Luoyang, una de las capitales imperiales de China

Luoyang, ciudad de la provincia de Henan, fue una de las 4 capitales antiguas de China y capital imperial durante 13 dinastías. La ciudad fue construida durante el siglo XI a.C. bajo el nombre de Chengzhou, e igual que Tianshui, cambió varias veces de nombre, desde Dongu durante la dinastía Tang, a Henenfu durante la dinastía Qing, recuperando su actual nombre en 1912. Durante la Ruta de la Seda comercializaba con papel, pólvora, té y arroz, entre otros productos, e igual que en las otras ciudades que visitamos durante nuestra Ruta de la Seda, el budismo jugó un papel importante en su historia. Prueba de ello son el Templo de Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China, y las Grutas de Longmen, inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Y por estas dos razones, dedicamos un día de nuestro itinerario a esta ciudad. Igual que a Tianshui, llegamos a Luoyang desde Xi’an en el tren de alta velocidad en aproximadamente 1,5 h.

Nuestro primer destino fueron las Grutas de Longmen. Las grutas se encuentran a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar a la oficina de venta de entradas en autobús o en taxi. Con el precio de la entrada se pueden visitar las Grutas, el templo Xiangshan, reconstruido durante la dinastía Qing, y el Jardín Bai, construido en homenaje al poeta Bai Juyi (772-846) cerca de su tumba. Adicionalmente se puede pagar un coche eléctrico (electric car) para ir desde la oficina a la entrada al área escénica, ya que la distancia entre ambas es de unos 3 km, y es lo que hicimos nosotros. Igualmente, si preferís no pagar por el traslado, podéis ir perfectamente a pie.

Las Grutas de Longmen son consideradas unas de las grutas de más renombre de China, junto a las Cuevas de Mogao en Dunhuang y las de Yungang de Datong. Su construcción se inició en el año 494 d.C. durante la dinastía Wei del Norte, cuando el emperador Xiaowen decidió trasladar la capital imperial desde Datong a Luoyang, y continuó durante las dinastías Tang, Ming y hasta Qing. Extendiéndose un kilómetro a lo largo del río Yi, en las laderas de las montañas Xiang y Longmen, el complejo cuenta con aproximadamente 2345 grutas y nichos, 2800 inscripciones, 40 pagodas y cerca de cien mil imágenes de Buda, discípulos y bodhisattvas. Las esculturas oscilan entre los 25 mm y los 17 m de altura distribuidas entre las diversas grutas y las pequeñas hornacinas devocionales. La mayoría de ellas fueron encargadas por los emperadores, sin embargo, entre los mecenas contaban también miembros de la familia real, familias ricas y grupos religiosos, como también pudimos ver en las otras grutas que visitamos. Aunque sus inicios se remontan a la dinastía Wei del Norte, fue durante la dinastía Tang que alcanzó su máximo apogeo, excavándose durante este período un 60% de las cuevas.

Unas de las grutas más antiguas, que corresponden a la dinastía Wei del Norte, son las de Guyang, Binyang y Linhua. La Gruta de Guyang es la más antigua del complejo y está compuesta por 3 niveles de nichos decorados con cientos de estatuas. Lo interesante de estas estatuas es que aparece gravado el nombre del artista que las esculpió, la fecha de su creación, así como la razón por la que las hicieron. Por otro lado, la Gruta de Lianhua, destaca por la gran flor de loto, uno de los símbolos del budismo, esculpida en el techo. Y, finalmente, cuentan que para la Gruta de Binyang, el emperador Xuanwu organizó 800.000 trabajadores con la intención de concluir su obra en tres años. En ella se encuentra Buda Shakyamuni rodeado por discípulos y bodhisattvas.

Gruta Binyang

Sin embargo, lo que más destaca del conjunto es la Gruta de Fengxian, la más grade de todas, construida por orden de la única emperatriz de la historia de China, Wu Zetian, durante la dinastía Zhou, de la que ella fue la única representante. En ella se puede admirar una gran escultura de Buda Vairocana rodeado por dos discípulos, Kasyapa y Ananda, dos Bodhisattvas y cuatro guardianes. De mismo período data también la Cueva Wanfu o de los Diez Mil Budas estructurada en dos estancias con techos cuadrados y con las paredes norte y sur decoradas con 15.000 pequeños Budas. En el centro se encuentra una gran escultura de Buda Amida o Amitabha sentado sobre un gran loto, rodeado bodhisattvas y apsaras.

Gruta Wanfo

Igual que en las otras cuevas que visitamos, Longmen, a pesar de haber sobrevivido al clima, a las guerras y a las campañas antibudismo, no se salvó de los saqueos y muchas de sus esculturas han sido desfiguradas para ser expuestas en museos extranjeros. Aún así, lo que queda en pie merece muchísimo una visita. Desde la otra orilla, cruzando el río Li en dirección al templo Xiangshan, se puede disfrutar de la mejor vista panorámica de las Grutas. Desde esa orilla, también se toma el coche eléctrico para volver al centro de visitantes.

Nuestra siguiente parada fue el Templo del Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China. Fue construido en el año 68 d.C. por orden del emperador Ming durante la dinastía Han Oriental, aunque de la construcción original se conserva poco. El templo fue reconstruido durante varias dinastías, siendo la última en el siglo XVI, después de la Revolución Cultural. Este templo está situado a otros 12 km desde el centro de la ciudad (en dirección opuesta a las Grutas de Longmen). Aunque el nombre nos recordó a la Pagoda del Caballo Blanco que visitamos en Dunhuang, lo cierto es que no tienen nada que ver, siendo la Pagoda una construcción posterior al templo y refiriéndose a otro caballo blanco, aunque las historias son parecidas. El Templo del Caballo Blanco recibe el nombre de los caballos blancos con los que dos monjes budistas indios, Kasyapa Matanga y Dharmaratna o Gobharana, trajeron escrituras budistas (entre las cuales, el Sutra de 42 capítulos), reliquias y estatuas de Buda al templo. El monje Gobharana fue el encargado de traducir el Dasa Bhumi o las Diez etapas de la perfección y otros 5 sutras. Junto a él, los otros 1000 monjes budistas que llegaron a vivir en el templo, también se encargaron de traducir los textos procedentes de la India, estableciendo así los fundamentos del budismo en China. Asimismo, el monje Xuan Zang, del que ya os hablé, inició su peregrinaje a la India, que duró 16 años, desde este templo. Al finalizar su peregrinaje, Xuan Zang volvió al Templo del Caballo Blanco, donde vivió hasta su muerte.

Además de las construcciones principales, como los pabellones budistas, la Torre de la Campana, la Torre del Tambor o la Torre que Alcanza las Nubes, también se pueden visitar las tumbas de los dos monjes que llegaron de la India. Y, tras pasear por los recintos y sus jardines, se puede tomar un vaso de té caliente gratis. Simplemente es llegar, tomar un vaso y servirse un poco de té. El único requisito es tomarlo en silencio.  

Otra particularidad de este templo es que se exponen también un templo budista tailandés (construido en 1992), un templo indio (construido en 2005) y uno birmano (construido en 2008), todos fruto de proyectos de cooperación cultural entre estos países y China. Lo interesante es ver cómo la arquitectura y las figuras de los Budas varían según el país, a pesar de ser todos ellos budistas.

Nuestra última parada en Luoyang fue el casco antiguo, Luoyang Meishuguan, que está construido alrededor de dos calles que se cruzan en forma de cruz. Nosotros lo visitamos por la tarde, antes de tomar el tren de vuelta a Xi’an, sin embargo, por la noche es cuando mejor se puede disfrutar. Aquí se pueden comprar algunos recuerdos o probar comida local.

En la esquina sureste del casco antiguo (siguiendo la calle principal, a mano derecha), se puede acceder al casco antiguo de Luoyi (Luoyi Ancient City), una zona recientemente reconstruida por la que es agradable pasear. Para acceder a esta zona se debe enseñar el pasaporte (no se paga entrada).

Y con esto dimos por finalizada nuestra corta visita a Luoyang, tomando por la noche el tren de vuelta a Xi’an.

Tianshui, el corazón de China

Tianshui es una ciudad situada en la provincia de Gansu, igual que Dunhuang, sin embargo, ambas ciudades no pueden ser más diferentes. Esta ciudad se extiende a lo largo del río Wei, entre la meseta de Loess y las montañas de Qinling, y es la segunda ciudad más grande de la provincia, por detrás de la capital provincial, Lanzhou. Ha jugado un papel importante en la historia de China, y se llegó a decir que Tiangshui era el corazón de China y también del mundo entero. La ciudad se convirtió en una región importante de la Ruta de la Seda durante la dinastía Qin, alcanzando su apogeo durante la dinastía Tang. Aquí nació el gran general Li Guang, el mismo que al clavar su espada en las dunas de Dunhuang hizo brotar el agua que dio lugar al Manantial de la Luna Creciente, y más importante aún, aquí nació también Fuxi, el antepasado de la nación China, cuya primera representación, junto a su hermana Nuwa, vimos en nuestra visita a las tumbas de Astana. A lo largo de las diferentes dinastías, la ciudad cambió varias veces de nombre, recibiendo el nombre de Tianshui durante la dinastía Han, el nombre de Hanyang durante la dinastía Wei o el de Shanggui durante la dinastía Tang.

