Dewa Sanzan, peregrinaje místico por las tres montañas sagradas de Japón

El shugendo fusiona diversas creencias, como el sintoísmo, el animismo, el taoísmo y el budismo esotérico, principalmente de las escuelas Shingon y Tendai. Fue fundado por En no Gyoja (634-700 o 707) como una práctica mística y espiritual que se caracteriza por una profunda relación entre el ser humano y la naturaleza, siendo el culto a las montañas uno de sus elementos fundamentales. Las montañas no solo se veneran como entornos naturales, sino también como escenarios donde sus practicantes, llamados shugenja o yamabushi, pueden alcanzar la iluminación y la paz interior mediante la meditación y la práctica del ascetismo, donde a través del esfuerzo físico y espiritual se busca un proceso de transformación interior.

A lo largo de la historia de Japón, el shugendo experimentó importantes transformaciones debido a las políticas religiosas de los distintos gobiernos. En 1613, durante el periodo Edo (1603-1868), bajo el sogunato Tokugawa, las autoridades impusieron una normativa que obligaba a los templos shugendo a estar bajo la administración de las principales escuelas budistas, Shingon o Tendai. Posteriormente, con la Restauración Meiji (1868-1912), el gobierno promovió el sintoísmo como religión oficial del Estado, separándolo explícitamente del budismo, y como consecuencia, el shugendo fue censurado y algunos de sus templos fueron oficialmente declarados como sintoístas. No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial, el shugendo experimentó una recuperación progresiva, y en la actualidad, vuelve a practicarse bajo el amparo de las dos escuelas budistas, Shingon y Tendai. Entre los templos más representativos que conservan su práctica y legado se encuentran Kinpusen-ji en Yoshino, vinculado a la escuela Tendai; Daigo-ji en Kioto, asociado a la tradición Shingon; y Dewa Sanzan.

El origen de Dewa Sanzan se sitúa en el año 593, cuando el príncipe Hachiko, hijo del emperador Sushun, huyó a estas montañas tras la muerte de su padre a manos del clan Soga. Aquí, dedicó su vida a la práctica religiosa, dando inicio al culto a las tres montañas sagradas de Dewa: Haguro, Gassan y Yudono. Tras su consagración, comenzaron a llegar peregrinos, entre los que se sumaron En no Gyoja, el fundador del shugendo, y también Kukai, el fundador del budismo Shingon. Cada una de las montañas de Dewa cuenta con un santuario en su cima, y cada una representa un momento fundamental en el ciclo de la vida. La peregrinación empieza en el monte Haguro, que simboliza el nacimiento (o el presente), sigue por el monte Gassan, que representa la muerte (o el pasado), y finaliza en el monte Yudono, que encarna el renacer (o el futuro). Los santuarios de los montes Haguro y Yudono han sido clasificados como kokuhei shosha, es decir, santuarios de alto prestigio, mientras que el del monte Gassan ha adquirido la categoría de kanpei taisha, la máxima distinción dentro del sistema de clasificación de santuarios sintoístas.

Monte Haguro

La ruta de peregrinación comienza en el monte Haguro, el más bajo de los tres que componen Dewa Sanzan (414 metros sobre el nivel del mar). Es también el más visitado y la cima es accesible también en autobús o en coche. En la base de la montaña se concentran la mayoría de los shukubos, alojamientos preparados para los peregrinos que emprenden este camino, y el Museo Cultural de Ideha, dedicado a divulgar las prácticas de los yamabushi y la espiritualidad asociada a las montañas de Dewa. La ruta de peregrinación empieza tras cruzar la puerta Zuishinmon. El origen de esta puerta es budista y recibía el nombre Niomon, pero fue consagrada al sintoísmo durante la Restauración Meiji. El camino está compuesto por nada más y nada menos que 2446 escalones de piedra que datan del período Edo, por lo que son considerados los más antiguos de Japón, y discurre entre un impresionante bosque de cedros gigantes (sugi) de entre 300 y 600 años. Conocido como Hagurosan no Suginamiki (camino de los cedros del monte Haguro), fue galardonado con tres estrellas en la Guía Verde Michelin de Japón, además de ser declarado Tesoro Nacional especial.

