Experiencias en Corea del Sur: Dormir en un templo (templestay)

Dormir en un templo coreano no es simplemente pasar la noche, sino toda una experiencia. Recibe el nombre de templestay y normalmente consiste en una estancia de varios días con un programa estipulado de actividades que se deben seguir a rajatabla. Cada templo tiene su propio paquete de actividades y para facilitar la elección existe una página en inglés que reúne todos los templos de Corea del Sur (Templestay.com). A través de ella, se pueden conocer los programas que ofrecen, los precios y también la disponibilidad. La reserva se puede hacer por internet, a través de la misma página.

Antes de decidirse por un templo en particular hay que valorar varios aspectos:

· Que el templo entre en el itinerario que nos interese. Hay templos que ofrecen templestay en prácticamente todas las ciudades de Corea del Sur: desde las más conocidas como Seúl o Busán hasta las menos conocidas.

· Que coincidan las fechas con las de nuestro viaje. Algunos templos permiten el templestay durante la semana, pero muchos otros solamente lo ofrecen durante el fin de semana, por lo que la elección de un templo puede condicionar el itinerario.

· La duración del templestay también depende de cada templo, ya que la mayoría ofrecen solamente la posibilidad de una estancia de dos días y una noche, mientras que algunos otros permiten una estancia de hasta cinco días y cuatro noches. Esto se deberá tener en cuenta también, siempre según nuestros intereses.

· Los paquetes de actividades dependen de cada templo, por lo que siempre es importante valorar varios templos y elegir el que nos resulte más interesante. Por ejemplo, si el interés no va más allá de simplemente dormir en un templo, en Haeinsa ofrecen un paquete llamado freestyle templestay en el que no se incluye ninguna actividad.

· Además, un mismo templo puede ofrecen varios paquetes distintos o que estos cambien según la época del año o las características del grupo.

· Disponibilidad de fechas y de reserva. Algunos templos permiten reservar en cualquier momento, mientras que otros solamente permiten realizar reservas durante los tres meses previos a la fecha.

Nosotros vivimos la experiencia del templestay en el templo Bulguksa, en Gyeongju. Para ello, reservamos a través de la página web del templestay y quedamos en efectuar el pago en efectivo a la llegada al templo. Nuestra actividad se llamaba “Finding your ‘true-self’” y consistía en actividades en el templo durante dos días y una noche (desde las 14:00 h el primer día, a las 11:00 h del día siguiente). Tras la reserva nos preguntaron la edad y también la relación que había entre nosotros dos. Al principio nos sorprendió esta última pregunta, pero una vez allí comprendimos el por qué. Resulta que, si la relación no es de pareja o familia, las mujeres deben dormir en habitaciones compartidas con otras mujeres, mientras que los hombres en habitaciones compartidas con otros hombres.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos y empecemos por el principio. Llegamos a la parada de KTX de Singyeongju (más detalles en Transportes) tras un corto trayecto de una media hora desde Busán. Lo que hay que tener en cuenta es que esta parada de KTX no está en Gyeongju mismo, si no que está a una hora aprox. de la ciudad, por lo que sí o sí hay que coger un autobús (o un taxi). En la página del templestay aparecen las instrucciones de cómo llegar, por lo que simplemente se iba a tratar de seguirlas. Sin embargo, lo que nos encontramos fue que el bus 700 que debíamos coger a las 12:15 pm, no pasaba hasta las 13:50, por lo que esperarlo no era una opción, ya que teníamos que estar en el templestay a las 14:00 h, ni más tarde ni más temprano, tal y como nos lo dejaron saber. Nos tocó improvisar, y tras traducir con Google Lens todos los itinerarios de los buses que iban a Gyeongju, decidimos coger el bus 50 hasta la parada de Gyeongju Intercity y de allí coger el bus 100 hasta el templo Bulguksa. Pero aquí nos encontramos con otro inconveniente, y es que el templestay no está en el templo, por lo que decidimos escribirle a la chica que gestiona las reservas y ella nos vino a buscar.

Así pues, nuestra experiencia empezó a las 14:00 h según lo previsto. Una vez en el templestay nos asignaron una habitación, que para nuestra sorpresa era una habitación con baño propio. Las habitaciones se encuentran en pequeñas “casas”, la nuestra formada por tres habitaciones, dos de ellas con baño compartido y una con baño propio (la nuestra), una pequeña cocina (que no llegamos a usar) y un espacio compartido. Es importante tener en cuenta que al interior de la casa se accede descalzo, es decir que los zapatos se dejan en la entrada. La habitación es austera y solamente tiene aire acondicionado (todo un lujo), dos mantas y dos pequeñas almohadas, por lo que sí, se duerme en el suelo. Básicamente, la manta un poco más gruesa (no mucho más) se coloca en el suelo y la más fina sirve para taparse.

También nos dieron unos uniformes formados por un pantalón y un chaleco. Debajo del chaleco cada cual usa su propia camiseta, pero hay que tener en cuenta que ésta no puede ser ni escotada ni sin mangas.

A las 15:00 h nos reunimos el grupo “extranjero” con nuestra guía. Además de nosotros dos, también había otra pareja de franceses, una chica de Georgia y dos chicas de Países Bajos. También había un grupo coreano, formado por otras 15 personas que llevaban su propio guía y con el que nos reunimos para el resto de actividades. Y es que el templestay no es solamente una actividad para los turistas, sino que es una actividad también para los coreanos que quieren conocer el budismo. Hay que tener en cuenta que, en Corea del Sur, al contrario de lo que pensábamos, solamente un 23% de la población es budista. Sorprendentemente, un 30% de la población es católica. Pero volvamos a nuestra historia. De 15:00 h a 16:00 h recibimos orientación sobre las normas del templestay y del templo, así como cuál iba a ser nuestro horario a partir de ese momento. También nos explicaron la etiqueta que hay que cumplir y nos enseñaron cómo debíamos colocarnos en la meditación y cuál era la forma correcta de hacer las 108 postraciones que íbamos a hacer más adelante. Las postraciones son como rezos, e implican ponerse de rodillas, apoyar la cabeza en el suelo y volver a levantarse, y así 108 veces, número que representa todos los pecados que uno puede tener y que sirven para rebajar el ego. Sin embargo, se puede hacer infinidad de ellas. Según nos contaron, los monjes hacen muchas más.

Tras esta introducción, nos hicieron un tour por el templo que duró unas dos horas. Durante este tour, nos explicaron sobre el budismo, sobre la historia del templo, sobre las diferentes partes de un templo budista y mucho más. Unas de las curiosidades de Bulguksa es que está rodeado por un pórtico que solamente estaba permitido para las construcciones de los palacios. Además, las entradas de piedra reciben el nombre de puentes, aunque no lo parezcan, y es que, en sus inicios, se accedía al templo a través de puentes que estaban erguidos sobre un gran estanque que actualmente ya no existe.

De 18:00 h a 18:40 h, sin demora alguna, nos llevaron a cenar. La comida es vegana, tipo “bufet” y cada uno se sirve en el plato lo que va a comer. Se puede repetir las veces que sea necesario, pero la única condición que se debe cumplir es que no debe quedar ni un grano de arroz en el plato. El menú consistía en arroz blanco, varias verduras, alga nori, kimchi (como no) y pasta picante, que si se servía en un bol se podía mezclar como un bibimbab, o bien se podía servir en un plato y comerlo por separado. También había un caldo de verduras con tofu, y pera nashi de postre. Otra norma es que se debe comer en silencio. Un hecho que me hizo gracia fue que los “extranjeros” nos sentamos todos juntos, mientras que los coreanos no, dejando una silla vacía de por medio, o sea, una pareja, una silla vacía, un grupo de amigas, una silla vacía, una familia, una silla vacía, y así.

A las 18:40 h nos reunimos delante del templo para presenciar la llamada al rezo. Para mí, fue una de las mejores experiencias. Os puedo explicar los pasos, pero no es lo mismo. Este momento hay que presenciarlo y vivirlo. Todo comienza con el toque de los cuatro instrumentos del Dharma: el tambor del Dharma, la campana del Dharma, el pez de madera y el gong en forma de nube. Al finalizar, nos desplazamos en fila hacía el templo principal, donde realizamos la ceremonia Yebul junto a tres monjes. Esta ceremonia se realiza dos veces al día, al amanecer y al atardecer, y sirve para para rendir homenaje a todos los budas y bodhisattvas. Aquí hicimos las primeras postraciones y la verdad es que nosotros íbamos un poco perdidos ya que no entendíamos muy bien qué teníamos que hacer en cada momento. Pero nuestra salvación fue el grupo coreano que al parecer sí sabía qué hacer, así que acabamos siguiendo sus movimientos.

De aquí nos desplazamos a otro templo, en el que íbamos a hacer nuestras 108 postraciones. Nos recibió un joven monje y tras presentarse nos explicó que teníamos delante nuestro un bol con 108 bolitas y que tras hacer cada una de las postraciones debíamos meter una bolita en el hilo y así hasta acabar. No os penséis que podéis saltaros alguna que otra postración, porque no es así. El monje con unas varillas de bambú marca el ritmo de las postraciones, pero no se puede hacer la siguiente hasta que todos y cada uno hayan acabado su postración. Entonces el monje vuelve a picar las varillas y ya toca la siguiente postración. Y así, hasta finalizar las 108. En acabar metimos nuestras cuerdas en unas bolsitas con nuestro nombre y al día siguiente nos las devolvieron acabadas en una especie de rosario.

Y para acabar la noche, lo último que hicimos fue rodear las pagodas Dabotap y Seokgatap. En este ritual budista, se dan tres vueltas en el sentido de las agujas del reloj alrededor de pagodas mientras se mantienen las palmas juntas para orar por algún deseo y rendir homenaje a Buda. Sobre las 21:00 h ya estábamos de nuevo en nuestra habitación, y tras una buena ducha ya tocaba dormir en nuestra maravillosa “cama”. No os diré que hemos dormido bien porque os mentiría.