Dedicamos a esta ciudad solamente un día. Llegamos desde Xi’an en el tren de alta velocidad en un corto viaje de unas dos horas y media, por la mañana temprano, y volvimos a Xi’an por la noche. Nuestro principal objetivo eran las Grutas de Maijishan, conocidas también como el Museo de Esculturas Orientales, y que forman parte del Corredor de Grutas de Tianshui. También son consideradas como unas de las grutas budistas más hermosas de China, junto a las Grutas de Mogao, las Cuevas Bezeklik, o las Grutas de Longmen que visitamos durante nuestro paso por la Ruta de la Seda. Fueron incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2014.

Desde la estación de tren se puede llegar fácilmente en autobús o en taxi hasta la oficina de venta de entradas. Con la entrada normal se pueden visitar todas las cuevas excepto las cuevas especiales, a las que se puede acceder pagando un plus. A esto se le puede sumar un shuttle bus que enlaza la oficina con la entrada a las cuevas. Nosotros no pagamos el extra para ver las grutas especiales, ya que yo tengo miedo a las alturas y no sabía si iba a ser capaz de subir a verlas, pero sí que cogimos el billete para el shuttle bus para ahorrarnos parte del trayecto a pie. Igualmente, desde la parada del shuttle bus hasta la entrada a las cuevas hay que caminar cuesta arriba unos 15 min.

La primera referencia a las Grutas de Maijishan se encuentra en las Bibliografías de los Monjes Eminentes, escrito que data del año 519 d.C. En él se hace referencia al primer monje budista en llegar a Maijshan, Tanhung, al que le siguieron otros cien monjes entre los años 420 y 422 d.C. Posteriormente, otro monje budista, Xuangao, trajo consigo 300 monjes más. Debido a las persecuciones antibudistas, alrededor del año 440 d.C, y las posteriores guerras, la zona quedó abandonada. Sin embargo, el budismo no desapareció y los monjes fueron excavando la pared totalmente vertical de la montaña Maiji, de unos 100 m de altura, hasta crear un conjunto de 194 cuevas (44 en el lado este y 150 en el lado oeste de la montaña) que comprenden más de 7.200 esculturas budistas y 1.300 m² de pinturas murales que corresponden a diferentes dinastías. Dentro de las cuevas se encontraron, además, más de 2000 objetos, desde cerámica, libros, hasta documentos e imágenes antiguas. A pesar de las condiciones climatológicas, los terremotos y los diferentes períodos de persecuciones antibudistas y períodos bélicos, las grutas se encuentran en un buen estado de conservación. Fueron redescubiertas en 1953 por un equipo de arqueólogos chinos guiados por Chan Shu-Song, director del Instituto de Investigaciones de Dunhuang.

Se accede a las cuevas a través de un sistema de escaleras que sube a lo largo de 10 niveles, con el punto más bajo situado a los 20 m de altura y el más alto a los 80 m, por lo que visitar las Grutas de Maijishan es todo un desafío, más si tenéis miedo a las alturas como yo. Aunque debo decir que la experiencia resulta aterradora e increíble a partes iguales. El circuito es cerrado, o sea que se asciende por el lado oeste y se baja por el lado este. Del conjunto destacan sobre todo las tres grandes estatuas de Buda de la dinastía Sui (581-618) que se pueden ver desde la lejanía. En cuanto a las demás cuevas, las hay de todos los tamaños, siendo la más grande de 31 m de alto y de ancho. No se puede acceder al interior de las cuevas y muchas solamente pueden verse a través de una rejilla. Nosotros descubrimos que acercando el móvil a la rejilla con la cámara puesta se puede ver perfectamente el interior. Las esculturas policromadas también varían en tamaño, midiendo la más alta unos 16 m y la más pequeña tan solo 10 cm. Las estatuas están hechas de arcilla y piedra sobre un nervio de madera o sobre un armazón de piedra sin desbastar de diversas apariencias según la dinastía en la que fueron modeladas. La imagen más frecuentemente representada es la del Buda Amitabha, flanqueada por Avalokiteshvara y Mahasthamaprapta, un claro ejemplo del budismo amidista. Otros conjuntos representan al Buda del pasado, el Buda del presente y el Buda del futuro o bien a Buda flanqueado por Bodhisattvas y discípulos.

No había tanta gente como en las Cuevas de Mogao, pero tampoco éramos los únicos visitantes como en las Cuevas de Bezeklik, por lo que la visita discurrió con fluidez. Antes de la hora de comer ya habíamos salido, así que nos dirigimos al centro de Tianshui para seguir con nuestra visita antes de coger el tren de vuelta a Xi’an. La siguiente parada fue la antigua residencia de la familia Hu, construida durante la dinastía Ming (1368-1644), por el funcionario Hu Laijijn y hijo Hu Xi. Lo destacable de esta residencia es la arquitectura tradicional china conocida como siheyuan o patio cuadrangular, que no es común en el noroeste del país. La residencia está formada por varias estancias, algunas correspondientes a la familia, otras a los visitantes, y otras dedicadas al servicio. Está decorada con los muebles de la época, lo que permite hacerse a la idea de cómo era el estilo de vida de los nobles durante la dinastía Ming.

Desde la residencia de la familia Hu nos dirigimos al templo de Fuxi, que, a diferencia de otros templos que visitamos, no es de acceso gratuito. Se trata de un antiguo templo de la dinastía Ming fundado en 1483 en honor a Fuxi, considerado el padre del pueblo chino. Todo el complejo está orientado al sur y los edificios principales y las numerosas puertas están distribuidas en un eje horizontal, una característica distintiva de este templo ya que, dado que Fuxi fue considerado como el primero emperador, su templo está distribuido como un palacio.

En el templo principal se encuentra una estatua de Fuxi rodeada de símbolos tradicionales como murciélagos, dragones y peonías tallados en la elegante carpintería. En el techo del templo están pintados los Ocho Diagramas de Taiji (el principio generador de todas las cosas según la filosofía china tradicional, del que surgen el yin y el yang) y sus cuatro bordes están divididos en 64 celdas, correspondientes cada una los 64 hexagramas, combinación variable de ocho trigramas (Ba Gua, combinación de tres líneas discontinuas usadas en la adivinación china) utilizados en el I Ching. La creación de estos símbolos se le atribuye a Fuxi.

Cuenta la leyenda que Fuxi y Nuwa, su hermana, fueron los únicos supervivientes de un gran diluvio, por eso se convirtieron en los ancestros de toda la humanidad. Fuxi es considerado un emperador legendario de la antigua China, junto a Shennong y Huangdi, héroe nacional y uno de los dioses primitivos más poderosos de la mitología china. También se le considera el creador humano de muchos grupos étnicos como los Han, Miao, Yao, Tuija, Maocan o Shui, y se le atribuyen todo tipo de inventos como el calendario, la escritura, las normas del matrimonio, las leyes, la agricultura, la ganadería, y muchos, muchos otros inventos. El primer mes del calendario lunar se celebra el Festival Renzu de un mes de duración para celebrar el cumpleaños de Fuxi.

Tras visitar el templo, como aún teníamos tiempo, entramos en el casco antiguo de Tianshui (Tianshui Ancient City), cuya entrada se encuentra al lado del templo. Aquí podéis pasear por sus calles, disfrutar de la arquitectura y la gastronomía tradicional y pasar el rato en algunas de sus casas de té. De esto ya os hablé en la crónica Saboreando China, pero es que vale totalmente la pena. La casa de té a la que fuimos (que está cerca de la entrada) tenía unos jardines preciosos, y nos sirvieron el té junto a frutos secos y pasteles.

Y con esto dimos por finalizado nuestro intenso día por Tianshui. Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta a Xi’an, donde llegamos prácticamente de noche.

Dunhuang, la ciudad del desierto

Dunhuang es una ciudad situada en la provincia de Gansu, al oeste del Corredor Hexi. Este oasis situado en el desierto de Gobi ocupó un lugar importante en la Ruta de la Seda, tanto por ser un punto de unión entre diferentes países como por ser un punto estratégico en la historia de China. En el año 111 a.C. Dunhuang pasó a ser ciudad guarnición bajo el control de la dinastía Han, liberando desde entonces muchas batallas por el control del lugar. Como resultado, en la región aún se conservan evidencias de las defensas erguidas por esta dinastía y, posteriormente, por la dinastía Tang, como secciones de muralla, torres de vigilancia y numerosas ruinas de fortalezas. Unida a la historia bélica del lugar está también la de los transeúntes que iban y venían usando las rutas del desierto y para los que, Dunhuang, suponía un importante nudo de conexión. Y con estos viajeros llegó también el budismo desde India e hizo que Dunhuang se convirtiera en un notable centro religioso.

Por estas razones, Dunhuang no pudo faltar en nuestra ruta, aunque nuestra visita fuera fugaz. Tras un corto vuelo de unas 2,5 h desde Xi’an pisamos por fin esta ciudad del desierto. Para ir del aeropuerto al centro solamente hay un autobús (o taxi, claro). En nuestro caso, el hotel que habíamos elegido ofrecía un servicio de pick-up gratuito, por lo que, el día anterior, dimos los detalles al hotel y nos vinieron a buscar, y, tras dejar las maletas en la habitación empezamos nuestra aventura. Para nuestra sorpresa, la ciudad en sí no tiene mucho interés, aunque está en pleno crecimiento, sobre todo por la construcción de nuevos hoteles dada su gran popularidad… La mayoría de los puntos de interés se encuentran a las afueras de ciudad, sin embargo, hay ciertas excepciones que detallaremos a continuación. Una de ellas son las Dunas de Arena Cantante (Mingsha Shan) y el Manantial de la Luna Creciente (Yueyaquan), un conjunto situado a unos 6 km del centro de la ciudad y al que se puede llegar en autobús o caminando, dependiendo de dónde esté situado el hotel. Se trata de una de las principales atracciones de Dunhuang que atraen cada año miles de turistas. Con la entrada se puede acceder durante 3 días consecutivos.

