Tokio, la vibrante capital de Japón, es un destino que combina la tradición y la innovación de manera única. Desde santuarios y templos ancestrales, jardines tranquilos, luces de neón entre rascacielos futuristas y cultura pop, esta ciudad tiene algo para todos. Es la metrópoli más poblada del mundo, con unos 40 millones de habitantes, organizada en 23 barrios, 26 ciudades, 1 distrito y 4 subprefecturas. Fue fundada formalmente en 1457 tras la construcción del castillo de Edo (antiguo Tokio) por parte de Ota Dokan del clan Uesugi, y creció bajo el sogunato Tokugawa cuando el sogún estableció su gobierno en Edo en 1603 (iniciando el período Edo [1603-1868]). Puesto que el emperador seguía en Kioto, esta ciudad continuó siendo la capital oficial, aunque solo de manera protocolar. En 1868, con la restauración Meiji, la familia imperial se trasladó oficialmente a Edo y cambió su nombre a Tokio (la capital del este). Tokio fue el punto de partida de nuestro viaje por el país nipón, así como nuestra conexión con Tohoku, que comenzó en Yamagata y finalizó en Tsuruoka.

Senso-ji es considerado el templo más antiguo y relevante de Tokio y está dedicado al bodisatva Kannon, una figura venerada en el budismo. La leyenda cuenta que, en el año 628, dos pescadores encontraron una estatua de Kannon en el río Sumida, lo que motivó la construcción de un pequeño templo para su veneración en ese mismo lugar. El templo adquirió mayor relevancia cuando Tokugawa Ieyasu, el primer sogún del período Edo, lo designó como templo tutelar de su clan, subrayando así su papel en la historia política y espiritual de Japón. Se accede a través de la emblemática puerta Kaminarimon, custodiada por cuatro dioses guardianes y presidida por una enorme linterna de papel, símbolo icónico del templo. Entre los elementos más destacados del complejo se encuentran el Hondo, o salón principal, y la Pagoda de Cinco Pisos, ambos de gran valor arquitectónico y espiritual. Cabe señalar que, debido a los bombardeos sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, todos estos edificios son reconstrucciones, sin embargo mantienen la esencia y el espíritu del templo original.

El cercano río Sumida permite caminar por sus orillas o dar un paseo en barco, además de disfrutar de la famosa vista de Tokio con el Skytree y el edificio Asahi. Tokio Skytree es la torre de comunicaciones más alta de Japón (con una altura de 634 m) desde la que se obtienen unas espectaculares vistas de la ciudad. Para aprovechar la experiencia al máximo, subimos al Skytree al atardecer y permanecimos allí hasta que cayó la noche. Así pudimos disfrutar de dos vistas distintas de Tokio: primero una ciudad teñida de tonos rojizos y después un paisaje iluminado por las luces nocturnas.

Tennoji es uno de los templos más antiguos del barrio de Yanaka. Fue fundado en 1274 para albergar una estatua de Buda tallada por el monje budista Nichiren (fundador del budismo Nichiren). Tras cerrar por ser acusado de herejía, reabrió sus puertas como parte del templo Kaneji (actual parque Ueno), adoptando el budismo Tendai. El punto focal es una estatua de bronce representando un Buda sentado (como el de Aomori, pero muchísimo más pequeño). Esta estatua se conoce como Tennoji Daibutsu, data del 1690 y es obra de Ota Kyuemon. Además de esta escultura, el templo alberga la imagen de Bishamonten, uno de los Siete Dioses de la Fortuna, convirtiéndolo en una parada de esta ruta de peregrinación.

El cementerio de Yanaka que rodea Tennoji, formaba parte de las instalaciones del templo hasta la Restauración Meiji cuando el gobierno lo confiscó y lo hizo público, facilitando así también los funerales sintoístas. Alberga más de 7.000 tumbas, incluida la de Tokugawa Yoshinobu, el último sogún.

Cerca se encuentra el santuario de Nezu (Nezu-jinja), situado en uno de los barrios antiguos de Tokio. Fue fundado por Yamato Takeru no Mikoto y construido en su emplazamiento actual en 1706 por orden de Tokugawa Tsunayoshi, el quinto sogún. Su principal atractivo son sus torii, el estanque y las más de 3.000 azaleas que florecen en abril.

Además de los templos y santuarios, los barrios de Nezu y Yanaka destacan por sus calles tradicionales y tiendas antiguas, que conservan el ambiente de épocas pasadas. Esta zona de Tokio es una de las pocas que permaneció intacta tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y, gracias a ello, actualmente es posible pasear por calles que conservan su historia y autenticidad, y disfrutar de un ambiente que evoca el Tokio tradicional.

