Oshu Fujiwara consolidaron su poder gracias principalmente a la riqueza obtenida de la minería de oro, el comercio de caballos y el intercambio de objetos de lujo con estados de Asia continental y de los pueblos Emishi y Ainu situado al norte de Japón. Fueron derrotados por el clan Minamoto en la batalla de Oshu en 1189, marcando así el fin de su dominio y, con ello, de su capital, Hiraizumi. No obstante, el legado de este grandioso pasado aún se siente al recorrer sus templos y jardines.

Se accede fácilmente desde Sendai en shinkansen hasta Ichinoseki y desde allí en tren regional hasta la pequeña estación de Hiraizumi. Sin embargo, en nuestra opinión lo mejor es alquilar un coche en Ichinoseki (que es lo que nosotros hicimos) y así poder disfrutar de todos los atractivos que esta zona ofrece, tanto culturales como naturales. Además, el trayecto en coche ofrece la oportunidad de disfrutar de hermosos arrozales y hacer paradas para descubrir cascadas ocultas, como la cascada Fujitsubo. Ocho de los numerosos sitios históricos relacionados con el clan Oshu Fujiwara se engloban bajo el nombre de Yanomori Hakkei, y la cascada Fujitsubo es uno de ellos, sin embargo, no por la cascada en sí, sino por el túnel que parte desde ésta y que formaba parte de una mina de la que antaño se extraía oro.

Le dedicamos a esta región un total de tres días que dividimos en paradas culturales como los templos Chuson-ji, Motsu-ji y Takkoki-no-iwaya, y paradas naturales como las gargantas Genbikei y Geibikei, o las cuevas Yugendo y Ryusendo.

El principal reclamo de Hiraizumi es el templo Chuson-ji y su pabellón dorado, Konjikido. Este templo, igual que Motsu-ji, Zuigan-ji (Matsushima) y Risshaku-ji (Yamadera), fue fundado por el monje Jikaku Daishi en el año 850 y es el templo principal de budismo Tendai en Tohoku. El complejo, oculto en un bosque denso de pinos, en la colina Tsukimizaka, fue comisionado por el clan Oshu Fujiwara a principios del siglo XII y desde 2011 fue registrado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Buena parte del complejo fue reconstruida después de varios incendios y el consecuente deterioro.

Evidentemente, dentro del conjunto, destaca el pabellón Konjikido. En actualidad, está cubierto por otro pabellón que impide ser visto desde el exterior. Se accede pagando entrada y no se permite fotografiar el interior. No obstante, verlo es una experiencia única, ya que se trata de un recinto completamente dorado, cuyas paredes, techos y suelos están cubiertos de pan de oro y madreperla. Su construcción finalizó en 1124 y en su interior se encuentra un altar representando a Amida Nyorai (el Buda de la luz infinita) junto a Kannon (boddhisattva de la compasión) y Sishi (boddhisattva de la sabiduría), seis Jizo boddhisattvas (salvadores del infierno) y dos reyes guardianes, Jikokuten y Zochote. Bajo el altar central se encuentran enterrados los restos del primer señor del clan Oshu Fujiwara, Kiyohira. El segundo señor, Motohira, se encuentra sepultado bajo el altar izquierdo y el tercer señor, Hidehira, descansa junto a la cabeza del cuarto señor, Yasuhira, quien fue decapitado en 1189, ambos ubicados bajo el altar derecho.

Cerca del pabellón se encuentra el museo (Sankozo) y Kyuzo, una edificación en la que se guardan los sutras del templo. Al museo se accede con la misma entrada que al pabellón Konjikido y contiene más de 3000 tesoros nacionales y bienes culturales desde estatuas budistas, sutras, hasta atavíos funerarios del clan Oshu Fujiwara. Por otro lado, los sutras conservados en Kyozo son originales de la era Heian. Los sutras Kingiji Kosho Issaikyo, escritos en líneas alternas de oro y plata sobre papel azul oscuro fueron comisionados por Kyohira, mientras que los sutras Kinji Issaikyo, que destacan por sus ilustraciones, fueron comisionados por Hidehira. No muy lejos se encuentra también el templo Hondo, el templo principal del conjunto. En su interior se encuentra una gran estatua de Shaka Nyorai (Buda histórico) así como la luz eterna, que igual que en Yamadera, fue traída desde Enryaku-ji y lleva encendida desde entonces. Se atribuye a Saicho (Dengyo Daishi), introductor del budismo Tendai desde China en 806, haber encendido la llama del Eryaku-ji.

