Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.

Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.

Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:

Logística viaje

En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.

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Japón (Kioto y Kyushu) – el gran sueño viajero 2

China: Ruta de la Seda

Hace 13 años (¡que se dice pronto!) Xavi y yo emprendíamos con mucha ilusión, pero también con cierto miedo, nuestro primer viaje fuera de Europa. El destino de aquel viaje, para el que disponíamos solamente de 10 días, fue nada más y nada menos que la grandiosa China, y, para aprovechar al máximo los días disponibles, nos centramos en Beijing. La verdad es que en aquel entonces tampoco aspirábamos a hacer un gran viaje… Ahora, años después, recordamos con melancolía aquella Gran Muralla alborotada de gente, la majestuosa Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, el Palacio de Verano y sus exquisitos jardines, aquel pato laqueado que estaba para chuparse los dedos… Y, pensándolo en retrospectiva, incluso nos reímos con las “desgracias” que nos pasaron, como coger un taxi y que, en vez de dejarnos a nuestro destino, nos dejase en la otra punta de la ciudad, o coger un rickshaw para visitar los hutongs y que éste nos llevase a un callejón sin salida para pedirnos más dinero del acordado. También recordamos aquel calor abrasador en pleno mes de julio, la contaminación que oscurecía el cielo, o la gente escupiendo por doquier… Y, a pesar de todo, ese viaje fue importante para nosotros, no solo por lo que descubrimos, sino también por ser nuestra primera gran experiencia en un país lejano y tan diferente a lo que habíamos conocido hasta entonces. Nos abrió la puerta a lo desconocido, a atrevernos con lo que fuera, a querer conocer más y más sobre otros países y otras culturas. Y, ¿qué os puedo decir? Desde entonces no hemos parado de viajar.

Y ahora, 13 años después toca volver a viajar a China. Para esta nueva aventura disponemos de unos días más que la primera vez, 16 días en total (limitados esta vez por la entrada libre de visado), que hemos dividido entre la Ruta de la Seda, que teníamos ganas de hacer desde hace tiempo, y Shanghái, cambiando radicalmente de escenario para hacerle una corta visita a un amigo. Empezaremos, pues, nuestra aventura por la Ruta de la Seda en las remotas Urumqi y Turpán, antiguos puntos de conexión entre Europa y Asia. Debido a cuestiones logísticas, desde Urumqi volaremos a Xi’an donde por fin conoceremos a los famosísimos Guerreros de Terracota, para luego retroceder hacía Tianshui para visitar las cuevas de Maijishan y hacía Dunhuang para visitar las cuevas de Mogao. Aunque nuestra primera intención era llegar hasta Kashgar, por diferentes razones, finalmente decidimos dar esos días a Luoyang y visitar también las cuevas de Longmen.

Así pues, nuestro itinerario se distribuye tal que así:

Logística viaje

Para optimizar los días y los desplazamientos entre las dos partes del viaje, volaremos desde Barcelona a Shanghai y volveremos a Barcelona desde Xi’an. Los desplazamientos serán principalmente en vuelos internos, dado que las distancias son muy grandes y los días de los que disponemos son pocos. El principal problema que nos hemos encontrado al montar esta ruta es que pensábamos que el trayecto sería linear desde Urumqi, a Dunhuang y finalmente a Xi’an, sin embargo, la infraestructura no está preparada para esto, de manera que tuvimos que volver a Xi’an desde Urumqi y desde Xi’an ir a Dunhuang, dado que de Urumqi a Dunhuang no hay vuelos directos ni tampoco posibilidad de ir en tren. A Tianshui y a Luoyang sin embargo, nos desplazaremos en tren desde Xi’an.

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Corea del Sur – un viaje para el espíritu

Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.

Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».

Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:

  • Días 1-2: Barcelona-Seúl
  • Día 3-5: Jeju
  • Día 6-7: Busán
  • Día 8-9: Gyeongju
  • Día 10-11: Daegu
  • Día 12-14: Seúl
  • Día 15: Seúl-Barcelona

Logística viaje

Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

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Mar y montaña: una semana por Asturias

Tras nuestro último viaje a Madagascar allá por 2019, planeábamos el que hubiera sido nuestro siguiente viaje: Japón, sin imaginar que nuestros planes se verían truncados irremediablemente por el coronavirus. Lo que parecía un breve parón en nuestras vidas, acabaron siendo dos años en los que solo pudimos soñar con los viajes. Fueron unos años muy duros, seguramente como para todos, pero tuvimos la suerte, al menos de poder dedicarnos a nuestro jardín, que ha sido nuestra ruta de escape durante este tiempo.

Este año 2022 Japón no pudo ser, por tener las fronteras cerradas hasta hace nada, pero esto no fue un impedimento para que nuestras ganas de viajar y conocer mundo despertaran, ganas que se habían quedado de alguna manera dormidas, ya que no nos atrevíamos a volver a hacernos planes. Y así es como, para desperezarnos hemos decidido hacer una escapada de una semana a Asturias durante el mes de septiembre. Dado que el número de días fue limitado, tuvimos que definir muy bien lo que queríamos visitar y lo que seguramente dejaríamos por el camino. Los puntos clave que teníamos muy claros al decidir este viaje fueron: avistar osos en libertad en el Parque de Somiedo e iniciarnos a la espeleología en una de las cuevas naturales de los Picos de Europa. Lo cierto es que ya habíamos visitado cuevas con anterioridad, como las del Parque Nacional de Mulu en Malasia, pero nunca habíamos hecho espeleología y teníamos curiosidad. Con esto en mente y tras valorar todo lo que Asturias puede ofrecer, hemos definido el siguiente tour (circular):

Pola de Somiedo (2 días)

