Sincretismo japonés: Seiryu-ji (Aomori) y Takayama Inari (Tsugaru)

Japón es un país donde conviven dos grandes religiones: el budismo y el sintoísmo, que se han modelado y adaptado mutuamente para definir la religiosidad nipona. Es común que muchas personas practiquen o se identifiquen con ambas, fenómeno conocido como sincretismo, aunque el sintoísmo se prefiere para los rituales de nacimiento y matrimonio, mientras que el budismo para los ritos funerarios. Ambas religiones presentan rituales y estilos arquitectónicos propios y su simbolismo y diseño reflejan dos formas diferentes de entender lo sagrado: una mirada introspectiva y transformadora en el budismo, y una celebración de la naturaleza y las fuerzas invisibles en el sintoísmo. Una muestra de estas creencias son el santuario Takayama Inari en Tsugaru y el templo Seiryu-ji en Aomori que visitamos durante nuestro viaje por Tohoku.

Empecemos pues por la religión originaria de Japón: el sintoísmo. El sintoísmo es una religión animista con raíces en la prehistoria, surgiendo de la combinación de tradiciones, rituales y leyendas de las culturas jomon y yayoi. Carece de un fundador o un sistema dogmático, dado que consiste en un conjunto de creencias, relatos y prácticas transmitidas de generación en generación. Nació como una religión vinculada a la vida agraria, dependiente de la naturaleza y los ciclos estacionales, y que intentaba controlar estos ciclos con los rituales y la magia. Inicialmente se denominó culto kami por la veneración a los kami o deidades vinculadas a elementos naturales, seres espirituales, figuras legendarias y ancestros. Es una religión abierta que acepta nuevas deidades, lo que se refleja en el término yaoyorozu-nokami traducido como «ocho millones de dioses», para señalar la multiplicidad de deidades existentes. Entre los dioses principales se suman Izanagi e Izanami, de cuya unión nació Japón, y Amaterasu, la diosa del sol.

Entre los principales tipos de sintoísmo se identifican el Koshitsu shinto (sintoísmo de la casa imperial), el Jinja shinto (sintoísmo de santuario), y el Minzoku shinto (sintoísmo folclórico). Explicado brevemente, el Koshitsu shinto abarca los rituales sintoístas llevados a cabo por el emperador con el fin de solicitar la prosperidad del país ante Amaterasu Omikami y otras deidades ancestrales imperiales. Por el contrario, el Minzoku shinto corresponde a la práctica religiosa llevada a cabo por la población general, mientras que el Jinja shinto designa la práctica ceremonial efectuada en los santuarios por sacerdotes (kannushi) y asistentes (miko). Históricamente, la figura de las miko se originó en el período Jomon, cuando eran veneradas como poderosas chamanas capaces de comunicarse con los espíritus, sin embargo, la introducción del budismo supuso una progresiva pérdida de sus atribuciones, quedando relegadas a funciones secundarias bajo la autoridad de sacerdotes masculinos. En la actualidad son las encargadas de asistir a los sacerdotes en las ceremonias de matrimonio y de los bailes rituales llamados kagura (como el que presenciamos en el santuario Morioka Hachimangu).

Aunque los santuarios sintoístas tienen su propia historia, leyendas, calendario ritual y kami venerado, éstos presentan algunas características comunes como son una puerta torii, que delimita el espacio sagrado del profano, la fuente temizuya para el ritual de purificación (misogi) donde los visitantes se lavan las manos y la boca, el honden o edificio principal donde residen los kami, el haiden u oratorio, el heiden para las ofrendas, las estatuas de zorros, los origami (figuras de papel), o el uso del color rojo para alejar a los malos espíritus, entre otros. El santuario Takayama Inari que visitamos en Tsugaru es un buen ejemplo de santuario sintoísta.

El primer santuario, Sanno Bozan, se cree que fue fundado por el clan Ando, una poderosa familia que gobernó en la zona desde el período Kamakura (1185-1333) hasta el período Muromachi (1336-1573), en un sitio ya considerado sagrado previamente. Este santuario fue destruido por el fuego en el año 1443 y en su lugar se construyó el santuario Inari, dedicado a Inari Okami, dios de la agricultura, el comercio y los negocios, por el clan Ako en 1701 durante el período Edo (1603-1868). Unas empinadas escaleras llevan al santuario principal, así como a los santuarios subsidiarios situados detrás de este.