Tras pasar los santuarios de Haraigawa, y cruzar el puente rojo (Kaedegawa), donde los peregrinos yamabushi realizan abluciones de purificación, y dejando atrás la cascada de Soga, se llega a uno de los principales puntos de interés: la emblemática Pagoda de Cinco Pisos, considerada una de las más bellas del país. Esta pagoda, conocida como Goju-no-To (literalmente pagoda de cinco pisos), es una estructura de madera de 29 metros de altura cuya fecha exacta de construcción se desconoce (posiblemente entre 903 y 940). Lo más destacado de esta pagoda es la presencia de celosías, algo inusual en este tipo de construcciones. Fue declarada Tesoro Nacional de Japón en 1966 y es la más antigua de la región de Tohoku. Cerca de la pagoda se encuentra el jijisugi (cedro anciano), de más de 1000 años, al que los peregrinos suelen acudir a rezar.

A partir de aquí empiezan tres tramos de escaleras especialmente empinados: Ichi-no-zaka (primera cuesta), Ni-no-zaka (segunda cuesta, la más empinada) y San-no-zaka (tercera cuesta). En la segunda cuesta se encuentra la casa de té Ninozaka Chaya, y al final de la tercera cuesta se llega a Saikan, un shukubo en el que se puede pasar la noche. Poco después, un torii rojo da la bienvenida a la cima del monte Haguro, donde Sanjin Gosaiden se erige como el principal lugar de culto. Su acceso está precedido por los pequeños santuarios Itsukushima y Hachiko (en honor al príncipe Hachiko), ambos declarados Bien de Interés Cultural en 2005. Este edificio de arquitectura sincrética sinto-budista, reconstruido en 1818, es conocido por poseer el tejado de paja más grande de Japón, con 2,1 metros de grosor. Originalmente llamado Jakko-ji, pasó a denominarse Sanjin Gosaiden tras la Restauración Meiji, cuando se consagró al sintoísmo. Éste está compuesto por tres espacios: el santuario del monte Gassan (dedicado a Tsukuyomi-no-mikoto, dios de la luna), el santuario Ideha (dedicado a Ideha-no-kami, dios de Dewa) y el santuario del monte Yudono (Oyamatsumi-no-kami, dios de las montañas). Frente a Sanjin Gosaiden se encuentra Kagami-ike, o estanque de los espejos donde desde el periodo Heian (794-1185) hasta el período Edo los creyentes arrojaron espejos de bronce a los dioses. Muchos de los espejos encontrados en el estanque se exponen en el Museo Histórico de Dewa Sanzan, que se encuentra cerca de allí.

Monte Gassan

El monte Gassan es en realidad un antiguo volcán, actualmente inactivo, y es el más alto de Dewa Sanzan (1984 metros sobre el nivel del mar). En la cima se encuentra el santuario Gassan-jinja que data del año 773. Solo se puede visitar desde julio a septiembre y es accesible a pie, siguiendo la ruta de peregrinación, pero también en autobús y en coche. Dado que fuimos a Japón en junio, no nos fue posible visitar este santuario.

Monte Yudono

El monte Yudono (1500 metros sobre el nivel del mar) es el último y el más sagrado de los tres. Para los yamabushi, la ruta de peregrinación solo se considera completa tras ascender este monte. Es accesible desde abril a octubre, en autobús o coche. Entre sus atractivos se encuentran los templos budistas Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji, guardianes de tres sokushinbutsu y, en la cima, el santuario del monte Yudono. Este santuario destaca por no ser un edificio, sino una gran roca de la que emana agua caliente, considerada la morada de los dioses, y está dedicado a Oyamatsumi-no-Mikoto (dios de las montañas, el mar y de la guerra), Onamuchi-no-Mikoto (dios de la construcción de la nación, la tierra, la agricultura, los negocios y la medicina) y Sukunahikona-no-Mikoto (el dios de la curación, el sake, la agricultura, las aguas termales [onsen] y el conocimiento). Por respeto al santuario se requiere el cumplimiento riguroso de ciertas normas: no está permitido tomar fotografías ni grabar dentro del lugar sagrado, y se recomienda no hablar sobre lo que se ve o escucha en este espacio.

