Dos pueblos samurái: Hirosaki y Kakunodate

Los samuráis eran guerreros del Japón feudal cuya conducta estaba guiada por el bushido, un código moral no escrito conocido como “el camino del guerrero”, que resaltaba virtudes como la justicia (gi), el coraje (yu), la compasión (jin), el respeto (rei), la honestidad (makoto), el honor (meiyo), la lealtad (chugi) y el autocontrol (jisei). Este código imponía una vida de integridad y rectitud, donde lo correcto y lo incorrecto estaban claramente definidos. Etimológicamente, la palabra samurái proviene del verbo antiguo saburau que significa servir, dado que los samuráis estaban al servicio de señores feudales de alto rango, tanto daimios como shogunes, a quienes debían obediencia y lealtad a cambio de recompensas y privilegios. En sus inicios, los samuráis fueron guardianes de los miembros de la corte imperial (siglo IX), sin embargo, alcanzaron la cima del poder durante el siglo XII con la instauración del sogunato que asumía el control de las fuerzas militares, y, por ende, el control real del país.

Durante nuestro viaje por Tohoku hemos tenido la oportunidad de conocer figuras de grandes daimios como Date Masamune, pero también de visitar dos pueblos samuráis: Hirosaki, en la prefectura de Aomori, y Kakunodate, en la prefectura de Akita. Las casas de los samuráis (bukeyashiki) solían ubicarse en barrios especiales (bukeyashiki-gai), cerca de los castillos de los daimios, formando parte de la estructura defensiva y social de la ciudad. Estas residencias se construían principalmente de madera con techos de paja o tablillas de madera, dependiendo del estatus del samurái. Las paredes interiores eran hechas de papel de arroz sobre estructuras de madera (shoji y fusuma) que permitían cierta flexibilidad en la distribución de los espacios, y los suelos eran normalmente de tatami, que aportaba comodidad y aislamiento térmico.

Izquierda: Residencia Aoyagi; Derecha: Residencia Odano. Ambas en Kakunodate.

La decoración era austera e incluía emblemas familiares, caligrafías u objetos ceremoniales. Las casas de las familias más importantes también contaban con almacenes y habitaciones seguras para guardar armaduras, armas y objetos valiosos. Los jardines de estilo japonés (niwa), rodeados de muros altos, estaban diseñados para transmitir serenidad y reflejar el ciclo de las estaciones, así como servir de espacio de contemplación y meditación.

Izquierda: Residencia Ishiguro; Derecha: Residencia Aoyagi. Ambas en Kakunodate.

Muchos barrios samuráis aún se conservan, sin embargo, no todos los castillos que custodiaban tuvieron la misma suerte y de algunos no queda más que su historia, como vimos durante nuestro viaje. Actualmente quedan unos 100 castillos de los cuales 12 conservan las torres principales originales (tenshu) que datan del período Edo (1603-1868): Hirosaki, Matsumoto, Maruoka, Inuyama, Hikone, Himeji, Marugame, Bitchu Matsuyama, Matsue, Matsuyama (Iyo), Kochi, y Uwajima. Si bien las razones por las que se perdieron los castillos de Japón son varias, como el abandono en el caso de los castillos de Yamagata, Akita o Kakunodate o los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en el caso del castillo de Sendai, mucho otros castillos fueron desmantelados, como fue el caso del castillo de Morioka, durante el período Meiji cuando el gobierno quiso “occidentalizar” la nación.

Otemon, Castillo de Hirosaki

La construcción del castillo de Hirosaki comenzó en 1603 bajo el dominio del Oura Tamenobu (o Tsugaru Tamenobu), el primer daimio de la región, y fue finalizada en 1611 bajo el dominio del segundo señor feudal, Oura Nobuhira (o Tsugaru Nobuhira). El Dominio de Hirosaki, anteriormente conocido como Dominio de Tsugaru, fue concedido en 1590 al clan Oura como recompensa del shogun Toyotomi Hideyoshi tras rebelarse contra el clan Nanbu de Morioka. Fue este el momento en el que el clan cambió su nombre de Oura a Tsugaru. Originalmente, el edificio constaba de cinco plantas, pero en 1627 la torre principal quedó destruida a causa de un incendio provocado por un rayo. El edificio fue reconstruido durante el período Edo (1810) como un edificio (tenshu) de tres plantas. También se conservan tres torres defensivas o yagura (Tatsumi, Hitsujisaru y Ushitora) y cinco puertas (Otemon, Higashimon, Higashi Uchimon, Kamenokomon, y Minami Uchimon). Es el único castillo de Tohoku que aun se conserva desde el período Edo y por esta razón fue declarado Bien Cultural de Importancia Nacional. En 2006 entró en la lista de los 100 mejores castillos de Japón. En actualidad, se están reparando los muros defensivos de piedra, por lo que el tenshu se ha movido unos 70 m sin desarmar. Una vez se haya finalizado la reconstrucción del muro, el edificio volverá a su ubicación original.

Castillo de Hirosaki

Durante la Restauración Meiji el castillo fue utilizado como guarnición del ejército, igual que el castillo de Yamagata, y en 1895 se convirtió en parque. Este parque alberga también el Hirosaki City Museum, un pequeño museo en el que se exponen objetos desde los períodos Jomon y Yayoi hasta la época feudal, y el jardín botánico (Hirosaki Castlle Botanical Garden). Con una entrada combinada se puede visitar el castillo, el jardín botánico y el jardín Fujita (Fujita Memorial Garden).

Jardín Botánico del Castillo Hirosaki

El jardín Fujita, que se encuentra cerca de la puerta de entrada Otemon, fue construido en 1921 por el empresario Fujita Kennichi con la ayuda de un jardinero venido desde Tokio, y se abrió al público en 1991. Está separado en dos niveles, encontrándose en la parte superior dos edificios, uno de estilo occidental y uno de estilo japonés, mientras que, en la parte inferior, dominada por un estanque, se encuentra una casa de té.

Jardín Fujita

Cerca de la entrada Kamenokomon, se encuentra la sección norte del distrito samurái de Hirosaki que antaño rodeaba el castillo. Cuatro casas samurái (Ito, Umeda, Iwata y Sasamori) de acceso gratuito y una casa comercial (Ishiba) de acceso de pago están abiertas al público. La casa comercial pertenecía a la familia Ishiba, una familia de comerciantes (no samuráis) y sigue sirviendo como hogar y comercio. Solamente se permite acceso al almacén desde el cual se puede vislumbrar el interior. En las demás casas, el único requisito para acceder es quitarse los zapatos. La casa de la familia Ito es una casa sencilla, hogar del médico de los daimios de Tsugaru. Detrás de la residencia Ito se encuentra la de Umeda.

Residencia Umeda en Hirosaki

Sin embargo, el mejor sitio para ver casas samuráis, a nuestro parecer, es Kakunodate. La historia de la ciudad tiene su origen en el período Sengoku (1467-1568) bajo el dominio del clan Tozawa. Tozawa Iemori construyó su castillo en Kakunodate en 1423 y su clan gobernó allí hasta que en 1602 Tozawa Masamori recibió el domino de Matsuoka en la provincia de Kinachi. Tras su marcha, el poderoso clan Satake del Dominio de Kubota con capital en Akita incorporó la región de Senboku, en la que se encontraba Kakunodate. El castillo de Kubota de Akita (actual Chiaki Park) fue la sede principal del clan, mientas que el castillo de Kakunodate fue ocupado por Ahina Yoshikatsu, hermano menor de Satake Yoshinobu, el primer daimio de Kubota.

Torreta Castillo Kubota en Akita

En 1619 una gran inundación azotó la ciudad de Kakunodate y, por esta razón, Ahina Yoshikatsu decidió reconstruirla en 1620, trasladándola al sur del castillo y dividiéndola en distintas áreas o machi, distribución que se ha mantenido hasta la actualidad. El distrito samurái recibía el nombre de Uchi-machi y en su momento álgido constaba de 240 residencias samuráis, 60 residencias ashigaru (soldados de a pie) y 26 templos y santuarios. Las ruinas del castillo se han convertido en el parque Furushiroyama, sin embargo, en el distrito samurái, Samurai-Yashikidori, aun se conservan edificios tradicionales de arquitectura bukeyashi. Hay un total de 6 casas abiertas al público, todas ellas distribuidas en la misma calle, a tres de las cuales hay que pagar entrada y se puede acceder a su interior y a tres no hay que pagar entrada, pero solamente se pueden ver desde el exterior (no se puede entrar). Las tres residencias gratuitas, Iwahashi, Odano y Matsumoto son más pequeñas y simples que las demás, pero igual de interesantes, ya que ofrecen una idea real de cómo eran las diferentes casas de los samuráis según su clase social. De ellas, destaca la residencia Iwahashi que fue renovada a finales del período Edo, cambiando su tradicional techo de paja por un techo de tablillas de madera. En su jardín hay un roble japonés de más de 300 años.

Residencia Iwahashi en Kakunodate

La residencia Aoyagi es la mayor de todas y es un buen ejemplo de cómo era la vida de las familias samuráis más ricas. Este conjunto de edificios tradicionales y antiguos almacenes fue reconvertido en museos y salas de exposiciones bajo el nombre de Museo Samurái. En sus diferentes espacios se puede ver una amplia colección de armaduras y armas, objetos de uso cotidiano, una casa de té, y hasta un pequeño santuario, ofreciendo así una experiencia completa.

Residencia Aoyagi en Kakunodate

La residencia Ishiguro es también una representación de una de las familias más ricas de la zona, sin embargo, en este caso no se trata de un museo sino de una de las pocas casas samurái aún habitada por los descendientes de la familia samurái original, que en sus orígenes se encargaba de las finanzas. Nada más entrar nos recibió uno de los miembros de la familia que nos llevó por la casa explicándonos su historia y todos sus los detalles. Además de la casa, se puede visitar también el almacén en el que se guardan tesoros familiares, como muñecas para el Hina Matsuri (festival de las muñecas que se celebra cada 3 de marzo), katanas, armaduras y hasta libros antiguos.

Residencia Ishiguro en Kakunodate

Por último, la residencia Kawarada es la más pequeña de las tres, y pertenecía al secretario principal y magistrado de templos y santuarios. Además de la casa se puede visitar también el almacén convertido en museo.

Residencia Kawarada en Kakunodate

Otros puntos de interés son el Museo de Artesanía Kabazaiku Denshokan (artesanía en corteza de cerezo), el Museo de Arte Huraifuku y el barrio de los mercaderes.