A pocos minutos desde Chuson-ji, se encuentra Motsu-ji, otro templo del budismo Tendai fundado en 850. Este templo destaca sobre todo por su jardín de estilo Jodo que representa la “Tierra Pura” budista con un lago central rodeado de piedras, colinas y árboles que ha permanecido sin grandes cambios desde hace 800 años. En este lugar, Fujiwara no Motohira, segundo señor de Hiraizumi, estableció en Shichido Garan un conjunto de siete templos. Posteriormente, su sucesor Hidehira amplió el complejo alcanzando 40 templos y 500 monasterios. Sin embargo, estas edificaciones fueron finalmente destruidas por diversos incendios. El templo principal actual data del 1989. En actualidad, el conjunto se ha convertido en un sitio histórico especial y un lugar de singular belleza paisajística por sus excepcionales jardines.

A las afueras de Hiraizumi se encuentra el templo Takkoku-no-Iwaya, un templo construido bajo las rocas de un acantilado. En 801, el shogun Sakanoue no Tamuramaro construyó este templo para agradecer al dios de la guerra Bishamon su ayuda en la derrota de Akuro Takamaro. El templo fue construido al estilo del templo Kiyomizudera de Kioto. Posteriormente, Fujiwara no Kiyohira y su hijo Motohira comisionaron también algunos edificios. El recinto del templo sufrió varios incendios y reconstrucciones, una de ellas en 1615 por el daimio de Sendai, Date Masamune. El templo actual fue reconstruido en 1961.

En este templo se puede ver también una gran cabeza de Buda de unos 16.5 m, que se conoce con el nombre de Buda de la Roca del Norte. Cuenta la leyenda que fue tallado por Minamoto no Yoshiie (1039-1106), samurai del clan Minamoto, disparando flechas a la pared de arenisca, sin embargo, la figura seguramente data de la era Muromachi (1336-1573). En sus inicios, representaba al Buda sentado en el cielo, pero la parte inferior cedió a causa de un terremoto en 1896.

Pero Hiraizumi no solo es historia, es también naturaleza viva, y una muestra de ello son las dos gargantas, Genbikei y Geibikei. La garganta Genbikei, es un tramo de unos 2 km del río Iwai, que ofrece un entorno agradable para pasear y que puede recorrerse a través de dos rutas habilitadas: una de menor longitud y otra más extensa. Ambas opciones permiten apreciar las formaciones de roca volcánica esculpidas por el agua que fluye con rapidez. Dicen que el daimio Date Masamune visitaba a menudo este lugar y consideraba que era digno de ser comparado con las tres vistas de Japón (la bahía de Matsushima, el santuario Itsukushima en Miyajima y la lengua de arena de Amanohashidate).

Otro atractivo del lugar es el dango volador. Se trata de 3 pinchos de bolas de arroz (estilo mochi) recubiertas por tres salsas: sésamo negro, alubias dulces y soja. Se le llama “volador” porque el pedido se realiza en un lado del río y se recibe desde el otro lado a través de un cesto atado a una cuerda. Para hacer el pedido, se coloca el dinero en el cesto y se pica una madera dos veces. Entonces desde el otro lado del río recogen el cesto con la ayuda de la cuerda y colocan los dangos y unos vasos de té en su interior antes de deslizarlo de vuelta.

