Reflexión final. Borneo y Sumatra

Nuestra aventura en búsqueda de primates comenzó hace más de dos años, en un viaje en el que tuvimos la suerte de ver los chimpancés en el bosque de Budongo en Uganda y de poder admirar a los gorilas de montaña en el parque de los Volcanes en Ruanda y no nos pudimos resistir a visitar también las islas de Borneo y Sumatra para conocer al precioso orangután. Así, con este viaje acabamos de conocer a los great apes que pertenecen a la misma familia que nosotros (Hominidae): los chimpancés (aún nos faltan los bonobos, pero nos damos por satisfechos (¡por ahora!)), los gorilas y los orangutanes.

primates
Gorila de montaña, chimpancé y orangután.

Los orangutanes son unos de los primates más grandes del mundo, después del gorila, arbóreos (viven siempre en los árboles) y frugívoros (se alimentan principalmente de fruta) y su nombre proviene de las palabras malayas ‘orang’, que significa persona, y ‘utan’ (derivado de ‘hutan’) que significa bosque, por lo que los orangutanes son hombres (o personas) del bosque. Como ya sabréis, los orangutanes se encuentran en la isla de Sumatra y en la isla de Borneo. Hasta ahora se consideraba que había solamente dos especies de orangután (Pongo abelii en Sumatra y Pongo pygmaeus en Borneo), pero hace no mucho se ha descubierto una nueva especie, Pongo tapanuliensis, aunque aún no reconocida por la comunidad científica. De esta nueva especie se conocen 800 individuos y se encuentran en grave peligro de extinción, entre otras a causa de la construcción de una presa en la región de Tapanuli (Sumatra), hogar de estos primates.

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Machos de las dos especies de orangutanes que hemos tenido el placer de conocer: Pongo abelii (Sumatra) y Pongo pygmaeus (Borneo).

Antes de comenzar con esta aventura no nos hubiésemos imaginado que sería tan difícil poder ver a los primates más parecidos a nosotros y con los que compartimos gran parte de nuestro ADN. Todos los homínidos, tanto los orangutanes, como los gorilas y los chimpancés, están en grave peligro de extinción, principalmente por culpa de los humanos…

Esto da lugar a una reflexión: cada vez es más difícil ver orangutanes en la naturaleza, en la selva, en su hábitat natural… Son confinados a parques, algunos más grandes que otros, parques amenazados por las talas y el fuego y todo esto debido a las plantaciones de palma y  a su uso en todo tipo de productos, hecho que da grandes beneficios económicos, beneficios que los seres humanos consideramos más importantes que la vida salvaje, que la naturaleza y que los otros seres vivos con los que compartimos territorio…

En decir verdad, mi parque preferido fue Gunung Leuser, en Bukit Lawang, ya que aún da pie a imaginarte que es posible ver a estos primates libres. El hecho de rastrearlos por la selva, de pensar si los vas a encontrar o no… aunque esta selva está igual o más condenada que los otros sitios. Cada año se provocan incendios para conquistar territorio y plantar las dichosas palmeras, y por tanto cada año el territorio natural se reduce y muchos animales pierden su vida.

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Vista aérea de Borneo malayo (izquierda) y Kalimantan (derecha).

En Malasia, hablando con la gente, nos decían que son conscientes del peligro que supone la palma y la destrucción de los bosques primarios, pero también nos insistían que su cultivo da puestos de trabajo, puestos necesarios para poder sobrevivir. Y es que la economía de este país se basa principalmente en el cultivo de la palma, en la industria pesquera y, solamente en tercer lugar, en el turismo. La misma respuesta obtuvimos también en el Kalimantan, donde la mitad del pueblo Sekonyer trabaja en el parque y la otra mitad en las plantaciones de palma que se encuentran a tan solo unos quilómetros del pueblo. En Sumatra nos dijeron que ellos prefieren el cultivo del árbol de látex porque no desgasta el suelo y además oxigena el aire, a diferencia de la palma que está acabando con los recursos hídricos de la isla. Pero el problema reside en el hecho que el precio del látex es variable (depende de la demanda) y además es muy barato, ya que compite con el látex sintético, a diferencia del aceite de palma que se utiliza en cantidad de productos diferentes (desde productos alimenticios, hasta productos cosméticos y otros) y que generan grandes ingresos.