Residencia Watanabe en Kakunodate

Nosotros dedicamos un día a cada ciudad, llegando a Hirosaki desde Aomori en un corto trayecto en tren regional, y a Kakunodate desde Akita. Con el Akita shinkansen se puede llegar también desde Morioka o Tokio.

Tras los pasos del clan Date: Sendai, Matsushima e Ichinoseki

El clan Date es considerado uno de los linajes más influyentes de la historia feudal de Japón y su legado perdura hasta nuestros días a través de los monumentos, los mausoleos y los objetos conservados. Sin embargo, la figura más destacada es la de Date Masamune, también conocido como “el Dragón de un solo ojo” debido a la pérdida del ojo derecho por culpa de una enfermedad que padeció en la infancia (posiblemente viruela). Date Masamune, hijo del daimio Date Terumune, nació el 5 de septiembre del 1567 en el castillo de Yonezawa, en la actual prefectura de Yamagata. Debido a su discapacidad, su madre, Yoshihime, lo veía incapaz de liderar, favoreciendo a su hermano pequeño, sin embargo, Masamune mató a su hermano y su madre se vio obligada a huir al castillo de su hermano, Mogami Yoshiaki, daimio de Yamagata. Masamune lideró su primera campaña a los 14 años y a los 18 sucedió a su padre en el puesto de daimio, destacando por su capacidad estratégica y su fiereza. Recibió el castillo de Iwatesawa después de servir a Toyotomi Hideyoshi (el mismo que ordenó la ejecución de Komahime) y vivió allí durante 13 años, convirtiendo la región en uno de los principales centros políticos y económicos del país. Tras la muerte de Hideyoshi, Masamune apoyó a Tokugawa Ieyasu, quien unificó el país y se autoproclamó shogun en el siglo XVII. Éste le premió con el gran dominio de Sendai, convirtiendo a Masamune en uno de los daimios más poderosos de todo el país, con una extensión de tierra equivalente a 620.000 koku (medida basada en la producción de arroz). En 1604 Masamune y sus vasallos se trasladaron al pequeño pueblo pesquero de Sendai y lo convirtieron en una gran y próspera ciudad. Y fue justamente en Sendai donde nos encontramos con los primeros vestigios del clan Date, durante nuestro viaje por Tohoku.

Actualmente, Sendai es la capital de la prefectura de Miyagi y la mayor ciudad de Tohoku. Tiene muy buena conexión con Yamagata y Yamadera, pero también con Tokio y otras ciudades de Tohoku, hecho que también atrajo a Date Masamune que buscaba un lugar con mejores conexiones con Edo (actual Tokio) que su castillo de Iwatesawa (Oshu, prefectura de Iwate). Y es así como Masamune ordenó la construcción de su castillo en Aoba-yama, convirtiéndolo en la residencia principal de su clan durante casi 300 años. Pese a su importancia histórica, del castillo de Sendai no quedan más que los cimientos, parte de la muralla que aún están reconstruyendo y una torre de guardia, debido a su destrucción durante bombardeos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. Allí se encuentra la estatúa ecuestre de Masamune así como un pequeñísimo museo (Aoba Castle Museum) con algunos objetos personales del daimio e información sobre la historia del castillo. También hay una sala de audiovisuales donde se explica la historia del clan Date, sin embargo, está solamente en japonés. Además, desde el parque de Aoba-yama se puede disfrutar de unas preciosas vistas de la ciudad. Cerca del castillo se encuentra también el Museo de Sendai (Sendai City Museum), que es mucho más grande, y donde se expone la historia de ciudad, así como una colección privada de la familia Date.

Durante su vida, Date Masamune promovió la cultura y las artes e impulsó el desarrollo económico en la región, haciendo del dominio de Sendai una zona próspera y estructurada. También reconstruyó templos anteriores como los templos Godaido y Zuigan-ji (en 1604) en Matsushima, prefectura de Miyagi, o el templo Takkoku-no-Iwaya (en 1615) en la prefectura de Iwate. De hecho, tras su reconstrucción en 1609, Zuigan-ji se convirtió en el templo familiar del clan.

Como curiosidad, se dice que Masamune era un enamorado de los mochis, sobre todo del zunda mochi, su favorito, y existía incluso un menú llamado mochi honzen que incluía tres sopas y siete platos de verduras preparados con mochi, siguiendo los preceptos establecidos por el daimio. Esta gastronomía especializada en el mochi se desarrolló sobre todo en Ichinoseki (prefectura de Iwate). Un decreto emitido por Masamune, obligaba a los campesinos a elaborar mochis para ofrecerlos a los templos y los santuarios el primero y el quinceavo día del mes y existía incluso un calendario oficial en el que se indicaban las fechas en las que se debían preparar, llegando a al menos sesenta días al año. Aún hoy, se puede degustar un menú de mochis en Ichinoseki y es una experiencia culinaria única.

A los 70 años, Masamune ordenó la construcción de su mausoleo, Zuihoden, donde se enterraron sus restos tras fallecer el 27 de junio del 1636. El mausoleo fue declarado Tesoro Nacional en 1931, sin embargo, quedó destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El mausoleo que se puede visitar en actualidad fue reconstruido en 1979.

En el mismo lugar se encuentran también los mausoleos del segundo señor feudal, Date Tadamune (1599-1658) (Kansenden), y del tercer señor feudal Date Tsunamune (1640-1711) (Zennoden), igualmente destruidos en 1945 y reconstruidos en 1985. Por suerte, pese a los bombardeos, se pudieron recuperar los restos óseos completos de los tres daimios, así como numerosos objetos funerarios, documentos y armaduras, que se exhiben en un pequeño museo situado cerca de Zuihoden. Date Tadamune continuó el gobierno de su padre, Date Masamune, y llevó a cabo una reforma agraria a gran escala, fomentando la apertura de nuevos arrozales. Por otro lado, Date Tsunamune, nieto de Masamune, gobernó hasta los 19 años, cuando el shogun lo obligó a retirarse. Se dedicó al arte, creando diseños de laca miki-e y pinturas sumi-e (tinta) inspiradas en el paisaje de Tohoku que aún gozan de gran reconocimiento. Cerca se encuentran el mausoleo del noveno señor feudal Date Chikamune y del undécimo señor feudal Date Nariyoshi y su esposa. Desde aquí, parte también un sendero que conduce al mausoleo de los hijos del quinto señor feudal Date Yoshimura, conocido como Okosamagobyo.

En Matsushima, Date Tadamune construyó el templo Entsuin en honor a la diosa Kannon, diosa de la misericordia, en 1646. En los jardines del templo se encuentra también el mausoleo de su hijo Date Mitsumune que falleció a la edad de 19 años.

En resumen, el clan Date fomentó el florecimiento de la cultura y las artes en Tohoku, además de impulsar el desarrollo de la agricultura, la economía y la cultura en su territorio, dejando así un legado duradero en la región.

Yamagata y Yamadera: historia, religión y gastronomía

Yamagata, capital de la prefectura homónima, fue nuestro punto de partida en nuestra aventura por la región de Tohoku. Esta ciudad ha sido un enclave de relevancia desde tiempos antiguos y su historia se remonta a la era feudal, cuando la ciudad floreció como centro administrativo y cultural bajo el dominio de poderosos clanes. Pese a no ser una ciudad muy turística, Yamagata cuenta con un encanto particular, donde la historia, la religión y la gastronomía se entrelazan. Además, está fácilmente accesible gracias a un corto viaje de unas dos horas en shinkansen desde Tokio. Le dedicamos a Yamagata un día y medio, ya que medio día lo empleamos en visitar lo que era nuestro principal objetivo, el templo de Yamadera, que se encuentra a tan solo 25 minutos de la ciudad (línea JR Senzan, que une Yamagata con Sendai).

El nombre oficial de este complejo de templos es Hojusan Risshaku-ji, aunque se le conoce simplemente como Yama-dera (templo de montaña). Fue fundado en el año 860 por el monje budista Jikaku Daishi (794-864) y en sus inicios, la principal religión fue el budismo Tendai, igual que en Chuson-ji y Motsu-ji de Hiraizumi (Iwate) o Zuigan-ji de Matsushima (Miyagi) que visitamos más adelante. Esta religión se originó en China (Tiantai) y se introdujo en Japón en el año 806.

El primer templo del conjunto es el Konpon-chudo y se encuentra a unos diez minutos a pie desde la estación de Yamadera. Este templo alberga la “luz eterna del budismo”, una llama que lleva encendida desde su fundación, cuando se trasladó parte del fuego del templo Hieizan Enryaku-ji (Shiga). Fue reconstruido por el primer daimio del castillo de Yamagata en 1356, y es considerado uno de los edificios de madera más antiguos de Japón. A partir de aquí, comienza el ascenso hacía el templo principal Nyohodo, también conocido como Okunoin, que cuenta con nada más y nada menos que 1015 escalones. Sin embargo, la dureza del camino viene recompensada por un bosque de cedros de singular belleza.

Tras cruzar la puerta Nio-mon, el camino se bifurca, llevando uno al templo Nyuhodo, que custodia dos estatuas que el monje Jikaku Daishi trajo desde China, y el otro al pabellón Godaido, situado en la cima de un acantilado desde el cual se puede disfrutar de unas preciosas vistas del valle.

Ya de vuelta a la ciudad, nuestra primera parada fue el castillo de Yamagata. Este castillo fue construido en 1357 y fue sede de los clanes Mogami y Yamagata. Durante el período Edo perteneció a varias familias, hasta que finalmente quedó prácticamente en ruinas. En 1871, cuando se abolieron los dominios feudales, el castillo pasó a manos del gobierno y se usó como base para el ejército imperial japonés. Pese a que fue uno de los castillos más grandes de la región de Tohoku, de él solamente quedan sus muros en forma de zigzag y la puerta oriental reconstruida en 1991. Actualmente el recinto se ha transformado en parque público (Kajo Park) donde la gente aprovecha el espacio para pasear o para hacer picnic.

Los antiguos gobernantes de Yamagata también impulsaron el desarrollo de templos, santuarios y jardines marcando el paisaje con una arquitectura distintiva que aún se puede apreciar. Los santuarios y templos más importantes son Utakake Inari Shrine, Suwa Shrine, Sensho-ji y Gokoku Shrine, aunque la ciudad cuenta con muchos otros, y entre los jardines destacan el parque Momiji y el jardín Senshinan.

Enman-ji (izquierda); Mishima Shrine (derecha).

Utakake Inari Shrine es un pequeño santuario fundado en 1618, a comienzos del período Edo, cuando el templo budista predecesor (Gobutsu-zan Kissho-in) se consagró al sintoísmo. En sus orígenes estaba situado cerca de la entrada al castillo y quienes acudían debían leer cánticos (waka, tanka y renga), y de allí proviene el nombre de “Utakake”.