Por otro lado, la garganta de Geibikei se formó por la erosión del río Satetsu y fue declarada Monumento Nacional en 1925. Se explora a través de un barco de fondo plano que permite disfrutar de las paredes de roca que alcanzan los 100 m de altura y que presentan formaciones que recuerdan a un rostro humano o la nariz de un león. De hecho, Geibikei significa justamente nariz de león. Para hacer el paseo más especial aún (si cabe), el timonel aprovecha para cantar canciones tradicionales. Durante el trayecto se pueden alimentar los peces koi que acompañan el barco, o intentar lanzar monedas en la caja de donativos de un pequeño santuario situado en una grieta en la montaña.

El paseo recorre unos 2 km y el trayecto de ida y vuelta dura una aproximadamente una hora con una parada de media hora. Por 100 yenes se pueden comprar 2 piedras para lanzarlas a una abertura en la pared de la otra orilla de la garganta. Hay 5 de diferentes, cada una simbolizando el amor, una vida longeva, la suerte, el destino, el dinero o un deseo propio. Cuentan que, si consigues meter una piedra, ese deseo se va a cumplir.

Cerca de la garganta de Geibikei se encuentra la cueva Yugendo, una cueva aparentemente no muy visitada, o al menos es lo que nos pareció. Cuando nosotros la visitamos no había nadie más. Esta cueva se considera la cueva de piedra caliza más antigua de Japón, con estratos que datan de hace aproximadamente 350 millones de años. Además de las preciosas formas de las estalagmitas, las estalactitas, los pilares de piedra y las coladas, en sus paredes se puede observar fósiles marinos como el cáliz de lirio marino, braquiópodos, fusulínidos y corales rugosos. También hay un lago subterráneo de color verde esmeralda.

A una hora desde la cueva Yugendo se encuentra otra cueva de piedra caliza, la cueva Ryusendo, mucho más conocida y visitada. Esta cueva es una de las cuevas calizas más grandes de Japón y se caracteriza por diferentes lagos subterráneos de un color azul o verde esmeralda. Se han explorado solamente 4 de los 5 km de longitud que tiene la cueva, y el lago más hondo tiene una profundidad de 120 m, pero no se puede visitar. El trayecto abierto al público tiene como destino final un lago con una profundidad de 98 m. En el interior también habitan varias especies de murciélagos, que pueden desplazarse por los túneles durante el recorrido.

Y ya para finalizar nuestra aventura en Hiraizumi, nos hospedamos por primera vez en un onsen ryokan, dado que Ichinosechi es famosa por sus aguas termales, y así recargamos energías antes de seguir con nuestro trayecto hacía Morioka.

Matsushima, la cautivadora bahía de Japón

Visitar Matsushima es adentrarse en uno de los paisajes más emblemáticos de Japón, una postal viva donde la naturaleza y la historia se funden de manera única. Su bahía, salpicada por unas 260 islas cubiertas de pinos japoneses, ha inspirado a poetas y artistas durante siglos y forma parte de la prestigiosa lista de las tres vistas más bellas del país desde 1643 junto al santuario Itsukushima en Miyajima y la lengua de arena de Amanohashidate. Aquí se encuentra mucho más que belleza escénica: se pueden explorar islas misteriosas, descubrir templos centenarios, pasear por jardines preciosos, y disfrutar de la serenidad de casas de té tradicionales que ofrecen vistas incomparables de la bahía. Matsushima es también símbolo de resiliencia, pues su orografía la protegió durante el tsunami de 2011, y hoy sigue siendo un remanso de paz donde contemplar la armonía entre la cultura japonesa y el paisaje natural.

Llegamos a Matsushima en un corto viaje de media hora en tren desde Sendai (línea Senseki; bajando en la estación de Matsushima-Kaigan) y lo primero que hicimos fue tomar un barco turístico (trayecto de unos 50 min) para disfrutar de la vista de la bahía. Dado que fuimos de los últimos en subir al barco no tuvimos suerte de poder sentarnos en la ventada, y tampoco quedaban asientos en la planta de arriba (se paga un plus para subir), por lo que nos tuvimos que contentarnos con los asientos del medio. Aun así, pudimos disfrutar del trayecto que transcurre entre las islas e islotes de formas inusuales que le confieren al lugar su belleza singular.