Bajando las escaleras se encuentra lo que puede considerarse la parte más impresionantes del santuario: el senbon torii o las mil puertas, un sendero bordeado por 230 torii rojos. Estos torii fueron donados por particulares y empresas desde hace apenas unos 40 años y se alinearon de forma que simularan un dragón, deidad mitológica consagrada en este santuario. El camino de torii tiene como punto de partida el santuario Ryuji y como punto final un mirador desde el cual se pueden apreciar los torii serpenteando a la orilla del estanque.

En el santuario Takayama Inari, como en otros santuarios sintoístas, son comunes las estatuas de zorros, considerados mensajeros de la deidad, en este caso de Inari Okami.

Siguiendo con nuestra historia, el budismo se originó en la India y desde allí, dos principales corrientes se difundieron a otros países asiáticos: el Theravada, basado en la doctrina de Buda, que se estableció en Sri Lanka, Birmania, Laos, Camboya y Tailandia; y el Mahayana, que no otorga a Buda un estatus de deidad, y que se asentó en China, Corea y Japón. Los primeros misioneros Mahayana emplearon la ruta de la seda para llegar a la capital de China, Luoyang, durante la dinastía Han. Aquí se construyó el primer templo budista, el Templo del Caballo Blanco en el año 68, templo que tuvimos el placer de visitar el año pasado durante nuestra ruta de la seda china. El budismo llegó a Japón procedente de China a través de Corea en siglo VI (alrededor del año 572), y para facilitar su integración incluyó a los kami como representaciones de Buda y Bodhisattvas, especialmente las escuelas Tendai y Shingon. Esto propició que durante gran parte de la historia religiosa japonesa no existiera una distinción clara entre budismo y sintoísmo.

Con la llegada del budismo, el sintoísmo adquirió su denominación actual para diferenciarse de esta nueva religión. El budismo se denominó butsudo o “vía de Buda”, mientras que la religión autóctona pasó a llamarse shinto, derivado de una antigua palabra china que significa “el camino de los dioses”, englobando las diversas tradiciones y leyendas japonesas previas al budismo. En japonés también se utiliza el término kami no michi.

La mayoría de los santuarios sintoístas estuvieron bajo administración budista desde el período Heian (794-1185) hasta la restauración Meiji (1868). En el año 700 se realizó la primera estandardización del sintoísmo y durante el período Nara (710-794) surgieron los primeros textos sintoístas. Hasta ese momento, el sintoísmo carecía de escrituras sagradas, en parte debido a la inexistencia de un sistema de escritura japonés previo al budismo. Entre 1185 y 1603 surgieron diversos movimientos doctrinales centrados exclusivamente en los kami como Ise o Watarai Shinto, y Ryobu Shinto, en respuesta a la influencia budista en las prácticas sintoístas. Estos movimientos constituyeron la base para el Yoshida Shinto o sintoísmo estatal, desarrollado durante la restauración Meiji, cuando se unificaron las prácticas sintoístas, separándolas formalmente del budismo, con fines principalmente políticos. El Shinto, por ser la religión originaria de Japón, pasó a ser la religión nacional del país, utilizada como instrumento ideológico, y la veneración de los santuarios se convirtió en un deber patriótico. El sintoísmo estatal fue prohibido tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante el período Nara (710-794), los emperadores Tenmu y Monmu promovieron el budismo mediante el comisionado o patrocinio estatal. Existían entonces seis escuelas budistas: Ritsu, Jojitsu y Kusha pertenecientes al budismo Theravada, y Sanron, Hosso y Kegon que seguían directrices del budismo Mahayana. En el período Heian (794-1185) llegaron desde China las escuelas budistas Tendai (que vimos en Yamadera, Matsushima y Hiraizumi) y Shingon, y en el período Kamakura (1185-1333) llegaron el budismo de la Tierra Pura o Jodo (Motsu-ji de Hiraizumi), y el budismo zen (Zuiga-ji en Matshima o Hoon-ji en Morioka). El budismo shingon fue fundado por el monje Kukai y se centra en el Buda cósmico Vairocana. La escuela amidista Tierra Pura (Jodo, Jodo-Shu, Jodo Shin-shu, Ji-Shu) enfatiza la salvación por medio de la creencia en Amitabha y es actualmente la escuela budista más numerosa de Japón, mientras que la escuela Zen (Soto, Rinzai, Obaku) influyó notablemente en la filosofía samurái, al centrarse en la búsqueda de la iluminación personal (satori) mediante la meditación (zazen). En actualidad, las principales escuelas budistas en Japón son Zen, Shingon, Jodo, Tendai y Nichiren.

