Definitivamente el viaje a Madagascar no nos dejó indiferentes. Durante los 15 días que pasamos por el centro de la isla pudimos disfrutar de lugares y momentos maravillosos: el contacto con la naturaleza, con los lémures y demás fauna endémica, unos atardeceres y amaneceres magníficos, una maravillosa gastronomía… Sin embargo también hubo algunos no lo fueron tanto… Aquí tenéis nuestra valoración:
Lo mejor:
+ Conocer por fin a los lémures. Aunque la fauna y la naturaleza en general nos apasionan, los primates siempre han sido (y siguen siendo) un gran imán. Conocer al famoso rey Julien, al lémur más grande todos y al lémur más pequeño, entre muchos otros, fue todo un privilegio.
+ El parque de Analamazaotra fue con diferencia mi favorito. Pasamos un poco de frío pero pudimos disfrutar un montón de la naturaleza tanto de día como de noche. Y despertarse con el canto de los indris fue algo increíble.
+ La reserva privada de Anja. Una muestra de que el turismo sostenible es posible. Aunque la reserva no tiene nada que ver con los parques naturales en cuanto a tamaño y a variedad de fauna y flora, en ella viven unas preciosas familias de lémures anillados y los beneficios repercuten directamente en la población local.
+ El parque de Isalo. ¡Es como visitar multitud de paisajes en un solo paseo! Desde formaciones rocosas de tonos rojizos hasta exuberantes cascadas verdes ocultas en los hondos valles.
+ Abrazar los grandiosos y viejos baobabs nos dio una energía especial.
+ La playa solitaria de Belo sur Mer, lejos del ajetreo de las ciudades y sin grandes comodidades. Indiscutiblemente nuestra definición de paraíso.
+ La gastronomía malgache. Una apetitosa mezcla de ingredientes y especias (miel, vainilla, jengibre, coco, pimienta…).
Lo peor:
– La pobreza. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y eso se hace patente a cada paso. Sin embargo, durante nuestro trayecto hacia el sur de la isla, uno de los lugares más afectados por la sequía, se me rompió el alma al ver niñxs pedir ¡agua! Durante nuestros viajes es habitual que los niñxs pidan bombones o lo que sea, pero que pidan agua porque no tienen ni para beber (ya ni decir para bañarse o lavar la ropa…) a mí me dejó trastocada. Por favor, si viajáis al sur de la isla y os piden “oviva” (del francés Eau vive, marca de agua embotellada) no se lo neguéis. Aunque tener agua a nosotros nos parece un derecho para otrxs es un privilegio.
– El acoso de la gente. Justamente la pobreza y la falta de recursos conllevan a que se acose incesantemente a lxs vazaha (“blancxs” en malgache). Nos llegaron incluso a perseguir para vendernos cosas mientras íbamos a comer, esperarnos mientras comíamos y luego volver a perseguirnos a donde fuéramos. Y, creedme, comprar lo que sea no soluciona nada porque comprarle a unx implica que aparezcan 3-4 más y el proceso empieza de nuevo. Aunque lo cierto es que no nos lo encontramos en todos los sitios por lo que pasamos. Ifaty, sin duda, fue el peor en este sentido.
– La deforestación. La tala incontrolada de bosques, la plantación de árboles foráneos (sobre todo eucaliptos para producir carbón y árboles frutales) y los fuegos descontrolados no era lo que esperábamos ver. Los parques naturales y las pequeñas reservas son los únicos refugios de la fauna y de la flora endémicas, sin embargo estos ven reducido su tamaño cada día…
– Las reservas privadas de Vakona y Peyreiras. Debido a la deforestación y a la pérdida de espacios naturales de bosques primarios y a la gran demanda por parte de lxs turistas de conocer fácil y rápido multitud de fauna endémica provoca la creación de reservas que en espacios reducidos, no siempre adecuados y muchas veces con fauna en jaulas. Una gran desilusión…
– El exagerado número de turistas que nos encontramos en el parque de Ranomafana, uno de los más famosos y visitados del país. No negaré que es uno de los mejores sitios para ver fauna (existe la posibilidad de ver 7 especies de lémures diurnos), sin embargo creo que para que este sitio se mantenga en estado natural se debería limitar el número de visitantes que accedan al parque cada día.
