En la península de Oga, en la prefectura de Akita, perdura una tradición con raíces en el folclore y las leyendas japonesas, que se repite cada Año Nuevo. Se trata de un ritual en el cual los namahages, ogros que viven en las montañas, descienden para visitar las casas de la comunidad con el propósito de ahuyentar la pereza y los malos comportamientos, especialmente entre los más pequeños, pero también para traer salud a la familia y asegurar buenas cosechas. De hecho, etimológicamente la palabra namahage deriva de la forma regional de decir ampollas (namo) y pelar (hage) haciendo referencia a una erupción cutánea causada por la sobreexposición al fuego, enfermedad que padecen aquellos que se quedan rezagados alrededor del fuego sin hacer nada útil. En actualidad, esta tradición se considera de importancia nacional y desde 2018 es reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Esta tradición, como muchas otras, ha sufrido cambios a lo largo del tiempo. Aunque hoy en día el ritual se celebra en Nochevieja siguiendo el calendario gregoriano, antiguamente se celebraba en Koshogatsu (Pequeño Año Nuevo) que coincidía con la primera luna llena del año. Por esta razón, desde 1964, el segundo fin de semana de febrero (coincidiendo con el Pequeño Año Nuevo), se celebra el Festival Namahage Sedo en el Santuario Shinzan de Oga. Este evento combina una danza kagura propia de la zona (Yu-no-Mai), el ritual sintoísta Saitosai (procesión de bailes y tambores) que se celebra anualmente en el mismo santuario desde hace 900 años, y la tradición popular namahage, con quince namahages bajando de la montaña con antorchas y repartiendo mochis como símbolo de protección.

En cuanto al origen de los namahages, existen actualmente tres teorías y una leyenda. Acorde a la primera teoría, los namahages se inspiraron en los yamabushi o practicantes de shugendo que se desplazaban de casa en casa para rezar. Una segunda teoría, presenta a los namahages como mensajeros del kami (o dios sintoísta) de la montaña, una especie de toshigami, que bajaban para traer bendiciones para el nuevo año. Otra teoría, relaciona a los namahages con extranjeros de apariencia extraña que se habían instalado en Oga y que los aldeanos consideraban oni (criatura del folclore japonés parecida a un ogro o un demonio). Y finalmente, la leyenda más difundida cuenta que el origen de los namahages se encuentra en cinco murciélagos que siguieron al emperador Wu de Han (156-87 a.C.), emperador chino de la dinastía Han, hasta la península de Oga y una vez allí se transformaron en oni. Estos ogros se establecieron en las montañas de Hozan y Shinzan (las montañas más altas de la península) y se dedicaban a robar cosechas y mujeres jóvenes en las aldeas de Oga. Cansados de los ogros, los aldeanos los desafiaron a construir una escalera de piedra con 999 peldaños desde la orilla del mar hasta la cima del monte Shinzan en una sola noche, con la promesa de entregarles una joven cada año si lo consiguieran. De lo contrario, estos deberían abandonar Oga para siempre. Justo cuando los ogros estaban a punto de finalizar la tarea, un aldeano imitó el canto del gallo anunciado la llegada del amanecer, haciendo creer a los ogros que habían fracasado, pues la noche había acabado, abandonando así Oga para siempre.

Así pues, los namahages son ogros o seres demoníacos del folclore japonés representados por parejas o tríos de hombres con aterradoras máscaras de madera, ataviados con largos abrigos de paja (mino), y armados con cuchillos de madera (deba, para raspar la piel quemada) y cubos de madera (teoke). En Nochevieja, éstos bajan de las montañas, recorren las calles y entran en las casas con la ayuda de un Sakidachi. El Sakidachi es la persona encargada de asegurarse que en las casas en las que van a entrar no haya ocurrido nada que pudiera impedir la visita como que haya nacido un bebé en el último año, estén de luto por la muerte de algún familiar o estén lidiando con una enfermedad grave. La entrada se lleva a cabo con gruñidos y fuertes gritos de “¿Hay algún llorón aquí?, ¿Hay niños traviesos aquí?, ¿Hay personas perezosas aquí?” con la finalidad de asustar a los perezosos y a los desobedientes.

El cabeza de familia da la bienvenida a los namahages con sake y algo de comer y hablan sobre cómo ha ido la cosecha, sobre la salud de la familia y sobre si todos los miembros de la familia trabajaron duro o estudiaron mucho. Los namahages prometen favorecer una buena cosecha para el año venidero a la vez que amenazan con enojarse si algún miembro de la familia es perezoso, desobediente o no trabaja con ahínco. Dado que los padres conocen a las personas que encarnan a los namahages, muchas veces ensayan lecciones específicas para sus hijos durante la visita, sirviendo así como una oportunidad para los jóvenes para reflexionar sobre sus acciones. El pretexto es que los namahages ven todo lo que sucede en la aldea desde la montaña y registran toda esta información en su libro secreto. En caso de necesidad, el cabeza de familia puede llamar a los namahages de vuelta aplaudiendo tres veces hacía la montaña, pero si no es necesario, éstos vuelven al año siguiente.

Esta tradición presenta variaciones según la aldea, y está emparentada con otras similares de Japón: Yamahage y Nagomehagi (prefectura de Akita), Amahage (prefectura de Yamagata), Amamehagi (prefectura de Ishikawa), Appossha (prefectura de Fukui), Suneja, Anmo, Nagomi y Nagomihakuri (prefectura de Iwate), Amaburakosagi (prefectura de Ehime), Toshidon (prefectura de Kagoshima), o Akamata-Kuromata (Okinawa). Durante siglos, la presencia de los namahages en Año Nuevo ha sido esencial en Oga y gracias al Festival Namahage Sedo, las nuevas generaciones pueden conocer y comprender esta tradición. Sin embargo, si no tenéis la oportunidad de vivirla en Nochevieja ni de asistir al festival, como nos ocurrió a nosotros, aún podéis sumergiros en esta tradición ancestral a través del Museo Namahage de Oga. En el mismo lugar se encuentra el Museo Namahage, que presenta la historia de los namahages a través de imágenes, audios, máscaras y trajes de la península de Oga, el Museo Folclórico Oga Shinzan en el que se realiza una representación teatral de la tradición de los namahages en Nochevieja cada media hora hasta la hora de cierre del museo, y el santuario Shinzan donde se celebra el Festival Namahage Sedo en febrero. Lo mejor es que abren todos los días del año. Lo peor es que todo está solamente en japonés, aunque para la representación teatral ofrecen tablets con el texto en inglés.

En resumidas cuentas, la historia de los namahages en Oga trasciende el folclore y se convierte en un lazo vivo entre pasado y presente, recordando a la comunidad la importancia de la reflexión, el respeto y la unidad.
