Tianshui, el corazón de China

Tianshui es una ciudad situada en la provincia de Gansu, igual que Dunhuang, sin embargo, ambas ciudades no pueden ser más diferentes. Esta ciudad se extiende a lo largo del río Wei, entre la meseta de Loess y las montañas de Qinling, y es la segunda ciudad más grande de la provincia, por detrás de la capital provincial, Lanzhou. Ha jugado un papel importante en la historia de China, y se llegó a decir que Tiangshui era el corazón de China y también del mundo entero. La ciudad se convirtió en una región importante de la Ruta de la Seda durante la dinastía Qin, alcanzando su apogeo durante la dinastía Tang. Aquí nació el gran general Li Guang, el mismo que al clavar su espada en las dunas de Dunhuang hizo brotar el agua que dio lugar al Manantial de la Luna Creciente, y más importante aún, aquí nació también Fuxi, el antepasado de la nación China, cuya primera representación, junto a su hermana Nuwa, vimos en nuestra visita a las tumbas de Astana. A lo largo de las diferentes dinastías, la ciudad cambió varias veces de nombre, recibiendo el nombre de Tianshui durante la dinastía Han, el nombre de Hanyang durante la dinastía Wei o el de Shanggui durante la dinastía Tang.

Dedicamos a esta ciudad solamente un día. Llegamos desde Xi’an en el tren de alta velocidad en un corto viaje de unas dos horas y media, por la mañana temprano, y volvimos a Xi’an por la noche. Nuestro principal objetivo eran las Grutas de Maijishan, conocidas también como el Museo de Esculturas Orientales, y que forman parte del Corredor de Grutas de Tianshui. También son consideradas como unas de las grutas budistas más hermosas de China, junto a las Grutas de Mogao, las Cuevas Bezeklik, o las Grutas de Longmen que visitamos durante nuestro paso por la Ruta de la Seda. Fueron incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2014.

Desde la estación de tren se puede llegar fácilmente en autobús o en taxi hasta la oficina de venta de entradas. Con la entrada normal se pueden visitar todas las cuevas excepto las cuevas especiales, a las que se puede acceder pagando un plus. A esto se le puede sumar un shuttle bus que enlaza la oficina con la entrada a las cuevas. Nosotros no pagamos el extra para ver las grutas especiales, ya que yo tengo miedo a las alturas y no sabía si iba a ser capaz de subir a verlas, pero sí que cogimos el billete para el shuttle bus para ahorrarnos parte del trayecto a pie. Igualmente, desde la parada del shuttle bus hasta la entrada a las cuevas hay que caminar cuesta arriba unos 15 min.

La primera referencia a las Grutas de Maijishan se encuentra en las Bibliografías de los Monjes Eminentes, escrito que data del año 519 d.C. En él se hace referencia al primer monje budista en llegar a Maijshan, Tanhung, al que le siguieron otros cien monjes entre los años 420 y 422 d.C. Posteriormente, otro monje budista, Xuangao, trajo consigo 300 monjes más. Debido a las persecuciones antibudistas, alrededor del año 440 d.C, y las posteriores guerras, la zona quedó abandonada. Sin embargo, el budismo no desapareció y los monjes fueron excavando la pared totalmente vertical de la montaña Maiji, de unos 100 m de altura, hasta crear un conjunto de 194 cuevas (44 en el lado este y 150 en el lado oeste de la montaña) que comprenden más de 7.200 esculturas budistas y 1.300 m² de pinturas murales que corresponden a diferentes dinastías. Dentro de las cuevas se encontraron, además, más de 2000 objetos, desde cerámica, libros, hasta documentos e imágenes antiguas. A pesar de las condiciones climatológicas, los terremotos y los diferentes períodos de persecuciones antibudistas y períodos bélicos, las grutas se encuentran en un buen estado de conservación. Fueron redescubiertas en 1953 por un equipo de arqueólogos chinos guiados por Chan Shu-Song, director del Instituto de Investigaciones de Dunhuang.