– Hacer fotos con flash. La misma historia de siempre… Aunque las fotos no salen preciosas sin flash, creo yo que la finalidad principal del viaje es ver y disfrutar de la naturaleza. Y la fauna nocturna tiene una característica común: le molesta la luz y más cuando están cazando, comiendo o escondiéndose.
– La fuerte lluvia de Ranomafana que nos impidió disfrutar del parque en condiciones. Además, no llevamos chubasquero y eso nos hizo tener que abandonar el parque antes de tiempo… ¡No cometáis el mismo error que nosotros!
– El arduo trayecto de Belo sur Mer a Ifaty. Más de 14 horas de coche por caminos imposibles y hasta un trasbordador tirado por personas… Algo que nos pareció más típico de las historias coloniales que no del siglo XXI.
El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.
Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.
La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.
Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.
Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.
Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.
Reserva de Peyrieras
Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.
De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.
Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.
Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…
Lémur atraído con plátano en Vakona (izquierda) y lémur atraído con pan en Peyrieras (derecha)
Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.
Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:
¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!
Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!
Lémur alimentándose de flores en Anja (izquierda) versus plataforma de alimentación con arroz hervido en Peyrieras (centro) versus lémur alimentándose de plátano en Vakona (derecha)
Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.
Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.
El Parque Nacional de Ranomafana fue creado en 1991 y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007, sin embargo, en 2010 se incluyó en la lista de patrimonios de la humanidad en peligro. Este parque con una extensión de unas 41.600 hectáreas forma parte de las Pluviselvas de Atsinanana y alberga diferentes hábitats en uno, como selva tropical o bosques de bambú, hogar de numerosas especies vegetales y animales entre los cuales se suman 12 especies de lémures: 7 diurnas y 5 nocturnas. Para poder visitarlo, lo mejor es alojarse en el pequeño pueblo homónimo que se encuentra a unos 6 km de distancia de la entrada.
El parque se encuentra en el territorio de lxs tanala o lxs que moran en el bosque, que viven de la recolecta de la miel y de cultivar la tierra. Para fertilizarla tienen la costumbre de quemar el terreno… una de las prácticas más comunes y más dañinas de Madagascar, más cuando ésta afecta la fauna y la flora autóctonas. También tenían la costumbre de, tras sepultar a sus difuntxs, erguir un monolito en su honor dentro del territorio del parque, aunque ahora esta práctica está prohibida.
Los tours se deben hacer siempre en compañía de un/a guía y un/a ayudante (normalmente son lxs ayudantes lxs que buscan los animales) y existe la posibilidad de hacer diferentes rutas desde la más corta, de unas dos horas de duración, hasta las más largas, de hasta varios días. Nosotros empezamos nuestro tour mediano de unas 3-4 horas con fuerzas, aunque poco a poco se avecinó lo peor. Nada más empezar, avisaron de que habían encontrado un lémur del bambú y fuimos corriendo hasta allí, pero para mi sorpresa no fue el pequeño lémur el que me impresionó sino la gran (inmensa) cantidad de turistas que lo perseguían con la finalidad de inmortalizarlo. El pobre lémur no sabía cómo huir más rápido mientras que los hambrientos turistas se apelotonaban y movían los bambús y las ramas para conseguir la mejor foto. Y el lémur consiguió escapar (¡por suerte!) y todxs seguimos nuestro camino como si de una procesión se tratara en busca de un nuevo objetivo. Creo que nunca me había encontrado tantxs turistas en ningún parque que haya visitado hasta ahora. Fue tan impresionante que pensé que si seguíamos así, todxs en grupo, me iba a dar la vuelta y me negaría en ver otro espectáculo como el que acaba de presenciar.