Suwa Shrine, por el contrario, es uno de los santuarios más grades de la ciudad. Fue construido en 1474 y forma parte de la ruta de peregrinación de Shichifukujin (las siete deidades de la fortuna). La deidad consagrada en este templo es Fukurokuji, que atrae la fortuna económica, y está relacionada con la longevidad y la descendencia numerosa.

Sensho-ji, situado en el barrio de Midoricho, una zona repleta de templos y cementerios, es uno de los templos budistas más grandes y más antiguos de la ciudad de Yamagata. Fue trasladado al emplazamiento actual en 1598 por Mogami Yoshiaki, daimio del castillo de Yamagata, en honor a su hija Komahime (prima de Date Masamune). Komahime, también concubina de Hidetsugu Toyotomi, fue ejecutada con tan solo 15 años cuando Hidetsugu fue obligado a cometer seppuku (harakiri) por ser acusado de conspirar contra su padre, Hideyoshi.

Gokoku Shrine, santuario sintoísta situado a las orillas del río Mamigasaki, fue fundado en 1869 y es uno de los santuarios más importantes de la ciudad. Está dedicado a los espíritus de los soldados que murieron en las guerras de Japón desde la Restauración Meiji (la Guerra Boshin, la Rebelión Satsuma, las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa, y la Guerra del Pacífico) y es un lugar popular para las visitas de Año Nuevo y otras ceremonias tradicionales.

Al lado se encuentra el templo Yakushido dedicado al Buda de la Medicina Yakushi Nyorai.

En cuanto a los parques, el parque Momiji recibe su nombre por los arces que en otoño transforman el paisaje con sus hojas de colores. Este jardín pertenecía al antiguo templo Hodoji que fue abandonado a comienzos del período Meiji (1868-1912). El templo finalmente fue demolido, pero, por suerte, aún se conserva el pequeño jardín y su estanque.

Por otro lado, el Senshinan, propiedad de la Fundación para el Aprendizaje Permanente y la Cultura de la Prefectura de Yamagata, es un pequeño jardín rediseñado por Sentaro Iwaki, un famoso jardinero y paisajista de finales del siglo XIX.

Por último, otro gran atractivo de Yamagata es la gastronomía, siendo uno de los mejores lugares para probar la ternera de Yonezawa, una de las tres grandes carnes Wagyu de Japón, junto a Kobe y Matsusaka, debido a su alta calidad y buen sabor.

Y tras disfrutar de estos dos días en Yamagata, tocó despedirnos para emprender una nueva aventura en Sendai.

Tohoku a bocados: sabores únicos del noreste de Japón

La región de Tohoku, ubicada en el noreste de la isla de Honshu, destaca por su clima frío y sus paisajes montañosos. Estas condiciones han influido en su cocina, caracterizada por el uso de ingredientes locales como el arroz, la ternera, los pescados y mariscos, y los vegetales frescos, así como por métodos de conservación como el encurtido, la fermentación y el secado. Dado que los platos típicos ofrecen una conexión íntima con la tradición, la gente y la forma en que los recursos naturales moldearon la gastronomía, en este viaje nos propusimos probar los platos típicos de cada ciudad que visitamos. Por esta razón, a continuación, os detallaremos nuestro viaje gastronómico por las diferentes prefecturas de Tohoku. ¡Empecemos, pues!

Prefectura de Yamagata

Yamagata, capital de la prefectura homónima, es famosa por su ternera, llamada Yonezawa-gyu. Se trata de una carne (wagyu) de alta calidad, caracterizada por un sabor delicado y una textura que se deshace en boca. Es común probar esta carne en preparaciones como shabu-shabu (donde se sumerge en un caldo caliente parecido al hot-pot chino), sukiyaki (guiso) o yakiniku (barbacoa similar a la barbacoa coreana). Dado que queríamos notar el sabor de la carne, elegimos probarla en yakiniku. Además de los diferentes tipos de corte, nos sirvieron setas y cebolla, dos salsas, kimchi y hojas de lechuga. Similar a la barbacoa coreana, cada cual se asa su propia carne y verduras sobre una placa caliente situada en el centro de la mesa. La carne, una vez en su punto, se moja en las salsas y se enrolla en las hojas de lechuga para comer.

Otra preparación de esta carne que tenéis que probar es en sushi. ¡Buenísimo!

Además de la carne, Yamagata es también conocida por el cultivo de las cerezas (produce el 70% de las cerezas de Japón) y, de hecho, a mediados de junio se celebra el festival anual de las cerezas.

Sakata es conocida por el ramen de Sakata. Este ramen tiene su origen en el final de la era Taisho y surgió a partir de una receta china. El ramen de Sakata se caracteriza por un caldo claro y ligero aderezado con salsa de soja, fideos caseros y wontons de gamba y de carne picada. En mi opinión el mejor ramen que he probado.

Prefectura de Miyagi

La ciudad de Sendai, capital de la prefectura de Miyagi, es conocida por sus platos con lengua de ternera (gyutan) y por los zunda mochi. La lengua normalmente se sirve preparada a la plancha junto a encurtidos, un caldo de carne y un cuenco de arroz. Éste fue un plato que nos despertó cierta preocupación ya que temíamos que el sabor fuera muy fuerte, pero para nuestra suerte la lengua resultó ser muy suave y sabrosa.

Por otro lado, el zunda mochi es un mochi (pastel de arroz glutinoso) cubierto de una pasta dulce hecha de edamame (soja).

Matsushima, ciudad costera situada cerca de Sendai, es conocida principalmente por sus ostras y por la anguila. Las ostras de la bahía de Sendai son muy apreciadas por su carne tierna y su sabor único y en Matsushima se pueden degustar frescas, a la parrilla o rebozadas, pero también en elaboraciones como caldos y arroces. Nosotros las probamos crudas, a la parrilla y rebozadas, y como más nos gustaron fueron crudas, ya que así se nota perfectamente el sabor y la textura de éstas.

Otra preparación típica de Matsushima es el pastel de pescado en forma de hoja de bambú que es un pastel preparado a base de surimi que se tuesta ligeramente antes de comer. Aunque debemos reconocer que éste no fue nuestro favorito.

Prefectura de Iwate

Morioka, la capital de la prefectura de Iwate, es famosa por su trio de fideos que reúne la tradición culinaria japonesa (wanko soba), norcoreana (Morioka reimen) y china (jajamen) en un mismo lugar.

La tradición de servir wanko soba se asocia a la hospitalidad ya que antiguamente se servía a los visitantes y viajeros. Hoy en día esta tradición se ha convertido en toda una experiencia culinaria que no hay que dejar pasar si se visita Morioka. Los fideos soba se sirven en pequeñas porciones (15 porciones corresponden a una ración normal), de forma continuada hasta que el comensal decide detenerse. No es obligatorio sorber el caldo (éste se puede verter en un bol grande situado en la mesa) y las guarniciones de sashimi, sésamo, rábano rallado, entre otras, se pueden utilizar para aderezar los soba, aunque es opcional. Los boles vacíos se van apilando al lado para tener un recuento final. Si se llega a los 100 boles (o más) regalan una pequeña plaquita de madera y un certificado. Además, también hay un récord que batir y éste está en 500 boles para los hombres y 753 boles para las mujeres. Yo solamente fui capaz de comer 30 boles, pero Xavi llegó a los 129.

El Morioka reimen consiste en fideos hechos de harina de trigo y fécula de patata y una rica sopa que normalmente se sirve fría y se acompaña de carne, kimchi, fruta (pera, manzana o sandía), huevo hervido y pepino. Se cuenta que un emigrante norcoreano que llegó a Japón y se instaló en Morioka en 1954 trajo consigo esta receta de fideos fríos y se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial. El reimen se puede degustar solo, aunque también hay la opción de combinarlo con yakiniku, como lo hicimos nosotros.

Por último, el jajamen tiene su origen en una receta china (zhajiangmian) adaptada a los paladares japoneses. Se utilizan fideos udon que se sirven con una cuchara de miso mezclado con carne de cerdo picada, cebolla, setas shiitake secas, y varios condimentos como el ajo o el jengibre y que finalmente se adorna con pepino. Los ingredientes se deben mezclar bien y se puede personalizar agregando vinagre, aceite de chile o ajo picado al gusto.

Una vez acabados los fideos, a la salsa restante se le puede añadir un huevo crudo y caldo para crear un nuevo plato llamado chi-tan-tan, disfrutando así de una experiencia culinaria completa. Normalmente los aderezos (vinagre, aceite de chile o ajo picados) y los huevos crudos se encuentran colocados en un lado de la mesa.

Ichinoseki conserva una antigua tradición de preparar mochi. Esta sofisticada cocina especializada en el mochi tiene sus raíces en el período Edo y se conservan más de 300 opciones de sabor. Si bien se pueden encontrar mochis en todo Japón (sobre todo dulces), en Ichinoseki, el mochi está presente en todos los grandes eventos, desde bodas hasta funerales, e incluso en la celebración de Año Nuevo. De hecho, según un calendario local, aquí se preparaban mochis más de 60 días al año y, tradicionalmente, estos pasteles de arroz glutinoso se ofrecían a los dioses dos veces al mes. Para poder disfrutar de este manjar se ofrece un menú (mochi honzen) en el que se sirven 8 mochis, un platillo de rábano con vinagre y un bol de sopa con mochi (ozoni) que en condiciones normales solamente se podría degustar en Año Nuevo. Los mochis que nos sirvieron llevaban setas shiitake y jengibre, anko (pasta de alubias rojas), sésamo, nueces, pollo y bardana, zunda (edamame), semillas de perilla y natto. Como supusieron que no estaríamos “preparados” para probar el natto nos lo cambiaron por otro mochi de setas shiitake y jengibre y la verdad es que lo agradecimos porque éste fue nuestro mochi favorito.

Prefectura de Aomori

Aomori, capital de la prefectura homónima, es conocida por su marisco, pero sobre todo por sus manzanas. Aquí, igual que en Hirosaki, se ofrecen multitud de platos dulces y salados que incorporan esta sabrosa fruta. En nuestro caso, elegimos probar tres bolas de helado con tres tipos distintos de manzana para poder notar las diferencias de sabor.

Por otro lado, el marisco, fresco y de calidad, es otro reclamo de Aomori y el chirashi-don (tazón de arroz cubierto con marisco variado) es el plato emblemático de la región. Debemos reconocer que este plato fue el mejor que hemos probado en todo el viaje.

