Luoyang, ciudad de la provincia de Henan, fue una de las 4 capitales antiguas de China y capital imperial durante 13 dinastías. La ciudad fue construida durante el siglo XI a.C. bajo el nombre de Chengzhou, e igual que Tianshui, cambió varias veces de nombre, desde Dongu durante la dinastía Tang, a Henenfu durante la dinastía Qing, recuperando su actual nombre en 1912. Durante la Ruta de la Seda comercializaba con papel, pólvora, té y arroz, entre otros productos, e igual que en las otras ciudades que visitamos durante nuestra Ruta de la Seda, el budismo jugó un papel importante en su historia. Prueba de ello son el Templo de Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China, y las Grutas de Longmen, inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Y por estas dos razones, dedicamos un día de nuestro itinerario a esta ciudad. Igual que a Tianshui, llegamos a Luoyang desde Xi’an en el tren de alta velocidad en aproximadamente 1,5 h.
Nuestro primer destino fueron las Grutas de Longmen. Las grutas se encuentran a unos 12 km del centro de la ciudad y se puede llegar a la oficina de venta de entradas en autobús o en taxi. Con el precio de la entrada se pueden visitar las Grutas, el templo Xiangshan, reconstruido durante la dinastía Qing, y el Jardín Bai, construido en homenaje al poeta Bai Juyi (772-846) cerca de su tumba. Adicionalmente se puede pagar un coche eléctrico (electric car) para ir desde la oficina a la entrada al área escénica, ya que la distancia entre ambas es de unos 3 km, y es lo que hicimos nosotros. Igualmente, si preferís no pagar por el traslado, podéis ir perfectamente a pie.

Las Grutas de Longmen son consideradas unas de las grutas de más renombre de China, junto a las Cuevas de Mogao en Dunhuang y las de Yungang de Datong. Su construcción se inició en el año 494 d.C. durante la dinastía Wei del Norte, cuando el emperador Xiaowen decidió trasladar la capital imperial desde Datong a Luoyang, y continuó durante las dinastías Tang, Ming y hasta Qing. Extendiéndose un kilómetro a lo largo del río Yi, en las laderas de las montañas Xiang y Longmen, el complejo cuenta con aproximadamente 2345 grutas y nichos, 2800 inscripciones, 40 pagodas y cerca de cien mil imágenes de Buda, discípulos y bodhisattvas. Las esculturas oscilan entre los 25 mm y los 17 m de altura distribuidas entre las diversas grutas y las pequeñas hornacinas devocionales. La mayoría de ellas fueron encargadas por los emperadores, sin embargo, entre los mecenas contaban también miembros de la familia real, familias ricas y grupos religiosos, como también pudimos ver en las otras grutas que visitamos. Aunque sus inicios se remontan a la dinastía Wei del Norte, fue durante la dinastía Tang que alcanzó su máximo apogeo, excavándose durante este período un 60% de las cuevas.

Unas de las grutas más antiguas, que corresponden a la dinastía Wei del Norte, son las de Guyang, Binyang y Linhua. La Gruta de Guyang es la más antigua del complejo y está compuesta por 3 niveles de nichos decorados con cientos de estatuas. Lo interesante de estas estatuas es que aparece gravado el nombre del artista que las esculpió, la fecha de su creación, así como la razón por la que las hicieron. Por otro lado, la Gruta de Lianhua, destaca por la gran flor de loto, uno de los símbolos del budismo, esculpida en el techo. Y, finalmente, cuentan que para la Gruta de Binyang, el emperador Xuanwu organizó 800.000 trabajadores con la intención de concluir su obra en tres años. En ella se encuentra Buda Shakyamuni rodeado por discípulos y bodhisattvas.

Sin embargo, lo que más destaca del conjunto es la Gruta de Fengxian, la más grade de todas, construida por orden de la única emperatriz de la historia de China, Wu Zetian, durante la dinastía Zhou, de la que ella fue la única representante. En ella se puede admirar una gran escultura de Buda Vairocana rodeado por dos discípulos, Kasyapa y Ananda, dos Bodhisattvas y cuatro guardianes. De mismo período data también la Cueva Wanfu o de los Diez Mil Budas estructurada en dos estancias con techos cuadrados y con las paredes norte y sur decoradas con 15.000 pequeños Budas. En el centro se encuentra una gran escultura de Buda Amida o Amitabha sentado sobre un gran loto, rodeado bodhisattvas y apsaras.