Pero vayamos por partes. Lo primero que nos encontramos al entrar son las Dunas de Arena Cantante, que reciben su nombre por el sonido que produce la arena al moverse con el viento. Una leyenda cuenta que, durante una batalla entre los ejércitos Han y Xiongnu, una ráfaga de viento enterró a los guerreros, sin embargo, éstos siguieron luchando bajo la arena, provocando así el sonido de las dunas. Se puede subir a la duna que se encuentra delante del Manantial de la Luna Creciente, pero no a las dunas circundantes, ya que el deslizamiento de la arena podría romper el frágil equilibrio que hay entre el agua y las dunas. Hay incluso una escalera de madera preparada para facilitar el ascenso. Desde la cima se puede disfrutar tanto una espectacular vista del lago, como también del mar de dunas. En esta parte se ofrece multitud de otras actividades, como surf en las dunas, karting, paseos en helicópteros y muchas otras.

El Manantial de la Luna Creciente es un lago con forma de semiluna situado a los pies de las Dunas de Arena Cantante. Sobre su aparición también hay una leyenda que cuenta que, durante la dinastía Han Occidental, los soldados capitaneados por el general Li Guang, tenían demasiada sed para seguir su marcha y, por esta razón, el general desenvainó su espada y la clavó en la arena provocando que el agua brotara. Aunque esto evidentemente no es real, las primeras referencias al Manantial de la Luna Creciente datan justamente de la dinastía Han (202 a.C.-220 d.C.) por lo que este oasis lleva más de 2000 años sin ser engullido por las arenas. Lo que más nos impresionó fue la presencia de peces en el agua, ya que no esperábamos que los hubiera… Otra leyenda cuenta que estos peces pueden curar enfermedades que son difíciles de curar.

Al lado del manantial se encuentra el Pabellón Mingyue, formado por una pagoda de arquitectura tradicional Tang y un pequeño templo, ambos reconstruidos en 1990, así como una campana de reciente incorporación. Sin embargo, el actual Pabellón Mingyue es solo una reminiscencia de lo que antaño fue, ya que durante la dinastía Tang, cuentan que había un gran complejo de salas y torres que daban la bienvenida a los visitantes.

Tras disfrutar de este enclave, fuimos a comer y, después, pretendíamos visitar el Museo de Dunhuang, pero no tuvimos suerte, ya que el museo cierra los lunes… En fin, otro museo que se nos escapó… Tras una breve búsqueda sobre qué más podríamos visitar en Dunhuang, decidimos ir caminando hasta la Pagoda del Caballo Blanco, ya que está relativamente cerca del museo. Nos sorprendió que tras cruzar el río aparecimos en medio del campo, dejando atrás la ciudad. Llegamos a la entrada justo cuando un grupo de turistas chinos estaba saliendo, por lo que, cuando entramos no había nadie más, aparte de nosotros. Se trata de un pequeño jardín con árboles frutales y una pagoda. La pagoda tiene una altura de 12 m y una anchura de 7 m y un total de 9 pisos, todos diferentes. Fue reparada en numerosas ocasiones.

Esta pagoda fue construida en 386 d.C. en honor a Tianliu, el caballo blanco que acompañó al monje budista Kumarajiva en sus travesías, y que murió en Dunhuang a la edad de 9 años (por eso la pagoda tiene 9 pisos). El monje Kumarajiva es una figura importante en la historia del budismo, ya que llevó el Sutra del Diamante desde Kucha a Dunhuang y la tradujo, convirtiéndose en la versión más leída y copiada en China. De hecho, una de las copias del Sutra del Diamante fue encontrada en la cueva biblioteca (Cueva 17) de las Cuevas de Mogao.

Después de esta visita dimos un paseo por la orilla del río que, tanto durante el día como durante la noche, ofrece vistas increíbles.

Sobre las 20:00 h abre el mercado nocturno de Shazhou, y nosotros no nos lo quisimos perder. El mercado está dividido en 3 partes: una parte con puestos de artesanía, un mercado de fruta y una parte de comida, donde se pueden probar platos típicos de la zona.

Al día siguiente, visitamos las famosas Cuevas de Mogao o las Cuevas de los mil Budas. Mogao fue un emplazamiento religioso budista importante fundado en el año 366 d.C. cuando el monje Le Zun tuvo una visión de mil Budas brillando en este mismo lugar. Éste decidió excavar una pequeña cueva en el acantilado que domina el río Daquan (río estacional, no alberga siempre agua) para meditar y a él se unieron más monjes, dando lugar así a las cuevas de Mogao. Durante los 6 siglos posteriores (bajo 10 dinastías), además de las cuevas reservadas para el descanso y la meditación, se fueron excavando muchas otras cuevas que se adornaron con pinturas y estatuas de estuco policromado de Buda, y, donde se fueron guardando manuscritos y otros documentos budistas. De un total de 700 cuevas, 492 cuevas albergan más de 45.000 m2 de frescos y 2000 esculturas. Si bien, algunas cuevas fueron restauradas durante la dinastía Qing, el estado de conservación es notable, gracias, en parte, al clima seco del desierto. Durante la dinastía Ming, las cuevas quedaron abandonadas hasta que un ciudadano chino, Wang Yuanlu, descubrió la pequeña cueva biblioteca y los documentos antiguos que albergaba (desde documentos religiosos, hasta literatura, asuntos militares, crónicas locales, entre otros). Ni los funcionarios ni los gobernadores locales dieron importancia a estos documentos, sin embargo, sí atrajeron la atención de arqueólogos occidentales que empezaron a analizar (y a llevarse) estos documentos antiguos. Muchos de ellos se encuentran en el British Museum. Desde 1987, las cuevas de Mogao forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Cuevas dedicadas a meditación

El centro de visitantes se encuentra a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar perfectamente en autobús, sin embargo, antes de nada, hay que tener en cuenta que el cupo máximo de visitantes está limitado a 6000/día. Aunque se recomienda reservar la entrada con antelación, para los extranjeros es muy difícil ya que se necesita un número de teléfono chino y registrarse a la página web oficial (que está en chino). Otra opción es ir temprano para ver si quedan plazas libres ese día o coger un tour, si no queréis arriesgaros a quedaros sin entrada. También hay que tener en cuenta que en temporada baja hay más posibilidades de entrar que en temporada alta, cuando muy probablemente el cupo ya esté lleno. Existen dos opciones de entrada: una entrada express con la que se visitan 4 cuevas con guía en chino y una entrada que permite el acceso a 8 cuevas con guía en inglés. En ambos casos, las cuevas se asignan al azar, aunque las cuevas más famosas casi siempre tocan.

Este día volvimos a tener mala suerte. El 10 de septiembre es festivo en China, por lo que nos encontramos con autobuses y más autobuses de grupos de chinos con la misma intención que nosotros y nos tocó esperar y esperar y esperar… No fue hasta las 13:00 h que por fin conseguimos entrar. Primero se accede a una sala para visionar un vídeo de unos 20 min sobre la Ruta de la Seda y la importancia de Dunhuang dentro de esta ruta. Luego se accede a una nueva sala 360º en la que explican la historia de las cuevas de Mogao y el significado de los frescos de algunas de las cuevas más importantes, durante otros 20 min. Antes de entrar a la primera sala hay que pedir una audioguía que traduce al inglés, porque la explicación es en chino. Después de esta introducción se debe hacer cola para coger un bus lanzadera hasta las cuevas (unos 13 km de trayecto).

Una vez llegados a la entrada, se asigna un/a guía (obligatorio) a cada grupo, por lo que tuvimos que volver a esperar a que se juntara más gente que hablara inglés para poder entrar. Según nos dijeron, hay pocos guías que hablen en inglés. Vimos entrar y salir a multitud de grupos chinos, hasta que finalmente pudimos entrar con nuestra guía en inglés junto a un par de grupos de malayos. Las cuevas que nos tocaron fueron las 16-17, 328, 329, 334, 428, 454 y 096. No se pueden hacer ni fotos ni videos dentro de las cuevas. La guía va abriendo las cuevas una a una y dentro, a oscuras, va iluminando con la linterna las partes de la cueva sobre las que va explicando.

Normalmente se combinan cuevas de diferentes épocas y estilos para poder observar como la arquitectura de las cuevas y la iconografía fue cambiando a lo largo de los siglos. Si bien las más antiguas muestran claras influencia de los modelos budistas indios, con el paso del tiempo, estos rasgos se fueron adaptando a los motivos iconográficos tradicionales chinos. Parte de las cuevas también se pintaron gracias a generosos patrocinios imperiales, por lo que, muchas veces las esculturas de los Budas tenías rasgos o características similares al emperador que las patrocinó. Los frescos de las cuevas ilustran detalles de las jataka (relatos budistas que explican las anteriores encarnaciones de Buda), o de las sutras (discursos de Buda), pero también evidencias de sus mecenas. Estas pinturas, igual que las pinturas cristianas, tenían como finalidad instruir en el budismo a aquellos que no sabían leer. Las cuevas 16 y 17 son dos cuevas juntas, una de las cuales es la pequeña cueva biblioteca en la que Wang Yuanlu encontró los valiosos documentos, sin embargo, actualmente solo se encuentra una escultura del monje budista Hongbian. Curiosamente uno de los documentos encontrados (una crónica local) hacía referencia a las Cuevas de Bezeklik que visitamos en Turpán. Por otro lado, la cueva 096 alberga la tercera estatua de Buda antigua excavada en roca del mundo, siendo la más grande la del Gran Buda de Leshan.

