El clan Date es considerado uno de los linajes más influyentes de la historia feudal de Japón y su legado perdura hasta nuestros días a través de los monumentos, los mausoleos y los objetos conservados. Sin embargo, la figura más destacada es la de Date Masamune, también conocido como “el Dragón de un solo ojo” debido a la pérdida del ojo derecho por culpa de una enfermedad que padeció en la infancia (posiblemente viruela). Date Masamune, hijo del daimio Date Terumune, nació el 5 de septiembre del 1567 en el castillo de Yonezawa, en la actual prefectura de Yamagata. Debido a su discapacidad, su madre, Yoshihime, lo veía incapaz de liderar, favoreciendo a su hermano pequeño, sin embargo, Masamune mató a su hermano y su madre se vio obligada a huir al castillo de su hermano, Mogami Yoshiaki, daimio de Yamagata. Masamune lideró su primera campaña a los 14 años y a los 18 sucedió a su padre en el puesto de daimio, destacando por su capacidad estratégica y su fiereza. Recibió el castillo de Iwatesawa después de servir a Toyotomi Hideyoshi (el mismo que ordenó la ejecución de Komahime) y vivió allí durante 13 años, convirtiendo la región en uno de los principales centros políticos y económicos del país. Tras la muerte de Hideyoshi, Masamune apoyó a Tokugawa Ieyasu, quien unificó el país y se autoproclamó shogun en el siglo XVII. Éste le premió con el gran dominio de Sendai, convirtiendo a Masamune en uno de los daimios más poderosos de todo el país, con una extensión de tierra equivalente a 620.000 koku (medida basada en la producción de arroz). En 1604 Masamune y sus vasallos se trasladaron al pequeño pueblo pesquero de Sendai y lo convirtieron en una gran y próspera ciudad. Y fue justamente en Sendai donde nos encontramos con los primeros vestigios del clan Date, durante nuestro viaje por Tohoku.
Actualmente, Sendai es la capital de la prefectura de Miyagi y la mayor ciudad de Tohoku. Tiene muy buena conexión con Yamagata y Yamadera, pero también con Tokio y otras ciudades de Tohoku, hecho que también atrajo a Date Masamune que buscaba un lugar con mejores conexiones con Edo (actual Tokio) que su castillo de Iwatesawa (Oshu, prefectura de Iwate). Y es así como Masamune ordenó la construcción de su castillo en Aoba-yama, convirtiéndolo en la residencia principal de su clan durante casi 300 años. Pese a su importancia histórica, del castillo de Sendai no quedan más que los cimientos, parte de la muralla que aún están reconstruyendo y una torre de guardia, debido a su destrucción durante bombardeos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. Allí se encuentra la estatúa ecuestre de Masamune así como un pequeñísimo museo (Aoba Castle Museum) con algunos objetos personales del daimio e información sobre la historia del castillo. También hay una sala de audiovisuales donde se explica la historia del clan Date, sin embargo, está solamente en japonés. Además, desde el parque de Aoba-yama se puede disfrutar de unas preciosas vistas de la ciudad. Cerca del castillo se encuentra también el Museo de Sendai (Sendai City Museum), que es mucho más grande, y donde se expone la historia de ciudad, así como una colección privada de la familia Date.
Durante su vida, Date Masamune promovió la cultura y las artes e impulsó el desarrollo económico en la región, haciendo del dominio de Sendai una zona próspera y estructurada. También reconstruyó templos anteriores como los templos Godaido y Zuigan-ji (en 1604) en Matsushima, prefectura de Miyagi, o el templo Takkoku-no-Iwaya (en 1615) en la prefectura de Iwate. De hecho, tras su reconstrucción en 1609, Zuigan-ji se convirtió en el templo familiar del clan.
Como curiosidad, se dice que Masamune era un enamorado de los mochis, sobre todo del zunda mochi, su favorito, y existía incluso un menú llamado mochi honzen que incluía tres sopas y siete platos de verduras preparados con mochi, siguiendo los preceptos establecidos por el daimio. Esta gastronomía especializada en el mochi se desarrolló sobre todo en Ichinoseki (prefectura de Iwate). Un decreto emitido por Masamune, obligaba a los campesinos a elaborar mochis para ofrecerlos a los templos y los santuarios el primero y el quinceavo día del mes y existía incluso un calendario oficial en el que se indicaban las fechas en las que se debían preparar, llegando a al menos sesenta días al año. Aún hoy, se puede degustar un menú de mochis en Ichinoseki y es una experiencia culinaria única.