Igual que en las otras cuevas que visitamos, Longmen, a pesar de haber sobrevivido al clima, a las guerras y a las campañas antibudismo, no se salvó de los saqueos y muchas de sus esculturas han sido desfiguradas para ser expuestas en museos extranjeros. Aún así, lo que queda en pie merece muchísimo una visita. Desde la otra orilla, cruzando el río Li en dirección al templo Xiangshan, se puede disfrutar de la mejor vista panorámica de las Grutas. Desde esa orilla, también se toma el coche eléctrico para volver al centro de visitantes.

Nuestra siguiente parada fue el Templo del Caballo Blanco, considerado el templo budista más antiguo de China. Fue construido en el año 68 d.C. por orden del emperador Ming durante la dinastía Han Oriental, aunque de la construcción original se conserva poco. El templo fue reconstruido durante varias dinastías, siendo la última en el siglo XVI, después de la Revolución Cultural. Este templo está situado a otros 12 km desde el centro de la ciudad (en dirección opuesta a las Grutas de Longmen). Aunque el nombre nos recordó a la Pagoda del Caballo Blanco que visitamos en Dunhuang, lo cierto es que no tienen nada que ver, siendo la Pagoda una construcción posterior al templo y refiriéndose a otro caballo blanco, aunque las historias son parecidas. El Templo del Caballo Blanco recibe el nombre de los caballos blancos con los que dos monjes budistas indios, Kasyapa Matanga y Dharmaratna o Gobharana, trajeron escrituras budistas (entre las cuales, el Sutra de 42 capítulos), reliquias y estatuas de Buda al templo. El monje Gobharana fue el encargado de traducir el Dasa Bhumi o las Diez etapas de la perfección y otros 5 sutras. Junto a él, los otros 1000 monjes budistas que llegaron a vivir en el templo, también se encargaron de traducir los textos procedentes de la India, estableciendo así los fundamentos del budismo en China. Asimismo, el monje Xuan Zang, del que ya os hablé, inició su peregrinaje a la India, que duró 16 años, desde este templo. Al finalizar su peregrinaje, Xuan Zang volvió al Templo del Caballo Blanco, donde vivió hasta su muerte.

Además de las construcciones principales, como los pabellones budistas, la Torre de la Campana, la Torre del Tambor o la Torre que Alcanza las Nubes, también se pueden visitar las tumbas de los dos monjes que llegaron de la India. Y, tras pasear por los recintos y sus jardines, se puede tomar un vaso de té caliente gratis. Simplemente es llegar, tomar un vaso y servirse un poco de té. El único requisito es tomarlo en silencio.

Otra particularidad de este templo es que se exponen también un templo budista tailandés (construido en 1992), un templo indio (construido en 2005) y uno birmano (construido en 2008), todos fruto de proyectos de cooperación cultural entre estos países y China. Lo interesante es ver cómo la arquitectura y las figuras de los Budas varían según el país, a pesar de ser todos ellos budistas.

Nuestra última parada en Luoyang fue el casco antiguo, Luoyang Meishuguan, que está construido alrededor de dos calles que se cruzan en forma de cruz. Nosotros lo visitamos por la tarde, antes de tomar el tren de vuelta a Xi’an, sin embargo, por la noche es cuando mejor se puede disfrutar. Aquí se pueden comprar algunos recuerdos o probar comida local.

En la esquina sureste del casco antiguo (siguiendo la calle principal, a mano derecha), se puede acceder al casco antiguo de Luoyi (Luoyi Ancient City), una zona recientemente reconstruida por la que es agradable pasear. Para acceder a esta zona se debe enseñar el pasaporte (no se paga entrada).

Y con esto dimos por finalizada nuestra corta visita a Luoyang, tomando por la noche el tren de vuelta a Xi’an.

muy bonito
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