A las 5:00 de la mañana ya debíamos estar en pie y preparados para volver al templo. Lo primero que hicimos fue desayunar, que igual que el día anterior, cada uno se servía el desayuno que consistía en arroz (esta vez con algunas alubias), verduras, kimchi y salsa picante, caldo de verduras y pastelitos de arroz de postre. Igual que a la cena, tuvimos 40 min para comer y debimos estar en silencio. A las 6:00 h nos reunimos de nuevo en el mismo templo con el mismo joven monje para meditar. Para ello nos dieron las mismas colchonetas que la noche anterior y tuvimos que sentarnos en la postura del loto, o lo más parecido a ello. Esta meditación recibe el nombre de Seon y requiere dirigir la atención hacia el interior y encontrar al verdadero yo. Y justamente ese fue el tema de nuestra meditación: encontrarnos con nosotros mismos y conseguir recordar lo que fuimos en nuestras vidas pasadas. Una diferencia de la meditación coreana es que no se medita con los ojos cerrados, sino entreabiertos. Tras una media hora a los “no coreanos” ya nos empezaban a cosquillear las piernas y se notaba, por lo que el monje decidió salir al patio y seguir meditando mientras caminábamos. La verdad es que todos lo agradecimos.

A las 7:00 h nos dirigimos a la gruta Seokguram, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Al pasar por la entrada, y antes de emprender el camino hasta la gruta, nos dijeron que podíamos quitarnos los zapatos, si queríamos, para así conectar con la tierra y yo me apunté enseguida, sin embargo, Xavi fue reacio a descalzarse. Aunque no lo haya dicho, cada desplazamiento de un sitio a otro siempre se hace en fila y en silencio. Más o menos a medio camino, paramos para hacer ejercicio y al final del camino nos lavamos los pies antes de calzarnos y subir las escaleras hasta la gruta. En la gruta nos encontramos un Buda tallado en piedra de una gran belleza. Aquí la guía nos explicó la historia de la gruta y como los japoneses al intentar conservarla la destrozaron cubriendo con cemento las piedras, impidiendo así que la gruta pudiese respirar y taparon la fuente que mantenía la humedad en su interior. A pesar de las restauraciones llevadas a cabo a posteriori, la gruta ya no funciona de la misma manera por lo que necesita mantenimiento constante, y por esta razón la gran escultura está protegida por una pared de cristal.

Y ya para finalizar, tuvimos el gran honor de tocar tres veces la gran campana.

Sobre las 10:00 de la mañana ya estábamos de vuelta a la habitación. Tras una ducha rápida, recogimos nuestras cosas, nos despedimos de nuestra guía y fuimos directos a la estación de autobús para seguir con nuestra ruta. Ese día aún nos quedaba conocer Gyeongju y vivir otra experiencia más: la de dormir en un hanok.

Consejo práctico: ¿Qué llevar para dormir en un templo?:

  • Toallas y productos de higiene personal, ya que no hay en las habitaciones.
  • Zapato cómodo, ya que se camina bastante.
  • Calcetines, en el templo y en las habitaciones hay que entrar descalzo.
  • Camiseta con manga (aunque sea corta, pero que cubra los hombros) y sin escote. De lo contrario os harán taparos para ir al templo.
  • Agua. En la habitación hay botellitas de agua gratis, pero no os olvidéis de llevaros alguna con vosotros.

Por último, está prohibido fumar o beber durante toda la estancia.

Busán, una visita fugaz

La siguiente parada en nuestro viaje por Corea del Sur fue Busán, la segunda ciudad más grande del país, después de Seúl. Situada a las orillas del mar de Japón, Busán es una ciudad moderna, con mucho atractivo, que ofrece a sus visitantes desde rutas de senderismos, templos recónditos, hasta rascacielos futuristas, además de una exótica gastronomía. Dado el limitado número de días de los que disponíamos para este viaje, dedicamos a esta ciudad solamente dos, que acabaron siendo día y medio debido a que nuestro vuelo desde la isla de Jeju salió con retraso. Aunque en dos días se podría visitar perfectamente, hay que tener en cuenta que las distancias entre los puntos de interés son importantes, por lo que una buena planificación siempre puede ayudar. Aún así, no hay que preocuparse porque Busán dispone de muy buen transporte público, tanto metro como autobús.

Llegamos a Busán con un día despejado, y tras dejar las maletas en el hotel, fuimos directos a comer y a planificar la tarde, ya que el hecho de llegar más tarde de lo que teníamos previsto nos hizo tener que retocar el itinerario con el que veníamos en mente. Nuestro plan inicial era hacer el trekking del Igidae Coastal Walk, pero dado que por la tarde-noche teníamos una actividad reservada desde Barcelona, no lo acabamos de ver factible… Y por si no se podía torcer más el día, mientras comíamos nos volvieron a llegar los avisos de seguridad por tormenta. Y dicho y hecho, antes de poder poner rumbo a ningún lado, ya empezó a llover… Este día empezamos a sospechar que nos habían asignado una nube de oficio al tramitar el visado y que esta nube nos iba a acompañar durante todo el viaje…

A pesar de llover a mares, teníamos una actividad reservada que no podíamos cancelar, aunque nos empezó a preocupar, y es que se trataba ni más ni menos que de subir a un barco para ver las vistas de la ciudad desde el mar… Y allí que fuimos al muelle pensando que, a lo mejor, se cancelaría debido a la fuerte lluvia, pero para nuestra sorpresa no fue así. No solo que nuestro barco zarpó, si no que también lo hicieron algunos otros barcos, así que solamente quedaba rezar a que el dios de mar no quisiera quedarse con nosotros jajajaja. En el barco embarcamos nosotros, otra pareja coreana y una familia de tres, coreanos también. El capitán nos dio unos chubasqueros de plástico y un chaleco salvavidas y ¡a la mar! Pero tuvimos suerte y la lluvia fue amainando a medida que avanzábamos y pudimos disfrutar de unas vistas preciosas. Además, los barcos que ofrecen estos trayectos lanzan fuegos artificiales para mejorar así, si cabe, las vistas de la ciudad.

Contentos con nuestra primera gran experiencia en Busán, pusimos rumbo a la calle Seomyeon con la intención de cenar y conocer la vida nocturna de la ciudad, pero nuestro gozo acabó en un pozo cuando una tormenta decidió que ya era hora de volver al hotel…

Y como ya era costumbre, nuestro último día amaneció lluvioso, pero no podíamos permitir que la lluvia nos parara ya que para este día teníamos otra actividad reservada desde Barcelona: un trayecto desde Mipo a Cheongsapo en Sky Capsule. Habíamos comprado los billetes por internet porque habíamos leído que sin reserva te asignarían una capsula a la hora que hubiera disponibilidad, hecho que no nos convenia, debido al poco tiempo que dedicaríamos a la ciudad. En el Haeundae Blueline Park circulan por la línea del mar dos tipos de transporte: por un lado, las Sky Capsule, unas pequeñas cápsulas que circulan por unas vías elevadas a unos 10 m de altura, y el Beach Train que circula por debajo. Las Sky Capsule solamente recorren la distancia de Mipo a Cheongsapo y viceversa y son cápsulas privadas para dos a cuatro personas. Con cada entrada se asigna un horario de salida, por ejemplo, nosotros elegimos la franja de 11:00 a 11:30 (los turnos previos ya no estaban disponibles cuando hicimos la reserva), lo que quiere decir que entre este horario tocaría subir. Dado que la velocidad a la que van es de 4 km/h, el trayecto dura una media hora, y para volver al punto de salida hay que comprar dos billetes (Mipo-Cheongsapo; Cheongsapo-Mipo) o combinar el Sky Capsule con el Beach Train.

Por otro lado, el trayecto del Beach Train es más largo, operando desde la estación de Mipo hasta la estación de Songjeong, haciendo en su trayecto un total de seis paradas, por lo que se ofrecen infinidad de opciones a la hora de comprar el billete: desde un billete de trayecto completo que solamente permite bajar en la última parada, hasta un billete que permite bajar en cada una de las paradas y volver a subir para seguir con el trayecto. También hay la posibilidad de hacer un tramo caminando por la Busán Green Railway que discurre entre las vías del tren y el mar, pero justamente el tramo de Mipo a Cheongsapo aún está en obras y no se puede utilizar.

Para comprar los billetes por internet hay que ir a la página de Blue Line Park (está en coreano y en inglés) donde se elije el tipo de transporte (Sky Capsule o Beach Train), el día y la franja horaria. Para comprar ida y vuelta, hay que hacer los mismos pasos dos veces, teniendo en cuenta que la vuelta tiene que ser como poco media hora más tarde que la hora del primer viaje. Por ejemplo, si la ida es de 11:00 a 11:30 la vuelta debería ser como mínimo de 12:00 a 12:30 o más tarde si no queréis volver en seguida. Nosotros preferimos comprar solamente la ida con el Sky Capsule ya que no sabíamos a qué hora volveríamos. Además, una vez allí también se pueden comprar billetes.

Tras este breve paréntesis y volviendo a nuestra historia, llegamos media hora antes a la estación de tren, por si había que hacer cola, pero para nuestra sorpresa había muy poca gente, seguramente debido a la lluvia. Seguimos las indicaciones para subir a las cápsulas y nos hicieron pasar en seguida, aunque fuera antes de la hora prevista. También es verdad que había muchas cápsulas vacías. Nada más subir, hacen una foto que al bajar la venden como recuerdo. Durante el trayecto se pueden ver vistas de ciudad, del mar y dicen que, en días despejados, hasta de Japón, pero no lo podemos corroborar ya que solamente vimos mar y nubles…

Una vez en Cheongsapo, a pesar de la lluvia, cruzamos las vías y seguimos por el Green Railway (coastal walk) con el objetivo de llegar a Cheongsapo Daritol Skywalk, una plataforma de cristal sobre el océano con una longitud de 72,5 m y una altura de 20 m. Sin embargo, nos encontramos la plataforma cerrada y un cartel que informaba que no se podía acceder debido a la lluvia, por lo que la lluvia nos volvió a fastidiar los planes… Ya que estábamos en medio del trayecto, decidimos seguir caminando un poco más, pero cuando ya estábamos a una parada de la estación de Songjeong la lluvia empezó a apretar aún más y tuvimos que decidir si seguir hasta Songjeong de donde teníamos intención de coger un bus hasta el templo Haedong Yunggunsa o dar la vuelta. Finalmente, dado que aún nos quedaba un trozo de camino y que luego el trayecto hasta el templo nos llevaría una hora más, decidimos volver a Mipo con el Beach Train. Por suerte, en cada parada de tren hay una máquina automática que vende billetes.

