Parque Natural de Somiedo: osos y lobos

En nuestro corto viaje a Asturias tuvimos la oportunidad de conocer dos especies animales muy especiales que viven en la cordillera cantábrica y que son endémicas de España: el oso pardo cantábrico (Ursus arctos artcos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus), aunque por desgracia solamente a una la pudimos ver en libertad.

Asturias es una de las cuatro comunidades autónomas, junto a Castilla y León, Galicia y Cantabria, que son hogar del máximo depredador de la península: el lobo ibérico. El lobo ibérico tiene un pelaje pardo-grisáceo con zonas amarillentas, orejas pequeñas y triangulares, un cuerpo ágil y delgado y que mide 1,2 metros de largo y una altura de unos 70-80 cm con un peso de unos 50 kg. Viven en manadas o grupos familiares reducidos en los que manda el macho adulto más fuerte. Las parejas de lobos suelen tener entre 3 y 6 lobeznos que llegan a ser adultos a los 3 años. Su esperanza de vida es de unos 8 años. Se alimentan principalmente de ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, liebres, entre otros, controlando así la población de estas especies. Junto a otros carroñeros, los lobos también devoran cadáveres de animales evitando así el contagio de enfermedades. El año 2020 se estimó que quedaban alrededor de 300 manadas, lo que la hace genéticamente una especie muy vulnerable debido a la consanguinidad.

Aullador

El primer contacto con los lobos ibéricos lo tuvimos en la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda. Visitamos el museo e hicimos la ruta del lobo. Esta ruta recibe este nombre porque lleva hasta un cercado en que actualmente viven dos lobos macho. Este sendero se puede hacer por libre perfectamente, de hecho, está señalizado y hay hasta un merendero delante, sin embargo, antes de juzgar y lamentar su situación, vale la pena conocer su historia de la mano de la guía y así tener también un contexto general, no solo de estos dos lobos en particular, sino también de la situación de los lobos en Asturias. Belmon y Aullador son los nombres de los dos lobos que, desde su cercado, son testimonios de la complicada situación que viven los lobos en Asturias. No están allí por puro capricho, ni tampoco para ser exhibidos a los visitantes, sino que están allí por tener la mala suerte de encontrarse con los humanos. La manada de Belmon y de su hermano, Tino, que murió el año pasado, fue asesinada en una de las partidas de caza al lobo. Sin embargo, los hermanos consiguieron sobrevivir y ambos fueron rescatados con tan solo semanas de vida… El hecho de perder a su familia de la mano del hombre les ha condenado a vivir toda la vida encerrados, ya que sin una manada no pudieron volver a la naturaleza. Por otro lado, la historia de Aullador es aún más desoladora ya que fue capturado por un hombre que se había encaprichado con querer tener un lobo como mascota y que lo desechó como si nada cuando vio que no se comportaba como un perro. Estando ya acostumbrado al contacto con los humanos, fue condenado a vivir toda la vida privado de la libertad.

Aullador

Debido a que las manadas de lobos ibéricos son generalmente pequeñas, si se mata algún miembro de la manada, ésta se debilita y ataca presas más fáciles como son el ganado. Y he aquí el problema: si se caza al lobo por miedo a que vaya a matar al ganado, éste acabará haciendo justo lo que se espera impedir. Es un pez que se muerde la cola. Las soluciones que se dan ahora mismo, como por ejemplo compensar la pérdida de un animal económicamente, no solventan el problema mientras que las soluciones que de verdad funcionarían necesitan tiempo, dinero e investigación. El futuro es difícil para el lobo en Asturias, dada la importancia de la ganadería en la zona. Aullador y Belmon son dos lobos que han sufrido daños colaterales por la acción de los humanos, sin embargo, algunos otros no tuvieron tanta suerte… Aun así, tengo la esperanza de que se invierta en mejorar la situación de los lobos y que la población local acabe aceptando a este hermoso animal y así conseguir vivir en armonía.

Mirador de La Peral

Por otro lado, en Pola de Somiedo tuvimos la suerte de poder conocer a otro emblema de los montes de Asturias: el oso pardo cantábrico, esta vez, sí, en libertad. Por suerte, los osos tienen mayor aceptación entre la población local, a diferencia de los lobos, porque no afectan a la ganadería. Algún apicultor podría ver mermadas sus colmenas, pero no producen el mismo impacto que los lobos. A diferencias de los lobos que ven reducida su población, el número de osos está aumentando.