Una vez acabado el tour por las cuevas, volvimos a coger el autobús hasta la entrada y desde allí volvimos al hotel. Con todo acabamos sobre las 18:00 h, por lo que este día tampoco pudimos ir al museo de Dunhuang… Al día siguiente, por la mañana, volvimos a Xi’an.

El primer contacto con la Ruta de la Seda

Urumqi es la capital de la provincia de Xinjiang (Sinkiang en castellano) y la ciudad más grande de la mitad occidental de China. También ostenta el récord de ser la ciudad más alejada del mar del mundo, con una distancia de 2.500 km. Aunque antiguamente la etnia mayoritaria de Urumqi eran los uigures, actualmente, debido a la gran migración de chinos han, los uigures son una minoría. Junto a Turpán, Urumqi fue un punto destacado de la Ruta de la Seda y por esta razón, fue el primer destino de nuestro corto periplo por esta antigua ruta.

Nuestra intención inicial era, nada más llegar a Urumqi, visitar el Museo de Xinjiang. Para ello habíamos elegido un hotel que estuviera cerca de alguna parada metro, para poder llegar fácilmente desde el aeropuerto, y cerca del museo, para que, una vez dejadas las maletas, nos pudiéramos dirigir rápidamente a éste. Sin embargo, nuestro vuelo de Shanghai con destino a Urumqi salió con un retraso de 5 h, a lo que le tuvimos que sumar las 5 h y poco del vuelo… por lo que nuestro plan perfectamente pensado se había ido al traste… Desde el aeropuerto se accede fácilmente al metro, lo único que en China acceder al metro nunca es sencillo y en Urumqi menos, ya que a la entrada al metro nos encontramos con unos controles de seguridad exhaustivos. Tras pasar las maletas por el escáner y nosotros por el detector de metales, nos hicieron un chequeo corporal y nos escanearon las caras en las máquinas. Después nos pidieron los pasaportes e hicieron fotos tanto de la página con los datos como de la página con el sello de entrada y por fin pudimos bajar al metro… Llegamos al hotel ya casi de noche, pero decidimos igualmente salir a dar una vuelta y a cenar algo. Para nuestra suerte, la ciudad está bastante animada por la noche y hay multitud de puestecillos de comida y de gente vendiendo fruta. Por la noche en Urumqi refresca bastante.

Al día siguiente seguimos con nuestro plan y nos dirigimos a la antigua ciudad de Gaochang (traducida como Ciudad del Rey). Esta ciudad situada a unos 45 km de Turpán, fue un importante centro político, económico y cultural en la antigua Ruta de la Seda. Fue construida durante la dinastía Han como guarnición fronteriza, convirtiéndose, posteriormente, en la capital del reino de Gaochang durante el siglo II aC. En el año 640 quedó bajo el control de la dinastía Tang convirtiéndose de nuevo en ciudad guarnición de la región de Xizhou. A partir del siglo IX fue la capital del reino uigur de Kharakhoja, bajo el nombre de Dukhu (ciudad real), hasta que, finalmente, la ciudad fue destruida por los mongoles en el siglo XIV y abandonada desde entonces. Actualmente, de la gran ciudad que cubría un área de 200 hectáreas, solamente queda parte de la muralla y las estructuras de algunos edificios, como ruinas de casas, templos budistas y fragmentos del complejo palaciego.  

Una vez comprada la entrada, se accede a un pequeño recinto con estatuas de las figuras más importantes de Gaochang y una pequeña sala con paneles con información sobre la historia del sitio, de la Ruta de Seda y de las diferentes religiones del lugar. Desde aquí, se puede pasar a las ruinas de la ciudad. Se puede visitar a pie perfectamente, pero dadas las dimensiones del recinto hay a disposición de los visitantes unos coches parecidos a los carros de golf con varios asientos que hacen paradas en los puntos más importantes. Dado que hacía un sol de justicia y muchísima calor, decidimos subir a uno de estos coches. Tuvimos que esperar un rato, para que un grupo de malayos jubilados también subieran con nosotros y aprovechar el trayecto. No había nadie más, excepto nosotros y los malayos, en todo el recinto.

Lo que se puede visitar son la Ciudad Exterior (fuera de las murallas), la Ciudad Interior (dentro de las murallas) y la Ciudad del Palacio. Si cogéis el coche, éste os llevará a los puntos de interés y esperará para ir al siguiente. El conductor no da ningún tipo de información, o sea, no hace de guía. Si queréis verlo todo con tranquilidad, lo podéis hacer caminando, pero tenéis que estar preparados porque es un área muy grande y hace mucha calor. No se puede salir de los caminos de adoquines o de madera por razones de conservación. No hay que olvidarse que la ciudad entera está construida de adobe, un material muy débil en comparación con la piedra u otros materiales, y también muy susceptible de erosionarse con las lluvias, el sol o las pisadas continuadas.

La ciudad estaba protegida por una muralla de unos 11 metros de altura y tenía 9 puertas de entrada. La principal religión de la ciudad fue el budismo y, por esta razón, entre los restos que se pueden visitar hay dos templos, uno más pequeño y uno más grande que consiste en una sala principal, dormitorios de los monjes, una sala de lectura y una biblioteca. Antiguamente la ciudad contaba con muchos más templos budistas capaces de albergar hasta 3000 monjes. Durante el reino de Kharakhoja el budismo entró en declive, dando lugar al maniqueísmo y al cristianismo siríaco. El islam se impuso poco antes de que Gaochang quedara finalmente abandonada. Actualmente, Gaochang está inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como una de las pocas ciudades antiguas de adobe que quedan.

Nuestra siguiente parada fueron las tumbas de Astana. La historia de estas tumbas está ligada a la ciudad de Gaochang, ya que aquí fueron enterrados los habitantes de Gaochang, tanto gobernantes como nobles o campesinos, desde la dinastía Jin occidental hasta la dinastía Tang. Aunque en el cementerio hay alrededor de 1000 tumbas de las cuales unas 500 han sido excavadas, solamente 3 están abiertas y se pueden visitar. Nada más accediendo al recinto, hay un parque con esculturas del zodíaco chino que conducen hasta una escultura de Nuwa y Fuxi, dioses considerados como los antepasados de la nación china. Al final de camino se puede subir a la torre del tambor desde donde se puede observar la magnitud del cementerio, así como el cementerio uigur que queda separado por un muro.

Recinto de las tumbas uigures

Para visitar las 3 tumbas, hay que cruzar la puerta que está a mano derecha tal como se entra. La verdad es que no parece un sitio demasiado turístico, por lo menos, cuando nosotros fuimos, no había nadie más… Aunque lo cierto es que más allá del valor histórico que las tumbas puedan tener, no se puede ver mucho… Muchos de los objetos encontrados en las tumbas como momias, esculturas, pinturas, figurillas o cerámica fueron llevadas al Museo de Turpán o al Museo de Xinjiang. Algunos de estos objetos, sin embargo, se exponen también en el pequeño museo del recinto.

Nuwa y Fuxi

Volviendo a las tumbas, su forma es parecida al carácter chino «甲» con un acceso en pendiente de unos 10 metros de largo. Tiene forma de cueva con una altura interior de unos 2 metros y una anchura y longitud de unos 4 metros. Los difuntos solían estar colocados sobre una cama de ladrillo o de madera en la parte posterior de la tumba. En las pequeñas salas laterales se guardaban documentos, pinturas, estatuillas de arcilla, cerámica, telas de seda e incluso oro o monedas antiguas. También se enterraban alimentos como frutas o fideos, para que el difunto tuviera comida en el inframundo. Sin embargo, en las tumbas abiertas al publico solamente se pueden ver las pinturas que cubrían las paredes, de motivos florales y animales, mientras que las salas laterales están vacías.

Debido al clima seco y cálido, con muy pocas precipitaciones anuales, los cadáveres y los objetos enterrado en las tumbas se han conservado en perfecto estado. Los cuerpos se han ido momificando de manera natural, por lo que algunos incluso mantienen las pestañas y los globos oculares. Se calcula que el 80% de los cuerpos enterrados en las tumbas de Astana están momificados. En una de las tres tumbas que se pueden visitar, se conservan dos momias, una de una mujer y una de un hombre, protegidos por vitrinas de cristal. Si os da reparo ver las momias, os recomiendo que no entréis en la última tumba.

Nuestro último destino fueron las cuevas de Bezeklik (el nombre proviene del uigur y significa ladera) situadas en una garganta de las montañas Flameantes. Las Cuevas de los mil Budas de Bezeklik, como se las conoce, son un conjunto de cuevas talladas en roca que forman parte de un antiguo monasterio budista. Este conjunto está formado por 77 cuevas, sin embargo, solamente 40 presentan frescos, y de estas 40, solamente 6 están abiertas al público. Su construcción se inició durante las dinastías Meridionales y Septentrionales en el siglo V y continuó durante las dinastías Tang, las Cinco Dinastías, la dinastía Song y la dinastía Yuan, hasta el siglo XIII cuando el budismo perdió fuerza y las cuevas quedaron abandonadas. Este complejo de cuevas fue el monasterio real del Reino de Gaochang.