Elegimos como base para la primera parte del viaje, Pola de Somiedo, un pequeño pueblo rodeado de montañas, pero un punto neurálgico para las diferentes actividades culturales, de senderismo y naturaleza que se pueden realizar en el Parque de Somiedo. De camino a Pola paramos a visitar la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda, para conocer de primera mano la situación de los lobos en la zona, y una vez en Pola de Somiedo, hicimos dos avistamientos de osos en el Parque de Somiedo. Ver osos en libertad no es fácil, no os creáis. Son animales impredecibles y hay muchísimos factores que pueden influir: las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de alimento y la suerte de cada uno. En el primer avistamiento, por la mañana temprano, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar a lo lejos, muuuy a los lejos dos hermanos oseznos ya independizados y, posteriormente, una mamá con dos crías. Fue en el Mirador de la Peral, justamente en la ladera más alejada, siendo imposibles de ver con prismáticos, y solamente accesibles gracias a unos buenos telescopios. Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos aún más suerte, y, nada más llegar, vimos un macho en la ladera de la montaña alimentándose tranquilamente de avellanos, esta vez, sí visible con prismáticos.

Otras actividades por las que Pola es famosa son sus rutas de senderismo, siendo la ruta de los lagos la más conocida, sin embargo, nosotros, dado el reducido número de días que pasamos aquí, nos limitamos a hacer la ruta accesible. Un sendero corto, preparado para que cualquier persona en cualquier situación lo pudiera hacer, pero que ofrece unas vistas impresionantes del pueblo y de las montañas que lo rodea.

Como recomendación culinaria, nuestro plato favorito de aquí fue el cachopo con cecina, queso y membrillo. Buenísimo.

Soto de Agues (1 día)

Paramos en Soto de Agues, un pequeño pero hermoso pueblo situado en el Parque Natural de Redes, en nuestro camino de Pola de Somiedo a Cangas de Onís y aprovechamos para hacer la Ruta del Alba, declarada monumento natural en el año 2001. La ruta sigue el curso del río Alba por un antiguo camino de pastores. Es una ruta fácil y accesible, con poco desnivel, ya que los primeros 5 km discurren por un sendero de piedra, acondicionado. Los últimos 2 km, a partir de las Brañas de La Vega, son por camino de montaña, pero este es, sin embargo, el tramo más espectacular, si cabe, ya que el sendero está encajonado entre las paredes de roca y el río con decenas de saltos de agua y cascadas. La ruta es lineal, por lo que hay que deshacerla por el mismo camino (14,6 km en total). Durante el trayecto se pasa por al lado de una piscifactoría truchera y por la mina de hierro del Carmen, ambas ya en ruinas.

Este día comimos un bollo preñao en uno de los merenderos que hay a lo largo del camino. El bollo preñao es un bollo de pan relleno de chorizo. Una comida potente, pero recomendable para la ruta.

Cangas de Onís (3 días)

La que fue la primera capital del antiguo reino de Asturias, fue nuestra base en la última parte del viaje. Este pequeño pueblo lleno de historia es la puerta de entrada al Parque Picos de Europa pero también a otro clásico de Asturias: los lagos de Covadonga y el santuario de Covadonga. Tanta es la fama de estos enclaves que en temporada alta el acceso a los lagos esta restringido a vehículos particulares a partir de las 8 de la mañana, siendo posible llegar en autobús, en taxi o con algún tour organizado. Desde Cangas de Onís parten buses cada veinte minutos y los billetes de autobús se pueden comprar directamente en la terminal o por internet. Aunque al hacer la compra por internet obliguen elegir una hora de subida y una de bajada, la verdad es que podéis hacerlo a la hora que queráis. Este mismo bus para en el santuario de Covadonga. También es importante tener en cuenta que aún es (al menos lo era cuando nosotros fuimos) obligatorio el uso de mascarilla en el transporte público.

Una vez alcanzada la cima, las vistas quitan el aliento. Tanto los miradores como los lagos de origen glaciar son un espectáculo para todos los sentidos. Además de caminar por estos enclaves y disfrutar de la naturaleza y de las espectaculares vistas de los dos lagos, Ercina y Enol y de la laguna temporal, el Bricial, también se puede conocer el pasado minero de la zona a través de las minas de Buferrera. Aquí podéis pasaros desde una mañana hasta un día entero. El único pero que le pondría es la cantidad de visitantes que estos parajes pueden atraer. Queda patente que es uno de los sitios más turísticos de Asturias.

Sin embargo, Cangas de Onís y alrededores, ofrecen muchas más actividades, para todos los gustos y condiciones. Desde visitas gastronómicas, como las visitas a queserías, a multitud de rutas de senderismo, miradores y actividades de aventura, como el descenso del río Sella en canoa o hacer espeleología. Aunque no me atreví a bajar en canoa, debido a mi miedo al agua por no saber nadar, sí que decidimos iniciarnos a la espeleología. Según nos dijeron, los Picos de Europa son considerados el Himalaya de los espeleólogos debido al amplio recorrido subterráneo que ofrece este sistema kárstico. La cueva en la que nos adentramos no era muy grande y el nivel de exigencia era bajo, pero la verdad es que descubrimos algo totalmente desconocido para nosotros, fue toda una experiencia sensorial. Nos sorprendió la temperatura de la cueva, la falta de luz y de olores, pero también que, incluso un lugar tan inhóspito como ese, pueda ser el hogar de seres vivos. La guinda final fueron unos minutos en los que el guía nos recomendó que nos sentáramos, apagáramos las linternas y disfrutáramos de lo que es realmente estar en una cueva: oscuridad profunda, silencio total, un medio en el que de nada sirven nuestros sentidos…

Para realizar este tipo de actividad hay que contar con un guía experimentado. Nosotros reservamos el día previo y tuvimos la suerte de que éramos los únicos que nos habíamos apuntado ese día. Aunque normalmente los grupos son reducidos, nosotros agradecimos poder disfrutar de esta aventura “en privado”. Antes de empezar, nos dieron un mono, un casco con linterna y guantes. Se recomienda llevar un buen calzado ya que el suelo puede ser resbaladizo. No se recomienda llevar ni mochilas ni otros objectos con los que haya que cargar durante la ruta. En la cueva el suelo estaba húmedo y resbaladizo, tuvimos que subir y bajar con la ayuda de cuerdas y, aunque había habitaciones en las que se podía estar perfectamente de pie, también había algunos puntos en los que teníamos que pasar agachados. Si aún no habéis hecho espeleología, es una experiencia totalmente recomendable.