Pero, poco a poco el gran pelotón se fue disgregando y decidí darle una oportunidad, ya que este parque se anuncia como uno de los mejores lugares para ver lémures. El siguiente ser vivo que tuvo la tremenda mala suerte fue un gecko cola de hoja (Uroplatus phantasticus), endémico de la isla de Madagascar, al que un señor casi aplasta al resbalar tras correr para ser el primero en fotografiarlo. Otra vez todxs apelotonadxs haciendo fotos con flash y sin miramiento alguno… La gente que se reunía con cada ser vivo que nos encontrábamos seguía siendo multitud y esto fue una constante durante todo el trayecto.
Y nuestra suerte no fue a mejor, no… Empezó a llover así sin previo aviso y nosotros que nos habíamos olvidado los chubasqueros… Definitivamente no era nuestro día y rezábamos que durara poco o que no fuera a más, pero no… llovió y llovió y nos mojamos hasta los huesos. Y ya os podéis imaginar que si nosotros estábamos empapados también lo estarían los lémures. Aquí tenéis dos sifacas Milne-Edwards (Propithecus edwardsi) acurrucados para protegerse de la lluvia. Ni que decir que una multitud con sus respectivos tripodes esperaba a que los pobres hicieran el más mínimo movimiento para poder sacarles la preciada foto. Nosotros también esperamos un ratito, pero no tenía sentido. ¡Hasta la lente de la cámara estaba mojada! Lo que os puedo decir es que este sifaca pertenece a la familia Indriidae igual que los sifacas de diadema que vimos en Analamazaotra. Son lémures diurnos de gran tamaño que se encuentran en grave peligro de extinción debido principalmente a la pérdida de hábitat. Como podéis ver no tenemos la mejor foto, pero estaban tan monos que en nuestras mentes (mojadas por la lluvia y congeladas) se transformaron en dos bolitas de helado de chocolate con vainilla (de Madagascar, ¡claro! jajajaja).
A pesar de las inclemencias también pudimos ver al lémur grande del bambú (Prolemur simus) miembro de la gran familia Lemuridae, un lémur de color grisáceo que se alimenta exclusivamente de bambú. Este primate se encuentra en peligro crítico de extinción y este parque es uno de los últimos reductos donde se puede ver. De este lémur desgraciadamente no tengo casi fotos ya que con la lluvia apenas se podían avistar.
Por suerte el lémur dorado (Hapalemur aureus) también miembro de la familia Lemuridae sí se dejó ver a pesar de la fuerte lluvia. El pobre intentaba alimentarse de bambú bajo la fría lluvia y por suerte esta vez la cámara no nos abandonó. Este lémur es endémico del parque de Ranomafana y también se alimenta de bambú. Igual que su hermano, el lémur grande del bambú, éste también está en grave peligro de extinción.
Y el último lémur que vimos (4 de 7, ¡no está nada mal!) fue el lémur marrón de frente roja (Eulemur rufifrons). Este primate es folívoro (se alimenta principalmente de hojas, flores, vainas, etc.) e igual que el lémur marrón que conocimos en Analamazaotra no está en peligro de extinción. Una suerte, la verdad, teniendo en cuenta la grave situación de los demás lémures…
Nuestro trayecto por el húmedo y frío bosque a través de sus resbaladizos senderos nos llevó hasta un mirador, pero como podéis ver las nubes estaban tan bajas y tan cargadas que apenas se podría ver nada… Estuvimos esperando un rato a ver si la lluvia amainaba, pero no… Aun así el entorno nos resultó bello y misterioso.
Llevábamos casi 3 horas de trayecto cuando ya empezamos a sentir frio y como la lluvia seguía sin darnos tregua decidimos abandonar el tour antes de la hora prevista con mucho dolor en el alma, pero con miedo a una hipotermia. Aun así, el parque nos quiso obsequiar con un último descubrimiento: una mariposa nocturna gigante. Su nombre es mariposa cometa (Argema mittrei) y es una de las mariposas más grandes del mundo. Igual que en Analamazaotra, en este parque también se pueden hacer tours nocturnos, pero como llovió durante todo el día y durante toda la noche preferimos entrar en calor y descansar…
Y como reflexión final, este parque vale mucho la pena, más si no os pilla la lluvia (o si vais con un buen chubasquero y un buen protector para la cámara…) ya que aquí conviven muchas especies de lémures. Sin embargo, justamente esto lo vuelve un gran atractivo para lxs turistas y en mi opinión se está volviendo insostenible. La multitud de turistas ávidos de fotos se apiñan en los lugares más inverosímiles ahuyentando y molestando constantemente a todo bicho viviente. Creo firmemente que en estos casos se debería limitar el número de turistas más cuando se trata de espacios protegidos en los que los animales deben vivir libres y en tranquilidad sin tener que sufrir un acoso interminable día tras día.
