Esta pequeña ciudad, en la prefectura de Iwate, que hoy es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue una vez el epicentro del poder y la cultura del noreste de Japón, y hasta rivalizó con Kioto por su belleza. A finales del período Heian (794-1185), Hiraizumi fue la capital de un dominio semi-independiete de la corte imperial de Heian-kyo (actual Kioto) gobernado por el clan Fujiwara del Norte (Oshu Fujiwara) durante 100 años (desde 1087, año de su fundación, a 1189, año de su disolución). El clan Oshu Fujiwara fue una rama del poderoso clan Fujiwara, una familia de regentes que poseía el monopolio de las posiciones de Sessho (regente de emperadores menores de edad) y Kampaku (regentes de adultos). Sin embargo, los Oshu Fujiwara consolidaron su poder gracias principalmente a la riqueza obtenida de la minería de oro, el comercio de caballos y el intercambio de objetos de lujo con estados de Asia continental y de los pueblos Emishi y Ainu situado al norte de Japón. Fueron derrotados por el clan Minamoto en la batalla de Oshu en 1189, marcando así el fin de su dominio y, con ello, de su capital, Hiraizumi. No obstante, el legado de este grandioso pasado aún se siente al recorrer sus templos y jardines.

Se accede fácilmente desde Sendai en shinkansen hasta Ichinoseki y desde allí en tren regional hasta la pequeña estación de Hiraizumi. Sin embargo, en nuestra opinión lo mejor es alquilar un coche en Ichinoseki (que es lo que nosotros hicimos) y así poder disfrutar de todos los atractivos que esta zona ofrece, tanto culturales como naturales. Además, el trayecto en coche ofrece la oportunidad de disfrutar de hermosos arrozales y hacer paradas para descubrir cascadas ocultas, como la cascada Fujitsubo. Ocho de los numerosos sitios históricos relacionados con el clan Oshu Fujiwara se engloban bajo el nombre de Yanomori Hakkei, y la cascada Fujitsubo es uno de ellos, sin embargo, no por la cascada en sí, sino por el túnel que parte desde ésta y que formaba parte de una mina de la que antaño se extraía oro.

Le dedicamos a esta región un total de tres días que dividimos en paradas culturales como los templos Chuson-ji, Motsu-ji y Takkoki-no-iwaya, y paradas naturales como las gargantas Genbikei y Geibikei, o las cuevas Yugendo y Ryusendo.
El principal reclamo de Hiraizumi es el templo Chuson-ji y su pabellón dorado, Konjikido. Este templo, igual que Motsu-ji, Zuigan-ji (Matsushima) y Risshaku-ji (Yamadera), fue fundado por el monje Jikaku Daishi en el año 850 y es el templo principal de budismo Tendai en Tohoku. El complejo, oculto en un bosque denso de pinos, en la colina Tsukimizaka, fue comisionado por el clan Oshu Fujiwara a principios del siglo XII y desde 2011 fue registrado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Buena parte del complejo fue reconstruida después de varios incendios y el consecuente deterioro.

Evidentemente, dentro del conjunto, destaca el pabellón Konjikido. En actualidad, está cubierto por otro pabellón que impide ser visto desde el exterior. Se accede pagando entrada y no se permite fotografiar el interior. No obstante, verlo es una experiencia única, ya que se trata de un recinto completamente dorado, cuyas paredes, techos y suelos están cubiertos de pan de oro y madreperla. Su construcción finalizó en 1124 y en su interior se encuentra un altar representando a Amida Nyorai (el Buda de la luz infinita) junto a Kannon (boddhisattva de la compasión) y Sishi (boddhisattva de la sabiduría), seis Jizo boddhisattvas (salvadores del infierno) y dos reyes guardianes, Jikokuten y Zochote. Bajo el altar central se encuentran enterrados los restos del primer señor del clan Oshu Fujiwara, Kiyohira. El segundo señor, Motohira, se encuentra sepultado bajo el altar izquierdo y el tercer señor, Hidehira, descansa junto a la cabeza del cuarto señor, Yasuhira, quien fue decapitado en 1189, ambos ubicados bajo el altar derecho.

Cerca del pabellón se encuentra el museo (Sankozo) y Kyuzo, una edificación en la que se guardan los sutras del templo. Al museo se accede con la misma entrada que al pabellón Konjikido y contiene más de 3000 tesoros nacionales y bienes culturales desde estatuas budistas, sutras, hasta atavíos funerarios del clan Oshu Fujiwara. Por otro lado, los sutras conservados en Kyozo son originales de la era Heian. Los sutras Kingiji Kosho Issaikyo, escritos en líneas alternas de oro y plata sobre papel azul oscuro fueron comisionados por Kyohira, mientras que los sutras Kinji Issaikyo, que destacan por sus ilustraciones, fueron comisionados por Hidehira. No muy lejos se encuentra también el templo Hondo, el templo principal del conjunto. En su interior se encuentra una gran estatua de Shaka Nyorai (Buda histórico) así como la luz eterna, que igual que en Yamadera, fue traída desde Enryaku-ji y lleva encendida desde entonces. Se atribuye a Saicho (Dengyo Daishi), introductor del budismo Tendai desde China en 806, haber encendido la llama del Eryaku-ji.

