Jeju es una isla de origen volcánico situada en el estrecho de Corea considerada una de las siete maravillas naturales del mundo y declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 2007, Geoparque Global por la Unesco en 2009 y Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2022. Jeju no es una isla muy grande, pero ofrece al visitante una enorme cantidad de posibilidades: hermosas playas volcánicas, innumerables rutas de senderismo y bellos paisajes. Además, es muy fácil de recorrer, ya sea en transporte público o en coche de alquiler, y se puede alcanzar en avión desde las principales ciudades del país. Por todo esto, Jeju es un gran reclamo turístico y es muy visitada, aunque no tanto por el turismo europeo, sino más bien por el turismo chino o japonés. También es un destino preferido por los coreanos, ya que las parejas eligen este lugar para su luna de miel.

Volviendo a lo que nos ocupa, la isla de Jeju fue nuestro primer contacto verdadero con Corea del Sur, aunque fue la segunda parada en nuestra ruta. La primera parada fue Seúl, aunque ese primer día lo disfrutamos más bien poco ya que nuestro vuelo de Barcelona a Seúl tuvo un retraso de tres horas haciendo que llegáramos a Corea ya de noche, por lo que solamente nos dio tiempo de cenar e ir al hotel. Nuestro vuelo a Jeju salió al día siguiente, por la mañana, desde el aeropuerto de Gimpo y llegamos a la isla poco antes del mediodía. En la isla pasamos un total de tres días y, para tener mayor libertad, elegimos alquilar un coche, por lo que, nada más recoger las maletas, salimos del aeropuerto en busca del parquing del que salen los autobuses de la mayoría de las agencias de alquiler de coche. Llegar al parquing no tiene pérdida: nada más salir, se cruza la calle y se sigue a mano derecha. Allí hay una pantalla en la que se indica de dónde sale el autobús de cada agencia, ya que éstas no están situadas en el mismo aeropuerto. Una vez finalizados los trámites, ya pudimos empezar nuestra aventura por Jeju.

Un calor abrasador nos dio la bienvenida, así que nos lo tomamos con calma y lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer y de paso planificar la tarde. Y nuestra primera visita fue el túnel de lava Manjaggul, una de las principales razones por las que decidimos visitar la isla. Esta cueva tiene una longitud total de 13.422 m, por lo que es considerada como la más grande del mundo, y es declarada Patrimonio Natural de la Humanidad. Durante las erupciones volcánicas la lava fluye hacía el mar y, durante su recorrido, la lava de la superficie se va enfriando y solidificando, dando lugar a túneles, como este. Existen tres entradas a la cueva, pero solamente una está abierta al público. Se puede recorrer 1 km en su interior y se pueden observar una gran variedad de estructuras formadas a partir de lava. Dentro de la cueva, la temperatura oscila entre los 11º y los 22º, por lo que es recomendable llevar alguna prenda de manga larga, aunque con el calor del exterior no apetezca mucho. También es recomendable llevar un buen zapato, ya que el suelo suele ser bastante resbaladizo.

Para finalizar nuestro primer día en Jeju, nos dirigimos al cabo Seopjikoji para ver la roca Seonnyeobawi, cuyo nombre significa “roca del hada”. Hay un camino preparado, muy cómodo que lleva hasta el faro y cerca de la roca, aunque por el camino hay diferentes miradores desde los cuales se pueden conseguir muy buenas fotos.

Tras un día totalmente soleado, nuestra suerte cambió cuando empezamos a recibir alertas de seguridad pública. Al estar conectados a una red coreana (por tener una SIM o eSIM) se reciben también estas posibles alertas, y, aunque están en coreano, se pueden traducir fácilmente con Google Lens. Y es así como descubrimos que una gran tormenta tocaría la isla durante la noche y que nos acompañó prácticamente durante los dos días que nos quedaban, trastocando así todo el itinerario que teníamos pensado… Esa misma tarde el cielo ya se empezó a ver encapotado…

Y, efectivamente, tras una noche de tormenta, nuestro segundo día en Jeju comenzó pasado por agua. Aún así, decidimos ir al bosque Bijarim, el mayor bosque de árboles bija (Torreya nucifera) de Corea, en el que se encuentran más de 2.800 árboles de entre 500 y 800 años, siendo el mayor atractivo un ejemplar de bija con más de 820 años. El trayecto es circular y es muy fácil de recorrer. Para nuestra suerte, fue llegar al parquing y dejó de llover, así que pudimos disfrutar del trayecto en condiciones. Aun así, por la lluvia había algunos tramos embarrados, pero en Corea están en todo y a la salida del parque hay unas fuentes preparadas para limpiarse los zapatos antes de subir al coche.

Nuestro siguiente objetivo iba a ser la ruta Geomun Oreum, pero nada más subirnos al coche empezó a diluviar y en vista de que no iba a parar pronto, decidimos poner rumbo de nuevo a la ciudad de Jeju y buscar algún sitio para comer con la esperanza de que cambiara el tiempo mientras tanto. Pero no fue así… La tormenta no parecía querer irse, por lo que dejamos el coche en el parquing del hotel y, paraguas en mano, tomamos el autobús (sirve la tarjeta T-Money; más info en Transportes) hasta el mercado Dongmun. Tras unas cuantas vueltas por el mercado (y alguna que otra compra), seguimos por el lateral del río hasta llegar al Museo Folclórico y de Historia Natural de Jeju.