En cuanto a los templos budistas, estos destacan por las grandes puertas (sanmon) que indican la entrada al lugar sagrado, las estatuas de Buda o Bodhisattvas y los altares, y el uso del incienso como ofrenda y símbolo de purificación. En cuanto a los elementos arquitectónicos, son comunes las campanas de bronce que se tocan en celebraciones especiales, las pagodas, y los cementerios. Además, los monjes budistas residen en los templos y realizan actividades rituales.

Un ejemplo de templo budista shingon es el Seiryu-ji en Aomori, aunque en realidad se trata de un betsuin o sucursal del monte Koya. Este templo fue fundado por Ryuko Oda y su construcción comenzó en 1978. Tras cruzar la gran puerta (Chumon), al lado izquierdo se puede observar un jardín zen, mientras que en el lado derecho se encuentra un salón bermellón que consagra Kodo-daishi (Kukai, el fundador del budismo Shingon).

Tras pagar la entrada, el primer edificio que nos encontramos fue Kodo, o la sala principal, que se construyó en 1992 y donde se celebran diversas ceremonias. Se puede acceder en su interior. Detrás del altar se encuentra una pintura de Amida Shoju Raigozu, una copia de la que se encuentra en el monte Koya.

Justo al lado se encuentra una pagoda de cinco plantas con una altura de 39,5 m, siendo la cuarta pagoda más alta de Japón. Fue construida en 1996 y está hecha de madera de Hiba (ciprés japonés). Esta pagoda expresa la visión del universo budista que se compone de los cinco elementos: tierra, agua, fuego, viento y cielo.

Siguiendo el camino, se encuentra Mizuko-jiko dedicado a los niños mortinatos. Los molinillos de viento sirven para consolar las almas de estos niños.

Y delante se encuentra la campana, que no puede faltar en ningún templo budista.

Al final del camino se encuentra el Gran Buda (Showa Daibutsu), la estatua sentada de bronce más alta de Japón (21 m). Representa a Dainishi Nyorai (o Vairocana), el Buda de rango más alto del budismo Shingon. Su construcción se completó en 1984, tras 5 años de obras. Se puede entrar en su interior, donde se encuentran un mural que muestra el ciclo de la reencarnación y un templo dedicado a la paz mundial.

Y ya para finalizar, las principales diferencias entre el budismo y el sintoísmo son las siguientes:

Propósito: los templos budistas son lugares dedicados a las enseñanzas de Buda y la práctica de rituales budistas. Se utilizan especialmente para ritos funerarios y conmemoraciones de los difuntos. Los santuarios sintoístas están dedicados a los kami, divinidades o espíritus de la naturaleza y ancestros, y son lugares para rezar por la buena fortuna, la purificación y la protección.

Deidades: En el budismo japonés no se adoran dioses sino budas y bodhisattvas, seres iluminados. Las figuras como Amida, Kannon o Dainichi Nyorai suelen ocupar el lugar central en el altar. En el sintoísmo los kami pueden ser fuerzas de la naturaleza, animales, objetos o personas deificadas.

Elementos arquitectónicos budistas: portones (sanmon), pagodas (estructuras de varios pisos, símbolo de la cosmología budista), salón principal o hondo (espacio donde se alberga la imagen principal de Buda), campana (bonsho), jardín zen (espacios para la meditación y contemplación), incensarios (utilizados para ofrendas y purificación espiritual).

