Málaga, ciudad andaluza situada en la Costa del Sol, es una de las ciudades más antiguas de Europa fundada por los fenicios (que le dieron el nombre de Malaka) en el siglo VIII a.C. Por ella además pasaron los romanos y los árabes, y su historia le confiere un aire particular.
En esta ciudad pasamos un fin de semana: llegamos el sábado por la mañana y volvimos el domingo a última hora de la tarde. Y es que esta escapadita a Málaga fue en realidad una quedada con los amigos que hicimos en nuestro viaje a Egipto, viaje del que ya ha pasado un año y medio y que recordamos con mucho cariño. Esta ya es la segunda quedada que hacemos (la primera fue en Madrid) y, como siempre, después de ponernos al día y de explicarnos los últimos viajes que cada uno hizo, nos pasamos el finde principalmente bebiendo y comiendo (que no está nada mal, ¡oye!).
Aquí tenéis una pequeña guía de lo nosotros vimos e hicimos en esta preciosa ciudad costera, que se deja visitar y disfrutar.
¿Qué ver y hacer en Málaga un fin de semana?
Calle Larios
La arteria principal de la ciudad. Espectacular sobre todo en Navidad. Nosotros fuimos en noviembre, vimos cómo estaban preparando la calle, pero no pudimos disfrutar de todo el esplendor navideño. Y ya que estáis, no podéis dejar de tomaros un café (o un buen desayuno) en el Café Central, en la plaza de la Constitución, una cafetería con mucha historia.

La catedral “la Manquita”
Catedral empezada en el siglo XVI sobre las ruinas de una mezquita, pero que a día de hoy no está acabada, de allí el nombre de la manquita: le falta una torre. Hay que pagar entrada (nosotros no llegamos a entrar).

Visitar el teatro romano
Vestigio de la presencia de los romanos en la zona (siglo I a.C.), en un buen estado de conservación. La singularidad de este teatro es que está construido a “la manera griega” aprovechando la ladera de la montaña para el graderío. Anexo a la Alcazaba.

La Alcazaba
Palacio fortaleza construido entre 1057 y 1063 sobre ruinas fenicias por los gobernantes musulmanes que dominaban la zona. Está formado por tres partes principales: el acceso, el palacio y la muralla, que confieren un bonito paseo entre jardines y arquitectura califal y nazarí. Hay que pagar entrada, pero bien se merece una visita.

Palacio de Gibralfaro
El castillo o alcázar de Gibralfaro, situado la montaña homónima, recibe su nombre del faro fenicio que los musulmanes encontraron (yabal farus o el monte del faro). Se comunica con la Alcazaba a través de una muralla, actualmente de acceso restringido. Se llega a través de una larga subida y la entrada son unos pocos euros. Las vistas de la ciudad y del puerto son espectaculares.

Y además podéis:
- Visitar algún museo, el Palacio Episcopal, el mercado municipal
- Disfrutar de la gastronomía
- Pasear por el puerto
- O simplemente perderos por sus calles…