De las 260 islas que conforman la bahía, a tres es posible acceder por sendos puentes rojos. La más pequeña alberga en su interior el templo de Godaido, un símbolo de Matsushima. Aunque se cree que hubo un templo anterior, construido en el siglo IX, la estructura actual data del 1604 cuando fue reconstruido por orden del daimio de Sendai, Date Masamune.

La isla Oshima, a la que se accede también por un pequeño puente rojo, alberga en su interior interesantes cuevas de meditación que nos recordaron a las que vimos durante nuestra ruta de la seda por China (cuevas de Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen). Estas cuevas fueron escupidas desde el período Kamakura (1185-1333) hasta el período Edo (1603-1868) y algunas se utilizaron como cinerarios para albergar cenizas de difuntos. Cuevas similares también se pueden ver el recinto del templo de Zuiganji. Este templo data del año 828 y su construcción se le atribuye al monje budista Tendai, Jikaku Daishi, el mismo que fundó el templo de Yamadera (Yamagata). Durante el período Kamakura el templo cambió de budismo Tendai a budismo Zen, religión que se mantiene hasta el día de hoy. En el año 1604 fue reconstruido por Date Masamune. La reconstrucción duró 5 años, y, tras su finalización, Masamune lo convirtió en el templo principal del clan. Muchas partes del templo han sido designadas tesoros nacionales o bienes de interés cultural. En el mismo recinto se encuentra el Museo de Arte del templo que exhibe varios artefactos budistas (caligrafía, pintura fusuma, retratos, etc.)

Cerca del templo Zuigan-ji se encuentra el templo Entsuin, construido en 1646 por Date Tadamune en honor a su hijo Mitsumune que falleció a la edad de 19 años. Los jardines de estilo japonés y occidental complementan el templo y el mausoleo, ofreciendo un entorno ideal para el paseo.

Por último, la isla de Fukuura, la más grande y la única con acceso de pago, se conecta por un llamativo puente rojo de 252 metros. A pesar de que la isla alberga el pequeño templo Benzaiten, su mayor atractivo son los senderos que serpentean a través del bosque de pinos japoneses y que ofrecen unas bonitas vistas de la bahía.

Y antes de emprender nuestro camino de vuelta a Sendai, no perdimos la oportunidad para probar las ricas ostras de Matsushima.

Tras los pasos del clan Date: Sendai, Matsushima e Ichinoseki

El clan Date es considerado uno de los linajes más influyentes de la historia feudal de Japón y su legado perdura hasta nuestros días a través de los monumentos, los mausoleos y los objetos conservados. Sin embargo, la figura más destacada es la de Date Masamune, también conocido como “el Dragón de un solo ojo” debido a la pérdida del ojo derecho por culpa de una enfermedad que padeció en la infancia (posiblemente viruela). Date Masamune, hijo del daimio Date Terumune, nació el 5 de septiembre del 1567 en el castillo de Yonezawa, en la actual prefectura de Yamagata. Debido a su discapacidad, su madre, Yoshihime, lo veía incapaz de liderar, favoreciendo a su hermano pequeño, sin embargo, Masamune mató a su hermano y su madre se vio obligada a huir al castillo de su hermano, Mogami Yoshiaki, daimio de Yamagata. Masamune lideró su primera campaña a los 14 años y a los 18 sucedió a su padre en el puesto de daimio, destacando por su capacidad estratégica y su fiereza. Recibió el castillo de Iwatesawa después de servir a Toyotomi Hideyoshi (el mismo que ordenó la ejecución de Komahime) y vivió allí durante 13 años, convirtiendo la región en uno de los principales centros políticos y económicos del país. Tras la muerte de Hideyoshi, Masamune apoyó a Tokugawa Ieyasu, quien unificó el país y se autoproclamó shogun en el siglo XVII. Éste le premió con el gran dominio de Sendai, convirtiendo a Masamune en uno de los daimios más poderosos de todo el país, con una extensión de tierra equivalente a 620.000 koku (medida basada en la producción de arroz). En 1604 Masamune y sus vasallos se trasladaron al pequeño pueblo pesquero de Sendai y lo convirtieron en una gran y próspera ciudad. Y fue justamente en Sendai donde nos encontramos con los primeros vestigios del clan Date, durante nuestro viaje por Tohoku.