Tras esta aventura, cogimos el coche y nos dirigimos a la Cuevona de Cuevas del Agua, una corta cueva por la que discurre una carretera, que es el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Dicho de otro modo, es una cueva que se puede cruzar perfectamente en coche. Sin embargo, yo os recomendaría que aparquéis el coche y disfrutéis de la cueva a pie, que es como lo hicimos nosotros. Son unos 300 m de recorrido perfectamente iluminados, destacando las fascinantes formaciones calcáreas de esta cueva.

Y para finalizar el día, también subimos a uno de los muchos miradores que hay, el mirador de Fitu, que ofrece unas vistas increíbles del mar y de las montañas.

Y ya de vuelta hacía Avilés, donde pasamos la última noche antes de volver, no pudimos resistirnos a hacer una última ruta de senderismo: el Camín Encantau. Este sendero circular se encuentra en la localidad de Venta de Probes, de unos 8,6 km de longitud. La ruta tiene cierto desnivel, con una primera subida empinada. Pero vale la pena por los paisajes que la rodean y por ser también un recorrido por la mitología asturiana. Y es de allí que recibe el nombre de camín encantau, de los personajes tallados en madera que aparecen a medida que avanzamos en la ruta. El primero que nos da la bienvenida es Sumiciu, el duende que hace desaparecer los objetos.

Nuestros platos favoritos de estos días fueron las verdinas con pulpo y los tortos con huevo y adobu.

Cudillero (1 día)

Y llegamos al último día de nuestro viaje a Asturias y, como despedida, antes de dejar el coche de alquiler y volar de nuevo a Barcelona, visitamos Cudillero, un pequeño pueblo marinero enclavado en un acantilado, declarado Conjunto Histórico Artístico. El mar Cantábrico y las casas de colores nos dejaron maravillados. Y para disfrutar aún más del pueblo, del mar y de las vistas, os recomiendo que subáis a cualquiera de los miradores que lo rodean.

El plato estrella de Cudillero, para nosotros, fueron las zamburiñas.

Este fugaz viaje por Asturias, por sus paisajes más emblemáticos, su fauna, sus pueblos con historia y su gastronomía ha sido una experiencia para todos los sentidos y, desde luego, nos ha dejado con ganas de más, de volver a recorrer, de conocer y de disfrutar. Sin dudas, algún día, ¡volveremos a Asturias!

Reservas privadas de Madagascar – luces y sombras

El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.

foto vistas

Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.

foto anja

La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.

foto familia

Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.

foto rocas

Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.

foto tumbas

Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.

foto jaulas
Reserva de Peyrieras

Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.

foto sifaka

De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.

foto gecko jaula

Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.

lemur rojo

Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…

foto alimentacion 4
Lémur atraído con plátano en Vakona (izquierda) y lémur atraído con pan en Peyrieras (derecha)

Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.

Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:

  • ¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
  • ¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
  • Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!

patos jaulas

  • Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!

foto alimentación 1
Lémur alimentándose de flores en Anja (izquierda) versus plataforma de alimentación con arroz hervido en Peyrieras (centro) versus lémur alimentándose de plátano en Vakona (derecha)

  • Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.

lemur encima

  • Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.

camaleon mano

El primer encuentro con los lémures en Analamazaotra

La reserva de Analamazaotra es un área protegida contigua al Parque Nacional de Andasibe-Mantadia y consta de unas 710 hectáreas de bosque reforestado por la comunidad local con plantas autóctonas. En ella viven diferentes especies de lémures entre las cuales se encuentran el indri (Indri indri), el lémur de mayor tamaño, y el lémur ratón (Microcebus), el más pequeño de los lémures e incluso uno de los primates más pequeños junto al tarsero y al tití pigmeo. Los lémures comparten su hábitat con camaleones, geckos, serpientes, aves, insectos y muchos más. Para visitar este sitio hay que desplazarse hasta la ciudad de Andasibe, una ciudad con un marcado aire francés, un fantasma que recuerda a la época colonial.

andasibe

Volviendo a lo que nos ocupa, la reserva se puede visitar a cualquier hora del día, pero se recomienda acudir por la mañana temprano cuando los lémures están más activos. Se accede siempre acompañadxs por un/a guía y existe la posibilidad de realizar tres itinerarios: uno corto (Indri 1), uno mediano (Indri 2) y uno largo (Circuit Aventure). Nosotros hicimos el circuito mediano que dura unas 4 horas y el nivel del trekking es medio-fácil, con un cierto desnivel.

trekking

Nada más empezar, ya nos encontramos con una boa arborícola de Madagascar (Sanzinia madagascariensis), algunos insectos, como los escarabajos jirafa, y algunos pájaros, pero el canto de los indris nos hacía impacientarnos y querer llegar cuanto antes hasta ellos.

diurnas

Ya los habíamos escuchado desde el hotel y nos moríamos de ganas por conocer por fin al lémur más grande que actualmente existe y el primer encuentro con una pequeña familia resultó un poco agridulce porque estaban muy arriba en los árboles. A penas los podíamos ver y con la cámara tampoco tuvimos demasiada suerte ya que con la humedad excesiva que hacía (había llovido toda la noche) la lente se empañaba constantemente. Eso sí, disfrutamos un montón de sus sonidos. Poco después nos encontramos con otra familia que sí se acercó y fue un momento maravilloso. Según cuentan, lxs betsimisaraka consideran que los indris, o babakoto (abuelo) como los nombran, son los padres de los humanos y es tabú o fady matarlos.

