El primer contacto con la Ruta de la Seda

Urumqi es la capital de la provincia de Xinjiang (Sinkiang en castellano) y la ciudad más grande de la mitad occidental de China. También ostenta el récord de ser la ciudad más alejada del mar del mundo, con una distancia de 2.500 km. Aunque antiguamente la etnia mayoritaria de Urumqi eran los uigures, actualmente, debido a la gran migración de chinos han, los uigures son una minoría. Junto a Turpán, Urumqi fue un punto destacado de la Ruta de la Seda y por esta razón, fue el primer destino de nuestro corto periplo por esta antigua ruta.

Nuestra intención inicial era, nada más llegar a Urumqi, visitar el Museo de Xinjiang. Para ello habíamos elegido un hotel que estuviera cerca de alguna parada metro, para poder llegar fácilmente desde el aeropuerto, y cerca del museo, para que, una vez dejadas las maletas, nos pudiéramos dirigir rápidamente a éste. Sin embargo, nuestro vuelo de Shanghai con destino a Urumqi salió con un retraso de 5 h, a lo que le tuvimos que sumar las 5 h y poco del vuelo… por lo que nuestro plan perfectamente pensado se había ido al traste… Desde el aeropuerto se accede fácilmente al metro, lo único que en China acceder al metro nunca es sencillo y en Urumqi menos, ya que a la entrada al metro nos encontramos con unos controles de seguridad exhaustivos. Tras pasar las maletas por el escáner y nosotros por el detector de metales, nos hicieron un chequeo corporal y nos escanearon las caras en las máquinas. Después nos pidieron los pasaportes e hicieron fotos tanto de la página con los datos como de la página con el sello de entrada y por fin pudimos bajar al metro… Llegamos al hotel ya casi de noche, pero decidimos igualmente salir a dar una vuelta y a cenar algo. Para nuestra suerte, la ciudad está bastante animada por la noche y hay multitud de puestecillos de comida y de gente vendiendo fruta. Por la noche en Urumqi refresca bastante.

Al día siguiente seguimos con nuestro plan y nos dirigimos a la antigua ciudad de Gaochang (traducida como Ciudad del Rey). Esta ciudad situada a unos 45 km de Turpán, fue un importante centro político, económico y cultural en la antigua Ruta de la Seda. Fue construida durante la dinastía Han como guarnición fronteriza, convirtiéndose, posteriormente, en la capital del reino de Gaochang durante el siglo II aC. En el año 640 quedó bajo el control de la dinastía Tang convirtiéndose de nuevo en ciudad guarnición de la región de Xizhou. A partir del siglo IX fue la capital del reino uigur de Kharakhoja, bajo el nombre de Dukhu (ciudad real), hasta que, finalmente, la ciudad fue destruida por los mongoles en el siglo XIV y abandonada desde entonces. Actualmente, de la gran ciudad que cubría un área de 200 hectáreas, solamente queda parte de la muralla y las estructuras de algunos edificios, como ruinas de casas, templos budistas y fragmentos del complejo palaciego.  

Una vez comprada la entrada, se accede a un pequeño recinto con estatuas de las figuras más importantes de Gaochang y una pequeña sala con paneles con información sobre la historia del sitio, de la Ruta de Seda y de las diferentes religiones del lugar. Desde aquí, se puede pasar a las ruinas de la ciudad. Se puede visitar a pie perfectamente, pero dadas las dimensiones del recinto hay a disposición de los visitantes unos coches parecidos a los carros de golf con varios asientos que hacen paradas en los puntos más importantes. Dado que hacía un sol de justicia y muchísima calor, decidimos subir a uno de estos coches. Tuvimos que esperar un rato, para que un grupo de malayos jubilados también subieran con nosotros y aprovechar el trayecto. No había nadie más, excepto nosotros y los malayos, en todo el recinto.

Lo que se puede visitar son la Ciudad Exterior (fuera de las murallas), la Ciudad Interior (dentro de las murallas) y la Ciudad del Palacio. Si cogéis el coche, éste os llevará a los puntos de interés y esperará para ir al siguiente. El conductor no da ningún tipo de información, o sea, no hace de guía. Si queréis verlo todo con tranquilidad, lo podéis hacer caminando, pero tenéis que estar preparados porque es un área muy grande y hace mucha calor. No se puede salir de los caminos de adoquines o de madera por razones de conservación. No hay que olvidarse que la ciudad entera está construida de adobe, un material muy débil en comparación con la piedra u otros materiales, y también muy susceptible de erosionarse con las lluvias, el sol o las pisadas continuadas.

La ciudad estaba protegida por una muralla de unos 11 metros de altura y tenía 9 puertas de entrada. La principal religión de la ciudad fue el budismo y, por esta razón, entre los restos que se pueden visitar hay dos templos, uno más pequeño y uno más grande que consiste en una sala principal, dormitorios de los monjes, una sala de lectura y una biblioteca. Antiguamente la ciudad contaba con muchos más templos budistas capaces de albergar hasta 3000 monjes. Durante el reino de Kharakhoja el budismo entró en declive, dando lugar al maniqueísmo y al cristianismo siríaco. El islam se impuso poco antes de que Gaochang quedara finalmente abandonada. Actualmente, Gaochang está inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como una de las pocas ciudades antiguas de adobe que quedan.

Nuestra siguiente parada fueron las tumbas de Astana. La historia de estas tumbas está ligada a la ciudad de Gaochang, ya que aquí fueron enterrados los habitantes de Gaochang, tanto gobernantes como nobles o campesinos, desde la dinastía Jin occidental hasta la dinastía Tang. Aunque en el cementerio hay alrededor de 1000 tumbas de las cuales unas 500 han sido excavadas, solamente 3 están abiertas y se pueden visitar. Nada más accediendo al recinto, hay un parque con esculturas del zodíaco chino que conducen hasta una escultura de Nuwa y Fuxi, dioses considerados como los antepasados de la nación china. Al final de camino se puede subir a la torre del tambor desde donde se puede observar la magnitud del cementerio, así como el cementerio uigur que queda separado por un muro.

Recinto de las tumbas uigures

Para visitar las 3 tumbas, hay que cruzar la puerta que está a mano derecha tal como se entra. La verdad es que no parece un sitio demasiado turístico, por lo menos, cuando nosotros fuimos, no había nadie más… Aunque lo cierto es que más allá del valor histórico que las tumbas puedan tener, no se puede ver mucho… Muchos de los objetos encontrados en las tumbas como momias, esculturas, pinturas, figurillas o cerámica fueron llevadas al Museo de Turpán o al Museo de Xinjiang. Algunos de estos objetos, sin embargo, se exponen también en el pequeño museo del recinto.

Nuwa y Fuxi

Volviendo a las tumbas, su forma es parecida al carácter chino «甲» con un acceso en pendiente de unos 10 metros de largo. Tiene forma de cueva con una altura interior de unos 2 metros y una anchura y longitud de unos 4 metros. Los difuntos solían estar colocados sobre una cama de ladrillo o de madera en la parte posterior de la tumba. En las pequeñas salas laterales se guardaban documentos, pinturas, estatuillas de arcilla, cerámica, telas de seda e incluso oro o monedas antiguas. También se enterraban alimentos como frutas o fideos, para que el difunto tuviera comida en el inframundo. Sin embargo, en las tumbas abiertas al publico solamente se pueden ver las pinturas que cubrían las paredes, de motivos florales y animales, mientras que las salas laterales están vacías.

Debido al clima seco y cálido, con muy pocas precipitaciones anuales, los cadáveres y los objetos enterrado en las tumbas se han conservado en perfecto estado. Los cuerpos se han ido momificando de manera natural, por lo que algunos incluso mantienen las pestañas y los globos oculares. Se calcula que el 80% de los cuerpos enterrados en las tumbas de Astana están momificados. En una de las tres tumbas que se pueden visitar, se conservan dos momias, una de una mujer y una de un hombre, protegidos por vitrinas de cristal. Si os da reparo ver las momias, os recomiendo que no entréis en la última tumba.