De vuelta a Mipo, decidimos buscar un sitio para comer, porque ya era la hora, y volver a replantear el itinerario (oootraaa veeez…). Directamente descartamos la opción de subir a la torre de Busán porque las nubes estaban muy bajas y seguramente no veríamos mucho, también descartamos el barrio de Gamcheon porque nos pillaba bastante lejos de donde estábamos. Y la opción ganadora fue subir al templo de Beomeosa, ya que, el no haber seguido hacía el templo Haedong Yunggunsa nos dejó con las ganas. Así que tomamos el metro línea 1 hasta la estación de Beomeosa Temple y desde allí el autobús 90. Para nuestra sorpresa, cuando llegamos al templo, la lluvia paró. Y, menos mal, porque para llegar al templo, desde la parada de autobús hay que subir montaña arriba. El entorno del templo es precioso y la verdad impresiona que en tan poco tiempo se pasa de los rascacielos a los bosques.

El templo de Beomeosa se construyó durante la dinastía Silla, pero quedó reducido a cenizas durante la invasión japonesa (1592-1597). El templo actual data del año 1613, año de su reconstrucción, y actualmente es considerado uno de los principales templos de Corea. También es uno de los muchos templos que permiten el templestay, del que os hablaré más adelante.

A pesar de haber llovido, había bastante gente rezando en su interior, por lo que no quisimos molestar mucho. Tras una visita por el recinto y tras disfrutar del bosque inundado por la niebla volvimos a la parada de autobús y retomamos el camino de vuelta. Y dado que ya no llovía, esta noche sí que pudimos, por fin, disfrutar de la noche coreana. Además, era viernes, y resulta que los viernes por la noche todo el mundo sale de fiesta.

Y así concluyó una nueva etapa de nuestro trayecto. Al día siguiente tomamos el KTX (detalles en Transportes) desde la estación de Busán rumbo a Gyeongju, un destino que nos ofrecería otras extraordinarias experiencias.

Isla de Jeju, una maravilla natural

Jeju es una isla de origen volcánico situada en el estrecho de Corea considerada una de las siete maravillas naturales del mundo y declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 2007, Geoparque Global por la Unesco en 2009 y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2022. Jeju no es una isla muy grande, pero ofrece al visitante una enorme cantidad de posibilidades: hermosas playas volcánicas, innumerables rutas de senderismo y bellos paisajes. Además, es muy fácil de recorrer, ya sea en transporte público o en coche de alquiler, y se puede alcanzar en avión desde las principales ciudades del país. Por todo esto, Jeju es un gran reclamo turístico y es muy visitada, aunque no tanto por el turismo europeo, sino más bien por el turismo chino o japonés. También es un destino preferido por los coreanos, ya que las parejas eligen este lugar para su luna de miel.

Volviendo a lo que nos ocupa, la isla de Jeju fue nuestro primer contacto verdadero con Corea del Sur, aunque fue la segunda parada en nuestra ruta. La primera parada fue Seúl, aunque ese primer día lo disfrutamos más bien poco ya que nuestro vuelo de Barcelona a Seúl tuvo un retraso de tres horas haciendo que llegáramos a Corea ya de noche, por lo que solamente nos dio tiempo de cenar e ir al hotel. Nuestro vuelo a Jeju salió al día siguiente, por la mañana, desde el aeropuerto de Gimpo y llegamos a la isla poco antes del mediodía. En la isla pasamos un total de tres días y, para tener mayor libertad, elegimos alquilar un coche, por lo que, nada más recoger las maletas, salimos del aeropuerto en busca del parquing del que salen los autobuses de la mayoría de las agencias de alquiler de coche. Llegar al parquing no tiene pérdida: nada más salir, se cruza la calle y se sigue a mano derecha. Allí hay una pantalla en la que se indica de dónde sale el autobús de cada agencia, ya que éstas no están situadas en el mismo aeropuerto. Una vez finalizados los trámites, ya pudimos empezar nuestra aventura por Jeju.

Un calor abrasador nos dio la bienvenida, así que nos lo tomamos con calma y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer y de paso planificar la tarde. Y nuestra primera visita fue el túnel de lava Manjaggul, una de las principales razones por las que decidimos visitar la isla. Esta cueva tiene una longitud total de 13.422 m, por lo que es considerada como la más grande del mundo, y es declarada Patrimonio Natural de la Humanidad. Durante las erupciones volcánicas la lava fluye hacía el mar y, durante su recorrido, la lava de la superficie se va enfriando y solidificando, dando lugar a túneles, como este. Existen tres entradas a la cueva, pero solamente una está abierta al público. Se puede recorrer 1 km en su interior y se pueden observar una gran variedad de estructuras formadas a partir de lava. Dentro de la cueva, la temperatura oscila entre los 11º y los 22º, por lo que es recomendable llevar alguna prenda de manga larga, aunque con el calor del exterior no apetezca mucho. También es recomendable llevar un buen zapato, ya que el suelo suele ser bastante resbaladizo.

Esta formación de lava recibe el nombre de La Tortuga de Piedra y dicen que es idéntica a la forma de la isla de Jeju

Para finalizar nuestro primer día en Jeju, nos dirigimos al cabo Seopjikoji para ver la roca Seonnyeobawi, cuyo nombre significa “roca del hada”. Hay un camino preparado, muy cómodo que lleva hasta el faro y cerca de la roca, aunque por el camino hay diferentes miradores desde los cuales se pueden conseguir muy buenas fotos.

Tras un día totalmente soleado, nuestra suerte cambió cuando empezamos a recibir alertas de seguridad pública. Al estar conectados a una red coreana (por tener una SIM o eSIM) se reciben también estas posibles alertas, y, aunque están en coreano, se pueden traducir fácilmente con Google Lens. Y es así como descubrimos que una gran tormenta tocaría la isla durante la noche y que nos acompañó prácticamente durante los dos días que nos quedaban, trastocando así todo el itinerario que teníamos pensado… Esa misma tarde el cielo ya se empezó a ver encapotado…

Y, efectivamente, tras una noche de tormenta, nuestro segundo día en Jeju comenzó pasado por agua. Aún así, decidimos ir al bosque Bijarim, el mayor bosque de árboles bija (Torreya nucifera) de Corea, en el que se encuentran más de 2.800 árboles de entre 500 y 800 años, siendo el mayor atractivo un ejemplar de bija con más de 820 años. El trayecto es circular y es muy fácil de recorrer. Para nuestra suerte, fue llegar al parquing y dejó de llover, así que pudimos disfrutar del trayecto en condiciones. Aun así, por la lluvia había algunos tramos embarrados, pero en Corea están en todo y a la salida del parque hay unas fuentes preparadas para limpiarse los zapatos antes de subir al coche.

Nuestro siguiente objetivo iba a ser la ruta Geomun Oreum, pero nada más subirnos al coche empezó a diluviar y en vista de que no iba a parar pronto, decidimos poner rumbo de nuevo a la ciudad de Jeju y buscar algún sitio para comer con la esperanza de que cambiara el tiempo mientras tanto. Pero no fue así… La tormenta no parecía querer irse, por lo que dejamos el coche en el parquing del hotel y, paraguas en mano, tomamos el autobús (sirve la tarjeta T-Money; más info en Transportes) hasta el mercado Dongmun. Tras unas cuantas vueltas por el mercado (y alguna que otra compra), seguimos por el lateral del río hasta llegar al Museo Folclórico y de Historia Natural de Jeju.

El museo se inauguró en 1984 y es de libre acceso (al menos nosotros no pagamos entrada). Aunque no es muy grande, ofrece la oportunidad de aprender sobre el proceso de formación de la isla, sobre la fauna y flora que la habita, pero también sobre cómo era la vida y el folclore de los habitantes de Jeju a través de objetos cotidianos, trajes, y hasta representaciones de casas tradicionales o barcos de pesca.

Nuestra siguiente parada del día fue Samseonghyeol. Está situado al lado del museo, al otro lado del río, y no teníamos ni idea de lo que se trataba, pero como tampoco teníamos nada mejor que hacer por culpa de la lluvia, decidimos entrar e investigar. El recinto parece un parque con árboles inmensos y algunas construcciones. Lo mejor es empezar el trayecto por el pequeño museo que se encuentra en el lado derecho, porque así os podéis hacer una idea de qué es lo que veréis a continuación. Y es de hecho lo que nosotros hicimos, aunque fue por casualidad.

El museo consiste en dos pequeñas estancias a las que hay que acceder descalzos, dejando los zapatos y los paraguas en la entrada. Allí en forma de maquetas y diversos documentos se cuenta la historia de los tres principales apellidos de la isla de Jeju. Resumidamente, la leyenda cuenta que tres demonios emergieron de la tierra a través de tres agujeros y estos demonios se casaron con tres princesas del reino de Byeongnang y fundaron el reino de Tamna, dando lugar así a los tres principales apellidos: Seonju, Wangja y Donae. Y justamente el principal atractivo del lugar son los tres agujeros a través de los cuales salieron los demonios.

A pesar de ser una leyenda, el lugar es considerado sagrado y cercano a los tres agujeros se encuentra un pequeño templo que fue construido en el año 1698 y donde en primavera y otoño se celebran ceremonias conmemorativas y en invierno, una gran ceremonia religiosa budista en honor a la fundación de la isla.

Nuestro tercer y último día en la isla volvió a amanecer lluvioso… Sin embargo, este día decidimos desplazarnos hasta la ciudad de Saeogwipo para visitar la roca Oedolgae, la cascada Jeongbang y la cascada Cheonjiyeon. Los tres destinos de encuentran a poca distancia entre sí. Nuestra primera parada fue la cascada Cheonjiyeon. Esta cascada tiene una altura de unos 22 m y un ancho de 12 m y fue designada como Tesoro Natural, tanto por ser el hábitat de las anguilas mutaejangeo como por el bosque que la rodea.

Desde aquí nos desplazamos a la cascada Jeongbang, que con una altura de 23 m, es famosa por ser la única de Asia y unas de las pocas cascadas del mundo que arroja el agua directamente en el mar. Aquí en días soleados, que no fue el caso, se pueden ver mujeres buceadoras (haenyeo) que recogen marisco a mano, sumergiéndose en el mar a apnea.

De allí, seguimos nuestro rumbo a la roca Oedolgae, una roca de origen volcánico que se eleva unos 20 m desde el nivel del mar.

Hay varios senderos que se pueden seguir por los alrededores, sin embargo, nosotros no los pudimos disfrutar mucho ya que la lluvia decidió volver con nosotros. Como la lluvia iba en aumento, decidimos buscar un sitio para comer y poder recalcular ruta.