indri 1

Dicho esto, los indris pertenecen a la familia Indriidae, son diurnos, folívoros (se alimentan principalmente de hojas, brotes y algunas frutas) y monógamos. Una característica de estos primates es que no tienen cola, a diferencia de otras especies de lémures de la isla. Y aunque viven en pequeñas familias, necesitan un amplio territorio para poder vivir, y es justamente por la rápida pérdida de su hábitat, a causa de la desforestación y de los incendios, que es uno los 25 primates en mayor peligro de desaparecer. Una pena…

indri 2

Los siguientes lémures que nos encontramos fueron los sifaca de diadema (Propithecus diadema). Los vimos fugazmente. Definitivamente nuestra presencia no les interesó lo más mínimo y siguieron con su ruta y su rutina. Estos lémures también pertenece a la familia Indriidae, como los indri, y guardan muchos parecido con éstos, como por ejemplo que tampoco tienen cola y son también lémures de gran tamaño, siendo estos en particular, los más grandes de entre las diferentes especies de sifacas. Se alimentan de flores, fruta madura y brotes tiernos y viven en un mismo grupo varios machos y varias hembras con sus crías. Este precioso lémur también se encuentra en grave peligro de extinción a causa de la pérdida de los bosques en los que habita…

sifaca

Retomamos nuestra travesía y definitivamente fue un día de suerte ya que pudimos ver otras dos especies de lémures: el lémur gris del bambú y el lémur marrón común. El lémur gris del bambú (Hapalemur griseus) pertenece a la gran familia Lemuridae y se alimenta principalmente de bambú. Si os preguntáis de qué se alimentaba este pequeño lémur antes de que llegara el bambú desde China, os puedo decir que hay una especie de bambú endémica de Madagascar (Cathariostachys madagascariensis), que es la principal fuente de alimentación tanto de este lémur como del lémur dorado (Hapalemur aureus) que tuvimos el placer de conocer en el Parque Nacional de Ranomafana. Pero esta aventura es otra historia que os contaré más adelante.

lemur bambu

Y ya, justo cuando estábamos a punto de salir del parque, fue cuando conocimos al lémur marrón común (Eulemur fulvus). Este lémur pertenece también a la familia Lemuridae y es uno de los pocos lémures que no está en peligro de extinción. Es más, ha sido introducido, y prospera, en dos otras islas: Comoras y Mayotte. Fue un momento maravilloso ya que una mamá con una pequeñísima cría se alejó del grupo y bajó hasta donde estábamos nosotros. No os puedo ni describir lo que disfrutamos de su presencia. Vamos, que estaba tan guapa y se encontraba tan cerca que le hicimos un book.

lemur marron

Y ya nos despedimos de este parque con la bonita vista del lago con sus nenúfares y una sonrisa de oreja a oreja, porque definitivamente fue una experiencia increíble.

lago

Pero ¡oye! que la historia no acaba aquí, pues también hay la opción de hacer un tour nocturno y probar suerte para ver al lémur ratón, el lémur más pequeño de todos. ¿Por qué no? Y bien, el tour transcurre principalmente en los laterales de la carretera y dura aproximadamente una hora. En nuestro caso nos adentramos también en el jardín de las orquídeas donde pudimos ver unos cuantos camaleones y alguna rana, pero principalmente se siguen los dos laterales de la carretera en los lindes del parque nacional al que está prohibido entrar por la noche.

nocturnas

Y, sí, la suerte no se nos acabó y pudimos ver al microcebus, un lémur nocturno, solitario y que se alimenta de insectos, fruta y néctar de flores. Sin embargo, este pobre primate también se quedó ciego con los flashes de las cámaras de los turistas, igual que le pasó al pobre tarsero en Sulawesi, a los que se añadieron también las luces de las linternas de los guías. Por favor, no hagáis fotos con flash a los lémures. Ya sé que las fotos no salen tan estupendas pero tenéis que pensar en su bienestar.

microcebus

Y ahora sí que finaliza este relato y con ello solo puedo decir que disfrutamos un montón de la naturaleza y de los lémures y que esta reserva se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos de  Madagascar.

Y como recomendaciones finales:

  • En septiembre, cuando fuimos nosotros, hace bastante frío por lo que os recomiendo que os llevéis ropa de abrigo.
  • Para el trekking, llevad pantalón largo y blusa con manga larga para protegeros de las sanguijuelas. Esta vez nosotros salimos ilesos, pero nunca se sabe. También unas buenas botas.
  • Llevad una buena cámara, pero tened en cuenta que hace mucha humedad y se puede empañar la lente. Tanta humedad me recordó a nuestra aventura por el bosque de Budongo en Uganda cuando conocimos a los inquietos chimpancés de los que disfruté un montón pero de los que no tengo apenas fotos porque la cámara no pasaba por su mejor momento. No se puede tener todo…
  • Llevad una linterna por si queréis hacer algún tour nocturno. Prismáticos, opcional, pero pueden ayudar si los lémures no se acercan.
  • Supongo que no hace falta decir de llevar agua o ponerse antimosquitos.
  • ¡Y no os olvidéis de las ganas de conocer y disfrutar!

I like to move it, move it, Madagascar!