Desde el aparcamiento, hay dos opciones para subir hasta el santuario: a pie o en autobús. Los billetes para el autobús se compran dentro del edificio adyacente y justo delante se encuentra la parada. Nosotros subimos en autobús, pero preferimos bajar caminando. Después de cruzar el río Bonji, río de agua termal, se llega a la entrada del santuario. Para poder rendir culto, se debe seguir un ritual de purificación dirigido por un sacerdote y se entra con los pies descalzos. El sacerdote nos entregó un talismán y una pequeña muñeca de papel llamada hitogata, que se utiliza para limpiar las impurezas físicas y, tras exhalarle, se deja que flote en el arroyo que discurre a los pies del santuario.

Dentro se encuentra una gran roca conocida como iwakuyo, o roca para rezar por el descanso de los espíritus, designada como Yudonosan Reisaijo (lugar para ceremonias en honor a los ancestros), donde un papel con los nombres de los antepasados se humedece y se adhieren a ésta. Según la tradición, cuando las inscripciones se borren, significa que los espíritus de los difuntos han sido purificados. Antes de salir, se pueden sumergir los pies en el agua termal sagrada (goshinyu), recibiendo así la energía divina de las deidades. A esta agua se le atribuyen propiedades curativas para diversas enfermedades.

Por lo tanto, el shugendo y la peregrinación por Dewa Sanzan representan una profunda simbiosis entre el ser humano y la naturaleza, donde el esfuerzo ascético y la búsqueda espiritual permiten la transformación interior. Este milenario camino, cargado de historia, sincretismo religioso y tradiciones ancestrales, convierte a las montañas de Haguro, Gassan y Yudono en auténticos escenarios de consagración y aprendizaje vital. La singularidad y el misterio que envuelven estos espacios sagrados, especialmente el monte Yudono, refuerzan la importancia del respeto y la vivencia personal como vías hacia el conocimiento y la paz interior. Así, el recorrido por Dewa Sanzan trasciende la mera experiencia física, erigiéndose en un legado cultural y espiritual vivo, que sigue inspirando a quienes buscan un encuentro auténtico con lo sagrado y consigo mismos.

Sokushinbutsu o automomificación: Sakata y Tsuruoka

A diferencia del proceso de momificación, en cual el cuerpo se conserva bien por las condiciones climáticas, como las momias de Astana que vimos el año pasado en nuestra ruta de la seda, o bien por acción humana, como las momias de Egipto o las momias de los Fujiwara conservadas en el templo dorado de Chuson-ji en Hiraizumi, la automomificación es una práctica budista ascética que consiste en reducir y suspender progresivamente la ingesta de alimentos y agua, mientras se permanece en estado de meditación. La práctica de la automomificación era común en el Tíbet y en Asia Oriental y en China estaba ligada al budismo Chan. La momia del monje Huineng (638-713) que se encuentra en el Monasterio de Nanhua en Shaoguan (China) es una de las más antiguas y se cree que éste logró automomificarse mediante la práctica Phowa o “muerte consciente”, descrita en los Seis Yogas de Naropa.

El ascetismo fue introducido en Japón desde la China de la dinastía Tang (618-907) por el monje Kukai (Kobo Daishi; 774-835), reconocido por ser el creador de los silabarios japoneses kana y fundador de la escuela budista Shingon. Esta escuela, también conocida como «escuela de la palabra verdadera», se caracteriza por su énfasis en alcanzar la iluminación individual y el conocimiento universal mediante la ejecución de rituales, el uso de mandalas y mantras y la práctica de la meditación (templo budista Shingon:  Seiryu-ji de Aomori). A su vez, el budismo Shingon constituyó una base doctrinal fundamental para el Shugendo, una práctica espiritual y mística sincrética enfocada en el ascetismo, que integra elementos del sintoísmo, del budismo y del taoísmo. Los yamabushi, practicantes del Shugendo, buscan la iluminación mediante disciplinas ascéticas en las montañas.