El museo se inauguró en 1984 y es de libre acceso (al menos nosotros no pagamos entrada). Aunque no es muy grande, ofrece la oportunidad de aprender sobre el proceso de formación de la isla, sobre la fauna y flora que la habita, pero también sobre cómo era la vida y el folclore de los habitantes de Jeju a través de objetos cotidianos, trajes, y hasta representaciones de casas tradicionales o barcos de pesca.

Nuestra siguiente parada del día fue Samseonghyeol. Está situado al lado del museo, al otro lado del río, y no teníamos ni idea de lo que se trataba, pero como tampoco teníamos nada mejor que hacer por culpa de la lluvia, decidimos entrar e investigar. El recinto parece un parque con árboles inmensos y algunas construcciones. Lo mejor es empezar el trayecto por el pequeño museo que se encuentra en el lado derecho, porque así os podéis hacer una idea de qué es lo que veréis a continuación. Y es de hecho lo que nosotros hicimos, aunque fue por casualidad.

El museo consiste en dos pequeñas estancias a las que hay que acceder descalzos, dejando los zapatos y los paraguas en la entrada. Allí en forma de maquetas y diversos documentos se cuenta la historia de los tres principales apellidos de la isla de Jeju. Resumidamente, la leyenda cuenta que tres demonios emergieron de la tierra a través de tres agujeros y estos demonios se casaron con tres princesas del reino de Byeongnang y fundaron el reino de Tamna, dando lugar así a los tres principales apellidos: Seonju, Wangja y Donae. Y justamente el principal atractivo del lugar son los tres agujeros a través de los cuales salieron los demonios.

A pesar de ser una leyenda, el lugar es considerado sagrado y cercano a los tres agujeros se encuentra un pequeño templo que fue construido en el año 1698 y donde en primavera y otoño se celebran ceremonias conmemorativas y en invierno, una gran ceremonia religiosa budista en honor a la fundación de la isla.

Nuestro tercer y último día en la isla volvió a amanecer lluvioso… Sin embargo, este día decidimos desplazarnos hasta la ciudad de Saeogwipo para visitar la roca Oedolgae, la cascada Jeongbang y la cascada Cheonjiyeon. Los tres destinos de encuentran a poca distancia entre sí. Nuestra primera parada fue la cascada Cheonjiyeon. Esta cascada tiene una altura de unos 22 m y un ancho de 12 m y fue designada como Tesoro Natural, tanto por ser el hábitat de las anguilas mutaejangeo como por el bosque que la rodea.

Desde aquí nos desplazamos a la cascada Jeongbang, que con una altura de 23 m, es famosa por ser la única de Asia y unas de las pocas cascadas del mundo que arroja el agua directamente en el mar. Aquí en días soleados, que no fue el caso, se pueden ver mujeres buceadoras (haenyeo) que recogen marisco a mano, sumergiéndose en el mar a apnea.

De allí, seguimos nuestro rumbo a la roca Oedolgae, una roca de origen volcánico que se eleva unos 20 m desde el nivel del mar.

Hay varios senderos que se pueden seguir por los alrededores, sin embargo, nosotros no los pudimos disfrutar mucho ya que la lluvia decidió volver con nosotros. Como la lluvia iba en aumento, decidimos buscar un sitio para comer y poder recalcular ruta.

La decisión final fue visitar el parque Hallim, pensando que sería más fácil de visitar con lluvia, aunque nuestra mayor sorpresa fue que, nada más llegar al parque, la lluvia decidió darle paso a un sol radiante. Volviendo al parque, éste fue creado en 1971 y cuenta con multitud de plantas y de árboles bellamente dispuestos, dos túneles de lava, un jardín botánico de plantas tropicales, un jardín de bonsáis, y una aldea folclórica Jaeam. Las cuevas, Ssangyong y Hyeopjae, se formaron hace 250 mil años por la erosión volcánica. Una particularidad de estas cuevas es el hecho que, por la penetración del agua con cal, fueron adquiriendo un color dorado. Aunque solo se pueden visitar estas dos cuevas, éstas están interconectadas con hasta 20 otras cuevas que constituyen un solo sistema con una longitud de 17.000 m. Actualmente son Patrimonio Nacional Natural y se consideran únicas en el mundo.

En cuanto al jardín botánico, éste está distribuido en varios jardines más pequeños, cada uno con una temática: plantas tropicales, cactus, bonsáis, palmeras, etc.

Por otro lado, la aldea folclórica Jaeam es una reconstrucción de un antiguo poblado que permite imaginarse cómo era la vida cotidiana en Jeju.

Por la dimensión del parque y de la cantidad de rincones por los que pasear y desconectar, estuvimos pasando aquí prácticamente toda la tarde. Aunque consideramos que el parque se merece una visita, hay una gran pega, y son la gran cantidad de aves y reptiles que viven enjaulados… La verdad, no entiendo muy bien qué aporta tener los animales encerrados, porque con solo las cuevas, los jardines y la aldea ya tiene suficiente atractivo, a nuestro parecer.

Y con esto dimos por finalizado el día y nuestra estancia en Jeju ya que al día siguiente tomamos el vuelo hacia nuestro próximo destino: Busán. Dejamos la isla por la mañana con un sol radiante y con un sabor agridulce porque disfrutamos mucho de nuestra corta visita a Jeju, pero nos hubiera gustado poder haberla disfrutado con el sol que dejamos atrás…