Este año la elección del “gran” viaje ha resultado ser un pelín complicada ya gran parte de nuestros días de vacaciones disponibles se vieron reducidos por el viaje a París que hicimos en enero para celebrar nuestro 13º aniversario juntos y también por asistir a un congreso en Oporto (Portugal). Aun así nos quedaban 15 días valiosos en septiembre, y tras barajar muchas opciones, hemos decidido volver a nuestro continente favorito, África. Sí, después de Kenia, Marruecos, Egipto, Uganda y Ruanda, ¡volvemos! Volvemos a ese continente que nos enamoró para siempre la primera vez que lo visitamos. Kenia nos descubrió su gran naturaleza y Uganda y Ruanda, la última vez que pisamos el continente, años después, nos enseñaron que África no es solamente naturaleza sino también sonrisas, amabilidad, cariño… Sí, sonrisas, porque al fin y al cabo la felicidad no se mide en la cantidad de bienes materiales que unx tiene. Nunca borraremos de nuestras mentes la multitud de niñxs persiguiéndonos con una gran sonrisa al son de “how are you, muzungu?”. “Muzungu” que viene a decir “blanco” en bantú. Como anécdota, siempre recordaremos el momento en el que una niña se acercó a Xavi con gran curiosidad, le olió y luego le dio un lengüetazo en la mano. Con el sol de justicia que hacía ese día y con la facilidad que tiene Xavi en sudar, la pobre debió de pensar que lxs blancxs ¡olemos y sabemos horrible! jajajajaja Una experiencia como muchas tantas que llegan a pasar cuando viajas… Pero, ¡basta de recuerdos! porque este año nos esperará un nuevo viaje, una nueva experiencia, que más no, esperamos que nos impresione como lo hicieron ya las anteriores inmersiones en esas tierras tan fascinantes!

Y este año volvemos, pero esta vez para visitar la isla más grande del continente y la cuarta más grande del mundo después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo (considerando Australia como un continente). Sí, lo habéis adivinado, viajaremos a ¡Madagascar! Esa isla tan famosa tanto por los preciados lémures, como por sus baobabs, por sus camaleones, y como no, por ser la isla del rey Julien XD.

En este viaje nos vuelve a acompañar mi hermana que de África solamente visitó (con nosotros también) Marruecos y Egipto. E igual que en la mayoría de viajes que hacemos, nuestra intención es visitar el máximo de parques naturales posibles y ver y disfrutar al máximo de la naturaleza y de la fauna local. Desde el principio teníamos en mente visitar la famosísima avenida de los baobabs, los parques de Analamazaotra, Isalo y Ranomafana y la reserva de Anja, ya que nuestro principal objetivo son los lémures, esos primates estrepsirrinos endémicos de esta isla.

Para poder llevar a cabo esta gran aventura hemos decidido contactar con una guía (itinerario libre con coche y conductor), ya que según nos han explicado los traslados por la isla pueden ser muy difíciles en transporte público, y, como disponemos de pocos días y grandes planes, hemos considerado que esta sería la mejor opción. Y bien, después de explicarle nuestras intenciones, nos dijo que era factible visitar todo lo que queríamos en nuestros limitados días. ¡Es más! nos recomendó dos reservas privadas: de Peyrieras y de Vakona (que aceptamos porque tenían buenas opiniones en internet, pero que esperamos que no sean un fiasco…), e incluso un par de días en la playa. Los días en la playa se hacen necesarios (aunque no sean una prioridad para nosotros) para una mejor logística al hacer el itinerario circular. De esta manera no perderemos tanto tiempo en los traslados, que ya nos ha informado que serán laaargoooss y tediosos.

Y, finalmente, así quedó perfilado el itinerario:

Logística del viaje

Como en las anteriores presentaciones ya incluía un párrafo dedicado a la logística del viaje, aquí está. Aunque en esta ocasión no puedo aportar mucha información más allá de que hay vuelos directos a Antananarivo desde París (por algo la isla fue colonia francesa…).

En cualquier caso, os dejaré más detalles de cada lugar en las crónicas. ¡No os las perdáis!

Y también en:

Y si sois de buen comer:

Descubriendo el Valle de Baliem

El Valle de Baliem, situado en la zona occidental de Irian Jaya (Papúa Occidental) y rodeado por picos de entre 2500 y 3000 m de altura, es el hogar de las etnias dani o ndani (en el centro), lani (en el oeste) y yali (en el suroeste) cuyos hombres se diferencian principalmente por la forma y el tamaño de la koteka (funda hecha de calabaza destinada a cubrir el pene): los primeros lucen una koteka larga y delgada, los segundos de tamaño medio, ancha y con forma de cañón, mientras que los últimos presumen de la más larga. La ciudad de Wamena, que se encuentra en el centro, es el principal punto de entrada al que se llega en un corto vuelo de una media hora desde la capital de la isla, Jayapura.

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Lxs dani, de complexión fuerte y piel oscura, viven del cultivo del ñame y del boniato. Las mujeres, siempre con matatas (noken) sujetas a la frente, son las que se encargan del cuidado de los huertos, de cocinar y de cuidar de lxs niñxs.

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Los poblados, rodeados de naturaleza, se conforman de unas pocas cabañas circulares de paja, llamadas hanoi, que normalmente pertenecen a unas pocas familias. Cada familia dispone de tres construcciones principales: una casa que sirve de cocina y que tiene una hoguera en medio; la casa de las mujeres, donde viven las mujeres y los niños menores de 10 años; y la casa de los hombres. Son polígamos y el estatus social se calcula en función del número de esposas y cerdos que un hombre posee. En el caso de que un hombre tenga varias mujeres, cada una tendrá una casa propia para ella y su descendencia.

