Sokushinbutsu o automomificación: Sakata y Tsuruoka

A diferencia del proceso de momificación, en cual el cuerpo se conserva bien por las condiciones climáticas, como las momias de Astana que vimos el año pasado en nuestra ruta de la seda, o bien por acción humana, como las momias de Egipto o las momias de los Fujiwara conservadas en el templo dorado de Chuson-ji en Hiraizumi, la automomificación es una práctica budista ascética que consiste en reducir y suspender progresivamente la ingesta de alimentos y agua, mientras se permanece en estado de meditación. La práctica de la automomificación era común en el Tíbet y en Asia Oriental y en China estaba ligada al budismo Chan. La momia del monje Huineng (638-713) que se encuentra en el Monasterio de Nanhua en Shaoguan (China) es una de las más antiguas y se cree que éste logró automomificarse mediante la práctica Phowa o “muerte consciente”, descrita en los Seis Yogas de Naropa.

El ascetismo fue introducido en Japón desde la China de la dinastía Tang (618-907) por el monje Kukai (Kobo Daishi; 774-835), reconocido por ser el creador de los silabarios japoneses kana y fundador de la escuela budista Shingon. Esta escuela, también conocida como «escuela de la palabra verdadera», se caracteriza por su énfasis en alcanzar la iluminación individual y el conocimiento universal mediante la ejecución de rituales, el uso de mandalas y mantras y la práctica de la meditación (templo budista Shingon:  Seiryu-ji de Aomori). A su vez, el budismo Shingon constituyó una base doctrinal fundamental para el Shugendo, una práctica espiritual y mística sincrética enfocada en el ascetismo, que integra elementos del sintoísmo, del budismo y del taoísmo. Los yamabushi, practicantes del Shugendo, buscan la iluminación mediante disciplinas ascéticas en las montañas.

Hacía el final de su vida, Kukai se retiró en el monte Koya y suspendió la ingesta de alimentos, dedicando su tiempo exclusivamente a la meditación. Falleció a los 62 años, aunque sus seguidores consideran que no está muerto, sino que aún permanece en un estado meditativo profundo y se encarga de conducir almas al nirvana. A mediados del período Heian (794-1185), monjes de las prefecturas de Yamagata y Niigata decidieron emular a Kukai y llevar a cabo la automomificación o sokushinbutsu (literalmente Buda en vida). Todos aquellos que buscaron la automomificación recibieron el sufijo Kai, que es el último carácter del nombre de Kukai, a través del ritual conocido como “ceremonia del nombre kai”. Solo al recibir el sufijo kai, los ascetas podían iniciar el proceso de automomificación.

Estos monjes creían que el autosacrificio era un acto de salvación para los demás, sobre todo en períodos de epidemias o hambrunas. Según esta creencia, el sufrimiento previo a la muerte otorga acceso al Cielo Tusita, donde se puede residir antes de la próxima reencarnación y, desde allí, los monjes pueden ayudar y proteger a quienes aún viven en la tierra. No obstante, este poder solo persiste mientras éstos permanezcan conectados al mundo terrenal, por lo que es necesario conservar el cuerpo. El proceso de automomificación podía durar entre 8 y 10 años, e implicaba una dieta estricta llamada mokujikigyo (literalmente: comer árbol) en la cual solamente se podían ingerir frutos secos, hongos, brotes de bambú y cortezas con la finalidad de disminuir la masa muscular. También tomaban un té llamado urushi, cuyo ingrediente principal era el árbol de laca (Toxicodendron vernicifluum), cuya savia es toxica (rica en urushiol), para que el cuerpo sea menos atractivo para los insectos y no se pudra, y agua con sal para deshidratar la piel y los órganos internos. Los yamabushi que practicaron la automomificación en las montañas sagradas de Dewa Sanzan (Haguro, Gassan y Yudono) tuvieron mayor éxito por beber agua del manantial sagrado del monte Yudono que contiene altísimos niveles de arsénico.

En cuanto los monjes sentían que se acercaba su fin, se colocaban en la posición del loto dentro de una caja de madera, de la cual salía una caña de bambú que les permitía respirar, y ésta se enterraba en un hoyo a unos 3 m de profundidad y se cubría de carbón para absorber la humedad. Una vez enterrados, entraban en estado de medicación nyujo, recitando mantras, y tocaban cada tanto una campana para indicar que aún seguían vivos. En cuanto la campana dejaba de sonar, se retiraba la caña y se sellaba la tumba, dejando el cuerpo cerrado unos 1000 días más. Pasado este tiempo, se abría la tumba y se verificaba si el cuerpo se había momificado con éxito. De ser así, se le colocaba en un templo y se le consideraba Buda, mientras que, si el cuerpo presentaba señales de pudrición, éste se enterraba con honores especiales.