La decisión final fue visitar el parque Hallim, pensando que sería más fácil de visitar con lluvia, aunque nuestra mayor sorpresa fue que, nada más llegar al parque, la lluvia decidió darle paso a un sol radiante. Volviendo al parque, éste fue creado en 1971 y cuenta con multitud de plantas y de árboles bellamente dispuestos, dos túneles de lava, un jardín botánico de plantas tropicales, un jardín de bonsáis, y una aldea folclórica Jaeam. Las cuevas, Ssangyong y Hyeopjae, se formaron hace 250 mil años por la erosión volcánica. Una particularidad de estas cuevas es el hecho que, por la penetración del agua con cal, fueron adquiriendo un color dorado. Aunque solo se pueden visitar estas dos cuevas, éstas están interconectadas con hasta 20 otras cuevas que constituyen un solo sistema con una longitud de 17.000 m. Actualmente son Patrimonio Nacional Natural y se consideran únicas en el mundo.

En cuanto al jardín botánico, éste está distribuido en varios jardines más pequeños, cada uno con una temática: plantas tropicales, cactus, bonsáis, palmeras, etc.

Por otro lado, la aldea folclórica Jaeam es una reconstrucción de un antiguo poblado que permite imaginarse cómo era la vida cotidiana en Jeju.

Por la dimensión del parque y de la cantidad de rincones por los que pasear y desconectar, estuvimos pasando aquí prácticamente toda la tarde. Aunque consideramos que el parque se merece una visita, hay una gran pega, y son la gran cantidad de aves y reptiles que viven enjaulados… La verdad, no entiendo muy bien qué aporta tener los animales encerrados, porque con solo las cuevas, los jardines y la aldea ya tiene suficiente atractivo, a nuestro parecer.

Y con esto dimos por finalizado el día y nuestra estancia en Jeju ya que al día siguiente tomamos el vuelo hacia nuestro próximo destino: Busán. Dejamos la isla por la mañana con un sol radiante y con un sabor agridulce porque disfrutamos mucho de nuestra corta visita a Jeju, pero nos hubiera gustado poder haberla disfrutado con el sol que dejamos atrás…

Gastronomía coreana – un placer para los sentidos

La gastronomía coreana destaca por su sabor equilibrado y delicado, por su bella presentación, y por la frescura y la calidad de sus ingredientes. Es una cocina muy variada que emplea como base arroz (bap), avena (juk) o fideos (guksu), junto a verduras, carnes (sobre todo, ternera y cerdo), pescados y mariscos. Una particularidad es la cantidad de platos pequeños que normalmente acompañan al plato principal. Estos platos se conocen con el nombre de banchan y pueden variar, aunque hay uno que nunca falta: el kimchi. El término kimchi se refiere a vegetales fermentados, normalmente muy picantes, entre los cuales destaca la col, aunque se pueden encontrar también de rábano u otros vegetales.

Bulgogi con arroz y banchan

Me aventuraría a decir que el plato coreano por excelencia es el bibimbap. Es el plato más conocido y que se puede degustar en prácticamente en cualquier lugar: en el avión volando a Corea del Sur, en los templos budistas e incluso en las saunas coreanas. Este plato se prepara principalmente con arroz y otros ingredientes como carne o pescado, verduras y huevo, al que se le añade aceite de sésamo y se mezcla a gusto con pasta de pimiento rojo picante. Normalmente se sirve acompañado de un pequeño bol de caldo y de algunos banchan. Como es de esperar, nunca falta el kimchi. Mi favorito fue el bibimbap con carne cruda o yukhoe bibimbap.

Otras dos experiencias culinarias coreanas que no os podéis perder son la barbacoa coreana y los platos de carne o pescado crudos. Pero empecemos por la barbacoa coreana. Ésta recibe el nombre de samgyeopsal y consiste en carne de ternera o cerdo asada y acompañada por multitud de banchan, salsa y sal para aderezar la carne. Esta carne se prepara al momento en unas parillas de carbón incorporadas en la mesa o sobre parillas eléctricas portátiles. Y lo que hay que tener en cuenta es que el precio y la cantidad de carne para la barbacoa coreana depende del tipo de corte, siendo la panceta el corte más barato. Aunque habíamos leído que normalmente cada uno se cocina la carne, lo cierto es que las dos veces que probamos la barbacoa, fueron los camareros los que se encargaron de hacerlo. La forma habitual de comer la carne es envolviéndola en una hoja de lechuga o de perilla junto a los otros ingredientes a gusto. Como dije, nosotros probamos la barbacoa coreana dos veces: una vez en Jeju, ya que nos recomendaron probar el cerdo negro de la isla, y otra en Seúl, donde probamos la ternera. En Jeju, en el local que comimos, había como una especie de menú combinado que consistía por un lado de panceta de cerdo a la parrilla y, por otro lado, de un gran bol de kimchi jjigae o estofado de kimchi con tofu y carne de cerdo. La barbacoa nos encantó, pero el estofado de kimchi, a pesar de lo suave que era la carne, fue demasiado picante para nosotros.

La otra gran experiencia que no os podéis perder (si sois atrevidos) son los platos hoe, que se refieren principalmente a preparados crudos, ya sea pescado o carne. Los platos de carne cruda reciben el nombre de yukhoe y pueden ser diferentes cortes, siendo el redondo el corte más común. Se sirve normalmente con una yema de huevo cruda y con tiras de pera nashi y se acompaña de una salsa a base de guindilla para mojar la carne.  

A la derecha yukhoe (ternera cruda); a la izquierda saengseon hoe (pescado crudo).

Por otro lado, los restaurantes que sirven pescado y marisco crudos son bastante fáciles de identificar, ya que normalmente disponen de grandes peceras donde guardan los peces y el marisco vivos hasta la hora de servirlos. La ciudad de Seogwipo en Jeju fue nuestra elegida para degustar este manjar y la verdad que no nos arrepentimos. Nos sirvieron una gran bandeja que contenía desde el famoso pulpo crudo que aún retuerce sus tentáculos a pesar de estar cortado, oreja de mar totalmente viva (aún se movía), diferentes tipos de pescado crudo, hasta mini cangrejos marinados que se comen enteros. El pulpo crudo es el que nos dio un poco más de apuro porque nos preocupaba no masticarlo suficiente, ya que habíamos leído que con las ventosas se puede quedar enganchado a la garganta. La verdad es que, tras probarlo, tampoco diríamos que fuera nuestro favorito (¡donde está el pulpo a la gallega que se quite lo demás!), pero como experiencia no ha estado nada mal. Para limpiar el paladar entre plato y plato, los coreanos mastican raíz de jengibre mojada en miel, y así lo hicimos nosotros también.

Pasemos ahora a hablar del gran favorito de Xavi: el bulgogi jeongol o estafado de bulgogi. Reciben el nombre de bulgogi unas tiras finas de carne de ternera marinada en salsa de soja, aceite de sésamo, jengibre, ajo y cebolla. El bulgogi se puede servir asado junto con arroz y banchan y hasta usar en infinidad de recetas (barbacoa, bibimbap, gimbap), sin embargo, el bulgogi que probamos en un restaurante de Gyeongju le robó el corazón (y el estómago) a Xavi. En este caso, nos cocinaron el bulgogi en la mesa junto a fideos de patata (dangmyeon) y verduras y nos lo sirvieron con un bol de arroz y banchan. ¡Para chuparse los dedos!

El siguiente plato fue toda una sorpresa para nosotros. Era un día de tormenta en Busán y vimos un pequeño restaurante en el que un par de señoras sorbían una especie de sopa de fideos. Como llovía me apetecía algo caliente (aunque no hiciera frío), así que entramos. La carta solamente estaba en coreano y la traducción de Google Lens era un poco extraña, así que pedimos a boleo dos boles de lo mismo. Nuestra gran sorpresa fue que la sopa de fideos que a mi me inspiraba a caliente resultó ser fría. Por lo visto, este pequeño local solamente servía platos fríos. Tras una rápida búsqueda en internet descubrimos que lo que habíamos pedido era kongguksu, un plato elaborado con fideos crudos de trigo y un caldo a base de leche de soja, que puede llevar huevo hervido. En nuestro caso, el huevo no venía en el plato sino que había un bol con huevos hervidos en la mesa, por lo que, se podían coger de allí. Aunque no fue exactamente lo que esperábamos, fue una gran experiencia que sin duda repetiríamos.

Otros platos coreanos que probamos nos resultaron un tanto familiares por su parecido a otros platos típicos de sus países vecinos: el gimbap, que recuerda a los norimaki japoneses, y los mandu, la versión coreana de los dumplings. El gimbap tiene su origen en la ocupación japonesa del país que duró desde 1910 hasta finales de la segunda guerra mundial en 1945 y son rollitos de alga nori y arroz que pueden contener infinidad de ingredientes, desde pescado, encurtidos, panceta hasta bulgogi. Algunas de las diferencias del gimbap y el norimaki son que el gimbap no lleva pescado crudo y tampoco se sirve con soja y wasabi. Otra particularidad es que el gimbap no siempre lleva arroz, y un ejemplo es el gyori gimbap de Gyeongju que lleva tiras de huevo. Además, el gimbap es considerado muchas veces como “comida para llevar”, habiendo la posibilidad de comprarlo en las estaciones de tren y también en los mercados.

A la derecha, gimbap de pescado; a la izquierda, gimbap de bulgogi; en medio gyori gimbap.

Por otro lado, los mandu pueden ser fritos, hervidos o al vapor con diferentes rellenos, aunque los más populares con los de carne o de kimchi. Nosotros probamos los mandu en un restaurante de Seúl que aparece en la guía Michelin. Lo encontramos de casualidad, vimos que había cola para entrar y decidimos probarlo. La verdad es que no nos atrevimos con los mandu de kimchi, suponiendo que serían muy picantes, por lo que escogimos los mandu de carne. Xavi los pidió en caldo, mientras que yo los pedí en plato y me los sirvieron junto a un bol del mismo caldo y a otro plato típico coreano, el haemul pajeon, una especie de tortilla de huevo con marisco y cebolleta. Esta tortilla la habíamos probado también en Gyeongju como parte del desayuno en nuestra estancia en un hanok, pero ésta es otra historia. Volviendo a los mandu, aunque las presentaciones fueron distintas, en ambos platos los mandu estaban hervidos, de un tamaño un poco más grande de lo habitual, y con la carne muy esponjosa, nada apelmazada. Para comerlos, hay que sacarlos del caldo y mojarlos en la salsa que se sirve a parte. En cuanto al caldo, éste contenía tiras de carne y anchoas y debo reconocer que la mezcla de sabores a mi no me acabó de convencer.

A la izquierda, mandu y haemul pajeon; a la derecha, mandu en caldo.