El parque Ueno ocupa el terreno que anteriormente pertenecía al templo Kaneji, erigido durante el sogunato Tokugawa y considerado el más grande de la ciudad durante el período Edo. Este templo fue destruido durante la guerra Boshin (1868-1869), sin embargo, sobrevivieron el templo Kiyomizo Kannon-do, construido en 1631 al estilo del Kiomizudera de Kioto, la Pagoda de Cinco Pisos, original del 1639, el santuario Ueno Toshogu construido en 1616 y renovado (y recubierto de pan de oro) en 1651 por el tercer sogún Tokugawa Iemitsu, y el templo Benten-do (1627) que se encuentra en el centro del estanque Shinobazu.

Ueno se estableció como parque público en 1924 como una concesión territorial imperial por parte del emperador Taisho y actualmente alberga también seis museos: Museo de Shitamachi, Museo Real de Ueno, Museo Nacional de Arte Occidental, Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia y Museo Nacional de Tokio. Si os interesa la cultura Jomon y Yayoi, el Museo Nacional es un referente, exponiendo muchas piezas de estos períodos.

El santuario Kanda Myojin fue fundado en el año 730 y trasladado a su actual localización en 1603 para facilitar la expansión del castillo de Edo. Se veneran tres dioses principales (kami): Daikokuten y Ebisu, dos de los Siete Dioses de la Fortuna, y Taira no Masakado, un rebelde que desafió el gobierno Heian (794-1185). Debido a su cercanía al barrio de Akihabara, se ha convertido en el santuario favorito de los aficionados a la tecnología, el manga y el anime.

Akihabara, también conocido como Akiba, es el epicentro de la cultura otaku en Tokio. Este barrio lleno de luces de neón es famoso también por sus Maid Cafés y cafeterías temáticas, salas de arcade y espacios de realidad virtual, así como por su ambiente único que atrae a turistas y aficionados de todo el mundo.

El palacio imperial de Tokio (Kokyo) se construyó en el terreno del antiguo castillo de Edo y es la residencia imperial desde 1869, tras la caída del sogunato. Aunque no se permite la entrada a su interior, sí se puede acceder a sus jardines, que cuentan con 1,5 km de superficie. Dentro de los Jardines Orientales (de libre acceso) se pueden visitar las ruinas del antiguo castillo, así como el Museo de las Colecciones Imperiales.

Zojoji es un templo budista fundado en 1393 y trasladado a la ubicación actual en 1598 por Tokugawa Ieyasu, convirtiéndose en el templo familiar. En aquella época contaba con 48 templos y 120 edificios dedicados a las enseñanzas budistas y a recibir monjes y novicios, y era el centro administrativo de los templos Jodo-Shu (rama del budismo de la Tierra Pura) de todo Japón. Durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial quedó totalmente destruido, con la excepción de la puerta principal, Sangedatsumon, original del año 1622 y declarada Patrimonio Cultural de Japón.

El acceso al templo es gratuito, sin embargo, para visitar el mausoleo y la sala del tesoro hay que pagar entrada. La sala del tesoro se inauguró en 2015 y recoge en su interior 100 pinturas de Genkoin On representando 500 arhats (creyentes budistas que han alcanzado la iluminación) y una maqueta del edificio original, previo a su destrucción durante la Segunda Guerra Mundial. Detrás del templo se encuentra el mauseolo de los Tokugawa, donde seis de los 15 sogunes, siete de sus esposas y algunos de sus hijos están enterrados.

Cerca se encuentra la emblemática Torre de Tokio, instalación de radiodifusión construida en 1958 tomando como inspiración de la Torre Eiffel de París, y superándola en 8,6 m en altura. Se puede subir hasta su observatorio para disfrutar de increíbles vistas panorámicas.

El Sengakuji no es de los templos más visitados por los turistas extranjeros, pero sí es considerado de gran importancia por los japoneses. Este templo budista pertenece a la escuela Zen Soto, introducido a Japón por el monje Dogen y que se caracteriza por la meditación zazen. Fue construido en 1612 por Tokugawa Ieyasu, cerca del castillo. Sin embargo, tan solo 30 años después, fue devastado por un incendio, lo que llevó a su reconstrucción en la ubicación actual. Fue uno de los principales templos de Edo y gozaba de prestigiosa reputación como institución budista. El templo actual fue reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial, cuando quedó destruido por los bombardeos estadounidenses.