Nuestro último destino fueron las cuevas de Bezeklik (el nombre proviene del uigur y significa ladera) situadas en una garganta de las montañas Flameantes. Las Cuevas de los mil Budas de Bezeklik, como se las conoce, son un conjunto de cuevas talladas en roca que forman parte de un antiguo monasterio budista. Este conjunto está formado por 77 cuevas, sin embargo, solamente 40 presentan frescos, y de estas 40, solamente 6 están abiertas al público. Su construcción se inició durante las dinastías Meridionales y Septentrionales en el siglo V y continuó durante las dinastías Tang, las Cinco Dinastías, la dinastía Song y la dinastía Yuan, hasta el siglo XIII cuando el budismo perdió fuerza y las cuevas quedaron abandonadas. Este complejo de cuevas fue el monasterio real del Reino de Gaochang.

Aquí de nuevo fuimos los únicos visitantes. No se pueden hacer fotos en el interior de las cuevas por motivos de conservación. Por esta razón, cada cueva cuenta con un vigilante. Las 6 cuevas que se pueden visitar corresponden a distintas épocas, lo que permite observar la evolución de las figuras. Aunque en su interior hay estatuas de Buda, las paredes están cubiertas principalmente por frescos coloridos que representan fragmentos budistas. Sin embargo, estos frescos se encuentran en bastante mal estado debido tanto a razones climáticas como a los saqueos y destrucciones que sufrieron a lo largo de la historia. Estás cuevas fueron descubiertas por Von Le Coq en 1905 y éste fue el primero en llevarse frescos y esculturas.

En los alrededores del recinto de las cuevas se pueden realizar actividades o, simplemente disfrutar de unas bonitas vistas de las montañas Flameantes. Estas montañas de arenisca roja se encuentran cerca del borde norte del desierto de Taklamankan y al este de la ciudad de Turpán y tienen una longitud de unos 100 km y una altura media de unos 500 m, con picos de hasta 800 m. Es uno de los lugares más calurosos de China, por lo que su nombre se debe tanto al color (parecido al fuego) como a las altas temperaturas.

Estas montañas fueron el centro de una novela titulada Viaje al Oeste escrita por Wu Cheng’en, escritor de la dinastía Ming, que relata el trayecto de un monje budista llamado Tang Seng, inspirado por el monje Xuan Zang que viajó a la India para obtener escrituras budistas el año 627.

Escultura de Xuan Zhang

Según se relata en la novela, Tang Seng y sus 3 discípulos, tras salir de Gaochang, se encontraron con las montañas en llamas por lo que si querían cruzarlas debían pedir prestado un abanico de hojas de plátano a la Princesa del Abanico de Hierro. Uno de los discípulos, Sun Wukong (o el rey Mono), fue el encargado de pedir prestado el abanico, sin embargo, la princesa, quien era la esposa del Rey Toro Demonio, se negó a prestarle su abanico. Por esta razón, Sun Wukong tomó una píldora que lo transformó en insecto y se introdujo en la barriga de la princesa cuando ésta estaba bebiendo té. Debido al fuerte dolor de estómago provocado, la princesa accedió a prestarle el abanico, sin embargo, el abanico resultó ser falso. Entonces Sun Wukong se convirtió en el Rey Toro Demonio para engañarla y esta vez sí lo consiguió. Pero el rey volvió a casa y descubrieron el engaño. Tras pelear los tres discípulos contra el rey, consiguieron derrotarlo y pudieron al fin usar el abanico de hojas plátano para apagar el fuego, y seguir con su trayecto al oeste para conseguir el libro sagrado del budismo.

Por otro lado, según el folclore uigur, en las profundidades de la montaña vivía un dragón malvado que fue derrotado por un héroe que enfrentó al dragón y lo cortó en 8 trozos. La sangre del dragón tiñó la montaña de rojo y los 8 trozos se convirtieron en los 8 valles de las montañas Flameantes.

Y tras está incursión en la historia de la Ruta de la Seda, volvimos a nuestro hotel en Urumqi y nos preparamos para volar a Xi’an a la mañana siguiente.

Los pueblos del agua: Suzhou y Zhouzhuang

Los pueblos del agua. Así es como se les conoce a los pueblos antiguos alrededor de Shanghai construidos sobre canales y que te transportan directamente a una época pasada. De todos los pueblos que se pueden visitar nosotros nos decantamos por la famosísima ciudad de Suzhou y por la hermosa Zhouzhuang, dedicándoles un día a cada una de ellas.

Un día en Suzhou

Aunque Suzhou vista en fotos parece un idílico pueblo antiguo chino, lo cierto es que se trata de una gran urbe de unos 8800 km2 de superficie divididos en 7 distritos y de casi 13 millones de habitantes asentada a las orillas del lago Tai. El casco antiguo es solamente una parte de esta gran ciudad cuyos inicios se remontan a hace 2500 años y que presume de haber formado parte de la extensa Ruta de la Seda, gracias justamente a la fabricación de la seda. Su reputación se debe a sus exquisitos jardines, magníficos canales, puentes de piedra y pagodas.

Nuestra primera parada en Suzhou fue el famoso Jardin del Administrador Humilde. En verdad, no es único jardín que se puede visitar en Suzhou. En el pasado, Suzhou presumía de tener 400 jardines, aunque de estos hoy en día se conservan 80 y solamente 10 están abiertos al público. La mayoría de estos jardines se construyeron durante las dinastías Ming y Qing, sin embargo, muchos fueron destruidos durante la rebelión Taiping (1860) y posteriormente, durante la invasión japonesa (1938). De los jardines abiertos, el Jardín del Administrador Humilde es el más extenso con una superficie de 12 hectáreas y es considerado como uno de los jardines más bellos de China. Fue construido durante la dinastía Ming por encargo de un magistrado jubilado y es un jardín precioso lleno de rincones, estanques y puentes, calles y laberintos que invitan a pasear y disfrutar.

Tras visitar los jardines, paseamos por la calle Pinjiang, la calle peatonal más famosa, y aprovechamos para comer. Después dimos un paseo en barco por los canales. Los barcos se cogen desde unos pequeños embarcaderos (tras comprar el billete) y el paseo tiene una duración de una media hora. En nuestro pequeño barco de madera subimos 6 adultos y 2 niños. Estos barcos se guían por el canal con un solo remo y normalmente son señoras mayores las que los llevan. Estas señoras aprovechan la oportunidad de cantar canciones tradicionales de Suzhou a cambio de un pequeño pago. Por lo que si subís a un barco y la abuela os canta, tened en cuenta que al final del trayecto os pasará el código QR para hacerle el pequeño pago correspondiente. Aun así, el paseo en barco es una oportunidad magnífica de disfrutar de una visión distinta de las casas tradicionales, de los canales y de los numerosos puentes de piedra que los cruza. Y escuchar de paso alguna canción tradicional intensifica su encanto.

Desde aquí nos dirigimos al templo Xiyuan ya que nos habían comentado que es un templo en el que hay muchos gatos y que la gente acostumbra a darles de comer. No había tantos gatos como nos imaginábamos, sin embargo, descubrimos un hermoso templo con unos preciosos jardines por los que pasear, así que valió la pena la visita.

El templo fue construido durante la dinastía Yuan, aunque durante la dinastía Ming fue destruido y convertido en un jardín. Durante la Rebelión Taiping fue nuevamente destruido y reconstruido durante la dinastía Qing. Actualmente es uno de los templos más importantes de la ciudad.