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El trekking por el valle de Baliem discurre a través de las aldeas y cruzando frágiles puentes sobre tumultuosos ríos. Lxs más aventurerxs pueden hacer el trekking por libre. Para ello, es necesario disponer de un buen GPS o cualquier dispositivo offline que pueda indicar el camino y también puede resultar muy útil conocer bahasa indonesia (la lengua oficial de Indonesia) o de la lengua local para poder pedir indicaciones en caso de pérdida o para negociar el precio por dormir en sus casas. En caso que no os atreváis a ir por libre, como fue nuestro caso, tenéis dos opciones: contratar un tour con alguna agencia o negociar directamente con algún/a guía. Contratar guías se puede hacer perfectamente en Wamena e incluso lxs hay que ofrecen sus servicios a lo largo de la ruta de trekking (normalmente todxs seguimos el mismo trayecto), por lo tanto podéis contratarlxs más adelante si cambiáis de opinión. También se pueden contratar porteadorxs: gente que llevará todo lo necesario durante el trayecto. Tanto en el caso de lxs guías como de lxs porteadores, negociad siempre el precio con anterioridad y dejad claras las condiciones. No os olvidéis de llevar suficiente comida (aunque podréis encontrar pequeños puestecillos que venden fideos instantáneos y plátanos), potabilizador de agua (opcional, en caso que no sea posible hervir el agua), saco de dormir y esterilla, las botas de trekking, toalla de secado rápido, crema solar, batería externa, linterna o frontal, ropa cómoda, y demás cosas que consideréis importantes.

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Otros datos a tener en cuenta antes de empezar el trekking:

  • Lxs niñxs esperaran siempre caramelos (gula gula). Así que si queréis ganaros algunxs amigxs os recomiendo que compréis una buena cantidad. No estoy nada a favor de esta práctica, por eso llevamos material escolar (¡que al final encantó hasta a lxs mayores!), pero puede servir para romper el hielo. Lo peor de los caramelos es que les estropean los dientes y que lxs peques tiran los envoltorios al suelo, ensuciando así el entorno.
  • Lxs mayores os pedirán cigarros. Siempre que os encontréis gente por el camino o en los poblados os saludarán (pagi, pronunciado pagui, durante la mañana y sore por la tarde-noche) y os darán la bienvenida, pero luego esperaran tabaco (igual que lxs niñxs con los caramelos…). Otra práctica con la que no estoy de acuerdo. Finalmente nosotros no llevamos porque como no fumamos se nos olvidó comprar en Wamena… Aun así os aseguro que no nos ganamos ningún enemigo (y aunque no lo sepan, les hemos alargado un poco la vida jajaja).
  • Apenas se pueden ver ya mujeres con las tradicionales faldas de fibra vegetal (youngal) u hombres con koteka. Lxs únicxs que aún visten lo tradicional o bien son mayores, y toda la vida han vestido así, o bien lo hacen para las fotos. En cualquier caso, las fotos se pagan y el precio oscila entre los 10.000 y los 50.000 IDR por foto. No les gusta que les hagan fotos sin permiso.
  • La modernidad ha llegado ya a estos lares tan remotos: ya no utilizan herramientas de piedra sino palas y machetes de metal, y muchos hanoi tienen ya pequeñas placas solares.

botas

Dicho esto, nuestro trekking duró 4 días y el itinerario fue el siguiente:

Día 1: Wamena-Kurima-Kilise. 3 horas desde el río Yetni. Nivel medio-alto. Alojamiento en guesthouse local en Kilise.

Desde Wamena se accede en coche hasta el río Yetni, que hay que cruzar y caminar hasta Kurima, donde casi todas las rutas de senderismo comienzan. Kurima es una aldea grande que tiene además una comisaria donde hay que enseñar el surat jalan, para poneros un sello y entregar una copia.

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Desde aquí se comienza a subir por un camino empinado hasta Kilise, un pequeño poblado con unas vistas increíbles del valle. Casi todo el trayecto está en subida y resbala muchísimo por la lluvia (llovía todas las noches). Por el camino hay muros de piedra que hay que saltar. Estos muros normalmente delimitan los huertos.

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Las casitas del guesthouse

Día 2: Kilise-Syokosimo. 3 horas y media. Nivel alto. Noche en la casa del jefe del poblado de Syokosimo.

El trayecto empieza con una fuerte bajada hasta llegar al río y cruzando el puente más largo y más peligroso (según mi opinión) de todos. Los tablones son viejos y el puente está inclinado. El guía nos recomendó cogernos fuertemente a las cuerdas por si se rompe (¡qué yuyu!).

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Luego hay que subir hasta un pequeño poblado. Para seguir el trayecto hay que cruzar a través de los patios de las casas, saltando los respectivos muros de piedra. Le sigue un camino muy embarrado pero que ofrece estupendas vistas del valle de Mugi. Luego una fuerte bajada hasta el río para volver a cruzar un puente y avanzar siguiendo el curso del río hasta llegar al pueblo de Syokosimo.

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Nuestro anfitrión nos recibió con fruta, boniatos hervidos y hasta con un trozo de carne seca. Aquí sufrimos un ataque comercial, por decirlo así, ya que casi todos los miembros del pueblo montaron sus paraditas de souvenirs y nos incitaban a comprar. Siempre hay que regatear en cada compra y os dejaré un truquito: comprad siempre cuando solo hay una persona como mucho dos para conseguir una buena oferta, porque cuando se reúnen muchxs, habrá que negociar con todxs y no os bajarán apenas el precio.

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Una vez recogidas las paraditas, quedaron delante de la casa solamente las mujeres de la familia que estaban tejiendo sus cestos. A base de tirarme piedrecitas y riéndose (porque no nos entendíamos) me invitaron a sentarme con ellas y hasta me enseñaron tejer un noken. Fue un momento increíble.

Al estar el pueblo asentado al lado del río existe la posibilidad de darse un baño en sus aguas frías. Eso sí, olvidaros de tener intimidad ya que lxs niñxs os perseguirán a todas partes.

Día 3: Syokosimo-Ugem-Seima. 4 horas de trekking. Nivel medio. Noche en casa local.

Se sigue el curso del río, se cruzan dos puentes más (pero en mejor estado), otra subida fuerte y, pasado Ugem, el sendero se vuelve medianamente llano. Durante el trayecto hay bonitas vistas del valle hasta llegar a Seima.