Actualmente, Sendai es la capital de la prefectura de Miyagi y la mayor ciudad de Tohoku. Tiene muy buena conexión con Yamagata y Yamadera, pero también con Tokio y otras ciudades de Tohoku, hecho que también atrajo a Date Masamune que buscaba un lugar con mejores conexiones con Edo (actual Tokio) que su castillo de Iwatesawa (Oshu, prefectura de Iwate). Y es así como Masamune ordenó la construcción de su castillo en Aoba-yama, convirtiéndolo en la residencia principal de su clan durante casi 300 años. Pese a su importancia histórica, del castillo de Sendai no quedan más que los cimientos, parte de la muralla que aún están reconstruyendo y una torre de guardia, debido a su destrucción durante bombardeos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. Allí se encuentra la estatúa ecuestre de Masamune así como un pequeñísimo museo (Aoba Castle Museum) con algunos objetos personales del daimio e información sobre la historia del castillo. También hay una sala de audiovisuales donde se explica la historia del clan Date, sin embargo, está solamente en japonés. Además, desde el parque de Aoba-yama se puede disfrutar de unas preciosas vistas de la ciudad. Cerca del castillo se encuentra también el Museo de Sendai (Sendai City Museum), que es mucho más grande, y donde se expone la historia de ciudad, así como una colección privada de la familia Date.

Durante su vida, Date Masamune promovió la cultura y las artes e impulsó el desarrollo económico en la región, haciendo del dominio de Sendai una zona próspera y estructurada. También reconstruyó templos anteriores como los templos Godaido y Zuigan-ji (en 1604) en Matsushima, prefectura de Miyagi, o el templo Takkoku-no-Iwaya (en 1615) en la prefectura de Iwate. De hecho, tras su reconstrucción en 1609, Zuigan-ji se convirtió en el templo familiar del clan.

Como curiosidad, se dice que Masamune era un enamorado de los mochis, sobre todo del zunda mochi, su favorito, y existía incluso un menú llamado mochi honzen que incluía tres sopas y siete platos de verduras preparados con mochi, siguiendo los preceptos establecidos por el daimio. Esta gastronomía especializada en el mochi se desarrolló sobre todo en Ichinoseki (prefectura de Iwate). Un decreto emitido por Masamune, obligaba a los campesinos a elaborar mochis para ofrecerlos a los templos y los santuarios el primero y el quinceavo día del mes y existía incluso un calendario oficial en el que se indicaban las fechas en las que se debían preparar, llegando a al menos sesenta días al año. Aún hoy, se puede degustar un menú de mochis en Ichinoseki y es una experiencia culinaria única.

A los 70 años, Masamune ordenó la construcción de su mausoleo, Zuihoden, donde se enterraron sus restos tras fallecer el 27 de junio del 1636. El mausoleo fue declarado Tesoro Nacional en 1931, sin embargo, quedó destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El mausoleo que se puede visitar en actualidad fue reconstruido en 1979.