Hacía el final de su vida, Kukai se retiró en el monte Koya y suspendió la ingesta de alimentos, dedicando su tiempo exclusivamente a la meditación. Falleció a los 62 años, aunque sus seguidores consideran que no está muerto, sino que aún permanece en un estado meditativo profundo y se encarga de conducir almas al nirvana. A mediados del período Heian (794-1185), monjes de las prefecturas de Yamagata y Niigata decidieron emular a Kukai y llevar a cabo la automomificación o sokushinbutsu (literalmente Buda en vida). Todos aquellos que buscaron la automomificación recibieron el sufijo Kai, que es el último carácter del nombre de Kukai, a través del ritual conocido como “ceremonia del nombre kai”. Solo al recibir el sufijo kai, los ascetas podían iniciar el proceso de automomificación.

Estos monjes creían que el autosacrificio era un acto de salvación para los demás, sobre todo en períodos de epidemias o hambrunas. Según esta creencia, el sufrimiento previo a la muerte otorga acceso al Cielo Tusita, donde se puede residir antes de la próxima reencarnación y, desde allí, los monjes pueden ayudar y proteger a quienes aún viven en la tierra. No obstante, este poder solo persiste mientras éstos permanezcan conectados al mundo terrenal, por lo que es necesario conservar el cuerpo. El proceso de automomificación podía durar entre 8 y 10 años, e implicaba una dieta estricta llamada mokujikigyo (literalmente: comer árbol) en la cual solamente se podían ingerir frutos secos, hongos, brotes de bambú y cortezas con la finalidad de disminuir la masa muscular. También tomaban un té llamado urushi, cuyo ingrediente principal era el árbol de laca (Toxicodendron vernicifluum), cuya savia es toxica (rica en urushiol), para que el cuerpo sea menos atractivo para los insectos y no se pudra, y agua con sal para deshidratar la piel y los órganos internos. Los yamabushi que practicaron la automomificación en las montañas sagradas de Dewa Sanzan (Haguro, Gassan y Yudono) tuvieron mayor éxito por beber agua del manantial sagrado del monte Yudono que contiene altísimos niveles de arsénico.

En cuanto los monjes sentían que se acercaba su fin, se colocaban en la posición del loto dentro de una caja de madera, de la cual salía una caña de bambú que les permitía respirar, y ésta se enterraba en un hoyo a unos 3 m de profundidad y se cubría de carbón para absorber la humedad. Una vez enterrados, entraban en estado de medicación nyujo, recitando mantras, y tocaban cada tanto una campana para indicar que aún seguían vivos. En cuanto la campana dejaba de sonar, se retiraba la caña y se sellaba la tumba, dejando el cuerpo cerrado unos 1000 días más. Pasado este tiempo, se abría la tumba y se verificaba si el cuerpo se había momificado con éxito. De ser así, se le colocaba en un templo y se le consideraba Buda, mientras que, si el cuerpo presentaba señales de pudrición, éste se enterraba con honores especiales.

La práctica de la automomificación se prohibió durante la restauración Meiji (1868-1912) y hasta la fecha se han descubierto 16 sokushinbutsu que se automomificaron entre 1081 y 1903. Diez de ellos practicaron el ascetismo en el monte Yudono. Todas estas momias huesudas, de piel ennegrecida y ojos hundidos, se pueden visitar, a excepción de una que se encuentra en una colección privada. En 1960 se decidió cubrir las momias con resina para mejorar su conservación y guardarlas en vitrinas protectoras. Las vestimentas que cubren sus cuerpos se cambian cada 12 años (en el año del buey), con excepción de Shinnyokai del templo Dainichibo Ryusui-ji cuya vestimenta se cambia cada 6, en los años del buey y de la oveja. Esta ropa se corta en trozos, se guarda dentro de bolsitas de seda (omamori) y se vende como amuleto. En la prefectura de Yamagata se pueden visitar 6 momias, dos se encuentran en Kaiko-ji en Sakata, una en Nangaku-ji en Tsuruoka, y tres en sendos templos de Dewa Sanzan: Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji (que solo se puede visitar con reserva). Por nuestra experiencia recomendaríamos la vista a tres de estos templos: Kaiko-ji, Churen-ji y Dainichibo Ryusui-ji. Sin embargo, antes de emprender el viaje para ver las momias de Yamagata hay que tener en cuenta que éstas se consideran Buda y no se exponen como si fueran una atracción turística. Solamente se abren a los devotos que quieran rezar y pedirle favores al Buda. Por esta razón, está prohibido fotografiar las momias o el interior de los templos.