A los 70 años, Masamune ordenó la construcción de su mausoleo, Zuihoden, donde se enterraron sus restos tras fallecer el 27 de junio del 1636. El mausoleo fue declarado Tesoro Nacional en 1931, sin embargo, quedó destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El mausoleo que se puede visitar en actualidad fue reconstruido en 1979.
En el mismo lugar se encuentran también los mausoleos del segundo señor feudal, Date Tadamune (1599-1658) (Kansenden), y del tercer señor feudal Date Tsunamune (1640-1711) (Zennoden), igualmente destruidos en 1945 y reconstruidos en 1985. Por suerte, pese a los bombardeos, se pudieron recuperar los restos óseos completos de los tres daimios, así como numerosos objetos funerarios, documentos y armaduras, que se exhiben en un pequeño museo situado cerca de Zuihoden. Date Tadamune continuó el gobierno de su padre, Date Masamune, y llevó a cabo una reforma agraria a gran escala, fomentando la apertura de nuevos arrozales. Por otro lado, Date Tsunamune, nieto de Masamune, gobernó hasta los 19 años, cuando el shogun lo obligó a retirarse. Se dedicó al arte, creando diseños de laca miki-e y pinturas sumi-e (tinta) inspiradas en el paisaje de Tohoku que aún gozan de gran reconocimiento. Cerca se encuentran el mausoleo del noveno señor feudal Date Chikamune y del undécimo señor feudal Date Nariyoshi y su esposa. Desde aquí, parte también un sendero que conduce al mausoleo de los hijos del quinto señor feudal Date Yoshimura, conocido como Okosamagobyo.
En Matsushima, Date Tadamune construyó el templo Entsuin en honor a la diosa Kannon, diosa de la misericordia, en 1646. En los jardines del templo se encuentra también el mausoleo de su hijo Date Mitsumune que falleció a la edad de 19 años.
En resumen, el clan Date fomentó el florecimiento de la cultura y las artes en Tohoku, además de impulsar el desarrollo de la agricultura, la economía y la cultura en su territorio, dejando así un legado duradero en la región.
Yamagata, capital de la prefectura homónima, fue nuestro punto de partida en nuestra aventura por la región de Tohoku. Esta ciudad ha sido un enclave de relevancia desde tiempos antiguos y su historia se remonta a la era feudal, cuando la ciudad floreció como centro administrativo y cultural bajo el dominio de poderosos clanes. Pese a no ser una ciudad muy turística, Yamagata cuenta con un encanto particular, donde la historia, la religión y la gastronomía se entrelazan. Además, está fácilmente accesible gracias a un corto viaje de unas dos horas en shinkansen desde Tokio. Le dedicamos a Yamagata un día y medio, ya que medio día lo empleamos en visitar lo que era nuestro principal objetivo, el templo de Yamadera, que se encuentra a tan solo 25 minutos de la ciudad (línea JR Senzan, que une Yamagata con Sendai).
El nombre oficial de este complejo de templos es Hojusan Risshaku-ji, aunque se le conoce simplemente como Yama-dera (templo de montaña). Fue fundado en el año 860 por el monje budista Jikaku Daishi (794-864) y en sus inicios, la principal religión fue el budismo Tendai, igual que en Chuson-ji y Motsu-ji de Hiraizumi (Iwate) o Zuigan-ji de Matsushima (Miyagi) que visitamos más adelante. Esta religión se originó en China (Tiantai) y se introdujo en Japón en el año 806.
El primer templo del conjunto es el Konpon-chudo y se encuentra a unos diez minutos a pie desde la estación de Yamadera. Este templo alberga la “luz eterna del budismo”, una llama que lleva encendida desde su fundación, cuando se trasladó parte del fuego del templo Hieizan Enryaku-ji (Shiga). Fue reconstruido por el primer daimio del castillo de Yamagata en 1356, y es considerado uno de los edificios de madera más antiguos de Japón. A partir de aquí, comienza el ascenso hacía el templo principal Nyohodo, también conocido como Okunoin, que cuenta con nada más y nada menos que 1015 escalones. Sin embargo, la dureza del camino viene recompensada por un bosque de cedros de singular belleza.