Dado que el marisco era súper fresco, aquí aprovechamos para probar también el sushi, y fue lo mejor que pudimos hacer.

Hirosaki, igual que Aomori, también es el mejor sitio para probar los platos con mazana, aunque aquí aprovechamos para degustar una buenísima tarta de manzana.

Otro plato emblemático de Hirosaki es el igamenchi o hamburguesa de calamar. Para probar el igamenchi, fuimos a una izakaya. Las izakayas son unas tabernas tradicionales japonesas que normalmente abren por la tarde-noche (a partir de las 18:00 h aproximadamente, dependiendo de la izakaya) y donde se sirven platillos junto a bebidas alcohólicas como el sake o el shochu. Además del igamenchi probamos también una vieras asadas y pinchos que estaban de rechupete.

Prefectura de Akita

Akita, capital de la prefectura homónima, tiene dos principales atractivos culinarios, por un lado, el kiritanpo, y, por otro, el yakitori de pollo. El kiritanpo consiste en arroz machacado y moldeado en forma de cilindro que se embadurna de miso y se asa sobre las brasas. ¡Buenísimo! Aunque se puede probar como brocheta asada, normalmente se sirve acompañado de caldo, vegetales y pollo, formando una comida reconfortante (kiritanpo nabe) ideal sobre todo para los días fríos.

Aunque el yakitori o brocheta de pollo es un plato que se puede probar en prácticamente en todo el país, lo que hace especial al yakitori de Akita es precisamente el pollo local llamado hinai jidori, apreciado por su sabor y calidad únicos. Se trata de un tipo de pollo autóctono de la prefectura de Akita, siendo sus orígenes en el pollo “hinaidori” criado durante el período Edo, y se considera un ingrediente de lujo en la cocina japonesa. Su carne tiene una textura jugosa y un gusto más profundo que se realza al probar las distintas partes, como la carne, la piel o la molleja. Totalmente recomendable.

En Kakunodate también probamos un plato de pollo hinai jidori: el oyakodon, que literalmente se traduce como mamá e hijo, ya que este plato combina la carne de gallina (la mamá) con el huevo (el hijo). Se trata de un tazón de arroz con un guiso de pollo al que se le añade al final un huevo crudo que se acaba de hacer con el calor del plato.

Tokio

Aunque Tokio no se encuentra en la región de Tohoku, empezamos y terminamos nuestro viaje en esta ciudad, por lo que también nos gustaría hablar de un plato que nos gustó: el gyukatsu. Se trata de un filete de ternera rebozado y frito que se acaba de cocinar a gusto sobre unas planchas situadas en la mesa. Se sirve junto a un bol de caldo de miso, una ensalada de col y una bola de ensalada de patata, tres salsas para mojar la carne, huevas de pescado y wasabi. Además, se sirve un bol de arroz blanco que se puede mezclar con la pasta de rábano. Normalmente también incluye un pequeño platito con un postre, watamochi, que no es un auténtico mochi sino que es un dulce parecido a la gelatina hecho de almidón de helecho y cubierto de kinako (harina de soja tostada dulce). El precio del plato depende de la cantidad de carne: pequeño – incluye solamente un filete, mediano – incluye un filete y medio, o grande – incluye dos filetes.

Otras recomendaciones

También os recomendamos probar la cocina kaiseki, de onsen y de templo, aunque no sean exclusivas de Tohoku.

El kaiseki ryori es una comida tradicional japonesa que combina varios pequeños platos bellamente decorados en los que se da una gran importancia a los ingredientes de temporada. Cada plato está diseñado meticulosamente, cuidado cada detalle, desde la vajilla hasta el sabor, la textura y el color. Aunque el kaiseki ryori puede no ser para todos los paladares, es una experiencia que se debe probar al menos una vez.

La comida de onsen o onsen ryori, se refiere a una variedad de platos que se sirven en los onsen ryokan o balnearios de agua termal de Japón. Lo habitual es probar la cena y el desayuno, que normalmente no se incluyen en el precio del ryokan.

Estos menús incorporan ingredientes de temporada e incluyen especialidades locales, como por ejemplo el sushi de Akita. El sushi de Akita o hatahata sushi se elabora fermentando pescado hatahata con koji y arroz.

También es típico el onsen tamago o huevo cocinado lentamente en las aguas termales, resultando en una textura suave y cremosa con la yema líquida y la clara cuajada.

Por último, la gastronomía ascética de Dewa Sanzan (Yamagata) recibe el nombre de shojin ryori y puede degustarse al hacer noche en alguno de los shukubo. Se compone de varios platos elaborados con productos locales que se cosechan de las montañas de Dewa Sanzan.

Algunos de los platos tradicionales son el goma dofu o “tofu de sésamo”, un excelente sustituto de la carne, o el zenmai, un tipo de helecho.

Probar estas especialidades nos permitió descubrir la esencia de Tohoku más allá de los paisajes, y experimentar la conexión que se forma entre el alma de sus comunidades y su diversidad culinaria. Por estas razones, si viajáis a Tohoku, os recomiendo que dejéis de lado los platos que ya conocéis y probéis los platos típicos de cada lugar. ¡Buen provecho!

Japón (Tokio y Tohoku) – el gran sueño viajero

Si hay un viaje que se nos ha ido resistiendo durante todos estos años, ese es Japón. Creo que organicé mil posibles itinerarios, pero al final ninguno llegó a buen puerto… Y no porque no le pusiéramos ganas, no, todo lo contrario… La última vez que monté un itinerario fue en 2019, con previsión de que íbamos a viajar en 2020, sin embargo, el destino decidió que ese año tampoco iba a ser… Y bien, ahora he vuelto a revisar los itinerarios que ya tenía apuntados para dar ya con el que será el itinerario definitivo porque este año ¡vamos a Japón sí o sí! Dado que Japón es uno de los países más visitados del mundo, resulta abrumadora la cantidad de información que se puede encontrar en internet ahora mismo… Hasta me aventuraría a decir que disponer de toda esta información incluso entorpece la organización del viaje, pues a veces cuesta decidir qué es lo que de verdad nos gustaría visitar y qué es lo que se supone que “debemos visitar” en Japón.

Y como todos tenemos intereses y gustos distintos, para nuestro primer viaje a Japón hemos decidido prescindir de lo que “no debemos perdernos” para centrarnos en lo que más nos interesa. Por eso hemos elegido visitar la región de Tohoku, una región menos conocida de Japón, con la intención de huir de las “masas” de turistas que visitan el país todos los años. Además, Tohoku reúne algunas de las tradiciones que más interés nos despierta, como por ejemplo la momificación en vida (momias sokushinbutsu) que se llevaba a cabo en la prefectura de Yamagata o la tradición de los namahages de Akita. Aunque no podremos presenciar el namahage porque se celebra en Año Nuevo, ni el Festival Namahage Sedo porque se celebra en febrero, sí visitaremos su museo. También haremos una incursión en la cultura Jomon en Aomori y tampoco nos olvidaremos de la historia de los samuráis, y para ello, visitaremos el castillo de Hirosaki, uno de los pocos castillos que siguen en pie sin renovaciones desde el período Edo, así como las ciudades de Kakunodate, Hiraizumi o Sendai.

Y como éste es nuestro gran sueño viajero, le dedicaremos un total de 24 días que hemos distribuido de la siguiente manera:

Logística viaje

En este viaje, igual que en Corea del Sur, nos desplazaremos en tren. Sin embargo, tras calcular aproximadamente los precios de los traslados y compararlos con el precio del JR Pass, hemos decidido que no adquirir el JR Pass. Finalmente, para poder tener más libertad en los desplazamientos sin tener que depender de los horarios del transporte público, alquilaremos coche en diferentes ciudades como Hiraizumi, Morioka, Aomori, Akita, Sakata y Tsuruoka.

Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Tohoku a bocados: sabores únicos del noreste de Japón

Experiencias en Japón: onsen ryokan

Experiencias en Japón: dormir en un shukubo

Lo que + nos gustó y lo que –. Tokio y Tohoku

Japón (Kioto y Kyushu) – el gran sueño viajero 2

Lo que + nos gustó y lo que -. Shanghai y Ruta de la Seda

Dividimos nuestro segundo viaje por China en dos partes bastante diferentes entre sí: por un lado, la modernísima Shanghai y los pueblos del agua (Suzhou y Zhouzhuang) y por otro, la Ruta de la Seda, que nos introdujo en la historia de las distintas dinastías chinas, pero sobre todo en el avance y la evolución del budismo. Fue un viaje de contrastes y de nuevas experiencias, del que hemos decidido resaltar lo que más nos gustó y lo que menos. ¡Empecemos pues!

Lo mejor:

+ Ver por fin los Guerreros de Terracota de Xi’an, esas esculturas archiconocidas, hechas de arcilla, de tamaño real y que presentan características propias y únicas. Definitivamente, es algo digno de ver al menos una vez en la vida.

+ Xi’an en general, su muralla, su barrio musulmán, sus templos… Desde luego fue nuestra ciudad favorita.

+ Conocer otra historia de la Ruta de la Seda: la del budismo, a través de las grutas y los templos. Viajamos con la idea de la Ruta de la Seda como ruta comercial, de intercambio de bienes, pero descubrimos que también fue una ruta de intercambios intangibles, como la cultura y la religión.

+ Las Grutas budistas que conocimos a lo largo de nuestro trayecto, como las de Bezeklik, Mogao, Maijishan o Longmen. Y de todas, las Grutas de Maijishan supusieron todo un desafío para mí.

+ La comida. La comida china siempre es sorprendente, sin embargo, en este viaje lo sorprendente, al menos para mí, fue encontrar platos con patata o con tomate. Aunque no me lo esperaba (debido a mi ignorancia), lo cierto es que los tomates y las patatas se llevan cultivando en China desde el siglo XVII.

+ Tomar el té en una casa de té en Tianshui, una experiencia única.

+ El skyline de Shanghai y los pueblos del agua, lugares que sin duda no hay que perderse en un viaje a China.

Lo peor:

̶ Algunas costumbres que aún no han cambiado desde la última vez que visitamos China, aunque sí son cada vez menos comunes, como escupir, eructar, o colarse…

̶ Aunque las ciudades de China son cada vez más amigables con los peatones, la cantidad de bicis, motos o ciclomotores circulando por las aceras, entorpecen el paso y hacen que el paseo sea un tanto agobiante.

̶  Los controles constantes, sobre todo en el transporte público.

̶ Las interminables colas para visitar las Grutas de Mogao en Dunhuang y los Guerreros de Terracota de Xi’an. Septiembre no es un mes de temporada alta, sin embargo, hay atracciones turísticas a las que da igual cuando vayas porque siempre están abarrotadas.

