Shogatsu o celebración de Año Nuevo: Nichinan, Aoshima y Miyazaki

La celebración de Año Nuevo en Japón se conoce como shogatsu y reúne una serie de rituales que se llevan a cabo durante los primeros días del año. Uno de los más conocido es hatsumode, que consiste en la primera visita a un santuario realizada entre los días 1 y 4 de enero. Estos días son festivos para que las familias se puedan reunir y acudir a los santuarios para pedir salud, trabajo o buena fortuna. A pesar de las larguísimas colas que se forman, el ambiente es festivo: puestos de comida, muchos amuletos que comprar y predicciones (omikuji) que consultar. Los deseos se piden frente al edificio principal, tras lanzar una moneda en la caja de ofrendas (saisenbako), realizar una reverencia, dar dos palmadas y volver a hacer una reverencia. También es costumbre rellenar tablillas ema con deseos.

Entre los amuletos más comunes destacan los omamori, que se pueden comprar durante todo el año, y la hamaya, una flecha simbólica de protección contra la mala suerte y los malos espíritus, que únicamente se vende en estas fechas. Además, se suelen devolver los amuletos del año anterior, para cerrar un ciclo y empezar uno nuevo con energías renovadas. Los amuletos antiguos se queman en el ritual dondo-yaki durante las dos primeras semanas de enero ya que de esta manera los buenos deseos llegan al cielo. También se cree que, si el humo asciende de manera firme y recta, el nuevo año traerá buena fortuna. Con este acto se concluye el shogatsu.

Siguiendo la tradición japonesa, dedicamos los dos primeros días a visitar santuarios. Empezamos en Nichinan (donde habíamos despedido el año) visitando los santuarios Gion y Udo-Jingu, y seguimos hacía Aoshima y Miyazaki para visitar también sendos santuarios. Gion Shrine es un pequeño santuario enclavado en una cueva natural cerca de la playa de Umegahama. Fue fundado en 1924 y es afiliado al Santuario Yasaka de Kioto. Consagra a Susanoo-no-Mikoto, dios de las tormentas y el mar.

Udo-Jingu es uno de los santuarios principales de Kyushu y también está dentro una cueva en un acantilado frente al océano Pacífico. Data de 1711 y está dedicado a Ugayafukiaezu, bisnieto de Amaterasu y padre de Jinmu, uno de los emperadores fundadores de Japón, consagrado en el Santuario de Miyazaki. Se cree que beber el agua de las paredes de la cueva concede fertilidad y ayuda a producir leche tras el parto.

Una actividad que se puede realizar en este santuario es lanzar undama, unas pequeñas bolas hechas de arcilla, dentro de una cuerda colocada sobre una roca que recibe el nombre de Kameishi o roca de la tortuga. Los hombres las deben lanzar con la mano izquierda mientras que las mujeres con la derecha. Si la bola alcanza la pequeña piscina situada dentro de la cuerda, el deseo se cumplirá.

El Santuario de Miyazaki (Miyazaki Jingu) es el santuario más importante y antiguo de la ciudad, ya que se cree que fue fundado hace 2600 años. Consagra al emperador Jinmu y es conocido por ofrecer felicidad en el matrimonio y protección durante el embarazo y el parto. Aquí aprovechamos para leer nuestras predicciones para este año. En nuestro caso, las predicciones fueron positivas, pero si no lo fueran, éstas se atan en un soporte en el santuario para dejar atrás el mal augurio.

En un lateral del parque se encuentra Gojo Inari Shrine, un pequeño santuario al que se accede por un caminito de torii rojos.

El Santuario de Aoshima (Aoshima Shrine) está situado en la pequeña isla homónima con una circunferencia de tan solo 1,5 km a la que se accede a través de un puente. Está rodeada por una superficie rocosa denominada Tabla de Lavar del Diablo fruto de la erosión geológica, a la que se le atribuyen poderes místicos. El santuario es conocido por ofrecer bendiciones para el matrimonio y, por ello, es común que las parejas dejen tablillas de madera ema con sus deseos.

En ese santuario también se puede realizar una actividad llamada “lanzar el cuenco celestial”, que consiste en arrojar un cuenco sin esmaltar conocido como kawarake. Este ritual se lleva a cabo en Kitamiya, un lugar considerado sagrado desde el período Yayoi porque allí se encontraron fragmentos de cerámica rota de esa época. El procedimiento es sencillo: primero se hacen dos reverencias, se pide un deseo y luego se lanza el cuenco hacia Ikawuni, el punto central marcado por una cuerda. Si el cuenco cae dentro y se rompe, se cree que el deseo se cumplirá.

Visitar estos santuarios nos permitió adentrarnos en la tradición y espiritualidad japonesa: cada rincón, cada ceremonia y cada deseo nos recordó la importancia de conectar con lo sagrado y la naturaleza. Nos llevamos no solo recuerdos imborrables y amuletos de la suerte, sino también la sensación de haber formado parte, aunque sea por un instante, de una cultura fascinante y profunda.

Omisoka o la despedida del año en Obi (Nichinan)

Despedimos el año 2025 en Obi, un antiguo pueblo samurai que actualmente pertenece a la ciudad de Nichinan (prefectura de Miyazaki). Su historia se remonta al período Nanbokucho (1336-1392) cuando el clan Tsuchimochi fundó un castillo en este lugar. Adquirió importancia cuando el clan Shimazu fortificó el recinto para poder defenderse del clan Ito, quién salió vencedor en 1567. En 1572 el clan Shimazu recuperó el territorio y lo mantuvo hasta 1587 cuando el clan Ito, aliado de Toyotomi Hideyoshi, lo recuperó como recompensa por su lealtad. Y desde entonces, su historia fue ligada al clan Ito hasta la restauración Meiji (1868-1912). La ciudadela de Obi contaba por ese entonces con una extensión de terreno de 51.000 koku, casi nada si lo comparamos con el dominio de Sendai. Kokudaka se refiere al sistema de medir la riqueza de un territorio teniendo en cuenta su producción de arroz utilizado durante el período Edo (1603-1868). Por ende, un koku equivaldría a un peso de 150 kg de arroz (o un volumen de 180 litros).

