Japón es un país donde conviven dos grandes religiones: el budismo y el sintoísmo, que se han modelado y adaptado mutuamente para definir la religiosidad nipona. Es común que muchas personas practiquen o se identifiquen con ambas, fenómeno conocido como sincretismo, aunque el sintoísmo se prefiere para los rituales de nacimiento y matrimonio, mientras que el budismo para los ritos funerarios. Ambas religiones presentan rituales y estilos arquitectónicos propios y su simbolismo y diseño reflejan dos formas diferentes de entender lo sagrado: una mirada introspectiva y transformadora en el budismo, y una celebración de la naturaleza y las fuerzas invisibles en el sintoísmo. Una muestra de estas creencias son el santuario Takayama Inari en Tsugaru y el templo Seiryu-ji en Aomori que visitamos durante nuestro viaje por Tohoku.

Empecemos pues por la religión originaria de Japón: el sintoísmo. El sintoísmo es una religión animista con raíces en la prehistoria, surgiendo de la combinación de tradiciones, rituales y leyendas de las culturas jomon y yayoi. Carece de un fundador o un sistema dogmático, dado que consiste en un conjunto de creencias, relatos y prácticas transmitidas de generación en generación. Nació como una religión vinculada a la vida agraria, dependiente de la naturaleza y los ciclos estacionales, y que intentaba controlar estos ciclos con los rituales y la magia. Inicialmente se denominó culto kami por la veneración a los kami o deidades vinculadas a elementos naturales, seres espirituales, figuras legendarias y ancestros. Es una religión abierta que acepta nuevas deidades, lo que se refleja en el término yaoyorozu-nokami traducido como «ocho millones de dioses», para señalar la multiplicidad de deidades existentes. Entre los dioses principales se suman Izanagi e Izanami, de cuya unión nació Japón, y Amaterasu, la diosa del sol.

Entre los principales tipos de sintoísmo se identifican el Koshitsu shinto (sintoísmo de la casa imperial), el Jinja shinto (sintoísmo de santuario), y el Minzoku shinto (sintoísmo folclórico). Explicado brevemente, el Koshitsu shinto abarca los rituales sintoístas llevados a cabo por el emperador con el fin de solicitar la prosperidad del país ante Amaterasu Omikami y otras deidades ancestrales imperiales. Por el contrario, el Minzoku shinto corresponde a la práctica religiosa llevada a cabo por la población general, mientras que el Jinja shinto designa la práctica ceremonial efectuada en los santuarios por sacerdotes (kannushi) y asistentes (miko). Históricamente, la figura de las miko se originó en el período Jomon, cuando eran veneradas como poderosas chamanas capaces de comunicarse con los espíritus, sin embargo, la introducción del budismo supuso una progresiva pérdida de sus atribuciones, quedando relegadas a funciones secundarias bajo la autoridad de sacerdotes masculinos. En la actualidad son las encargadas de asistir a los sacerdotes en las ceremonias de matrimonio y de los bailes rituales llamados kagura (como el que presenciamos en el santuario Morioka Hachimangu).

Aunque los santuarios sintoístas tienen su propia historia, leyendas, calendario ritual y kami venerado, éstos presentan algunas características comunes como son una puerta torii, que delimita el espacio sagrado del profano, la fuente temizuya para el ritual de purificación (misogi) donde los visitantes se lavan las manos y la boca, el honden o edificio principal donde residen los kami, el haiden u oratorio, el heiden para las ofrendas, las estatuas de zorros, los origami (figuras de papel), o el uso del color rojo para alejar a los malos espíritus, entre otros. El santuario Takayama Inari que visitamos en Tsugaru es un buen ejemplo de santuario sintoísta.

El primer santuario, Sanno Bozan, se cree que fue fundado por el clan Ando, una poderosa familia que gobernó en la zona desde el período Kamakura (1185-1333) hasta el período Muromachi (1336-1573), en un sitio ya considerado sagrado previamente. Este santuario fue destruido por el fuego en el año 1443 y en su lugar se construyó el santuario Inari, dedicado a Inari Okami, dios de la agricultura, el comercio y los negocios, por el clan Ako en 1701 durante el período Edo (1603-1868). Unas empinadas escaleras llevan al santuario principal, así como a los santuarios subsidiarios situados detrás de este.