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Árbol de caucho en Bukit Lawang.

Este problema es un arma de doble filo: la gente necesita trabajo y recursos para sobrevivir y los animales necesitan la selva, y por ahora parece que la solución no es fácil. Lo que está claro que es el aceite de palma y su cultivo no resulta ser beneficioso para nadie, a pesar de dar mucho dinero. ¿Cuál será el futuro de estas islas? ¿Sobrevivirán los bosques primarios? Y, ¿qué será del bello orangután y de la otra fauna que comparte espacio con él?

Parque Nacional de Gunung Leuser desde Bukit Lawang

El parque nacional de Gunung Leuser, al norte de la isla de Sumatra, alberga 950 mil hectáreas de selva y recibe el nombre del monte Leuser de 3.381m de altitud. Este parque es uno de los pocos que ofrecen la posibilidad de ver orangutanes en libertad. Los orangutanes de este parque pertenecen a la especie Pongo abelii y no tiene subespecies, a diferencia de los orangutanes de Borneo. Además de orangutanes, en el parque viven langures Thomas (endémicos del norte de Sumatra), gibones, macacos, tigres de Sumatra, elefantes, leopardos, gatos jaspeados, cocodrilos, rinocerontes, etc., aunque la posibilidad de verlos es más bien escasa. El acceso al parque se debe hacer siempre en compañía de un guía y las tasas son fijas. Lo más común es visitarlo desde el pequeño pueblo de Bukit Lawang, un pueblo con aire hippie totalmente dedicado al turismo, y donde se puede contratar un tour que puede durar desde un solo día hasta varios días, haciendo noche en la selva.

Bukit Lawang
Bukit Lawang

Para llegar hasta aquí hay que volar hasta el aeropuerto de Kuala Namu, el aeropuerto de la capital de la isla de Sumatra, Medan. Bukit Lawang se encuentra a unos 96 km desde Medan y hay tres opciones para llegar: en un bus que sale de Medan (Kampung Lalang) y tarda unas 4 horas en llegar al destino; cogiendo un taxi (regateando el precio); o bien contratando con el hotel el transporte en coche privado (entre 45-50 euros). Nosotros optamos por compartir un coche por 13 euros. Acabamos en un mismo coche seis personas: tres belgas, un holandés y nosotros dos. Fue toda una aventura. Nosotros sentados en dos asientos en el maletero y las maletas atadas al techo del coche. Las supuestas cuatro horas acabaron siendo seis con parada para comer. El viaje empezó en la caravana y el caos de coches, scooters y gente de Medan y siguió por bosques interminables de palmeras de palma, todo esto aderezado con diversos puntos en los que se obliga a los coches a pagar, sino les tiran piedras; un montón de vacas que se habían hecho con la carretera; y con el chofer vendiéndonos drogas. Según él, en la jungla la policía no entra.

Medan
Tráfico de Medan.

Para visitar la selva, nosotros escogimos el tour de 2 días de treking en busca de los orangutanes con noche en la selva. Antes de empezar nos avisaron que teníamos que llevar con nosotros: sacos de dormir (opcional), ropa de cambio (acabamos muy sucios, ¡os lo aseguro!), bañador (para bañarse en el río), toalla de secado rápido, papel higiénico (en nuestro caso, toallitas húmedas biodegradables), chanclas (o escarpines), chubasquero, crema solar, antimosquitos, cantimplora con unos dos litros de agua por persona (allí nos daban agua del río hervida, con sabor a ahumado y tropezones de madera quemada), y la cámara de fotos.