Elementos arquitectónicos sintoístas: torii (puerta tradicional que marca la entrada al espacio sagrado del santuario), salón de ofrendas o haiden (donde las personas presentan plegarias y ofrendas), salón principal o honden (suele estar restringido al público; allí reside el kami), fuente de purificación o temizuya (para lavar las manos y la boca antes de entrar), cuerdas sagradas o shimenawa (marcan objetos o lugares sagrados) y amuletos o ema (se usan para escribir deseos).

Prácticas rituales: En el templo se acostumbra el incienso y la oración silenciosa; en el santuario, la purificación y los aplausos.

Festividades: Las festividades (matsuri) suelen celebrarse en santuarios; mientras que los templos se asocian más a fechas conmemorativas y funerarias.

Función social: El sintoísmo se relaciona con la vida y los inicios (nacimientos, matrimonios); el budismo se asocia con la muerte y los funerales.

Culturas prehistóricas Jomon y Yayoi: Aomori, Tsugaru y Akita

Hace 40.000 años puentes naturales formados por los bajos niveles del mar unieron Japón con el continente asiático y permitieron el desplazamiento de grupos poblaciones. Estos primeros movimientos migratorios dieron lugar al período Paleolítico japonés. Hace aproximadamente 15.000 años nuevas oleadas migratorias llegaron al archipiélago y dieron lugar al surgimiento del período Jomon, marcado por una fusión de las comunidades paleolíticas locales con los recién llegados. La civilización jomon es una de las más antiguas del mundo y su nombre, que significa «impresión de cuerda», proviene del patrón decorativo en su cerámica, creada al presionar cuerdas sobre la arcilla húmeda antes de cocerla. Estas vasijas de cerámica no solo representan logros técnicos, sino que son testimonio del inicio del sedentarismo, ya que la fragilidad y peso de la cerámica son incompatibles con estilos de vida nómadas.

Los jomon eran una sociedad cazadora-recolectora, no obstante, a diferencia de otros grupos de cazadores-recolectores prehistóricos que se desplazaban constantemente en busca de recursos, éstos construían poblados permanentes donde vivían de forma estable, aparentemente sin practicar la agricultura. Este sedentarismo fue posible gracias a la abundante disponibilidad de recursos naturales en su entorno: bosques de árboles caducifolios como el castaño, el nogal y el roble japonés (mizunara), altamente nutritivos, y una gran diversidad de animales, peces y mariscos. En yacimientos cercanos a ríos y costas se han encontrado restos de más de 50 especies de peces, lo que evidencia una dieta variada. Las herramientas de piedra y hueso utilizadas para la caza y la pesca reflejan un alto grado de especialización y adaptabilidad a las condiciones naturales. Además, el uso de la cerámica permitió a los jomon cocinar y almacenar alimentos, lo que facilitó la vida sedentaria.

El período Jomon suele dividirse en tres grandes fases:

· Fase de emergencia del sedentarismo (13.000–5.000 a.C.): Se caracterizó por el surgimiento de los primeros asentamientos estables y la aparición de la cerámica. Se comenzaron a construir viviendas-foso (pit-dwelling), es decir, viviendas con plantas excavadas en tierra, y apareció la práctica de enterrar a los muertos que sentó las bases del culto a los antepasados.

· Fase de desarrollo del sedentarismo (5.000–2.000 a.C.): se observó la introducción de almacenes y vertederos, así como la construcción de asentamientos en colinas cercanas a cursos de agua. Se crearon espacios rituales y ceremoniales y aparecieron los concheros, montículos de conchas y huesos de animales, que tenían funciones tanto rituales como prácticas.

· Fase de madurez del sedentarismo (2.000–400 a.C. – inicio del período Yayoi): los asentamientos se dispersaron, y varias comunidades compartieron sitios rituales y funerarios. Se desarrollaron cementerios rodeados de terraplenes circulares (círculos de piedra), lo que indica una organización social cada vez más compleja y ritualizada. También destaca la presencia de figurillas de arcilla estéticamente atractivas y otros bienes funerarios.

