Cada año intentamos combinar algún viaje fuera del país y alguno, aunque sean unos días, por aquí. Siempre habíamos pensado en visitar algún día el sur de España, pero nunca acabábamos de encontrar el momento. Y este año, finalmente, ha tocado Sevilla.
Famosa por su Semana Santa y por la feria, Sevilla es una ciudad anclada en el tiempo que ofrece mucho más que eso: gente amable y simpática, buena comida y muchas posibilidades para crear un viaje para todos los gustos. Pero, sobre todo, Sevilla es una ciudad para patear y vivir.
¿Qué se puede visitar en Sevilla? La Giralda y el Alcázar, por supuesto, la Torre del Oro, las increíbles iglesias, cada cual más hermosas, la plaza de España, ir de tapas por la Alameda de Hércules, subir al mirador de Metropol Parasol (las setas de Sevilla), visitar la muralla árabe y la Basílica de la Macarena y muchísimas más cosas.
Sin embargo nosotros os recomendamos, sobre todo, la visita nocturna al Alcázar. Como no encontramos información sobre cómo es esta visita pensábamos que sería un paseo por el Alcázar de noche. Vamos una oportunidad de hacer fotos sin mucha gente y con el encanto de la oscuridad. Pero, ¿cuál fue nuestra sorpresa? Pues que nada más entrar nos dicen que tenemos que apagar los móviles y guardar las cámaras. ¿¿Quéé?? Mi gozo en un pozo. Pero instantes después lo comprendimos todo: no se trata de una visita sin más por el Alcázar, sino de una vivencia: distintos personajes históricos que han pasado por el Alcázar nos guían a través de sus estancias para descubrir, con mucho humor, música y baile, la historia de este emblemático edificio. ¡Pero no os cuento más! ¡Dejaré que os sorprendáis vosotros también con la experiencia!

Perderse por las calles de la Judería (barrio de Santa Clara) o por Triana también es una delicia. Nosotros además tuvimos la suerte de poder presenciar la salida procesional de la virgen del Rosario del Barrio León. Una experiencia única, sin ir en Semana Santa y con mucha menos gente.

Otras visitas que nos han resultado interesantes son: visitar el Museo de Bellas Artes y el Hospital de la Caridad. Si bien el Museo de Bellas Artes es un destino casi obligado para visitar en Sevilla, os recomendamos que lo visitéis un domingo, como hicimos nosotros, ya que ese día en la plaza del museo (justo delante) pintores y artistas sevillanos se congregan para mostrar y vender sus obras de arte. Una oportunidad única para llevaros un recuerdo diferente de Sevilla o simplemente deleitaros con el arte.
El Hospital de la Caridad se encuentra en pleno centro de Sevilla pero un tanto escondido, justo detrás del Teatro de la Maestranza. El recinto es pequeño y solamente se puede acceder a la iglesia de San Jorge, iglesia que presume de obras de arte de Murillo, Pedro Roldán o Valdés Leal. La historia de esta Hermandad comienza sobre el año 1456 y su principal menester era dar sepultura a los condenados a muerte y a los ahogados en el río. Pero su historia cambia con la llegada el venerable Miguel de Mañara el año 1662.

Y una última recomendación: hacer picnic y pasar el día por el Parque del Alamillo. El parque se encuentra en la Isla de Cartuja y es un parque concurrido por los sevillanos sobre todo el fin de semana, cuando además de disfrutar del aire libre se organizan también actividades de distinta índole. Nosotros fuimos un lunes y estaba muy tranquilo. Es un buen sitio para pasear y también para ver multitud de pájaros: patos, ocas, fochas, tórtolas turcas, pero sobre todo abubillas. ¡Las hay a montones! Si os gusta la naturaleza y disfrutar de una mañana tranquila, esta es una opción, si no ¡a disfrutar más de la ciudad que tiene mucho que ofrecer!

Otras recomendaciones: llevaros ropa cómoda, sombrero y mucha agua. Aunque nosotros estuvimos en octubre la temperatura de día alcanzaba los ¡37º! Y sobre todo, ¡disfrutad!
