El objetivo de nuestra aventura por Madagascar fue conocer a los entrañables lémures y, para ello, además de visitar la reserva de Analamzaotra y los parques nacionales de Ranomafana e Isalo, también hemos visitados tres reservas privadas (Anja, Vakona y Peyrieras). La reserva de Anja fue uno de mis imprescindibles a la hora de configurar el itinerario, mientras que las otras dos fueron una recomendación de nuestra guía. No tuve tiempo de investigar demasiado por tener que participar un congreso en Oporto justo antes del viaje así que miré rápidamente las opiniones que había en internet y tras parecerme que podrían ser interesantes, acepté. Craso error. Claramente fue culpa mía por no investigar más a fondo, de lo contrario nunca hubiera accedido a visitarlos. Finalmente, la guía se excusó diciendo que la posibilidad de encontrar lémures en la naturaleza es bastante baja y muchxs de lxs turistas que visitan Madagascar con esta finalidad acaban muy decepcionadxs por no haberlos visto, así que algunxs guías se curan en salud y lxs llevan a estos sitios para que lxs turistas contentos con la experiencia de estar tan cerca de lémures y demás fauna acaban recomendando este país. Y lxs turistas felices equivalen a más ingresos para uno de los países más empobrecidos del mundo. Ahora lo explico.

Dado que estas reservas han resultado ser luces y sombras, vamos a empezar por las luces. La reserva privada de Anja. ¡Esta es una visita recomendable sin lugar a dudas! Esta reserva se encuentra a unos 12 km de Ambalavao y es una iniciativa privada promovida desde el año 1995, aunque inaugurada oficialmente en 2001, por la comunidad de vecinos que viven en su proximidad. Además de recuperar el bosque y proteger a las familias de lémures de cola anillada que en él viven, todo el dinero recaudado con las entradas repercute directamente en la comunidad que lo cuida.

La ruta es siempre la misma, pero su duración puede variar según se desee. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque donde tuvimos el primer contacto con los lémures de cola anillada (Lemur catta). Este primate, que inspiró al rey Julian en la película Madagascar, pertenece a la familia Lemuridae y es un lémur omnívoro, diurno y uno de los más terrestres. Aunque ya lo habíamos conocido en el Parque Nacional de Isalo, aquí tuvimos la oportunidad de estar con ellos y observar su comportamiento en su medio natural. Estaban comiendo flores, jugando, corriendo y hasta durmiendo sin ningún tipo de preocupación. De hecho tuvimos la suerte de pasar un largo rato con una pequeña familia y disfrutar y reírnos al ver como el peque no quería dormir la siesta pero tampoco dejaba a sus padres hacerla. Fue un momento inolvidable.

Tras haber estado con los lémures seguimos nuestro trayecto hasta el mirador. Quien dice mirador dice subir por unas rocas graníticas gigantes para poder tener una visión panorámica del entorno. Las vistas desde arriba nos dejaron boquiabiertos, tal y como podéis observar en la foto de portada. Finalmente, para bajar utilizamos unas cuerdas y fue muy divertido.

Durante el trayecto el guía nos explicó que los lémures se cobijaban en sus cuevas para dormir y que en ellas también se enterraban lxs difuntxs de la etnia betsileo que habita esta zona. Unas tumbas que nos recordaron a las que vimos en Isalo.

Y si la reserva de Anja es un claro ejemplo de sostenibilidad, las dos otras reservas privadas fueron todo lo contrario. Tanto la reserva de Peyrieras como la reserva de Vakona pertenecen a propietarios privados y ambas “ofrecen” la posibilidad de “disfrutar” de una amplia variedad de especies animales desde lémures, por supuesto, hasta camaleones, cocodrilos y otros reptiles, aves, insectos, anfibios, etc. etc.

Pero vamos a empezar por la primera: la reserva de Peyrieras, que recibe el nombre de su fundador André Peyrieras. Nada más llegar, nos llevaron a conocer a unos lémures que supuestamente viven en libertad. Los que pudimos ver fueron unos pocos lémures marrones (que ya conocimos en libertad en Analamazaotra y en Ranomafana) y una familia de sifakas Coquerel (Propithecus coquereli) de la misma familia (Indriidae) que los sifakas Milne-Edwards, los sifakas diadema y los indri de los que ya os hable en las crónicas anteriores. La sorpresa más grande fue cuando vimos a los cuidadores atraerlos con trozos de pan enganchados en palos. Había incluso una pequeña plataforma donde les dejaban pan y arroz hervido para alimentarse. Cuando pregunté por qué los alimentan si viven en el bosque tuve la respuesta más sincera y desveladora de todas: “porque el bosque es de eucalipto y no pueden encontrar comida por su cuenta”. Sí, es así, en Madagascar no es oro todo lo que reluce ni es bosque primario todo lo que es verde. Por si lo desconocéis, el eucalipto es un árbol introducido desde Australia, su país de origen, y que en Madagascar sirve para hacer carbón, proceso que supone cortar árboles locales, plantar los eucaliptos, cortarlos cuando hayan crecido lo suficiente y quemarlos para finalmente obtener el preciado carbón. Sus hojas contienen cianuros, o sea que son tóxicas, y hay muy pocos animales que pueden digerirlas, entre los cuales se encuentran los koalas. Por lo tanto, los eucaliptos pueden ser unos árboles preciosos pero a los lémures no les beneficia nada en absoluto.