Aquí de nuevo fuimos los únicos visitantes. No se pueden hacer fotos en el interior de las cuevas por motivos de conservación. Por esta razón, cada cueva cuenta con un vigilante. Las 6 cuevas que se pueden visitar corresponden a distintas épocas, lo que permite observar la evolución de las figuras. Aunque en su interior hay estatuas de Buda, las paredes están cubiertas principalmente por frescos coloridos que representan fragmentos budistas. Sin embargo, estos frescos se encuentran en bastante mal estado debido tanto a razones climáticas como a los saqueos y destrucciones que sufrieron a lo largo de la historia. Estás cuevas fueron descubiertas por Von Le Coq en 1905 y éste fue el primero en llevarse frescos y esculturas.

En los alrededores del recinto de las cuevas se pueden realizar actividades o, simplemente disfrutar de unas bonitas vistas de las montañas Flameantes. Estas montañas de arenisca roja se encuentran cerca del borde norte del desierto de Taklamankan y al este de la ciudad de Turpán y tienen una longitud de unos 100 km y una altura media de unos 500 m, con picos de hasta 800 m. Es uno de los lugares más calurosos de China, por lo que su nombre se debe tanto al color (parecido al fuego) como a las altas temperaturas.

Estas montañas fueron el centro de una novela titulada Viaje al Oeste escrita por Wu Cheng’en, escritor de la dinastía Ming, que relata el trayecto de un monje budista llamado Tang Seng, inspirado por el monje Xuan Zang que viajó a la India para obtener escrituras budistas el año 627.

Escultura de Xuan Zhang

Según se relata en la novela, Tang Seng y sus 3 discípulos, tras salir de Gaochang, se encontraron con las montañas en llamas por lo que si querían cruzarlas debían pedir prestado un abanico de hojas de plátano a la Princesa del Abanico de Hierro. Uno de los discípulos, Sun Wukong (o el rey Mono), fue el encargado de pedir prestado el abanico, sin embargo, la princesa, quien era la esposa del Rey Toro Demonio, se negó a prestarle su abanico. Por esta razón, Sun Wukong tomó una píldora que lo transformó en insecto y se introdujo en la barriga de la princesa cuando ésta estaba bebiendo té. Debido al fuerte dolor de estómago provocado, la princesa accedió a prestarle el abanico, sin embargo, el abanico resultó ser falso. Entonces Sun Wukong se convirtió en el Rey Toro Demonio para engañarla y esta vez sí lo consiguió. Pero el rey volvió a casa y descubrieron el engaño. Tras pelear los tres discípulos contra el rey, consiguieron derrotarlo y pudieron al fin usar el abanico de hojas plátano para apagar el fuego, y seguir con su trayecto al oeste para conseguir el libro sagrado del budismo.

Por otro lado, según el folclore uigur, en las profundidades de la montaña vivía un dragón malvado que fue derrotado por un héroe que enfrentó al dragón y lo cortó en 8 trozos. La sangre del dragón tiñó la montaña de rojo y los 8 trozos se convirtieron en los 8 valles de las montañas Flameantes.

Y tras está incursión en la historia de la Ruta de la Seda, volvimos a nuestro hotel en Urumqi y nos preparamos para volar a Xi’an a la mañana siguiente.

Los pueblos del agua: Suzhou y Zhouzhuang

Los pueblos del agua. Así es como se les conoce a los pueblos antiguos alrededor de Shanghai construidos sobre canales y que te transportan directamente a una época pasada. De todos los pueblos que se pueden visitar nosotros nos decantamos por la famosísima ciudad de Suzhou y por la hermosa Zhouzhuang, dedicándoles un día a cada una de ellas.

Un día en Suzhou

Aunque Suzhou vista en fotos parece un idílico pueblo antiguo chino, lo cierto es que se trata de una gran urbe de unos 8800 km2 de superficie divididos en 7 distritos y de casi 13 millones de habitantes asentada a las orillas del lago Tai. El casco antiguo es solamente una parte de esta gran ciudad cuyos inicios se remontan a hace 2500 años y que presume de haber formado parte de la extensa Ruta de la Seda, gracias justamente a la fabricación de la seda. Su reputación se debe a sus exquisitos jardines, magníficos canales, puentes de piedra y pagodas.

Nuestra primera parada en Suzhou fue el famoso Jardin del Administrador Humilde. En verdad, no es único jardín que se puede visitar en Suzhou. En el pasado, Suzhou presumía de tener 400 jardines, aunque de estos hoy en día se conservan 80 y solamente 10 están abiertos al público. La mayoría de estos jardines se construyeron durante las dinastías Ming y Qing, sin embargo, muchos fueron destruidos durante la rebelión Taiping (1860) y posteriormente, durante la invasión japonesa (1938). De los jardines abiertos, el Jardín del Administrador Humilde es el más extenso con una superficie de 12 hectáreas y es considerado como uno de los jardines más bellos de China. Fue construido durante la dinastía Ming por encargo de un magistrado jubilado y es un jardín precioso lleno de rincones, estanques y puentes, calles y laberintos que invitan a pasear y disfrutar.

Tras visitar los jardines, paseamos por la calle Pinjiang, la calle peatonal más famosa, y aprovechamos para comer. Después dimos un paseo en barco por los canales. Los barcos se cogen desde unos pequeños embarcaderos (tras comprar el billete) y el paseo tiene una duración de una media hora. En nuestro pequeño barco de madera subimos 6 adultos y 2 niños. Estos barcos se guían por el canal con un solo remo y normalmente son señoras mayores las que los llevan. Estas señoras aprovechan la oportunidad de cantar canciones tradicionales de Suzhou a cambio de un pequeño pago. Por lo que si subís a un barco y la abuela os canta, tened en cuenta que al final del trayecto os pasará el código QR para hacerle el pequeño pago correspondiente. Aun así, el paseo en barco es una oportunidad magnífica de disfrutar de una visión distinta de las casas tradicionales, de los canales y de los numerosos puentes de piedra que los cruza. Y escuchar de paso alguna canción tradicional intensifica su encanto.

Desde aquí nos dirigimos al templo Xiyuan ya que nos habían comentado que es un templo en el que hay muchos gatos y que la gente acostumbra a darles de comer. No había tantos gatos como nos imaginábamos, sin embargo, descubrimos un hermoso templo con unos preciosos jardines por los que pasear, así que valió la pena la visita.

El templo fue construido durante la dinastía Yuan, aunque durante la dinastía Ming fue destruido y convertido en un jardín. Durante la Rebelión Taiping fue nuevamente destruido y reconstruido durante la dinastía Qing. Actualmente es uno de los templos más importantes de la ciudad.

Finalizamos nuestro día a las orillas del lago Tai, dando un agradable paseo y disfrutando del skylines de Suzhou. Quién hubiera dicho que en un día pasaríamos de estar disfrutando de un pueblo chino antiguo y que, antes de finalizar el día, seguiríamos en el mismo pueblo, pero con unas vistas totalmente distintas…

Un día en Zhouzhuang

Zhouzhuang fue el primer pueblo del agua de China y fue declarado pueblo histórico y cultural en 2003 y Patrimonio Mundial por la Unesco un año después. Con una historia de más de 900 años, igual que Suzhou, fue un puerto dedicado al comercio de la seda. Una ciudad moderna ha ido creciendo alrededor del casco antiguo de Zhouzhuang, sin embargo, a diferencia del casco antiguo de Suzhou, éste está cerrado y hay que pagar entrada. Con la entrada se permite el acceso durante 3 días consecutivos tanto al centro histórico como a las casas antiguas convertidas en museos. Además, en su interior también se puede visitar un pequeño santuario taoísta de la dinastía Song.

Se puede recorrer a pie o en barco. Por lo que igual que en Suzhou, repetimos la experiencia de dar un paseo por sus canales. En Zhouzhuang, para nuestra suerte no nos encontramos con apenas gente, se podría decir que prácticamente tuvimos el pueblo para nosotros, por lo que esta vez, el paseo en barco fue solo para nosotros dos. Igual que en el paseo anterior, la abuela que llevaba el barco nos cantó la misma canción y después nos señaló el QR. Debemos reconocer que los canales de Zhoughuang nos gustaron muchísimo más que los de Suzhou. Que no quiere decir que Suzhou no valga la pena, simplemente que las casas, los puentes, la zona antigua en general nos pareció más cuidada y mucho más hermosa. El hecho que no hubiera apenas gente seguramente también habrá influido en nuestra opinión.

Las estrechas callejuelas, los canales y los puentes invitan a dar un agradable paseo. Cada rincón es precioso, por lo que, a pesar de ser pequeño, aquí podéis estaros el tiempo que queráis. Nosotros, tras pasar prácticamente un día entero, volvimos a Shanghai para prepararnos para la siguiente aventura: adentrarnos en la Ruta de la Seda a través de Urumqi.

Shanghai, la más moderna

Shanghai, situada en la desembocadura del río Yangtsé, es la ciudad más poblada de China y una de las más pobladas del mundo. Sin embargo, también es una ciudad vanguardista que combina a la perfección la modernidad y la tradición y muchos turistas comparan su skyline con el de Nueva York.