Bajando las escaleras se encuentra lo que puede considerarse la parte más impresionantes del santuario: el senbon torii o las mil puertas, un sendero bordeado por 230 torii rojos. Estos torii fueron donados por particulares y empresas desde hace apenas unos 40 años y se alinearon de forma que simularan un dragón, deidad mitológica consagrada en este santuario. El camino de torii tiene como punto de partida el santuario Ryuji y como punto final un mirador desde el cual se pueden apreciar los torii serpenteando a la orilla del estanque.

En el santuario Takayama Inari, como en otros santuarios sintoístas, son comunes las estatuas de zorros, considerados mensajeros de la deidad, en este caso de Inari Okami.

Siguiendo con nuestra historia, el budismo se originó en la India y desde allí, dos principales corrientes se difundieron a otros países asiáticos: el Theravada, basado en la doctrina de Buda, que se estableció en Sri Lanka, Birmania, Laos, Camboya y Tailandia; y el Mahayana, que no otorga a Buda un estatus de deidad, y que se asentó en China, Corea y Japón. Los primeros misioneros Mahayana emplearon la ruta de la seda para llegar a la capital de China, Luoyang, durante la dinastía Han. Aquí se construyó el primer templo budista, el Templo del Caballo Blanco en el año 68, templo que tuvimos el placer de visitar el año pasado durante nuestra ruta de la seda china. El budismo llegó a Japón procedente de China a través de Corea en siglo VI (alrededor del año 572), y para facilitar su integración incluyó a los kami como representaciones de Buda y Bodhisattvas, especialmente las escuelas Tendai y Shingon. Esto propició que durante gran parte de la historia religiosa japonesa no existiera una distinción clara entre budismo y sintoísmo.

Con la llegada del budismo, el sintoísmo adquirió su denominación actual para diferenciarse de esta nueva religión. El budismo se denominó butsudo o “vía de Buda”, mientras que la religión autóctona pasó a llamarse shinto, derivado de una antigua palabra china que significa “el camino de los dioses”, englobando las diversas tradiciones y leyendas japonesas previas al budismo. En japonés también se utiliza el término kami no michi.

La mayoría de los santuarios sintoístas estuvieron bajo administración budista desde el período Heian (794-1185) hasta la restauración Meiji (1868). En el año 700 se realizó la primera estandardización del sintoísmo y durante el período Nara (710-794) surgieron los primeros textos sintoístas. Hasta ese momento, el sintoísmo carecía de escrituras sagradas, en parte debido a la inexistencia de un sistema de escritura japonés previo al budismo. Entre 1185 y 1603 surgieron diversos movimientos doctrinales centrados exclusivamente en los kami como Ise o Watarai Shinto, y Ryobu Shinto, en respuesta a la influencia budista en las prácticas sintoístas. Estos movimientos constituyeron la base para el Yoshida Shinto o sintoísmo estatal, desarrollado durante la restauración Meiji, cuando se unificaron las prácticas sintoístas, separándolas formalmente del budismo, con fines principalmente políticos. El Shinto, por ser la religión originaria de Japón, pasó a ser la religión nacional del país, utilizada como instrumento ideológico, y la veneración de los santuarios se convirtió en un deber patriótico. El sintoísmo estatal fue prohibido tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante el período Nara (710-794), los emperadores Tenmu y Monmu promovieron el budismo mediante el comisionado o patrocinio estatal. Existían entonces seis escuelas budistas: Ritsu, Jojitsu y Kusha pertenecientes al budismo Theravada, y Sanron, Hosso y Kegon que seguían directrices del budismo Mahayana. En el período Heian (794-1185) llegaron desde China las escuelas budistas Tendai (que vimos en Yamadera, Matsushima y Hiraizumi) y Shingon, y en el período Kamakura (1185-1333) llegaron el budismo de la Tierra Pura o Jodo (Motsu-ji de Hiraizumi), y el budismo zen (Zuiga-ji en Matshima o Hoon-ji en Morioka). El budismo shingon fue fundado por el monje Kukai y se centra en el Buda cósmico Vairocana. La escuela amidista Tierra Pura (Jodo, Jodo-Shu, Jodo Shin-shu, Ji-Shu) enfatiza la salvación por medio de la creencia en Amitabha y es actualmente la escuela budista más numerosa de Japón, mientras que la escuela Zen (Soto, Rinzai, Obaku) influyó notablemente en la filosofía samurái, al centrarse en la búsqueda de la iluminación personal (satori) mediante la meditación (zazen). En actualidad, las principales escuelas budistas en Japón son Zen, Shingon, Jodo, Tendai y Nichiren.