Tras cruzar la puerta Nio-mon, el camino se bifurca, llevando uno al templo Nyuhodo, que custodia dos estatuas que el monje Jikaku Daishi trajo desde China, y el otro al pabellón Godaido, situado en la cima de un acantilado desde el cual se puede disfrutar de unas preciosas vistas del valle.
Ya de vuelta a la ciudad, nuestra primera parada fue el castillo de Yamagata. Este castillo fue construido en 1357 y fue sede de los clanes Mogami y Yamagata. Durante el período Edo perteneció a varias familias, hasta que finalmente quedó prácticamente en ruinas. En 1871, cuando se abolieron los dominios feudales, el castillo pasó a manos del gobierno y se usó como base para el ejército imperial japonés. Pese a que fue uno de los castillos más grandes de la región de Tohoku, de él solamente quedan sus muros en forma de zigzag y la puerta oriental reconstruida en 1991. Actualmente el recinto se ha transformado en parque público (Kajo Park) donde la gente aprovecha el espacio para pasear o para hacer picnic.
Los antiguos gobernantes de Yamagata también impulsaron el desarrollo de templos, santuarios y jardines marcando el paisaje con una arquitectura distintiva que aún se puede apreciar. Los santuarios y templos más importantes son Utakake Inari Shrine, Suwa Shrine, Sensho-ji y Gokoku Shrine, aunque la ciudad cuenta con muchos otros, y entre los jardines destacan el parque Momiji y el jardín Senshinan.
Enman-ji (izquierda); Mishima Shrine (derecha).
Utakake Inari Shrine es un pequeño santuario fundado en 1618, a comienzos del período Edo, cuando el templo budista predecesor (Gobutsu-zan Kissho-in) se consagró al sintoísmo. En sus orígenes estaba situado cerca de la entrada al castillo y quienes acudían debían leer cánticos (waka, tanka y renga), y de allí proviene el nombre de “Utakake”.
Suwa Shrine, por el contrario, es uno de los santuarios más grades de la ciudad. Fue construido en 1474 y forma parte de la ruta de peregrinación de Shichifukujin (las siete deidades de la fortuna). La deidad consagrada en este templo es Fukurokuji, que atrae la fortuna económica, y está relacionada con la longevidad y la descendencia numerosa.
Sensho-ji, situado en el barrio de Midoricho, una zona repleta de templos y cementerios, es uno de los templos budistas más grandes y más antiguos de la ciudad de Yamagata. Fue trasladado al emplazamiento actual en 1598 por Mogami Yoshiaki, daimio del castillo de Yamagata, en honor a su hija Komahime (prima de Date Masamune). Komahime, también concubina de Hidetsugu Toyotomi, fue ejecutada con tan solo 15 años cuando Hidetsugu fue obligado a cometer seppuku (harakiri) por ser acusado de conspirar contra su padre, Hideyoshi.
Gokoku Shrine, santuario sintoísta situado a las orillas del río Mamigasaki, fue fundado en 1869 y es uno de los santuarios más importantes de la ciudad. Está dedicado a los espíritus de los soldados que murieron en las guerras de Japón desde la Restauración Meiji (la Guerra Boshin, la Rebelión Satsuma, las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa, y la Guerra del Pacífico) y es un lugar popular para las visitas de Año Nuevo y otras ceremonias tradicionales.
Al lado se encuentra el templo Yakushido dedicado al Buda de la Medicina Yakushi Nyorai.
En cuanto a los parques, el parque Momiji recibe su nombre por los arces que en otoño transforman el paisaje con sus hojas de colores. Este jardín pertenecía al antiguo templo Hodoji que fue abandonado a comienzos del período Meiji (1868-1912). El templo finalmente fue demolido, pero, por suerte, aún se conserva el pequeño jardín y su estanque.
Por otro lado, el Senshinan, propiedad de la Fundación para el Aprendizaje Permanente y la Cultura de la Prefectura de Yamagata, es un pequeño jardín rediseñado por Sentaro Iwaki, un famoso jardinero y paisajista de finales del siglo XIX.
Por último, otro gran atractivo de Yamagata es la gastronomía, siendo uno de los mejores lugares para probar la ternera de Yonezawa, una de las tres grandes carnes Wagyu de Japón, junto a Kobe y Matsusaka, debido a su alta calidad y buen sabor.
Y tras disfrutar de estos dos días en Yamagata, tocó despedirnos para emprender una nueva aventura en Sendai.