En el norte de Japón es donde más asentamientos jomon se han encontrado, sobre todo alrededor del estrecho de Tsugaru, que une las islas de Honshu y Hokkaido. Hay un total de 17 sitios arqueológicos relacionados con la cultura jomon (ocho en la prefectura de Aomori, seis en Hokkaido, dos en la prefectura de Akita y uno en la prefectura de Iwate), siendo Sannai Maruyama el más grande, importante y conocido. También es el más accesible ya que se encuentra a las afueras de Aomori, cerca de la parada de shinkansen de Shin-Aomori. Nosotros también visitamos dos sitios arqueológicos (Tagoyano y Kamegaoka) y el pequeño Museo Arqueológico Kizukuri Kamegaoka en Tsugaru, no obstante, pese al interés histórico, éstos no están preparados para ser visitados. Los sitios arqueológicos actualmente se encuentran cubiertos de tierra por motivos de conservación y solamente se puede ver el lugar (campo), mientras que la mayoría de los objetos encontrados aquí se exponen en el Museo Nacional de Tokio.

El sitio arqueológico Tagoyano en Tsugaru data de la fase de desarrollo del sedentarismo (4.000-2.000 a.C.) y se compone por viviendas-foso, tumbas, montículos de conchas, almacenes y otros elementos. Entre los objetos encontrados en los concheros destacan objetos hechos de hueso de ballena y delfín, o brazaletes hechos de conchas de berberechos.

El sitio funerario de Kamegaoka (1000-400 a. C.) es un gran cementerio del cual se han extraído numerosos objetos, incluyendo vasijas y cestas de bambú lacadas y numerosas figurillas de arcilla. De estas, destaca una, conocida como “figurilla de ojos saltones” (designada como importante patrimonio cultural), y cuya importancia reside en el hecho que muestra a una persona con gafas como las que llevaban los inuits (habitantes de Groenlandia, norte de Canadá y partes de Rusia). Cabe destacar que, igual que en el caso de Tagoyano, no hay prácticamente nada que se pueda ver, más allá del campo donde se encuentran las tumbas (cubiertas de tierra) y de donde se extrajeron todos estos objetos. En el centro de visitantes hay varias personas mayores que ofrecen un tour gratuito por el campo explicando la importancia del lugar, sin embargo, ninguna de ellas habla inglés. El abuelo que nos hizo de guía solamente disponía de un papel con unas pocas frases en inglés. En cuando a la figurilla de ojos saltones, hay una copia en el museo de Tsugaru, sin embargo, la figurilla original se encuentra en el Museo Nacional de Tokio. Nosotros nos tuvimos que contentar con ver la copia de Tsugaru, ya que la original no estaba en exposición el día que visitamos el museo de Tokio.

En cuanto a Sannai Maruyama, fue habitado desde el año 3900 a.C. (Jomon Temprano) hasta el año 2200 a.C. (Jomon Medio). Su excavación se inició en el año 1992 y se sigue excavando e investigado hoy en día. Se abrió al público en 1995. Tiene una superficie de 36 hectáreas y se han confirmado los restos de más 600 viviendas-foso que datan de diferentes épocas. La mayoría tiene un diámetro de unos 4 metros, por lo que se cree que albergaban a unidades unifamiliares. Lo más probable es que en este asentamiento vivieran unas 500 personas simultáneamente.

Además de las viviendas familiares, se han encontrado vestigios de grandes estructuras comunales de más de 10 metros de longitud, posiblemente usadas como lugares de trabajo conjunto o asambleas. Se han excavado también los restos de una estructura sostenida por seis pilares que se alzan en agujeros enormes de unos 2 metros de diámetro a una profundidad de 2 metros y a intervalos de 4,2 metros. Para proteger la madera de la pudrición, los jomon empleaban técnicas como el quemado de los pilares antes de enterrarlos, lo que ha permitido la conservación de éstos hasta nuestros días. Pese a que las estructuras son reconstruidas, éstas ofrecen una idea de cómo era la vida en el Japón prehistórico.

Otras edificaciones sostenidas por pilares cercanas al cementerio pudieron haber sido usadas con fines rituales o ceremoniales. Los adultos eran enterrados en fosas excavadas en el suelo, mientras que los niños eran depositados en tinajas a las que se les quitaba el fondo. Se han descubierto alrededor de 500 tumbas de adultos y más de 800 de niños.