El castillo de Obi forma parte de los 100 castillos notables de Japón, junto a otros que visitamos durante nuestros viajes: castillo de Hirosaki, castillo de Morioka, castillo de Sendai, castillo Kubota en Akita, castillo de Yamagata, castillo de Kumamoto, castillo Nijo en Kyoto, o el castillo de Osaka. Actualmente se pueden visitar la puerta Otemon reconstruida en 1978, el Museo Histórico donde se exhiben armaduras y armas samurái, Matsuo-no-Maru, una réplica de la residencia de la mujer del daimio del clan Ito, o la residencia Yoshokan, construida en 1869 y famosa por su jardín japonés. Sin embargo, entre 28 y 31 de diciembre todos estos edificios permanecen cerrados. Lo que sí se pueden visitar son el parque del castillo con sus muros de piedra cubiertos de musgo, el foso y la ciudad samurái que creció alrededor y que aún se conserva. A menudo nombrada como la Kioto de Kuyshu, pasear por sus calles es como retroceder en el tiempo al período Edo. En 1977 se designó como uno de los Distritos de Preservación de Conjuntos de Edificios Históricos.

La celebración de Año Nuevo en Japón no tiene nada que ver con lo que se vive en España o en Europa. El año no se despide con fiestas ni fuegos artificiales, sino con una serie de ceremonias y rituales cargados de simbolismo. Un ejemplo de estos símbolos son los adornos kadomatsu (pino y bambú) y shimekazari (cuerdas de arroz) o las ofrendas kagamimochi (mochi redondos). Kadomatsu es un adorno formado por tres elementos: cañas de bambú, ramas de pino y ramas de ciruelo que representan la fortaleza, la longevidad y la prosperidad. Van en pares, colocados a la entrada para dar la bienvenida a los dioses (kami). Estos se colocan entre el 26 y el 28 de diciembre y se retiran el 7 de enero. De manera similar, shimekazari es un adorno que cuelga sobre la puerta de la entrada y cuya finalidad es proteger contra la mala suerte y preparar el hogar para recibir al dios del año nuevo, Toshigami. Este adorno está hecho de cuerda de paja de arroz (shimenawa), origami y cítricos. Por otro lado, kagamimochi consta de dos pasteles de arroz apilados uno encima de otro coronados con una naranja daidai y que es una ofrenda común en estas fechas en los santuarios. También es costumbre tener un kagamimochi (símbolo de la continuidad familiar y la buena fortuna) en el altar sintoísta dentro de casa. El día 11 de enero se celebra kagami biraki o la ceremonia de romper el mochi. Estos mochis no se pueden cortar con el cuchillo (mal augurio) sino que se rompen con las manos o con un pequeño mazo y los trozos se cocinan en sopa (ozoni).

Japón celebra omisoka, la despedida del año, el 31 de diciembre desde que adoptó el calendario gregoriano en 1873. Durante esta noche es común cenar toshikoshi soba (fideos de año nuevo) y visitar los templos para escuchar las 108 campanadas (Joya no Kane). Según la tradición budista, 108 son los deseos, preocupaciones o tentaciones que el ser humano puede tener (que nos recordaron a las 108 postraciones que hicimos en el templo budista de Corea del Sur). Al hacer sonar la campana 108 veces, se limpian los pecados del año previo para poder empezar el nuevo año con el alma purificada y la mente en calma. Le siguen hatsuhinode, el primer amanecer del año y hatsumode, la primera visita a los santuarios del año, que nosotros también cumplimos. Sin embargo, en Japón hay muchas más costumbres relacionadas con el Año Nuevo como kakizome o el primer escrito del año (2 de enero) que consiste en escribir el propósito o el deseo para el nuevo año; asaburo o el primer baño del año (2 de enero) generalmente en aguas termales; o hatsuyume o el primer sueño del año (la noche del 1 al 2 de enero) que indica cómo irá el próximo año. Según el simbolismo tradicional, los tres sueños más auspiciosos (ichi Fuji, ni Taka, san Nasubi) son: estar en la cima del monte Fuji, que representa alcanzar elevados logros; soñar con halcones (Taka), símbolo de éxito en la consecución de objetivos; y soñar con berenjenas (Nasubi), asociado a alcanzar el éxito debido a su similitud fonética.  

Pasar la nochevieja en Obi fue una experiencia única, ya que a diferencia de España y otros países, en Japón el año se despide en familia, con calma y espiritualidad. Aquí sentimos la magia de empezar un nuevo ciclo rodeados de simbolos y buenos deseos y ahora Obi tiene un lugar en nuestro corazón. Y allí, lejos de casa, nuestro mayor deseo fue poder descubrir nuevos destinos que nos llenen el alma de experiencias auténticas, permitiéndonos aprender de culturas distintas y ampliar nuestra visión del mundo. Que cada viaje nos acerque a personas especiales, nos regale momentos de paz y nos inspire a seguir explorando con curiosidad y respeto. ¡Ojalá podamos seguir sumando recuerdos inolvidables por el camino y disfrutar de la magia de cada nuevo lugar!