La región de Tohoku, ubicada en el noreste de la isla de Honshu, destaca por su clima frío y sus paisajes montañosos. Estas condiciones han influido en su cocina, caracterizada por el uso de ingredientes locales como el arroz, la ternera, los pescados y mariscos, y los vegetales frescos, así como por métodos de conservación como el encurtido, la fermentación y el secado. Dado que los platos típicos ofrecen una conexión íntima con la tradición, la gente y la forma en que los recursos naturales moldearon la gastronomía, en este viaje nos propusimos probar los platos típicos de cada ciudad que visitamos. Por esta razón, a continuación, os detallaremos nuestro viaje gastronómico por las diferentes prefecturas de Tohoku. Si queréis conocer otros platos típicos de Japón, y en particular de la región de Kyushu, podéis entrar aquí. ¡Empecemos, pues!
Prefectura de Yamagata
Yamagata, capital de la prefectura homónima, es famosa por su ternera, llamada Yonezawa-gyu. Se trata de una carne (wagyu) de alta calidad, caracterizada por un sabor delicado y una textura que se deshace en boca. Es común probar esta carne en preparaciones como shabu-shabu (donde se sumerge en un caldo caliente parecido al hot-pot chino), sukiyaki (guiso) o yakiniku (barbacoa similar a la barbacoa coreana). Dado que queríamos notar el sabor de la carne, elegimos probarla en yakiniku. Además de los diferentes tipos de corte, nos sirvieron setas y cebolla, dos salsas, kimchi y hojas de lechuga. Similar a la barbacoa coreana, cada cual se asa su propia carne y verduras sobre una placa caliente situada en el centro de la mesa. La carne, una vez en su punto, se moja en las salsas y se enrolla en las hojas de lechuga para comer.
Otra preparación de esta carne que tenéis que probar es en sushi. ¡Buenísimo!
Además de la carne, Yamagata es también conocida por el cultivo de las cerezas (produce el 70% de las cerezas de Japón) y, de hecho, a mediados de junio se celebra el festival anual de las cerezas.
Sakata es conocida por el ramen de Sakata. Este ramen tiene su origen en el final de la era Taisho y surgió a partir de una receta china. El ramen de Sakata se caracteriza por un caldo claro y ligero aderezado con salsa de soja, fideos caseros y wontons de gamba y de carne picada. En mi opinión el mejor ramen que he probado.
Prefectura de Miyagi
La ciudad deSendai, capital de la prefectura de Miyagi, es conocida por sus platos con lengua de ternera (gyutan) y por los zunda mochi. La lengua normalmente se sirve preparada a la plancha junto a encurtidos, un caldo de carne y un cuenco de arroz. Éste fue un plato que nos despertó cierta preocupación ya que temíamos que el sabor fuera muy fuerte, pero para nuestra suerte la lengua resultó ser muy suave y sabrosa.
Por otro lado, el zunda mochi es un mochi (pastel de arroz glutinoso) cubierto de una pasta dulce hecha de edamame (soja).
Matsushima, ciudad costera situada cerca de Sendai, es conocida principalmente por sus ostras y por la anguila. Las ostras de la bahía de Sendai son muy apreciadas por su carne tierna y su sabor único y en Matsushima se pueden degustar frescas, a la parrilla o rebozadas, pero también en elaboraciones como caldos y arroces. Nosotros las probamos crudas, a la parrilla y rebozadas, y como más nos gustaron fueron crudas, ya que así se nota perfectamente el sabor y la textura de éstas.
Otra preparación típica de Matsushima es el pastel de pescado en forma de hoja de bambú que es un pastel preparado a base de surimi que se tuesta ligeramente antes de comer. Aunque debemos reconocer que éste no fue nuestro favorito.
Prefectura de Iwate
Morioka, la capital de la prefectura de Iwate, es famosa por su trio de fideos que reúne la tradición culinaria japonesa (wanko soba), norcoreana (Morioka reimen) y china (jajamen) en un mismo lugar.
La tradición de servir wanko soba se asocia a la hospitalidad ya que antiguamente se servía a los visitantes y viajeros. Hoy en día esta tradición se ha convertido en toda una experiencia culinaria que no hay que dejar pasar si se visita Morioka. Los fideos soba se sirven en pequeñas porciones (15 porciones corresponden a una ración normal), de forma continuada hasta que el comensal decide detenerse. No es obligatorio sorber el caldo (éste se puede verter en un bol grande situado en la mesa) y las guarniciones de sashimi, sésamo, rábano rallado, entre otras, se pueden utilizar para aderezar los soba, aunque es opcional. Los boles vacíos se van apilando al lado para tener un recuento final. Si se llega a los 100 boles (o más) regalan una pequeña plaquita de madera y un certificado. Además, también hay un récord que batir y éste está en 500 boles para los hombres y 753 boles para las mujeres. Yo solamente fui capaz de comer 30 boles, pero Xavi llegó a los 129.