Finalizamos nuestro día a las orillas del lago Tai, dando un agradable paseo y disfrutando del skylines de Suzhou. Quién hubiera dicho que en un día pasaríamos de estar disfrutando de un pueblo chino antiguo y que, antes de finalizar el día, seguiríamos en el mismo pueblo, pero con unas vistas totalmente distintas…

Un día en Zhouzhuang

Zhouzhuang fue el primer pueblo del agua de China y fue declarado pueblo histórico y cultural en 2003 y Patrimonio Mundial por la Unesco un año después. Con una historia de más de 900 años, igual que Suzhou, fue un puerto dedicado al comercio de la seda. Una ciudad moderna ha ido creciendo alrededor del casco antiguo de Zhouzhuang, sin embargo, a diferencia del casco antiguo de Suzhou, éste está cerrado y hay que pagar entrada. Con la entrada se permite el acceso durante 3 días consecutivos tanto al centro histórico como a las casas antiguas convertidas en museos. Además, en su interior también se puede visitar un pequeño santuario taoísta de la dinastía Song.

Se puede recorrer a pie o en barco. Por lo que igual que en Suzhou, repetimos la experiencia de dar un paseo por sus canales. En Zhouzhuang, para nuestra suerte no nos encontramos con apenas gente, se podría decir que prácticamente tuvimos el pueblo para nosotros, por lo que esta vez, el paseo en barco fue solo para nosotros dos. Igual que en el paseo anterior, la abuela que llevaba el barco nos cantó la misma canción y después nos señaló el QR. Debemos reconocer que los canales de Zhoughuang nos gustaron muchísimo más que los de Suzhou. Que no quiere decir que Suzhou no valga la pena, simplemente que las casas, los puentes, la zona antigua en general nos pareció más cuidada y mucho más hermosa. El hecho que no hubiera apenas gente seguramente también habrá influido en nuestra opinión.

Las estrechas callejuelas, los canales y los puentes invitan a dar un agradable paseo. Cada rincón es precioso, por lo que, a pesar de ser pequeño, aquí podéis estaros el tiempo que queráis. Nosotros, tras pasar prácticamente un día entero, volvimos a Shanghai para prepararnos para la siguiente aventura: adentrarnos en la Ruta de la Seda a través de Urumqi.

Shanghai, la más moderna

Shanghai, situada en la desembocadura del río Yangtsé, es la ciudad más poblada de China y una de las más pobladas del mundo. Sin embargo, también es una ciudad vanguardista que combina a la perfección la modernidad y la tradición y muchos turistas comparan su skyline con el de Nueva York.

Shanghai fue también la primera ciudad que visitamos en este segundo viaje por China por dos razones: porque hay vuelos directos desde Barcelona a Shanghai tres días a la semana y porque así podíamos aprovechar para hacerle una corta visita a un amigo que llevábamos tiempo sin ver. Estuvimos aquí un total de cuatro días, de los cuales uno lo dedicamos a visitar la ciudad, uno a Suzhou, uno a Zhouzhuang y otro para ponernos al día con nuestro amigo. Un día para conocer Shanghai es más que suficiente, en nuestra opinión, aunque, en realidad, se le puede dedicar el tiempo que cada uno quiera.

Nuestra primera parada fue el templo Jiang’an, el templo budista más antiguo de la ciudad. Fue construido el año 247 durante el Reino Wu y fue trasladado a su ubicación actual en el 1216, durante la dinastía Song. Durante la Revolución Cultural China fue transformado en fábrica de plástico, pero volvió a convertirse en templo en 1983.

La siguiente parada fue la Torre de Shanghai. Esta torre está situada en el distrito de Pudong y es el edificio más alto de China (con una altura de 632 m y 128 pisos) y el 3º rascacielos más alto del mundo, superado por la torre Merdeka 118 en Kuala Lumpur y el Burj Khalifa de Dubái. El observatorio que ofrece una vista panorámica de 360º de la ciudad se encuentra en el piso 118 a una altura de 546 m.

Dado que se acercaba la hora de comer, desde la torre nos dirigimos a Yuyuan Garden y a sus calles comerciales. Después de ver los rascacielos de Shanghai, llegar al jardín Yuyuan es como retroceder en el tiempo. Este jardín fue diseñado durante la dinastía Ming (1559-1577) y a principios del siglo XX parte del jardín se convirtió en mercado. En 1982 fue declarado monumento nacional.

Desde Yuyuan Garden nos dirigimos hacia la calle Nanjing, que es como el Paseo de Gracia de Barcelona o la Gran Vía de Madrid, y fuimos caminando hasta el Bund, donde volvimos a encontrarnos con los rascacielos de la zona financiera, pero esta vez desde el otro lado del río Hangpu.

Como aún nos quedaba algo de tiempo antes de hacerse de noche y ver el encendido de las luces (a las 19:00h), fuimos al Museo de Arte de Pudong (Museum of Art Pudong; MAP). Curiosamente estaban haciendo una exposición sobre cuadros del Museo del Prado y una exposición sobre la historia del cuadro de Mona Lisa del Prado, la copia de la Gioconda (que vimos en el Louvre) más temprana conocida, obra de uno de los alumnos más cercanos a Leonardo da Vinci. Desde el tejado del museo se puede ver la Perla de Shanghai y los rascacielos circundantes.

Y ya, ¡por fin pudimos disfrutar de la ciudad de noche! Con estas vistas nos despedimos de Shanghai, ya que al día siguiente fuimos a Suzhou.

Saboreando China

Cada región de China que visitamos tiene su propia historia, cultura y costumbres, y, por lo tanto, su propia gastronomía. Aunque nos encontramos algunos platos en varias zonas, como, por ejemplo, el archiconocido cerdo con salsa agridulce, algunos platos solamente se pueden degustar en ciertas zonas, y estos son justamente los platos que hay que probar.

Normalmente se come a las 12 del mediodía y se cena sobre las 18, aunque los mercados nocturnos de comida callejera abren hasta más tarde. En Shanghai la comida se pide escaneando el código QR situado en una esquina de la mesa. A través del QR se hace el pedido y también el pago de los platos encargados. En el resto de las ciudades que visitamos (Urumqi, Dunhuang, Tianshui, Luoyang y Xi’an) nos trajeron la carta y vinieron a la mesa a apuntar el pedido. Dado que prácticamente nadie hablaba inglés y que la carta estaba en chino, tradujimos la carta con Google Lens (aunque a veces las traducciones no eran muy acertadas) y algunas veces nos guiamos por las imágenes, por esta razón desconocemos los nombres de muchos de los platos que probamos.

Es importante, antes de pedir, preguntar por el tamaño de los platos, tanto para no pasarse como para no quedarse corto tampoco. En Turpán, por ejemplo, pedimos un plato de pollo con patatas y fideos y el plato que nos trajeron era para 8 personas, como mínimo. Evidentemente no nos lo pudimos acabar… Menos mal que solamente habíamos pedido un plato…

En cuanto a la elección de los platos que probamos, ha habido platos que nos han encantado y platos que no nos han gustado nada como por ejemplo los fideos que probamos en Tianshui que llevaban una especie de salchichas y surimi al que no le habían quitado ni siquiera el plástico, o un tofu con cebolleta que sabía a quemado. Por otro lado, también ha habido platos con los que decidimos no atrevernos como, por ejemplo, cabeza de cordero o entrañas, entre otros.

Dado que probamos multitud de platos y se haría muy largo comentarlos todos, he hecho una selección de los platos que más nos han gustado dividiéndolos entre los mejores platos de carne o pescado; los mejores platos de verduras y la mejor comida callejera. Y aquí va nuestra selección:

Los mejores platos con carne o pescado

Hot pot

Posiblemente uno de los platos más conocidos de China, aunque realmente no es un plato sino más bien una forma de cocinar. Consiste básicamente en una olla de caldo colocada sobre un hornillo en la que se van introduciendo ingredientes a gusto. Los ingredientes del caldo varían según el lugar, incluyendo carnes, verduras, incluso azufaifo, y los ingredientes a añadir varían también (desde carnes, pescados, mariscos, pasta o verduras). Nosotros probamos el hot pot en Shanghai y en Xi’an, siendo en la primera ciudad un hot pot de pescado y marisco, mientras que en la última, de carne y verduras. Junto a los ingredientes a cocinar en el caldo de la “olla caliente” también hay botes con vinagre y aceite y unos platitos con diferentes ingredientes como ajo picado, aceite con chiles, pasta de sésamo, etc. Se trata de mezclar en un plato estos ingredientes (a gusto) para hacer así una salsa en la que se mojará la carne o el pescado y las verduras, una vez sacados de la olla. Los ingredientes se van introduciendo en la olla poco a poco, a medida que se van comiendo, teniendo en cuenta los tiempos de cocción, ya que las setas, por ejemplo, tardaran más en cocinarse que las finas tiras de carne. Ninguno de los dos hot pots que probamos fue picante (¡por suerte!).