̶  La mala suerte que tuvimos con los museos. En Urumqi no llegamos a visitar el Museo de Xinjiang por el retraso de 5 h de nuestro vuelo, en Dunhuang por ser lunes (los lunes cierran la mayoría de los museos) y en Xi’an por no tener reserva.

̶  China es muy grande y se gasta mucho tiempo en los traslados, y aún más cuando hay retrasos. Un viaje por diferentes provincias, como el que hicimos, permite conocer un mayor número de ciudades, sin embargo, resulta agotador también.

̶  La sensación de habernos dejado mucha cosa por el camino, pero al final esto sería una razón para volver, ¿no?

Xi’an, entre el pasado y el presente

Xi’an, capital de la provincia de Shaanxi, es una de las tres ciudades más conocidas y visitadas de China, junto a Beijing y Shanghai. Fue una de las capitales imperiales antiguas de China, junto a Luoyang, Nankin y Beijing, sirviendo como centro de gobierno de diez dinastías como Zhou, Han, Sui, Tang o Ming. Fue fundada durante la dinastía Zhou bajo el nombre de Fenghao, cambiando al nombre de Chang’an durante la dinastía Han, cuando en 202 a.C. Liu Bang estableció allí la capital de su imperio. La actual ciudad de Xi’an fue reconstruida durante la dinastía Ming sobre los restos de la antigua ciudad de Chang’an. Se considera que fue el punto inicial y final de la Ruta de la Seda, o al menos, así lo fue durante los períodos en los que fue capital. Debido a su gran pasado y a los restos arqueológicos conservados, Xi’an fue declarada Ciudad Histórica del Mundo por la Unesco en 1981.

Pasamos en la ciudad cuatro días enteros (dos de los cuales los dedicamos a Xi’an y dos a visitar Tianshui y Luoyang) y dos medios días (uno al volver de Urumqi, y otro al volver de Dunhuang). El primer contacto con Xi’an lo tuvimos al volar desde Urumqi. Nuestro vuelo salió con 3 h de retraso, dejándonos poco margen para visitar la ciudad. Por suerte, esa noche dormimos en un hutong, cerca de la puerta sur de la Muralla de Xi’an, por lo que esa tarde aprovechamos para recorrerla. La Muralla de Xi’an fue construida entre 1374 y 1378, durante la dinastía Ming, con la finalidad de defender la ciudad de los posibles ataques de tribus bárbaras, y se encuentra en un perfecto estado de conservación. Tiene forma rectangular, con una longitud de aprox. 14 km, una altura de unos 12 m y una anchura de entre los 15 y los 18 m. Cuenta con cuatro accesos ubicados en cada uno de los puntos cardinales. Para acceder, hay que pagar entrada y se puede recorrer a pie o alquilando una bicicleta.

A la vuelta de Dunhuang, aprovechamos para visitar la Torre de la Campana y la Torre del Tambor, para luego pasear por el barrio musulmán y visitar la Gran Mezquita de Xi’an. La Torre de la Campana y la Torre del Tambor se encuentran a poca distancia entre sí y se puede comprar una entrada que combina el acceso a ambas torres. Las torres fueron construidas durante la dinastía Ming, en el año 1380, y tenían como finalidad señalar la hora y marcar los eventos importantes. Para llegar a la Torre de la Campana, se accede a través del paso subterráneo, el mismo a través del cual se accede al metro. Esta torre tiene una altura de unos 27 m y desde su terraza se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.

La Torre del Tambor se encuentra a unos 200 m desde la Torre de la Campana, y en su interior se pueden observar muebles antiguos, muchos tambores y otros instrumentos tradicionales.

Desde la Torre del Tambor, nos adentramos en el zoco, donde aprovechamos para cenar, y desde allí fuimos a la Gran Mezquita de Xi’an. Esta mezquita es una de las más grandes de China, y una de las más impresionantes con una mezcla musulmana y china muy original. La edificación data del año 742, durante la dinastía Tang, aunque fue restaurada durante las dinastías Ming y Qing. No se puede acceder a la sala de oración, pero sí se puede ver desde la entrada. Cuando nosotros fuimos estaban rezando en su interior, por lo que las puertas estaban cerradas, sin embargo, había unas pantallas a la entrada que mostraban su interior. No es necesario que las mujeres se cubran la cabeza para entrar al recinto.

Tras dedicar dos días a Tianshui y a Luoyang a las que nos desplazamos en tren desde Xi’an, empezamos el siguiente día visitando el templo Jianfu. En el mismo recinto al que se accede enseñando el pasaporte, se encuentran también la Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje (Small Wild Goose Pagoda) y el Museo de Xi’an. El templo fue construido por la emperatriz Wu Zetian en el año 684, tras la muerte de su primer marido, el emperador Gaozong, dedicado a los antepasados de la dinastía Tang. En sus orígenes, el templo recibía el nombre de Xianfu, y este cambió a Jianfu cuando Wu Zetian ascendió al trono. El templo recibió muchos peregrinos y con ellos llegó también una gran cantidad de textos budistas, o Sutras. Uno de los monjes más famosos fue Yi Jing que tradujo gran parte de estos textos. El templo sufrió un período de decadencia cuando en el siglo IX el emperador Wuzong inició una gran persecución al budismo.

La Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje tiene una forma piramidal con una altura de unos 43 m, distribuidos en 15 plantas. Fue construida durante el reinado de Zhongzhong entre los años 707 y 709 para albergar los Sutras traducidos por el monje Yi Jing. Inicialmente la pagoda se encontraba delante del templo de Jianfu, no en el mismo recinto, y tenía una altura de unos 45 m. La pagoda sufrió grandes daños durante varios terremotos ocurridos durante las dinastías Ming y Qing y fue restaurada numerosas veces.

El emperador Kanxi trasladó junto a la pagoda una campana fabricada en el año 1192. Esta campana pertenecía al templo Shangge, en la ciudad de Wugong, sin embargo, el templo fue destruido durante unas fuertes inundaciones. Recibe el nombre de Campana Matutina de la Pagoda del Ganso (Yanta Chenzhong) porque los monjes la tocaban cada mañana al hacer la llamada a la oración. Se puede pagar para tocar tres veces la réplica de la campana, ya que la original está guardada en el campanario del templo.

En el lado derecho del recinto se encuentra el Museo de Xi’an, de acceso gratuito, donde se exponen todo tipo de objetos relacionados con la ciudad de Xi’an, distribuidos en sus tres plantas: desde imágenes de buda, pinturas, esculturas, caligrafía, etc.

Desde el templo de Jianfu nos dirigimos al templo Daxingshan, uno de los templos más bonitos de Xi’an. No es un templo muy turístico y se nota, sin embargo, sus edificios y sus jardines son impresionantes. Fue construido entre 265 y 289 d.C. y sigue activo en actualidad.

La siguiente parada fue el Museo de Historia de Shaanxi, pero volvimos a tener mala suerte, igual que en Urumqi o en Dunhuang. Se permite el acceso de 6000 personas/día, con reserva previa. Para los extranjeros resulta difícil reservar, ya que la página está solamente en chino y se necesita un número de teléfono chino para poder finalizar la reserva. Se puede probar de ir directamente como nosotros, aunque, es muy probable que os pase lo mismo que a nosotros, y os nieguen la entrada. Otra opción es coger un tour que incluya la visita al museo.

Decepcionados por no haber podido visitar el museo, nos dirigimos al templo Da Ci’en, famoso por tener en su recinto la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Giant Wild Goose Pagoda). A diferencia de los dos templos anteriores, a éste se accede pagando una entrada. El templo fue construido en el 648 d.C. por el emperador Gaozong en honor a su madre, la emperatriz Wende. Tras la caída de la dinastía Tang el templo fue destruido, datando los edificios actuales de la dinastía Qing.

Sin embargo, la Gran Pagoda de la Oca Salvaje es originaria de la dinastía Tang. Esta pagoda fue construida en el año 648 d.C. sobre una base cuadrada y se alza hasta una altura de casi 65 m. Entre 701 y 705 d.C. la emperatriz Wu Zetian añadió cinco plantas más al edificio existente que ya disponía de cinco plantas, alcanzando un total de 10, aunque posteriores terremotos destruyeron tres de las nuevas plantas. Se puede acceder al interior de la pagoda pagando una nueva entrada, aunque en su interior no hay mucho que ver… Cada planta cuenta con cuatro ventanas, una en cada lado de la torre, desde las cuales se puede ver la ciudad de Xi’an. El 22 de junio de 2014 la pagoda fue incluida en la lista de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

En el año 652, el emperador Taizong mandó guardar en su interior las escrituras y reliquias budistas que el monje Xuan Zang (monje que nació en Luoyang y que pasó por la ciudad de Gaochang) trajo de la India tras su peregrinación. El salón Xuan Zang Sanzang alberga la Sarira o reliquia de Xuan Zang y una estatua de bronce del monje. Los frescos pintados sobre las paredes de la sala representan su peregrinaje a través de la Ruta de la Seda.

Para nuestro último día en Xi’an, cogimos un hotel cercano al palacio Hua Qing para poder disfrutar de las aguas termales de las que es famosa esta zona. Las fuentes fueron descubiertas durante la dinastía Zhou Occidental y se considera que el agua puede curar varias afecciones de la piel e incluso dolores musculares. En el hotel en el que nos alojamos nos pusieron leche y pétalos de rosas en la bañera llena de agua sulfurosa.

Por lo tanto, nuestro último día en Xi’an lo aprovechamos para visitar el palacio Hua Qing, al que fuimos caminando desde nuestro hotel. Con la misma entrada se puede acceder las veces que se quiera durante el día, escaneando la cara en la máquina de la entrada. La historia de los baños se remonta a casi 3000 años, siendo una zona preferida por muchos emperadores de varías dinastías para ubicar sus palacios. Durante la dinastía Tang fue cuando el palacio recibió del nombre de Hua Qing y parte de las edificaciones anteriores fueron restauradas.

El palacio es famoso por el romance entre el emperador Xuanzong y su concubina Yang Guifei, a quien el emperador dio el honor de bañarse en las piscinas de Hua Qing. Estas piscinas imperiales aún se conservan. Aunque no se permite el baño, hay unas pequeñas estancias en las que se permite, previo pago, remojarse los pies en las aguas termales.

