La orografía de Japón está determinada por su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Este cinturón se formó a lo largo de los siglos debido a la gran actividad de las placas tectónicas (fragmentos de la capa inferior de la corteza terrestre) que al chocar crean zonas de subducción (una placa se sobrepone a la otra), provocando terremotos de gran magnitud, e incluso tsunamis, erupciones volcánicas explosivas, y la formación tanto de profundas fosas oceánicas como de cordilleras montañosas. El archipiélago japonés se encuentra en la unión de varias placas tectónicas (las placas continentales de Ojotsk, Amuria, y Euroasiática, y las placas oceánicas Filipina y del Pacífico) y debido a esto, el país sufre multitud de terremotos anuales, aunque la mayoría son leves. El último gran terremoto (9.1 en la escala Richter) se produjo en 2011 cerca de Sendai y Matsushima, seguido por un tsunami (con olas de más de 40 m), que ha dejado multitud de víctimas mortales y daños materiales. Este terremoto fue provocado por la tensión acumulada por el desplazamiento de la placa del Pacífico hacía la placa Euroasiática.

Aunque el volcán más famoso es el Monte Fuji (3.776 m de altura e inactivo desde 1707), lo cierto es que Japón alberga más de 200 volcanes, siendo 111 aún activos. Tres de los más activos se encuentran en Kyushu: el Monte Unzen (Nagasaki), Sakurajima (Kagoshima) que libera cenizas con frecuencia, y el Monte Aso (Kumamoto) que posee una de las calderas más grandes del mundo. Debido a la actividad volcánica, el país también goza de multitud de fuentes de aguas termales (onsen). Beppu, situada a los pies del Monte Tsurumi, es famosa por ser uno de los mayores centros de aguas termales del mundo. El mismo volcán nutre también los infiernos de Beppu y permite los baños de arena (sunamushi onsen).

Sakurajima es un estratovolcán, o sea un volcán cónico (el típico que nos viene la mente cuando pensamos en uno) formado por la acumulación de capas (o estratos) de lava, ceniza y piroclastos (roca volcánica) y que se caracteriza por erupciones explosivas (o estrombolianas). Está formado por tres picos (Kitadake de 1.117 m, Nakadake de 1.060 m y Minamidake de 1.040 m) y la mayoría de las erupciones actuales son producidas por el cráter Showa (Minamidake). Antes de la erupción de 1914, este área era una isla que posteriormente, se integró a la península de Osumi como resultado del flujo de lava producido. Gracias a esto, actualmente se puede acceder por carretera, aunque también se puede llegar en ferry desde Kagoshima. Debido a que expulsa frecuentemente cenizas, no se puede ascender a su cráter, sin embargo, desde los observatorios de Arimura o Yunohira se puede ver con claridad. La península formada por el Sakurajima tiene una superficie de unos 80 km2 y está habitada, habiendo varios pueblos a su alrededor, incluidos hoteles y restaurantes. Una carretera circular de 36 km de longitud permite recorrerla en coche o en bicicleta.

Por otro lado, el Monte Aso (Aso-san) es un supervolcán con una caldera de 120 km de perímetro y está formado por cinco picos (Eboshi, Kishima, Naka, Neko y Taka), siendo Takadake el más alto (1.592 m) y Nakadake el más activo. Los supervolcanes reciben este nombre por poseer una cámara magmática superior a los volcanes convencionales y, por ende, mayores erupciones volcánicas. Durante su historia, el Monte Aso tuvo cuatro grandes erupciones explosivas entre hace 300.000 y 80.000 años. La Garganta de Takachiho es fruto de estas explosiones. El monte Aso, junto al monte Kuju, constituyen el Parque Nacional Aso-Kuju, que es un paraíso para los amantes de la naturaleza. En la depresión del volcán hay varios pueblos como la ciudad de Aso, Takamori-Machi o Minami Aso Mura y en sus laderas pastan vacas Akaushi y caballos. Desde el Mirador Daikanbo se puede disfrutar de vistas panorámicas impresionantes de ésta.

El principal atractivo es el Monte Nakadake, formado por siete cráteres en un área de 1 km. El cráter número 1 está activo y alberga en su interior un lago verde lima. Cuando nosotros fuimos, la niebla y los gases no nos permitieron ver el interior, pero disfrutamos del entorno cubierto ligeramente por nieve, que nos pareció espectacular. Se puede acceder fácilmente en coche, pagando una entrada. Sin embargo, el acceso puede estar restringido si los niveles de gases tóxicos son muy altos. Las personas con enfermedades cardio-respiratorios tienen prohibida la entrada.

Si algo queda claro tras explorar estos dos volcanes, es que en Japón la belleza y la tranquilidad conviven con la fuerza más bruta de la naturaleza en una armonía muchas veces frágil.

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