Sopa de tallarines estilo Suzhou

Se trata de una sopa con tallarines finos y largo (plato básico) al que se le pueden añadir tortilla francesa, carne, gambas, etc. (platillos extra).

Pescado en salsa agridulce

Este es uno de los platos más típico de Shanghai y alrededores. Se sirve el pescado entero con la carne cortada en trozos para facilitar el agarre de la carne embadurnada en salsa agridulce.

Sopa picante Hu

Esta sopa la probamos en Luoyang y nos enamoró. Se trata de una sopa de tomates, con toque agri-picante, que lleva ternera, bambú y setas entre otros ingredientes.

Ternera con patatas

Este plato de ternera suave con patatas, un tanto picante lo probamos en Dunhuang y quedamos enamorados. Aunque la ternera con patatas puede parecer un plato europeo, lo cierto es que, debido a la mezcla de especias, el sabor es bastante diferente al que esperábamos.

Los mejores platos de verdura

Zizania

Una de las verduras que más nos sorprendió, tanto por su sabor como porque no la conocíamos, fue la zizania. La zizania se conoce también con el nombre de arroz salvaje, aunque no está emparentada con el arroz que conocemos. Se trata de una hierba acuática de la que se consumen los tallos tiernos. Como curiosidad, la expresión “meter cizaña” viene justamente de las semillas parecidas al trigo, pero no aptas para el consumo humano.

Nabo fermentado

Fue la primera vez que probamos el nabo fermentado en Shanghai y estaba buenísimo.

Ensalada de patata

Esta ensalada de patata crujiente que probamos tanto en Shanghai como en Xi’an nos encantó. Además de la patata cortada en finas tiras, lleva guindilla, cebolleta verde y sésamo.

Berenjenas al estilo chino

Estos bastones de berenjena nos recordaron las berenjenas con miel que están tan de moda en España. Tienen un sabor dulce por la miel, pero además llevan salsa soja, vinagre, chiles y jengibre picados y sésamo tostado.

Pakchoi con setas

Un plato sencillo, pero delicioso.

Los mejores platos de comida callejera

Hamburguesa china (Rou Jia Mo)

Aunque se le conoce con el nombre de hamburguesa china, este delicioso pan con carne poco tiene que ver con una hamburguesa. El pan plano caliente (llamado mo) y la carne de cerdo, ternera o cordero, suave y sabrosa, convirtió a este plato típico de Xi’an en uno de nuestros favoritos. Si vais a Xi’an, ¡no os lo perdáis!

Pinchos

Los pinchos son otro plato típico de la Ruta de la Seda. En Urumqi probamos unos pinchos de carne de cordero que estaban de rechupete, mientras que en Xi’an los probamos tanto de carne de cordero como de pollo. Los pinchos son un acierto seguro en cualquier ciudad.

Empanadas de cordero

Otro plato callejero que probamos en Urumqi fueron las empanadas de cordero. ¡Simplemente deliciosas!

Pan hojaldrado relleno (Rou Ga Mo)

Se trata de un pan hojaldrado relleno de carne picada y col que probamos en el mercado nocturno de Dunhuang.

Para finalizar, si tenéis la oportunidad de tomar un té en alguna casa de té, no lo dudéis. Nosotros entramos en una casa de té en Tianshui y fue toda una experiencia. Primero se tuesta el té verde junto con azufaifo y bayas de goji, luego se añade el agua. La gracia de este té es que se puede alargar el tiempo que sea, ya que a medida que se van bebiendo los vasitos de té, se va añadiendo agua y se puede hacer más té. Junto al té nos sirvieron pastelitos caseros y frutos secos. El entorno también fue precioso, con sus jardines, la paz y la tranquilidad. Nos hizo olvidarnos por un momento que estábamos en medio de una gran y bulliciosa ciudad. Una experiencia totalmente recomendable.

Y esto es todo. Espero que os sirva de ayuda para vuestro viaje y que no tengáis miedo a probar diferentes platos, y por qué no, que seáis incluso más atrevidos que nosotros. ¡Buen provecho!

Transportes – China (Ruta de la Seda)

China es un país muy grande y por lo tanto desplazarse de un lugar a otro puede tomar bastante tiempo, sin embargo, las ciudades están muy bien comunicadas ya sea por trenes, autobuses o aviones. Dado que nuestra ruta transcurrió por muchas provincias, utilizamos sobre todo el avión (por ejemplo, para ir de Shanghai a Urumqi o de Urumqi a Xi’an), sin embargo, también tomamos algún que otro tren (para ir a Tianshui o Luoyang). Dado que las ciudades chinas se caracterizan también por ser grandes urbes, la disponibilidad de metro nos facilitó los desplazamientos.

Metro

De las ciudades que visitamos, solamente Shanghai, Xi’an y Urumqi disponían de una red de metro. En las tres ciudades, el funcionamiento fue similar. Lo primero que hay que tener en cuenta es que para acceder a las vías hay que pasar controles de seguridad. Las maletas, las mochilas o los bolsos se pasan por las máquinas para comprobar que no se lleva ningún producto considerado peligroso. Si lleváis botellas de agua, tendréis que sacarlas para pasarlas por una máquina, si la botella está abierta, simplemente podéis beber un poco delante de los policías. En Urumqi nos hicieron también un chequeo corporal, tras pasar por el detector de metales, como en los aeropuertos y nos escanearon la cara. Además, nos pidieron los pasaportes y, tras comprobarlos, tomaron fotos tanto de la página de la foto como del sello de entrada. En Shanghai y Xi’an, sin embargo, los controles fueron más laxos, posiblemente debido a la mayor afluencia de turistas.

Los billetes de metro se compran en las máquinas, antes de pasar los controles de seguridad, eligiendo la parada de destino y luego el número de billetes. Si es una línea diferente, se selecciona primero la línea de metro y luego la parada. Por ejemplo, para ir del aeropuerto de Xi’an al centro tomamos el metro en la línea 14 (que es la que llega al aeropuerto) y luego cambiamos a la línea 2, por lo que primero seleccionamos la línea 2 y cuando aparecieron las paradas en pantalla, seleccionamos la parada de destino. El precio varía en función del número de paradas, aunque suele ser muy barato. Se puede pagar en efectivo o escaneando el QR con AliPay o We Chat.

Una vez pasados los controles, es donde se encuentran las puertas de entrada a las vías. Al entrar, se pasa la tarjeta de metro por el lector mientras que a la salida se debe introducir el billete por la ranura (la máquina se queda el billete). Las paradas de metro están escritas tanto en chino como en inglés, por lo que no hay pérdida.

Tren

Debido a que nos desplazamos principalmente en avión, tomamos el tren en contadas ocasiones. En nuestro caso fueron trenes de alta velocidad, por lo que desconocemos el funcionamiento de los demás trenes.

Para empezar, para comprar los billetes de tren directamente en la página oficial se necesita un documento de identidad chino y un número de teléfono chino, por lo que hay que comprarlos sí o sí a través de un intermediario, ya sea una página web tipo Trip como a través de alguna agencia de viajes. Para hacer la compra hay que indicar si queréis que sean segunda clase, primera clase o business y luego poner los datos del pasaporte (nombre, número de pasaporte, fecha de nacimiento). Los billetes se emiten unos 15 días previos al día del viaje, pero se pueden reservar con antelación.