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Aquí Xavi tuvo su momento al pasarse la tarde jugando con lxs niñxs. ¡Se lo pasó en grande! Un consejo: llevad una pelotita o algo para jugar para romper el hielo y pasar buenos momentos con lxs niñxs.

A pesar de los buenos momentos y de la experiencia vivida, aquí pillamos pulgas y acabamos con picadas por todo el cuerpo… Las pulseras antipulgas para perros que llevábamos puestas no sirvieron de nada…

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Día 4: Seima-Sogokmo-Wamena. 3 horas y media hasta Sogokmo. Nivel medio. Noche en Wamena.

Desde Seima a Sogokmo el trayecto no debería presentar mayor dificultad, pero había llovido toda la noche y el camino estaba muy embarrado y resbaladizo. Tras cruzar el último puente, en muy buen estado, y una última subida se llega a la carretera en Sogokmo, donde se toma el transporte hasta Wamena.

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Veréis que este último puente es sumamente nuevo, eso se debe a que lo renovaron después de que el antiguo puente cediera y un japonés se precipitara al río, según dicen, hace mucho tiempo. Al lado del puente se puede observar aún el pequeño homenaje que le hicieron.

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Después del trekking teníamos acordado con el guía ir a ver bailes tradicionales para introducirnos un poco también en la cultura de lxs dani, pero el guía nos fue pidiendo más dinero del acordado y finalmente, al no ceder, no se presentó y nos quedó un día libre. Como estábamos cansados del trekking y un tanto defraudados decidimos dedicar el último día en Wamena repasando la ropa y quitándonos de encima los polizones no deseados (¡encontramos 5!). A pesar de no poder hacer todo lo que teníamos planeado, nos quedamos con los buenos momentos pasados en los poblados, con lxs niñxs y las mujeres, y con las magníficas vistas. Y, finalmente, podemos decir con toda seguridad que nunca nos habíamos sentido tan observados como en este viaje.

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Y algunas recomendaciones extra:

  • ¡Id con una mentalidad abierta!
  • La dificultad física es media-alta, aunque depende mucho de si llueve o no, ya que con la lluvia hay tramos que se vuelven impracticables.
  • Aunque de día hace bastante calor, por la noche las temperaturas bajan considerablemente.
  • Si vuestra intención es dormir en casas locales, llevad una buena protección contra las pulgas o sufriréis las consecuencias.
  • Mosquitos no hay, pero os perseguirán hordas de moscas.
  • Las duchas serán en el río.
  • El váter será un agujero en el suelo, normalmente situado sobre una plataforma. Tirar la cadena significa tirar cazos de agua.

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Lujoso váter en algún lugar del valle de Baliem…

Jayapura y Danau Sentani

Papúa Occidental o Irian Jaya constituye la mayor y la más inhóspita provincia de Indonesia que cuenta con un paisaje diverso, una biodiversidad rica y pueblos indígenas poco conocidos. Su territorio varía desde llanuras pantanosas en la zona costera, pasando por sabanas e inaccesibles bosques hasta picos nevados. La fauna y la flora están relacionadas con las de Australia y el 60% son endémicas de la isla, siendo las aves del paraíso el principal reclamo. Aunque aquí viven más de 250 grupos étnicos, lxs kombai, lxs korowai, lxs dani, lxs lani y lxs asmat son los más conocidos. Todxs ellxs tienen un origen melanesio y sus rasgos físicos son más semblantes a lxs indígenas australianxs que no a lxs javaneses.

Jayapura es la capital de Papúa Occidental y la ciudad más grande. Durante la ocupación holandesa recibía el nombre de Hollandia, nombre que cambió a Kota Baru y después a Sukarnopura durante la presidencia de Sukarno. Finalmente, el año 1968 acabó llamándose Jayapura que en sánscrito significa “Ciudad de la Victoria”. Podemos decir que esta capital es una ciudad caótica como cualquier otra ciudad indonesia, aunque lo que más nos ha sorprendido es ver que la mayoría de puestos de trabajo «visibles» (personal de los hoteles, tiendas, comisarias) no los ocupan papuanxs.

Dicho esto, si llegáis a pasar al menos un día en la capital papuana, como en nuestro caso, aquí os dejamos algunas recomendaciones para visitar. Recorrimos la zona en coche con conductor, que en nuestra opinión, es la mejor manera para verlo todo en tan poco tiempo.

Danau Sentani (lago Sentani)

Visitar el lago Sentani, un gran lago de agua dulce que se encuentra a unos 30 minutos de la capital, y sus pueblos construidos sobre el mar, a los que se puede llegar en barca. El lago es de una belleza sorprendente, rodeado de pequeños poblados y de pequeñas montañas llenas de vegetación. Podéis perfectamente pasar una mañana aquí.

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También os recomendamos que subáis a algunas de las montañas que lo rodea para disfrutar de unas vistas espectaculares mientras os tomáis un coco.

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Museo de Antropología

Otra recomendación es visitar el museo de Antropología (Museum Loka Budaya). Se encuentra en el campus de la Universidad Cenderawasih de Jayapura y la entrada vale 10.000 IDR por persona. Se pueden hacer fotos pagando 20.000 IDR más. Se trata de un pequeño museo que reúne principalmente objetos rituales de la tribu asmat que pertenecían a Michael Rockefeller, justo antes de morir. Está colección asmat fue ampliada con otros artefactos korowais, de lxs habitantes del valle de Baliem y hasta algunas máscaras de tribus de Papúa Nueva Guinea. Nos pareció muy interesante ya que muestra un rica cultura tribal que desconocíamos.

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Mercado de Hamadi

Un gran mercado de alimentos y otros productos, pero que tiene también un apartado de tiendas de artesanía y objetos de anticuario (lanzas, máscaras, figuras, etc.). Un lugar interesante del que, tras regatear, os podréis llevar estupendos souvenirs.