El trekking empieza por la mañana temprano y dura unas siete horas. Es un trekking muy, pero que muy duro. Para hacer el tour es necesario estar físicamente un poco preparado ya que todo el trayecto tiene un continuo desnivel. A esto hay que sumarle el calor, la humedad y el peso de la mochila con todo lo necesario. ¡No os confiéis! En algunas subidas, acabamos subiendo a cuatro patas, y para algunas bajadas yo opté por tirarme de culo. El hecho que haya llovido el día anterior no ayudó mucho y resbalaba la tierra, las raíces, las piedras… ¡todo! Con tal panorama las caídas fueron frecuentes y al Xavi incluso se le enganchó una sanguijuela. Pero la dureza del trekking se vio recompensada con langures Thomas, macacos de cola de cerdo, macacos de cola larga, siamangs y hasta orangutanes.

Langur de Thomas
Langur de Thomas.

Encontrarte con orangutanes no resulta una tarea fácil. Son arbóreos y huidizos y a esto hay que sumarle también que son animales solitarios. El primer contacto con los orangutanes de Sumatra lo tuvimos al encontrarnos con una mamá semi-salvaje y su cría. La diferencia entre orangutanes salvajes y semi-salvajes, reside en que los segundos tuvieron un contacto con los humanos (normalmente doloroso) y hubo un proceso de rehabilitación y devolución a la naturaleza. Los orangutanes salvajes acostumbran huir del contacto con los humanos y son más difíciles de ver.

Mamá orangután
Mamá orangután.

Al poco rato, otro guía le dio un chivatazo al nuestro de que había un orangután macho y allí que fuimos. En un principio lo vimos en los árboles y su visión asombra: una gran mancha naranja que es esmuñe con tranquilidad a través de las ramas. Pero, cuando paramos para comer (se hacen dos paradas: una para comer algo de fruta y otra para comer nasi goreng), vino a ver si pillaba algo de fruta. En ese momento lo vimos en el suelo, delante nuestro, y la verdad es que impresiona ¡y mucho! ¡Fue lo mejor de todo el trekking!

orangután
Orangután macho.

Ya llevábamos más de cinco horas de trekking y ya habíamos visto los orangutanes y fue un “y ahora, ¿qué?” Pues seguimos las dos horas más y tuvimos la suerte de encontrarnos con una mamá siamang y su cría. Aquí viene la parte negativa del tour por la selva: la mamá también venía a ver si podía pillar algo de comer. Están tan acostumbrados a que los alimenten que la siamang se paseó entre nosotros mirándonos los bolsillos para ver qué encontraba. Y vino un momento aún peor: ver como uno de los guías le echaba el humo de tabaco en la cara mientras ella lo miraba a ver si recibía algo. Me pareció una falta total de respeto hacia la siamang, hacia los animales y la naturaleza. Es verdad que si no vinieran a buscar fruta no veríamos nada, pero se supone que hacemos todo el esfuerzo para ver animales libres en su hábitat. Igual es que yo soy demasiado exigente… no lo sé…

siamang
Mamá siamang

La noche en la selva se hace al lado del río en una zona ya aclimatada. Hay una especie de cobertizo para los turistas y otro para la cocina y donde duermen los guías. Allí nos reunimos todos los que hacíamos los tours.

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Campamento en la selva.

Una vez allí hay la posibilidad de bañarse en el río, un río con un agua bastante fría, en medio de la selva. ¡Una estampa preciosa! Nos volvieron a dar fruta, la cena, desayuno y almuerzo antes de volver al pueblo. Y la verdad que todo estaba muy bueno.

fruta
Plato de fruta en la selva.

También nos llevaron a una pequeña cascada. Para llegar hasta allí hay que cruzar el río y después subir un ratito por la selva.

cascada
Cascada.