Otro dato importante es que no se necesita disponer del billete físicamente ya que nadie os lo pedirá. Para acceder a la estación de tren os pedirán los pasaportes y con ellos podrán comprobar si tenéis billete comprado o no. Después se pasan los controles de seguridad como en el metro o en los aeropuertos. Aunque no es necesario disponer del billete, sí es importante tener claro el número de tren, el vagón y los asientos asignados. Con el número de tren podréis comprobar en las pantallas cuál es la puerta de embarque a las vías y también la vía a la que llegará el tren. El embarque se realiza unos 10 minutos previos a la llegada del tren. A la hora de poneros a la cola para el embarque, tened en cuenta que debéis colocaros en el lado en el que está el chicx de seguridad ya que los chinos pasan directamente colocando su documento de identidad por la máquina. Sin embargo, para acceder con el pasaporte, tenéis que pasar por el escaner situado donde el chicx de seguridad. Una vez en el andén, hay que colocarse en el número de vagón correspondiente. El número de vagón normalmente aparece escrito en el suelo, pero en caso de duda, podéis preguntar al chicx de seguridad que vigila el andén. El número también aparece escrito en cada vagón. A no ser que el tren salga de esa misma estación, el tren solamente permanece en una estación unos 2 minutos. Los trenes suelen ser muy puntuales. Igual que en el metro, las paradas aparecen escritas tanto en chino como en inglés. Igual que en Corea del Sur, los revisores no comprueban los billetes de tren si no que miran que los asientos que no deberían estar ocupados no lo están.

Avión

El funcionamiento de los aviones en China es similar al de los otros países, aunque puede que haya unos controles de seguridad más exhaustivos. Por ejemplo, no se permite entrar con botellas de agua, ni con mecheros ni con baterías externas. Si no queréis pasar un mal rato, mejor descartar todos estos productos con antelación. Un dato importante es que muchas compañías aéreas chinas no abren la venta de billetes hasta un mes antes de la fecha, por lo que es mejor esperar para conseguir mejores precios y mejores conexiones. Por otro lado, no os recomiendo que reservéis asientos con antelación a través de la web ya que nunca mantienen esos asientos. Esto nos pasó en los vuelos de Xi’an a Beijing y de Beijing a Barcelona (vuelo de vuelta con Air China), los únicos vuelos en los que habíamos reservado los asientos. En el vuelo de Xi’an a Beijing directamente nos asignaron unos asientos al azar (no los que habíamos reservado) sin darnos ninguna explicación. En el vuelo de Beijing a Barcelona, aunque los asientos reservados sí que aparecían en la tarjeta de embarque, al momento de embarcar nos dijeron que esos asientos ya estaban ocupados y que nos tenían que cambiar de asientos… Por suerte, como el avión no iba lleno, pudimos sentarnos juntos.

Otro dato importante es que los vuelos pueden sufrir cambios, ya sea que se atrasen como que se adelanten. Por ejemplo, el vuelo de Shanghai a Urumqi tuvo un retraso de 5 h, mientras que el vuelo de Urumqi a Xi’an un retraso de 3 h. Por otro lado, el vuelo de Xi’an a Beijing se adelantó 1 h. Debido a estos imprevistos, os recomiendo que tratéis de no programar actividades el día de vuelo.

Finalmente, otro aspecto que nos sorprendió de los aviones es que haya un vigilante con una pequeña cámara, parecida a una GoPro, paseándose por el avión y grabando a los pasajeros para evitar acciones incívicas durante el vuelo. Aunque en el avión fue donde nos sorprendió más, lo cierto es que en los trenes y en el metro también hay vigilantes similares que se pasean con la cámara.

Y esta es nuestra pequeña aportación sobre los medios de transporte que utilizamos en China. Espero que os sirva de ayuda y que os animes a viajar por libre por este gran país.

Recomendaciones de viaje – China (Shanghai y Ruta de la Seda)

Idioma oficial: chino mandarín. El inglés no está muy extendido. Sin embargo, aunque no hablen inglés harán lo posible para comunicarse a través de aplicaciones del teléfono.

Google Translate: igual que en nuestro viaje a Corea del Sur, Google Translate nos fue muy útil para traducir texto, pero también para comunicarnos con la gente.

Requisitos de entrada en el país:

A partir del 1 de diciembre 2023 los ciudadanos de España, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica, Malasia, Suiza, Irlanda, Hungría, Austria podrán viajar a China sin visado hasta 15 días. Esta exención temporal del visado será vigente desde las 0:00 del 1 de diciembre de 2023 hasta las 24:00 del 31 de diciembre de 2025 (hora en Beijing) con el motivo de negocio, turismo, visita familiar y tránsito por un período que no exceda 15 días. Igualmente, para motivos distintos a los anteriores o para períodos que excedan los 15 días seguirá siendo necesario solicitar el visado antes del viaje.

Trámites: Como en todos los países, al entrar, hay que rellenar un documento en el que preguntan por el vuelo de vuelta (fecha y número del vuelo) y los países visitados en los últimos dos años, además de las otras preguntas típicas como nombre, fecha de nacimiento, nacionalidad, etc. Antes de llegar al control, también hay unas máquinas en las que cogen las huellas dactilares de todos los dedos. Al poner el pasaporte sobre el lector de la máquina, solamente hay que seguir las indicaciones. Una vez finalizado el proceso, la máquina devuelve un tiquet-comprobante. El documento rellenado y el comprobante de las huellas se deben presentar junto con el pasaporte al pasar el control de seguridad. Allí hacen un escáner de la cara y ponen el sello de entrada al país.

Pasaporte: Es importante llevar siempre el pasaporte encima, no solamente porque lo puedan pedir en controles por la calle, si no también porque al entrar al metro o en cualquier lugar que se vaya a visitar lo piden, como, por ejemplo, para entrar a los guerreros de terracota en Xi’an.

Vacunas: No hay vacunas obligatorias para entrar en el país.

Consejos prácticos:

Tiempo: China es un país muy grande, por lo que el clima también varía mucho según la región. Sin embargo, nuestro viaje por la ruta de seda discurre por regiones desérticas y semiáridas, por lo que, en septiembre cuando nosotros fuimos, el clima fue caluroso y seco durante el día, y fresco por la noche. En Shanghái y alrededores hace mucho calor también, pero, por el contrario, hay muchísima humedad. Además, en septiembre puede llover bastante y aún es temporada de tifones.

Moneda: Yuan (CNY). Un euro equivale a 7,89 CNY (cambio septiembre 2024).

Dinero: La forma preferible de pago en la mayoría de los comercios es mediante la app de AliPay o WeChat. En algunos sitios aún te aceptarán efectivo, pero es muy probable que no tengan cambio si pagáis con billetes muy grandes.

AliPay y WeChat: Para poder abrir una cuenta en WeChat se necesita una recomendación de un usuario de WeChat. Sin embargo, para AliPay solo hay que bajarse una aplicación y vincular una tarjeta de crédito.

Propinas: En China no es común dar propina, aunque en los sitios más turísticos lo esperen.

Internet: Igual que en nuestro viaje a Corea del Sur, compramos una eSim con VPN y nos funcionó muy bien.

Navegadores: Google Maps no nos funcionó demasiado bien, sin embargo, usamos Apple Maps que fue más preciso.

Vuelos: Los vuelos internos más baratos y con mejores conexiones se pueden conseguir dentro de un mes previo a la fecha, por lo que, es mejor apurar que darse prisa.

En nuestro caso, de los vuelos internos que tomamos, la mayoría tuvieron retrasos, como por ejemplo el vuelo de Shanghai a Urumqi que salió 5 h más tarde de la hora prevista, por lo que es mejor no hacer grandes planes durante el día del vuelo.