Recomendaciones finales para este parque:
Llevad chubasquero, ¡por lo que más queráis!
Llevad un buen objetivo ya que los lémures pueden estar muy arriba en las ramas. Tened en cuenta también que en este parque hay una alta humedad y una alta probabilidad de lluvia, por lo que llevad algo para proteger la cámara.
En septiembre hacía bastante frío, así que llevaros también ropa de abrigo. Y ni que decir, unas buenas botas de trekking.
El nivel del trekking es medio-alto con bastantes subidas y bajadas. Si llueve los caminos se vuelven resbaladizos.
El tour nocturno se lleva a cabo a las afueras del parque, por los laterales de la carretera.
La reserva de Analamazaotra es un área protegida contigua al Parque Nacional de Andasibe-Mantadia y consta de unas 710 hectáreas de bosque reforestado por la comunidad local con plantas autóctonas. En ella viven diferentes especies de lémures entre las cuales se encuentran el indri (Indri indri), el lémur de mayor tamaño, y el lémur ratón (Microcebus), el más pequeño de los lémures e incluso uno de los primates más pequeños junto al tarsero y al tití pigmeo. Los lémures comparten su hábitat con camaleones, geckos, serpientes, aves, insectos y muchos más. Para visitar este sitio hay que desplazarse hasta la ciudad de Andasibe, una ciudad con un marcado aire francés, un fantasma que recuerda a la época colonial.
Volviendo a lo que nos ocupa, la reserva se puede visitar a cualquier hora del día, pero se recomienda acudir por la mañana temprano cuando los lémures están más activos. Se accede siempre acompañadxs por un/a guía y existe la posibilidad de realizar tres itinerarios: uno corto (Indri 1), uno mediano (Indri 2) y uno largo (Circuit Aventure). Nosotros hicimos el circuito mediano que dura unas 4 horas y el nivel del trekking es medio-fácil, con un cierto desnivel.
Nada más empezar, ya nos encontramos con una boa arborícola de Madagascar (Sanzinia madagascariensis), algunos insectos, como los escarabajos jirafa, y algunos pájaros, pero el canto de los indris nos hacía impacientarnos y querer llegar cuanto antes hasta ellos.
Ya los habíamos escuchado desde el hotel y nos moríamos de ganas por conocer por fin al lémur más grande que actualmente existe y el primer encuentro con una pequeña familia resultó un poco agridulce porque estaban muy arriba en los árboles. A penas los podíamos ver y con la cámara tampoco tuvimos demasiada suerte ya que con la humedad excesiva que hacía (había llovido toda la noche) la lente se empañaba constantemente. Eso sí, disfrutamos un montón de sus sonidos. Poco después nos encontramos con otra familia que sí se acercó y fue un momento maravilloso. Según cuentan, lxs betsimisaraka consideran que los indris, o babakoto (abuelo) como los nombran, son los padres de los humanos y es tabú o fady matarlos.