En el mismo lugar se encuentran también los mausoleos del segundo señor feudal, Date Tadamune (1599-1658) (Kansenden), y del tercer señor feudal Date Tsunamune (1640-1711) (Zennoden), igualmente destruidos en 1945 y reconstruidos en 1985. Por suerte, pese a los bombardeos, se pudieron recuperar los restos óseos completos de los tres daimios, así como numerosos objetos funerarios, documentos y armaduras, que se exhiben en un pequeño museo situado cerca de Zuihoden. Date Tadamune continuó el gobierno de su padre, Date Masamune, y llevó a cabo una reforma agraria a gran escala, fomentando la apertura de nuevos arrozales. Por otro lado, Date Tsunamune, nieto de Masamune, gobernó hasta los 19 años, cuando el shogun lo obligó a retirarse. Se dedicó al arte, creando diseños de laca miki-e y pinturas sumi-e (tinta) inspiradas en el paisaje de Tohoku que aún gozan de gran reconocimiento. Cerca se encuentran el mausoleo del noveno señor feudal Date Chikamune y del undécimo señor feudal Date Nariyoshi y su esposa. Desde aquí, parte también un sendero que conduce al mausoleo de los hijos del quinto señor feudal Date Yoshimura, conocido como Okosamagobyo.

En Matsushima, Date Tadamune construyó el templo Entsuin en honor a la diosa Kannon, diosa de la misericordia, en 1646. En los jardines del templo se encuentra también el mausoleo de su hijo Date Mitsumune que falleció a la edad de 19 años.

En resumen, el clan Date fomentó el florecimiento de la cultura y las artes en Tohoku, además de impulsar el desarrollo de la agricultura, la economía y la cultura en su territorio, dejando así un legado duradero en la región.

Yamagata y Yamadera: historia, religión y gastronomía

Yamagata, capital de la prefectura homónima, fue nuestro punto de partida en nuestra aventura por la región de Tohoku. Esta ciudad ha sido un enclave de relevancia desde tiempos antiguos y su historia se remonta a la era feudal, cuando la ciudad floreció como centro administrativo y cultural bajo el dominio de poderosos clanes. Pese a no ser una ciudad muy turística, Yamagata cuenta con un encanto particular, donde la historia, la religión y la gastronomía se entrelazan. Además, está fácilmente accesible gracias a un corto viaje de unas dos horas en shinkansen desde Tokio. Le dedicamos a Yamagata un día y medio, ya que medio día lo empleamos en visitar lo que era nuestro principal objetivo, el templo de Yamadera, que se encuentra a tan solo 25 minutos de la ciudad (línea JR Senzan, que une Yamagata con Sendai).

El nombre oficial de este complejo de templos es Hojusan Risshaku-ji, aunque se le conoce simplemente como Yama-dera (templo de montaña). Fue fundado en el año 860 por el monje budista Jikaku Daishi (794-864) y en sus inicios, la principal religión fue el budismo Tendai, igual que en Chuson-ji y Motsu-ji de Hiraizumi (Iwate) o Zuigan-ji de Matsushima (Miyagi) que visitamos más adelante. Esta religión se originó en China (Tiantai) y se introdujo en Japón en el año 806.

El primer templo del conjunto es el Konpon-chudo y se encuentra a unos diez minutos a pie desde la estación de Yamadera. Este templo alberga la “luz eterna del budismo”, una llama que lleva encendida desde su fundación, cuando se trasladó parte del fuego del templo Hieizan Enryaku-ji (Shiga). Fue reconstruido por el primer daimio del castillo de Yamagata en 1356, y es considerado uno de los edificios de madera más antiguos de Japón. A partir de aquí, comienza el ascenso hacía el templo principal Nyohodo, también conocido como Okunoin, que cuenta con nada más y nada menos que 1015 escalones. Sin embargo, la dureza del camino viene recompensada por un bosque de cedros de singular belleza.

Tras cruzar la puerta Nio-mon, el camino se bifurca, llevando uno al templo Nyuhodo, que custodia dos estatuas que el monje Jikaku Daishi trajo desde China, y el otro al pabellón Godaido, situado en la cima de un acantilado desde el cual se puede disfrutar de unas preciosas vistas del valle.