El Morioka reimen consiste en fideos hechos de harina de trigo y fécula de patata y una rica sopa que normalmente se sirve fría y se acompaña de carne, kimchi, fruta (pera, manzana o sandía), huevo hervido y pepino. Se cuenta que un emigrante norcoreano que llegó a Japón y se instaló en Morioka en 1954 trajo consigo esta receta de fideos fríos y se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial. El reimen se puede degustar solo, aunque también hay la opción de combinarlo con yakiniku, como lo hicimos nosotros.
Por último, el jajamen tiene su origen en una receta china (zhajiangmian) adaptada a los paladares japoneses. Se utilizan fideos udon que se sirven con una cuchara de miso mezclado con carne de cerdo picada, cebolla, setas shiitake secas, y varios condimentos como el ajo o el jengibre y que finalmente se adorna con pepino. Los ingredientes se deben mezclar bien y se puede personalizar agregando vinagre, aceite de chile o ajo picado al gusto.
Una vez acabados los fideos, a la salsa restante se le puede añadir un huevo crudo y caldo para crear un nuevo plato llamado chi-tan-tan, disfrutando así de una experiencia culinaria completa. Normalmente los aderezos (vinagre, aceite de chile o ajo picados) y los huevos crudos se encuentran colocados en un lado de la mesa.
Ichinoseki conserva una antigua tradición de preparar mochi. Esta sofisticada cocina especializada en el mochi tiene sus raíces en el período Edo y se conservan más de 300 opciones de sabor. Si bien se pueden encontrar mochis en todo Japón (sobre todo dulces), en Ichinoseki, el mochi está presente en todos los grandes eventos, desde bodas hasta funerales, e incluso en la celebración de Año Nuevo. De hecho, según un calendario local, aquí se preparaban mochis más de 60 días al año y, tradicionalmente, estos pasteles de arroz glutinoso se ofrecían a los dioses dos veces al mes. Para poder disfrutar de este manjar se ofrece un menú (mochi honzen) en el que se sirven 8 mochis, un platillo de rábano con vinagre y un bol de sopa con mochi (ozoni) que en condiciones normales solamente se podría degustar en Año Nuevo. Los mochis que nos sirvieron llevaban setas shiitake y jengibre, anko (pasta de alubias rojas), sésamo, nueces, pollo y bardana, zunda (edamame), semillas de perilla y natto. Como supusieron que no estaríamos “preparados” para probar el natto nos lo cambiaron por otro mochi de setas shiitake y jengibre y la verdad es que lo agradecimos porque éste fue nuestro mochi favorito.
Prefectura de Aomori
Aomori, capital de la prefectura homónima, es conocida por su marisco, pero sobre todo por sus manzanas. Aquí, igual que en Hirosaki, se ofrecen multitud de platos dulces y salados que incorporan esta sabrosa fruta. En nuestro caso, elegimos probar tres bolas de helado con tres tipos distintos de manzana para poder notar las diferencias de sabor.
Por otro lado, el marisco, fresco y de calidad, es otro reclamo de Aomori y el chirashi-don (tazón de arroz cubierto con marisco variado) es el plato emblemático de la región. Debemos reconocer que este plato fue el mejor que hemos probado en todo el viaje.
Dado que el marisco era súper fresco, aquí aprovechamos para probar también el sushi, y fue lo mejor que pudimos hacer.
Hirosaki, igual que Aomori, también es el mejor sitio para probar los platos con mazana, aunque aquí aprovechamos para degustar una buenísima tarta de manzana.
Otro plato emblemático de Hirosaki es el igamenchi o hamburguesa de calamar. Para probar el igamenchi, fuimos a una izakaya. Las izakayas son unas tabernas tradicionales japonesas que normalmente abren por la tarde-noche (a partir de las 18:00 h aproximadamente, dependiendo de la izakaya) y donde se sirven platillos junto a bebidas alcohólicas como el sake o el shochu. Además del igamenchi probamos también una vieras asadas y pinchos que estaban de rechupete.