Y, finalmente, entre los platos que traen recuerdos, se suma también un postre típico de verano, el bingsu. El ingrediente principal de este plato es el hielo al que se le añade principalmente leche condensada, alubias dulces y fruta, aunque puede haber variaciones. Este plato nos recordó el cendol que probamos en Malasia, y ¿qué os puedo decir? No me convenció entonces y tampoco me convenció ahora…

Otra experiencia culinaria coreana totalmente recomendable es la comida callejera. Los mercados, tanto diurnos como nocturnos, ofrecen la posibilidad de probar platos típicos coreano por precios mucho más asequible. Hay infinidad recetas para todos los gustos. Desde pinchos (dakkochi), patatas, pasteles de arroz en salsa (tteokbokki), gambas fritas, panecillos con huevo hechos al vapor (gyeran bbang), entre muchos, muchos otros. Sin embargo, el plato con el que nos quedamos Xavi y yo es sin duda el pollo frito. Se trata de trozos de pollo rebozado y frito que viene acompañado de diferentes salsas (a elegir). Nosotros lo probamos con salsa picante y con salsa de soja y miel y no nos pudo gustar más. En cuanto a los dulces nos enamoraron el hotteok, relleno de frutos secos y miel, y los hodugwaja, unos pastelitos con forma de nuez con diferentes rellenos (queso, crema de queso, pasta de alubias o crema pastelera). Los de crema de queso o los de crema pastelera son los mejores, a nuestro parecer.

Y, por lo último, el mejor helado que hemos probado fue este. Está hecho de leche (lo hay también de café) y para tomarlo primero hay que “amasar” el envoltorio para que el helado tenga una textura más suave y luego se abre y se va apretando para que el helado vaya saliendo poco a poco. Ante el calor de Corea, este helado fue nuestro gran capricho.

Curiosidades de los restaurantes surcoreanos:

  • Los cubiertos (cuchara y palillos), los platitos y las servitas se encuentran en un lateral de la mesa y cada uno debe coger los suyos.
  • Normalmente sirven agua fría gratis.
  • Muchos restaurantes sirven comida durante todo el día.
  • En muchos restaurantes, la carta está en inglés o bien tienen fotos de los platos, sin embargo, en muchos otros la carta está solamente en coreano.
  • La mayoría de los restaurantes tienen su propia especialidad: barbacoa coreana, pescado, mandu, etc.
  • A veces la comida puede ser muy picante.

Transportes – Corea del Sur

Metro y autobús

· Las ciudades en Corea del Sur son muy grandes ya que albergan la mayor parte de la población del país, sin embargo, es muy fácil desplazarse por ellas gracias a una extensa red de metro y de autobuses. Para estos desplazamientos, es fundamental disponer la tarjeta T-Money que se puede adquirir en tiendas de conveniencia (7-Eleven, GS25) y se pueden ir recargando a lo largo del viaje en las máquinas de algunas estaciones de metro o en las mismas tiendas. Lo único a tener en cuenta es que se deben recargar con dinero en efectivo.

· Hay autobuses que solamente aceptan pago con tarjeta y muy pocos aceptan también pago en efectivo. En los autobuses de Seúl informaban que desde el año pasado ya no aceptan pago en efectivo para la compra del billete por lo que es fundamental disponer de una tarjeta de viajes.

· Hay que pasar la tarjeta tanto al entrar como al salir, tanto en el metro como en el autobús. En los autobuses se entra por la puerta delantera y se pasa la tarjeta por la máquina que hay al lado del conductor, y se vuelve a pasar al bajar en las maquinas que hay al lado de la puerta trasera. Es importante disponer de saldo suficiente ya que según el trayecto pueden cobrar más a la salida. Esto nos pasó al ir desde la estación de Seúl al aeropuerto donde pasar desde el metro al tren no nos cobraron nada, pero sí a la salida de la estación del aeropuerto. Con el pago con T-Money se puede hacer trasbordo, a no ser que el trayecto sea muy largo. En ese caso al salir la máquina cobra la diferencia.

· En el aeropuerto, si ya no disponéis de saldo, hay una máquina para recargar la tarjeta y poder pasarla para salir de la estación. En todo caso, no os preocupéis si os sobra dinero en la T-Money ya que algunas tiendas del aeropuerto aceptan pago parcial o total con estas tarjetas. Nosotros, por ejemplo, aprovechamos el saldo sobrante para pagar parte del desayuno.

· En las paradas de autobús, la ruta aparece siempre en coreano, aunque se pude traducir con Google Lens. Para saber cuánto queda hasta el próximo autobús, hay unas pantallas que se van actualizado que están en coreano y en inglés.

A la derecha, paradas de autobús y horario. A la izquierda, pantalla informativa llegadas.

· Para saber qué autobús debíamos coger, hemos hecho servir Google Maps, ya que nos pareció que funcionaba mejor para el transporte público que Naver Map.

· Tanto dentro de los autobuses como del metro los nombres de las paradas aparecen en coreano, inglés, chino y japonés. En el autobús, para avisar de la parada, hay que pulsar el botón rojo.

· Hay que tener en cuenta que los asientos en un color diferente son asientos reservados para personas mayores o mujeres embarazadas (color rosa). En los autobuses, los asientos delanteros son normalmente asientos reservados.

· El único autobús en el que compramos el billete en la taquilla fue para el trayecto de Daegu al templo Haeinsa. En el mismo billete se informa de la plataforma de salida del autobús y la hora. Al volver del templo, los billetes los vende un chico que llega a la parada en coche poco antes de la llegada del autobús.

Dato curioso 1: la tarjeta T-Money sin dibujitos vale un pelín más barata.

Dato curioso 2: tanto para entrar en el metro como para subir al autobús, los coreanos forman cola, así que nada de empujarse ni de intentar subir el primero. Hay que ponerse la cola y esperar el turno. En el metro se forman normalmente dos colas, una a cada lado de la puerta, ya que se baja por el medio y se sube por los laterales.

Dato curioso 3: las puertas de acceso al metro están siempre abiertas, sin embargo, se cierran automáticamente si intentas pasar sin picar la tarjeta.

Tren

· Para desplazarse por el país, los trenes son una opción muy cómoda. Los trenes de alta velocidad (KTX) son bastante asequibles y unen las principales ciudades en poco tiempo. Los billetes se pueden adquirir en las taquillas, pero también por internet con hasta un mes de antelación, que es como los compramos nosotros. La página oficial (LetsKorail) está en inglés también y para comprar los billetes, primero se escoge la fecha, las estaciones de salida y destino y el número de pasajeros. En la siguiente pestaña aparecen los horarios de tren y se puede seleccionar la hora de salida y también si el asiento es en primera clase (first class) o clase económica (economy). Luego hay que poner un nombre, mail y contraseña. Aunque los billetes sean para varias personas es suficiente con registrar una sola persona (no piden los datos de los acompañantes). El pago se hace con VISA o MASTERCARD. Los billetes se reciben en el mail indicado y también se pueden imprimir directamente en el momento de la compra. En los billetes aparece indicado el vagón y el asiento.

· En caso de querer comprar billetes de trenes de alta velocidad (KTX) es importante tener en cuenta que hay que poner el nombre de la estación de tren y no el nombre de la ciudad. Por ejemplo, en Daegu la parada de KTX se llama Dongdaegu. Lo mismo en pasa en Gyeongju hay dos estaciones de tren: una para los trenes regionales y otra para los trenes KTX. En este caso, la estación de tren KTX se llama Singyeongju y se encuentra a las afueras de la ciudad.

· En las estaciones de tren no hay que picar el billete para acceder, por lo que una vez sabida la plataforma por la que pasa el tren, se accede directamente. Para localizar fácilmente al vagón indicado en los billetes, simplemente en la plataforma hay que buscar el número del vagón que aparece marcado o bien en el suelo o bien en un cartel.

A la derecha, parada vagón número 7 indicada en el suelo. A la izquierda, parada vagones 3 y 4.

· Los revisores nunca piden los billetes. Simplemente pasan y verifican que los asientos que deberían estar vacíos lo están. Solamente verifican los billetes si alguien está sentado en un asiento que debería estar libre o en caso de conflicto (si te encuentras con tu asiento ocupado).

· Igual que en el caso del metro y del autobús, las paradas están señalizadas en coreano, inglés, chino y japonés.

Avión

· Volamos a la isla de Jeju desde el aeropuerto de Gimpo en Seúl y luego hasta Busán (aeropuerto Gimhae) con Jin Air, aunque hay varias aerolíneas que operan estos trayectos. La compra de los billetes la realizamos a través de una página intermediaria, ya que, para comprarlos directamente a través de la página de la aerolínea solamente aceptan pago con tarjeta coreana. Se trata de un vuelo corto de una hora aproximadamente.

· A la hora de hacer las maletas, os recomiendo que os fijéis en el peso máximo permitido para la maleta para no llevaros sorpresas a la hora de facturar. En nuestro caso, con Jin Air, el peso máximo permitido por maleta facturada fueron 15 kg.

Dato curioso: se permite subir al avión con paraguas, incluso con paraguas largo, que normalmente lo dejan a los pies.

Coche de alquiler

· Para desplazarnos por la isla de Jeju, elegimos alquilar un coche. Para poder alquilar un coche es necesario hacerse el carnet de conducir internacional (International Driving Permit). En función de la empresa de alquiler de coches, pueden pedir más documentos, pero en nuestro caso, solamente hizo falta una tarjeta de crédito y el pasaporte. Todo coche de alquiler incluye un seguro (con o sin franquicia), aunque la cobertura del seguro puede variar en función de la compañía.

· Nuestro coche venía con GPS en inglés y la verdad es que fue una maravilla. Además de que el GPS funcionaba muchísimo mejor que Naver Map o Google Maps, también indicaba la velocidad máxima de la vía, los radares y también las cámaras de vigilancia. La presencia de cámara de vigilancia al principio choca un poco, pero al final te vas acostumbrando.

· En Corea del Sur se conduce por la derecha como en España. Las indicaciones están en coreano y en inglés, y aunque las señales pueden ser algo diferentes a las españolas, son bastantes intuitivas. Lo que más nos costó fue el giro a la derecha, ya que para girar a la derecha no hace falta esperar a que el semáforo se ponga en verde, sino que se puede girar siempre y cuando el tráfico lo permita. En caso de duda, nosotros simplemente seguimos a los demás coches. También hay que tener en cuenta que el carril bus está marcado por una línea azul, y algunas veces la acera viene marcada por una línea amarilla. Aunque habíamos leído sobre peajes, en Jeju no encontramos.

Dato curioso 1: Si no os acordáis o no sabéis el tipo de combustible que tenéis que echarle al coche, os podéis guiar por la matricula. En Corea del Sur, las matrículas blancas indican que los coches son de gasolina, las matrículas amarillas se usan para coches diesel, mientras que una matrícula azul indica que el coche es eléctrico.

Dato curioso 2: Aunque las carreteras están en muy buen estado, la velocidad máxima suele ser más baja que en España. En Jeju la velocidad máxima que nos encontramos fueron 70 km/h, aunque nos dijeron que, en la península coreana, se puede llegar a conducir a 100 km/h. En las zonas escolares, la velocidad máxima son 30 km/h.

Dato curioso 3: La mayoría de los coches que circulan en el país son marca Hyudai o Kia y todos tienen una cámara en el parabrisas. Por lo que nos comentaron, las grabaciones de estas cámaras sirven como prueba para el seguro en caso de accidente, pero también pueden ser solicitadas por la policía por seguridad (por ejemplo, si persiguen a un ladrón). Otro hecho que nos pareció curioso fue que muchos coches no tienen el limpiaparabrisas trasero para evitar la acumulación de agua en tiempo de tormenta.

Recomendaciones de viaje – Corea del Sur

Idioma: coreano. El inglés está bastante extendido. Prácticamente todo está en coreano y en inglés (señales en la carretera, metro, bus). Aunque no hablen inglés harán lo posible para comunicarse, aunque sea a través de Google Translate.

Google Translate: la aplicación tiene la opción de traducir texto (Google Lens) a través de una imagen, lo que puede resultar muy útil para traducir desde la carta de un restaurante hasta carteles en las paradas de autobús.

Requisitos de entrada en el país:

K-ETA: desde 1 de abril 2023 se suspende temporalmente el requisito de K-ETA para 22 países, entre los cuales se encuentra España, como parte de una campaña turística con la finalidad de promocionar el turismo en Corea. Esta suspensión durará 21 meses, teniendo como fecha final el 31 de diciembre 2024. Por lo tanto, no es necesario tramitar K-ETA con antelación, simplemente hay que rellenar el papel que dan en el avión. Una vez en los controles, hay que entregar el papel y el pasaporte y toman una las huellas de los dedos índices y hacen una foto de la cara. No hay que pagar nada.

Q-CODE: desde el 15 de julio 2023 ya no se exige el código QR para entrar en el país, debido a la disminución de los casos de COVID-19 y viruela del mono, simplemente se pasa por un control de temperatura, a no ser que se provenga de alguna región designada para inspección de cuarentena (por ejemplo, China, Camboya, Uganda, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, entre otros). En este caso sí se debe seguir presentando el código sanitario Q-CODE.

Vacunas: No hay vacunas obligatorias para entrar en el país.

Consejos prácticos:

Tiempo: Temporada de tifones entre julio y septiembre. Nosotros fuimos la última semana de agosto y la primera de septiembre. Durante nuestra primera semana (isla de Jeju y Busán) hubo tormentas debido al paso de un tifón que azotó China. Aunque el tifón no tocó tierra en Corea del Sur, sí provocó fuertes lluvias. La segunda semana (Gyeongju, Daegu y Seúl) tuvimos sol y mucho calor.

Moneda: el won surcoreano (KRW). Un euro equivale a 1.425 KRW (cambio septiembre 2023).

Dinero: el pago con tarjeta de crédito es ampliamente aceptado, aunque en algunos casos es necesario disponer de dinero en efectivo, como por ejemplo para recargar la tarjeta T-Money. Para poder sacar dinero en efectivo, hay que buscar cajeros que tengan la indicación “Foreign cards”.

T-Money: es una tarjeta de transporte recargable de la que también os hablo en la crónica dedicada a Transportes. Se puede recargar en las estaciones de metro o en los supermercados 7-Eleven (solamente con efectivo). Esta tarjeta se puede usar en todas las ciudades del país para pagar metro, bus o taxi. También se puede usar para comprar en algunas tiendas de conveniencia y en el aeropuerto.

Internet: para poder disponer de internet, nosotros hemos comprado una SIM que recogimos en el aeropuerto de Incheon con datos ilimitados y una eSIM. En un principio íbamos a comprar solo eSIM pero la idea de que no pudiera funcionar correctamente nos hizo comprar una SIM también. Ambas opciones nos funcionaron correctamente durante el viaje. Tener internet en el móvil nos ha parecido imprescindible para poder acceder a diferentes apps y para poder calcular rutas o buscar transporte público (horarios, paradas, etc.).

Red: al estar conectados a la red coreana, se reciben alertas de seguridad relacionada con el tiempo (tifones, olas de calor, etc) en coreano, pero se pueden traducir con Google Translate.

Navegadores: en Corea del Sur, Google Maps no funciona correctamente, por lo que nosotros nos hemos descargado NaverMap (aplicación gratuita), que es similar a Google Maps. ¡Ojo! Para poder utilizarla hay que disponer de internet, por eso es importante tener una eSIM o una SIM con datos en Corea. Lo que encontramos fue que Google Maps va muy bien para el transporte público, indicando correctamente las paradas, pero no iba nada bien en carretera o para caminar a pie. NaverMap por otro lado iba mejor en carretera (usando la dirección), pero no tanto en zonas peatonales, por lo que nosotros hicimos uso de ambas, según la situación.

Enchufe: tipo europeo, por lo tanto, no es necesario un adaptador.

Lavanderías: se pueden encontrar lavanderías en prácticamente todas las ciudades y muchos alojamientos también disponen de una lavandería (con lavadora y secadora). Para utilizar la lavadora y la secadora es necesario utilizar monedas, por lo que hay que cambiar dinero a monedas. En algunas lavanderías disponen de máquinas de cambio. El precio depende de la ciudad y la lavandería. En una lavandería, al poner las monedas en las máquinas, nos ponía que teníamos que poner 500 wons más porque no contó correctamente las monedas. Lo comentamos y la respuesta fue que si no tenemos un vídeo para demostrarlo no podían hacer nada por lo que lo dejamos pasar (500 wons no son nada), pero tenedlo en cuenta. El funcionamiento de las lavadoras y las secadoras es parecido al de las lavanderías que se encuentran en España. Lo único que no hemos encontrado ninguna que tenga las instrucciones en inglés, por lo que Google Lens nos fue de gran ayuda.

Equipaje: en la mayoría de hoteles/hostales el check-in es a las 15:00 h, sin embargo, en todos hemos podido dejar el equipaje antes de esa hora. Igualmente, en todas las estaciones de tren y metro hay taquillas para dejar el equipaje.

Itinerario: a la hora de montar el itinerario que queréis seguir, os recomiendo que os informéis de los horarios de los puntos de interés, ya que la mayoría de los lugares turísticos (ej. templos, palacios, museos, etc.) cierran los lunes o los martes.

Templos: a partir de este año, la visita a los templos es gratuita.

¿Qué llevar?

Os recomendamos no cargaros de muchas cosas y llevar una maleta pequeña y manejable, más si vais a desplazaros en tren o avión, como fue nuestro caso. Nosotros llevamos la ropa imprescindible y fuimos lavándola. Sin embargo, a la hora de hacer la maleta, os recomendamos que consideréis llevar:

  • Zapatos y ropa cómoda y de secado rápido.
  • Paraguas, imprescindible. Os servirá tanto si llueve como si hace sol.
  • Si vais a dormir en un templo, como nosotros, tened en cuenta los requisitos de vestimenta que os indiquen. Más información en la crónica Experiencias en Corea: Dormir en un templo.
  • Una batería externa para recargar el teléfono. Si vais a tomar algún vuelo interno, tened en cuenta la capacidad de la batería permitida por la compañía aérea para que no os pongan problemas.
  • Y sobre todo: una mente abierta y muchas ganas de conocer, aprender y disfrutar.

Corea del Sur – un viaje para el espíritu

Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.

Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».

Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:

  • Días 1-2: Barcelona-Seúl
  • Día 3-5: Jeju
  • Día 6-7: Busán
  • Día 8-9: Gyeongju
  • Día 10-11: Daegu
  • Día 12-14: Seúl
  • Día 15: Seúl-Barcelona

Logística viaje

Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Recomendaciones de viaje – Corea del Sur

Transportes – Corea del Sur

Gastronomía coreana – un placer para los sentidos

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un templo (templestay)

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un hanok

Experiencias en Corea del Sur: Jjimjilbang o sauna coreana

Lo que + nos gustó y lo que –. Corea del Sur

Parque Natural de Somiedo: osos y lobos

En nuestro corto viaje a Asturias tuvimos la oportunidad de conocer dos especies animales muy especiales que viven en la cordillera cantábrica y que son endémicas de España: el oso pardo cantábrico (Ursus arctos artcos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus), aunque por desgracia solamente a una la pudimos ver en libertad.

Asturias es una de las cuatro comunidades autónomas, junto a Castilla y León, Galicia y Cantabria, que son hogar del máximo depredador de la península: el lobo ibérico. El lobo ibérico tiene un pelaje pardo-grisáceo con zonas amarillentas, orejas pequeñas y triangulares, un cuerpo ágil y delgado y que mide 1,2 metros de largo y una altura de unos 70-80 cm con un peso de unos 50 kg. Viven en manadas o grupos familiares reducidos en los que manda el macho adulto más fuerte. Las parejas de lobos suelen tener entre 3 y 6 lobeznos que llegan a ser adultos a los 3 años. Su esperanza de vida es de unos 8 años. Se alimentan principalmente de ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, liebres, entre otros, controlando así la población de estas especies. Junto a otros carroñeros, los lobos también devoran cadáveres de animales evitando así el contagio de enfermedades. El año 2020 se estimó que quedaban alrededor de 300 manadas, lo que la hace genéticamente una especie muy vulnerable debido a la consanguinidad.

Aullador

El primer contacto con los lobos ibéricos lo tuvimos en la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda. Visitamos el museo e hicimos la ruta del lobo. Esta ruta recibe este nombre porque lleva hasta un cercado en que actualmente viven dos lobos macho. Este sendero se puede hacer por libre perfectamente, de hecho, está señalizado y hay hasta un merendero delante, sin embargo, antes de juzgar y lamentar su situación, vale la pena conocer su historia de la mano de la guía y así tener también un contexto general, no solo de estos dos lobos en particular, sino también de la situación de los lobos en Asturias. Belmon y Aullador son los nombres de los dos lobos que, desde su cercado, son testimonios de la complicada situación que viven los lobos en Asturias. No están allí por puro capricho, ni tampoco para ser exhibidos a los visitantes, sino que están allí por tener la mala suerte de encontrarse con los humanos. La manada de Belmon y de su hermano, Tino, que murió el año pasado, fue asesinada en una de las partidas de caza al lobo. Sin embargo, los hermanos consiguieron sobrevivir y ambos fueron rescatados con tan solo semanas de vida… El hecho de perder a su familia de la mano del hombre les ha condenado a vivir toda la vida encerrados, ya que sin una manada no pudieron volver a la naturaleza. Por otro lado, la historia de Aullador es aún más desoladora ya que fue capturado por un hombre que se había encaprichado con querer tener un lobo como mascota y que lo desechó como si nada cuando vio que no se comportaba como un perro. Estando ya acostumbrado al contacto con los humanos, fue condenado a vivir toda la vida privado de la libertad.