La práctica de la automomificación se prohibió durante la restauración Meiji (1868-1912) y hasta la fecha se han descubierto 16 sokushinbutsu que se automomificaron entre 1081 y 1903. Diez de ellos practicaron el ascetismo en el monte Yudono. Todas estas momias huesudas, de piel ennegrecida y ojos hundidos, se pueden visitar, a excepción de una que se encuentra en una colección privada. En 1960 se decidió cubrir las momias con resina para mejorar su conservación y guardarlas en vitrinas protectoras. Las vestimentas que cubren sus cuerpos se cambian cada 12 años (en el año del buey), con excepción de Shinnyokai del templo Dainichibo Ryusui-ji cuya vestimenta se cambia cada 6, en los años del buey y de la oveja. Esta ropa se corta en trozos, se guarda dentro de bolsitas de seda (omamori) y se vende como amuleto. En la prefectura de Yamagata se pueden visitar 6 momias, dos se encuentran en Kaiko-ji en Sakata, una en Nangaku-ji en Tsuruoka, y tres en sendos templos de Dewa Sanzan: Dainichibo Ryusui-ji, Churen-ji y Honmyo-ji (que solo se puede visitar con reserva). Por nuestra experiencia recomendaríamos la vista a tres de estos templos: Kaiko-ji, Churen-ji y Dainichibo Ryusui-ji. Sin embargo, antes de emprender el viaje para ver las momias de Yamagata hay que tener en cuenta que éstas se consideran Buda y no se exponen como si fueran una atracción turística. Solamente se abren a los devotos que quieran rezar y pedirle favores al Buda. Por esta razón, está prohibido fotografiar las momias o el interior de los templos.

Kaiko-ji en Sakata

Este templo pertenece a la rama Chizan-ha del budismo Shingon y se dice que fue fundado por Kukai. Este es el único templo en el que se exponen dos sokushinbutsu: Chukai y Enmyokai. Ambos practicaron el ascetismo en el monte Yudono aunque poco se sabe de sus vidas. Chukai, nació en una familia de samuráis en Tsuruoka y fue el primer sacerdote del templo. Murió en 1755 a la edad de 58 años. Por otro lado, Enmyokai nació en una familia de campesinos en la aldea de Shonai y fue el noveno sacerdote del templo. Murió en 1822 a la edad de 55 años. Las momias están expuestas en una pequeña sala en el edificio lateral al templo. Para acceder hay que tocar el timbre y un monje viene a abrir la puerta. Éste solamente hablaba japonés, pero tenía preparadas unas hojas con información en inglés. La entrada al recinto es de pago.

Churen-ji en Dewa Sanzan

Este templo, situado en los alrededores del monte Yudono, pertenece al budismo Shingon y fue construido en 825. Su construcción también se atribuye a Kukai. Aquí se encuentra la momia de Tetsumonkai, el monje del que más información se tiene. Hijo de un barquero de la aldea de Daihoji, nació en 1759 en Tsuruoka y murió en 1830 a los 71 años. Entró como monje en este templo a la edad de 21 años después de matar dos samuráis y desde entonces dedicó su vida a ayudar a los demás. Vale la pena visitar este templo no solo por la momia sino también por la belleza de las pinturas en sus techos y las vistas a la montaña sagrada. Solamente es accesible en coche o a pie desde el templo Dainichibo (30 min). Cuando nosotros llegamos estaba cerrado, sin embargo, el monje que lo custodia nos escuchó y vino a abrirnos. Tras pagar la entrada, el monje nos enseñó el templo y después nos dio tiempo para rezar al Buda antes de volver a cerrar.

Dainichibo Ryusui-ji en Dewa Sanzan

Fue fundado en 807 por Kukai, de hecho, dicen que éste fue el primer templo que Kukai fundó tras regresar de China. En aquellos tiempos, el acceso al santuario del monte Yudono estaba prohibido para las mujeres, pero Kukai decidió permitirles la entrada a este templo, por lo que pasó a considerarse “el Yudono de las mujeres”. El monje momificado que se custodia en este templo es Shinnyokai-Shounin, que nació en Ashahi (actual Tsuruoka) en una familia de agricultores y que a los 20 años decidió convertirse en sokushinbutsu. Practicó durante toda su vida un ascetismo extremo hasta que finalmente falleció en 1783 a la edad de 96 años. Este es el templo más conocido y visitado de los tres y es accesible tanto en coche como en autobús desde Tsuruoka. Cuando nosotros llegamos justamente salía un grupo de visitantes. Un monje nos recibió y, tras cobrarnos la entrada, nos pidió que nos colocáramos de rodillas delante del altar. Al principio no sabíamos qué era lo que pasaba, ya que el monje solamente hablaba japonés, pero después vimos que en realidad nos pedía que rezáramos juntos y fue una experiencia extraordinaria. Después nos acompañó para rezar al sokushinbutsu que se encuentra en una sala lateral.

