Morioka es una tranquila ciudad situada a los pies del monte Iwate, apodado como el “Fuji de Iwate”. Sus inicios se remontan al período Heian (794-1185), aunque floreció bajo el dominio del clan Nanbu, que construyó el castillo Kozukata, también conocido como castillo de Morioka, en 1598. Los Nanbu gobernaron en Tohoku por más de 700 años, desde el período Kamakura (1185-1333) hasta la Restauración Meiji (1868-1912). Descendientes del emperador Seiwa Genji (850-880) del clan Minamoto, y emparentados con el clan Takeda de la provincia de Kai (actual Yamanashi), gobernaron primero en la provincia de Mutsu (con sede en Hachinohe) hasta que, finalmente, se establecieron en Morioka. Su historia va ligada también a continuos conflictos con el clan Tsugaru, del Dominio de Hirosaki, cuyos miembros habían sido vasallos de los Nanbu.

Aunque del castillo de Morioka no quedan más que las murallas, hoy reconvertidas en el parque de Iwate, la influencia de los Nanbu sigue palpable. De hecho, el símbolo de la grulla, emblema del clan, permanece como distintivo local, testimonio del peso histórico de la familia en la región.

A los pies del parque de Iwate, se encuentra el pequeño santuario Sakurayama, construido en 1749. Este santuario resguarda la memoria del clan Nanbu y está protegido por Eboshi-iwa, una roca considerada deidad que otorga fortuna y prosperidad.

Cerca del parque de Iwate se encuentra también el Museo de Cultura e Historia de Morioka, que permite explorar la herencia del clan Nanbu y conocer de cerca la historia de los festivales de Morioka. Dos de los festivales más notables son el Sansa Odori y el Chagu Chagu Umakko. El primero se celebra en agosto y es un festival de desfiles de tambores taiko y bailes tradicionales reconocido por el Libro Guiness de los Records. El segundo, Chagu Chagu Umakko, es un festival que se celebra el segundo sábado de junio y que tuvimos el placer de presenciar. Se trata un desfile de cien caballos engalanados con cascabeles y adornos coloridos. El nombre, Chagu Chagu hace referencia justamente al sonido que hacen los caballos al pasar, mientras que Umakko es el nombre que reciben los caballos de Morioka. Este desfile, cuyo origen se remonta a hace 200 años atrás, empieza en el santuario Onikoshi Sozen-jinja (dedicado a la deidad de los caballos) en Takizawa y termina en el santuario Hachimangu en Morioka, con la finalidad de agradecer el trabajo duro de los caballos en la siembra del arroz.

El santuario Morioka Hachimangu fue construido en 1680 por el daimio Nanbu Shigenobu en honor al dios Hachimangu, y fue reconstruido en 1997, tras quedar destruido por el incendio de Morioka de 1884. Es uno de los templos más grandes y venerados de la prefectura y es el epicentro de distintos festivales y celebraciones.

Al día siguiente, tras la celebración de Chagu Chagu Umakko, regresamos al templo para poder disfrutarlo con más tranquilidad y nos llevamos una sorpresa al presenciar un baile kagura o mikomai. El mikomai es un tipo de kagura o baile ritual realizado por mujeres llamadas miko con movimientos lentos y elegantes, a menudo acompañados de accesorios como abanicos y ramas sagradas. Los bailes de las miko en los santuarios sintoístas son rituales que conectan las personas con los dioses (kami) y que tienen un profundo significado religioso y cultural. El kagura se realiza normalmente en festivales y ceremonias importantes, no obstante, desconocemos si el baile que vimos estaba relacionado de alguna manera con el festival Chagu Chagu Umakko o si fue un evento independiente.

También hubo representaciones de baile sansa en distintos puntos de la ciudad por parte de grupos que participarán en el gran desfile de agosto. Aunque solamente presenciamos una pequeña muestra de lo que sería festival, el ritmo, las coreografías, los sonidos de los tambores taiko y las flautas, así como por los coloridos trajes nos dejaron atónitos.

Cuenta la leyenda que el baile sansa tiene su origen en el pequeño santuario sintoísta Mitsuishi, también conocido como el santuario de las tres piedras, que fue construido para proteger al pueblo de un demonio llamado Rasetsu. Se dice que el dios Mitsuishi ató al demonio a las tres rocas y le hizo prometer que no volvería a molestar. Como muestra de su promesa, Rasetsu dejó sus huellas en la pared del templo, y, para celebrar la victoria, los lugareños empezaron a bailar sansa.

Cerca del santuario Mitsuishi, se encuentra el templo Hoonji, un templo budista zen, construido por Nanbu Moriyuki, el decimotercer daimio, y trasladado al emplazamiento actual por el vigésimo séptimo daimio, Nanbu Toshinao. Aunque el templo es precioso, su principal atractivo es el Rakando, que reúne en su interior más de 500 rakan o estatúas de aprendices de Buda. Estas estatuas fueron esculpidas en Kioto y posteriormente traídas a este templo.

Finalmente, pero no menos importante, Morioka es célebre por su trío de fideos (Morioka Sandaimen): los wanko soba, los reimen y los jajamen. Una experiencia que definitivamente no os podéis perder.

Nosotros llegamos a Morioka desde Ichinosechi, pero se puede llegar fácilmente desde Tokio en shinkansen, y le dedicamos un total de dos días, que consideramos fueron suficientes para empaparnos de las tradiciones, leyendas y gastronomía que la ciudad ofrece. Y, tras esta visita, tomamos nuevamente el tren para continuar con nuestra ruta hacía Aomori.