Saliendo del recinto se puede subir en teleférico a la parte alta de la montaña. Nosotros teníamos intención de subir en teleférico y bajar por el camino que serpentea por la montaña entre varias edificaciones, pero nos llevamos una sorpresa al ver que el camino estaba cerrado y no se permitía bajar caminando. Aprovechamos para salir de la zona del teleférico para visitar los templos y pabellones que hay en el lado derecho. Se pueden visitar a pie o pagando un autobús que hace paradas en los diferentes puntos de interés.

Para bajar volvimos a coger el teleférico, aunque nos costó encontrar a alguien que nos vendiese los billetes, ya que la mayoría de la gente ya los compra inicialmente de ida-vuelta y muchas veces simplemente suben para ver las vistas de la ciudad y vuelven a bajar.

Si es solo por las vistas, la verdad no creo que valga mucho la pena subir. Si la intención es bajar caminando como fue la nuestra, tampoco os lo recomiendo porque os puede pasar como a nosotros, que os encontréis el camino cerrado. Ahora si os interesan los demás edificios (marcados en rojo en el mapa), entonces sí, vale la pena subir.

Tras esta visita, cogimos el autobús delante del palacio y nos dirigimos por fin a los Guerreros de Terracota. Para visitar el museo se debe comprar una entrada con anterioridad ya que el número de visitantes está restringido, sin embargo, en este caso, las entradas se pueden comprar fácilmente a través de Trip. Una vez en las taquillas, se presenta el pasaporte para recibir la entrada física con la que se puede acceder al recinto. Con la entrada se pueden visitar el Mausoleo del emperador Li Shan y las tres fosas en las que se encuentran los guerreros. A parte de la entrada, se puede pagar un coche eléctrico, para el trayecto que une las taquillas con el museo.

El ejército está compuesto de miles de estatuas en tamaño real hechas de arcilla que sirvieron de guardianes durante la vida después de la muerte del emperador Qin Shi Huang (259-210 a.C.). La Fosa 1 es la más grande y la más importante, ya que en ella se conservan unos 6000 guerreros. La fosa 2 cuenta con unos dos mil guerreros y en los laterales se pueden ver algunos guerreros protegidos en vitrinas de cristal, mientras que la fosa 3 es la más pequeña, con unos 70 guerreros. En 1987 fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Y con esto, dimos por finalizada nuestra visita a Xi’an y también nuestra Ruta de la Seda china. Desde nuestro hotel, nos esperaron unas 2 h de trayecto en metro, cambiando 4 líneas distintas hasta llegar al aeropuerto para nuestro vuelo a Beijing y desde allí a Barcelona, sin embargo, valió la pena tanto por poder disfrutar de las aguas termales como por ver uno de los emblemas más fascinantes de China. Sin embargo, no vamos a despedirnos para siempre de este gran país, porque nunca se sabe cuándo vayamos a volver… ¿Puede que dentro de otros 13 años? Quién sabe…

Luoyang, una de las capitales imperiales de China

Luoyang, ciudad de la provincia de Henan, fue una de las 4 capitales antiguas de China y capital imperial durante 13 dinastías. La ciudad fue construida durante el siglo XI a.C. bajo el nombre de Chengzhou, e igual que Tianshui, cambió varias veces de nombre, desde Dongu durante la dinastía Tang, a Henenfu durante la dinastía Qing, recuperando su actual nombre en 1912. Durante la Ruta de la Seda comercializaba con papel, pólvora, té y arroz, entre otros productos, e igual que en las otras ciudades que visitamos durante nuestra Ruta de la Seda, el budismo jugó un papel importante en su historia. Prueba de ello son el Templo de Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China, y las Grutas de Longmen, inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Y por estas dos razones, dedicamos un día de nuestro itinerario a esta ciudad. Igual que a Tianshui, llegamos a Luoyang desde Xi’an en el tren de alta velocidad en aproximadamente 1,5 h.

Nuestro primer destino fueron las Grutas de Longmen. Las grutas se encuentran a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar a la oficina de venta de entradas en autobús o en taxi. Con el precio de la entrada se pueden visitar las Grutas, el templo Xiangshan, reconstruido durante la dinastía Qing, y el Jardín Bai, construido en homenaje al poeta Bai Juyi (772-846) cerca de su tumba. Adicionalmente se puede pagar un coche eléctrico (electric car) para ir desde la oficina a la entrada al área escénica, ya que la distancia entre ambas es de unos 3 km, y es lo que hicimos nosotros. Igualmente, si preferís no pagar por el traslado, podéis ir perfectamente a pie.

Las Grutas de Longmen son consideradas unas de las grutas de más renombre de China, junto a las Cuevas de Mogao en Dunhuang y las de Yungang de Datong. Su construcción se inició en el año 494 d.C. durante la dinastía Wei del Norte, cuando el emperador Xiaowen decidió trasladar la capital imperial desde Datong a Luoyang, y continuó durante las dinastías Tang, Ming y hasta Qing. Extendiéndose un kilómetro a lo largo del río Yi, en las laderas de las montañas Xiang y Longmen, el complejo cuenta con aproximadamente 2345 grutas y nichos, 2800 inscripciones, 40 pagodas y cerca de cien mil imágenes de Buda, discípulos y bodhisattvas. Las esculturas oscilan entre los 25 mm y los 17 m de altura distribuidas entre las diversas grutas y las pequeñas hornacinas devocionales. La mayoría de ellas fueron encargadas por los emperadores, sin embargo, entre los mecenas contaban también miembros de la familia real, familias ricas y grupos religiosos, como también pudimos ver en las otras grutas que visitamos. Aunque sus inicios se remontan a la dinastía Wei del Norte, fue durante la dinastía Tang que alcanzó su máximo apogeo, excavándose durante este período un 60% de las cuevas.

Unas de las grutas más antiguas, que corresponden a la dinastía Wei del Norte, son las de Guyang, Binyang y Linhua. La Gruta de Guyang es la más antigua del complejo y está compuesta por 3 niveles de nichos decorados con cientos de estatuas. Lo interesante de estas estatuas es que aparece gravado el nombre del artista que las esculpió, la fecha de su creación, así como la razón por la que las hicieron. Por otro lado, la Gruta de Lianhua, destaca por la gran flor de loto, uno de los símbolos del budismo, esculpida en el techo. Y, finalmente, cuentan que para la Gruta de Binyang, el emperador Xuanwu organizó 800.000 trabajadores con la intención de concluir su obra en tres años. En ella se encuentra Buda Shakyamuni rodeado por discípulos y bodhisattvas.

Gruta Binyang

Sin embargo, lo que más destaca del conjunto es la Gruta de Fengxian, la más grade de todas, construida por orden de la única emperatriz de la historia de China, Wu Zetian, durante la dinastía Zhou, de la que ella fue la única representante. En ella se puede admirar una gran escultura de Buda Vairocana rodeado por dos discípulos, Kasyapa y Ananda, dos Bodhisattvas y cuatro guardianes. De mismo período data también la Cueva Wanfu o de los Diez Mil Budas estructurada en dos estancias con techos cuadrados y con las paredes norte y sur decoradas con 15.000 pequeños Budas. En el centro se encuentra una gran escultura de Buda Amida o Amitabha sentado sobre un gran loto, rodeado bodhisattvas y apsaras.

Gruta Wanfo

Igual que en las otras cuevas que visitamos, Longmen, a pesar de haber sobrevivido al clima, a las guerras y a las campañas antibudismo, no se salvó de los saqueos y muchas de sus esculturas han sido desfiguradas para ser expuestas en museos extranjeros. Aún así, lo que queda en pie merece muchísimo una visita. Desde la otra orilla, cruzando el río Li en dirección al templo Xiangshan, se puede disfrutar de la mejor vista panorámica de las Grutas. Desde esa orilla, también se toma el coche eléctrico para volver al centro de visitantes.

Nuestra siguiente parada fue el Templo del Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China. Fue construido en el año 68 d.C. por orden del emperador Ming durante la dinastía Han Oriental, aunque de la construcción original se conserva poco. El templo fue reconstruido durante varias dinastías, siendo la última en el siglo XVI, después de la Revolución Cultural. Este templo está situado a otros 12 km desde el centro de la ciudad (en dirección opuesta a las Grutas de Longmen). Aunque el nombre nos recordó a la Pagoda del Caballo Blanco que visitamos en Dunhuang, lo cierto es que no tienen nada que ver, siendo la Pagoda una construcción posterior al templo y refiriéndose a otro caballo blanco, aunque las historias son parecidas. El Templo del Caballo Blanco recibe el nombre de los caballos blancos con los que dos monjes budistas indios, Kasyapa Matanga y Dharmaratna o Gobharana, trajeron escrituras budistas (entre las cuales, el Sutra de 42 capítulos), reliquias y estatuas de Buda al templo. El monje Gobharana fue el encargado de traducir el Dasa Bhumi o las Diez etapas de la perfección y otros 5 sutras. Junto a él, los otros 1000 monjes budistas que llegaron a vivir en el templo, también se encargaron de traducir los textos procedentes de la India, estableciendo así los fundamentos del budismo en China. Asimismo, el monje Xuan Zang, del que ya os hablé, inició su peregrinaje a la India, que duró 16 años, desde este templo. Al finalizar su peregrinaje, Xuan Zang volvió al Templo del Caballo Blanco, donde vivió hasta su muerte.

Además de las construcciones principales, como los pabellones budistas, la Torre de la Campana, la Torre del Tambor o la Torre que Alcanza las Nubes, también se pueden visitar las tumbas de los dos monjes que llegaron de la India. Y, tras pasear por los recintos y sus jardines, se puede tomar un vaso de té caliente gratis. Simplemente es llegar, tomar un vaso y servirse un poco de té. El único requisito es tomarlo en silencio.  

Otra particularidad de este templo es que se exponen también un templo budista tailandés (construido en 1992), un templo indio (construido en 2005) y uno birmano (construido en 2008), todos fruto de proyectos de cooperación cultural entre estos países y China. Lo interesante es ver cómo la arquitectura y las figuras de los Budas varían según el país, a pesar de ser todos ellos budistas.

Nuestra última parada en Luoyang fue el casco antiguo, Luoyang Meishuguan, que está construido alrededor de dos calles que se cruzan en forma de cruz. Nosotros lo visitamos por la tarde, antes de tomar el tren de vuelta a Xi’an, sin embargo, por la noche es cuando mejor se puede disfrutar. Aquí se pueden comprar algunos recuerdos o probar comida local.

En la esquina sureste del casco antiguo (siguiendo la calle principal, a mano derecha), se puede acceder al casco antiguo de Luoyi (Luoyi Ancient City), una zona recientemente reconstruida por la que es agradable pasear. Para acceder a esta zona se debe enseñar el pasaporte (no se paga entrada).