Aullador

Debido a que las manadas de lobos ibéricos son generalmente pequeñas, si se mata algún miembro de la manada, ésta se debilita y ataca presas más fáciles como son el ganado. Y he aquí el problema: si se caza al lobo por miedo a que vaya a matar al ganado, éste acabará haciendo justo lo que se espera impedir. Es un pez que se muerde la cola. Las soluciones que se dan ahora mismo, como por ejemplo compensar la pérdida de un animal económicamente, no solventan el problema mientras que las soluciones que de verdad funcionarían necesitan tiempo, dinero e investigación. El futuro es difícil para el lobo en Asturias, dada la importancia de la ganadería en la zona. Aullador y Belmon son dos lobos que han sufrido daños colaterales por la acción de los humanos, sin embargo, algunos otros no tuvieron tanta suerte… Aun así, tengo la esperanza de que se invierta en mejorar la situación de los lobos y que la población local acabe aceptando a este hermoso animal y así conseguir vivir en armonía.

Mirador de La Peral

Por otro lado, en Pola de Somiedo tuvimos la suerte de poder conocer a otro emblema de los montes de Asturias: el oso pardo cantábrico, esta vez, sí, en libertad. Por suerte, los osos tienen mayor aceptación entre la población local, a diferencia de los lobos, porque no afectan a la ganadería. Algún apicultor podría ver mermadas sus colmenas, pero no producen el mismo impacto que los lobos. A diferencias de los lobos que ven reducida su población, el número de osos está aumentando.

El oso pardo es el animal terrestre más grande de la fauna ibérica y cuenta con un censo de unos 260 ejemplares, viviendo la mayoría de ellos en Asturias. Es la subespecie de oso pardo más pequeña y su esperanza de vida supera los 20 años. El oso pardo es plantígrado, tiene un pelaje entre pardo amarillento y marrón oscuro y un peso de unos 180 kg en los machos y de unos 140 kg en las hembras. En invierno hibernan, refugiándose en cuevas. Las osas paren entre una y tres crías durante la hibernación y estas crías se quedan con la madre hasta cumplir un año y medio, que es cuando la familia se separa.

Oseznos hermanos en el mirador de La Peral

Avistar osos se puede hacer por libre, sin embargo, no se recomienda para nada subir a la montaña ni a aventurarse a acercarse demasiado a los osos. Dos cosas hay que tener claras: la primera, estamos en el territorio de los osos y los debemos respetar y no los debemos molestar en absoluto, y la segunda, el oso es un animal salvaje, impredecible y que puede actuar con ferocidad si se siente amenazado. Dicho esto, hay dos miradores habilitados a los que se puede acudir para el avistamiento: el mirador de La Peral y el mirador de Gúa. La mejor época para el avistamiento es la primavera y el otoño, ya que en verano hace demasiado calor y acostumbran a estar metidos en el bosque donde la temperatura es más fresca. En primavera además existe la posibilidad de ver mamás con sus oseznos que recién abandonan las cuevas donde hibernaron durante los meses de más frío, sin embargo, en otoño, los osos se alimentan frenéticamente para el engorde de cara a la hibernación y son más fáciles de ver entre la multitud de avellanos que salpican las montañas de Somiedo. Así pues, sea cual sea la época, los mejores momentos para el avistamiento son las mañanas temprano y las tardes. También hay que tener en cuenta que los miradores están encarados a las laderas de las montañas, pero no están cerca, por lo que es necesario acudir con prismáticos, o mejor aún, con telescopios. La ropa de abrigo también viene muy bien ya que las mañanas y las tardes son frescas y seguramente el intentar avistar los osos puede conllevar muchas horas parado en un mismo lugar. También existe la posibilidad de no ver ningún oso. Es un riesgo que se debe correr… puede que ningún oso decida dejarse ver o puede que la niebla no quiera dejar entrever ningún oso…

Oso macho en el mirador de Gúa

Nosotros hicimos dos avistamientos, uno por la mañana temprano y otro por la tarde, y fuimos unos de los afortunados en observar a estos preciosos animales. En el primer avistamiento, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar en la ladera más alejada del mirador de La Peral, dos hermanos oseznos y posteriormente a una mamá con dos crías. Y fue gracias a unos buenos telescopios… Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos la suerte de avistar un oso macho nada más llegar. Éste se estuvo unas cuantas horas disfrutando de las avellanas en la ladera de la montaña y nosotros estuvimos disfrutando viéndolo a través de los prismáticos. Aunque si no se consigue ver al oso, se puede disfrutar igualmente de la espera, de los paisajes y de otra fauna que habita Somiedo. Desde luego Somiedo no es solo osos y lobos, si no también el hogar de corzos, rebecos, multitud de aves…

En definitiva, para el avistamiento de osos se necesitan ganas y paciencia para esperar sin tener la certeza de conseguirlo, pero también respeto, tanto por el entorno como por los mismos osos. En este tipo de actividad somos meros observadores, pero también responsables de preservar la naturaleza en su estado.

Mar y montaña: una semana por Asturias

Tras nuestro último viaje a Madagascar allá por 2019, planeábamos el que hubiera sido nuestro siguiente viaje: Japón, sin imaginar que nuestros planes se verían truncados irremediablemente por el coronavirus. Lo que parecía un breve parón en nuestras vidas, acabaron siendo dos años en los que solo pudimos soñar con los viajes. Fueron unos años muy duros, seguramente como para todos, pero tuvimos la suerte, al menos de poder dedicarnos a nuestro jardín, que ha sido nuestra ruta de escape durante este tiempo.

Este año 2022 Japón no pudo ser, por tener las fronteras cerradas hasta hace nada, pero esto no fue un impedimento para que nuestras ganas de viajar y conocer mundo despertaran, ganas que se habían quedado de alguna manera dormidas, ya que no nos atrevíamos a volver a hacernos planes. Y así es como, para desperezarnos hemos decidido hacer una escapada de una semana a Asturias durante el mes de septiembre. Dado que el número de días fue limitado, tuvimos que definir muy bien lo que queríamos visitar y lo que seguramente dejaríamos por el camino. Los puntos clave que teníamos muy claros al decidir este viaje fueron: avistar osos en libertad en el Parque de Somiedo e iniciarnos a la espeleología en una de las cuevas naturales de los Picos de Europa. Lo cierto es que ya habíamos visitado cuevas con anterioridad, como las del Parque Nacional de Mulu en Malasia, pero nunca habíamos hecho espeleología y teníamos curiosidad. Con esto en mente y tras valorar todo lo que Asturias puede ofrecer, hemos definido el siguiente tour (circular):

Pola de Somiedo (2 días)

Elegimos como base para la primera parte del viaje, Pola de Somiedo, un pequeño pueblo rodeado de montañas, pero un punto neurálgico para las diferentes actividades culturales, de senderismo y naturaleza que se pueden realizar en el Parque de Somiedo. De camino a Pola paramos a visitar la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda, para conocer de primera mano la situación de los lobos en la zona, y una vez en Pola de Somiedo, hicimos dos avistamientos de osos en el Parque de Somiedo. Ver osos en libertad no es fácil, no os creáis. Son animales impredecibles y hay muchísimos factores que pueden influir: las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de alimento y la suerte de cada uno. En el primer avistamiento, por la mañana temprano, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar a lo lejos, muuuy a los lejos dos hermanos oseznos ya independizados y, posteriormente, una mamá con dos crías. Fue en el Mirador de la Peral, justamente en la ladera más alejada, siendo imposibles de ver con prismáticos, y solamente accesibles gracias a unos buenos telescopios. Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos aún más suerte, y, nada más llegar, vimos un macho en la ladera de la montaña alimentándose tranquilamente de avellanos, esta vez, sí visible con prismáticos.

Otras actividades por las que Pola es famosa son sus rutas de senderismo, siendo la ruta de los lagos la más conocida, sin embargo, nosotros, dado el reducido número de días que pasamos aquí, nos limitamos a hacer la ruta accesible. Un sendero corto, preparado para que cualquier persona en cualquier situación lo pudiera hacer, pero que ofrece unas vistas impresionantes del pueblo y de las montañas que lo rodea.

Como recomendación culinaria, nuestro plato favorito de aquí fue el cachopo con cecina, queso y membrillo. Buenísimo.

Soto de Agues (1 día)

Paramos en Soto de Agues, un pequeño pero hermoso pueblo situado en el Parque Natural de Redes, en nuestro camino de Pola de Somiedo a Cangas de Onís y aprovechamos para hacer la Ruta del Alba, declarada monumento natural en el año 2001. La ruta sigue el curso del río Alba por un antiguo camino de pastores. Es una ruta fácil y accesible, con poco desnivel, ya que los primeros 5 km discurren por un sendero de piedra, acondicionado. Los últimos 2 km, a partir de las Brañas de La Vega, son por camino de montaña, pero este es, sin embargo, el tramo más espectacular, si cabe, ya que el sendero está encajonado entre las paredes de roca y el río con decenas de saltos de agua y cascadas. La ruta es lineal, por lo que hay que deshacerla por el mismo camino (14,6 km en total). Durante el trayecto se pasa por al lado de una piscifactoría truchera y por la mina de hierro del Carmen, ambas ya en ruinas.

Este día comimos un bollo preñao en uno de los merenderos que hay a lo largo del camino. El bollo preñao es un bollo de pan relleno de chorizo. Una comida potente, pero recomendable para la ruta.