Dicho esto, los indris pertenecen a la familia Indriidae, son diurnos, folívoros (se alimentan principalmente de hojas, brotes y algunas frutas) y monógamos. Una característica de estos primates es que no tienen cola, a diferencia de otras especies de lémures de la isla. Y aunque viven en pequeñas familias, necesitan un amplio territorio para poder vivir, y es justamente por la rápida pérdida de su hábitat, a causa de la desforestación y de los incendios, que es uno los 25 primates en mayor peligro de desaparecer. Una pena…
Los siguientes lémures que nos encontramos fueron los sifaca de diadema (Propithecus diadema). Los vimos fugazmente. Definitivamente nuestra presencia no les interesó lo más mínimo y siguieron con su ruta y su rutina. Estos lémures también pertenece a la familia Indriidae, como los indri, y guardan muchos parecido con éstos, como por ejemplo que tampoco tienen cola y son también lémures de gran tamaño, siendo estos en particular, los más grandes de entre las diferentes especies de sifacas. Se alimentan de flores, fruta madura y brotes tiernos y viven en un mismo grupo varios machos y varias hembras con sus crías. Este precioso lémur también se encuentra en grave peligro de extinción a causa de la pérdida de los bosques en los que habita…
Retomamos nuestra travesía y definitivamente fue un día de suerte ya que pudimos ver otras dos especies de lémures: el lémur gris del bambú y el lémur marrón común. El lémur gris del bambú (Hapalemur griseus) pertenece a la gran familia Lemuridae y se alimenta principalmente de bambú. Si os preguntáis de qué se alimentaba este pequeño lémur antes de que llegara el bambú desde China, os puedo decir que hay una especie de bambú endémica de Madagascar (Cathariostachys madagascariensis), que es la principal fuente de alimentación tanto de este lémur como del lémur dorado (Hapalemur aureus) que tuvimos el placer de conocer en el Parque Nacional de Ranomafana. Pero esta aventura es otra historia que os contaré más adelante.
Y ya, justo cuando estábamos a punto de salir del parque, fue cuando conocimos al lémur marrón común (Eulemur fulvus). Este lémur pertenece también a la familia Lemuridae y es uno de los pocos lémures que no está en peligro de extinción. Es más, ha sido introducido, y prospera, en dos otras islas: Comoras y Mayotte. Fue un momento maravilloso ya que una mamá con una pequeñísima cría se alejó del grupo y bajó hasta donde estábamos nosotros. No os puedo ni describir lo que disfrutamos de su presencia. Vamos, que estaba tan guapa y se encontraba tan cerca que le hicimos un book.
Y ya nos despedimos de este parque con la bonita vista del lago con sus nenúfares y una sonrisa de oreja a oreja, porque definitivamente fue una experiencia increíble.
Pero ¡oye! que la historia no acaba aquí, pues también hay la opción de hacer un tour nocturno y probar suerte para ver al lémur ratón, el lémur más pequeño de todos. ¿Por qué no? Y bien, el tour transcurre principalmente en los laterales de la carretera y dura aproximadamente una hora. En nuestro caso nos adentramos también en el jardín de las orquídeas donde pudimos ver unos cuantos camaleones y alguna rana, pero principalmente se siguen los dos laterales de la carretera en los lindes del parque nacional al que está prohibido entrar por la noche.
Y, sí, la suerte no se nos acabó y pudimos ver al microcebus, un lémur nocturno, solitario y que se alimenta de insectos, fruta y néctar de flores. Sin embargo, este pobre primate también se quedó ciego con los flashes de las cámaras de los turistas, igual que le pasó al pobre tarsero en Sulawesi, a los que se añadieron también las luces de las linternas de los guías. Por favor, no hagáis fotos con flash a los lémures. Ya sé que las fotos no salen tan estupendas pero tenéis que pensar en su bienestar.
Y ahora sí que finaliza este relato y con ello solo puedo decir que disfrutamos un montón de la naturaleza y de los lémures y que esta reserva se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos de Madagascar.
Y como recomendaciones finales:
En septiembre, cuando fuimos nosotros, hace bastante frío por lo que os recomiendo que os llevéis ropa de abrigo.
Para el trekking, llevad pantalón largo y blusa con manga larga para protegeros de las sanguijuelas. Esta vez nosotros salimos ilesos, pero nunca se sabe. También unas buenas botas.
Llevad una buena cámara, pero tened en cuenta que hace mucha humedad y se puede empañar la lente. Tanta humedad me recordó a nuestra aventura por el bosque de Budongo en Uganda cuando conocimos a los inquietos chimpancés de los que disfruté un montón pero de los que no tengo apenas fotos porque la cámara no pasaba por su mejor momento. No se puede tener todo…
Llevad una linterna por si queréis hacer algún tour nocturno. Prismáticos, opcional, pero pueden ayudar si los lémures no se acercan.
Supongo que no hace falta decir de llevar agua o ponerse antimosquitos.