Shanghai fue también la primera ciudad que visitamos en este segundo viaje por China por dos razones: porque hay vuelos directos desde Barcelona a Shanghai tres días a la semana y porque así podíamos aprovechar para hacerle una corta visita a un amigo que llevábamos tiempo sin ver. Estuvimos aquí un total de cuatro días, de los cuales uno lo dedicamos a visitar la ciudad, uno a Suzhou, uno a Zhouzhuang y otro para ponernos al día con nuestro amigo. Un día para conocer Shanghai es más que suficiente, en nuestra opinión, aunque, en realidad, se le puede dedicar el tiempo que cada uno quiera.

Nuestra primera parada fue el templo Jiang’an, el templo budista más antiguo de la ciudad. Fue construido el año 247 durante el Reino Wu y fue trasladado a su ubicación actual en el 1216, durante la dinastía Song. Durante la Revolución Cultural China fue transformado en fábrica de plástico, pero volvió a convertirse en templo en 1983.

La siguiente parada fue la Torre de Shanghai. Esta torre está situada en el distrito de Pudong y es el edificio más alto de China (con una altura de 632 m y 128 pisos) y el 3º rascacielos más alto del mundo, superado por la torre Merdeka 118 en Kuala Lumpur y el Burj Khalifa de Dubái. El observatorio que ofrece una vista panorámica de 360º de la ciudad se encuentra en el piso 118 a una altura de 546 m.

Dado que se acercaba la hora de comer, desde la torre nos dirigimos a Yuyuan Garden y a sus calles comerciales. Después de ver los rascacielos de Shanghai, llegar al jardín Yuyuan es como retroceder en el tiempo. Este jardín fue diseñado durante la dinastía Ming (1559-1577) y a principios del siglo XX parte del jardín se convirtió en mercado. En 1982 fue declarado monumento nacional.

Desde Yuyuan Garden nos dirigimos hacia la calle Nanjing, que es como el Paseo de Gracia de Barcelona o la Gran Vía de Madrid, y fuimos caminando hasta el Bund, donde volvimos a encontrarnos con los rascacielos de la zona financiera, pero esta vez desde el otro lado del río Hangpu.

Como aún nos quedaba algo de tiempo antes de hacerse de noche y ver el encendido de las luces (a las 19:00h), fuimos al Museo de Arte de Pudong (Museum of Art Pudong; MAP). Curiosamente estaban haciendo una exposición sobre cuadros del Museo del Prado y una exposición sobre la historia del cuadro de Mona Lisa del Prado, la copia de la Gioconda (que vimos en el Louvre) más temprana conocida, obra de uno de los alumnos más cercanos a Leonardo da Vinci. Desde el tejado del museo se puede ver la Perla de Shanghai y los rascacielos circundantes.

Y ya, ¡por fin pudimos disfrutar de la ciudad de noche! Con estas vistas nos despedimos de Shanghai, ya que al día siguiente fuimos a Suzhou.

Saboreando China

Cada región de China que visitamos tiene su propia historia, cultura y costumbres, y, por lo tanto, su propia gastronomía. Aunque nos encontramos algunos platos en varias zonas, como, por ejemplo, el archiconocido cerdo con salsa agridulce, algunos platos solamente se pueden degustar en ciertas zonas, y estos son justamente los platos que hay que probar.

Normalmente se come a las 12 del mediodía y se cena sobre las 18, aunque los mercados nocturnos de comida callejera abren hasta más tarde. En Shanghai la comida se pide escaneando el código QR situado en una esquina de la mesa. A través del QR se hace el pedido y también el pago de los platos encargados. En el resto de las ciudades que visitamos (Urumqi, Dunhuang, Tianshui, Luoyang y Xi’an) nos trajeron la carta y vinieron a la mesa a apuntar el pedido. Dado que prácticamente nadie hablaba inglés y que la carta estaba en chino, tradujimos la carta con Google Lens (aunque a veces las traducciones no eran muy acertadas) y algunas veces nos guiamos por las imágenes, por esta razón desconocemos los nombres de muchos de los platos que probamos.

Es importante, antes de pedir, preguntar por el tamaño de los platos, tanto para no pasarse como para no quedarse corto tampoco. En Turpán, por ejemplo, pedimos un plato de pollo con patatas y fideos y el plato que nos trajeron era para 8 personas, como mínimo. Evidentemente no nos lo pudimos acabar… Menos mal que solamente habíamos pedido un plato…

En cuanto a la elección de los platos que probamos, ha habido platos que nos han encantado y platos que no nos han gustado nada como por ejemplo los fideos que probamos en Tianshui que llevaban una especie de salchichas y surimi al que no le habían quitado ni siquiera el plástico, o un tofu con cebolleta que sabía a quemado. Por otro lado, también ha habido platos con los que decidimos no atrevernos como, por ejemplo, cabeza de cordero o entrañas, entre otros.

Dado que probamos multitud de platos y se haría muy largo comentarlos todos, he hecho una selección de los platos que más nos han gustado dividiéndolos entre los mejores platos de carne o pescado; los mejores platos de verduras y la mejor comida callejera. Y aquí va nuestra selección:

Los mejores platos con carne o pescado

Hot pot

Posiblemente uno de los platos más conocidos de China, aunque realmente no es un plato sino más bien una forma de cocinar. Consiste básicamente en una olla de caldo colocada sobre un hornillo en la que se van introduciendo ingredientes a gusto. Los ingredientes del caldo varían según el lugar, incluyendo carnes, verduras, incluso azufaifo, y los ingredientes a añadir varían también (desde carnes, pescados, mariscos, pasta o verduras). Nosotros probamos el hot pot en Shanghai y en Xi’an, siendo en la primera ciudad un hot pot de pescado y marisco, mientras que en la última, de carne y verduras. Junto a los ingredientes a cocinar en el caldo de la “olla caliente” también hay botes con vinagre y aceite y unos platitos con diferentes ingredientes como ajo picado, aceite con chiles, pasta de sésamo, etc. Se trata de mezclar en un plato estos ingredientes (a gusto) para hacer así una salsa en la que se mojará la carne o el pescado y las verduras, una vez sacados de la olla. Los ingredientes se van introduciendo en la olla poco a poco, a medida que se van comiendo, teniendo en cuenta los tiempos de cocción, ya que las setas, por ejemplo, tardaran más en cocinarse que las finas tiras de carne. Ninguno de los dos hot pots que probamos fue picante (¡por suerte!).

Sopa de tallarines estilo Suzhou

Se trata de una sopa con tallarines finos y largo (plato básico) al que se le pueden añadir tortilla francesa, carne, gambas, etc. (platillos extra).

Pescado en salsa agridulce

Este es uno de los platos más típico de Shanghai y alrededores. Se sirve el pescado entero con la carne cortada en trozos para facilitar el agarre de la carne embadurnada en salsa agridulce.

Sopa picante Hu

Esta sopa la probamos en Luoyang y nos enamoró. Se trata de una sopa de tomates, con toque agri-picante, que lleva ternera, bambú y setas entre otros ingredientes.

Ternera con patatas

Este plato de ternera suave con patatas, un tanto picante lo probamos en Dunhuang y quedamos enamorados. Aunque la ternera con patatas puede parecer un plato europeo, lo cierto es que, debido a la mezcla de especias, el sabor es bastante diferente al que esperábamos.

Los mejores platos de verdura

Zizania

Una de las verduras que más nos sorprendió, tanto por su sabor como porque no la conocíamos, fue la zizania. La zizania se conoce también con el nombre de arroz salvaje, aunque no está emparentada con el arroz que conocemos. Se trata de una hierba acuática de la que se consumen los tallos tiernos. Como curiosidad, la expresión “meter cizaña” viene justamente de las semillas parecidas al trigo, pero no aptas para el consumo humano.

Nabo fermentado

Fue la primera vez que probamos el nabo fermentado en Shanghai y estaba buenísimo.

Ensalada de patata

Esta ensalada de patata crujiente que probamos tanto en Shanghai como en Xi’an nos encantó. Además de la patata cortada en finas tiras, lleva guindilla, cebolleta verde y sésamo.

Berenjenas al estilo chino

Estos bastones de berenjena nos recordaron las berenjenas con miel que están tan de moda en España. Tienen un sabor dulce por la miel, pero además llevan salsa soja, vinagre, chiles y jengibre picados y sésamo tostado.

Pakchoi con setas

Un plato sencillo, pero delicioso.

Los mejores platos de comida callejera

Hamburguesa china (Rou Jia Mo)

Aunque se le conoce con el nombre de hamburguesa china, este delicioso pan con carne poco tiene que ver con una hamburguesa. El pan plano caliente (llamado mo) y la carne de cerdo, ternera o cordero, suave y sabrosa, convirtió a este plato típico de Xi’an en uno de nuestros favoritos. Si vais a Xi’an, ¡no os lo perdáis!

Pinchos

Los pinchos son otro plato típico de la Ruta de la Seda. En Urumqi probamos unos pinchos de carne de cordero que estaban de rechupete, mientras que en Xi’an los probamos tanto de carne de cordero como de pollo. Los pinchos son un acierto seguro en cualquier ciudad.

Empanadas de cordero

Otro plato callejero que probamos en Urumqi fueron las empanadas de cordero. ¡Simplemente deliciosas!

Pan hojaldrado relleno (Rou Ga Mo)

Se trata de un pan hojaldrado relleno de carne picada y col que probamos en el mercado nocturno de Dunhuang.