De allí nos llevaron a hacer un tour de jaula en jaula: una con multitud de especies de camaleones, una con ranas tomates (Dyscophus antongilii especie en grave peligro de extinción en la naturaleza), una con geckos (entre los cuales se encuentra el Uroplatus sikorae endémico de Madagascar), con murciélagos, con cocodrilos, con serpientes y así hasta ver casi toda la fauna de Madagascar encerrada en un mismo espacio. Lo más “gracioso” es que ofrecen coger a los pobres animales para poder hacer una foto mejor.

Similar a la reserva anterior, la reserva de Vakona también dispone de sus lémures “en libertad” cerca del hotel homónimo. Estos lémures viven en una especie de isla artificial, rodeada por agua claramente para que los lémures no puedan escaparse. Estos lémures tampoco pueden conseguir comida por su cuenta y se les alimenta con fruta, especialmente de plátano, que reciben tras subirse a los hombros de lxs turistas. Además aquí pudimos ver también un lémur rojo (Varecia rubra), un lémur en grave peligro de extinción, totalmente fuera de lugar, ya que este lémur debería estar en los bosques de la provincia de Masola a muuuuchos km de distancia de allí.

Y aquí también nos pasearon para enseñarnos un gran lago con unos cocodrilos del Nilo enormes, un cercado con tortugas, de allí a las aves, a los camaleones, a las serpientes… Otro gran zoo disfrazado de reserva…

Y ya para acabar, después de nuestra experiencia por las reservas privadas de Madagascar solamente me queda recomendaros que, si de verdad os interesa el bienestar de los animales, miréis con atención los lugares que vayáis a visitar porque aunque en la naturaleza sea difícil ver lémures, ese es su mejor hogar. Visitando reservas poco sostenibles no estamos ayudando ni a la naturaleza, ni a la fauna, ni a la población local. Y como bien dijo la guía, somos nosotrxs lxs que decidimos lo que vale la pena y lo que no, ya que nuestro dinero repercute en el bienestar de los países que visitamos. Así pues, somos nosotrxs lxs promotores de un turismo sostenible o por el contrario de promover malas prácticas. Yo ya me equivoqué al elegir estas dos reservas (Vakona y Peyrieras) por no informarme con atención y por confiar en que la recomendación seria la adecuada, pero vosotrxs estáis a tiempo de decidir si queréis visitarlos o no.
Después de nuestra experiencia os dejo algunos tips que indican si una reserva es sostenible o no:
- ¿El dinero de las entradas repercute en la población local? Si el dinero repercute directamente en la población local, como en el caso de la reserva de Anja, no solamente les ayuda vivir mejor sino que se les incentiva a cuidar y proteger su entorno.
- ¿Las especies animales están en su entorno natural? Esta pregunta seguramente es de las más difíciles de contestar ya que hay que investigar o conocer las especies que nos encontramos, como es el caso del lémur rojo que conocimos en Vakona. Sin embargo, esto es muy importante ya que todas las especies están adaptadas a vivir en su entorno natural.
- Y esto nos lleva a preguntarnos si los animales están en libertad o están en jaulas. Los animales deben vivir libres y no cautividad, ¡eso está claro!

- Pero aunque los animales sean libres, ¿pueden estos encontrar alimento? Ver que los animales comen flores, brotes o insectos, por ejemplo, durante nuestra visita es una señal de que encuentran alimento por su cuenta, como en la reserva de Anja. Por el contrario, que se les alimenten o la presencia de plataformas con comida, muchas veces no adecuada, como puede ser el arroz o el pan, son malas señales. Cada especie tiene sus necesidades alimenticias, tanto en cantidad, calidad y tipo de alimento (folívoros, frugívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros). Además, pensad que en libertad, ninguno elegiría comer ¡pan!

- Una interacción directa tampoco es un buen indicio. Por muy acostumbrados que estén a las visitas de lxs turistas no es normal que se acerquen demasiado, que tocan, se suben encima o que muestren comportamientos antinaturales. Lo normal es que se acerquen con precaución y desconfiados, o bien de alejarse.

- Y si los animales no tienen la suerte de estar libres, tampoco es positivo que los animales de las jaulas pasen de mano en mano para que todo el mundo los pueda ver, tocar o fotografiar. Pensad que no seréis lxs unicxs en hacerlo a lo largo del día y los animales, además de estar encerrados, no acaban de tener ningún momento de tranquilidad.