Ya de vuelta a la ciudad, nuestra primera parada fue el castillo de Yamagata. Este castillo fue construido en 1357 y fue sede de los clanes Mogami y Yamagata. Durante el período Edo perteneció a varias familias, hasta que finalmente quedó prácticamente en ruinas. En 1871, cuando se abolieron los dominios feudales, el castillo pasó a manos del gobierno y se usó como base para el ejército imperial japonés. Pese a que fue uno de los castillos más grandes de la región de Tohoku, de él solamente quedan sus muros en forma de zigzag y la puerta oriental reconstruida en 1991. Actualmente el recinto se ha transformado en parque público (Kajo Park) donde la gente aprovecha el espacio para pasear o para hacer picnic.

Los antiguos gobernantes de Yamagata también impulsaron el desarrollo de templos, santuarios y jardines marcando el paisaje con una arquitectura distintiva que aún se puede apreciar. Los santuarios y templos más importantes son Utakake Inari Shrine, Suwa Shrine, Sensho-ji y Gokoku Shrine, aunque la ciudad cuenta con muchos otros, y entre los jardines destacan el parque Momiji y el jardín Senshinan.

Enman-ji (izquierda); Mishima Shrine (derecha).

Utakake Inari Shrine es un pequeño santuario fundado en 1618, a comienzos del período Edo, cuando el templo budista predecesor (Gobutsu-zan Kissho-in) se consagró al sintoísmo. En sus orígenes estaba situado cerca de la entrada al castillo y quienes acudían debían leer cánticos (waka, tanka y renga), y de allí proviene el nombre de “Utakake”.

Suwa Shrine, por el contrario, es uno de los santuarios más grades de la ciudad. Fue construido en 1474 y forma parte de la ruta de peregrinación de Shichifukujin (las siete deidades de la fortuna). La deidad consagrada en este templo es Fukurokuji, que atrae la fortuna económica, y está relacionada con la longevidad y la descendencia numerosa.

Sensho-ji, situado en el barrio de Midoricho, una zona repleta de templos y cementerios, es uno de los templos budistas más grandes y más antiguos de la ciudad de Yamagata. Fue trasladado al emplazamiento actual en 1598 por Mogami Yoshiaki, daimio del castillo de Yamagata, en honor a su hija Komahime (prima de Date Masamune). Komahime, también concubina de Hidetsugu Toyotomi, fue ejecutada con tan solo 15 años cuando Hidetsugu fue obligado a cometer seppuku (harakiri) por ser acusado de conspirar contra su padre, Hideyoshi.

Gokoku Shrine, santuario sintoísta situado a las orillas del río Mamigasaki, fue fundado en 1869 y es uno de los santuarios más importantes de la ciudad. Está dedicado a los espíritus de los soldados que murieron en las guerras de Japón desde la Restauración Meiji (la Guerra Boshin, la Rebelión Satsuma, las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa, y la Guerra del Pacífico) y es un lugar popular para las visitas de Año Nuevo y otras ceremonias tradicionales.

Al lado se encuentra el templo Yakushido dedicado al Buda de la Medicina Yakushi Nyorai.

En cuanto a los parques, el parque Momiji recibe su nombre por los arces que en otoño transforman el paisaje con sus hojas de colores. Este jardín pertenecía al antiguo templo Hodoji que fue abandonado a comienzos del período Meiji (1868-1912). El templo finalmente fue demolido, pero, por suerte, aún se conserva el pequeño jardín y su estanque.

Por otro lado, el Senshinan, propiedad de la Fundación para el Aprendizaje Permanente y la Cultura de la Prefectura de Yamagata, es un pequeño jardín rediseñado por Sentaro Iwaki, un famoso jardinero y paisajista de finales del siglo XIX.

Por último, otro gran atractivo de Yamagata es la gastronomía, siendo uno de los mejores lugares para probar la ternera de Yonezawa, una de las tres grandes carnes Wagyu de Japón, junto a Kobe y Matsusaka, debido a su alta calidad y buen sabor.

Y tras disfrutar de estos dos días en Yamagata, tocó despedirnos para emprender una nueva aventura en Sendai.