¡Y no os olvidéis de las ganas de conocer y disfrutar!
Este año la elección del “gran” viaje ha resultado ser un pelín complicada ya gran parte de nuestros días de vacaciones disponibles se vieron reducidos por el viaje a París que hicimos en enero para celebrar nuestro 13º aniversario juntos y también por asistir a un congreso en Oporto (Portugal). Aun así nos quedaban 15 días valiosos en septiembre, y tras barajar muchas opciones, hemos decidido volver a nuestro continente favorito, África. Sí, después de Kenia, Marruecos, Egipto, Uganda y Ruanda, ¡volvemos! Volvemos a ese continente que nos enamoró para siempre la primera vez que lo visitamos. Kenia nos descubrió su gran naturaleza y Uganda y Ruanda, la última vez que pisamos el continente, años después, nos enseñaron que África no es solamente naturaleza sino también sonrisas, amabilidad, cariño… Sí, sonrisas, porque al fin y al cabo la felicidad no se mide en la cantidad de bienes materiales que unx tiene. Nunca borraremos de nuestras mentes la multitud de niñxs persiguiéndonos con una gran sonrisa al son de “how are you, muzungu?”. “Muzungu” que viene a decir “blanco” en bantú. Como anécdota, siempre recordaremos el momento en el que una niña se acercó a Xavi con gran curiosidad, le olió y luego le dio un lengüetazo en la mano. Con el sol de justicia que hacía ese día y con la facilidad que tiene Xavi en sudar, la pobre debió de pensar que lxs blancxs ¡olemos y sabemos horrible! jajajajaja Una experiencia como muchas tantas que llegan a pasar cuando viajas… Pero, ¡basta de recuerdos! porque este año nos esperará un nuevo viaje, una nueva experiencia, que más no, esperamos que nos impresione como lo hicieron ya las anteriores inmersiones en esas tierras tan fascinantes!
Y este año volvemos, pero esta vez para visitar la isla más grande del continente y la cuarta más grande del mundo después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo (considerando Australia como un continente). Sí, lo habéis adivinado, viajaremos a ¡Madagascar! Esa isla tan famosa tanto por los preciados lémures, como por sus baobabs, por sus camaleones, y como no, por ser la isla del rey Julien XD.
En este viaje nos vuelve a acompañar mi hermana que de África solamente visitó (con nosotros también) Marruecos y Egipto. E igual que en la mayoría de viajes que hacemos, nuestra intención es visitar el máximo de parques naturales posibles y ver y disfrutar al máximo de la naturaleza y de la fauna local. Desde el principio teníamos en mente visitar la famosísima avenida de los baobabs, los parques de Analamazaotra, Isalo y Ranomafana y la reserva de Anja, ya que nuestro principal objetivo son los lémures, esos primates estrepsirrinos endémicos de esta isla.
Para poder llevar a cabo esta gran aventura hemos decidido contactar con una guía (itinerario libre con coche y conductor), ya que según nos han explicado los traslados por la isla pueden ser muy difíciles en transporte público, y, como disponemos de pocos días y grandes planes, hemos considerado que esta sería la mejor opción. Y bien, después de explicarle nuestras intenciones, nos dijo que era factible visitar todo lo que queríamos en nuestros limitados días. ¡Es más! nos recomendó dos reservas privadas: de Peyrieras y de Vakona (que aceptamos porque tenían buenas opiniones en internet, pero que esperamos que no sean un fiasco…), e incluso un par de días en la playa. Los días en la playa se hacen necesarios (aunque no sean una prioridad para nosotros) para una mejor logística al hacer el itinerario circular. De esta manera no perderemos tanto tiempo en los traslados, que ya nos ha informado que serán laaargoooss y tediosos.
Como en las anteriores presentaciones ya incluía un párrafo dedicado a la logística del viaje, aquí está. Aunque en esta ocasión no puedo aportar mucha información más allá de que hay vuelos directos a Antananarivo desde París (por algo la isla fue colonia francesa…).
En cualquier caso, os dejaré más detalles de cada lugar en las crónicas. ¡No os las perdáis!