Gastronomía coreana – un placer para los sentidos

La gastronomía coreana destaca por su sabor equilibrado y delicado, por su bella presentación, y por la frescura y la calidad de sus ingredientes. Es una cocina muy variada que emplea como base arroz (bap), avena (juk) o fideos (guksu), junto a verduras, carnes (sobre todo, ternera y cerdo), pescados y mariscos. Una particularidad es la cantidad de platos pequeños que normalmente acompañan al plato principal. Estos platos se conocen con el nombre de banchan y pueden variar, aunque hay uno que nunca falta: el kimchi. El término kimchi se refiere a vegetales fermentados, normalmente muy picantes, entre los cuales destaca la col, aunque se pueden encontrar también de rábano u otros vegetales.

Bulgogi con arroz y banchan

Me aventuraría a decir que el plato coreano por excelencia es el bibimbap. Es el plato más conocido y que se puede degustar en prácticamente en cualquier lugar: en el avión volando a Corea del Sur, en los templos budistas e incluso en las saunas coreanas. Este plato se prepara principalmente con arroz y otros ingredientes como carne o pescado, verduras y huevo, al que se le añade aceite de sésamo y se mezcla a gusto con pasta de pimiento rojo picante. Normalmente se sirve acompañado de un pequeño bol de caldo y de algunos banchan. Como es de esperar, nunca falta el kimchi. Mi favorito fue el bibimbap con carne cruda o yukhoe bibimbap.

Otras dos experiencias culinarias coreanas que no os podéis perder son la barbacoa coreana y los platos de carne o pescado crudos. Pero empecemos por la barbacoa coreana. Ésta recibe el nombre de samgyeopsal y consiste en carne de ternera o cerdo asada y acompañada por multitud de banchan, salsa y sal para aderezar la carne. Esta carne se prepara al momento en unas parillas de carbón incorporadas en la mesa o sobre parillas eléctricas portátiles. Y lo que hay que tener en cuenta es que el precio y la cantidad de carne para la barbacoa coreana depende del tipo de corte, siendo la panceta el corte más barato. Aunque habíamos leído que normalmente cada uno se cocina la carne, lo cierto es que las dos veces que probamos la barbacoa, fueron los camareros los que se encargaron de hacerlo. La forma habitual de comer la carne es envolviéndola en una hoja de lechuga o de perilla junto a los otros ingredientes a gusto. Como dije, nosotros probamos la barbacoa coreana dos veces: una vez en Jeju, ya que nos recomendaron probar el cerdo negro de la isla, y otra en Seúl, donde probamos la ternera. En Jeju, en el local que comimos, había como una especie de menú combinado que consistía por un lado de panceta de cerdo a la parrilla y, por otro lado, de un gran bol de kimchi jjigae o estofado de kimchi con tofu y carne de cerdo. La barbacoa nos encantó, pero el estofado de kimchi, a pesar de lo suave que era la carne, fue demasiado picante para nosotros.

La otra gran experiencia que no os podéis perder (si sois atrevidos) son los platos hoe, que se refieren principalmente a preparados crudos, ya sea pescado o carne. Los platos de carne cruda reciben el nombre de yukhoe y pueden ser diferentes cortes, siendo el redondo el corte más común. Se sirve normalmente con una yema de huevo cruda y con tiras de pera nashi y se acompaña de una salsa a base de guindilla para mojar la carne.  

A la derecha yukhoe (ternera cruda); a la izquierda saengseon hoe (pescado crudo).

Por otro lado, los restaurantes que sirven pescado y marisco crudos son bastante fáciles de identificar, ya que normalmente disponen de grandes peceras donde guardan los peces y el marisco vivos hasta la hora de servirlos. La ciudad de Seogwipo en Jeju fue nuestra elegida para degustar este manjar y la verdad que no nos arrepentimos. Nos sirvieron una gran bandeja que contenía desde el famoso pulpo crudo que aún retuerce sus tentáculos a pesar de estar cortado, oreja de mar totalmente viva (aún se movía), diferentes tipos de pescado crudo, hasta mini cangrejos marinados que se comen enteros. El pulpo crudo es el que nos dio un poco más de apuro porque nos preocupaba no masticarlo suficiente, ya que habíamos leído que con las ventosas se puede quedar enganchado a la garganta. La verdad es que, tras probarlo, tampoco diríamos que fuera nuestro favorito (¡donde está el pulpo a la gallega que se quite lo demás!), pero como experiencia no ha estado nada mal. Para limpiar el paladar entre plato y plato, los coreanos mastican raíz de jengibre mojada en miel, y así lo hicimos nosotros también.

Pasemos ahora a hablar del gran favorito de Xavi: el bulgogi jeongol o estafado de bulgogi. Reciben el nombre de bulgogi unas tiras finas de carne de ternera marinada en salsa de soja, aceite de sésamo, jengibre, ajo y cebolla. El bulgogi se puede servir asado junto con arroz y banchan y hasta usar en infinidad de recetas (barbacoa, bibimbap, gimbap), sin embargo, el bulgogi que probamos en un restaurante de Gyeongju le robó el corazón (y el estómago) a Xavi. En este caso, nos cocinaron el bulgogi en la mesa junto a fideos de patata (dangmyeon) y verduras y nos lo sirvieron con un bol de arroz y banchan. ¡Para chuparse los dedos!

El siguiente plato fue toda una sorpresa para nosotros. Era un día de tormenta en Busán y vimos un pequeño restaurante en el que un par de señoras sorbían una especie de sopa de fideos. Como llovía me apetecía algo caliente (aunque no hiciera frío), así que entramos. La carta solamente estaba en coreano y la traducción de Google Lens era un poco extraña, así que pedimos a boleo dos boles de lo mismo. Nuestra gran sorpresa fue que la sopa de fideos que a mi me inspiraba a caliente resultó ser fría. Por lo visto, este pequeño local solamente servía platos fríos. Tras una rápida búsqueda en internet descubrimos que lo que habíamos pedido era kongguksu, un plato elaborado con fideos crudos de trigo y un caldo a base de leche de soja, que puede llevar huevo hervido. En nuestro caso, el huevo no venía en el plato sino que había un bol con huevos hervidos en la mesa, por lo que, se podían coger de allí. Aunque no fue exactamente lo que esperábamos, fue una gran experiencia que sin duda repetiríamos.

Otros platos coreanos que probamos nos resultaron un tanto familiares por su parecido a otros platos típicos de sus países vecinos: el gimbap, que recuerda a los norimaki japoneses, y los mandu, la versión coreana de los dumplings. El gimbap tiene su origen en la ocupación japonesa del país que duró desde 1910 hasta finales de la segunda guerra mundial en 1945 y son rollitos de alga nori y arroz que pueden contener infinidad de ingredientes, desde pescado, encurtidos, panceta hasta bulgogi. Algunas de las diferencias del gimbap y el norimaki son que el gimbap no lleva pescado crudo y tampoco se sirve con soja y wasabi. Otra particularidad es que el gimbap no siempre lleva arroz, y un ejemplo es el gyori gimbap de Gyeongju que lleva tiras de huevo. Además, el gimbap es considerado muchas veces como “comida para llevar”, habiendo la posibilidad de comprarlo en las estaciones de tren y también en los mercados.

A la derecha, gimbap de pescado; a la izquierda, gimbap de bulgogi; en medio gyori gimbap.

Por otro lado, los mandu pueden ser fritos, hervidos o al vapor con diferentes rellenos, aunque los más populares con los de carne o de kimchi. Nosotros probamos los mandu en un restaurante de Seúl que aparece en la guía Michelin. Lo encontramos de casualidad, vimos que había cola para entrar y decidimos probarlo. La verdad es que no nos atrevimos con los mandu de kimchi, suponiendo que serían muy picantes, por lo que escogimos los mandu de carne. Xavi los pidió en caldo, mientras que yo los pedí en plato y me los sirvieron junto a un bol del mismo caldo y a otro plato típico coreano, el haemul pajeon, una especie de tortilla de huevo con marisco y cebolleta. Esta tortilla la habíamos probado también en Gyeongju como parte del desayuno en nuestra estancia en un hanok, pero ésta es otra historia. Volviendo a los mandu, aunque las presentaciones fueron distintas, en ambos platos los mandu estaban hervidos, de un tamaño un poco más grande de lo habitual, y con la carne muy esponjosa, nada apelmazada. Para comerlos, hay que sacarlos del caldo y mojarlos en la salsa que se sirve a parte. En cuanto al caldo, éste contenía tiras de carne y anchoas y debo reconocer que la mezcla de sabores a mi no me acabó de convencer.

A la izquierda, mandu y haemul pajeon; a la derecha, mandu en caldo.

Y, finalmente, entre los platos que traen recuerdos, se suma también un postre típico de verano, el bingsu. El ingrediente principal de este plato es el hielo al que se le añade principalmente leche condensada, alubias dulces y fruta, aunque puede haber variaciones. Este plato nos recordó el cendol que probamos en Malasia, y ¿qué os puedo decir? No me convenció entonces y tampoco me convenció ahora…

Otra experiencia culinaria coreana totalmente recomendable es la comida callejera. Los mercados, tanto diurnos como nocturnos, ofrecen la posibilidad de probar platos típicos coreano por precios mucho más asequible. Hay infinidad recetas para todos los gustos. Desde pinchos (dakkochi), patatas, pasteles de arroz en salsa (tteokbokki), gambas fritas, panecillos con huevo hechos al vapor (gyeran bbang), entre muchos, muchos otros. Sin embargo, el plato con el que nos quedamos Xavi y yo es sin duda el pollo frito. Se trata de trozos de pollo rebozado y frito que viene acompañado de diferentes salsas (a elegir). Nosotros lo probamos con salsa picante y con salsa de soja y miel y no nos pudo gustar más. En cuanto a los dulces nos enamoraron el hotteok, relleno de frutos secos y miel, y los hodugwaja, unos pastelitos con forma de nuez con diferentes rellenos (queso, crema de queso, pasta de alubias o crema pastelera). Los de crema de queso o los de crema pastelera son los mejores, a nuestro parecer.

Y, por lo último, el mejor helado que hemos probado fue este. Está hecho de leche (lo hay también de café) y para tomarlo primero hay que “amasar” el envoltorio para que el helado tenga una textura más suave y luego se abre y se va apretando para que el helado vaya saliendo poco a poco. Ante el calor de Corea, este helado fue nuestro gran capricho.

Curiosidades de los restaurantes surcoreanos:

  • Los cubiertos (cuchara y palillos), los platitos y las servitas se encuentran en un lateral de la mesa y cada uno debe coger los suyos.
  • Normalmente sirven agua fría gratis.
  • Muchos restaurantes sirven comida durante todo el día.
  • En muchos restaurantes, la carta está en inglés o bien tienen fotos de los platos, sin embargo, en muchos otros la carta está solamente en coreano.
  • La mayoría de los restaurantes tienen su propia especialidad: barbacoa coreana, pescado, mandu, etc.
  • A veces la comida puede ser muy picante.

Transportes – Corea del Sur

Metro y autobús

· Las ciudades en Corea del Sur son muy grandes ya que albergan la mayor parte de la población del país, sin embargo, es muy fácil desplazarse por ellas gracias a una extensa red de metro y de autobuses. Para estos desplazamientos, es fundamental disponer la tarjeta T-Money que se puede adquirir en tiendas de conveniencia (7-Eleven, GS25) y se pueden ir recargando a lo largo del viaje en las máquinas de algunas estaciones de metro o en las mismas tiendas. Lo único a tener en cuenta es que se deben recargar con dinero en efectivo.

· Hay autobuses que solamente aceptan pago con tarjeta y muy pocos aceptan también pago en efectivo. En los autobuses de Seúl informaban que desde el año pasado ya no aceptan pago en efectivo para la compra del billete por lo que es fundamental disponer de una tarjeta de viajes.

· Hay que pasar la tarjeta tanto al entrar como al salir, tanto en el metro como en el autobús. En los autobuses se entra por la puerta delantera y se pasa la tarjeta por la máquina que hay al lado del conductor, y se vuelve a pasar al bajar en las maquinas que hay al lado de la puerta trasera. Es importante disponer de saldo suficiente ya que según el trayecto pueden cobrar más a la salida. Esto nos pasó al ir desde la estación de Seúl al aeropuerto donde pasar desde el metro al tren no nos cobraron nada, pero sí a la salida de la estación del aeropuerto. Con el pago con T-Money se puede hacer trasbordo, a no ser que el trayecto sea muy largo. En ese caso al salir la máquina cobra la diferencia.

· En el aeropuerto, si ya no disponéis de saldo, hay una máquina para recargar la tarjeta y poder pasarla para salir de la estación. En todo caso, no os preocupéis si os sobra dinero en la T-Money ya que algunas tiendas del aeropuerto aceptan pago parcial o total con estas tarjetas. Nosotros, por ejemplo, aprovechamos el saldo sobrante para pagar parte del desayuno.

· En las paradas de autobús, la ruta aparece siempre en coreano, aunque se pude traducir con Google Lens. Para saber cuánto queda hasta el próximo autobús, hay unas pantallas que se van actualizado que están en coreano y en inglés.

A la derecha, paradas de autobús y horario. A la izquierda, pantalla informativa llegadas.

· Para saber qué autobús debíamos coger, hemos hecho servir Google Maps, ya que nos pareció que funcionaba mejor para el transporte público que Naver Map.

· Tanto dentro de los autobuses como del metro los nombres de las paradas aparecen en coreano, inglés, chino y japonés. En el autobús, para avisar de la parada, hay que pulsar el botón rojo.

· Hay que tener en cuenta que los asientos en un color diferente son asientos reservados para personas mayores o mujeres embarazadas (color rosa). En los autobuses, los asientos delanteros son normalmente asientos reservados.

· El único autobús en el que compramos el billete en la taquilla fue para el trayecto de Daegu al templo Haeinsa. En el mismo billete se informa de la plataforma de salida del autobús y la hora. Al volver del templo, los billetes los vende un chico que llega a la parada en coche poco antes de la llegada del autobús.

Dato curioso 1: la tarjeta T-Money sin dibujitos vale un pelín más barata.

Dato curioso 2: tanto para entrar en el metro como para subir al autobús, los coreanos forman cola, así que nada de empujarse ni de intentar subir el primero. Hay que ponerse la cola y esperar el turno. En el metro se forman normalmente dos colas, una a cada lado de la puerta, ya que se baja por el medio y se sube por los laterales.

Dato curioso 3: las puertas de acceso al metro están siempre abiertas, sin embargo, se cierran automáticamente si intentas pasar sin picar la tarjeta.

Tren

· Para desplazarse por el país, los trenes son una opción muy cómoda. Los trenes de alta velocidad (KTX) son bastante asequibles y unen las principales ciudades en poco tiempo. Los billetes se pueden adquirir en las taquillas, pero también por internet con hasta un mes de antelación, que es como los compramos nosotros. La página oficial (LetsKorail) está en inglés también y para comprar los billetes, primero se escoge la fecha, las estaciones de salida y destino y el número de pasajeros. En la siguiente pestaña aparecen los horarios de tren y se puede seleccionar la hora de salida y también si el asiento es en primera clase (first class) o clase económica (economy). Luego hay que poner un nombre, mail y contraseña. Aunque los billetes sean para varias personas es suficiente con registrar una sola persona (no piden los datos de los acompañantes). El pago se hace con VISA o MASTERCARD. Los billetes se reciben en el mail indicado y también se pueden imprimir directamente en el momento de la compra. En los billetes aparece indicado el vagón y el asiento.

· En caso de querer comprar billetes de trenes de alta velocidad (KTX) es importante tener en cuenta que hay que poner el nombre de la estación de tren y no el nombre de la ciudad. Por ejemplo, en Daegu la parada de KTX se llama Dongdaegu. Lo mismo en pasa en Gyeongju hay dos estaciones de tren: una para los trenes regionales y otra para los trenes KTX. En este caso, la estación de tren KTX se llama Singyeongju y se encuentra a las afueras de la ciudad.

· En las estaciones de tren no hay que picar el billete para acceder, por lo que una vez sabida la plataforma por la que pasa el tren, se accede directamente. Para localizar fácilmente al vagón indicado en los billetes, simplemente en la plataforma hay que buscar el número del vagón que aparece marcado o bien en el suelo o bien en un cartel.

A la derecha, parada vagón número 7 indicada en el suelo. A la izquierda, parada vagones 3 y 4.

· Los revisores nunca piden los billetes. Simplemente pasan y verifican que los asientos que deberían estar vacíos lo están. Solamente verifican los billetes si alguien está sentado en un asiento que debería estar libre o en caso de conflicto (si te encuentras con tu asiento ocupado).

· Igual que en el caso del metro y del autobús, las paradas están señalizadas en coreano, inglés, chino y japonés.

Avión

· Volamos a la isla de Jeju desde el aeropuerto de Gimpo en Seúl y luego hasta Busán (aeropuerto Gimhae) con Jin Air, aunque hay varias aerolíneas que operan estos trayectos. La compra de los billetes la realizamos a través de una página intermediaria, ya que, para comprarlos directamente a través de la página de la aerolínea solamente aceptan pago con tarjeta coreana. Se trata de un vuelo corto de una hora aproximadamente.

· A la hora de hacer las maletas, os recomiendo que os fijéis en el peso máximo permitido para la maleta para no llevaros sorpresas a la hora de facturar. En nuestro caso, con Jin Air, el peso máximo permitido por maleta facturada fueron 15 kg.

Dato curioso: se permite subir al avión con paraguas, incluso con paraguas largo, que normalmente lo dejan a los pies.

Coche de alquiler

· Para desplazarnos por la isla de Jeju, elegimos alquilar un coche. Para poder alquilar un coche es necesario hacerse el carnet de conducir internacional (International Driving Permit). En función de la empresa de alquiler de coches, pueden pedir más documentos, pero en nuestro caso, solamente hizo falta una tarjeta de crédito y el pasaporte. Todo coche de alquiler incluye un seguro (con o sin franquicia), aunque la cobertura del seguro puede variar en función de la compañía.

· Nuestro coche venía con GPS en inglés y la verdad es que fue una maravilla. Además de que el GPS funcionaba muchísimo mejor que Naver Map o Google Maps, también indicaba la velocidad máxima de la vía, los radares y también las cámaras de vigilancia. La presencia de cámara de vigilancia al principio choca un poco, pero al final te vas acostumbrando.

· En Corea del Sur se conduce por la derecha como en España. Las indicaciones están en coreano y en inglés, y aunque las señales pueden ser algo diferentes a las españolas, son bastantes intuitivas. Lo que más nos costó fue el giro a la derecha, ya que para girar a la derecha no hace falta esperar a que el semáforo se ponga en verde, sino que se puede girar siempre y cuando el tráfico lo permita. En caso de duda, nosotros simplemente seguimos a los demás coches. También hay que tener en cuenta que el carril bus está marcado por una línea azul, y algunas veces la acera viene marcada por una línea amarilla. Aunque habíamos leído sobre peajes, en Jeju no encontramos.

Dato curioso 1: Si no os acordáis o no sabéis el tipo de combustible que tenéis que echarle al coche, os podéis guiar por la matricula. En Corea del Sur, las matrículas blancas indican que los coches son de gasolina, las matrículas amarillas se usan para coches diesel, mientras que una matrícula azul indica que el coche es eléctrico.

Dato curioso 2: Aunque las carreteras están en muy buen estado, la velocidad máxima suele ser más baja que en España. En Jeju la velocidad máxima que nos encontramos fueron 70 km/h, aunque nos dijeron que, en la península coreana, se puede llegar a conducir a 100 km/h. En las zonas escolares, la velocidad máxima son 30 km/h.

Dato curioso 3: La mayoría de los coches que circulan en el país son marca Hyudai o Kia y todos tienen una cámara en el parabrisas. Por lo que nos comentaron, las grabaciones de estas cámaras sirven como prueba para el seguro en caso de accidente, pero también pueden ser solicitadas por la policía por seguridad (por ejemplo, si persiguen a un ladrón). Otro hecho que nos pareció curioso fue que muchos coches no tienen el limpiaparabrisas trasero para evitar la acumulación de agua en tiempo de tormenta.

Recomendaciones de viaje – Corea del Sur

Idioma: coreano. El inglés está bastante extendido. Prácticamente todo está en coreano y en inglés (señales en la carretera, metro, bus). Aunque no hablen inglés harán lo posible para comunicarse, aunque sea a través de Google Translate.

Google Translate: la aplicación tiene la opción de traducir texto (Google Lens) a través de una imagen, lo que puede resultar muy útil para traducir desde la carta de un restaurante hasta carteles en las paradas de autobús.

Requisitos de entrada en el país:

K-ETA: desde 1 de abril 2023 se suspende temporalmente el requisito de K-ETA para 22 países, entre los cuales se encuentra España, como parte de una campaña turística con la finalidad de promocionar el turismo en Corea. Esta suspensión durará 21 meses, teniendo como fecha final el 31 de diciembre 2024. Por lo tanto, no es necesario tramitar K-ETA con antelación, simplemente hay que rellenar el papel que dan en el avión. Una vez en los controles, hay que entregar el papel y el pasaporte y toman una las huellas de los dedos índices y hacen una foto de la cara. No hay que pagar nada.

Q-CODE: desde el 15 de julio 2023 ya no se exige el código QR para entrar en el país, debido a la disminución de los casos de COVID-19 y viruela del mono, simplemente se pasa por un control de temperatura, a no ser que se provenga de alguna región designada para inspección de cuarentena (por ejemplo, China, Camboya, Uganda, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, entre otros). En este caso sí se debe seguir presentando el código sanitario Q-CODE.

Vacunas: No hay vacunas obligatorias para entrar en el país.

Consejos prácticos:

Tiempo: Temporada de tifones entre julio y septiembre. Nosotros fuimos la última semana de agosto y la primera de septiembre. Durante nuestra primera semana (isla de Jeju y Busán) hubo tormentas debido al paso de un tifón que azotó China. Aunque el tifón no tocó tierra en Corea del Sur, sí provocó fuertes lluvias. La segunda semana (Gyeongju, Daegu y Seúl) tuvimos sol y mucho calor.

Moneda: el won surcoreano (KRW). Un euro equivale a 1.425 KRW (cambio septiembre 2023).

Dinero: el pago con tarjeta de crédito es ampliamente aceptado, aunque en algunos casos es necesario disponer de dinero en efectivo, como por ejemplo para recargar la tarjeta T-Money. Para poder sacar dinero en efectivo, hay que buscar cajeros que tengan la indicación “Foreign cards”.

T-Money: es una tarjeta de transporte recargable de la que también os hablo en la crónica dedicada a Transportes. Se puede recargar en las estaciones de metro o en los supermercados 7-Eleven (solamente con efectivo). Esta tarjeta se puede usar en todas las ciudades del país para pagar metro, bus o taxi. También se puede usar para comprar en algunas tiendas de conveniencia y en el aeropuerto.

Internet: para poder disponer de internet, nosotros hemos comprado una SIM que recogimos en el aeropuerto de Incheon con datos ilimitados y una eSIM. En un principio íbamos a comprar solo eSIM pero la idea de que no pudiera funcionar correctamente nos hizo comprar una SIM también. Ambas opciones nos funcionaron correctamente durante el viaje. Tener internet en el móvil nos ha parecido imprescindible para poder acceder a diferentes apps y para poder calcular rutas o buscar transporte público (horarios, paradas, etc.).

Red: al estar conectados a la red coreana, se reciben alertas de seguridad relacionada con el tiempo (tifones, olas de calor, etc) en coreano, pero se pueden traducir con Google Translate.

Navegadores: en Corea del Sur, Google Maps no funciona correctamente, por lo que nosotros nos hemos descargado NaverMap (aplicación gratuita), que es similar a Google Maps. ¡Ojo! Para poder utilizarla hay que disponer de internet, por eso es importante tener una eSIM o una SIM con datos en Corea. Lo que encontramos fue que Google Maps va muy bien para el transporte público, indicando correctamente las paradas, pero no iba nada bien en carretera o para caminar a pie. NaverMap por otro lado iba mejor en carretera (usando la dirección), pero no tanto en zonas peatonales, por lo que nosotros hicimos uso de ambas, según la situación.

Enchufe: tipo europeo, por lo tanto, no es necesario un adaptador.

Lavanderías: se pueden encontrar lavanderías en prácticamente todas las ciudades y muchos alojamientos también disponen de una lavandería (con lavadora y secadora). Para utilizar la lavadora y la secadora es necesario utilizar monedas, por lo que hay que cambiar dinero a monedas. En algunas lavanderías disponen de máquinas de cambio. El precio depende de la ciudad y la lavandería. En una lavandería, al poner las monedas en las máquinas, nos ponía que teníamos que poner 500 wons más porque no contó correctamente las monedas. Lo comentamos y la respuesta fue que si no tenemos un vídeo para demostrarlo no podían hacer nada por lo que lo dejamos pasar (500 wons no son nada), pero tenedlo en cuenta. El funcionamiento de las lavadoras y las secadoras es parecido al de las lavanderías que se encuentran en España. Lo único que no hemos encontrado ninguna que tenga las instrucciones en inglés, por lo que Google Lens nos fue de gran ayuda.

Equipaje: en la mayoría de hoteles/hostales el check-in es a las 15:00 h, sin embargo, en todos hemos podido dejar el equipaje antes de esa hora. Igualmente, en todas las estaciones de tren y metro hay taquillas para dejar el equipaje.

Itinerario: a la hora de montar el itinerario que queréis seguir, os recomiendo que os informéis de los horarios de los puntos de interés, ya que la mayoría de los lugares turísticos (ej. templos, palacios, museos, etc.) cierran los lunes o los martes.

Templos: a partir de este año, la visita a los templos es gratuita.

¿Qué llevar?

Os recomendamos no cargaros de muchas cosas y llevar una maleta pequeña y manejable, más si vais a desplazaros en tren o avión, como fue nuestro caso. Nosotros llevamos la ropa imprescindible y fuimos lavándola. Sin embargo, a la hora de hacer la maleta, os recomendamos que consideréis llevar:

  • Zapatos y ropa cómoda y de secado rápido.
  • Paraguas, imprescindible. Os servirá tanto si llueve como si hace sol.
  • Si vais a dormir en un templo, como nosotros, tened en cuenta los requisitos de vestimenta que os indiquen. Más información en la crónica Experiencias en Corea: Dormir en un templo.
  • Una batería externa para recargar el teléfono. Si vais a tomar algún vuelo interno, tened en cuenta la capacidad de la batería permitida por la compañía aérea para que no os pongan problemas.
  • Y sobre todo: una mente abierta y muchas ganas de conocer, aprender y disfrutar.

Corea del Sur – un viaje para el espíritu

Estar confinados por el COVID-19 en 2020 nos hizo pensar en lo afortunados que fuimos por poder viajar, poder conocer otras culturas, de disfrutar de bosques y selvas, de playas vírgenes, o de admirar fauna salvaje… Nos hizo pensar también en todos los sueños viajeros que pudimos cumplir: desde subir a la muralla china, que fue, de hecho, en nuestro primer viaje fuera de Europa; a disfrutar de la sabana africana en nuestra luna de miel en Kenia; a ver los gorilas y los chimpancés en Uganda y Ruanda, que fue mi regalo cuando cumplí 30 años; a ver los orangutanes en Sumatra y Borneo; a emocionarnos con las auroras boreales en Groenlandia; a conocer las tribus de Papúa y las costumbres de Tana Toraja; a “perdernos” por las selvas de Malasia y Costa Rica; entre muchos, muchos otros sueños viajeros cumplidos… Y es que al final, el mayor sueño es poder seguir viajando, conociendo lugares y gente increíble, desconectando y rompiendo con la rutina, disfrutando al máximo y aprendiendo a valorar otras culturas, a ser felices y un tanto más libres.

Y precisamente de esto tratará nuestro próximo viaje, de cumplir más sueños viajeros. Y este año toca un país que, a pesar de empezar a ponerse de moda, aún es un gran desconocido: ¡Corea del Sur! Para esta aventura disponemos de un total de 15 días. Sí, muy pocos… nos tocó ir reduciendo el itinerario unas cuantas veces, pero aun así haremos lo posible para empaparnos al máximo de la cultura y la naturaleza coreanas. Debido al poco tiempo del que disponemos, entre nuestros imprescindibles, además de las principales ciudades, Seúl y Busán, hemos sumado también Daegu y Gyeongju para seguir adentrándonos en el pasado y la espiritualidad coreana. Y como en nuestros viajes nunca falta la naturaleza, volaremos también a la isla de Jeju. Aunque, debo confesar que una de las actividades que más ilusión me hace, es la de pasar una noche en uno de los muchos templos de Corea. Tengo mucha curiosidad, y también muchas ganas de sumergirme en la religión budista y en sus ceremonias. Y es justamente por esta razón por la que he nombrado a este viaje como «un viaje para el espíritu».

Así pues, nuestro itinerario por tierras coreanas acabó perfilado tal que así:

  • Días 1-2: Barcelona-Seúl
  • Día 3-5: Jeju
  • Día 6-7: Busán
  • Día 8-9: Gyeongju
  • Día 10-11: Daegu
  • Día 12-14: Seúl
  • Día 15: Seúl-Barcelona

Logística viaje

Las dos compañías aéreas de Corea (Korean Airlines y Asiana Airlines) ofrecen vuelos directos de Barcelona a Seúl (y viceversa). Dentro del país, igual que en Austria, nos desplazaremos principalmente en tren, aunque en algunos casos, cogeremos el autobús. Para ir a la isla de Jeju, tomaremos un vuelo interno y alquilaremos un coche para poder desplazarnos con tranquilidad. Si no queréis perderos detalles del viaje, leed también las próximas crónicas:

Recomendaciones de viaje – Corea del Sur

Transportes – Corea del Sur

Gastronomía coreana – un placer para los sentidos

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un templo (templestay)

Experiencias en Corea del Sur: dormir en un hanok

Experiencias en Corea del Sur: Jjimjilbang o sauna coreana

Lo que + nos gustó y lo que –. Corea del Sur

Lisboa, Sintra y Cascais en 4 días

Este año empezó muy fuerte y en pocos meses dio tantas vueltas que parecía una montaña rusa. Necesitábamos hacer un parón y cuenta nueva y para ello hemos decidido hacer una escapada con la familia. Una breve desconexión de la rutina de 4 días de duración que nos llevó hasta Lisboa, Sintra y Cascais. Sin tener grandes pretensiones y sin intención de abarcar lo máximo posible, nuestro viaje se resume tal que así:

Lisboa

Nada más llegar al aeropuerto, compramos la tarjeta de metro recargable Viva Viagem y nos dirigimos al apartamento que habíamos reservado para dejar las maletas y empezar a explorar Lisboa. Nuestra primera parada fue el convento de Nuestra Señora de Gracia. Fuimos a pie y subidos infinitas escaleras, pero las vistas valen la pena. También se puede visitar la iglesia (gratis) o subir al mirador por 5 euros. Con la entrada se puede visitar parte del convento y al subir al mirador sirven un vaso de vino, zumo o limonada. Sin embargo, la vista de Lisboa desde arriba es muy parecida a las que se tiene delante de la iglesia.

De aquí nos dirigimos al Castillo de San Jorge, ya que ambos sitios están muy cerca el uno del otro. Si lo queréis visitar, acordaros de comprar la entrada con antelación, de lo contrario os tocará hacer una cola inimaginable. Una vez dentro, podremos pasear libremente entre sus once torres, el patio de armas, o los calabozos.

Aquí aprovechamos también para hacer un breve descanso y tomarnos una limonada de frutos rojos y un típico pastelito de nata, antes de seguir nuestra ruta hacia la catedral de Santa María Maior. Esta catedral es también conocida como la Sé de Lisboa y es la más antigua de la ciudad. Con la entrada, además de la catedral, se puede visitar el Tesoro y el Claustro.  

La siguiente parada fue la plaza del Comercio a la que accedimos a través del Arco Triunfal y aquí aprovechamos parar para comer. En nuestro trayecto nos encontramos el elevador de Santa Justa, una estructura metálica con 2 ascensores en su interior que suben hasta una altura de 45 metro, pero decidimos no subir. Sin embargo, dimos la vuelta hasta la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico do Carmo, por donde se puede acceder a la estructura totalmente gratis y disfrutar así de las increíbles vistas.

También incluimos en nuestra ruta el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, ambas construcciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Para llegar hasta el antiguo monasterio de la Orden de San Jerónimo, ubicado en el barrio de Belém cogimos el autobús 727.

Desde el monasterio hasta la torre de Belem se puede coger el autobús de nuevo o ir caminando, que es lo que hicimos nosotros. El interior de la torre de Belém también se pude visitar, sin embargo, nosotros llegamos pasada la hora de cierre, así que disfrutamos de su vista exterior y del entorno.

Sintra

En nuestra breve escapada no pudimos no visitar también Sintra, villa enclavada en un parque natural y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995. Sintra fue residencia vacacional de nobles y monarcas portugueses y por esta razón ofrece muchísimos lugares de interés como el Palacio da Pena, la Quinta da Regaleira, el Palacio Nacional de Sintra, el Palacio de Monserrate, el Castelo dos Mouros, el Convento dos Capuchos, el Chalet y Jardín de la Condesa o el Palacio de Seteais. Para llegar hasta aquí, nosotros cogimos el tren en la estación de Rossio. Una vez Sintra hay que tener en cuenta que los sitios de interés no están cerca entre sí y que las calles son bastante empinadas. Para poder dirigirse desde la estación de tren a los puntos de interés hay autobuses, taxis e incluso particulares que ofrecen traslados. Otro punto a tener en cuenta es que no hay que ser demasiado ambiciosos al querer visitar lo máximos posible en un solo día porque es prácticamente imposible. Si tenéis interés en conocer varios palacios, lo mejor es hacer una o dos noches en Sintra. Luego, debido a la gran cantidad de gente que visita esta ciudad, lo mejor es comprar las entradas por internet, con antelación.

Nosotros elegimos visitar la Quinta da Regaleira y el Palacio da Pena. Debo decir que, aun escogiendo solamente estos dos sitios, el tiempo se nos vino encima y no pudimos verlo todo como hubiéramos querido. Ahora os explico por qué. Lo primero que visitamos fue la Quinta da Regaleira, palacete construido por un aristócrata portugués, y su espectacular jardín. Aunque todo el jardín es espectacular, el pozo iniciático es el mayor atractivo y se nota. Una cola interminable nos hizo perder buena parte de la mañana, pero consideramos que teníamos que verlo. Este pozo tiene forma de torre invertida y una profundidad de 27 metros. Desde aquí se sigue por grutas hasta volver a salir al jardín.

Entre la larga cola para acceder al pozo iniciático y que nos adentramos por todos los rincones del jardín, se nos hizo la hora de comer y no pudimos visitar el palacete… En fin, no se puede tener todo… Después de comer fuimos directos al Palacio da Pena ya que teníamos entrada para las 15:00 (la entrada al palacio se hace por turnos). Como teníamos la entrada comprada por internet nos ahorramos la larga cola para comprar billetes, sin embargo, una vez llegados a la entrada del palacio descubrimos que debíamos igualmente hacer una laaarguiiisiiima cola para entrar (a pesar de tener hora). Y esta fue una constante en el palacio: larga cola para acceder al recinto, larga cola para entrar a las estancias del palacio. En el palacio de hecho había tanta cantidad de gente que íbamos en fila uno tras otro esperando para seguir. Total, que con todo el tiempo gastado en esperar, se nos hizo la hora de cierre no pudimos apenas visitar el jardín.

Antes de iros de Sintra os recomiendo que probéis dos de sus pasteles típicos: los travesseiros y los pasteles de Sintra, ambos hechos de hojaldre relleno de crema de huevo y almendra.

Cascais

Y ya para finalizar nuestra pequeña escapada, pasamos un día en Cascais. Para llegar hasta aquí cogimos el tren en la estación de Cais do Sodré. Entre las actividades que se pueden hacer en Cascais se suman tomar el sol en su playa, visitar el casco antiguo y la Ciudadela, ver la Marina de Cascais y el Faro de Santa Marta o dar un largo paseo por la orilla del mar hasta la Boca del Infierno.

En cuanto a una recomendación culinaria, el plato estrella de Cascais, para nosotros, fue el pulpo.

Pese a haber sido una escapada fugaz, hemos podido disfrutar al máximo de la cultura y la gastronomía portugueses, hemos desconectado de la rutina y hemos repuesto fuerzas. No ha sido la primera vez en visitar Portugal (ya habíamos estado en Madeira y en Oporto) y tenemos muy claro que tampoco será la última. ¡Hasta la próxima!

Parque Natural de Somiedo: osos y lobos

En nuestro corto viaje a Asturias tuvimos la oportunidad de conocer dos especies animales muy especiales que viven en la cordillera cantábrica y que son endémicas de España: el oso pardo cantábrico (Ursus arctos artcos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus), aunque por desgracia solamente a una la pudimos ver en libertad.

Asturias es una de las cuatro comunidades autónomas, junto a Castilla y León, Galicia y Cantabria, que son hogar del máximo depredador de la península: el lobo ibérico. El lobo ibérico tiene un pelaje pardo-grisáceo con zonas amarillentas, orejas pequeñas y triangulares, un cuerpo ágil y delgado y que mide 1,2 metros de largo y una altura de unos 70-80 cm con un peso de unos 50 kg. Viven en manadas o grupos familiares reducidos en los que manda el macho adulto más fuerte. Las parejas de lobos suelen tener entre 3 y 6 lobeznos que llegan a ser adultos a los 3 años. Su esperanza de vida es de unos 8 años. Se alimentan principalmente de ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, liebres, entre otros, controlando así la población de estas especies. Junto a otros carroñeros, los lobos también devoran cadáveres de animales evitando así el contagio de enfermedades. El año 2020 se estimó que quedaban alrededor de 300 manadas, lo que la hace genéticamente una especie muy vulnerable debido a la consanguinidad.

Aullador

El primer contacto con los lobos ibéricos lo tuvimos en la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda. Visitamos el museo e hicimos la ruta del lobo. Esta ruta recibe este nombre porque lleva hasta un cercado en que actualmente viven dos lobos macho. Este sendero se puede hacer por libre perfectamente, de hecho, está señalizado y hay hasta un merendero delante, sin embargo, antes de juzgar y lamentar su situación, vale la pena conocer su historia de la mano de la guía y así tener también un contexto general, no solo de estos dos lobos en particular, sino también de la situación de los lobos en Asturias. Belmon y Aullador son los nombres de los dos lobos que, desde su cercado, son testimonios de la complicada situación que viven los lobos en Asturias. No están allí por puro capricho, ni tampoco para ser exhibidos a los visitantes, sino que están allí por tener la mala suerte de encontrarse con los humanos. La manada de Belmon y de su hermano, Tino, que murió el año pasado, fue asesinada en una de las partidas de caza al lobo. Sin embargo, los hermanos consiguieron sobrevivir y ambos fueron rescatados con tan solo semanas de vida… El hecho de perder a su familia de la mano del hombre les ha condenado a vivir toda la vida encerrados, ya que sin una manada no pudieron volver a la naturaleza. Por otro lado, la historia de Aullador es aún más desoladora ya que fue capturado por un hombre que se había encaprichado con querer tener un lobo como mascota y que lo desechó como si nada cuando vio que no se comportaba como un perro. Estando ya acostumbrado al contacto con los humanos, fue condenado a vivir toda la vida privado de la libertad.

Aullador

Debido a que las manadas de lobos ibéricos son generalmente pequeñas, si se mata algún miembro de la manada, ésta se debilita y ataca presas más fáciles como son el ganado. Y he aquí el problema: si se caza al lobo por miedo a que vaya a matar al ganado, éste acabará haciendo justo lo que se espera impedir. Es un pez que se muerde la cola. Las soluciones que se dan ahora mismo, como por ejemplo compensar la pérdida de un animal económicamente, no solventan el problema mientras que las soluciones que de verdad funcionarían necesitan tiempo, dinero e investigación. El futuro es difícil para el lobo en Asturias, dada la importancia de la ganadería en la zona. Aullador y Belmon son dos lobos que han sufrido daños colaterales por la acción de los humanos, sin embargo, algunos otros no tuvieron tanta suerte… Aun así, tengo la esperanza de que se invierta en mejorar la situación de los lobos y que la población local acabe aceptando a este hermoso animal y así conseguir vivir en armonía.

Mirador de La Peral

Por otro lado, en Pola de Somiedo tuvimos la suerte de poder conocer a otro emblema de los montes de Asturias: el oso pardo cantábrico, esta vez, sí, en libertad. Por suerte, los osos tienen mayor aceptación entre la población local, a diferencia de los lobos, porque no afectan a la ganadería. Algún apicultor podría ver mermadas sus colmenas, pero no producen el mismo impacto que los lobos. A diferencias de los lobos que ven reducida su población, el número de osos está aumentando.

El oso pardo es el animal terrestre más grande de la fauna ibérica y cuenta con un censo de unos 260 ejemplares, viviendo la mayoría de ellos en Asturias. Es la subespecie de oso pardo más pequeña y su esperanza de vida supera los 20 años. El oso pardo es plantígrado, tiene un pelaje entre pardo amarillento y marrón oscuro y un peso de unos 180 kg en los machos y de unos 140 kg en las hembras. En invierno hibernan, refugiándose en cuevas. Las osas paren entre una y tres crías durante la hibernación y estas crías se quedan con la madre hasta cumplir un año y medio, que es cuando la familia se separa.

Oseznos hermanos en el mirador de La Peral

Avistar osos se puede hacer por libre, sin embargo, no se recomienda para nada subir a la montaña ni a aventurarse a acercarse demasiado a los osos. Dos cosas hay que tener claras: la primera, estamos en el territorio de los osos y los debemos respetar y no los debemos molestar en absoluto, y la segunda, el oso es un animal salvaje, impredecible y que puede actuar con ferocidad si se siente amenazado. Dicho esto, hay dos miradores habilitados a los que se puede acudir para el avistamiento: el mirador de La Peral y el mirador de Gúa. La mejor época para el avistamiento es la primavera y el otoño, ya que en verano hace demasiado calor y acostumbran a estar metidos en el bosque donde la temperatura es más fresca. En primavera además existe la posibilidad de ver mamás con sus oseznos que recién abandonan las cuevas donde hibernaron durante los meses de más frío, sin embargo, en otoño, los osos se alimentan frenéticamente para el engorde de cara a la hibernación y son más fáciles de ver entre la multitud de avellanos que salpican las montañas de Somiedo. Así pues, sea cual sea la época, los mejores momentos para el avistamiento son las mañanas temprano y las tardes. También hay que tener en cuenta que los miradores están encarados a las laderas de las montañas, pero no están cerca, por lo que es necesario acudir con prismáticos, o mejor aún, con telescopios. La ropa de abrigo también viene muy bien ya que las mañanas y las tardes son frescas y seguramente el intentar avistar los osos puede conllevar muchas horas parado en un mismo lugar. También existe la posibilidad de no ver ningún oso. Es un riesgo que se debe correr… puede que ningún oso decida dejarse ver o puede que la niebla no quiera dejar entrever ningún oso…

Oso macho en el mirador de Gúa

Nosotros hicimos dos avistamientos, uno por la mañana temprano y otro por la tarde, y fuimos unos de los afortunados en observar a estos preciosos animales. En el primer avistamiento, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar en la ladera más alejada del mirador de La Peral, dos hermanos oseznos y posteriormente a una mamá con dos crías. Y fue gracias a unos buenos telescopios… Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos la suerte de avistar un oso macho nada más llegar. Éste se estuvo unas cuantas horas disfrutando de las avellanas en la ladera de la montaña y nosotros estuvimos disfrutando viéndolo a través de los prismáticos. Aunque si no se consigue ver al oso, se puede disfrutar igualmente de la espera, de los paisajes y de otra fauna que habita Somiedo. Desde luego Somiedo no es solo osos y lobos, si no también el hogar de corzos, rebecos, multitud de aves…

En definitiva, para el avistamiento de osos se necesitan ganas y paciencia para esperar sin tener la certeza de conseguirlo, pero también respeto, tanto por el entorno como por los mismos osos. En este tipo de actividad somos meros observadores, pero también responsables de preservar la naturaleza en su estado.

Mar y montaña: una semana por Asturias

Tras nuestro último viaje a Madagascar allá por 2019, planeábamos el que hubiera sido nuestro siguiente viaje: Japón, sin imaginar que nuestros planes se verían truncados irremediablemente por el coronavirus. Lo que parecía un breve parón en nuestras vidas, acabaron siendo dos años en los que solo pudimos soñar con los viajes. Fueron unos años muy duros, seguramente como para todos, pero tuvimos la suerte, al menos de poder dedicarnos a nuestro jardín, que ha sido nuestra ruta de escape durante este tiempo.

Este año 2022 Japón no pudo ser, por tener las fronteras cerradas hasta hace nada, pero esto no fue un impedimento para que nuestras ganas de viajar y conocer mundo despertaran, ganas que se habían quedado de alguna manera dormidas, ya que no nos atrevíamos a volver a hacernos planes. Y así es como, para desperezarnos hemos decidido hacer una escapada de una semana a Asturias durante el mes de septiembre. Dado que el número de días fue limitado, tuvimos que definir muy bien lo que queríamos visitar y lo que seguramente dejaríamos por el camino. Los puntos clave que teníamos muy claros al decidir este viaje fueron: avistar osos en libertad en el Parque de Somiedo e iniciarnos a la espeleología en una de las cuevas naturales de los Picos de Europa. Lo cierto es que ya habíamos visitado cuevas con anterioridad, como las del Parque Nacional de Mulu en Malasia, pero nunca habíamos hecho espeleología y teníamos curiosidad. Con esto en mente y tras valorar todo lo que Asturias puede ofrecer, hemos definido el siguiente tour (circular):

Pola de Somiedo (2 días)

Elegimos como base para la primera parte del viaje, Pola de Somiedo, un pequeño pueblo rodeado de montañas, pero un punto neurálgico para las diferentes actividades culturales, de senderismo y naturaleza que se pueden realizar en el Parque de Somiedo. De camino a Pola paramos a visitar la Casa del Lobo en Belmonte de Miranda, para conocer de primera mano la situación de los lobos en la zona, y una vez en Pola de Somiedo, hicimos dos avistamientos de osos en el Parque de Somiedo. Ver osos en libertad no es fácil, no os creáis. Son animales impredecibles y hay muchísimos factores que pueden influir: las condiciones meteorológicas, la disponibilidad de alimento y la suerte de cada uno. En el primer avistamiento, por la mañana temprano, tardamos casi 4 horas en poder, por fin, avistar a lo lejos, muuuy a los lejos dos hermanos oseznos ya independizados y, posteriormente, una mamá con dos crías. Fue en el Mirador de la Peral, justamente en la ladera más alejada, siendo imposibles de ver con prismáticos, y solamente accesibles gracias a unos buenos telescopios. Por la tarde, en el mirador de Gúa, tuvimos aún más suerte, y, nada más llegar, vimos un macho en la ladera de la montaña alimentándose tranquilamente de avellanos, esta vez, sí visible con prismáticos.

Otras actividades por las que Pola es famosa son sus rutas de senderismo, siendo la ruta de los lagos la más conocida, sin embargo, nosotros, dado el reducido número de días que pasamos aquí, nos limitamos a hacer la ruta accesible. Un sendero corto, preparado para que cualquier persona en cualquier situación lo pudiera hacer, pero que ofrece unas vistas impresionantes del pueblo y de las montañas que lo rodea.

Como recomendación culinaria, nuestro plato favorito de aquí fue el cachopo con cecina, queso y membrillo. Buenísimo.

Soto de Agues (1 día)

Paramos en Soto de Agues, un pequeño pero hermoso pueblo situado en el Parque Natural de Redes, en nuestro camino de Pola de Somiedo a Cangas de Onís y aprovechamos para hacer la Ruta del Alba, declarada monumento natural en el año 2001. La ruta sigue el curso del río Alba por un antiguo camino de pastores. Es una ruta fácil y accesible, con poco desnivel, ya que los primeros 5 km discurren por un sendero de piedra, acondicionado. Los últimos 2 km, a partir de las Brañas de La Vega, son por camino de montaña, pero este es, sin embargo, el tramo más espectacular, si cabe, ya que el sendero está encajonado entre las paredes de roca y el río con decenas de saltos de agua y cascadas. La ruta es lineal, por lo que hay que deshacerla por el mismo camino (14,6 km en total). Durante el trayecto se pasa por al lado de una piscifactoría truchera y por la mina de hierro del Carmen, ambas ya en ruinas.

Este día comimos un bollo preñao en uno de los merenderos que hay a lo largo del camino. El bollo preñao es un bollo de pan relleno de chorizo. Una comida potente, pero recomendable para la ruta.

Cangas de Onís (3 días)

La que fue la primera capital del antiguo reino de Asturias, fue nuestra base en la última parte del viaje. Este pequeño pueblo lleno de historia es la puerta de entrada al Parque Picos de Europa pero también a otro clásico de Asturias: los lagos de Covadonga y el santuario de Covadonga. Tanta es la fama de estos enclaves que en temporada alta el acceso a los lagos esta restringido a vehículos particulares a partir de las 8 de la mañana, siendo posible llegar en autobús, en taxi o con algún tour organizado. Desde Cangas de Onís parten buses cada veinte minutos y los billetes de autobús se pueden comprar directamente en la terminal o por internet. Aunque al hacer la compra por internet obliguen elegir una hora de subida y una de bajada, la verdad es que podéis hacerlo a la hora que queráis. Este mismo bus para en el santuario de Covadonga. También es importante tener en cuenta que aún es (al menos lo era cuando nosotros fuimos) obligatorio el uso de mascarilla en el transporte público.

Una vez alcanzada la cima, las vistas quitan el aliento. Tanto los miradores como los lagos de origen glaciar son un espectáculo para todos los sentidos. Además de caminar por estos enclaves y disfrutar de la naturaleza y de las espectaculares vistas de los dos lagos, Ercina y Enol y de la laguna temporal, el Bricial, también se puede conocer el pasado minero de la zona a través de las minas de Buferrera. Aquí podéis pasaros desde una mañana hasta un día entero. El único pero que le pondría es la cantidad de visitantes que estos parajes pueden atraer. Queda patente que es uno de los sitios más turísticos de Asturias.

Sin embargo, Cangas de Onís y alrededores, ofrecen muchas más actividades, para todos los gustos y condiciones. Desde visitas gastronómicas, como las visitas a queserías, a multitud de rutas de senderismo, miradores y actividades de aventura, como el descenso del río Sella en canoa o hacer espeleología. Aunque no me atreví a bajar en canoa, debido a mi miedo al agua por no saber nadar, sí que decidimos iniciarnos a la espeleología. Según nos dijeron, los Picos de Europa son considerados el Himalaya de los espeleólogos debido al amplio recorrido subterráneo que ofrece este sistema kárstico. La cueva en la que nos adentramos no era muy grande y el nivel de exigencia era bajo, pero la verdad es que descubrimos algo totalmente desconocido para nosotros, fue toda una experiencia sensorial. Nos sorprendió la temperatura de la cueva, la falta de luz y de olores, pero también que, incluso un lugar tan inhóspito como ese, pueda ser el hogar de seres vivos. La guinda final fueron unos minutos en los que el guía nos recomendó que nos sentáramos, apagáramos las linternas y disfrutáramos de lo que es realmente estar en una cueva: oscuridad profunda, silencio total, un medio en el que de nada sirven nuestros sentidos…

Para realizar este tipo de actividad hay que contar con un guía experimentado. Nosotros reservamos el día previo y tuvimos la suerte de que éramos los únicos que nos habíamos apuntado ese día. Aunque normalmente los grupos son reducidos, nosotros agradecimos poder disfrutar de esta aventura “en privado”. Antes de empezar, nos dieron un mono, un casco con linterna y guantes. Se recomienda llevar un buen calzado ya que el suelo puede ser resbaladizo. No se recomienda llevar ni mochilas ni otros objectos con los que haya que cargar durante la ruta. En la cueva el suelo estaba húmedo y resbaladizo, tuvimos que subir y bajar con la ayuda de cuerdas y, aunque había habitaciones en las que se podía estar perfectamente de pie, también había algunos puntos en los que teníamos que pasar agachados. Si aún no habéis hecho espeleología, es una experiencia totalmente recomendable.

Tras esta aventura, cogimos el coche y nos dirigimos a la Cuevona de Cuevas del Agua, una corta cueva por la que discurre una carretera, que es el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Dicho de otro modo, es una cueva que se puede cruzar perfectamente en coche. Sin embargo, yo os recomendaría que aparquéis el coche y disfrutéis de la cueva a pie, que es como lo hicimos nosotros. Son unos 300 m de recorrido perfectamente iluminados, destacando las fascinantes formaciones calcáreas de esta cueva.

Y para finalizar el día, también subimos a uno de los muchos miradores que hay, el mirador de Fitu, que ofrece unas vistas increíbles del mar y de las montañas.

Y ya de vuelta hacía Avilés, donde pasamos la última noche antes de volver, no pudimos resistirnos a hacer una última ruta de senderismo: el Camín Encantau. Este sendero circular se encuentra en la localidad de Venta de Probes, de unos 8,6 km de longitud. La ruta tiene cierto desnivel, con una primera subida empinada. Pero vale la pena por los paisajes que la rodean y por ser también un recorrido por la mitología asturiana. Y es de allí que recibe el nombre de camín encantau, de los personajes tallados en madera que aparecen a medida que avanzamos en la ruta. El primero que nos da la bienvenida es Sumiciu, el duende que hace desaparecer los objetos.

Nuestros platos favoritos de estos días fueron las verdinas con pulpo y los tortos con huevo y adobu.

Cudillero (1 día)

Y llegamos al último día de nuestro viaje a Asturias y, como despedida, antes de dejar el coche de alquiler y volar de nuevo a Barcelona, visitamos Cudillero, un pequeño pueblo marinero enclavado en un acantilado, declarado Conjunto Histórico Artístico. El mar Cantábrico y las casas de colores nos dejaron maravillados. Y para disfrutar aún más del pueblo, del mar y de las vistas, os recomiendo que subáis a cualquiera de los miradores que lo rodean.

El plato estrella de Cudillero, para nosotros, fueron las zamburiñas.

Este fugaz viaje por Asturias, por sus paisajes más emblemáticos, su fauna, sus pueblos con historia y su gastronomía ha sido una experiencia para todos los sentidos y, desde luego, nos ha dejado con ganas de más, de volver a recorrer, de conocer y de disfrutar. Sin dudas, algún día, ¡volveremos a Asturias!

Lo que + y lo que -. Madagascar

Definitivamente el viaje a Madagascar no nos dejó indiferentes. Durante los 15 días que pasamos por el centro de la isla pudimos disfrutar de lugares y momentos maravillosos: el contacto con la naturaleza, con los lémures y demás fauna endémica, unos atardeceres y amaneceres magníficos, una maravillosa gastronomía… Sin embargo también hubo algunos no lo fueron tanto… Aquí tenéis nuestra valoración:

Lo mejor:

+ Conocer por fin a los lémures. Aunque la fauna y la naturaleza en general nos apasionan, los primates siempre han sido (y siguen siendo) un gran imán. Conocer al famoso rey Julien, al lémur más grande todos y al lémur más pequeño, entre muchos otros, fue todo un privilegio.

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+ El parque de Analamazaotra fue con diferencia mi favorito. Pasamos un poco de frío pero pudimos disfrutar un montón de la naturaleza tanto de día como de noche. Y despertarse con el canto de los indris fue algo increíble.

+ La reserva privada de Anja. Una muestra de que el turismo sostenible es posible. Aunque la reserva no tiene nada que ver con los parques naturales en cuanto a tamaño y a variedad de fauna y flora, en ella viven unas preciosas familias de lémures anillados y los beneficios repercuten directamente en la población local.

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+ El parque de Isalo. ¡Es como visitar multitud de paisajes en un solo paseo! Desde formaciones rocosas de tonos rojizos hasta exuberantes cascadas verdes ocultas en los hondos valles.

+ Abrazar los grandiosos y viejos baobabs nos dio una energía especial.

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+ La playa solitaria de Belo sur Mer, lejos del ajetreo de las ciudades y sin grandes comodidades. Indiscutiblemente nuestra definición de paraíso.

+ La gastronomía malgache. Una apetitosa mezcla de ingredientes y especias (miel, vainilla, jengibre, coco, pimienta…).

Lo peor:

– La pobreza. Madagascar es uno de los países más pobres del mundo y eso se hace patente a cada paso. Sin embargo, durante nuestro trayecto hacia el sur de la isla, uno de los lugares más afectados por la sequía, se me rompió el alma al ver niñxs pedir ¡agua! Durante nuestros viajes es habitual que los niñxs pidan bombones o lo que sea, pero que pidan agua porque no tienen ni para beber (ya ni decir para bañarse o lavar la ropa…) a mí me dejó trastocada. Por favor, si viajáis al sur de la isla y os piden “oviva” (del francés Eau vive, marca de agua embotellada) no se lo neguéis. Aunque tener agua a nosotros nos parece un derecho para otrxs es un privilegio.

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– El acoso de la gente. Justamente la pobreza y la falta de recursos conllevan a que se acose incesantemente a lxs vazaha (“blancxs” en malgache). Nos llegaron incluso a perseguir para vendernos cosas mientras íbamos a comer, esperarnos mientras comíamos y luego volver a perseguirnos a donde fuéramos. Y, creedme, comprar lo que sea no soluciona nada porque comprarle a unx implica que aparezcan 3-4 más y el proceso empieza de nuevo. Aunque lo cierto es que no nos lo encontramos en todos los sitios por lo que pasamos. Ifaty, sin duda, fue el peor en este sentido.

– La deforestación. La tala incontrolada de bosques, la plantación de árboles foráneos (sobre todo eucaliptos para producir carbón y árboles frutales) y los fuegos descontrolados no era lo que esperábamos ver. Los parques naturales y las pequeñas reservas son los únicos refugios de la fauna y de la flora endémicas, sin embargo estos ven reducido su tamaño cada día…

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– Las reservas privadas de Vakona y Peyreiras. Debido a la deforestación y a la pérdida de espacios naturales de bosques primarios y a la gran demanda por parte de lxs turistas de conocer fácil y rápido multitud de fauna endémica provoca la creación de reservas que en espacios reducidos, no siempre adecuados y muchas veces con fauna en jaulas. Una gran desilusión…

– El exagerado número de turistas que nos encontramos en el parque de Ranomafana, uno de los más famosos y visitados del país. No negaré que es uno de los mejores sitios para ver fauna (existe la posibilidad de ver 7 especies de lémures diurnos), sin embargo creo que para que este sitio se mantenga en estado natural se debería limitar el número de visitantes que accedan al parque cada día.

gente

– Hacer fotos con flash. La misma historia de siempre… Aunque las fotos no salen preciosas sin flash, creo yo que la finalidad principal del viaje es ver y disfrutar de la naturaleza. Y la fauna nocturna tiene una característica común: le molesta la luz y más cuando están cazando, comiendo o escondiéndose.

– La fuerte lluvia de Ranomafana que nos impidió disfrutar del parque en condiciones. Además, no llevamos chubasquero y eso nos hizo tener que abandonar el parque antes de tiempo… ¡No cometáis el mismo error que nosotros!

mirador

– El arduo trayecto de Belo sur Mer a Ifaty. Más de 14 horas de coche por caminos imposibles y hasta un trasbordador tirado por personas… Algo que nos pareció más típico de las historias coloniales que no del siglo XXI.

Playas de Madagascar – Morondava, Belo sur Mer e Ifaty

La isla de Madagascar es archiconocida por su fauna y flora endémicas y espectaculares, pero sobre todo por los lémures, que no se pueden ver en ningún otro lugar, los camaleones y los baobabs. Sin embargo, sus playas también son un gran atractivo, en especial las del norte de la isla. Nosotros no somos grandes aficionados al mar y a la playa y normalmente no son un punto imprescindible en nuestros itinerarios, pero esta vez, por cuestiones de logística (hacer el tour circular), pasamos unos cuantos días conociendo la costa oeste bañada por las cálidas aguas del canal de Mozambique. Nuestra aventura empezó en Morondava, pasando por Belo sur Mer e Ifaty, y acabó en Toliara. Y cuando digo “nuestra aventura” no es en sentido retórico sino que es la pura realidad: fue una verdadera aventura.

foto final

El trayecto hasta Morondava fue bastante tranquilo, por carreteras en bastante buen estado. Todo trascurrió sin más hasta que a nuestro coche se le quemó el motor por no tener agua para enfriarlo. Y allí que nos quedamos en medio de la nada esperando ver si poniéndole agua fría se arreglaría. Cabe decir que nuestro viaje fue en la época seca y en el sur de Madagascar hace un sol de justicia. A esto se le suma la deforestación, habiendo solamente algún árbol de Mango (árbol introducido) que pueda dar un poquito de sombra. El coche, finalmente, decidió dar su último soplo y se negó a moverse más de allí. Por suerte nuestra guía conocía más chóferes y en una horilla nos vino a buscar otro coche para llevarnos hasta el destino. El que fue nuestro chófer hasta aquí se quedó con el coche con la esperanza de que consiguiera solucionar la avería y pudiera llevarnos a los siguientes destinos en nuestro trayecto, pero ya os adelanto de que no fue así. La falta de piezas y el ritmo mora mora de lxs malgaches nos llevaron a una aventura paralela en este viaje: el cambio de chóferes y coches para cada etapa, algunos muy majos y profesionales, y algunos impresentables e irresponsables.

en la nada

Y bien, nuestra aventura comenzó con el primer gran atractivo: la Allée des baobabs (la avenida de los baobabs). ¿Quién no ha visto alguna vez alguna foto de esta avenida? Desde las más naturales hasta las más artísticas, en época de lluvias, en época seca… ¡Da igual! Todas ellas te hacen soñar con este páramo paradisíaco e invitan a desear viajar hasta allí. Esta avenida se puede visitar en cualquier momento del día, pero es particularmente famosa por sus atardeceres. El plan inicial era nada más llegar a Morondava ir directamente a ver la puesta de sol, pero la avería del coche nos hizo retrasarnos y por poco nos la perdemos. Sin embargo, este lugar mágico sigue la misma dinámica de los demás atractivos de Madagascar, como ya os expliqué en el parque de Ranomafana, y está atestado de turistas esperando luchando por conseguir la mejor foto. Aun así, debo confesar que el mejor momento es el que viene justo después de la puesta de sol, cuando todo el mundo se va y el cielo se cubre de colores tostados. El ambiente aquí está muy animado y es el mejor lugar para probar la fruta de baobab, de la que os hablé en Gastronomía malgache.

avenida baobabs

El baobab es uno de los árboles más auténticos de la isla por su forma tan particular: un tronco gordo, que sirve para retener el agua, y una copa con ramas cortas que le hacen parecer un árbol al revés. Este árbol tiene una madera blanda, por lo que no sirve para muebles o manufacturas. Aunque no lo parezca, tiene hojas, florece y produce fruta. En el mundo existen 8 especies de baobabs: una especie es endémica de Australia y no se puede encontrar en ningún otro lugar, otra especie vive por toda África, mientras que en Madagascar viven 7 especies, 6 de ellas endémicas. Es por ello que esta isla es uno de los mejores destinos si queréis conocer al viejo y emblemático baobab.

baobab camino

Aunque esta avenida es uno de los mejores sitios para ver baobabs (y también el más conocido y turístico de todos), durante nuestro trayecto de Morondava a Belo sur Mer pudimos ver muchísimos más, de diferentes especies y también de diferentes edades. Cabe decir que este trayecto no transcurre por carreteras asfaltadas, sino por carreteras de tierra llenas de baches. A lo largo del recorrido nos encontramos con algunos pequeños poblados con casas simples de madera y paja en la que viven lxs sakalava. Para acceder y pasar por cada poblado hay que cruzar barreras en las que hay que negociar un precio. También ofrecen comida a lxs transeúntes y para nosotros fue un buen momento para tomarnos un buen y refrescante coco, lo que dificultó el tráfico sobremanera, ya que, lo que no sabíamos es que hasta que no cruzábamos nosotros la barrera tampoco podían cruzar los demás coches que seguían nuestro mismo camino.

poblados

Después de muchísimas y laargaaas horas en el coche dando saltitos al pasar los grandes baches, por fin alcanzamos nuestro destino de playa: Belo sur Mer. Belo sur Mer es un pequeñísimo pueblo de pescadores situado a las orillas del mar. La oferta hotelera es muy limitada, habiendo solamente dos hotelillos regentados por locales y uno regentado por una pareja de franceses jubilados. Para poder disfrutar del mar, hay que tener en cuenta las mareas, ya que el nivel del mar en marea baja se retira muchísimo. Por la mañana la marea empieza a bajar dejando tras de sí una larguísima franja de piedra negra, mientras que por la tarde la marea sube llegando hasta la fina franja de arena. Los horarios de mareas varían según la época del año, por lo que es interesante preguntarlo en el hotel para no pillaros desprevenidos. A continuación os dejo algunos pros y contras de este sitio, pero ya os adelanto que por ser un pueblo pequeño, con una playa virgen y sin apenas gente lo convierte en el mejor lugar para desconectar y descansar. Un romanzo de paz a las orillas del mar.

playa belo sur mer

Pros

+ la playa virgen y sin apenas gente, más que lxs pescadores locales y unxs pocxs turistas

+ la arena fina y blanca y el agua calentita y limpia

+ la paz, la tranquilidad y la belleza del entorno

+ ver de cerca el día a día de lxs pescadores

Contras

– poca oferta hotelera. No os esperéis unos magníficos hoteles de lujo con todas las facilidades, porque no los encontraréis. Más bien se trata de olvidaros de las mejores comodidades y disfrutar simplemente del paraíso

– poca oferta gastronómica. Normalmente se compone de pescado y hay poca variedad (según lo que se pesque durante el día)

– poca oferta de actividades. Sin embargo se pueden alquilar kayaks o negociar con los pescadores algún trayecto en las barcas típicas

pueblo belo sur mer

Aquí disfrutamos de una magnífica puesta de sol y de un increíble amanecer y tras descansar y desconectar pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Ifaty. Este recorrido fue toodaaa una aventura. Esta vez nos tocó madrugar más de lo habitual ya que nos separaban unas 10 horas de trayecto por la misma carretera mala de tierra. Así que por la mañana temprano habíamos quedado con el que sería nuestro nuevo chófer, pero no aparecía. Y pasaron 10 min, 20 min, 30 min, una hora y nada. Finalmente se presentó un chico joven un poco malhumorado. Resultó que se había pasado toda la noche en las fiestas de un pueblo cercano y no había dormido absolutamente nada. Se había comprado unas bebidas energéticas y con eso pretendía llevarnos hasta Ifaty sabiendo que nos separaban más de 10 horas de trayecto. Fuimos a 80 km por hora por una carretera malísima, sin cinturones, con un conductor que no había dormido, por medio de la nada… ¡Viva la aventura!

camino

Pero esto no fue todo. Más o menos a la mitad del trayecto tuvimos que cruzar un gran río. Por lo visto hace unos años había un trasbordador que llevaba a los coches al otro lado, pero se estropeó y la falta de piezas y de personal calificado hicieron que se quedara amarrado en una orilla como un gran fantasma del pasado. Para nuestra incredulidad, el lugar del trasbordador lo ocuparon unas barcas enganchadas entre ellas, con una plataforma de madera encima y ¡tiradas por unos cuantos jóvenes! Sí, sí, unos cuantos jóvenes adolescentes tiraban de una larga cuerda para poder mover la gran plataforma cargada de coches, mercancías y gente, hasta la otra orilla a contra corriente. Nos pareció que de repente habíamos retrocedido des del siglo XXI a la época colonial. Según nos han comentado, esos jóvenes están encantados de hacerlo ya que en Madagascar encontrar trabajo es muy difícil y de esta manera consiguen ganarse un sueldo. Definitivamente no sabría deciros si estoy de acuerdo con ésta práctica o no…

trasbordador

Pasado ya el río, seguimos por nuestro camino de tierra hasta casi alcanzar nuestro destino, cuando ya nos volvimos a encontrar una carretera mínimamente asfaltada. Las 10  horas finalmente se transformaron en 14 larguíiiisimas horas. Llegamos a Ifaty de noche cansados y con el culo cuadrado. A diferencia de Belo sur Mer, Ifaty es un pueblo muy turístico, con mucha oferta hotelera, gastronómica y de ocio. Aquí la marea también deja al descubierto una larga franja de tierra, por lo que para bañarse hay que desplazarse muchísimo, pero al atardecer el mar vuelve a conquistar el terreno posibilitando el baño. Como en el caso anterior, os dejo unos pros y contras.

foto ifaty

Pros

+ como ya dije hay una gran oferta hotelera, con hoteles para todos los bolsillos y niveles de comodidades, una gran oferta gastronómica y muchísimas actividades tanto acuáticas como de naturaleza.

+ os recomiendo que entréis en cualquier chiringuito que veas, aunque os parezca cutre, y disfrutéis de muy buenos platos de pescado y marisco, siempre recién pescado como ya os expliqué en la crónica de Gastronomía malgache.

+ la playa, igual que en el caso anterior, es extensa, arena blanca fina y un agua calentita y limpia

Contras

– al ser un sitio tan turístico no puedes encontrar la tranquilidad de Belo sur Mer. Además de multitud de turistas también hay multitud de locales (sobre todo niñxs) prácticamente acosándote para venderte de todo: actividades, collares, souvenirs de todo tipo, pinturas faciales y corporales, trenzas y un largo etc. etc.

– para poder tomar el sol “en tranquilidad” los hoteles disponen de trozos de playa separados por cuerdas a los que lxs locales no tienen permitido acceder.

puesta sol ifaty

Y ya después de estos días de desconexión retomamos nuestro trayecto hacía Toliara, ya con un chófer más responsable y descansado, para ya emprender el camino de vuelta a la capital. Como ya os dije, no somos muy de playa y solamente hemos visitado (y disfrutado) de estos destinos costeros. Morondava y Toliara son dos pueblos abarrotados de gente que también tienen su encanto, pero definitivamente para descansar os recomiendo algunos de los pueblos pesqueros más pequeños. Aquí tenéis dos muy diferentes entre sí, como habéis podido ver, pero que os pueden orientar en función de lo que busquéis: playas vírgenes sin apenas nadie en las que desconectar totalmente o por el contrario ese destino playero con hoteles buenos y amplia oferta gastronómica y de ocio. A nosotros nos han encantado los dos, tanto Belo sur Mer como Ifaty, y qué os voy a decir, también el trayecto que los une, aunque cansado y un pelín pesado, también fue una aventura. Animaros a conocer nuevos destinos. ¡No os arrepentiréis!

foto

Reservas privadas de Madagascar – luces y sombras

El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.

foto vistas

Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.

foto anja

La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.

foto familia

Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.

foto rocas

Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.

foto tumbas

Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.

foto jaulas
Reserva de Peyrieras

Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.

foto sifaka

De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.

foto gecko jaula

Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.

lemur rojo

Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…

foto alimentacion 4
Lémur atraído con plátano en Vakona (izquierda) y lémur atraído con pan en Peyrieras (derecha)

Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.

Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:

  • ¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
  • ¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
  • Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!

patos jaulas

  • Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!

foto alimentación 1
Lémur alimentándose de flores en Anja (izquierda) versus plataforma de alimentación con arroz hervido en Peyrieras (centro) versus lémur alimentándose de plátano en Vakona (derecha)

  • Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.

lemur encima

  • Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.

camaleon mano