Para finalizar, si tenéis la oportunidad de tomar un té en alguna casa de té, no lo dudéis. Nosotros entramos en una casa de té en Tianshui y fue toda una experiencia. Primero se tuesta el té verde junto con azufaifo y bayas de goji, luego se añade el agua. La gracia de este té es que se puede alargar el tiempo que sea, ya que a medida que se van bebiendo los vasitos de té, se va añadiendo agua y se puede hacer más té. Junto al té nos sirvieron pastelitos caseros y frutos secos. El entorno también fue precioso, con sus jardines, la paz y la tranquilidad. Nos hizo olvidarnos por un momento que estábamos en medio de una gran y bulliciosa ciudad. Una experiencia totalmente recomendable.

Y esto es todo. Espero que os sirva de ayuda para vuestro viaje y que no tengáis miedo a probar diferentes platos, y por qué no, que seáis incluso más atrevidos que nosotros. ¡Buen provecho!

Transportes – China (Ruta de la Seda)

China es un país muy grande y por lo tanto desplazarse de un lugar a otro puede tomar bastante tiempo, sin embargo, las ciudades están muy bien comunicadas ya sea por trenes, autobuses o aviones. Dado que nuestra ruta transcurrió por muchas provincias, utilizamos sobre todo el avión (por ejemplo, para ir de Shanghai a Urumqi o de Urumqi a Xi’an), sin embargo, también tomamos algún que otro tren (para ir a Tianshui o Luoyang). Dado que las ciudades chinas se caracterizan también por ser grandes urbes, la disponibilidad de metro nos facilitó los desplazamientos.

Metro

De las ciudades que visitamos, solamente Shanghai, Xi’an y Urumqi disponían de una red de metro. En las tres ciudades, el funcionamiento fue similar. Lo primero que hay que tener en cuenta es que para acceder a las vías hay que pasar controles de seguridad. Las maletas, las mochilas o los bolsos se pasan por las máquinas para comprobar que no se lleva ningún producto considerado peligroso. Si lleváis botellas de agua, tendréis que sacarlas para pasarlas por una máquina, si la botella está abierta, simplemente podéis beber un poco delante de los policías. En Urumqi nos hicieron también un chequeo corporal, tras pasar por el detector de metales, como en los aeropuertos y nos escanearon la cara. Además, nos pidieron los pasaportes y, tras comprobarlos, tomaron fotos tanto de la página de la foto como del sello de entrada. En Shanghai y Xi’an, sin embargo, los controles fueron más laxos, posiblemente debido a la mayor afluencia de turistas.

Los billetes de metro se compran en las máquinas, antes de pasar los controles de seguridad, eligiendo la parada de destino y luego el número de billetes. Si es una línea diferente, se selecciona primero la línea de metro y luego la parada. Por ejemplo, para ir del aeropuerto de Xi’an al centro tomamos el metro en la línea 14 (que es la que llega al aeropuerto) y luego cambiamos a la línea 2, por lo que primero seleccionamos la línea 2 y cuando aparecieron las paradas en pantalla, seleccionamos la parada de destino. El precio varía en función del número de paradas, aunque suele ser muy barato. Se puede pagar en efectivo o escaneando el QR con AliPay o We Chat.

Una vez pasados los controles, es donde se encuentran las puertas de entrada a las vías. Al entrar, se pasa la tarjeta de metro por el lector mientras que a la salida se debe introducir el billete por la ranura (la máquina se queda el billete). Las paradas de metro están escritas tanto en chino como en inglés, por lo que no hay pérdida.

Tren

Debido a que nos desplazamos principalmente en avión, tomamos el tren en contadas ocasiones. En nuestro caso fueron trenes de alta velocidad, por lo que desconocemos el funcionamiento de los demás trenes.

Para empezar, para comprar los billetes de tren directamente en la página oficial se necesita un documento de identidad chino y un número de teléfono chino, por lo que hay que comprarlos sí o sí a través de un intermediario, ya sea una página web tipo Trip como a través de alguna agencia de viajes. Para hacer la compra hay que indicar si queréis que sean segunda clase, primera clase o business y luego poner los datos del pasaporte (nombre, número de pasaporte, fecha de nacimiento). Los billetes se emiten unos 15 días previos al día del viaje, pero se pueden reservar con antelación.

Otro dato importante es que no se necesita disponer del billete físicamente ya que nadie os lo pedirá. Para acceder a la estación de tren os pedirán los pasaportes y con ellos podrán comprobar si tenéis billete comprado o no. Después se pasan los controles de seguridad como en el metro o en los aeropuertos. Aunque no es necesario disponer del billete, sí es importante tener claro el número de tren, el vagón y los asientos asignados. Con el número de tren podréis comprobar en las pantallas cuál es la puerta de embarque a las vías y también la vía a la que llegará el tren. El embarque se realiza unos 10 minutos previos a la llegada del tren. A la hora de poneros a la cola para el embarque, tened en cuenta que debéis colocaros en el lado en el que está el chicx de seguridad ya que los chinos pasan directamente colocando su documento de identidad por la máquina. Sin embargo, para acceder con el pasaporte, tenéis que pasar por el escaner situado donde el chicx de seguridad. Una vez en el andén, hay que colocarse en el número de vagón correspondiente. El número de vagón normalmente aparece escrito en el suelo, pero en caso de duda, podéis preguntar al chicx de seguridad que vigila el andén. El número también aparece escrito en cada vagón. A no ser que el tren salga de esa misma estación, el tren solamente permanece en una estación unos 2 minutos. Los trenes suelen ser muy puntuales. Igual que en el metro, las paradas aparecen escritas tanto en chino como en inglés. Igual que en Corea del Sur, los revisores no comprueban los billetes de tren si no que miran que los asientos que no deberían estar ocupados no lo están.

Avión

El funcionamiento de los aviones en China es similar al de los otros países, aunque puede que haya unos controles de seguridad más exhaustivos. Por ejemplo, no se permite entrar con botellas de agua, ni con mecheros ni con baterías externas. Si no queréis pasar un mal rato, mejor descartar todos estos productos con antelación. Un dato importante es que muchas compañías aéreas chinas no abren la venta de billetes hasta un mes antes de la fecha, por lo que es mejor esperar para conseguir mejores precios y mejores conexiones. Por otro lado, no os recomiendo que reservéis asientos con antelación a través de la web ya que nunca mantienen esos asientos. Esto nos pasó en los vuelos de Xi’an a Beijing y de Beijing a Barcelona (vuelo de vuelta con Air China), los únicos vuelos en los que habíamos reservado los asientos. En el vuelo de Xi’an a Beijing directamente nos asignaron unos asientos al azar (no los que habíamos reservado) sin darnos ninguna explicación. En el vuelo de Beijing a Barcelona, aunque los asientos reservados sí que aparecían en la tarjeta de embarque, al momento de embarcar nos dijeron que esos asientos ya estaban ocupados y que nos tenían que cambiar de asientos… Por suerte, como el avión no iba lleno, pudimos sentarnos juntos.

Otro dato importante es que los vuelos pueden sufrir cambios, ya sea que se atrasen como que se adelanten. Por ejemplo, el vuelo de Shanghai a Urumqi tuvo un retraso de 5 h, mientras que el vuelo de Urumqi a Xi’an un retraso de 3 h. Por otro lado, el vuelo de Xi’an a Beijing se adelantó 1 h. Debido a estos imprevistos, os recomiendo que tratéis de no programar actividades el día de vuelo.

Finalmente, otro aspecto que nos sorprendió de los aviones es que haya un vigilante con una pequeña cámara, parecida a una GoPro, paseándose por el avión y grabando a los pasajeros para evitar acciones incívicas durante el vuelo. Aunque en el avión fue donde nos sorprendió más, lo cierto es que en los trenes y en el metro también hay vigilantes similares que se pasean con la cámara.

Y esta es nuestra pequeña aportación sobre los medios de transporte que utilizamos en China. Espero que os sirva de ayuda y que os animes a viajar por libre por este gran país.

Recomendaciones de viaje – China (Shanghai y Ruta de la Seda)

Idioma oficial: chino mandarín. El inglés no está muy extendido. Sin embargo, aunque no hablen inglés harán lo posible para comunicarse a través de aplicaciones del teléfono.

Google Translate: igual que en nuestro viaje a Corea del Sur, Google Translate nos fue muy útil para traducir texto, pero también para comunicarnos con la gente.

Requisitos de entrada en el país:

A partir del 1 de diciembre 2023 los ciudadanos de España, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Malasia, Suiza, Irlanda, Hungría, Austria podrán viajar a China sin visado hasta 15 días. Esta exención temporal del visado será vigente desde las 0:00 del 1 de diciembre de 2023 hasta las 24:00 del 31 de diciembre de 2025 (hora en Beijing) con el motivo de negocio, turismo, visita familiar y tránsito por un período que no exceda 15 días. Igualmente, para motivos distintos a los anteriores o para períodos que excedan los 15 días seguirá siendo necesario solicitar el visado antes del viaje.

Trámites: Como en todos los países, al entrar, hay que rellenar un documento en el que preguntan por el vuelo de vuelta (fecha y número del vuelo) y los países visitados en los últimos dos años, además de las otras preguntas típicas como nombre, fecha de nacimiento, nacionalidad, etc. Antes de llegar al control, también hay unas máquinas en las que cogen las huellas dactilares de todos los dedos. Al poner el pasaporte sobre el lector de la máquina, solamente hay que seguir las indicaciones. Una vez finalizado el proceso, la máquina devuelve un tiquet-comprobante. El documento rellenado y el comprobante de las huellas se deben presentar junto con el pasaporte al pasar el control de seguridad. Allí hacen un escáner de la cara y ponen el sello de entrada al país.