La historia de este templo está ligada a Ako Gishi (el incidente de Ako), un claro ejemplo de los valores del bushido, el estricto código ético de los samuráis. Todo empezó en 1701 cuando Asano Takuminokami, daimio de Ako, agredió con su espada a Kira Kozukenosuke en el castillo de Edo. Kira menospreciaba y humillaba constantemente a Asano, hasta que éste, cansado del trato, hirió a Kira en la cara y en el hombro, pero sin llegar a matarle. Para ese entonces, estaba estrictamente prohibido desenvainar la espada dentro del castillo, y existía una ley que castigaba a las dos partes de la disputa por igual, sin embargo, Kira no recibió ningún castigo, mientras que Asano fue condenado el mismo día a cometer seppuku (o harakiri) en el jardín de la residencia Tamura, lo cual era indigno para una persona de su rango, pues el seppuku en espacios exteriores era propio de los delincuentes.

Casi dos años después de la muerte de Asano, 47 ronin (samuráis sin señor) de Ako, bajo el mando de Oishi Kuranosuke, se reunieron para vengar la muerte de su señor. El 14 de diciembre de 1702 atacaron y mataron a Kira en su residencia y, con su cabeza, se presentaron ante la tumba de Asano en Sengakuji. Posteriormente se entregaron al sogunato y todos, excepto uno, fueron condenados a cometer seppuku el 4 de febrero de 1703 y enterrados junto a su señor en Sengakuji. Uno de los ronin, el encargado de comunicar el asesinato de Kira, fue perdonado y vivió hasta los 87 años. Aunque en Sengakuji se encuentra una tumba suya (tumba memorial), éste fue enterrado en Sokeiji, otro templo budista de Tokio. Se puede acceder a la tumba de Asano y de los ronin y quemar incienso, como muestra de respeto. Para saber más sobre Ako Gishi, hay un pequeño museo y también una sala con esculturas de los ronin cerca de las tumbas a los que se accede con la misma entrada.

El santuario Meiji (Meiji Jingu) es el mayor santuario de Tokio, y rinde culto al 122º emperador deificado Meiji (Matsuhito; 1852-1912) y su esposa Shoken (1849-1914). Fue construido en el año 1920 y, lamentablemente, fue destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El santuario actual data de 1958. El emperador Meiji reinó de 1867 a 1912 y es conocido por la Restauración Meiji, que marcó el fin de la era feudal dejando atrás el sogunato (caída del último sogún Tokugawa) para recuperar el poder imperial. También fue un período marcado por la modernización y la occidentalización de Japón.

Se accede al santuario a través del parque Yoyogi, uno de los mayores espacios verdes de Tokio, con una superficie de 700.000 m2 y 120.000 árboles. Se convirtió en parque en 1967, pero antes había sido un área residencial para militares estadounidenses durante la ocupación aliada, tras la Segunda Guerra Mundial, y también la villa olímpica de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Un gran torii de madera de estilo myojin y decorado con crisantemos, símbolo de la familia imperial, marca la entrada al espacio sagrado.

En el camino principal llamado Minami-sando se exhiben barriles de sake llamados kazaridaru, ofrendas simbólicas (no contienen alcohol en su interior) de fabricantes de sake de todo el país, así como barriles de vino francés, donados como símbolo de la conexión cultural entre Francia y Japón. El emperador impulsó la producción de sake como parte de la modernización del país, pero además sentía predilección por el vino francés.

Otro punto de interés es el jardín imperial (Gyoen), encargado por el emperador Meiji especialmente para el disfrute de su esposa. Este jardín es famoso por sus lirios, que florecen en junio, así como por sus azaleas (espectaculares de abril a mayo) y los arces, que lucen especialmente en otoño. El santuario se construyó en este lugar justamente porque era el favorito de la emperatriz.

Al tocar del santuario Meiji, se encuentra el barrio de Shibuya, famoso por su cruce. El cruce de Shibuya y las calles adyacentes son unas de las más concurridas del mundo y, en nuestra opinión, uno de los sitios de Tokio más sobrevalorados.

Así transcurrió nuestra visita de tres días por Tokio. En definitiva, Tokio es una ciudad que desafía las expectativas: cada barrio, templo y parque cuenta una historia de resiliencia, innovación y respeto por la tradición. Tres días no bastan para descubrir todos sus secretos, pero sí para enamorarse de su energía y su capacidad de reinventarse sin perder su esencia y es, sin duda, una experiencia inolvidable que marca para siempre a quienes la visitan.







































