El oso pardo es el animal terrestre más grande de la fauna ibérica y cuenta con un censo de unos 260 ejemplares, viviendo la mayoría de ellos en Asturias. Es la subespecie de oso pardo más pequeña y su esperanza de vida supera los 20 años. El oso pardo es plantígrado, tiene un pelaje entre pardo amarillento y marrón oscuro y un peso de unos 180 kg en los machos y de unos 140 kg en las hembras. En invierno hibernan, refugiándose en cuevas. Las osas paren entre una y tres crías durante la hibernación y estas crías se quedan con la madre hasta cumplir un año y medio, que es cuando la familia se separa.

Oseznos hermanos en el mirador de La Peral

Avistar osos se puede hacer por libre, sin embargo, no se recomienda para nada subir a la montaña ni a aventurarse a acercarse demasiado a los osos. Dos cosas hay que tener claras: la primera, estamos en el territorio de los osos y los debemos respetar y no los debemos molestar en absoluto, y la segunda, el oso es un animal salvaje, impredecible y que puede actuar con ferocidad si se siente amenazado. Dicho esto, hay dos miradores habilitados a los que se puede acudir para el avistamiento: el mirador de La Peral y el mirador de Gúa. La mejor época para el avistamiento es la primavera y el otoño, ya que en verano hace demasiado calor y acostumbran a estar metidos en el bosque donde la temperatura es más fresca. En primavera además existe la posibilidad de ver mamás con sus oseznos que recién abandonan las cuevas donde hibernaron durante los meses de más frío, sin embargo, en otoño, los osos se alimentan frenéticamente para el engorde de cara a la hibernación y son más fáciles de ver entre la multitud de avellanos que salpican las montañas de Somiedo. Así pues, sea cual sea la época, los mejores momentos para el avistamiento son las mañanas temprano y las tardes. También hay que tener en cuenta que los miradores están encarados a las laderas de las montañas, pero no están cerca, por lo que es necesario acudir con prismáticos, o mejor aún, con telescopios. La ropa de abrigo también viene muy bien ya que las mañanas y las tardes son frescas y seguramente el intentar avistar los osos puede conllevar muchas horas parado en un mismo lugar. También existe la posibilidad de no ver ningún oso. Es un riesgo que se debe correr… puede que ningún oso decida dejarse ver o puede que la niebla no quiera dejar entrever ningún oso…

Oso macho en el mirador de Gúa

Nosotros hicimos dos avistamientos, uno por la mañana temprano y otro por la tarde, y fuimos unos de los afortunados en observar a estos preciosos animales. En el primer avistamiento, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar en la ladera más alejada del mirador de La Peral, dos hermanos oseznos y posteriormente a una mamá con dos crías. Y fue gracias a unos buenos telescopios… Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos la suerte de avistar un oso macho nada más llegar. Éste se estuvo unas cuantas horas disfrutando de las avellanas en la ladera de la montaña y nosotros estuvimos disfrutando viéndolo a través de los prismáticos. Aunque si no se consigue ver al oso, se puede disfrutar igualmente de la espera, de los paisajes y de otra fauna que habita Somiedo. Desde luego Somiedo no es solo osos y lobos, si no también el hogar de corzos, rebecos, multitud de aves…

En definitiva, para el avistamiento de osos se necesitan ganas y paciencia para esperar sin tener la certeza de conseguirlo, pero también respeto, tanto por el entorno como por los mismos osos. En este tipo de actividad somos meros observadores, pero también responsables de preservar la naturaleza en su estado.

Reservas privadas de Madagascar – luces y sombras

El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.

foto vistas

Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.

foto anja

La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.

foto familia

Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.

foto rocas

Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.

foto tumbas

Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.

foto jaulas
Reserva de Peyrieras

Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.

foto sifaka

De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.

foto gecko jaula

Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.

lemur rojo

Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…

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Lémur atraído con plátano en Vakona (izquierda) y lémur atraído con pan en Peyrieras (derecha)

Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.

Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:

  • ¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
  • ¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
  • Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!

patos jaulas

  • Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!

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Lémur alimentándose de flores en Anja (izquierda) versus plataforma de alimentación con arroz hervido en Peyrieras (centro) versus lémur alimentándose de plátano en Vakona (derecha)

  • Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.

lemur encima

  • Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.

camaleon mano

Reflexión final. Borneo y Sumatra

Nuestra aventura en búsqueda de primates comenzó hace más de dos años, en un viaje en el que tuvimos la suerte de ver los chimpancés en el bosque de Budongo en Uganda y de poder admirar a los gorilas de montaña en el parque de los Volcanes en Ruanda y no nos pudimos resistir a visitar también las islas de Borneo y Sumatra para conocer al precioso orangután. Así, con este viaje acabamos de conocer a los great apes que pertenecen a la misma familia que nosotros (Hominidae): los chimpancés (aún nos faltan los bonobos, pero nos damos por satisfechos (¡por ahora!)), los gorilas y los orangutanes.