Pasaporte: Es importante llevar siempre el pasaporte encima, no solamente porque lo puedan pedir en controles por la calle, si no también porque al entrar al metro o en cualquier lugar que se vaya a visitar lo piden, como, por ejemplo, para entrar a los guerreros de terracota en Xi’an.

Vacunas: No hay vacunas obligatorias para entrar en el país.

Consejos prácticos:

Tiempo: China es un país muy grande, por lo que el clima también varía mucho según la región. Sin embargo, nuestro viaje por la ruta de seda discurre por regiones desérticas y semiáridas, por lo que, en septiembre cuando nosotros fuimos, el clima fue caluroso y seco durante el día, y fresco por la noche. En Shanghái y alrededores hace mucho calor también, pero, por el contrario, hay muchísima humedad. Además, en septiembre puede llover bastante y aún es temporada de tifones.

Moneda: Yuan (CNY). Un euro equivale a 7,89 CNY (cambio septiembre 2024).

Dinero: La forma preferible de pago en la mayoría de los comercios es mediante la app de AliPay o WeChat. En algunos sitios aún te aceptarán efectivo, pero es muy probable que no tengan cambio si pagáis con billetes muy grandes.

AliPay y WeChat: Para poder abrir una cuenta en WeChat se necesita una recomendación de un usuario de WeChat. Sin embargo, para AliPay solo hay que bajarse una aplicación y vincular una tarjeta de crédito.

Propinas: En China no es común dar propina, aunque en los sitios más turísticos lo esperen.

Internet: Igual que en nuestro viaje a Corea del Sur, compramos una eSim con VPN y nos funcionó muy bien.

Navegadores: Google Maps no nos funcionó demasiado bien, sin embargo, usamos Apple Maps que fue más preciso.

Vuelos: Los vuelos internos más baratos y con mejores conexiones se pueden conseguir dentro de un mes previo a la fecha, por lo que, es mejor apurar que darse prisa.

En nuestro caso, de los vuelos internos que tomamos, la mayoría tuvieron retrasos, como por ejemplo el vuelo de Shanghai a Urumqi que salió 5 h más tarde de la hora prevista, por lo que es mejor no hacer grandes planes durante el día del vuelo.

Permiso de conducir: Los extranjeros, aunque dispongan de permiso de conducir internacional, tienen prohibido conducir por China a no ser que posean un carnet de conducir emitido en China. Por ende, los extranjeros no pueden alquilar ningún tipo de medio de transporte (coche, moto, etc.) a no ser que sea con conductor.

Taxi: Aunque nos descargamos la aplicación de Didi, por alguna razón que desconocemos, no nos funcionó… Sin embargo, pedimos a los hoteles en los que nos alojamos que nos pidieran un taxi para ir al aeropuerto o a cualquier otro lado y no tuvimos problemas. Si el taxi lo piden desde el hotel, éste podrá el taxímetro y solamente se paga por el trayecto, sin tener que regatear. Hay que destacar que el precio que nos acabó costando cada trayecto en taxi fue inferior al precio que nos informaba en la app Didi en caso de haber usado ese servicio.

Hoteles: En China, muchos hoteles no tienen permiso para alojar extranjeros, por lo que conviene siempre leer muy bien la información del hotel antes de reservar. Es importante fijarse sobre todo si pone “only able to accept Mainland Chinese citizens” lo que quiere decir que no aceptan extranjeros. Para estar seguros de que el hotel admite extranjeros debería poner explícitamente que el alojamiento admite huéspedes de cualquier país o región. En caso de duda, nosotros nos hemos fijado también en los comentarios, si había valoraciones de extranjeros o no, lo que podría indicar que en ese hotel se han hospedado extranjeros. Para los hoteles, igual que para comprar los vuelos, usamos Trip (y no, no es información patrocinada, simplemente en Trip encontramos muchísima más oferta hotelera que en Booking y no tuvimos problemas).

Equipaje: Otro dato para tener en cuenta es que en la mayoría de los hoteles el check-in se puede hacer solamente a partir de las 14:00 o las 15:00 h, pero si que te permitirán dejar el equipaje hasta que puedas hacer el Check-in.

Entradas: En muchos lugares turísticos hay que reservar las entradas con antelación, como por ejemplo para visitar los guerreros de Xi’an o para visitar las cuevas de Mogao en Dunhuang. Una vez comprada la entrada por internet, hay que hacer la cola para canjear la entrada con el pasaporte. Una vez hecho este trámite, en las máquinas hay que pasar el pasaporte por el escáner y no el tiquet. Por otro lado, si se permite la entrada durante varios días, se accede posteriormente con el escáner de cara.

Enchufe: Se utilizan los tres tipos de enchufes: A, C e I, por lo que dependiendo del itinerario es posible que se necesite un adaptador, aunque en muchos hoteles ya disponen de tomas USB directamente junto con las tomas de los enchufes.

Lavanderías: En todos los hoteles en los que nos alojamos disponían de un cuarto con lavadoras donde pudimos lavar la ropa gratis. En muchos no disponían de secadoras, pero sí de un espacio donde poder colgar la ropa para que se secara.

Baños: En China no es común que los restaurantes o cafeterías tengan baño dentro del local. Sin embargo, los baños públicos son muy frecuentes.

¿Qué llevar?

Os recomendamos no cargaros de muchas cosas y llevar una maleta pequeña y manejable, más si vais a desplazaros en tren o avión, como fue nuestro caso. Nosotros llevamos la ropa imprescindible y fuimos lavándola. Sin embargo, a la hora de hacer la maleta, os recomendamos que consideréis llevar:

  • Zapatos cómodos y ropa ligera de secado rápido.
  • Protección solar: crema solar, gafas de sol y sombrero.
  • Y, sobre todo: una mente abierta y muchas ganas de conocer, aprender y disfrutar.

China: Ruta de la Seda

Hace 13 años (¡que se dice pronto!) Xavi y yo emprendíamos con mucha ilusión, pero también con cierto miedo, nuestro primer viaje fuera de Europa. El destino de aquel viaje, para el que disponíamos solamente de 10 días, fue nada más y nada menos que la grandiosa China, y, para aprovechar al máximo los días disponibles, nos centramos en Beijing. La verdad es que en aquel entonces tampoco aspirábamos a hacer un gran viaje… Ahora, años después, recordamos con melancolía aquella Gran Muralla alborotada de gente, la majestuosa Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, el Palacio de Verano y sus exquisitos jardines, aquel pato laqueado que estaba para chuparse los dedos… Y, pensándolo en retrospectiva, incluso nos reímos con las “desgracias” que nos pasaron, como coger un taxi y que, en vez de dejarnos a nuestro destino, nos dejase en la otra punta de la ciudad, o coger un rickshaw para visitar los hutongs y que éste nos llevase a un callejón sin salida para pedirnos más dinero del acordado. También recordamos aquel calor abrasador en pleno mes de julio, la contaminación que oscurecía el cielo, o la gente escupiendo por doquier… Y, a pesar de todo, ese viaje fue importante para nosotros, no solo por lo que descubrimos, sino también por ser nuestra primera gran experiencia en un país lejano y tan diferente a lo que habíamos conocido hasta entonces. Nos abrió la puerta a lo desconocido, a atrevernos con lo que fuera, a querer conocer más y más sobre otros países y otras culturas. Y, ¿qué os puedo decir? Desde entonces no hemos parado de viajar.

Y ahora, 13 años después toca volver a viajar a China. Para esta nueva aventura disponemos de unos días más que la primera vez, 16 días en total (limitados esta vez por la entrada libre de visado), que hemos dividido entre la Ruta de la Seda, que teníamos ganas de hacer desde hace tiempo, y Shanghái, cambiando radicalmente de escenario para hacerle una corta visita a un amigo. Empezaremos, pues, nuestra aventura por la Ruta de la Seda en las remotas Urumqi y Turpán, antiguos puntos de conexión entre Europa y Asia. Debido a cuestiones logísticas, desde Urumqi volaremos a Xi’an donde por fin conoceremos a los famosísimos Guerreros de Terracota, para luego retroceder hacía Tianshui para visitar las cuevas de Maijishan y hacía Dunhuang para visitar las cuevas de Mogao. Aunque nuestra primera intención era llegar hasta Kashgar, por diferentes razones, finalmente decidimos dar esos días a Luoyang y visitar también las cuevas de Longmen.

Así pues, nuestro itinerario se distribuye tal que así:

Logística viaje

Para optimizar los días y los desplazamientos entre las dos partes del viaje, volaremos desde Barcelona a Shanghai y volveremos a Barcelona desde Xi’an. Los desplazamientos serán principalmente en vuelos internos, dado que las distancias son muy grandes y los días de los que disponemos son pocos. El principal problema que nos hemos encontrado al montar esta ruta es que pensábamos que el trayecto sería linear desde Urumqi, a Dunhuang y finalmente a Xi’an, sin embargo, la infraestructura no está preparada para esto, de manera que tuvimos que volver a Xi’an desde Urumqi y desde Xi’an ir a Dunhuang, dado que de Urumqi a Dunhuang no hay vuelos directos ni tampoco posibilidad de ir en tren. A Tianshui y a Luoyang sin embargo, nos desplazaremos en tren desde Xi’an.

Aunque si no queréis perderos ningún detalle, podéis leer también las siguientes crónicas:

Recomendaciones de viaje – China (Ruta de la Seda)

Transportes – China (Ruta de la Seda)

Saboreando China

Lo que + nos gustó y lo que –. China (Ruta de la Seda)