Este año empezó muy fuerte y en pocos meses dio tantas vueltas que parecía una montaña rusa. Necesitábamos hacer un parón y cuenta nueva y para ello hemos decidido hacer una escapada con la familia. Una breve desconexión de la rutina de 4 días de duración que nos llevó hasta Lisboa, Sintra y Cascais. Sin tener grandes pretensiones y sin intención de abarcar lo máximo posible, nuestro viaje se resume tal que así:
Lisboa
Nada más llegar al aeropuerto, compramos la tarjeta de metro recargable Viva Viagem y nos dirigimos al apartamento que habíamos reservado para dejar las maletas y empezar a explorar Lisboa. Nuestra primera parada fue el convento de Nuestra Señora de Gracia. Fuimos a pie y subidos infinitas escaleras, pero las vistas valen la pena. También se puede visitar la iglesia (gratis) o subir al mirador por 5 euros. Con la entrada se puede visitar parte del convento y al subir al mirador sirven un vaso de vino, zumo o limonada. Sin embargo, la vista de Lisboa desde arriba es muy parecida a las que se tiene delante de la iglesia.

De aquí nos dirigimos al Castillo de San Jorge, ya que ambos sitios están muy cerca el uno del otro. Si lo queréis visitar, acordaros de comprar la entrada con antelación, de lo contrario os tocará hacer una cola inimaginable. Una vez dentro, podremos pasear libremente entre sus once torres, el patio de armas, o los calabozos.

Aquí aprovechamos también para hacer un breve descanso y tomarnos una limonada de frutos rojos y un típico pastelito de nata, antes de seguir nuestra ruta hacia la catedral de Santa María Maior. Esta catedral es también conocida como la Sé de Lisboa y es la más antigua de la ciudad. Con la entrada, además de la catedral, se puede visitar el Tesoro y el Claustro.

La siguiente parada fue la plaza del Comercio a la que accedimos a través del Arco Triunfal y aquí aprovechamos parar para comer. En nuestro trayecto nos encontramos el elevador de Santa Justa, una estructura metálica con 2 ascensores en su interior que suben hasta una altura de 45 metro, pero decidimos no subir. Sin embargo, dimos la vuelta hasta la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico do Carmo, por donde se puede acceder a la estructura totalmente gratis y disfrutar así de las increíbles vistas.

También incluimos en nuestra ruta el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, ambas construcciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Para llegar hasta el antiguo monasterio de la Orden de San Jerónimo, ubicado en el barrio de Belém cogimos el autobús 727.

Desde el monasterio hasta la torre de Belem se puede coger el autobús de nuevo o ir caminando, que es lo que hicimos nosotros. El interior de la torre de Belém también se pude visitar, sin embargo, nosotros llegamos pasada la hora de cierre, así que disfrutamos de su vista exterior y del entorno.

Sintra
En nuestra breve escapada no pudimos no visitar también Sintra, villa enclavada en un parque natural y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995. Sintra fue residencia vacacional de nobles y monarcas portugueses y por esta razón ofrece muchísimos lugares de interés como el Palacio da Pena, la Quinta da Regaleira, el Palacio Nacional de Sintra, el Palacio de Monserrate, el Castelo dos Mouros, el Convento dos Capuchos, el Chalet y Jardín de la Condesa o el Palacio de Seteais. Para llegar hasta aquí, nosotros cogimos el tren en la estación de Rossio. Una vez Sintra hay que tener en cuenta que los sitios de interés no están cerca entre sí y que las calles son bastante empinadas. Para poder dirigirse desde la estación de tren a los puntos de interés hay autobuses, taxis e incluso particulares que ofrecen traslados. Otro punto a tener en cuenta es que no hay que ser demasiado ambiciosos al querer visitar lo máximos posible en un solo día porque es prácticamente imposible. Si tenéis interés en conocer varios palacios, lo mejor es hacer una o dos noches en Sintra. Luego, debido a la gran cantidad de gente que visita esta ciudad, lo mejor es comprar las entradas por internet, con antelación.

Nosotros elegimos visitar la Quinta da Regaleira y el Palacio da Pena. Debo decir que, aun escogiendo solamente estos dos sitios, el tiempo se nos vino encima y no pudimos verlo todo como hubiéramos querido. Ahora os explico por qué. Lo primero que visitamos fue la Quinta da Regaleira, palacete construido por un aristócrata portugués, y su espectacular jardín. Aunque todo el jardín es espectacular, el pozo iniciático es el mayor atractivo y se nota. Una cola interminable nos hizo perder buena parte de la mañana, pero consideramos que teníamos que verlo. Este pozo tiene forma de torre invertida y una profundidad de 27 metros. Desde aquí se sigue por grutas hasta volver a salir al jardín.

Entre la larga cola para acceder al pozo iniciático y que nos adentramos por todos los rincones del jardín, se nos hizo la hora de comer y no pudimos visitar el palacete… En fin, no se puede tener todo… Después de comer fuimos directos al Palacio da Pena ya que teníamos entrada para las 15:00 (la entrada al palacio se hace por turnos). Como teníamos la entrada comprada por internet nos ahorramos la larga cola para comprar billetes, sin embargo, una vez llegados a la entrada del palacio descubrimos que debíamos igualmente hacer una laaarguiiisiiima cola para entrar (a pesar de tener hora). Y esta fue una constante en el palacio: larga cola para acceder al recinto, larga cola para entrar a las estancias del palacio. En el palacio de hecho había tanta cantidad de gente que íbamos en fila uno tras otro esperando para seguir. Total, que con todo el tiempo gastado en esperar, se nos hizo la hora de cierre no pudimos apenas visitar el jardín.

Antes de iros de Sintra os recomiendo que probéis dos de sus pasteles típicos: los travesseiros y los pasteles de Sintra, ambos hechos de hojaldre relleno de crema de huevo y almendra.
Cascais
Y ya para finalizar nuestra pequeña escapada, pasamos un día en Cascais. Para llegar hasta aquí cogimos el tren en la estación de Cais do Sodré. Entre las actividades que se pueden hacer en Cascais se suman tomar el sol en su playa, visitar el casco antiguo y la Ciudadela, ver la Marina de Cascais y el Faro de Santa Marta o dar un largo paseo por la orilla del mar hasta la Boca del Infierno.

En cuanto a una recomendación culinaria, el plato estrella de Cascais, para nosotros, fue el pulpo.

Pese a haber sido una escapada fugaz, hemos podido disfrutar al máximo de la cultura y la gastronomía portugueses, hemos desconectado de la rutina y hemos repuesto fuerzas. No ha sido la primera vez en visitar Portugal (ya habíamos estado en Madeira y en Oporto) y tenemos muy claro que tampoco será la última. ¡Hasta la próxima!

Una experientia muy bonita 😘😘😘😘
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