Permiso de conducir: Los extranjeros, aunque dispongan de permiso de conducir internacional, tienen prohibido conducir por China a no ser que posean un carnet de conducir emitido en China. Por ende, los extranjeros no pueden alquilar ningún tipo de medio de transporte (coche, moto, etc.) a no ser que sea con conductor.

Taxi: Aunque nos descargamos la aplicación de Didi, por alguna razón que desconocemos, no nos funcionó… Sin embargo, pedimos a los hoteles en los que nos alojamos que nos pidieran un taxi para ir al aeropuerto o a cualquier otro lado y no tuvimos problemas. Si el taxi lo piden desde el hotel, éste podrá el taxímetro y solamente se paga por el trayecto, sin tener que regatear. Hay que destacar que el precio que nos acabó costando cada trayecto en taxi fue inferior al precio que nos informaba en la app Didi en caso de haber usado ese servicio.

Hoteles: En China, muchos hoteles no tienen permiso para alojar extranjeros, por lo que conviene siempre leer muy bien la información del hotel antes de reservar. Es importante fijarse sobre todo si pone “only able to accept Mainland Chinese citizens” lo que quiere decir que no aceptan extranjeros. Para estar seguros de que el hotel admite extranjeros debería poner explícitamente que el alojamiento admite huéspedes de cualquier país o región. En caso de duda, nosotros nos hemos fijado también en los comentarios, si había valoraciones de extranjeros o no, lo que podría indicar que en ese hotel se han hospedado extranjeros. Para los hoteles, igual que para comprar los vuelos, usamos Trip (y no, no es información patrocinada, simplemente en Trip encontramos muchísima más oferta hotelera que en Booking y no tuvimos problemas).

Equipaje: Otro dato para tener en cuenta es que en la mayoría de los hoteles el check-in se puede hacer solamente a partir de las 14:00 o las 15:00 h, pero si que te permitirán dejar el equipaje hasta que puedas hacer el Check-in.

Entradas: En muchos lugares turísticos hay que reservar las entradas con antelación, como por ejemplo para visitar los guerreros de Xi’an o para visitar las cuevas de Mogao en Dunhuang. Una vez comprada la entrada por internet, hay que hacer la cola para canjear la entrada con el pasaporte. Una vez hecho este trámite, en las máquinas hay que pasar el pasaporte por el escáner y no el tiquet. Por otro lado, si se permite la entrada durante varios días, se accede posteriormente con el escáner de cara.

Enchufe: Se utilizan los tres tipos de enchufes: A, C e I, por lo que dependiendo del itinerario es posible que se necesite un adaptador, aunque en muchos hoteles ya disponen de tomas USB directamente junto con las tomas de los enchufes.

Lavanderías: En todos los hoteles en los que nos alojamos disponían de un cuarto con lavadoras donde pudimos lavar la ropa gratis. En muchos no disponían de secadoras, pero sí de un espacio donde poder colgar la ropa para que se secara.

Baños: En China no es común que los restaurantes o cafeterías tengan baño dentro del local. Sin embargo, los baños públicos son muy frecuentes.

¿Qué llevar?

Os recomendamos no cargaros de muchas cosas y llevar una maleta pequeña y manejable, más si vais a desplazaros en tren o avión, como fue nuestro caso. Nosotros llevamos la ropa imprescindible y fuimos lavándola. Sin embargo, a la hora de hacer la maleta, os recomendamos que consideréis llevar:

  • Zapatos cómodos y ropa ligera de secado rápido.
  • Protección solar: crema solar, gafas de sol y sombrero.
  • Y, sobre todo: una mente abierta y muchas ganas de conocer, aprender y disfrutar.

China: Ruta de la Seda

Hace 13 años (¡que se dice pronto!) Xavi y yo emprendíamos con mucha ilusión, pero también con cierto miedo, nuestro primer viaje fuera de Europa. El destino de aquel viaje, para el que disponíamos solamente de 10 días, fue nada más y nada menos que la grandiosa China, y, para aprovechar al máximo los días disponibles, nos centramos en Beijing. La verdad es que en aquel entonces tampoco aspirábamos a hacer un gran viaje… Ahora, años después, recordamos con melancolía aquella Gran Muralla alborotada de gente, la majestuosa Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, el Palacio de Verano y sus exquisitos jardines, aquel pato laqueado que estaba para chuparse los dedos… Y, pensándolo en retrospectiva, incluso nos reímos con las “desgracias” que nos pasaron, como coger un taxi y que, en vez de dejarnos a nuestro destino, nos dejase en la otra punta de la ciudad, o coger un rickshaw para visitar los hutongs y que éste nos llevase a un callejón sin salida para pedirnos más dinero del acordado. También recordamos aquel calor abrasador en pleno mes de julio, la contaminación que oscurecía el cielo, o la gente escupiendo por doquier… Y, a pesar de todo, ese viaje fue importante para nosotros, no solo por lo que descubrimos, sino también por ser nuestra primera gran experiencia en un país lejano y tan diferente a lo que habíamos conocido hasta entonces. Nos abrió la puerta a lo desconocido, a atrevernos con lo que fuera, a querer conocer más y más sobre otros países y otras culturas. Y, ¿qué os puedo decir? Desde entonces no hemos parado de viajar.

Y ahora, 13 años después toca volver a viajar a China. Para esta nueva aventura disponemos de unos días más que la primera vez, 16 días en total (limitados esta vez por la entrada libre de visado), que hemos dividido entre la Ruta de la Seda, que teníamos ganas de hacer desde hace tiempo, y Shanghái, cambiando radicalmente de escenario para hacerle una corta visita a un amigo. Empezaremos, pues, nuestra aventura por la Ruta de la Seda en las remotas Urumqi y Turpán, antiguos puntos de conexión entre Europa y Asia. Debido a cuestiones logísticas, desde Urumqi volaremos a Xi’an donde por fin conoceremos a los famosísimos Guerreros de Terracota, para luego retroceder hacía Tianshui para visitar las cuevas de Maijishan y hacía Dunhuang para visitar las cuevas de Mogao. Aunque nuestra primera intención era llegar hasta Kashgar, por diferentes razones, finalmente decidimos dar esos días a Luoyang y visitar también las cuevas de Longmen.

Así pues, nuestro itinerario se distribuye tal que así:

Logística viaje

Para optimizar los días y los desplazamientos entre las dos partes del viaje, volaremos desde Barcelona a Shanghai y volveremos a Barcelona desde Xi’an. Los desplazamientos serán principalmente en vuelos internos, dado que las distancias son muy grandes y los días de los que disponemos son pocos. El principal problema que nos hemos encontrado al montar esta ruta es que pensábamos que el trayecto sería linear desde Urumqi, a Dunhuang y finalmente a Xi’an, sin embargo, la infraestructura no está preparada para esto, de manera que tuvimos que volver a Xi’an desde Urumqi y desde Xi’an ir a Dunhuang, dado que de Urumqi a Dunhuang no hay vuelos directos ni tampoco posibilidad de ir en tren. A Tianshui y a Luoyang sin embargo, nos desplazaremos en tren desde Xi’an.

Aunque si no queréis perderos ningún detalle, podéis leer también las siguientes crónicas:

Recomendaciones de viaje – China (Ruta de la Seda)

Transportes – China (Ruta de la Seda)

Saboreando China

Lo que + nos gustó y lo que –. China (Ruta de la Seda)

Experiencias en Corea del Sur: Jjimjilbang o sauna coreana

El uso de baños públicos para el aseo sigue siendo parte fundamental de la cultura surcoreana. Por esta razón, este tipo de baños se pueden encontrar en prácticamente todas las ciudades, y pueden ser desde simplemente eso, baños públicos, hasta lujosos spas. Jjimjilbang significa literalmente “habitación caliente”, sin embargo, el concepto de jjimjilbang va mucho más allá. Un jjimjilbang normalmente está formado por dos partes fundamentales: una zona de baño, dividida siempre por sexos y a los que se accede sin ropa, y una zona de saunas coreanas, a la que se accede usando una especie de pijama y en donde se pueden juntar ambos sexos. Además, un jjimjilbang también puede ofrecer restauración, salas dedicadas al cuidado de las uñas o del cabello, salas de masaje, salas para la lectura, salas de descanso, y mucho más.