Cangas de Onís (3 días)

La que fue la primera capital del antiguo reino de Asturias, fue nuestra base en la última parte del viaje. Este pequeño pueblo lleno de historia es la puerta de entrada al Parque Picos de Europa pero también a otro clásico de Asturias: los lagos de Covadonga y el santuario de Covadonga. Tanta es la fama de estos enclaves que en temporada alta el acceso a los lagos esta restringido a vehículos particulares a partir de las 8 de la mañana, siendo posible llegar en autobús, en taxi o con algún tour organizado. Desde Cangas de Onís parten buses cada veinte minutos y los billetes de autobús se pueden comprar directamente en la terminal o por internet. Aunque al hacer la compra por internet obliguen elegir una hora de subida y una de bajada, la verdad es que podéis hacerlo a la hora que queráis. Este mismo bus para en el santuario de Covadonga. También es importante tener en cuenta que aún es (al menos lo era cuando nosotros fuimos) obligatorio el uso de mascarilla en el transporte público.

Una vez alcanzada la cima, las vistas quitan el aliento. Tanto los miradores como los lagos de origen glaciar son un espectáculo para todos los sentidos. Además de caminar por estos enclaves y disfrutar de la naturaleza y de las espectaculares vistas de los dos lagos, Ercina y Enol y de la laguna temporal, el Bricial, también se puede conocer el pasado minero de la zona a través de las minas de Buferrera. Aquí podéis pasaros desde una mañana hasta un día entero. El único pero que le pondría es la cantidad de visitantes que estos parajes pueden atraer. Queda patente que es uno de los sitios más turísticos de Asturias.

Sin embargo, Cangas de Onís y alrededores, ofrecen muchas más actividades, para todos los gustos y condiciones. Desde visitas gastronómicas, como las visitas a queserías, a multitud de rutas de senderismo, miradores y actividades de aventura, como el descenso del río Sella en canoa o hacer espeleología. Aunque no me atreví a bajar en canoa, debido a mi miedo al agua por no saber nadar, sí que decidimos iniciarnos a la espeleología. Según nos dijeron, los Picos de Europa son considerados el Himalaya de los espeleólogos debido al amplio recorrido subterráneo que ofrece este sistema kárstico. La cueva en la que nos adentramos no era muy grande y el nivel de exigencia era bajo, pero la verdad es que descubrimos algo totalmente desconocido para nosotros, fue toda una experiencia sensorial. Nos sorprendió la temperatura de la cueva, la falta de luz y de olores, pero también que, incluso un lugar tan inhóspito como ese, pueda ser el hogar de seres vivos. La guinda final fueron unos minutos en los que el guía nos recomendó que nos sentáramos, apagáramos las linternas y disfrutáramos de lo que es realmente estar en una cueva: oscuridad profunda, silencio total, un medio en el que de nada sirven nuestros sentidos…

Para realizar este tipo de actividad hay que contar con un guía experimentado. Nosotros reservamos el día previo y tuvimos la suerte de que éramos los únicos que nos habíamos apuntado ese día. Aunque normalmente los grupos son reducidos, nosotros agradecimos poder disfrutar de esta aventura “en privado”. Antes de empezar, nos dieron un mono, un casco con linterna y guantes. Se recomienda llevar un buen calzado ya que el suelo puede ser resbaladizo. No se recomienda llevar ni mochilas ni otros objectos con los que haya que cargar durante la ruta. En la cueva el suelo estaba húmedo y resbaladizo, tuvimos que subir y bajar con la ayuda de cuerdas y, aunque había habitaciones en las que se podía estar perfectamente de pie, también había algunos puntos en los que teníamos que pasar agachados. Si aún no habéis hecho espeleología, es una experiencia totalmente recomendable.

Tras esta aventura, cogimos el coche y nos dirigimos a la Cuevona de Cuevas del Agua, una corta cueva por la que discurre una carretera, que es el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Dicho de otro modo, es una cueva que se puede cruzar perfectamente en coche. Sin embargo, yo os recomendaría que aparquéis el coche y disfrutéis de la cueva a pie, que es como lo hicimos nosotros. Son unos 300 m de recorrido perfectamente iluminados, destacando las fascinantes formaciones calcáreas de esta cueva.

Y para finalizar el día, también subimos a uno de los muchos miradores que hay, el mirador de Fitu, que ofrece unas vistas increíbles del mar y de las montañas.

Y ya de vuelta hacía Avilés, donde pasamos la última noche antes de volver, no pudimos resistirnos a hacer una última ruta de senderismo: el Camín Encantau. Este sendero circular se encuentra en la localidad de Venta de Probes, de unos 8,6 km de longitud. La ruta tiene cierto desnivel, con una primera subida empinada. Pero vale la pena por los paisajes que la rodean y por ser también un recorrido por la mitología asturiana. Y es de allí que recibe el nombre de camín encantau, de los personajes tallados en madera que aparecen a medida que avanzamos en la ruta. El primero que nos da la bienvenida es Sumiciu, el duende que hace desaparecer los objetos.

Nuestros platos favoritos de estos días fueron las verdinas con pulpo y los tortos con huevo y adobu.

Cudillero (1 día)

Y llegamos al último día de nuestro viaje a Asturias y, como despedida, antes de dejar el coche de alquiler y volar de nuevo a Barcelona, visitamos Cudillero, un pequeño pueblo marinero enclavado en un acantilado, declarado Conjunto Histórico Artístico. El mar Cantábrico y las casas de colores nos dejaron maravillados. Y para disfrutar aún más del pueblo, del mar y de las vistas, os recomiendo que subáis a cualquiera de los miradores que lo rodean.

El plato estrella de Cudillero, para nosotros, fueron las zamburiñas.

Este fugaz viaje por Asturias, por sus paisajes más emblemáticos, su fauna, sus pueblos con historia y su gastronomía ha sido una experiencia para todos los sentidos y, desde luego, nos ha dejado con ganas de más, de volver a recorrer, de conocer y de disfrutar. Sin dudas, algún día, ¡volveremos a Asturias!

Lo que + y lo que -. Madagascar

Definitivamente el viaje a Madagascar no nos dejó indiferentes. Durante los 15 días que pasamos por el centro de la isla pudimos disfrutar de lugares y momentos maravillosos: el contacto con la naturaleza, con los lémures y demás fauna endémica, unos atardeceres y amaneceres magníficos, una maravillosa gastronomía… Sin embargo también hubo algunos no lo fueron tanto… Aquí tenéis nuestra valoración:

Lo mejor:

+ Conocer por fin a los lémures. Aunque la fauna y la naturaleza en general nos apasionan, los primates siempre han sido (y siguen siendo) un gran imán. Conocer al famoso rey Julien, al lémur más grande todos y al lémur más pequeño, entre muchos otros, fue todo un privilegio.

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+ El parque de Analamazaotra fue con diferencia mi favorito. Pasamos un poco de frío pero pudimos disfrutar un montón de la naturaleza tanto de día como de noche. Y despertarse con el canto de los indris fue algo increíble.

+ La reserva privada de Anja. Una muestra de que el turismo sostenible es posible. Aunque la reserva no tiene nada que ver con los parques naturales en cuanto a tamaño y a variedad de fauna y flora, en ella viven unas preciosas familias de lémures anillados y los beneficios repercuten directamente en la población local.

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+ El parque de Isalo. ¡Es como visitar multitud de paisajes en un solo paseo! Desde formaciones rocosas de tonos rojizos hasta exuberantes cascadas verdes ocultas en los hondos valles.

+ Abrazar los grandiosos y viejos baobabs nos dio una energía especial.

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+ La playa solitaria de Belo sur Mer, lejos del ajetreo de las ciudades y sin grandes comodidades. Indiscutiblemente nuestra definición de paraíso.

+ La gastronomía malgache. Una apetitosa mezcla de ingredientes y especias (miel, vainilla, jengibre, coco, pimienta…).

Lo peor:

– La pobreza. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y eso se hace patente a cada paso. Sin embargo, durante nuestro trayecto hacia el sur de la isla, uno de los lugares más afectados por la sequía, se me rompió el alma al ver niñxs pedir ¡agua! Durante nuestros viajes es habitual que los niñxs pidan bombones o lo que sea, pero que pidan agua porque no tienen ni para beber (ya ni decir para bañarse o lavar la ropa…) a mí me dejó trastocada. Por favor, si viajáis al sur de la isla y os piden “oviva” (del francés Eau vive, marca de agua embotellada) no se lo neguéis. Aunque tener agua a nosotros nos parece un derecho para otrxs es un privilegio.

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– El acoso de la gente. Justamente la pobreza y la falta de recursos conllevan a que se acose incesantemente a lxs vazaha (“blancxs” en malgache). Nos llegaron incluso a perseguir para vendernos cosas mientras íbamos a comer, esperarnos mientras comíamos y luego volver a perseguirnos a donde fuéramos. Y, creedme, comprar lo que sea no soluciona nada porque comprarle a unx implica que aparezcan 3-4 más y el proceso empieza de nuevo. Aunque lo cierto es que no nos lo encontramos en todos los sitios por lo que pasamos. Ifaty, sin duda, fue el peor en este sentido.

– La deforestación. La tala incontrolada de bosques, la plantación de árboles foráneos (sobre todo eucaliptos para producir carbón y árboles frutales) y los fuegos descontrolados no era lo que esperábamos ver. Los parques naturales y las pequeñas reservas son los únicos refugios de la fauna y de la flora endémicas, sin embargo estos ven reducido su tamaño cada día…

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– Las reservas privadas de Vakona y Peyreiras. Debido a la deforestación y a la pérdida de espacios naturales de bosques primarios y a la gran demanda por parte de lxs turistas de conocer fácil y rápido multitud de fauna endémica provoca la creación de reservas que en espacios reducidos, no siempre adecuados y muchas veces con fauna en jaulas. Una gran desilusión…

– El exagerado número de turistas que nos encontramos en el parque de Ranomafana, uno de los más famosos y visitados del país. No negaré que es uno de los mejores sitios para ver fauna (existe la posibilidad de ver 7 especies de lémures diurnos), sin embargo creo que para que este sitio se mantenga en estado natural se debería limitar el número de visitantes que accedan al parque cada día.

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– Hacer fotos con flash. La misma historia de siempre… Aunque las fotos no salen preciosas sin flash, creo yo que la finalidad principal del viaje es ver y disfrutar de la naturaleza. Y la fauna nocturna tiene una característica común: le molesta la luz y más cuando están cazando, comiendo o escondiéndose.

– La fuerte lluvia de Ranomafana que nos impidió disfrutar del parque en condiciones. Además, no llevamos chubasquero y eso nos hizo tener que abandonar el parque antes de tiempo… ¡No cometáis el mismo error que nosotros!

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– El arduo trayecto de Belo sur Mer a Ifaty. Más de 14 horas de coche por caminos imposibles y hasta un trasbordador tirado por personas… Algo que nos pareció más típico de las historias coloniales que no del siglo XXI.