Y, finalmente, para volver al pueblo hay la posibilidad de hacerlo caminando o bien haciendo tube rafting: bajar por el río dentro de la cámara de neumático de camión. Los neumáticos van enganchados los unos a los otros, y dentro de cada uno van dos personas sentadas. Hay un guía delante y uno detrás. Inicialmente iba a volver caminando porque, como ya sabréis, no sé nadar y me da miedo el agua, pero el guía me dijo que igualmente tenía que cruzar el río en tres ocasiones para poder llegar y el rafting es solo media hora de trayecto. Así que elegí el tube rafting. Me dieron hasta un chaleco salvavidas jajajaja. En decir verdad no me arrepiento. Sí que hubo algunos rápidos en los que parecía que íbamos a volcar, pero se pasó bastante rápido y fue divertido. ¡Ojo! Cuando os dan el precio del tour ya está incluido el rafting. Si al final no queréis hacerlo, tened en cuenta que os tendrán que devolver algo de dinero, ya que volver a pie es más barato.

tube rafting
Tube rafting.

Como valoración final, creo que dejarse el alma en las siete horas de trekking vale la pena, más si tenéis la suerte de encontraros con los orangutanes, y, especialmente con el gran macho. No os olvidéis de que la especie de orangután de Sumatra solo se puede encontrar aquí y estos son algo diferentes a los orangutanes de Borneo.

Centros de rehabilitación del orangután en el Borneo Malayo

Los orangutanes de la isla de Borneo (tanto en Sarawak como en Sabah o Kalimantan) pertenecen a la especie Pongo pygmaeus. Esta especie se divide en 3 subespecies: el orangután noroccidental (Pongo pygmaeus pygmaeus) que se encuentra principalmente en el estado de Sarawak y en Borneo occidental; el orangután nororiental (Pongo pygmaeus morio) que es común en Kalimantan oriental y en el estado de Sabah (Malasia); y el orangután meridional (Pongo pygmaeus wurmbii) en Borneo central.

En el Borneo malayo hay dos centros de rehabilitación del orangután en los que se lleva a cabo una ardua tarea de conservación, concienciación, rehabilitación y reintroducción de los orangutanes en zonas protegidas: el Centro de rehabilitación de Semenggoh (cerca de Kuching) y el Centro de rehabilitación de Sepilok (cerca de Sandakan). Ambos centros se pueden visitar y, con un poco de suerte, observar orangutanes semi-salvajes acercándose a las plataformas de alimentación para comer la fruta que los guardas les dan como suplemento a lo que puedan encontrar en la selva.

Semenggoh Wildlife Centre

El Centro se abrió el año 1975 para acoger a los animales heridos o huérfanos o los animales provenientes de tráfico ilegal. El precio de la entrada es de 10 RM.

Los orangutanes del Centro de Semenggoh viven en semi-libertad, eso es: viven libremente en el parque pero se les alimenta dos veces al día para asegurarse de que todos tienen posibilidades de acceder a la comida. Esta alimentación adicional consta siempre de plátanos para que los orangutanes acaben aborreciéndolos y así estimularlos a buscar más alimento en la selva. Estos feedings se llevan a cabo a las 9:00 y a las 15:00h. La mejor hora para verlos es por la mañana en la primera comida. Actualmente cuentan con 21 orangutanes (11 machos y 9 hembras) semi-salvajes, además de muchos otros salvajes, pero muy difíciles de observar. A parte de que normalmente solamente los orangutanes semi-salvajes acuden a los comederos, éstos también se diferencian de los salvajes por llevar un número de tres dígitos tatuado en el muslo, para una fácil identificación.

Semenggoh
Plataforma de alimentación.

Para llegar hasta este centro, hay que coger el bus número 6 (4 RM) que sale desde la estación de autobuses 2 de Kuching a las 7:20 para el feeding de las 9:00 o a las 13:20 para el feeding de las 15:00h. El bus os dejará a la entrada del parque, donde compraréis las entradas y hay que caminar aprox. un km antes de llegar a la zona de alimentación. Una vez allí, habrá que estar una hora en silencio, esperando a que algún orangután se acerque. Nosotros no tuvimos esa suerte y volvimos a Kuching solamente con fotos de ardillas, que sí encontraron los plátanos muy apetecibles.

ardillas
Ardillas dando buena cuenta de los plátanos.