Y con esto dimos por finalizada nuestra corta visita a Luoyang, tomando por la noche el tren de vuelta a Xi’an.

Tianshui, el corazón de China

Tianshui es una ciudad situada en la provincia de Gansu, igual que Dunhuang, sin embargo, ambas ciudades no pueden ser más diferentes. Esta ciudad se extiende a lo largo del río Wei, entre la meseta de Loess y las montañas de Qinling, y es la segunda ciudad más grande de la provincia, por detrás de la capital provincial, Lanzhou. Ha jugado un papel importante en la historia de China, y se llegó a decir que Tiangshui era el corazón de China y también del mundo entero. La ciudad se convirtió en una región importante de la Ruta de la Seda durante la dinastía Qin, alcanzando su apogeo durante la dinastía Tang. Aquí nació el gran general Li Guang, el mismo que al clavar su espada en las dunas de Dunhuang hizo brotar el agua que dio lugar al Manantial de la Luna Creciente, y más importante aún, aquí nació también Fuxi, el antepasado de la nación China, cuya primera representación, junto a su hermana Nuwa, vimos en nuestra visita a las tumbas de Astana. A lo largo de las diferentes dinastías, la ciudad cambió varias veces de nombre, recibiendo el nombre de Tianshui durante la dinastía Han, el nombre de Hanyang durante la dinastía Wei o el de Shanggui durante la dinastía Tang.

Dedicamos a esta ciudad solamente un día. Llegamos desde Xi’an en el tren de alta velocidad en un corto viaje de unas dos horas y media, por la mañana temprano, y volvimos a Xi’an por la noche. Nuestro principal objetivo eran las Grutas de Maijishan, conocidas también como el Museo de Esculturas Orientales, y que forman parte del Corredor de Grutas de Tianshui. También son consideradas como unas de las grutas budistas más hermosas de China, junto a las Grutas de Mogao, las Cuevas Bezeklik, o las Grutas de Longmen que visitamos durante nuestro paso por la Ruta de la Seda. Fueron incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2014.

Desde la estación de tren se puede llegar fácilmente en autobús o en taxi hasta la oficina de venta de entradas. Con la entrada normal se pueden visitar todas las cuevas excepto las cuevas especiales, a las que se puede acceder pagando un plus. A esto se le puede sumar un shuttle bus que enlaza la oficina con la entrada a las cuevas. Nosotros no pagamos el extra para ver las grutas especiales, ya que yo tengo miedo a las alturas y no sabía si iba a ser capaz de subir a verlas, pero sí que cogimos el billete para el shuttle bus para ahorrarnos parte del trayecto a pie. Igualmente, desde la parada del shuttle bus hasta la entrada a las cuevas hay que caminar cuesta arriba unos 15 min.

La primera referencia a las Grutas de Maijishan se encuentra en las Bibliografías de los Monjes Eminentes, escrito que data del año 519 d.C. En él se hace referencia al primer monje budista en llegar a Maijshan, Tanhung, al que le siguieron otros cien monjes entre los años 420 y 422 d.C. Posteriormente, otro monje budista, Xuangao, trajo consigo 300 monjes más. Debido a las persecuciones antibudistas, alrededor del año 440 d.C, y las posteriores guerras, la zona quedó abandonada. Sin embargo, el budismo no desapareció y los monjes fueron excavando la pared totalmente vertical de la montaña Maiji, de unos 100 m de altura, hasta crear un conjunto de 194 cuevas (44 en el lado este y 150 en el lado oeste de la montaña) que comprenden más de 7.200 esculturas budistas y 1.300 m² de pinturas murales que corresponden a diferentes dinastías. Dentro de las cuevas se encontraron, además, más de 2000 objetos, desde cerámica, libros, hasta documentos e imágenes antiguas. A pesar de las condiciones climatológicas, los terremotos y los diferentes períodos de persecuciones antibudistas y períodos bélicos, las grutas se encuentran en un buen estado de conservación. Fueron redescubiertas en 1953 por un equipo de arqueólogos chinos guiados por Chan Shu-Song, director del Instituto de Investigaciones de Dunhuang.

Se accede a las cuevas a través de un sistema de escaleras que sube a lo largo de 10 niveles, con el punto más bajo situado a los 20 m de altura y el más alto a los 80 m, por lo que visitar las Grutas de Maijishan es todo un desafío, más si tenéis miedo a las alturas como yo. Aunque debo decir que la experiencia resulta aterradora e increíble a partes iguales. El circuito es cerrado, o sea que se asciende por el lado oeste y se baja por el lado este. Del conjunto destacan sobre todo las tres grandes estatuas de Buda de la dinastía Sui (581-618) que se pueden ver desde la lejanía. En cuanto a las demás cuevas, las hay de todos los tamaños, siendo la más grande de 31 m de alto y de ancho. No se puede acceder al interior de las cuevas y muchas solamente pueden verse a través de una rejilla. Nosotros descubrimos que acercando el móvil a la rejilla con la cámara puesta se puede ver perfectamente el interior. Las esculturas policromadas también varían en tamaño, midiendo la más alta unos 16 m y la más pequeña tan solo 10 cm. Las estatuas están hechas de arcilla y piedra sobre un nervio de madera o sobre un armazón de piedra sin desbastar de diversas apariencias según la dinastía en la que fueron modeladas. La imagen más frecuentemente representada es la del Buda Amitabha, flanqueada por Avalokiteshvara y Mahasthamaprapta, un claro ejemplo del budismo amidista. Otros conjuntos representan al Buda del pasado, el Buda del presente y el Buda del futuro o bien a Buda flanqueado por Bodhisattvas y discípulos.

No había tanta gente como en las Cuevas de Mogao, pero tampoco éramos los únicos visitantes como en las Cuevas de Bezeklik, por lo que la visita discurrió con fluidez. Antes de la hora de comer ya habíamos salido, así que nos dirigimos al centro de Tianshui para seguir con nuestra visita antes de coger el tren de vuelta a Xi’an. La siguiente parada fue la antigua residencia de la familia Hu, construida durante la dinastía Ming (1368-1644), por el funcionario Hu Laijijn y hijo Hu Xi. Lo destacable de esta residencia es la arquitectura tradicional china conocida como siheyuan o patio cuadrangular, que no es común en el noroeste del país. La residencia está formada por varias estancias, algunas correspondientes a la familia, otras a los visitantes, y otras dedicadas al servicio. Está decorada con los muebles de la época, lo que permite hacerse a la idea de cómo era el estilo de vida de los nobles durante la dinastía Ming.

Desde la residencia de la familia Hu nos dirigimos al templo de Fuxi, que, a diferencia de otros templos que visitamos, no es de acceso gratuito. Se trata de un antiguo templo de la dinastía Ming fundado en 1483 en honor a Fuxi, considerado el padre del pueblo chino. Todo el complejo está orientado al sur y los edificios principales y las numerosas puertas están distribuidas en un eje horizontal, una característica distintiva de este templo ya que, dado que Fuxi fue considerado como el primero emperador, su templo está distribuido como un palacio.

En el templo principal se encuentra una estatua de Fuxi rodeada de símbolos tradicionales como murciélagos, dragones y peonías tallados en la elegante carpintería. En el techo del templo están pintados los Ocho Diagramas de Taiji (el principio generador de todas las cosas según la filosofía china tradicional, del que surgen el yin y el yang) y sus cuatro bordes están divididos en 64 celdas, correspondientes cada una los 64 hexagramas, combinación variable de ocho trigramas (Ba Gua, combinación de tres líneas discontinuas usadas en la adivinación china) utilizados en el I Ching. La creación de estos símbolos se le atribuye a Fuxi.

Cuenta la leyenda que Fuxi y Nuwa, su hermana, fueron los únicos supervivientes de un gran diluvio, por eso se convirtieron en los ancestros de toda la humanidad. Fuxi es considerado un emperador legendario de la antigua China, junto a Shennong y Huangdi, héroe nacional y uno de los dioses primitivos más poderosos de la mitología china. También se le considera el creador humano de muchos grupos étnicos como los Han, Miao, Yao, Tuija, Maocan o Shui, y se le atribuyen todo tipo de inventos como el calendario, la escritura, las normas del matrimonio, las leyes, la agricultura, la ganadería, y muchos, muchos otros inventos. El primer mes del calendario lunar se celebra el Festival Renzu de un mes de duración para celebrar el cumpleaños de Fuxi.

Tras visitar el templo, como aún teníamos tiempo, entramos en el casco antiguo de Tianshui (Tianshui Ancient City), cuya entrada se encuentra al lado del templo. Aquí podéis pasear por sus calles, disfrutar de la arquitectura y la gastronomía tradicional y pasar el rato en algunas de sus casas de té. De esto ya os hablé en la crónica Saboreando China, pero es que vale totalmente la pena. La casa de té a la que fuimos (que está cerca de la entrada) tenía unos jardines preciosos, y nos sirvieron el té junto a frutos secos y pasteles.

Y con esto dimos por finalizado nuestro intenso día por Tianshui. Volvimos a la estación para coger el tren de vuelta a Xi’an, donde llegamos prácticamente de noche.

Dunhuang, la ciudad del desierto

Dunhuang es una ciudad situada en la provincia de Gansu, al oeste del Corredor Hexi. Este oasis situado en el desierto de Gobi ocupó un lugar importante en la Ruta de la Seda, tanto por ser un punto de unión entre diferentes países como por ser un punto estratégico en la historia de China. En el año 111 a.C. Dunhuang pasó a ser ciudad guarnición bajo el control de la dinastía Han, liberando desde entonces muchas batallas por el control del lugar. Como resultado, en la región aún se conservan evidencias de las defensas erguidas por esta dinastía y, posteriormente, por la dinastía Tang, como secciones de muralla, torres de vigilancia y numerosas ruinas de fortalezas. Unida a la historia bélica del lugar está también la de los transeúntes que iban y venían usando las rutas del desierto y para los que, Dunhuang, suponía un importante nudo de conexión. Y con estos viajeros llegó también el budismo desde India e hizo que Dunhuang se convirtiera en un notable centro religioso.