Kaiko-ji en Sakata

Este templo pertenece a la rama Chizan-ha del budismo Shingon y se dice que fue fundado por Kukai. Este es el único templo en el que se exponen dos sokushinbutsu: Chukai y Enmyokai. Ambos practicaron el ascetismo en el monte Yudono aunque poco se sabe de sus vidas. Chukai, nació en una familia de samuráis en Tsuruoka y fue el primer sacerdote del templo. Murió en 1755 a la edad de 58 años. Por otro lado, Enmyokai nació en una familia de campesinos en la aldea de Shonai y fue el noveno sacerdote del templo. Murió en 1822 a la edad de 55 años. Las momias están expuestas en una pequeña sala en el edificio lateral al templo. Para acceder hay que tocar el timbre y un monje viene a abrir la puerta. Éste solamente hablaba japonés, pero tenía preparadas unas hojas con información en inglés. La entrada al recinto es de pago.

Churen-ji en Dewa Sanzan

Este templo, situado en los alrededores del monte Yudono, pertenece al budismo Shingon y fue construido en 825. Su construcción también se atribuye a Kukai. Aquí se encuentra la momia de Tetsumonkai, el monje del que más información se tiene. Hijo de un barquero de la aldea de Daihoji, nació en 1759 en Tsuruoka y murió en 1830 a los 71 años. Entró como monje en este templo a la edad de 21 años después de matar dos samuráis y desde entonces dedicó su vida a ayudar a los demás. Vale la pena visitar este templo no solo por la momia sino también por la belleza de las pinturas en sus techos y las vistas a la montaña sagrada. Solamente es accesible en coche o a pie desde el templo Dainichibo (30 min). Cuando nosotros llegamos estaba cerrado, sin embargo, el monje que lo custodia nos escuchó y vino a abrirnos. Tras pagar la entrada, el monje nos enseñó el templo y después nos dio tiempo para rezar al Buda antes de volver a cerrar.

Dainichibo Ryusui-ji en Dewa Sanzan

Fue fundado en 807 por Kukai, de hecho, dicen que éste fue el primer templo que Kukai fundó tras regresar de China. En aquellos tiempos, el acceso al santuario del monte Yudono estaba prohibido para las mujeres, pero Kukai decidió permitirles la entrada a este templo, por lo que pasó a considerarse “el Yudono de las mujeres”. El monje momificado que se custodia en este templo es Shinnyokai-Shounin, que nació en Ashahi (actual Tsuruoka) en una familia de agricultores y que a los 20 años decidió convertirse en sokushinbutsu. Practicó durante toda su vida un ascetismo extremo hasta que finalmente falleció en 1783 a la edad de 96 años. Este es el templo más conocido y visitado de los tres y es accesible tanto en coche como en autobús desde Tsuruoka. Cuando nosotros llegamos justamente salía un grupo de visitantes. Un monje nos recibió y, tras cobrarnos la entrada, nos pidió que nos colocáramos de rodillas delante del altar. Al principio no sabíamos qué era lo que pasaba, ya que el monje solamente hablaba japonés, pero después vimos que en realidad nos pedía que rezáramos juntos y fue una experiencia extraordinaria. Después nos acompañó para rezar al sokushinbutsu que se encuentra en una sala lateral.

En definitiva, la visita a estos templos no solo permite acercarse a una de las tradiciones más enigmáticas y desconocidas del budismo japonés, sino también comprender el sacrificio y la determinación de aquellos monjes que buscaron la iluminación a través de la automomificación. Más allá del misterio que rodea a las momias, estos lugares invitan a la reflexión sobre el sentido de la entrega, la fe y el legado espiritual que aún pervive en las montañas de Yamagata. Sin duda, una experiencia que deja huella y nos conecta con una parte profunda y fascinante de la historia de Japón.

Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.

Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.

Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:

Logística viaje

En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.

Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Tohoku a bocados: sabores únicos del noreste de Japón

Experiencias en Japón: onsen ryokan

Experiencias en Japón: dormir en un shukubo

Lo que + nos gustó y lo que –. Tokio y Tohoku

Japón (Kioto y Kyushu) – el gran sueño viajero 2