A pocos minutos desde Chuson-ji, se encuentra Motsu-ji, otro templo del budismo Tendai fundado en 850. Este templo destaca sobre todo por su jardín de estilo Jodo que representa la “Tierra Pura” budista con un lago central rodeado de piedras, colinas y árboles que ha permanecido sin grandes cambios desde hace 800 años. En este lugar, Fujiwara no Motohira, segundo señor de Hiraizumi, estableció en Shichido Garan un conjunto de siete templos. Posteriormente, su sucesor Hidehira amplió el complejo alcanzando 40 templos y 500 monasterios. Sin embargo, estas edificaciones fueron finalmente destruidas por diversos incendios. El templo principal actual data del 1989. En actualidad, el conjunto se ha convertido en un sitio histórico especial y un lugar de singular belleza paisajística por sus excepcionales jardines.

A las afueras de Hiraizumi se encuentra el templo Takkoku-no-Iwaya, un templo construido bajo las rocas de un acantilado. En 801, el shogun Sakanoue no Tamuramaro construyó este templo para agradecer al dios de la guerra Bishamon su ayuda en la derrota de Akuro Takamaro. El templo fue construido al estilo del templo Kiyomizudera de Kioto. Posteriormente, Fujiwara no Kiyohira y su hijo Motohira comisionaron también algunos edificios. El recinto del templo sufrió varios incendios y reconstrucciones, una de ellas en 1615 por el daimio de Sendai, Date Masamune. El templo actual fue reconstruido en 1961.

En este templo se puede ver también una gran cabeza de Buda de unos 16.5 m, que se conoce con el nombre de Buda de la Roca del Norte. Cuenta la leyenda que fue tallado por Minamoto no Yoshiie (1039-1106), samurai del clan Minamoto, disparando flechas a la pared de arenisca, sin embargo, la figura seguramente data de la era Muromachi (1336-1573). En sus inicios, representaba al Buda sentado en el cielo, pero la parte inferior cedió a causa de un terremoto en 1896.

Pero Hiraizumi no solo es historia, es también naturaleza viva, y una muestra de ello son las dos gargantas, Genbikei y Geibikei. La garganta Genbikei, es un tramo de unos 2 km del río Iwai, que ofrece un entorno agradable para pasear y que puede recorrerse a través de dos rutas habilitadas: una de menor longitud y otra más extensa. Ambas opciones permiten apreciar las formaciones de roca volcánica esculpidas por el agua que fluye con rapidez. Dicen que el daimio Date Masamune visitaba a menudo este lugar y consideraba que era digno de ser comparado con las tres vistas de Japón (la bahía de Matsushima, el santuario Itsukushima en Miyajima y la lengua de arena de Amanohashidate).

Otro atractivo del lugar es el dango volador. Se trata de 3 pinchos de bolas de arroz (estilo mochi) recubiertas por tres salsas: sésamo negro, alubias dulces y soja. Se le llama “volador” porque el pedido se realiza en un lado del río y se recibe desde el otro lado a través de un cesto atado a una cuerda. Para hacer el pedido, se coloca el dinero en el cesto y se pica una madera dos veces. Entonces desde el otro lado del río recogen el cesto con la ayuda de la cuerda y colocan los dangos y unos vasos de té en su interior antes de deslizarlo de vuelta.

Por otro lado, la garganta de Geibikei se formó por la erosión del río Satetsu y fue declarada Monumento Nacional en 1925. Se explora a través de un barco de fondo plano que permite disfrutar de las paredes de roca que alcanzan los 100 m de altura y que presentan formaciones que recuerdan a un rostro humano o la nariz de un león. De hecho, Geibikei significa justamente nariz de león. Para hacer el paseo más especial aún (si cabe), el timonel aprovecha para cantar canciones tradicionales. Durante el trayecto se pueden alimentar los peces koi que acompañan el barco, o intentar lanzar monedas en la caja de donativos de un pequeño santuario situado en una grieta en la montaña.

El paseo recorre unos 2 km y el trayecto de ida y vuelta dura una aproximadamente una hora con una parada de media hora. Por 100 yenes se pueden comprar 2 piedras para lanzarlas a una abertura en la pared de la otra orilla de la garganta. Hay 5 de diferentes, cada una simbolizando el amor, una vida longeva, la suerte, el destino, el dinero o un deseo propio. Cuentan que, si consigues meter una piedra, ese deseo se va a cumplir.

Cerca de la garganta de Geibikei se encuentra la cueva Yugendo, una cueva aparentemente no muy visitada, o al menos es lo que nos pareció. Cuando nosotros la visitamos no había nadie más. Esta cueva se considera la cueva de piedra caliza más antigua de Japón, con estratos que datan de hace aproximadamente 350 millones de años. Además de las preciosas formas de las estalagmitas, las estalactitas, los pilares de piedra y las coladas, en sus paredes se puede observar fósiles marinos como el cáliz de lirio marino, braquiópodos, fusulínidos y corales rugosos. También hay un lago subterráneo de color verde esmeralda.

A una hora desde la cueva Yugendo se encuentra otra cueva de piedra caliza, la cueva Ryusendo, mucho más conocida y visitada. Esta cueva es una de las cuevas calizas más grandes de Japón y se caracteriza por diferentes lagos subterráneos de un color azul o verde esmeralda. Se han explorado solamente 4 de los 5 km de longitud que tiene la cueva, y el lago más hondo tiene una profundidad de 120 m, pero no se puede visitar. El trayecto abierto al público tiene como destino final un lago con una profundidad de 98 m. En el interior también habitan varias especies de murciélagos, que pueden desplazarse por los túneles durante el recorrido.

Y ya para finalizar nuestra aventura en Hiraizumi, nos hospedamos por primera vez en un onsen ryokan, dado que Ichinosechi es famosa por sus aguas termales, y así recargamos energías antes de seguir con nuestro trayecto hacía Morioka.