En definitiva, la visita a estos templos no solo permite acercarse a una de las tradiciones más enigmáticas y desconocidas del budismo japonés, sino también comprender el sacrificio y la determinación de aquellos monjes que buscaron la iluminación a través de la automomificación. Más allá del misterio que rodea a las momias, estos lugares invitan a la reflexión sobre el sentido de la entrega, la fe y el legado espiritual que aún pervive en las montañas de Yamagata. Sin duda, una experiencia que deja huella y nos conecta con una parte profunda y fascinante de la historia de Japón.

Las geishas de Sakata, guardianas del arte y la tradición japonesa

Las geishas son consideradas un símbolo de elegancia y su rostro de porcelana y su cuello elegantemente descubierto siguen siendo uno de los iconos más reconocidos de Japón. En sus orígenes, y durante gran parte del período Edo (1603-1868), las geishas eran profesionales del entretenimiento y eran principalmente hombres, conocidos como taikomocho o hokan. Aproximadamente a partir del año 1800, este oficio fue asumido mayoritariamente por mujeres y, para distinguirlas de sus predecesores masculinos, se utilizaba el término onna geisha (geisha mujer), aunque más tarde, con la ausencia de hombres en la profesión, se les llamó simplemente geisha. Pese a lo que erróneamente se cree, las geishas no eran cortesanas y muchas veces se las confunde con las oiran, que, si bien su apariencia era muy parecida a la de las geishas, tanto en el maquillaje blanco como en la vestimenta, éstas sí ofrecían servicios sexuales. Las oiran fueron las cortesanas de mayor rango durante el período Edo y destacaban por la belleza, la inteligencia y el dominio de las artes tradicionales, como la poesía, la música y la ceremonia del té. Éstas residían en barrios del placer llamados yukaku y su estatus social era tan elevado que solamente los clientes más adinerados y poderosos podían aspirar a su compañía mediante un complejo proceso de presentaciones y rituales.

Colección de muñecas Hina

Volviendo a lo que nos ocupa, las aprendices reciben el nombre de maiko, y, a diferencia de las geishas, éstas suelen ser más jóvenes y suelen llevar kimonos más coloridos, con mangas más largas, peinados elaborados con adornos florales y un maquillaje blanco más llamativo. Por su parte, las geishas, que son artistas plenamente formadas y que han perfeccionado sus habilidades tras años de aprendizaje y experiencia, lucen de una manera más sobria y elegante, con un maquillaje y el vestuario más discretos y sofisticados. También hay diferencias entre las geishas, habiendo geishas tachikata y geishas jikata. Mientras que las primeras bailan la danza tradicional mai junto con las maiko, las segundas se dedican a cantar o a tocar instrumentos, como el shamisen (guitara japonesa). Otra diferencia es que las geishas tachikata aún llevan peluca y usan maquillaje blanco, mientas que las geishas jikata no, ya que normalmente éstas son geishas más mayores.

Maiko, geisha tachikata y geisha jikata.

La ciudad de Kioto es considerada la cuna y el principal referente de la tradición de las geishas. Desde allí, se expandió a otras ciudades como Sakata, ciudad portuaria de la prefectura de Yamagata, donde también arraigó profundamente gracias a los intercambios comerciales y culturales con Kioto. Sakata nació y prosperó durante el período Edo gracias a su posición estratégica como punto clave en la ruta comercial del arroz, conocida como el “camino del arroz”. Las rutas marítimas, conocidas como kitamae-bune (barcos con destino al norte) facilitaron la conexión comercial entre Osaka y Kioto, por un lado, y Tohoku y Hokaido, por otro, compensando la ausencia de infraestructuras terrestres para el intercambio de mercancías. Gracias a estos intercambios, muchos mercaderes llegaron a amasar grandes fortunas, y Sakata, hogar de una de las familias más ricas de Japón, se convirtió en un importante centro económico y cultural, atrayendo a comerciantes, artistas y, especialmente, a geishas, que encontraron en la ciudad un entorno propicio para el desarrollo de su arte.

Uno de los comerciantes más exitosos fue Mitsuoka Homma, considerado un héroe por sus inversiones en mejorar la ciudad. Plantó árboles para proteger la costa y los campos de arroz de los fuertes vientos y tormentas que los azotaban, y hasta donó sus reservas de arroz durante una hambruna que afectó Japón. Promovió las artes, trayendo a la ciudad artistas y artesanos, y su familia llegó a ser la más acaudalada y la mayor terrateniente de todo el país. Para conocer más sobre su historia se pueden visitar la Residencia Histórica Homma y el Museo Homma. La residencia fue construida en 1768 por Mitsuoka Homma y combina el estilo arquitectónico de la clase samurái con el interior de estilo de la clase de los mercaderes. Por otro lado, el museo de arte fue construido en 1968 a los pies de la casa de descanso de la familia Homma. Tanto la casa como el jardín fueron construidos por Kodo Homma, hijo de Mitsuoka, como residencia para el daimio Sakai Tadakata durante sus visitas de inspección. El jardín recibió el nombre de Kakubuen o jardín de la grulla danzante, después de que éste viera una grulla en el lago.