Centro de rehabilitación de los orangutanes y el Centro de recuperación del oso de Sepilok

Sepilok se encuentra a unos 25 km de Sandakan y se puede llegar en bus. El bus sale desde el ayuntamiento de Sandakan a partir de las 6 de la mañana. Ambos centros, tanto el del orangután como el del oso, están cerca, por lo que se puede acceder de uno a otro a pie.

El Centro de Rehabilitación de los orangutanes fue fundado en 1964 y su principal objetivo es la rehabilitación de los orangutanes que se han quedado huérfanos, ya sea por culpa de la quema de los bosques como por la caza furtiva. Abre de las 8:00 a las 17:00 y la entrada vale 15 RM. Hay que pagar también 10 RM para poder hacer fotos con cámara. Hay dos horarios de alimentación de los orangutanes: a las 10:00 de la mañana y a las 15:00, y con la entrada os podéis quedar para ver las dos comidas. Por otro lado, el Centro de recuperación del oso de Borneo fue creado en el año 2014 y su finalidad es la conservación del oso malayo. El oso malayo (Helarctos malayanus) es el oso más pequeño del mundo y endémico del sureste asiático.  El centro abre de las 9:00 a 15:30 y la entrada en este caso vale 30 RM.

Sepilok
Macaco de cola de cerdo dando provecho de la fruta gratis.

Tanto los orangutanes como los osos viven en estado de semi-libertad. Si bien los 45 orangutanes semi-salvajes que viven en el parque, junto a otros orangutanes salvajes (se desconoce el número total ya que el último censo se hizo en 2012, pero se calcula que son unos 200-300 orangutanes salvajes), pueden moverse por el parque sin barreras, los osos viven en espacios cerrados y separados por edades y sexo, un tanto más parecido a un zoo. Se podría decir que la situación de los osos es aún peor que la de los orangutanes, ya que se encuentran en grave peligro de extinción a causa de la gran demanda de sus garras y su bilis por parte de la población china que cree que tienen efectos beneficiosos para la salud (¡ja!).

oso malayo
Esta es Mary y tiene cuatro años de edad.

En este caso tampoco tuvimos suerte de ver los orangutanes acudir a la plataforma de alimentación. Solamente se acercaron las ardillas (¡cómo no!) y dos machos de macaco de cola de cerdo sureño (Macaca nemestrina). Sin embargo, este centro ofrece la posibilidad de ver la guardería (Nursery) desde una sala, a través de un cristal. En la guardería se pueden observar jóvenes orangutanes menores de 5 años aprendiendo a ser orangutanes. La verdad que es una visión muy tierna y amarga a la vez. Tierna porque son una monada y siempre hacen reír con sus movimientos un tanto torpes, pero amarga porque son crías que tienen que aprenderlo todo sin sus madres, después de haber vivido un trauma que seguro que les perseguirá toda la vida.

guardería
La guardería (Nursery).

En mi opinión, lo mejor de estos centros es:

+ El hecho que esos orangutanes han sido salvados de una vida dura en manos de los traficantes de animales, en jaulas y sin su madre.

+ Saber que esos primates rescatados tienen aún una pequeña esperanza, gracias a la labor que llevan a cabo estos centros. Aunque su futuro, por ahora, se avecina muy oscuro debido a la pérdida del hábitat y al tráfico de animales.

+ Pondré en un punto a favor el no haber visto los orangutanes, aunque me duela, porque esto quiere decir que encuentran alimento en el bosque y, por lo tanto, son más independientes y, en consecuencia, un tanto más libres.

+ También cuenta que estos centros sean la opción más barata de verlos y más accesible en comparación con los parques de Indonesia.

Y lo peor:

– Que sean necesarios este tipo de centros.