Prefectura de Akita
Akita, capital de la prefectura homónima, tiene dos principales atractivos culinarios, por un lado, el kiritanpo, y, por otro, el yakitori de pollo. El kiritanpo consiste en arroz machacado y moldeado en forma de cilindro que se embadurna de miso y se asa sobre las brasas. ¡Buenísimo! Aunque se puede probar como brocheta asada, normalmente se sirve acompañado de caldo, vegetales y pollo, formando una comida reconfortante (kiritanpo nabe) ideal sobre todo para los días fríos.
Aunque el yakitori o brocheta de pollo es un plato que se puede probar en prácticamente en todo el país, lo que hace especial al yakitori de Akita es precisamente el pollo local llamado hinai jidori, apreciado por su sabor y calidad únicos. Se trata de un tipo de pollo autóctono de la prefectura de Akita, siendo sus orígenes en el pollo “hinaidori” criado durante el período Edo, y se considera un ingrediente de lujo en la cocina japonesa. Su carne tiene una textura jugosa y un gusto más profundo que se realza al probar las distintas partes, como la carne, la piel o la molleja. Totalmente recomendable.
En Kakunodate también probamos un plato de pollo hinai jidori: el oyakodon, que literalmente se traduce como mamá e hijo, ya que este plato combina la carne de gallina (la mamá) con el huevo (el hijo). Se trata de un tazón de arroz con un guiso de pollo al que se le añade al final un huevo crudo que se acaba de hacer con el calor del plato.
Tokio
Aunque Tokio no se encuentra en la región de Tohoku, empezamos y terminamos nuestro viaje en esta ciudad, por lo que también nos gustaría hablar de un plato que nos gustó: el gyukatsu. Se trata de un filete de ternera rebozado y frito que se acaba de cocinar a gusto sobre unas planchas situadas en la mesa. Se sirve junto a un bol de caldo de miso, una ensalada de col y una bola de ensalada de patata, tres salsas para mojar la carne, huevas de pescado y wasabi. Además, se sirve un bol de arroz blanco que se puede mezclar con la pasta de rábano. Normalmente también incluye un pequeño platito con un postre, watamochi, que no es un auténtico mochi sino que es un dulce parecido a la gelatina hecho de almidón de helecho y cubierto de kinako (harina de soja tostada dulce). El precio del plato depende de la cantidad de carne: pequeño – incluye solamente un filete, mediano – incluye un filete y medio, o grande – incluye dos filetes.
Otras recomendaciones
También os recomendamos probar la cocina kaiseki, de onsen y de templo, aunque no sean exclusivas de Tohoku.
El kaiseki ryori es una comida tradicional japonesa que combina varios pequeños platos bellamente decorados en los que se da una gran importancia a los ingredientes de temporada. Cada plato está diseñado meticulosamente, cuidado cada detalle, desde la vajilla hasta el sabor, la textura y el color. Aunque el kaisekiryori puede no ser para todos los paladares, es una experiencia que se debe probar al menos una vez.
La comida de onsen o onsen ryori, se refiere a una variedad de platos que se sirven en los onsenryokan o balnearios de agua termal de Japón. Lo habitual es probar la cena y el desayuno, que normalmente no se incluyen en el precio del ryokan.
Estos menús incorporan ingredientes de temporada e incluyen especialidades locales, como por ejemplo el sushi de Akita. El sushi de Akita o hatahata sushi se elabora fermentando pescado hatahata con koji y arroz.
También es típico el onsen tamago o huevo cocinado lentamente en las aguas termales, resultando en una textura suave y cremosa con la yema líquida y la clara cuajada.
Por último, la gastronomía ascética de Dewa Sanzan (Yamagata) recibe el nombre de shojin ryori y puede degustarse al hacer noche en alguno de los shukubo. Se compone de varios platos elaborados con productos locales que se cosechan de las montañas de Dewa Sanzan.
Algunos de los platos tradicionales son el goma dofu o “tofu de sésamo”, un excelente sustituto de la carne, o el zenmai, un tipo de helecho.
Probar estas especialidades nos permitió descubrir la esencia de Tohoku más allá de los paisajes, y experimentar la conexión que se forma entre el alma de sus comunidades y su diversidad culinaria. Por estas razones, si viajáis a Tohoku, os recomiendo que dejéis de lado los platos que ya conocéis y probéis los platos típicos de cada lugar. ¡Buen provecho!
Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.
Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.
Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:
En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.
Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas: