Dos pueblos samurái: Hirosaki y Kakunodate

Los samuráis eran guerreros del Japón feudal cuya conducta estaba guiada por el bushido, un código moral no escrito conocido como “el camino del guerrero”, que resaltaba virtudes como la justicia (gi), el coraje (yu), la compasión (jin), el respeto (rei), la honestidad (makoto), el honor (meiyo), la lealtad (chugi) y el autocontrol (jisei). Este código imponía una vida de integridad y rectitud, donde lo correcto y lo incorrecto estaban claramente definidos. Etimológicamente, la palabra samurái proviene del verbo antiguo saburau que significa servir, dado que los samuráis estaban al servicio de señores feudales de alto rango, tanto daimios como shogunes, a quienes debían obediencia y lealtad a cambio de recompensas y privilegios. En sus inicios, los samuráis fueron guardianes de los miembros de la corte imperial (siglo IX), sin embargo, alcanzaron la cima del poder durante el siglo XII con la instauración del sogunato que asumía el control de las fuerzas militares, y, por ende, el control real del país.

Durante nuestro viaje por Tohoku hemos tenido la oportunidad de conocer figuras de grandes daimios como Date Masamune, pero también de visitar dos pueblos samuráis: Hirosaki, en la prefectura de Aomori, y Kakunodate, en la prefectura de Akita. Las casas de los samuráis (bukeyashiki) solían ubicarse en barrios especiales (bukeyashiki-gai), cerca de los castillos de los daimios, formando parte de la estructura defensiva y social de la ciudad. Estas residencias se construían principalmente de madera con techos de paja o tablillas de madera, dependiendo del estatus del samurái. Las paredes interiores eran hechas de papel de arroz sobre estructuras de madera (shoji y fusuma) que permitían cierta flexibilidad en la distribución de los espacios, y los suelos eran normalmente de tatami, que aportaba comodidad y aislamiento térmico.

Izquierda: Residencia Aoyagi; Derecha: Residencia Odano. Ambas en Kakunodate.

La decoración era austera e incluía emblemas familiares, caligrafías u objetos ceremoniales. Las casas de las familias más importantes también contaban con almacenes y habitaciones seguras para guardar armaduras, armas y objetos valiosos. Los jardines de estilo japonés (niwa), rodeados de muros altos, estaban diseñados para transmitir serenidad y reflejar el ciclo de las estaciones, así como servir de espacio de contemplación y meditación.

Izquierda: Residencia Ishiguro; Derecha: Residencia Aoyagi. Ambas en Kakunodate.

Muchos barrios samuráis aún se conservan, sin embargo, no todos los castillos que custodiaban tuvieron la misma suerte y de algunos no queda más que su historia, como vimos durante nuestro viaje. Actualmente quedan unos 100 castillos de los cuales 12 conservan las torres principales originales (tenshu) que datan del período Edo (1603-1868): Hirosaki, Matsumoto, Maruoka, Inuyama, Hikone, Himeji, Marugame, Bitchu Matsuyama, Matsue, Matsuyama (Iyo), Kochi, y Uwajima. Si bien las razones por las que se perdieron los castillos de Japón son varias, como el abandono en el caso de los castillos de Yamagata, Akita o Kakunodate o los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en el caso del castillo de Sendai, mucho otros castillos fueron desmantelados, como fue el caso del castillo de Morioka, durante el período Meiji cuando el gobierno quiso “occidentalizar” la nación.

Otemon, Castillo de Hirosaki

La construcción del castillo de Hirosaki comenzó en 1603 bajo el dominio del Oura Tamenobu (o Tsugaru Tamenobu), el primer daimio de la región, y fue finalizada en 1611 bajo el dominio del segundo señor feudal, Oura Nobuhira (o Tsugaru Nobuhira). El Dominio de Hirosaki, anteriormente conocido como Dominio de Tsugaru, fue concedido en 1590 al clan Oura como recompensa del shogun Toyotomi Hideyoshi tras rebelarse contra el clan Nanbu de Morioka. Fue este el momento en el que el clan cambió su nombre de Oura a Tsugaru. Originalmente, el edificio constaba de cinco plantas, pero en 1627 la torre principal quedó destruida a causa de un incendio provocado por un rayo. El edificio fue reconstruido durante el período Edo (1810) como un edificio (tenshu) de tres plantas. También se conservan tres torres defensivas o yagura (Tatsumi, Hitsujisaru y Ushitora) y cinco puertas (Otemon, Higashimon, Higashi Uchimon, Kamenokomon, y Minami Uchimon). Es el único castillo de Tohoku que aun se conserva desde el período Edo y por esta razón fue declarado Bien Cultural de Importancia Nacional. En 2006 entró en la lista de los 100 mejores castillos de Japón. En actualidad, se están reparando los muros defensivos de piedra, por lo que el tenshu se ha movido unos 70 m sin desarmar. Una vez se haya finalizado la reconstrucción del muro, el edificio volverá a su ubicación original.

Castillo de Hirosaki

Durante la Restauración Meiji el castillo fue utilizado como guarnición del ejército, igual que el castillo de Yamagata, y en 1895 se convirtió en parque. Este parque alberga también el Hirosaki City Museum, un pequeño museo en el que se exponen objetos desde los períodos Jomon y Yayoi hasta la época feudal, y el jardín botánico (Hirosaki Castlle Botanical Garden). Con una entrada combinada se puede visitar el castillo, el jardín botánico y el jardín Fujita (Fujita Memorial Garden).

Jardín Botánico del Castillo Hirosaki

El jardín Fujita, que se encuentra cerca de la puerta de entrada Otemon, fue construido en 1921 por el empresario Fujita Kennichi con la ayuda de un jardinero venido desde Tokio, y se abrió al público en 1991. Está separado en dos niveles, encontrándose en la parte superior dos edificios, uno de estilo occidental y uno de estilo japonés, mientras que, en la parte inferior, dominada por un estanque, se encuentra una casa de té.

Jardín Fujita

Cerca de la entrada Kamenokomon, se encuentra la sección norte del distrito samurái de Hirosaki que antaño rodeaba el castillo. Cuatro casas samurái (Ito, Umeda, Iwata y Sasamori) de acceso gratuito y una casa comercial (Ishiba) de acceso de pago están abiertas al público. La casa comercial pertenecía a la familia Ishiba, una familia de comerciantes (no samuráis) y sigue sirviendo como hogar y comercio. Solamente se permite acceso al almacén desde el cual se puede vislumbrar el interior. En las demás casas, el único requisito para acceder es quitarse los zapatos. La casa de la familia Ito es una casa sencilla, hogar del médico de los daimios de Tsugaru. Detrás de la residencia Ito se encuentra la de Umeda.

Residencia Umeda en Hirosaki

Sin embargo, el mejor sitio para ver casas samuráis, a nuestro parecer, es Kakunodate. La historia de la ciudad tiene su origen en el período Sengoku (1467-1568) bajo el dominio del clan Tozawa. Tozawa Iemori construyó su castillo en Kakunodate en 1423 y su clan gobernó allí hasta que en 1602 Tozawa Masamori recibió el domino de Matsuoka en la provincia de Kinachi. Tras su marcha, el poderoso clan Satake del Dominio de Kubota con capital en Akita incorporó la región de Senboku, en la que se encontraba Kakunodate. El castillo de Kubota de Akita (actual Chiaki Park) fue la sede principal del clan, mientas que el castillo de Kakunodate fue ocupado por Ahina Yoshikatsu, hermano menor de Satake Yoshinobu, el primer daimio de Kubota.

Torreta Castillo Kubota en Akita

En 1619 una gran inundación azotó la ciudad de Kakunodate y, por esta razón, Ahina Yoshikatsu decidió reconstruirla en 1620, trasladándola al sur del castillo y dividiéndola en distintas áreas o machi, distribución que se ha mantenido hasta la actualidad. El distrito samurái recibía el nombre de Uchi-machi y en su momento álgido constaba de 240 residencias samuráis, 60 residencias ashigaru (soldados de a pie) y 26 templos y santuarios. Las ruinas del castillo se han convertido en el parque Furushiroyama, sin embargo, en el distrito samurái, Samurai-Yashikidori, aun se conservan edificios tradicionales de arquitectura bukeyashi. Hay un total de 6 casas abiertas al público, todas ellas distribuidas en la misma calle, a tres de las cuales hay que pagar entrada y se puede acceder a su interior y a tres no hay que pagar entrada, pero solamente se pueden ver desde el exterior (no se puede entrar). Las tres residencias gratuitas, Iwahashi, Odano y Matsumoto son más pequeñas y simples que las demás, pero igual de interesantes, ya que ofrecen una idea real de cómo eran las diferentes casas de los samuráis según su clase social. De ellas, destaca la residencia Iwahashi que fue renovada a finales del período Edo, cambiando su tradicional techo de paja por un techo de tablillas de madera. En su jardín hay un roble japonés de más de 300 años.

Residencia Iwahashi en Kakunodate

La residencia Aoyagi es la mayor de todas y es un buen ejemplo de cómo era la vida de las familias samuráis más ricas. Este conjunto de edificios tradicionales y antiguos almacenes fue reconvertido en museos y salas de exposiciones bajo el nombre de Museo Samurái. En sus diferentes espacios se puede ver una amplia colección de armaduras y armas, objetos de uso cotidiano, una casa de té, y hasta un pequeño santuario, ofreciendo así una experiencia completa.

Residencia Aoyagi en Kakunodate

La residencia Ishiguro es también una representación de una de las familias más ricas de la zona, sin embargo, en este caso no se trata de un museo sino de una de las pocas casas samurái aún habitada por los descendientes de la familia samurái original, que en sus orígenes se encargaba de las finanzas. Nada más entrar nos recibió uno de los miembros de la familia que nos llevó por la casa explicándonos su historia y todos sus los detalles. Además de la casa, se puede visitar también el almacén en el que se guardan tesoros familiares, como muñecas para el Hina Matsuri (festival de las muñecas que se celebra cada 3 de marzo), katanas, armaduras y hasta libros antiguos.

Residencia Ishiguro en Kakunodate

Por último, la residencia Kawarada es la más pequeña de las tres, y pertenecía al secretario principal y magistrado de templos y santuarios. Además de la casa se puede visitar también el almacén convertido en museo.

Residencia Kawarada en Kakunodate

Otros puntos de interés son el Museo de Artesanía Kabazaiku Denshokan (artesanía en corteza de cerezo), el Museo de Arte Huraifuku y el barrio de los mercaderes.

Residencia Watanabe en Kakunodate

Nosotros dedicamos un día a cada ciudad, llegando a Hirosaki desde Aomori en un corto trayecto en tren regional, y a Kakunodate desde Akita. Con el Akita shinkansen se puede llegar también desde Morioka o Tokio.

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Autor: unmundouncaminounamirada

Soy Aly, apasionada de los viajes y de capturar la belleza del mundo en mis relatos. Viajar, para mí, es una forma de mirar la vida desde otras perspectivas, y, por eso, quiero compartir contigo mi manera de descubrir el mundo, contándote mis experiencias y sensaciones en cada trayecto. Aquí encontrarás historias emocionantes, consejos útiles y fotografías que capturan la esencia única de cada destino. No se trata solo de recorrer kilómetros, sino de abrir el corazón a nuevas experiencias, sabores, sonidos y rostros que nos transforman con cada paso. Este espacio es también para ti: para que sueñes, planees y encuentres inspiración para tu próxima escapada, sin importar si viajas solo, en compañía o desde la comodidad de tu casa. Acompáñame a descubrir rincones insospechados, rutas poco transitadas y momentos que dejan huella. Porque viajar no es solo moverse, es una forma de ver la vida. ¿Listos para emprender este viaje juntos?