Por estas razones, Dunhuang no pudo faltar en nuestra ruta, aunque nuestra visita fuera fugaz. Tras un corto vuelo de unas 2,5 h desde Xi’an pisamos por fin esta ciudad del desierto. Para ir del aeropuerto al centro solamente hay un autobús (o taxi, claro). En nuestro caso, el hotel que habíamos elegido ofrecía un servicio de pick-up gratuito, por lo que, el día anterior, dimos los detalles al hotel y nos vinieron a buscar, y, tras dejar las maletas en la habitación empezamos nuestra aventura. Para nuestra sorpresa, la ciudad en sí no tiene mucho interés, aunque está en pleno crecimiento, sobre todo por la construcción de nuevos hoteles dada su gran popularidad… La mayoría de los puntos de interés se encuentran a las afueras de ciudad, sin embargo, hay ciertas excepciones que detallaremos a continuación. Una de ellas son las Dunas de Arena Cantante (Mingsha Shan) y el Manantial de la Luna Creciente (Yueyaquan), un conjunto situado a unos 6 km del centro de la ciudad y al que se puede llegar en autobús o caminando, dependiendo de dónde esté situado el hotel. Se trata de una de las principales atracciones de Dunhuang que atraen cada año miles de turistas. Con la entrada se puede acceder durante 3 días consecutivos.

Pero vayamos por partes. Lo primero que nos encontramos al entrar son las Dunas de Arena Cantante, que reciben su nombre por el sonido que produce la arena al moverse con el viento. Una leyenda cuenta que, durante una batalla entre los ejércitos Han y Xiongnu, una ráfaga de viento enterró a los guerreros, sin embargo, éstos siguieron luchando bajo la arena, provocando así el sonido de las dunas. Se puede subir a la duna que se encuentra delante del Manantial de la Luna Creciente, pero no a las dunas circundantes, ya que el deslizamiento de la arena podría romper el frágil equilibrio que hay entre el agua y las dunas. Hay incluso una escalera de madera preparada para facilitar el ascenso. Desde la cima se puede disfrutar tanto una espectacular vista del lago, como también del mar de dunas. En esta parte se ofrece multitud de otras actividades, como surf en las dunas, karting, paseos en helicópteros y muchas otras.

El Manantial de la Luna Creciente es un lago con forma de semiluna situado a los pies de las Dunas de Arena Cantante. Sobre su aparición también hay una leyenda que cuenta que, durante la dinastía Han Occidental, los soldados capitaneados por el general Li Guang, tenían demasiada sed para seguir su marcha y, por esta razón, el general desenvainó su espada y la clavó en la arena provocando que el agua brotara. Aunque esto evidentemente no es real, las primeras referencias al Manantial de la Luna Creciente datan justamente de la dinastía Han (202 a.C.-220 d.C.) por lo que este oasis lleva más de 2000 años sin ser engullido por las arenas. Lo que más nos impresionó fue la presencia de peces en el agua, ya que no esperábamos que los hubiera… Otra leyenda cuenta que estos peces pueden curar enfermedades que son difíciles de curar.

Al lado del manantial se encuentra el Pabellón Mingyue, formado por una pagoda de arquitectura tradicional Tang y un pequeño templo, ambos reconstruidos en 1990, así como una campana de reciente incorporación. Sin embargo, el actual Pabellón Mingyue es solo una reminiscencia de lo que antaño fue, ya que durante la dinastía Tang, cuentan que había un gran complejo de salas y torres que daban la bienvenida a los visitantes.

Tras disfrutar de este enclave, fuimos a comer y, después, pretendíamos visitar el Museo de Dunhuang, pero no tuvimos suerte, ya que el museo cierra los lunes… En fin, otro museo que se nos escapó… Tras una breve búsqueda sobre qué más podríamos visitar en Dunhuang, decidimos ir caminando hasta la Pagoda del Caballo Blanco, ya que está relativamente cerca del museo. Nos sorprendió que tras cruzar el río aparecimos en medio del campo, dejando atrás la ciudad. Llegamos a la entrada justo cuando un grupo de turistas chinos estaba saliendo, por lo que, cuando entramos no había nadie más, aparte de nosotros. Se trata de un pequeño jardín con árboles frutales y una pagoda. La pagoda tiene una altura de 12 m y una anchura de 7 m y un total de 9 pisos, todos diferentes. Fue reparada en numerosas ocasiones.

Esta pagoda fue construida en 386 d.C. en honor a Tianliu, el caballo blanco que acompañó al monje budista Kumarajiva en sus travesías, y que murió en Dunhuang a la edad de 9 años (por eso la pagoda tiene 9 pisos). El monje Kumarajiva es una figura importante en la historia del budismo, ya que llevó el Sutra del Diamante desde Kucha a Dunhuang y la tradujo, convirtiéndose en la versión más leída y copiada en China. De hecho, una de las copias del Sutra del Diamante fue encontrada en la cueva biblioteca (Cueva 17) de las Cuevas de Mogao.

Después de esta visita dimos un paseo por la orilla del río que, tanto durante el día como durante la noche, ofrece vistas increíbles.

Sobre las 20:00 h abre el mercado nocturno de Shazhou, y nosotros no nos lo quisimos perder. El mercado está dividido en 3 partes: una parte con puestos de artesanía, un mercado de fruta y una parte de comida, donde se pueden probar platos típicos de la zona.

Al día siguiente, visitamos las famosas Cuevas de Mogao o las Cuevas de los mil Budas. Mogao fue un emplazamiento religioso budista importante fundado en el año 366 d.C. cuando el monje Le Zun tuvo una visión de mil Budas brillando en este mismo lugar. Éste decidió excavar una pequeña cueva en el acantilado que domina el río Daquan (río estacional, no alberga siempre agua) para meditar y a él se unieron más monjes, dando lugar así a las cuevas de Mogao. Durante los 6 siglos posteriores (bajo 10 dinastías), además de las cuevas reservadas para el descanso y la meditación, se fueron excavando muchas otras cuevas que se adornaron con pinturas y estatuas de estuco policromado de Buda, y, donde se fueron guardando manuscritos y otros documentos budistas. De un total de 700 cuevas, 492 cuevas albergan más de 45.000 m2 de frescos y 2000 esculturas. Si bien, algunas cuevas fueron restauradas durante la dinastía Qing, el estado de conservación es notable, gracias, en parte, al clima seco del desierto. Durante la dinastía Ming, las cuevas quedaron abandonadas hasta que un ciudadano chino, Wang Yuanlu, descubrió la pequeña cueva biblioteca y los documentos antiguos que albergaba (desde documentos religiosos, hasta literatura, asuntos militares, crónicas locales, entre otros). Ni los funcionarios ni los gobernadores locales dieron importancia a estos documentos, sin embargo, sí atrajeron la atención de arqueólogos occidentales que empezaron a analizar (y a llevarse) estos documentos antiguos. Muchos de ellos se encuentran en el British Museum. Desde 1987, las cuevas de Mogao forman parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Cuevas dedicadas a meditación

El centro de visitantes se encuentra a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar perfectamente en autobús, sin embargo, antes de nada, hay que tener en cuenta que el cupo máximo de visitantes está limitado a 6000/día. Aunque se recomienda reservar la entrada con antelación, para los extranjeros es muy difícil ya que se necesita un número de teléfono chino y registrarse a la página web oficial (que está en chino). Otra opción es ir temprano para ver si quedan plazas libres ese día o coger un tour, si no queréis arriesgaros a quedaros sin entrada. También hay que tener en cuenta que en temporada baja hay más posibilidades de entrar que en temporada alta, cuando muy probablemente el cupo ya esté lleno. Existen dos opciones de entrada: una entrada express con la que se visitan 4 cuevas con guía en chino y una entrada que permite el acceso a 8 cuevas con guía en inglés. En ambos casos, las cuevas se asignan al azar, aunque las cuevas más famosas casi siempre tocan.

Este día volvimos a tener mala suerte. El 10 de septiembre es festivo en China, por lo que nos encontramos con autobuses y más autobuses de grupos de chinos con la misma intención que nosotros y nos tocó esperar y esperar y esperar… No fue hasta las 13:00 h que por fin conseguimos entrar. Primero se accede a una sala para visionar un vídeo de unos 20 min sobre la Ruta de la Seda y la importancia de Dunhuang dentro de esta ruta. Luego se accede a una nueva sala 360º en la que explican la historia de las cuevas de Mogao y el significado de los frescos de algunas de las cuevas más importantes, durante otros 20 min. Antes de entrar a la primera sala hay que pedir una audioguía que traduce al inglés, porque la explicación es en chino. Después de esta introducción se debe hacer cola para coger un bus lanzadera hasta las cuevas (unos 13 km de trayecto).

Una vez llegados a la entrada, se asigna un/a guía (obligatorio) a cada grupo, por lo que tuvimos que volver a esperar a que se juntara más gente que hablara inglés para poder entrar. Según nos dijeron, hay pocos guías que hablen en inglés. Vimos entrar y salir a multitud de grupos chinos, hasta que finalmente pudimos entrar con nuestra guía en inglés junto a un par de grupos de malayos. Las cuevas que nos tocaron fueron las 16-17, 328, 329, 334, 428, 454 y 096. No se pueden hacer ni fotos ni videos dentro de las cuevas. La guía va abriendo las cuevas una a una y dentro, a oscuras, va iluminando con la linterna las partes de la cueva sobre las que va explicando.

Normalmente se combinan cuevas de diferentes épocas y estilos para poder observar como la arquitectura de las cuevas y la iconografía fue cambiando a lo largo de los siglos. Si bien las más antiguas muestran claras influencia de los modelos budistas indios, con el paso del tiempo, estos rasgos se fueron adaptando a los motivos iconográficos tradicionales chinos. Parte de las cuevas también se pintaron gracias a generosos patrocinios imperiales, por lo que, muchas veces las esculturas de los Budas tenías rasgos o características similares al emperador que las patrocinó. Los frescos de las cuevas ilustran detalles de las jataka (relatos budistas que explican las anteriores encarnaciones de Buda), o de las sutras (discursos de Buda), pero también evidencias de sus mecenas. Estas pinturas, igual que las pinturas cristianas, tenían como finalidad instruir en el budismo a aquellos que no sabían leer. Las cuevas 16 y 17 son dos cuevas juntas, una de las cuales es la pequeña cueva biblioteca en la que Wang Yuanlu encontró los valiosos documentos, sin embargo, actualmente solo se encuentra una escultura del monje budista Hongbian. Curiosamente uno de los documentos encontrados (una crónica local) hacía referencia a las Cuevas de Bezeklik que visitamos en Turpán. Por otro lado, la cueva 096 alberga la tercera estatua de Buda antigua excavada en roca del mundo, siendo la más grande la del Gran Buda de Leshan.

Una vez acabado el tour por las cuevas, volvimos a coger el autobús hasta la entrada y desde allí volvimos al hotel. Con todo acabamos sobre las 18:00 h, por lo que este día tampoco pudimos ir al museo de Dunhuang… Al día siguiente, por la mañana, volvimos a Xi’an.