Kakubuen

La inversión de familia Homma en la promoción de la cultura y las artes contribuyó a que Sakata se consolidara como un enclave cultural comparable a Kioto en cuanto a lujo y sofisticación, lo que favoreció la aparición de casas de té y restaurantes. El barrio de las geishas (hanamachi), surgió como todos, alrededor de una calle llamada monzen-machi, cerca de los templos y santuarios importantes para dar servicio a los fieles que iban y venían. Entre los templos de Sakata destacan Jofuku-ji, Kaiko-ji y Jichi-in. La entrada al templo Jofuku-ji está marcada por la gran puerta Karamon, declarada Bien de Interés Cultural, donada por Mitsuoka Homma en el año 1800. Por otro lado, en el templo Kaiko-ji se pueden ver dos Budas vivientes o sokushinbutsu. Mientras que el templo Jichi-in es conocido por el Gran Buda de Sakata, una escultura de 17 m que representa a un Buda erguido, no sentado como el Buda que vimos en Aomori. Esta escultura está escondida en el patio del jardín de infantes situado delante del templo, por lo que los niños al vernos empezaron a saludarnos con el grito de gaijin (extranjero).

En actualidad, la única casa de geishas de Sakata es Somaro, cuya historia se remonta al período Edo cuando recibía el nombre de Somaya. En aquel entonces, Somaya era un restaurante reconocido por su fina gastronomía y sus 150 maikos y geishas. Sin embargo, el restaurante fue destruido por un terremoto en 1895 y parte del edificio se reconstruyó posteriormente. Durante la Segunda Guerra Mundial entró en declive y en 1995 cerró sus puertas. El edificio actual es una restauración llevada a cabo para devolver la tradición de las geishas a Sakata y abrió de nuevo sus puertas en el año 2000, año en el que se abrió también a los turistas. Somaro es también una escuela para maikos en la que éstas aprenden bailes, canciones, y tocar el shamisen, además de la etiqueta y cómo comportarse con los clientes. Entre las asignaturas típicas también se incluyen las artes tradicionales como el arreglo florar ikebana, caligrafía, ceremonia del té, etc. Previa reserva (dos días de antelación mínimo) a través de la página web, los visitantes pueden disfrutar bien de comida kaiseki con baile de geisha y maiko a las 12:00 h o bien solamente bailes a las 14:00 h. Además de los bailes, se puede visitar también parte de la casa convertida en museo y donde se exponen fotografías de Takehisa Yumeji y una colección de muñecas Hina tradicionales japoneses.

Somaro

Nosotros nos decantamos por la opción de ver solamente los bailes a las 14:00 h. Para acceder al recinto piden quitarse los zapatos y entrar con calcetines, no se puede entrar con los pies descalzos. Nos llevaron a una gran sala ya preparada con sillas para poder disfrutar del espectáculo y tuvimos que esperar a que un chico taiwanés que también había reservado se presentara. Esperamos una media hora en la que fuimos hablando con el dueño ya que hablaba algo de inglés. Nos fue explicando un poco la historia de Somaro, hablamos sobre las geishas y nos explicó que en su juventud había visitado España. Como el chico taiwanés finalmente no se presentó, el espectáculo fue privado, ya que no había nadie más aparte de nosotros. El programa se compone por un vídeo de unos 15 min de duración, en inglés, en el que se explica la historia de Sakata y de Somaro y luego otros 15 min de actuación que incluye tres canciones: shonaiobako, que cuenta la historia de una pareja sin suerte en el amor, una canción estacional que cambia cada mes, y sakatajinku, que loa la época de grandeza de Sakata durante el período Edo. Los bailes los llevan a cabo una geisha tachikata y una maiko, mientras que una geisha jikata toca el shamisen. No se pueden hacer fotos ni videos durante la actuación, pero sí una vez finalizada.

Jardín interior de Somaro

Así pues, visitar Sakata es una oportunidad única para sumergirse en la historia y la tradición japonesa fuera de los circuitos turísticos habituales. La ciudad, aunque ha perdido parte de su antiguo esplendor, conserva rincones que evocan su pasado glorioso como centro cultural y comercial. Además, presenciar el arte de las geishas es asistir a un espectáculo donde el tiempo parece detenerse.