Parque Nacional de Tangkoko (Sulawesi)

El Parque Nacional de Tangkoko está situado al norte de Sulawesi en la provincia de Sulawesi Septentrional, cuenta con unas 8800 hectáreas de selva y es el hogar de centenares de especies animales, de las cuales la mitad son endémicas. Aún así, este parque es conocido por ser el hogar de los tarseros, unos de los primates más pequeños del mundo (junto al tití pigmeo y al lémur ratón) y de los macacos negros crestados, endémicos del norte de Sulawesi, aunque, con suerte, también se pueden ver osos cuscús, cálaos, babirusas, víboras verdes, etc. Para acceder, es obligatorio contar con la compañía de un/a guía, y dado que los hábitos de estos dos primates son totalmente opuestos, se recomienda hacer dos tours: uno a primera hora de la mañana y otro a última hora de la tarde, pero nosotros preferimos hacer un tour de medio día (desde las 14:00 hasta las 19:00). Para llegar hasta aquí hay que volar hasta Manado y hacer noche en algún pueblo de alrededor del parque. Para ello nosotros elegimos el pueblo de Bitung.

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Una vez en el parque, se compra la entrada y se asigna un/a guía a cada grupo. Normalmente los grupos no son superiores a cinco personas. Como éramos tres, nos asignaron un guía para nosotros solos. Antes de empezar el guía nos recomendó que nos embadurnáramos bien los tobillos con antimosquitos y a las 14:00 horas ya estábamos recorriendo el camino en busca de los cuatro principales atractivos: los macacos negros crestados, los cuscús, los cálaos y, por supuesto, los tarseros.

A los primeros que nos encontramos fueron a los macacos negros crestados (Macaca nigra). Este primate está en peligro crítico de extinción (tanto debido a la pérdida de su hábitat como a su caza para comer) y es una de las especies más pequeñas de macaco. Es principalmente terrestre, diurno y frugívoro (se alimenta de fruta) y vive en grandes grupos. Son muy pacíficos y permiten nuestra presencia, aunque se sobresaltan y huyen al menor movimiento brusco. Estuvimos siguiéndoles y estando con ellos un rato antes de volver a la marcha.

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Los siguientes en aparecer fueron los osos cuscús de Célebes (Ailurops ursinus). Ésta especie en particular es endémica de Sulawesi. Los cuscús son marsupiales arbóreos, diurnos, folívoros (se alimentan de hojas y brotes tiernos) y normalmente se les puede ver en parejas. Pasan largos ratos descansando para poder hacer la digestión y se mueven muy lentamente. Son vulnerables a la pérdida de hábitat y su número disminuye debido a la caza para comer y al tráfico de animales.

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A continuación fuimos a un nido de cálaos grandes de Célebes (Rhyticeros cassidix), también endémicos de la isla, y esperamos sentados para que el macho volviera a alimentar a la hembra. La hembra, después de construir el nido en el tronco del árbol, cierra el hueco de entrada para evitar así a los depredadores, dejando solamente un pequeño agujero por el que el macho le pueda pasar bayas y fruta. Normalmente incuba un huevo como mucho dos. Cuando la cría ya es mayor y puede emprender el vuelo, rompen el relleno.

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Durante el resto del trayecto vimos más pájaros, como unos pequeños búhos, los principales depredadores del tarsero, diferentes especies de martín pescador y algunos insectos.

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A última hora de la tarde nos encontramos, por fin, con los tarseros. El tarsero (primate tarsiforme) es nocturno, arbóreo e insectívoro (se alimenta principalmente de insectos: escorpiones, arañas, pequeños vertebrados…) y tiene un tamaño de unos 10-15 centímetros y unos ojos enormes. Los tarseros que viven en Sulawesi pertenecen a la especie Tarsius tarsier o tarsero espectral o fantasma. Su hábitat se ha visto muy amenazado y se restringe a algunas zonas del Sudeste asiático (Indonesia (Sulawesi, islas Togian), Malasia (Borneo) y Filipinas) y, además, no pueden vivir en cautividad, llegando hasta a suicidarse a causa del estrés que les provoca el cautiverio. Viven en pequeñas familias formadas por una pareja monógama y su descendencia, siempre en un territorio fijo. Lxs guías conocen de antemano en qué arboles habita una familia y te llevan directamente, por lo que verlos está casi garantizado. En nuestro caso, la pareja de tarseros decidió cambiar de casa, seguramente debido a la presencia de algún depredador, y nos la encontramos en un árbol lejos de su anterior casa. Fue increíble poder verlo. Pero aquí, como siempre, pasó lo peor de todo: una cantidad enorme de turistas se amontonó alrededor del árbol, y no contentos, empezaron a hacerle fotos con flash. Nos quejamos al guía, dado que el pequeño primate es nocturno y le molesta la luz, pero ni lxs guías insistieron ni los demás hicieron caso. Por favor, si visitáis este parque y queréis ver al diminuto tarsero, ¡no uséis flash! Conservar la naturaleza y a los animales no implica solamente conservar su territorio, sino también tratarlos con respeto.

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Después fuimos a la playa para esperar a que anocheciera para ver la salida de la tarántula, antes de dar por finalizado nuestro trekking por este impresionante parque.

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Lo interesante de las tarántulas de Tangkoko es que viven en los troncos de los árboles y no en agujeros en el suelo como viven las tarántulas que vimos en Kalimantan o en Costa Rica.

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Y aquí os dejo algunas recomendaciones:

  • Llevad ropa cómoda, de colores claros y secado rápido.
  • Un chubasquero no viene nada mal.
  • Durante el trekking llevad camisetas de manga larga y los pantalones metidos en los calcetines para evitar así las hormigas o las sanguijuelas. Al Xavi se le enganchó una sanguijuela en Sumatra y tardó unos cuantos meses en currársele la herida…
  • Un buen repelente antimosquitos.
  • No os dejéis: bolso impermeable, cantimplora, prismáticos, linternas…