En cuanto a los templos budistas, estos destacan por las grandes puertas (sanmon) que indican la entrada al lugar sagrado, las estatuas de Buda o Bodhisattvas y los altares, y el uso del incienso como ofrenda y símbolo de purificación. En cuanto a los elementos arquitectónicos, son comunes las campanas de bronce que se tocan en celebraciones especiales, las pagodas, y los cementerios. Además, los monjes budistas residen en los templos y realizan actividades rituales.

Un ejemplo de templo budista shingon es el Seiryu-ji en Aomori, aunque en realidad se trata de un betsuin o sucursal del monte Koya. Este templo fue fundado por Ryuko Oda y su construcción comenzó en 1978. Tras cruzar la gran puerta (Chumon), al lado izquierdo se puede observar un jardín zen, mientras que en el lado derecho se encuentra un salón bermellón que consagra Kodo-daishi (Kukai, el fundador del budismo Shingon).

Tras pagar la entrada, el primer edificio que nos encontramos fue Kodo, o la sala principal, que se construyó en 1992 y donde se celebran diversas ceremonias. Se puede acceder en su interior. Detrás del altar se encuentra una pintura de Amida Shoju Raigozu, una copia de la que se encuentra en el monte Koya.

Justo al lado se encuentra una pagoda de cinco plantas con una altura de 39,5 m, siendo la cuarta pagoda más alta de Japón. Fue construida en 1996 y está hecha de madera de Hiba (ciprés japonés). Esta pagoda expresa la visión del universo budista que se compone de los cinco elementos: tierra, agua, fuego, viento y cielo.

Siguiendo el camino, se encuentra Mizuko-jiko dedicado a los niños mortinatos. Los molinillos de viento sirven para consolar las almas de estos niños.

Y delante se encuentra la campana, que no puede faltar en ningún templo budista.

Al final del camino se encuentra el Gran Buda (Showa Daibutsu), la estatua sentada de bronce más alta de Japón (21 m). Representa a Dainishi Nyorai (o Vairocana), el Buda de rango más alto del budismo Shingon. Su construcción se completó en 1984, tras 5 años de obras. Se puede entrar en su interior, donde se encuentran un mural que muestra el ciclo de la reencarnación y un templo dedicado a la paz mundial.

Y ya para finalizar, las principales diferencias entre el budismo y el sintoísmo son las siguientes:
Propósito: los templos budistas son lugares dedicados a las enseñanzas de Buda y la práctica de rituales budistas. Se utilizan especialmente para ritos funerarios y conmemoraciones de los difuntos. Los santuarios sintoístas están dedicados a los kami, divinidades o espíritus de la naturaleza y ancestros, y son lugares para rezar por la buena fortuna, la purificación y la protección.
Deidades: En el budismo japonés no se adoran dioses sino budas y bodhisattvas, seres iluminados. Las figuras como Amida, Kannon o Dainichi Nyorai suelen ocupar el lugar central en el altar. En el sintoísmo los kami pueden ser fuerzas de la naturaleza, animales, objetos o personas deificadas.
Elementos arquitectónicos budistas: portones (sanmon), pagodas (estructuras de varios pisos, símbolo de la cosmología budista), salón principal o hondo (espacio donde se alberga la imagen principal de Buda), campana (bonsho), jardín zen (espacios para la meditación y contemplación), incensarios (utilizados para ofrendas y purificación espiritual).
Elementos arquitectónicos sintoístas: torii (puerta tradicional que marca la entrada al espacio sagrado del santuario), salón de ofrendas o haiden (donde las personas presentan plegarias y ofrendas), salón principal o honden (suele estar restringido al público; allí reside el kami), fuente de purificación o temizuya (para lavar las manos y la boca antes de entrar), cuerdas sagradas o shimenawa (marcan objetos o lugares sagrados) y amuletos o ema (se usan para escribir deseos).
Prácticas rituales: En el templo se acostumbra el incienso y la oración silenciosa; en el santuario, la purificación y los aplausos.
Festividades: Las festividades (matsuri) suelen celebrarse en santuarios; mientras que los templos se asocian más a fechas conmemorativas y funerarias.
Función social: El sintoísmo se relaciona con la vida y los inicios (nacimientos, matrimonios); el budismo se asocia con la muerte y los funerales.