Se accede a las cuevas a través de un sistema de escaleras que sube a lo largo de 10 niveles, con el punto más bajo situado a los 20 m de altura y el más alto a los 80 m, por lo que visitar las Grutas de Maijishan es todo un desafío, más si tenéis miedo a las alturas como yo. Aunque debo decir que la experiencia resulta aterradora e increíble a partes iguales. El circuito es cerrado, o sea que se asciende por el lado oeste y se baja por el lado este. Del conjunto destacan sobre todo las tres grandes estatuas de Buda de la dinastía Sui (581-618) que se pueden ver desde la lejanía. En cuanto a las demás cuevas, las hay de todos los tamaños, siendo la más grande de 31 m de alto y de ancho. No se puede acceder al interior de las cuevas y muchas solamente pueden verse a través de una rejilla. Nosotros descubrimos que acercando el móvil a la rejilla con la cámara puesta se puede ver perfectamente el interior. Las esculturas policromadas también varían en tamaño, midiendo la más alta unos 16 m y la más pequeña tan solo 10 cm. Las estatuas están hechas de arcilla y piedra sobre un nervio de madera o sobre un armazón de piedra sin desbastar de diversas apariencias según la dinastía en la que fueron modeladas. La imagen más frecuentemente representada es la del Buda Amitabha, flanqueada por Avalokiteshvara y Mahasthamaprapta, un claro ejemplo del budismo amidista. Otros conjuntos representan al Buda del pasado, el Buda del presente y el Buda del futuro o bien a Buda flanqueado por Bodhisattvas y discípulos.

No había tanta gente como en las Cuevas de Mogao, pero tampoco éramos los únicos visitantes como en las Cuevas de Bezeklik, por lo que la visita discurrió con fluidez. Antes de la hora de comer ya habíamos salido, así que nos dirigimos al centro de Tianshui para seguir con nuestra visita antes de coger el tren de vuelta a Xi’an. La siguiente parada fue la antigua residencia de la familia Hu, construida durante la dinastía Ming (1368-1644), por el funcionario Hu Laijijn y hijo Hu Xi. Lo destacable de esta residencia es la arquitectura tradicional china conocida como siheyuan o patio cuadrangular, que no es común en el noroeste del país. La residencia está formada por varias estancias, algunas correspondientes a la familia, otras a los visitantes, y otras dedicadas al servicio. Está decorada con los muebles de la época, lo que permite hacerse a la idea de cómo era el estilo de vida de los nobles durante la dinastía Ming.

Desde la residencia de la familia Hu nos dirigimos al templo de Fuxi, que, a diferencia de otros templos que visitamos, no es de acceso gratuito. Se trata de un antiguo templo de la dinastía Ming fundado en 1483 en honor a Fuxi, considerado el padre del pueblo chino. Todo el complejo está orientado al sur y los edificios principales y las numerosas puertas están distribuidas en un eje horizontal, una característica distintiva de este templo ya que, dado que Fuxi fue considerado como el primero emperador, su templo está distribuido como un palacio.

En el templo principal se encuentra una estatua de Fuxi rodeada de símbolos tradicionales como murciélagos, dragones y peonías tallados en la elegante carpintería. En el techo del templo están pintados los Ocho Diagramas de Taiji (el principio generador de todas las cosas según la filosofía china tradicional, del que surgen el yin y el yang) y sus cuatro bordes están divididos en 64 celdas, correspondientes cada una los 64 hexagramas, combinación variable de ocho trigramas (Ba Gua, combinación de tres líneas discontinuas usadas en la adivinación china) utilizados en el I Ching. La creación de estos símbolos se le atribuye a Fuxi.

Cuenta la leyenda que Fuxi y Nuwa, su hermana, fueron los únicos supervivientes de un gran diluvio, por eso se convirtieron en los ancestros de toda la humanidad. Fuxi es considerado un emperador legendario de la antigua China, junto a Shennong y Huangdi, héroe nacional y uno de los dioses primitivos más poderosos de la mitología china. También se le considera el creador humano de muchos grupos étnicos como los Han, Miao, Yao, Tuija, Maocan o Shui, y se le atribuyen todo tipo de inventos como el calendario, la escritura, las normas del matrimonio, las leyes, la agricultura, la ganadería, y muchos, muchos otros inventos. El primer mes del calendario lunar se celebra el Festival Renzu de un mes de duración para celebrar el cumpleaños de Fuxi.

Tras visitar el templo, como aún teníamos tiempo, entramos en el casco antiguo de Tianshui (Tianshui Ancient City), cuya entrada se encuentra al lado del templo. Aquí podéis pasear por sus calles, disfrutar de la arquitectura y la gastronomía tradicional y pasar el rato en algunas de sus casas de té. De esto ya os hablé en la crónica Saboreando China, pero es que vale totalmente la pena. La casa de té a la que fuimos (que está cerca de la entrada) tenía unos jardines preciosos, y nos sirvieron el té junto a frutos secos y pasteles.

Y con esto dimos por finalizado nuestro intenso día por Tianshui. Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta a Xi’an, donde llegamos prácticamente de noche.