Nosotros ya habíamos elegido el jjimjilbang al que queríamos ir desde Barcelona, tras una rápida búsqueda por internet. Nuestra elección fue un jjimjilbang de Seúl que nos dio buena impresión. Una vez en el recinto de nuestro jjimjilbang, pagamos la entrada y nos dieron una llave para unas primeras taquillas, pequeñas, en las que dejamos los zapatos, de allí (descalzos) fuimos a un segundo mostrador en el que nos dieron una especie de pijama de algodón formado por un pantalón corto y una camiseta (de color gris y granate para las mujeres y gris y marrón para los hombres), una toalla grande para secarse tras el baño y una toalla pequeña que sirve para secarse el sudor una vez en la zona de saunas.

De aquí, Xavi y yo separamos nuestros caminos, ya que los hombres pasan a un vestuario y las mujeres a otro. En este vestuario se encuentran unas segundas taquillas que tienen el mismo número y se abren con la misma llave que las anteriores, y donde se deja toda la ropa, ya que a los baños se accede desnudo y solamente con la toalla grande que sirve para secarse. Para esto hay que dejar el pudor en casa e ir sin temor alguno, ya que los coreanos están muy acostumbrados a estar desnudos y ver gente desnuda. Hay que tener en cuenta que los niños mayores de tres años deben ir a los baños de su mismo sexo, por ejemplo, las niñas con la madre y los niños con el padre. El vestuario está directamente conectado con la zona de baño que está formada por varias piscinas a diferentes temperaturas. Para usarlas, hay que ducharse primero. Tras el baño hay que volver a las taquillas para ponerse el pijama. Éste se puede usar con o sin ropa interior debajo, según las preferencias de cada uno. Y ya con el pijama puesto y con la toallita pequeña en mano se puede acceder al espacio común (para ambos sexos). Si os da pudor bañaros desnudos con los demás, se puede saltar la zona de baño e ir directamente a la zona común (con el pijama puesto).

Tras volver a reunirnos Xavi y yo, lo primero que hicimos fue ir al restaurante y comer un bibimbab (que estaba delicioso, por cierto), ya que teníamos hambre. Para pagar, se usa la misma llave con la que se abren las taquillas, o sea se pasa la llave, el gasto queda registrado, y al salir, una vez se devuelve la llave, se cobran todos los extras. De hecho, la taquilla de los zapatos no se abre hasta que no se haya pasado por caja. Ya con la barriga satisfecha, fuimos a curiosear (y disfrutar) lo que ofrecía el jjimjilbang: desde una zona de descanso, una zona con sillas de masajes (de pago, que se activaban pasando la llave), a un spa para los pies donde nos sorprendió que el agua fuera tibia (por alguna razón nos la esperábamos fría).

Tras un buen masaje en la espalda, procedimos a usar todas y cada una de las saunas que había en este jjimjilbang. Las saunas pueden tener diferentes temperaturas, desde los 25º hasta los 79º, y las hay de diferentes materiales (arcilla, carbón, sal, etc.). El funcionamiento es sencillo, pero simplemente espectacular: dejas el móvil y el agua en una estantería en la entrada de la sauna, encuentras un hueco en el suelo, te tumbas y simplemente disfrutas del calor y de la paz. Una vez hayas tenido suficiente, sales, coges tus cosas y vas a otra. Por si os lo estáis preguntando, sí se puede entrar con el móvil en la sauna, aunque no es lo recomendable, tanto para no molestar a los demás, como para poder desconectar y disfrutar de la experiencia en sí. Y no, dejar el móvil fuera no significa que os lo vayan a robar. De hecho, Corea del Sur es uno de los países más seguros del mundo. En todo caso, si no confiáis en que lo vayáis a encontrar al salir de la sauna, siempre podéis dejarlo en las taquillas.

Y ya para finalizar nuestra gran experiencia de relax, nos tomamos un sik-hye o bebida dulce de arroz y goo-un gye ran o huevo horneado, que por lo que habíamos leído eran muy típicos de las saunas coreanas. Y, ¿qué os puedo decir? La bebida de arroz se parece a la horchata, aunque es muy dulce (demasiado para mi gusto), mientras que los huevos, no dejan de parecerse a los huevos hervidos, a pesar de tener la clara marrón.

Con esto dimos ya por finalizada esta maravillosa y relajante experiencia en Corea del Sur. Pasamos unas tres horas aquí y hubiéramos pasado más si no fuera porque ya se nos hacía de noche y queríamos finalizar nuestro día en el parque Namsan. En resumidas cuentas, visitar un jjimjilbang es una experiencia totalmente recomendable. Para los coreanos, además de cuidar el cuerpo, es también un evento social, al reunirse con la familia o los amigos, pero para nosotros fue un momento de desconexión, que nos recargó totalmente de energía.

Seúl, la ciudad que hechiza

Nuestro viaje por el país de la calma matutina finalizó en Seúl, la capital de Corea del Sur desde la creación de la república en 1948, y capital histórica desde hace más de 600 años, teniendo su origen en el reino de Baekje, uno de los Tres Reinos de Corea. Seúl es una ciudad vibrante, moderna, que ofrece multitud de actividades y de atractivos a sus visitantes, y desde luego, nuestra favorita. Es también la mayor ciudad del país, por lo que conviene planificar bien el itinerario, más si se dispone de poco tiempo. Dado que a nosotros solamente nos quedaban tres días, decidimos centrarnos en el barrio de Myeongdong.

Llegamos a Seúl tras un trayecto de dos horas en KTX desde Daegu y, tras dejar las maletas en nuestro hotel, decidimos empezar la visita por el palacio de Changdeokgung. Este palacio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1997) fue construido durante la dinastía Joseon (1392-1910) y fue el segundo palacio, después de Gyeongbokgung, en ser establecido como palacio principal.

Tras perdernos por los diferentes edificios que componen el recinto palaciego, nos dirigimos al jardín secreto de Huwon. Para acceder a este jardín, hay que comprar una nueva entrada en la que se asigna un turno, sin embargo, no hay tours en inglés a partir de la una de la tarde, por lo que nada más entrar, pudimos visitar el jardín a nuestro aire. Este jardín es considerado uno de los más importantes de toda Corea del Sur, y fue lugar de ocio de reyes y reinas.

Justo al lado del acceso al jardín secreto se encuentra el acceso a un segundo palacio, el Changgyeongung, para el cual hay que comprar una nueva entrada. Este palacio fue construido por el rey Sejong en el año 1418 para ser habitado por su padre, el rey Taejong. Merece la pena pasear por sus jardines que conducen a un gran estanque y a un invernadero.

De aquí pusimos rumbo a nuestro último destino del día, el arroyo Cheonggyencheon, que cruza las áreas céntricas de Jongno-gu y Jung-gu. Es impresionante como en medio de un mar de rascacielos haya un recorrido de unos 12 km, bordeando el arroyo que te traslada a plena naturaleza. ¡Un paseo totalmente recomendable!

Al segundo día, nos dirigimos al famoso (y muy visitado) palacio Gyeongbokgung, que, con más de 600 años de historia, fue el palacio principal durante gran parte de la dinastía Joseon.  Fue construido por el Rey Taejo en el año 1395 y es considerado el palacio real más importante.

Uno de los edificios más peculiares y bonitos es la biblioteca personal del rey. Además, es de los pocos pabellones a los que se puede acceder (dejando los zapatos en la entrada).