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Gorila de montaña, chimpancé y orangután.

Los orangutanes son unos de los primates más grandes del mundo, después del gorila, arbóreos (viven siempre en los árboles) y frugívoros (se alimentan principalmente de fruta) y su nombre proviene de las palabras malayas ‘orang’, que significa persona, y ‘utan’ (derivado de ‘hutan’) que significa bosque, por lo que los orangutanes son hombres (o personas) del bosque. Como ya sabréis, los orangutanes se encuentran en la isla de Sumatra y en la isla de Borneo. Hasta ahora se consideraba que había solamente dos especies de orangután (Pongo abelii en Sumatra y Pongo pygmaeus en Borneo), pero hace no mucho se ha descubierto una nueva especie, Pongo tapanuliensis, aunque aún no reconocida por la comunidad científica. De esta nueva especie se conocen 800 individuos y se encuentran en grave peligro de extinción, entre otras a causa de la construcción de una presa en la región de Tapanuli (Sumatra), hogar de estos primates.

orangutanes
Machos de las dos especies de orangutanes que hemos tenido el placer de conocer: Pongo abelii (Sumatra) y Pongo pygmaeus (Borneo).

Antes de comenzar con esta aventura no nos hubiésemos imaginado que sería tan difícil poder ver a los primates más parecidos a nosotros y con los que compartimos gran parte de nuestro ADN. Todos los homínidos, tanto los orangutanes, como los gorilas y los chimpancés, están en grave peligro de extinción, principalmente por culpa de los humanos…

Esto da lugar a una reflexión: cada vez es más difícil ver orangutanes en la naturaleza, en la selva, en su hábitat natural… Son confinados a parques, algunos más grandes que otros, parques amenazados por las talas y el fuego y todo esto debido a las plantaciones de palma y  a su uso en todo tipo de productos, hecho que da grandes beneficios económicos, beneficios que los seres humanos consideramos más importantes que la vida salvaje, que la naturaleza y que los otros seres vivos con los que compartimos territorio…

En decir verdad, mi parque preferido fue Gunung Leuser, en Bukit Lawang, ya que aún da pie a imaginarte que es posible ver a estos primates libres. El hecho de rastrearlos por la selva, de pensar si los vas a encontrar o no… aunque esta selva está igual o más condenada que los otros sitios. Cada año se provocan incendios para conquistar territorio y plantar las dichosas palmeras, y por tanto cada año el territorio natural se reduce y muchos animales pierden su vida.

campos de palmas
Vista aérea de Borneo malayo (izquierda) y Kalimantan (derecha).

En Malasia, hablando con la gente, nos decían que son conscientes del peligro que supone la palma y la destrucción de los bosques primarios, pero también nos insistían que su cultivo da puestos de trabajo, puestos necesarios para poder sobrevivir. Y es que la economía de este país se basa principalmente en el cultivo de la palma, en la industria pesquera y, solamente en tercer lugar, en el turismo. La misma respuesta obtuvimos también en el Kalimantan, donde la mitad del pueblo Sekonyer trabaja en el parque y la otra mitad en las plantaciones de palma que se encuentran a tan solo unos quilómetros del pueblo. En Sumatra nos dijeron que ellos prefieren el cultivo del árbol de látex porque no desgasta el suelo y además oxigena el aire, a diferencia de la palma que está acabando con los recursos hídricos de la isla. Pero el problema reside en el hecho que el precio del látex es variable (depende de la demanda) y además es muy barato, ya que compite con el látex sintético, a diferencia del aceite de palma que se utiliza en cantidad de productos diferentes (desde productos alimenticios, hasta productos cosméticos y otros) y que generan grandes ingresos.

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Árbol de caucho en Bukit Lawang.

Este problema es un arma de doble filo: la gente necesita trabajo y recursos para sobrevivir y los animales necesitan la selva, y por ahora parece que la solución no es fácil. Lo que está claro que es el aceite de palma y su cultivo no resulta ser beneficioso para nadie, a pesar de dar mucho dinero. ¿Cuál será el futuro de estas islas? ¿Sobrevivirán los bosques primarios? Y, ¿qué será del bello orangután y de la otra fauna que comparte espacio con él?