Además del sitio arqueológico, también se puede visitar el museo que reúne en diferentes salas grandes cantidades de vasijas y herramientas de piedra, así como más de 2.000 figurillas de arcilla, instrumentos rituales, huesos de diversos animales y peces, frutos secos y otros objetos, provenientes tanto de Sannai-Maruyama como de otros sitios arqueológicos jomon. En 2003 los artefactos excavados fueron designados como Bienes Culturales Naciones Importantes de Japón y en 2021 los sitios arqueológicos jomon de Hokkaido y norte de Tohoku se registraron como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Por otro lado, la cultura yayoi se sitúa cronológicamente entre aproximadamente el año 300 a.C. y el 300 d.C, justo después del período Jomon y antes del período Kofun. Los yayoi llegaron al archipiélago japonés desde la península de Corea, se asentaron en el sur de Kyushu y fueron desplazando a la población de cazadores-recolectores jomon ya asentada. Se distinguen por la introducción de la agricultura arrocera en campos inundados, un cambio revolucionario que incluyó el desarrollo de sofisticadas técnicas agrícolas y sistemas de irrigación, y que transformó la economía, la organización social (sociedad matriarcal y matrilineal jerarquizada) y el paisaje del archipiélago japonés. Se comenzaron a construir viviendas rectangulares semienterradas, rodeadas en ocasiones por empalizadas, para proteger a la comunidad. Además, los yayoi fabricaron herramientas y armas de bronce y hierro, lo que evidenció un fuerte avance tecnológico respecto a los jomon. A finales del período Yayoi se observaron los primeros indicios de sintoísmo.

En cuanto a las prácticas funerarias, los entierros yayoi mostraban claras diferencias sociales: se encontraron desde entierros sencillos en fosas hasta tumbas más elaboradas con ajuares funerarios y ofrendas, como cuentas de vidrio y objetos de bronce. También destacaban por la cerámica de forma simple y funcional, diferente a la cerámica decorada jomon, pero perfectamente adaptada a las necesidades cotidianas de una sociedad agrícola.

El principal sitio arqueológico del período Yayoi es el Parque Histórico de Yoshinogari en Kyushu, donde se conservan viviendas, almacenes y cercas. No obstante, en Tohoku también se ha reconstruido un pequeño poblado yayoi a las afueras de Akita. Se trata del sitio arqueológico Jizouden excavado en 1985 y declarado Sitio Histórico Nacional en 1996 debido a su valor histórico. El pueblo yayoi rodeado por empalizadas de madera data de hace aproximadamente 2200 años y está formado por cuatro viviendas, tres situadas dentro de la empalizada y una fuera, construidas al estilo kabe tachi shiki (de tipo muro). Había cinco puertas, una de ellas usada como la entrada principal y otra conducía al cementerio.

Se encontraron 25 tumbas de niños en tinajas de barro y 51 tumbas de adultos, así como ajuares funerarios. Algunos de los objetos encontrados aquí se exponen en el pequeño museo de Jizouden, aunque la mayoría se encuentran en el Museo Nacional de Tokio. Actualmente, el lugar se utiliza con fines divulgativos y se realizan diferentes actividades, sin embargo, todas ellas son en japonés.

Desde un punto de vista físico, los jomon y los yayoi presentaban claras diferencias, tanto en la estatura, siendo los yayoi más altos que los jomon, como en la forma y tamaño del cuerpo y los rasgos faciales. Durante el período Kofun, la mayoría de los esqueletos excavados en Japón correspondían al tipo yayoi, con algunos individuos que presentaban mezcla jomon. Desde un punto de vista genético, toda la población japonesa moderna desciende de los yayoi. La única excepción son los ainus (Hokkaido) y los ryukyuanos (Okinawa) que están emparentados genéticamente entre sí, pese a encontrarse en los dos extremos opuestos del archipiélago japonés, por ser los únicos descendientes de los jomon.

Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.

Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.

Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:

Logística viaje

En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.

Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Tohoku a bocados: sabores únicos del noreste de Japón

Experiencias en Japón: onsen ryokan

Experiencias en Japón: dormir en un shukubo

Lo que + nos gustó y lo que –. Tokio y Tohoku

Japón (Kioto y Kyushu) – el gran sueño viajero 2