Otra particularidad de este palacio es el cambio de guardia. Se trata de una recreación del cambio de guardia real que se llevaba a cabo durante la época del Rey Taejo y que se puede presenciar a las 10:00 h y a las 14:00 h. Todos los miembros de la guardia van ataviados con trajes tradicionales y tocan instrumentos de la época. En nuestra opinión, de los mejores cambios de guardia que hemos podido ver. Si llegáis media hora antes, como nosotros, además de poder coger un buen sitio, podréis presenciar los ensayos previos.

Nada más salir de la parada de metro y justo antes de acceder al recinto del palacio, se encuentra el Museo Nacional de Palacios, de entrada gratuita, que reúne en su interior la historia y la cultura de la dinastía Joseon y del imperio de Corea. Si sois apasionados de la historia, es una visita totalmente recomendable.

También cerca del palacio Gyeongbokgung se encuentra el Museo Nacional Folclórico de Corea. Este museo, construido en 1992, reúne objetos y artículos relacionados con el folclore de Corea. Destaca por una preciosa pagoda y en sus jardines se pueden ver representaciones de casas tradicionales coreanas.

La siguiente parada en nuestra ruta por Seúl fue la Aldea Tradicional de Bukchon, una zona residencial tradicional de Seúl donde residían los funcionarios gubernamentales de alto nivel y la nobleza de la dinastía Joseon. Para visitar este barrio hay incluso una ruta que lleva por los puntos principales conocidos como los “ocho paisajes de Bukchon”.

Callejeando en busca de un lugar para comer, nos encontramos por casualidad con el palacio Unhyeongung, un palacio mucho más pequeño que los otros que habíamos visitado y muchísimo menos turístico. El hecho de que la entrada fuera gratuita nos hizo darle una oportunidad y lo que nos gustó fue el hecho de que la mayoría de las estancias estuviesen amuebladas, lo que ayuda a imaginar cómo podía ser la vida en esas estancias en épocas pasadas. Fue construido en el siglo XIV y fue la residencia del rey Gojong antes de que accediera al trono.

Por último, visitamos el palacio Deoksugung, que fue residencia del príncipe Wolsan, hermano mayor del Rey Sejong el Grande (1457-1494). Igual que en los anteriores palacios, en éste también se paga entrada, aunque es mucho más barata, y a pesar de no ser tan grande, al ser tan poco visitado, permite disfrutar del recinto con total tranquilidad.

Y ya despedimos nuestro segundo día en Seúl en el mercado nocturno de Myeongdong, donde disfrutamos de una buena cena en los puestos callejeros.

En nuestro tercer y último día en Seúl, madrugamos para visitar la zona desmilitarizada (DMZ) entre las dos Coreas, del Sur y del Norte. Esta zona solamente se puede visitar con un tour organizado y nosotros elegimos uno de medio día que incluía el Tercer Túnel de Agresión, el mirador Dora y la aldea de la unificación. Para esta visita es importante llevar el pasaporte, no hacer fotos y cumplir con los horarios impuestos. Aunque tuvimos dudas sobre si incluir o no esta actividad en nuestro apretado itinerario, finalmente nos pareció una visita imprescindible para conocer y entender la situación actual y pasada de los dos países.

Tras esta incursión en la turbulenta historia de Corea, nos dirigimos a nuestra última gran experiencia: visitar un jjimjilbang o sauna coreana. No pudimos dejar escapar esta oportunidad y la verdad es que fue una de las mejores experiencias de nuestro viaje, junto al templestay en el templo Bulguksa en Gyeongju.

Y, por último, subimos en teleférico al parque Namsan. Si queréis ver la puesta de sol desde arriba, os recomiendo que vayáis con tiempo. Hay muchísima gente con las mismas intenciones y se forma una enorme cola. Nosotros nos perdimos la puesta de sol, pero no nos arrepentimos de haber subido, ya que la ciudad de noche es espectacular.

Así, con Seúl a nuestros pies, nos despedimos de ésta maravillosa ciudad y también de Corea del Sur con la impresión de que fue uno de los mejores viajes. Hemos vivido experiencias increíbles, hemos conocido gente maravillosa, hemos visitado templos y palacios, hemos disfrutado de la naturaleza y nos hemos deleitados con una gastronomía exquisita. Sin lugar a duda, si tuviéramos que elegir algún país al que volver, éste sería un claro candidato.

De templo en templo en Daegu

Daegu es una de las seis ciudades metropolitanas de Corea del Sur y la cuarta más poblada. Aparentemente no ofrece mucho atractivo turístico, sin embargo, es el punto de partida para visitar dos templos: Donghwasa, el más importante de la ciudad, y Haeinsa, que conserva la Tripitaka coreana, la mayor muestra mundial de escrituras budistas en placas xilográficas, considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y Tesoro Nacional del país.

Para llegar a Daegu, tomamos el KTX desde Gyeongju. La parada de KTX recibe el nombre de Dongdaegu (más info en Transportes) y el trayecto que une ambas ciudades dura apenas 15 min. Tras dejar las maletas en el hotel (elegimos un hotel cerca de la parada de tren), nos dirigimos a nuestro primer destino: el templo Donghwasa. Para llegar hasta aquí hay que tomar el autobús rojo (nº 1) desde la misma parada de tren de Dongdaegu, bajando las escaleras a la planta inferior. El templo se encuentra a una hora de trayecto. Desde la parada hasta el templo hay que subir poco más de un km, pero el trayecto vale mucho la pena. Como en todos los templos que visitamos, la entrada es gratuita.

Donghwasa es un templo precioso con más de 1500 años de historia, pero lo que lo hace diferente a los demás templos es una gran estatua de Buda de unos 33 m de altura, considerada la más alta de su tipo.

Tras visitar el templo, pusimos rumbo de vuelta a la parada de autobús, pero no para volver a la ciudad, sino para seguir una parada más hasta el teleférico Palgongsan. Este teleférico sube a la montaña más alta de Daegu y ofrece unas vistas impresionantes. El recorrido es de 1,2 km y sube a una altura de 820 m.

En la parte superior hay un restaurante y un mirador y es el punto de partida de varias rutas de trekking de diferentes longitudes y niveles de dificultad. Incluso hay quien sube en teleférico y baja caminando. Un sendero corto y fácil es el llamado camino del amor. Durante este trayecto hay varios sitios preparados para hacerse fotos y los enamorados aprovechan para dejar candados o mensajes de amor. También hay un mirador que permite ver todo el valle, e incluso la ciudad de Daegu.

Para volver, tomamos el mismo autobús rojo (nº 1) y con esto dimos por finalizado el primer día en Daegu. El segundo día nos esperaba el siguiente templo de la ruta: el templo Haeinsa. Para llegar hasta él, tomamos el metro línea 1 hasta la estación de autobuses de Saebu (más info en Transportes). Allí compramos el billete en ventanilla y esperamos a que nuestro bus saliera. El trayecto dura una hora y media aproximadamente. Desde la parada de autobús, hay que subir poco más de un km hasta el templo, a través de un entorno natural precioso, como siempre.

A pesar de que el templo es precioso, este no fue nuestro favorito… Nos pareció demasiado turístico, teniendo varios de sus edificios transformados en tiendas. Incluso hay un café-biblioteca. Lo que sí es cierto, es que este fue el único templo en el que nos encontramos con monjes, pero no fue suficiente como para disminuir la decepción que nos llevamos.

Sin embargo, el gran atractivo de Haeinsa no es solamente el templo en sí, sino también la Tripitaca coreana, más de 81.000 tablillas con el Canon Budista grabado en negativo que datan del siglo XIII, pero el acceso a la Tripitaca está restringido por motivos de conservación. Todo el recito está vallado e incluso hay dos guardias vigilando cada movimiento.

De vuelta a Daegu, aprovechamos la tarde para visitar el mercado Seomun. Para llegar hasta este mercado hay que tomar el monorraíl (línea 3; amarilla) que circula por encima de las calles. Una forma diferente de conocer la ciudad.

Con esto dimos por finalizada nuestra corta estancia en Daegu. Al día siguiente nos esperaba ya la última etapa de nuestro viaje: Seúl.